Un poco de celos

Suigetsu tomaba los cartones de cerveza acomodándolos en el viejo auto.

—¿Qué crees que haces? — preguntó la chica a su compañero viéndolo tomar con toda confianza las latas y botellas de vidrio.

—¿Quieres que las pague con lo que robamos? —preguntó él con sarcasmo haciéndola callar, al menos por unos momentos ya que ella volvió a soltar un chillido.

—¡Muévete! —gritó Karin con todas sus fuerzas cuando uno de los clientes trataba de usar un frasco de cristal para golpearlo por detrás mientras él y Jūgo se aseguraban de que los dependientes les entregaban el monto total de lo que había en la caja.

El moreno la escuchó como hacía cuando le convenía, giró apenas y a tiempo presionando por inercia el gatillo yendo a impactar la bala en una de las piernas del infortunado tendero, quedando el asunto como mera advertencia más que por accidente. En seguida y tras el escándalo que se armó después, el líder del pequeño grupo tomó la bolsa de plástico con el efectivo y salió corriendo jalando a Karin por la muñeca, pues esta se había quedado estática con el disparo. Metió violentamente a la chica en el asiento trasero, Jūgo ya había puesto en marcha el motor y avanzaba sin planear detenerse preguntando por más detalles.

Sasuke estaba extasiado, casi aterrado tras la primera experiencia fuera de un área relativamente segura sintiendo aún vibrante su mano tras el impulso del arma al ser disparada y la sangre bombeándole de sobremanera en cuanto notó la facilidad con la que podía disponer de otras personas, con la que simplemente decidía lo que quería y lo tenía. Eso era lo que necesitaba, saber que existía la posibilidad de librarse de Itachi, de que Sasuke Uchiha fuera algo más que el segundo hijo, de demostrar que podía ser igual o mejor.

Torció los labios y soltó un bufido de satisfacción, eso era lo que necesitaba: más poder, más facilidad para alzarse de entre los demás y finalmente quitar el pedestal sobre el que tenían a su hermano. Se llevó una mano al rostro echando el cabello hacia atrás, encontrándose entonces con el rostro de Karin aún con la expresión estupefacta. Los ojos rojizos de la chica se perdían tras el brillo mortecino de las gafas, ella movió una mano hasta el arma que aún sostenía el chico y repasó el metal, lo sentía caliente y con cuidado trató de quitárselo, él aflojó los dedos para dejarla ir y tras unos segundos se acomodó tomando su distancia de la pelirroja que no dejaba de mirarle.

Karin estaba embelesada, Sasuke no tenía miedo y eso era bueno, eso podía hacerlo mejor que cualquier imbécil que se hubiera mojado los pantalones ante la situación que acababan de vivir. Con cuidado se quitó las gafas para limpiarlas poniéndolas a un lado junto con la pistola, para bien o para mal, la distancia era lo más seguro.

Jūgo, en silencio, seguía el camino hasta el lugar que les servía de guarida por los suburbios de la ciudad, Suigetsu en cambio hablaba rápidamente, por momentos casi a gritos y por otros para sí mismo, una línea era de lo maravillado que estaba con alguien tan "profesional" como el Uchiha y la siguiente maldecía su "jodida suerte".

Tomaron el lugar marcado en el estacionamiento asignado para el departamento que el chico albino ocupaba con increíble precisión, bajaron del auto casi en tropel con la bolsa del dinero y las cervezas que habían sacado también.

—Ya que las robaste ¿No pudiste al menos traer algo menos corriente? —preguntó Karin caminando detrás del pequeño grupo.

—Si te parece, que nadie te obliga, es más, lárgate a tu casa, remolacha —se defendió Suigetsu avanzando rápido para abrir la puerta, ella no le dio importancia a su comentario y se aferró al brazo de Sasuke, aún tenía la sangre caliente y bombeándole rápido, se mordió un labio, si tenía una oportunidad, era esa sin duda. Nadie había dicho que para acostarse con alguien necesariamente había que amarlo, ya lograría ese cometido con el tiempo, pero con algo se empezaba.

