Tony logro comer su hamburguesa. La señorita Spencer y la señorita Carter, nos ofrecieron ensalada y jugo de zanahoria, yo lo rechacé alegando que había comido mucho, Tony no dijo nada, estaba muy concentrado en su hamburguesa como para hablar. Robert, ofreció cebollas asadas, pero nuevamente tuve que rechazar, esas cebollas olían raro. La barbacoa fue todo un éxito, vecinos de los edificios cercanos llegaron, aportando cosas para la comida y de repente todo se rodeó de una atmosfera cálida.
Para ese momento, todo el mundo había terminado la comida de la noche, menos Tony que iba por su tercera hamburguesa. Los niños estaban en la parte de atrás, los más pequeños jugando a las escondidas con la ayuda de los faroles de luz amarillenta que iluminaban el jardín y el parque, los grandes tiraban pelotas sobre los tejados y gritaban entusiasmados. Mi tío había acabado de desmoldar un helado de frutos rojos. Tony y yo habíamos recibido una porción y habíamos salido al porche delantero, sentándonos en unas sillas demasiado inclinadas para mi gusto.
—Tal vez quieras ver un poco de televisión—dije. Tony negó con la cabeza.
Quería decir alguna otra cosa pero en vez de ello solamente me mordí el labio inferior. Mi mirada estuvo en los rostro de cada una de las personas que conversaban cálidamente en la calle, mi tío parecía conocerlos a todos, y al tal Thor no le iba mal devorando lo que quedaba del asado.
—Generalmente tú no te levantas temprano, ¿verdad, Steve? —que dijera mi nombre me hizo estremecer.
—No durante vacaciones, ¿y tú?
—Mmh…—Tony, hizo una pausa arrugando la nariz—. Muchas veces no puedo dormir y, de verdad, no me importa. Hay tantas cosas por hacer, y el tiempo aquí pasa muy rápido.
—¿Estás bromeando? —pregunté, pero podía ver que no lo estaba. ¿No estaba él al corriente de los interminables que parecían los días en esta pradera? Después de todo no estábamos exactamente en la ciudad de Nueva York. Además no parecía adecuado decir que este lugar no era aburrido. Era como aceptar que el jugo de zanahoria era delicioso. Nadie diría eso aun si en verdad estuviese delicioso.
—El tiempo siempre me ha parecido demasiado corto —dijo, encogiéndose de hombros— ¿Sigues queriendo que te pase las canciones del otro día?
Yo quería decirle que sí, que quería esas canciones. Aunque en parte me daba igual tenerlas o no, después de todo aquello solo fue un pretexto para hablarle. Con mi voz, parecía disculparme por eso:
—Sí, pero ahora tengo mi celular descargado, y no sé cómo pasar de tu memoria a la mía.
—Bueno, entonces vamos a tener que encontrar algo que podamos hacer los dos, porqué ahora mismo muero de la aburrición.
Era como si yo tuviera miedo de levantar la cara para verlo. No solamente porque me intimidara sus ojos, con su cabello castaño y todo. Era la curiosidad en su mirada, como si quisiese experimentar conmigo las posibilidades de ese pueblo pesquero.
—¿Se te ocurre algo? —le pregunté.
—Ahora no, ¿Qué tal si comenzamos mañana? Después del desayuno yo vuelvo aquí—dijo metiéndose la cucharada de helado a la boca. Vi como eso labios se apretaban y la lengua pasaba entre ellos, nuevamente tuve que reprimir las ganas de acariciar—. Ya que eres nuevo en Vanmouth, te mereces un tour cortesía del más amado del pueblo.
Mi corazón latió rápidamente y me limite a asentir. Tony se despidió de mi tío y de Thor. Lo vi caminado hacia su edificio, pisando la madera con los pies descalzos. Entro sin siquiera prestarle atención al hecho de que yo seguí observándolo desde el porche.
Al cuarto día de conocer a Anthony Stark, yo ya era diferente. Me levante temprano pero esta vez no intenté volver a dormirme. Recordé lo que dijo de tener muchas cosas que hacer, y me sentí igual.
Un leve nerviosismo se fundó en la boca de mi estómago cuando, en mi mente creció la idea de que tal vez Tony me estaba esperando afuera en ese preciso instante. Desde mi balcón podía ver su casa, incluso ver el interior y parecía igual de deshabitada al día anterior. Me senté en encima de la mesa de la cocina y respiré profundamente. Cuando mi tío bajo, se sorprendió de verme ahí.
—¿Te estas llevando bien con Tony? —me pregunto cuando entró.
