A la hora del almuerzo mi mamá me llamo y se entusiasmó demasiado cuando le dije que había conocido al chico del al lado. Murmuró algo sobre, nuevos amigos y Bucky celoso. El resto del día pasé de una actividad a otra. En mi cuarto agarré un libro que me había interesado sacar de la biblioteca, pero en la segunda página lo dejé. Miré desde el balcón en busca de Tony, pero no vi nada, incluso parecía que esa casa estaba deshabitada.

Cuando le hable a Mike de la hamburguesa, él se rió estruendosamente, diciendo que era el momento de hacer una barbacoa e invitar a los vecinos.

—Deberías bajar con Tony al supermercado y comprarme las cosas que faltan. —sugirió mi tío hablando desde la sala.

—Pero no creo que este…

—¿Qué dices? simplemente ve, toca y pregunta si esta, él sabe cómo ir al supermercado, te ayudara. —contestó rápidamente mi tío, subiendo las escaleras para el segundo piso.

Me pare delante de la puerta de su casa. En la pradera todas las casas estaban pintadas de blanco en su totalidad, la casa de Tony era la única que tenía la puerta color roble. No le di más importancia y toque la puerta tres veces, esperando que no me abriera nadie, incluso que abriera su madre y dijera que él no estaba o que seguía dormido, pero contrario a todo fue Tony quien abrió la puerta mirándome de arriba abajo.

—Querido Stefan ¿En qué te puedo colaborar?

Aquel saludo me irrito un poco, obviamente no se le olvidó del Stefan.

—¿Sabes dónde queda el supermercado? —pregunté, fijándome un poco más en él. El cabello mojado y oscurecido por el agua de la lluvia estaba seco, esponjoso y revolcado, de un color castaño parecido a la caoba, llevaba puesta una camisa azul y un jean desgastado, carecía de zapatos y pude ver sus pies, un poco sucios.

—Posiblemente sepa dónde queda, pero ¿para que necesitaría el amigable Stefan ir al supermercado? —preguntó cruzándose de brazos.

—Mi tío va a hacer una barbacoa y necesita que compre unas cosas por él.

Tony abrió los ojos, descruzando los brazos rápidamente.

—Debiste decirlo antes.

Entro de nuevo a la casa, caminando rápidamente entre cajas y cajas. Fruncí el ceño mirando el interior de la residencia. Era igual a la casa de mi tío, pero se veía más vacía: Lo que en la casa de mi tío era una sala con dos sofás y una mesa de centro, en la casa de Tony era un sofá cubierto por una gran cubierta plástica, alrededor un montón de cajas y una alfombra de terciopelo oscuro que necesitaba de una desempolvada urgente.

Tony regreso rápidamente saliendo del interior de un pasillo y cerró la puerta detrás de sí.

—Andando. —dijo ya caminando velozmente.

—Necesito preguntarle a mi tío que necesita—trate de llamar su atención.

Casi corre hasta el edificio de al lado. Él nos tenía una lista con todas las cosas necesarias, no eran muchas: carbón, salsa BBQ, lechuga y mostaza.

Debido a la lluvia del día anterior el pasto estaba aún mojado y el aire daba la sensación de frescura y de limpieza que me hizo respirar hondamente. En el árbol de moras unos pájaros negros parecían estar en una discusión. La mañana lo llenaba todo lentamente de luces amarillas, calentando el verde brillante de los helechos. Entonces baje la mirada, encontrándome de nuevo con esos pies descalzos.

—¿Por qué no llevas zapatos? —pregunte, incomodo.

—Mis tennis favoritos se mojaron anoche, y no se alcanzaron a secar—respondió con cierta monotonía en la voz.

—Pero… ¿Acaso no tienes más zapatos?

Él se encogió de hombros y siguió caminando con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Fue entonces que vimos al gato negro lamiéndose la pata para luego refregársela contra el rostro, estaba sentado sobre una viga gruesa de madera clavada en la tierra del camino. Tony saco las manos de sus bolsillos y se acercó al gato, este olfateo su mano antes de frotarse contra esta y empezar a ronronear. Una punzada de envidia me hizo desviar la mirada ¿Cuántas veces intente acércame a ese gato y este salía corriendo?

—¿Te gustan los animales?

Yo me limite a asentir.

—Tuve un labrador dorado, pero lo atropelló un auto.- dije con los ojos clavados en el suelo.

—¿Y nunca conseguiste otro?

—No, es decir, no es como si con otro pudiera remplazar a King, —subí la mirada hacia él y había algo en el modo en que él me miraba. Me oí contando todo acerca de mi perro King. Su cuerpo estaba en el borde de la autopista, yo corrí hacia mi perro esperando que no estuviera muerto, pero lo estaba. Bucky me jaló lejos de él y me acompaño hasta la casa.

Cuando terminé la historia, me sentía cohibido por contarlo todo así no más, pero otra mirada de Tony me hizo eliminar esos pensamientos de mi mente. Yo quisiera poder describir su expresión, como si entendiera todo. No, era más que entender. Era como si sintiera todo lo que yo decía.

Me erguí, dispuesto a caminar nuevamente.

—Yo nunca he tenido mascotas —dijo él frotando suavemente la oreja del gato—. Pero Sunny es una buena niña, ella me acompaña a todas partes y es muy cariñosa.

Mire a la gata y luego lo mire a él.

—¿Es tuya?

Tony negó con la cabeza.

—Es de la pradera, la señorita Carter me ayudo a cuidarla cuando la encontramos cerca del pozo. Era una cosita diminuta y negra.

Entonces la gata maulló y dio un salto aterrizando en sus cuatro patas, rápidamente se escabullo entre unos matorrales. Tony soltó a reí con suavidad antes de darse la vuelta y seguir caminando.

