Un poco de rabia
Aún quedaban cuatro personas en el salón. Los habían intercalado con formatos distintos de examen para que no copiaran, aunque de cualquier forma a la distancia que estaban, copiarse era bastante complicado y varios chicos con todas sus contorciones extrañas lo dejaban muy en claro.
—No importa cuánto lo intenten, no van a alcanzar a ver —decía Kakashi sin despegar la mirada del libro que leía.
—¡Pero no se vale Kakashi-sensei! ¡Esto no venía en la guía de estudio! —se quejaban en general empezando a mover el banco, morder borradores del lápiz o incluso acariciando la idea de entregar el examen tal y como lo tenían, para el caso, si no habían podido contestar nada en hora y media, en treinta minutos no llegarían las respuestas por obra y gracia divina.
—Solo pongan atención, está fácil.
—Eso dice usted…— murmuraba un chico volviendo la mirada al juego de hojas.
—No es justo hacía dos semestres que no me iba a examen de regularización —se quejaba otro mientras revolvía sus cabellos.
Las dos horas que duraba la prueba pasaron sumamente rápido, Kakashi recogió el ejercicio sin esperar un minuto más pese a que los siete chicos que se habían presentado puntuales a las nueve de la mañana debieron esperarle a él por casi hora y media.
Karin había completado todas las preguntas, pero no estaba particularmente segura de si estaban bien o no, la mayoría hablaban de análisis de libros que con trabajo recordaba el título y menos aún los nombres precisos de los protagonistas. Sí los había leído, uno trataba de un hombre que saliendo de prisión se enfrenta a los prejuicios del mundo del que ya no formaba parte, terminó adoptando a una niña como su hija y mil miserias más, o el del sujeto que fue a dar al infierno, pasó por el purgatorio y llegó al cielo… había que reconocer que de ese último no pudo salir del purgatorio, era un texto con demasiado énfasis en palabras que no entendía del todo y circunstancias aún más inusuales, ni hablar entonces de toda la investigación que tuvo que hacer por separado porque Kakashi les había prohibido comprar la edición comentada.
—Son pocos, les doy su revisión de una vez —dijo cerrando su libro de desgastadas pastas naranjas y cuyo título nadie había podido distinguir por lo decolorada de la impresión.
Ajustándose a una revisión individual, seis esperaban afuera mientras uno pasaba para determinar su nota con el maestro. Cuatro pasaron antes que ella, los cuatro reprobados y finalmente su turno.
Se ajustó las gafas y se acercó al escritorio donde el hombre de cabellera gris toqueteaba las hojas blancas con la punta de un bolígrafo plástico de punta mediana en tinta negra dejando una serie de pequeñas marcas impresas.
—¿Qué voy a hacer contigo? —preguntó en retórica soltando un suspiro por debajo del cuello de su chaqueta
Ella tenía una respuesta un tanto cínica, pero ya conocía a ese hombre y su facilidad para voltear jugadas y manipular gente. De hecho, cada que Karin pensaba en un hombre complicado para seducir, era él, o quizás Ibiki Morino, el tipo de la jefatura de policía con el que ya había tenido algunos encuentros cada que algo salía mal en sus planes terminando en detención temporal… pero ese no contaba, no había siquiera tratado de lanzársele encima, le daba demasiado pavor porque tenía la finta del látigo y esposas, y por esos rumbos ella no jugaba.
Kakashi le tendió la hoja.
De ochenta reactivos acertó veintidós según decían los garabatos apenas legibles de su maestro, eso en escala vendría siendo igual a un…
—Dos puntos setentaicinco décimas… ni siquiera la mitad de la calificación mínima para aprobar.
Karin no respondió, sería sencillo rogar si solo le faltara una décima para pasar, pero ya era demasiado lo que faltaba. Apretó los labios y tronó los dedos de la mano derecha solo moviéndolos tensamente.
—Yo…
—No me gusta aprobar alumnos, especialmente si no tienen lo que se necesita. Muchos otros maestros prefieren tener el índice alto, pero para mí, si no se lo ganan, no merecen seguir…
No había mucho que objetar, el hombre era sincero. De toda la escuela los grupos que le asignaban tenían el mayor índice de reprobación y aunque no lo demostrara, las malas lenguas juraban que le divertía ver el sufrimiento de los chicos por culpa de las tragedias de Sófocles que terminaban por convertir la vida de un estudiante en parte del libro.