—Sí —me paré buscando entre los cajones un vaso para servirme agua helada y mi tío me siguió, listo para más información. Escogí cuidadosamente mis palabras—: Pienso que vamos a ser buenos amigos.
Mi tío solo sonrió:
—Eso está bien. Necesitas un respiro de Bucky, después de todo.
Fruncí el ceño, tomando toda el agua de un solo trago. De repente, Bucky me hizo falta, y me sentí mal por no llamarle ni si quiera una vez en lo que llevaba aquí. ¿Si Bucky estuviese aquí, yo habría conocido a Tony? La respuesta estaba, pero me negaba aceptarla. Entonces mire a mi tío:
—Anthony… ¿Él vive solo? —pregunté, esperando cualquier respuesta menos una afirmativa.
—La verdad, no lo sé… —hizo una pausa, como meditando las palabras—Desde que vine a vivir aquí hace dos años, siempre ha sido él la única persona que he visto entrando y saliendo de ese edificio, la señorita Carter dice conocer a sus padres, pero nunca menciona el tema. Y el interior de la casa es un poco…
—¿Vacío?
—Iba a decir desordenado, pero da lo mismo…—de nuevo hizo una pausa. Y luego su cara se ilumino como si hubiera recordado algo muy alegre— ¿Van a algún lugar hoy?
—Me va a dar un tour por el lugar. —dije, simulando unas comillas con mis dedos.
Cuando los platos donde comimos el desayuno estuvieron limpios, escuché pisadas cerca de la puerta, seque mis manos rápidamente y me mire los jeans desgastados.
Tal vez debí vestirme mejor. No; si nos vamos a ver con frecuencia, era mejor que viera como era realmente.
—¿Listo? —preguntó.
—Si.
Caminamos por el sendero pedregoso, rodeando el muro de la pradera. Avanzábamos en silencio, en aparente calma, baje la mirada, esta vez estaba usando zapatos. La gravilla sonaba bajo nuestras pisadas en la tranquila mañana. Esperaba que Tony hablara pero, ¿Qué le diría yo?
No me di cuenta cuando la tierra se hacía levemente más fría, fue el llamado de Tony que me despertó de mi trance, habíamos caminado lo suficiente como para remontar la ladera oriental de una montaña. En medio de ese bosque, cuyos arboles transpiraban frescura, noté el sol asomándose entre las hojas.
—Creó…que es el momento de cumplir con nuestra cita para tomar café —dijo, abrió la mochila que llevaba en su espalda y saco un termo de acero inoxidable y una pequeña taza de lata.
—¿Cita? —me estremecí, pero no de frío.
Su sonrisa juguetona no se desvaneció mientras me servía una taza de un líquido oscuro y caliente.
—Bromeó, ¿Espresso?
—Gracias —reí, y acepté la taza—. No me di cuenta cuando llegamos aquí.
—Sí, estabas un poco ido.
—¿Tu no tomas?
—Solo traje esa taza, supongo que habrá que compartir —dijo—, te juro que no tengo enfermedades.
Bebí un sorbo de café. No era muy fanático, pero en ese momento sabia delicioso.
—¿Tendré que esperarte mucho tiempo? Yo también quiero un poco de café.
Le tendí la taza de mala gana y sus dedos rozaron los míos. El contacto fue como una llamarada. Cuando sus labios tocaron el metal, me estremecí, como si hubiera tocado los míos. ¿Es eso lo que sentiría si mis labios tocaran los suyos? "¡Basta!" grito la parte más racional de mi mente. "Tú no estás aquí para eso. Después de todo te gustan la chicas pelirrojas"
Retome mis recuerdos sobre Natasha, la chica que se sentaba a mi lado en geometría. Ella era linda, tenía unos ojos grandes y verdes, bastante expresivos, unos labios rosados, y un hermoso cabello en ondas que caían sobre sus hombros. Cada vez que la observaba quería dibujarla.
—¿Te encuentras bien, Steve? —preguntó Tony, se inclinó hacia mi poniendo un dedo en mi frente y deslizándolo hacia la punta de mi nariz.
La zona por donde su dedo paso, cosquilleaba y cerré los ojos apartándome, no quería sonrójame nuevamente ¿Qué tal que me viera?
—Estoy bien —contesté.
Tony sorbió el espresso desviando la mirada.