—A ella no le gusta que cuente eso. —dijo

Pasando la calle, en el supermercado al frente del parque, solo había un aviso de Coca-Cola. Un olor característico, no del todo desagradable, se sentía adentro del supermercado. Venía probablemente del linóleo de cubría el piso y el mostrador, y estaba mezclado con el olor al pescado fresco que vendía al medio día. Recogimos rápidamente las cosas que necesitábamos, Tony llevaba la bolsa con el carbón y yo traía el resto de cosas.

Tony se acercó al mostrador:

—Saque de ahí también para dos gaseosas—dijo y le paso un billete de un dólar a la señora, quien me miraba fijamente y revoloteaba alrededor de Tony mientras yo me tomaba la gaseosa.

—Llegó gente nueva allá arriba, ¿cierto? —ella inclinó su cabeza hacia la pradera.

—Solo él. —respondió Tony, acomodando el dinero que quedo en el bolsillo de su pantalón.

—¿Cómo es que Rhodey no está contigo esta mañana?

—Se fue con sus padres a Minnesota. —respondió casi pareciendo cortante.

Regresando a la pradera, había un camión estacionado junto a la reja de metal de daba acceso a los edificios. Los trabajadores vociferaban cosas entre ellos y reían sonoramente; entre ellos un hombre rubio y muy alto, se acercó a Tony y le rodeo los hombros con su brazo, logrando que casi soltara la bolsa con el carbón.

—¿Qué cuenta el midgardiano? —el tono de familiaridad que uso con Tony me recordó a las veces que Bucky bromeaba con los chicos de la clase.

Me vi un poco apartado de ellos, caminando a un ritmo más lento, viendo como el hombre reía y Tony apretaba la bolsa de carbón contra su pecho. Llegamos a la zona donde vivíamos y Tony dejo caer la bolsa sobre la madera de la entrada antes de tocar la puerta. Mi tío abrió y apenas vio al extraño lo saludo con un fuerte apretón de manos.

—Te presento a mi sobrino, Steve. —mi tío nos presentó, y yo me sentí avergonzado de la necesidad imperiosa que sentí de darle una palmada en la cara con un ladrillo.

—Mucho gusto. —salude notando que incluso la altura de ese hombre superaba la de Mike.

—Thor Odison, que gusto conocer finalmente al hijo de Sara.

Mi tío lo invito a pasar, y en la sala le ofreció un vaso con té helado. Tony y yo estábamos acomodando las cosas que compramos en la cocina. Cuando terminamos y note, que esos dos seguían hablando en la sala, invite a Tony a pasar a mi cuarto.

—¿Viniste a pasar la vacaciones aquí? —preguntó Tony, sentándose en el suelo, contra la puerta del balcón.

—En realidad, vine a quedarme durante un tiempo indefinido. —dije, sentándome sobre mi cama y lo miré.

—¿Y eso?

—Necesito aclarar ciertas cosas.

—¿Ósea que también vas a estudiar aquí?

—Yo creo que sí.

De alguna forma me sentí tímido al tener a Tony en mi cuarto. Recordé la última vez que estando alguien me sentía así y viaje en el tiempo, cuando Bucky y yo íbamos a la iglesia a ayudar con los preparativos para la misa. Martha Russel, una señora de unos cincuenta años, era la líder de mi clase de religión del domingo por la noche donde, el mes pasado me había hecho una caricia en la pierna durante la lectura de la Biblia. No solamente fui incapaz de encontrar el salmo 120:4, sino que casi me vomito en la sagrada palabra de Dios.

Me estremecí al recordar aquello, y más cuando note la mirada fija de Tony en mí. Una clase diferente de estremecimiento, casi placentero.

—¿Qué? —pregunte, sintiendo mis mejillas demasiado calientes. Quería cubrirle la cara a Tony para así dejar de sentirme extraño.

—Tienes una cara graciosa. —se echó a reí, provocando en mi la misma sensación que sentí la primera vez que lo vi, ganas de golpearlo y al mismo tiempo hacer que sonriera más.

Sonreí, fascinado por los hilos dorados que el sol dibujaba en los suaves cabellos castaños de Tony.

—¿Cuando será que Mike va asar esa carne? tengo hambre.—Tony empezó a caminar alrededor de mi cuarto y yo me recosté atravesado en la cama.

Tony provocaba en mí la sensación de que estaba bien que lo dejara husmear mi cuarto. Era la misma sensación que sentía con Bucky, igual de familiar. Como si mi integridad no fuese a ser afectada por las decisiones Tony. Entonces cerré lo ojos, tal tranquilidad no duro mucho, porqué escuche el cierre de una maleta abrirse y lo primero que vi fue a Tony sentado, cruzado de piernas y pasando las hojas de mi libreta.

—Así que dibujas…

—Deja eso. —dije.

—Contesta.

—… Sí, yo los hice.

De pronto sentí la necesidad de lanzarme por el balcón. Saltando fuera de la cama, jalé la puerta del balcón y me asomé por encima de la baranda de madera blanca. Respire profundamente, naturalmente estaría enojado, pero en vez de eso me sentía más enojado conmigo mismo por no cumplir las expectativas de mi madre. Tony estiro su brazo hasta tocar el mío:

—Lo haces bien.

Me volteé para mirarlo, pero él ya me estaba dando la espalda, para caminar hacia la puerta y así salir del cuarto.

Yo suspiré, recordando las palabras de mi tío cuando me hablo de Anthony.

—Solo un poco raro, eh.

Tenía que enfrentarme al hecho de Anthony Stark seria parte de mi verano.