Tomaron el elevador, Suigetsu atesorando entre sus brazos las botellas parecía terriblemente desesperado y dos veces contiguas se quejo de que sería más rápido ir por las escaleras, pero como ninguno de los otros estaba especialmente de acuerdo terminó por escupir a un costado como gesto de frustración.

—¡Eres un maldito cerdo! ¡¿Cómo se te ocurre hacer eso aquí?!

—Zorra —repitió el otro finalmente viendo las puertas abrirse.

En dos zancadas la llave ya estaba dentro de la cerradura y en otra más ya estaba tumbado en uno de los polvorientos sillones.

—Vamos Sasuke, vamos Sasuke —repetía invitándolo a pasar y golpeando la mesa naturalmente indicándole que sacara el "botín" de la noche. El dinero lo llevaba Jūgo y sin mayor problema lo dejó sobre la mesa. Los siguientes nueve segundos que les tomó acomodarse al resto le parecieron terriblemente agónicos al chico que empezaba a hacer sonar sus dientes dispares.

—¡Vamos Sasuke! ¡Dámelo ya!

Karin se acomodó cruzando las piernas, logrando que la falda negra que llevaba se subiera considerablemente.

—A Sasuke-kun solo le interesan las chicas, si quieres complacer tus perversiones puedes usar a la Drag queen de Zabuza

—¡Cierra la maldita boca! —estalló el otro casi lanzándosele encima.

—Si empiezan a pelear no reparto nada —amenazó Sasuke, clavando una navaja en la mesa conteniendo así a su compañero. El moreno extendió el dinero sobre la maltrecha tabla y sonrió de lado.

—¿Partes iguales? —preguntó Jūgo cobrando momentáneo interés en lo que sucedía fuera de su mente.

—A mí el dinero me tiene sin cuidado —respondió el nombrado líder.

—Haku-chan no es mala opción, hasta Zabuza creyó que era chica —retomó ella inclinándose hacia el frente mientras dos de los integrantes empezaban la repartición y Suigetsu destapaba las cervezas tendiéndole una a cada uno pensando seriamente en no seguirle el juego a la otra. No estaban en el jardín de niños donde uno de los dos terminaba llorando. Se limitó a hacerle una seña con la mano y regresar la vista al dinero arrugado, momentáneamente mirando al moreno sacar la navaja para volverla a clavar.

Unas tres rondas entre que discutían la repartición; que si Karin no había hecho nada, que quién iba a pagar el combustible tendría menos, que si se compraba otra arma… finalmente llegaron a común acuerdo.

—¿Todos conformes? —preguntó finalmente Sasuke una vez que billetes y monedas fueron entregados.

No hubo respuesta, Suigetsu tomó lo suyo y se puso de pie.

—¡En la avenida del depósito son más baratos! ¡Te cobran la noche no por hora! —gritó Karin al verlo, el otro se detuvo en seco.

—¿Sabes porque ahí trabajas, remolacha?

Ella negó con la cabeza mientras la sien le temblaba por la furia contenida. Jūgo terminaba de meter todo cuidadosamente en su cartera acomodando por denominaciones y Sasuke, por su parte, seguía con el insistente jugueteo de la navaja y empezaba con otra cerveza.

—Ahí fue de donde Zabuza te sacó, también a Haku-chan, con suerte te encuentras a un niño igual de lindo.

Suigetsu caminó de regreso pero se detuvo dos pasos antes de llegar a ella. Había tres opciones que se le ocurrieron en ese momento; uno, dispararle con el arma que el Uchiha tenía al lado. Dos: estrangularla con sus propias manos; o tres, largarse y planear una venganza más inteligente.

Levantó el rostro y sonrió con sorna. Ya tenía algo mejor.

Giró sobre sus talones y tras Jūgo, salió del departamento no sin antes levantar una mano a modo de despedida.

