Siempre me considere una persona intuitiva. Acostumbrado siempre a tener la razón en mi hipótesis sobre algo o alguien; nunca me vi contrariado, pocas veces algo rompió mis expectativas. Eso, hasta que conocí a Tony.

Aquella noche, cuando me imagine que la atmosfera incomoda entre los dos nunca se iba a despejar, cuando creí que después de aquel acercamiento no íbamos a volver a ser los mismos, Tony me llevo a su taller. Este quedaba en el último piso de la casa, detrás de una puerta roja. Allí vi un montón de colores, Tony tenía desde probetas, balanzas y microscopios, hasta un enorme telescopio, varias cámaras con lentes de alta resolución y un brazo robótico que se movía de aquí allá con torpeza. En el fondo un ventanal que dejaba ver la montaña y todo el horizonte, un amanecer seria hermoso desde ahí. Sobre una mesa rodeado de pequeñas piezas mecánicas y envuelto por una sabana, estaba la obsesión de Tony, algo similar a lo que una vez quiso Robert. Tony dijo:

"Se llamara Jarvis, aún no lo termino, pero cuando esté listo te lo mostrare."

No dormimos en toda la noche. Tony hablaba de su proyecto, que lo que él quería era crear un autómata, que fuera eficiente y totalmente funcional, sin necesidad de darle ordenes o recargarlo. Él me decía todo lo que sabía de mecánica y física; yo a pesar de no entenderle, escuchaba todo lo que decía. Por qué no dejaban de gustarme su sonrisa, y ese brillo en sus ojos tan cálido, tan perfecto.

Aquella tarde fue extraordinariamente tranquila. Terminamos cayendo del sueño en mitad del taller, él recostando su espalda contra la pared y yo en el sofá al otro extremo del cuarto.

Esos días de verano fueron maravillosos. La señorita Spencer y la señorita Carter hablaban mucho sobre la necesidad de que lloviera, pero el pasto asoleado a mí me parecía bien, siempre y cuando caminara sobre el con Tony. Pero me sentía mal acerca de Bucky; traidor, supongo que esa era la palabra, porque en mi interior planeaba no regresar a Brooklyn en largo tiempo. Estar con Tony me llenaba de vida, me motivaba. Había empezado a cambiar, había vuelto al lápiz y al papel. Tony siempre estaba ahí, observando calladamente, sugiriéndome nuevas ideas, pequeñas cosas significativas. Había retratado a Sunny, Tony la tuvo en su regazo posando para mí. Por mi cabeza paso la fugaz idea de retratarlo a él también. ¿Cómo podía alejarme ahora de alguien que me ayudo a reencontrarme?

Finalmente le hable a Bucky sobre Tony, muy someramente le comente sobre como lo había conocido y solamente dije: "Tony y yo somos muy cercanos. Nunca hubiera creído conocer a alguien así en este pueblo"

La respuesta de Bucky, fue algo como: "Hay muchas cosas que no estás diciendo. Pareces enamorado del chico".

Toda la tarde reflexione sobre esa afirmación. En su momento le negué a Bucky cualquier tipo de sentimiento romántico. Poco antes del anochecer, fui a caminar solo a través del sendero pedregoso, alejándome de la pradera y de vuelta a través del bosque. Encontré el árbol que tan a menudo Tony y yo frecuentábamos para descansar después de largas caminatas.

El suave murmullo de los pájaros me era tan familiar como el latir de mi corazón. Me puse la mano en el pecho para verificar si mi corazón y aquel suave murmullo iban al mismo ritmo, y parecía que sí. Me pregunté acerca del día en que yo dejara este lugar, lo que seguramente ocurriría. ¿Si yo me iba, mi corazón sería capaz de latir al compás de ese murmullo?

Y después comencé a pensar sobre lo dicho por Bucky… "Pareces enamorado del chico". Durante un largo tiempo mire el pasto seco.

Bucky y yo habíamos hablado muchas veces acerca del amor, místico y lejano. Confesé mi creencia de enamorarse de la esencia y no del físico o el género. Bucky parecía no tener problemas con este concepto. Sentado bajo las ramas de ese árbol, tuve la vaga idea de que el amor no era algo mágico. Podría llegar poco a poco mientras uno exploraba los alrededores de un pozo o buscaba una serpiente en el jardín.