—Pero les he tomado afecto especial… así que les daré una última oportunidad, si la pasan; bien por ustedes, si no, se despiden de lo que les queda de escuela.
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Irradiaba furia, de eso no había duda, Suigetsu lo sabía y por eso mantenía prudencial distancia, ya fuera porque lo golpeara con sus propias manos o que tomara el arma que había dejado Sasuke en la mesa al costado de donde estaban ellos. Después de todo, estaba lo suficientemente loca como para dejarlo como coladera si se lo proponía.
Sasuke por su parte permanecía absorto mirando fijamente la lata de cerveza que tenía en la mano habiendo expuesto el tema.
Un asalto.
Un atraco simple y llano, una pequeña prueba para sacar dinero extra, para ellos un poco de diversión y para el líder una extraña obsesión que tenía, de hecho, la razón por la que los había reunido hacía un tiempo era "demostrar que podía lograr grandes cosas".
Tremendas estupideces las que se cargaba el Uchiha menor, pero mientras cada uno tuviera lo que quisiera, todos se mantenían felices… excepto Karin, su carácter apestaba.
El chico de afilados dientes fue el primero en ponerse de pie y caminar hasta la ventana de su departamento, el lugar que habían escogido para reunirse. El tutor de Suigetsu era un oficial de policía que ahora servía de seguridad privada en un lugar que no se acordaba y poco le importaba, aunque agradecido estaba de que siguiera pagando la renta del lugar enviando también cada mes una módica pensión con la que se mantenía, casi nunca andaba cerca, pero cuando lo estaba tampoco era de preguntar mucho, le bastaba ver que respiraba, estaba en una pieza y el lugar seguía en pie.
Estúpido Zabuza, solo lo mantenía para cobrar la pensión que daba el sistema de bajas de la policía por quedar como tutor de su difunto compañero. Aunque tenía que agradecer que, si su "viejo" no se hubiera dado un tiro, seguiría encerrado en la pecera que llamaba casa limpiando vómitos alcohólicos…
Jūgo, sereno como siempre, miraba el techo repitiendo incansablemente; —Un hombre… no, una mujer… un hombre
—¿Ya se tomó el medicamento? —preguntó el albino arrugando la nariz cuando en realidad quería preguntar algo más referente a las preferencias sexuales del fornido muchacho, pero no quería despertar un brote psicópata con esa pregunta que se le venía a la mente cada que lo escuchaba empezar el estribillo.
—No sé, no soy su madre — soltó Karin, y Sasuke guardó silencio… aunque, de Sasuke en realidad nunca esperó respuesta.
—Si ya lo tomé —murmuró Jūgo girando levemente la cara para verle —Solo que la primera hora…— se detuvo cerrando levemente los ojos.
—Esa cosa lo deja dopado —agregó Suigetsu.
—Sedado — intervino Sasuke con aire de fastidio —. Dopar es para estimular, Jūgo está sedado.
Pocas cosas en la vida del menor de los hermanos Uchiha le sacaban una sonrisa, o intento de ella, como el hecho de mostrarse superior en cualquier aspecto a la gente que lo rodeaba, y sin afán de convertirse en sumiso, Suigetsu sabía que entre ellos esa situación se prestaba fácilmente.
Ninguno de los tres que había escogido brillaba particularmente por su habilidad escolar o porque fuera capaz de resolver un libro de sudoku en diez minutos. Más bien, su razón de haberlos llamado específicamente a ellos era porque cada uno tenía un "talento" útil a sus propósitos en palabras casi textuales del chico. Él por ejemplo, conocía muchos círculos interesantes donde podía conseguir de todo, desde armas hasta drogas y siempre salir bien librado de la situación. El grandote de Jūgo por su fuerza e imponente talla, solo bastaba que se pusiera detrás cuando los problemas se avecinaban y no faltaba el que se acobardara. Y la zorra, la zorra era pues para que hiciera de zorra controlando la información y más que nada para joderle la existencia a él.