—Saludaré a tu madre si la veo —y cerró la puerta sin dejar a la otra reclamar nada, o más en concreto, sin escucharle reclamar nada.

—A mi madre —repitió ella con la voz apagada —¡Cuando te mande al infierno la saludas! — gritó lanzando la lata, vertiendo entre la pared, la puerta y el piso, lo que quedaba de cerveza.

Unos momentos de silencio se hicieron, el rubor de sus mejillas coloradas por el enojo se aminoró e incluso empezó a sentirse el frío de la noche colándose entre el mal cuidado lugar. Dejó de mirar la puerta cerrada y por un momento volvió a ver a Sasuke, a delinear su perfil como lo hacía cada que podía, como sabía que lo hacían muchas otras chicas, pero solo ella estaba ahí y no sería tan estúpida como para no aprovechar la ocasión.

Se giró para quedar lo más cerca posible sin verse con ganas de lanzársele encima.

De momento, su cuerpo pareció reaccionar ante la idea y una extraña sensación de ansiedad subía desde su vientre hasta su pecho y luego en bajada como si de vértigo se tratara. Enderezó la postura y se dio una rápida revisión, estaba relativamente bien, se había bañado antes de salir, no había tomado nada, ni siquiera la cerveza que Suigetsu le había dado.

Trató de hacerse hacia atrás el cabello, pero este, reacio, regresaba a su sitio en mechones dispares. Frunció el ceño, el de Sakura tenía realmente una buena forma en ese sentido. Bajó una mano hacia su cuello pasándola ligeramente sobre sus senos, cosa que le sacó una sonrisa de satisfacción, con eso si la chica rosada no podía competir. Levanto un poco la blusa entallada para confirmar que traía ropa interior decente, una talla más chica pero no podía pedir más siendo que era de Tayuya, la que nunca usaba. ¿Por qué demonios la compraba entonces?

Guió las manos hasta el corto de la falda pasando los dedos sobre la piel desprovista de mallas, solo unas botas altas que pasaban por poco sobre la rodilla.

No le gustaban sus piernas, las veía demasiado "llenitas" y le resultaba traumatizante no tener una complexión más delgada… o voluntad para una dieta más rígida.

¿Le gustaría así Sasuke?

Sakura era delgada, y era su novia desde hacía dos años o más…

Pensándolo a más profundo, de hecho, las dos solo tenían en común que no había mucha gente con el mismo color de cabello y ni siquiera era igual entre ellas… nada que tomar como referencia para abrirse paso en los ojos negros del chico… y las pelirrojas eran relativamente más abundantes que las "pelirrosas".

Su mano había seguido tocando lo que se distinguía de su muslo. Levantó la mirada sacándose los lentes con cuidado de no romperlos más de lo que ya estaban luego de su encuentro con Kin. Al menos lo intentaría, lo intentaría mientras él le permitiera estar a su lado. Giró el rostro encontrándose con que él la observaba ¿Desde hacía cuánto?

Se volvió a ruborizar cuando notó que en realidad lo que no dejaba de ver era su mano paseándose sobre sus piernas.

—Sasuke-kun —llamó suavemente inclinándose hacia él.

El chico no hizo absolutamente nada y eso le dejó vía libre para besarle.

Esta vez sin labial, sin la intención de incomodar a los otros dos chicos del grupo con la exhibición, sin pensar qué demonios haría Sakura si los viera. Sus labios recorrieron su rostro y bajaron por su cuello recargándose un poco más en él, casi esperando el momento en que se levantara y se fuera o que con un brazo la quitara de encima. Pero no ocurrió, él de verdad la estaba dejando hacer lo que quisiera. Se sintió emocionada, como si fuera la primera vez que tuvieran un contacto así de íntimo.

Con cuidado puso sus piernas a los costados de él, que seguía apenas y denotando que respiraba, ella empezó a recorrer con sus manos el "disfraz" que usaba cuando no lo veía ninguno de sus anteriores amigos, la playera subió de su sitio revelando el cinturón que no tardó en sacar.