Parecía que lo tenía todo claro, el amor no era algo místico. Pero momentáneamente y como siempre, fue Tony el que rompió mis resoluciones:

—¿Pensando acerca de la vida, Stefan?

Miré por encima de mi cabeza. Sentado sobre una rama gruesa y cubierta de musgo, Tony observaba, altivo y soberano, igual que Sunny desde la ventana del taller. Sonreí y tomé una profunda bocanada de aire.

—¿Así que arriesgaste tu vida para subirte allá arriba? —pregunte, metiendo las manos en mis bolsillos.

—Tengo años de práctica, ya no hay necesidad de temerle a una caída desde esta altura.

—Ah, ¿sí?

—Me dicen Iron Man, después de todo—Tony se encogió de hombros.

Nos habíamos burlado de la poca inventiva del apodo. Nunca se lo podría decir a Bucky, pero sabía que era parte de mi pertenencia a este lugar, a Anthony Stark.

Él podría mudarse a Malibu la próxima semana. Yo podría no volver a verlo jamás. Podría casarme con Natasha y tener con ella dos hijos. Aun así una parte de mi seguiría perteneciéndole a Tony y una parte de él sería mía.

Tony bajo del árbol y sus pies aplastaron las hojas del suelo. Ambos regresamos a casa.

—Sara llamo—me dijo mi tío cuando pasaba por la sala. Estaba seguro de que quedaba algo por decir, pero me encaminé hacia mi cuarto— ¿Cómo va todo?

—Bien.

—Tal vez te moleste con lo que te voy a decir ¿Pero podrías regresarle las llamadas a Sara? Tú sabes cómo es de melodramática.

Yo asentí.

Era mi rutina. Todas las tardes hacia algo diferente con Anthony:

—Has estado leyendo demasiados comics, Tony—le dije una tarde cuando estábamos bañando al perro de los Sturrock.

Tony frotó con vehemencia el cuello de Hunter.

—Te lo juro, La señorita Spencer ronca como ogro—y se echó a reír, mientras su ropa y piernas terminaban curtidas de jabón, agua y pelo de animal.

Ya estaba oscureciendo aquella tarde cuando salimos a sentarnos en el balcón. Todo parecía tranquilo, pero en realidad sentía miedo, pesado y desconocido. Mi mundo, antes de Tony, era aburrido pero siempre seguro. Ahora se estaban acabando las vacaciones. "Queda poco tiempo", me recordó una vocecita en lo profundo de mi mente. Sentí que me helaba. Dos o tres casas más abajo, algunos niños jugaban al escondite. Podía oírlos gritar: "¡Un, dos, tres, salgo a buscar!". Un pájaro mezclaba su canto con el ruido de un camión transitando. De alguna manera tenía que decírselo. Estaba sentado en la baranda de madera maciza, balanceando sus sucios pies descalzos en el borde, conmigo sujetándolo cautamente de la camisa.

—Hey, Steve. Estás raro hoy —dijo

Me frote el cuello.

—No es algo raro, pero supongo que me gusta alguien...

Conmoción mezclada con alivio. Sus ojos estuvieron en los míos, y él sabía que me refería a su persona. Él rio, y yo respiré profundamente. El miedo, ahora con nombre propio crecía dentro de mí. De las risas de Tony no sabía que esperar, lo primero que me imagine seria que el bromeara acerca de eso. Pero nuevamente no fue el caso.

—Ya veo—murmuro.

Fue cuando escuchamos pasos por las escaleras. Tony soltó un bufido, se bajó y apoyo sus codos en la barra del balcón, y yo me quede ahí, con la cara ruborizada.

—¡Hey, Tony! —gritó mi tío—La señorita Carter te busca.

Tony asintió, dándome una mirada cómplice, bajo las escaleras.

El día siguiente a la mañana le dio por avanzar pesadamente. Traté con todas mis fuerzas de no pensar en él. Inclusive le pedí a Mike que jugara una partida de ajedrez conmigo en la mesa de centro de la sala. Ganó por qué yo realmente no me esforcé.

—No estás muy atento hoy —me dijo—. Apuesto a que tienes tu mente puesta en alguna chica que conociste.

Le hice una mueca y me ofrecí a ayudarle a guardar el juego.

Finalmente me fui a mi cuarto a leer y pensé en marcar algunas páginas que podría compartir con Tony. Tal vez vendría más tarde cuando no hubiera encontrado nada mejor que hacer o, tal vez no volvería nunca más, ¿quién querría estar cerca de un extraño vecino que acaba de confesarse?