Giró los ojos violetas para rectificar que la escena que había dejado hacía unos minutos no cambiaba en absoluto, quizás solo un poco, Karin estaba casi encima de Sasuke jugueteando con playera del chico y dejando marcas del labial que usaba únicamente para eso, para marcarle la ropa y matar de celos a su novia, cosa que ya tenía tiempo haciéndolo, desde antes de que la "uniera al equipo". La chica era como un tipo de lapa inmune a cualquier tipo de comentario despectivo, u omisión en caso de Sasuke. Desde que se conocieron ella andaba merodeándolo, no desistió ni cuando se cayó el telón de su noviazgo con Sakura, y hacía un año de eso.
Resopló con fastidio.
—Jūgo va a vigilar, quiero horarios y movimientos de gente. Suigetsu, ve y consigue las malditas balas, si te pedí una que sirviera, no como la de la vez pasada, no era para enmarcarla en mi cuarto.
—¿Y cómo iba a saber yo que no las querías coleccionar? —preguntó riendo y alcanzando la vieja pistola que habían estado usando para farolear desde las vacaciones pasadas colocándola en la sien de Sasuke.
—Casi nos vuelan la maldita cabeza la última vez —le respondió el moreno dedicándole una de sus amenazantes miradas.
—Era broma —murmuró amedrentado el otro, pero sin dejar de sonreír.
—La quiero ya —repuso el chico Uchiha terminando el trago que quedaba rezagado en su lata
El otro se encogió de hombros y caminó hacia la puerta.
—Cierras cuando salgas —dijo lanzándole un llavero dejando el lugar de una vez.
—Sasuke-kun —murmuró melosamente la pelirroja —. Hoy no fue un buen día —continuó pasando la punta de los dedos sobre el pecho de su compañero que no la miraba.
—¿No quieres entretenerte un rato? —sugirió empezando a bajar la mano a la pelvis del chico, pero este la detuvo sujetándola fuertemente.
—Tengo cosas más importantes que hacer —le cortó tajante poniéndose de pie y casi haciéndola caer
—¡Pero Sasuke-kun!
—Recuérdale a Jūgo cuál es su trabajo.
—¡Sasuke-kun!
Los ojos negros y profundos del chico se clavaron en ella haciéndole callar e instantáneamente sentarse en el viejo sillón de raída tapicería que en algún tiempo debió ser roja. Apretó los labios y antes de que saliera se volvió a levantar alzando el puño.
—¡Yo también tengo cosas más importantes que hacer! —gritó sobresaltando levemente a Jūgo que dormitaba en el sillón de enfrente, pero sin llamar realmente la atención de quien quería, que terminó por salir sin decir más nada.
Y de momento el silencio…
Pateo la polvorienta mesita de centro terminando de despertar a Jūgo.
—¿Qué tan mal te fue en el examen? —preguntó frotándose los ojos y asumiendo que en parte sería esa la razón de su mal humor.
—Voy a presentar otro, pero en unas dos semanas —respondió contra todo pronóstico, Jūgo se esperaba un insulto o simplemente ser ignorado como usualmente acontecía, recibir eso merecía seguir la conversación.
—¿Y crees pasarlo?
Karin arrugó la nariz, no pensaba pedirle ayuda a Kakashi, confundía más de lo que explicaba además de creer que tenía todo el tiempo del mundo como para hacerla esperar por horas.
—No —chasqueó la lengua y se cruzó de brazos. Karin debía estar demasiado desesperada como para haber terminado por hablar con él.
—Si quieres… te puedo ayudar, si tengo que estar nada más haciendo de cuervo podemos invertir el tiempo.
—¿Entonces si escuchaste a Sasuke-kun?
—Ya habíamos hablado de eso, no sé porque le gusta confirmar tantas veces.
—¿Qué tan bueno eres? —preguntó ella mirándolo finalmente, él se encogió de hombros y luego se puso de pie denotando su gran altura.
—Tengo que irme, nos vemos mañana en el café de enfrente —dijo saliendo del departamento.
El sonido de las bocinas de los carros que estaban afuera peleando por avanzar se intensificó amenazando con darle una migraña así que para finalizar la escena también dejó el lugar sin cerrar con las llaves que había dejado Suigetsu, no era su casa a final de cuentas o en todo caso, no había nada que valiera la pena robar.