Ella empezó a respirar con más dificultad ocupando de nuevo su boca con la de él, de verdad que no la detenía. Sacó el cinturón y con precaución pasó a desabrochar el botón del pantalón y sin mayor problema pasando a la cremallera… dudó un momento, pero el miedo de no tener otra oportunidad le dio el valor para terminar de meter la mano…

.

El sol entraba por la ventana, los dorados rayos se reflejaban en una mata roja que se envolvía con furia entre las sábanas amarillentas. Tenía un pequeño temblor a causa de la furia que la recorría.

Pero estaba bien.

Solo era un poco de celos… un poco…

Aproximadamente tres minutos le tomó a Suigetsu salir del trance en que había entrado cuando llegó al departamento tambaleante y antes de entrar a su habitación notó precisamente "eso" rojo que se movía. De pie, sosteniéndose del quicio de la puerta con los ojos violetas sobre el objeto no identificado, no se atrevió a emitir ni un solo ruido, queriendo comprender qué era lo que escuchaba. Justo a cumplirse la tercera ronda de sesenta segundos cayó en cuenta de lo lógico.

—¡Karin! —exclamó ya con valor para acercarse.

La aludida, envuelta aún entre las sábanas, pero sentada y con la cabeza recargada en sus rodillas no levantó la mirada, por el contrario, se contrajo más en su posición empezando a ahogar el gemido que se le iba a escapar.

—Te fue bien anoche ¿Eh?

—Cállate —le reclamó ella aún sin mirarle.

—Si no te vas a quietar al menos muévete un poco que yo quiero dormir.

—Hay otra habitación.

—Primero, esta es mía. Segundo, en la otra tengo toda la porquería que ya no se usa… y no hay cama.

—Lárgate al sillón.

—Lárgate tú, a ver si te acomodas en esa porquería… muévete remolacha.

El chico no estaba más ebrio que en la noche, o al menos no lo suficiente como para considerase "perdido", de hecho estaba bastante consiente y guardó silencio cuando ella ya no pudo seguir mordiéndose la lengua para no gimotear frente a él.

—¿Sasuke te…? —empezó a preguntar considerando la remota posibilidad de que no fuera precisamente consensuado lo que pasó, algo un poco ilógico considerando la actitud de ella con eso de querer violarlo en la escuela, pero sabía de chicas que hablaban mucho y cuando uno accedía ya no querían nada. Todo era posible. La pelirroja estaba lo suficientemente loca para eso.

—¡Me dejó! ¡Se largó a ver a Sakura! —le estalló finalmente dejando ver lo hinchado de sus ojos.

—¡Le importa nada lo que sea de mí! ¡¿Eso quieres escuchar?! ¡Su puta de ocasión y nada más! ¡¿Feliz?! —siguió levantándose bruscamente haciendo caer al otro que había permanecido sentado en un pequeño espacio a su lado.

—¡Ríete Suigetsu! ¡Dile a Kin que tenía razón! ¡¿Qué esperas?! ¡Di que Sakura vale la pena y yo no! — le seguía gritando mientras empezaba a vestirse importándole poco que él la mirara desnuda.

Karin no pudo ponerse las botas con la facilidad que esperaba y en un intento por ponérselas mientras caminaba terminó por tropezar para luego golpear el suelo mientras apretaba los dientes. Él permaneció callado también en el suelo, se incorporó apoyándose en la cama y la mesa de noche.

—Eres una estúpida Karin ¿Qué esperabas? ¿Despertar con él abrazándote y que luego fuera a preparar el desayuno? ¿Qué te dijera que iba a dejar a Sakura para que estuvieran juntos?

—¡Sakura! ¡Sakura! ¡Sakura! —interrumpió la otra poniéndose de pie con las botas en mano y saliendo descalza cerró con fuerza todas las puertas de regreso a la salida.

Suigetsu se dejó caer boca abajo en la cama.

—Esto es un asco —dijo ahogando las palabras con la almohada —. Huele más a Sasuke…


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