Seguimos caminando, Tony hablo de las montañas, y de que corría el rumor de que allí había desaparecido una gran cantidad de gente como para ser ignorada. El caso más famoso fue el de una niña hija de un profesor de la escuela primaria de Vanmouth, a la cual nunca encontraron, era como si se la hubiera tragado la tierra, temblé de temor al pensar en eso. ¿Qué pasaría si mi tío desapareciera? ¿Si no volviera a ver a la señorita Spencer o a la señorita Carter? ¿Si no volviéramos a saber de Robert? Y si…Agite la cabeza alejando todos esos pensamientos negativos y seguí a Tony colina abajo. También me mostro, cantidad de paisajes, y coincidíamos en buscar determinadas cosas: animales, sapos, alguna serpiente o insecto. Pero no vimos nada. También me hablo de los lugares donde se podía acampar:
—Aquí vienen muchos estudiantes de fotografía a practicar. Dicen que se toman lindas fotos desde la cima—dijo.
Tony no sabía el nombre de aquella montaña, pero conocía el resto.
—¿Te gusta el paisajismo?
Me removí inquieto por la pregunta.
—Yo, hago más que todo retratos pero…—mire mi alrededor, esperando algo o a alguien, no sé por qué— pero quiero aprender a hacer más cosas.
Regresábamos por el camino pedregoso, hablando acerca de cómo era mi vida en Brooklyn, yo no tenía mucho que decir, pero Tony me escuchaba atentamente y no me quitaba la mirada de encima. Cuando llegamos a los edificios ya era medio día. Finalmente, después de haber estado en silencio un momento, Tony dijo:
—Espera aquí.
Y me quede parado en el porche de su casa. No quería ver el interior de esa residencia, por alguna razón me hacía sentir triste. Sentí pisadas, y cuando me gire tenía a Tony frente a mí, en su mano me mostraba la memoria USB de la que me había hablado.
—Espero que esta vez, tengas tu celular cargado.
Cuando tuve aquel pedazo de metal en mi mano y deseé responder, Tony se había dado la vuelta y había cerrado la puerta. Fruncí el ceño, me cerró la puerta en la cara. Pensé y pensé, y lo único que me llego fue el: Es un poco raro, de mi tío.
Esa noche casi no dormí. Mis sueños eran caóticos; algunos provocadores: Los dedos de alguien rozándome la piel de la cara, unos labios junto a los míos…y después una visión. Me quede estático, parado en medio de una sala, esa no era mi casa ni la casa de mi tío. El lugar se veía vacío y triste:
—¿Cómo están tus queridos padres? —preguntó la voz de una mujer mayor a lo lejos.
—Han desaparecido —respondió una vocecita infantil—. No he visto a ninguno de los dos desde ayer. Estoy solo.
—Dile a tu madre que hemos encontrado los poemas de los que habíamos hablado. Parecía muy interesada cuando Peggy sacó el tema.
—Se ha esfumado —dijo la voz infantil—, igual que mi padre.
—Me temo que mañana no vamos a estar en casa, cielo —comentó una voz femenina distinta a la anterior—. Pasaremos la noche con la sobrina de Wanda en Oklahoma
Vi a un niño parado en mitad de la sala, de espaldas. A media noche. Totalmente solo en medio de la oscuridad, aquel niño rompió a llorar. En la casa desierta no se oía más que su llanto. Oí los alaridos del niño…y entonces se convirtieron en los míos.
Cuando se hizo de día me estremecí, agotado. Me refugie en mi habitación, me oculté bajo las almohadas y las mantas, y allí, atrincherado, me oculte hasta que alguien llamo a mi puerta. Le eche un vistazo al reloj de mi celular: iba a ser la una de la tarde.
—¿Tío?
Mike entró en la habitación. Tenía los puños apretados.
—¿Te encuentras bien? —murmuró, asomándose por encima del muro de sabanas y almohadas.
—No dormí bien.
De pronto mi tío no podía mirarme a los ojos. Traía el teléfono inalámbrico en su mano izquierda.
—Para ti —el tono cauteloso de su voz hizo que me sentara en el borde de la cama.
Era Bucky. Quería contarle sobre Tony, la tarde con él conociendo Vanmouth, y sobre su extraña casa. Pero al final le dije que todo iba normal, aburrido. Cuando finalice la llamada, sentí que de repente el aire estaba más frio.
Baje las escaleras, notando en la puerta a la señorita Carter y a la señorita Spencer, llorando mientras mi tío trataba de consolarlas. Me mantuve al margen, en la cocina, escuchando los susurros sin entender su significado. Clavé la vista en el suelo hasta que escuche los pasos de mi tío por el pasillo.
—¿Sucedió algo? —pregunté, sintiéndome nervioso de repente.
A Mike le temblaban las manos. Eso no era algo bueno.
—Robert está muerto.