El chico albino vivía en el último piso del edificio departamental, solo que ahí si servía el elevador por lo que no dudó en usarlo ahorrando tiempo en llegar abajo, salió rápidamente a la calle para alcanzar el autobús que se suponía pasaba diez minutos antes de la hora y la llevaría de regreso a la civilización de Konoha. Sasuke había escogido ese sitio porque ahí era imposible que sus bien portados, y en otros tiempos amigos, de la escuela le vieran. Prácticamente estaban lejos de cualquier mirada inquisidora y eso en sí ya una gran ventaja.
Pasó la calle aprovechando un alto para llegar hasta la parada. A unos metros había un pequeño motel bastante decente a decir verdad que se dedicaba particularmente a hospedar viajeros que pasaban por Konoha para llegar cualquier otro lado, pero motel al fin y al cabo.
No le habría tomado mucha importancia al asunto de no ser porque había conocidos de por medio, luchar contra su propia naturaleza curiosa con disposición al chantaje era inútil, dio un par de pasos hacia atrás para apreciar mejor la escena de una pareja besándose apasionadamente.
¿Cómo sabía quién era?
Solo había un lugar en Konoha que usaba uniforme blanco más o menos con tendencia a la yukata con decorados negros. Y en ese lugar solo había dos mujeres; una era ella misma y no usaba uniforme, lo que significaba que la chica que casi se comía al hombre de traje negro debía ser Ayame. A su padre le daría un infarto ver a su dulce, tierna e inocente hija así.
Sonrió con cierto aire de malicia, no era correcto.
—¡Vamos Ayame-san! ¡Tú puedes comértelo! —gritó, no, no era correcto meterse donde no la llamaban, pero no por eso era menos divertido.
La camarera del Ichiraku no tuvo necesidad de girarse para saber de quién se trataba y solo se limitó a terminar de meter en la habitación a su compañero que llevaba clara desventaja en cuanto a quién de los dos era el que dominaba la situación.
Pasó el autobús y Karin subió levantándose las necias gafas reacias a permanecer en su sitio. Ninguna mujer era lo que aparentaba, cada día le quedaba más claro eso.
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—Oye, Kin —llamó un chico alto encorvado que cargaba una vieja estola sucia a la espalda y tenía el rostro cubierto por vendas raramente puestas.
—¿Qué quieres? —preguntó mordaz la chica sin levantar la vista del cableado roído que revisaba dentro de una caja negra
—¿Ya te arreglaste con el chico Nara?
—¿El hombrecito? —esta vez la chica vez sí levanto la vista arqueando una ceja con gesto despectivo enfatizado por el absurdo intento de sonrisa.
—No, es demasiado cobarde como para quedar de una vez, que "no quiere pelear con una niña". — dijo a tono de burla.
—¿Tienes cinta de aislar?
—No, ya te la acabaste.
—Vamos a comprar una — invitó a otro chico que mantenía distancia fumándose un cigarrillo.
La ferretería les quedaba un poco lejos, en realidad cualquier cosa que no fuera un almacén estaba lejos de su punto de reunión así que empezaron a andar sobre la avenida principal mientras la tarde seguía su rumbo.
El silencio entre los tres supuestos amigos era parte de la forma de ser de cada uno y que no precisamente implicaba incomodidad. Si el silencio era roto solo se trataba de escuetas frases intercambiadas o el sonido del sintetizador de segunda mano que llevaban dos meses intentando reparar.
Fue doblando una esquina, o quizás solo cruzando la avenida, la verdad es que no importaba eso sino el hecho de que Zaku chocó con un chico más o menos de su edad, de corto cabello negro revuelto y penetrante mirada.
—Fíjate imbécil —reclamó el compañero de Kin, el otro pensaba seguir de largo, pero le detuvo tomándolo fuertemente del brazo.
—¿Y no vas a decir nada?
—Suéltame.
—Porque seas niño rico no significa que te deje ir así como así…
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Kabuto había hecho lo médicamente posible, un trabajo nada malo a decir verdad sobre todo si se sobreponía el hecho de que era un prestador de servicios para la salud del sistema de seguro social para menores infractores, o en palabras llanas, médico de dudosa procedencia profesional que trataba con vándalos sin oficio ni beneficio.
Un par de férulas, una carta de incapacidad para la escuela, una cita en agenda para dentro de dos meses se arregló en poco más de una hora una vez que la furiosa chica de larga cabellera negra pudo arrastrar a su compañero a la clínica, llegando finalmente gracias que Dosu había despertado luego de quedar inconsciente tras golpearse la cabeza contra una banqueta.