"Tony no es así" dijo la pequeña voz en mi cabeza. Yo quise creerle.

Mi tío estaba en la cocina preparando pastas para la comida.

—Pereces nervioso, Steve —comentó cuando deje caer el frasco de mostaza por tercera vez—. ¿Está pasando algo?

—No —negué con la cabeza, pero no mire cuando metí la cebolla sin pelarla en la olla de agua caliente.

Mi tío se movió rápido, y para que evitar más desastres me pidió que fuera a pedirle a la Señorita Spencer un poco de queso parmesano.

Cuando se acabó el almuerzo y los platos estuvieron lavados y en su sitio, no pude aguantar más.

—Creo que voy a trotar un rato —le dije a Mike—. Voy a bajar hasta la tienda. ¿Necesitas algo?

—No —mi tío subía las escaleras, iba a su despacho, supuse que tenía mucho trabajo—. Te recomiendo que dejes el ejercicio hasta que el sol se pongan o hasta mañana temprano. La señorita Spencer ha estado hablando de insolaciones.

—Entonces solamente voy a dar una vuelta por la pradera —dije y me precipite afuera antes de que mi tío protestara.

Camine cerca de la casa de Tony, seguramente estaría en su taller, trabajando en su autómata; totalmente solo. ¿Estaría escuchando música? ¿Qué tal si entraba a saludar? ¿Estaría bien? ¿Qué le diría después?

Finalmente me acerque a su puerta y toque un par de veces. Cuando él abrió la puerta como cinco minutos después, su sonrisa era la misma que había visto el día que lo conocí. "Que alegría ver al correcto y amable, Stefan en la puerta de mi casa", dijo.

Me convenció de ir al pueblo, pues él tenía que comprar comida y no quería ir solo. Fue un largo camino desde la pradera al supermercado. Tony no decía nada y yo tampoco. Me sentía un poco incómodo pero le sonreí, cuando el me miro. Sus ojos parecían ansiosos, estaba nervioso, y sostenía con duda una libreta entre sus manos.

—A Howard le gustaba la poesía, el escribía y me leía los poemas, preguntándome si eran buenos —dijo.

Miraba a Tony y me preguntaba qué podría significar todo eso. ¿Quién era Howard? ¿Un amigo? En el tiempo que estuve aquí nunca vi a Tony hablando con otros chicos. Parecía casi como si él pudiera leerme los pensamientos, por qué yo estaba pensando en su vida, en la existencia de sus padres; cuando de pronto dijo:

—Quiero contarte por qué, con 17 años, vivo solo —soltó eso como si lo tuviera que decir rápido o no decirlo.

Por alguna razón yo hice una tonta broma al respecto:

—Apuesto a que tus padres están encerrados en alguno de eso cuartos con llave.

Cuando él asintió, yo tragué saliva. Luego me miro con una mueca divertida.

—Es broma —dijo él—. Mis padres trabajaban mucho, un día simplemente no volvieron.

—De verdad lo siento.

Pensé que me iba a contar más sobre sus padres y contuve la respiración. ¿Cuánto tiempo había estado viviendo solo? Yo recordé el sueño y que él había mencionado lo corto que era el tiempo. Y luego la muerte de Robert, y me paralice… ¿Estarían muertos? ¿Tony seria huérfano?

—¿Has sabido algo de ellos?¿Está todo bien ahora?

Ante mis estúpidas preguntas, Tony negó con la cabeza, y no dijo nada durante algunos segundos. Luego sonrió:

—No es mi tema favorito, Steve, pero alguno de estos días te contaré.

Le mire la cara detenidamente. Se veía saludable, alegre, pero había algo en la manera en que había dicho que estaba solo, como si sus padres nunca hubieran estado, como si no estuvieran por qué quisieron. Hubiera querido saber más pero no lo presioné.

Comenzamos a caminar de regreso a la pradera, y tuve miedo de que se fuera para su casa.

—¿Qué tal si jugamos algo? —pregunté.

Entramos a la casa de mi tío y acabamos jugando monopolio con Mike. A Tony le fascinaba ese juego, y nos tomó ventaja rápidamente. Rio cuando tiró los dados y aterrizó en la mejor propiedad.

—Tengo mucha suerte —dijo él colocando casitas verdes en "Paseo Principal" y "Plaza del Parque".

Yo esperaba que en verdad la tuviera.