Decir que estaba furiosa era poco, decir que estaba irritada consigo misma por haber hecho relativamente nada mientras Sasuke Uchiha le dislocaba los brazos a su novio no se describía ni siquiera en su mirada fulminante o en el golpe de sus pies al subir las escaleras.
—¡Karin! —gritó entrando violentamente al departamento.
La pelirroja salió de la habitación que compartían con tal desfachatez que la furia de la morena se acrecentó: — ¡El imbécil de tu novio le rompió los brazos a Zaku! —gritó golpeando la mesa con las palmas de las manos
—¿A mí que me reclamas?
—¡No te hagas pendeja! ¡Le ayudas a limpiar sus porquerías!
—¿Y?
—¡Zaku y yo vamos a hablar con Iruka y no quiero que te revuelques con Mizuki para que no pase el reporte!
—Lo que haga no te importa… Sasuke lo vale —contestó dándole la espalda.
De las tres mujeres que vivían ahí la que conservaba la calma por más tiempo era Kin, la que casi nunca gritaba era Kin, la que menos problemas causaba era Kin, pero si había algo que la hiciera perder la cordura era la poca dignidad de algunas mujeres cuando de amor por hombres se trataba, como bien venía a ejemplificar su prima acostándose con medio mundo para complacer a un tipo que ni siquiera la veía como su novia.
El departamento era muy pequeño, o bien, Kin avanzó demasiado rápido, porque apenas había dado un paso Karin cuando la otra ya la había alcanzado jalándola del cabello, haciéndola caer de espaldas. Casi por inercia esta empezó a moverse tratando de soltarse y lanzando un par de certeros arañazos y patadas más o menos bien libradas por la otra que ya había dado exitosamente un par de golpes a la cara.
Contra el piso como estaba, sujetada por el cabello y con Kin encima poco podía hacer, estiró una mano tratando de alejarla mientras con la otra intentaba cubrirse el rostro, alcanzó a tomar la larga coleta negra tirando de ella con fuerza logrando soltarse para finalmente pararse quedando Karin arriba clavando sus uñas en lo que llegaba a tocar.
—¡Eres una puta zorra!
—¡Cabrona loca!
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Subiendo parsimoniosamente, cansada, hastiada, sofocada y maldiciendo abiertamente que su jefe les haya retenido el cheque de la paga, otra vez, estaba Tayuya. De momento solo quería bañarse, comer algo y tirarse a ver la televisión de ser necesario mandando a Karin a algún lado para no tenerla ahí chillando y quejándose por todo, bien podía hacer que fuera por las compras de la semana… no, no podía, no tenía dinero.
Arrastrando los pies y con una nueva letanía de insultos e improperios abrió la puerta…
La lámpara de pie estaba hecha pedazos, el teléfono descolgado, las sillas de pequeño comedor derribadas entre los restos de un jarrón barato pero que le gustaba mucho y dos chicas arañándose, una con el labio roto y la otra sin las gafas que por cierto estaban trozadas por la mitad no muy lejos de ahí, jalándose el cabello y queriendo sacarse los ojos.
—¡¿Qué carajos pasa aquí?! —su paciencia tenía un límite, esas dos ya lo habían pisado — ¡Par de hijas de puta se largan ahora mismo! —les gritó acercándose fieramente tomándolas de donde alcanzó.
—¡Ya me tienen harta con sus idioteces!
La mujer haciendo evidente que de femenino solo tenía el rosado color de su cabello las puso fuera del departamento en realmente poco tiempo, solo se dieron cuenta de lo que pasó hasta la puerta se les cerró en la cara.
Kin fue la primera en levantarse, acomodó su pañoleta gris sardo y su cabello.
—Eres una estúpida Karin, ese cabrón tiene de novia a la reina de belleza Haruno y tú solo sirves para lamerle el culo.
—Al menos me quieren para algo, no que a ti…
Kin no la escuchó, bajó las escaleras y se perdió de la vista de la pelirroja que seguía en el suelo destilando con la mirada un poco de rabia para su compañera.
Comentarios y aclaraciones:
Creo que es el capítulo donde más groserías he tenido que escribir... me pregunto cómo quedaría uno de Tayuya y Hidan?
¡Gracias por leer!
