Un poco de gratitud

Se removió un poco en la silla, incómoda por el silencio mientras Jūgo leía las respuestas de su examen de prueba. Bien podría ser maestro, tenía mucha paciencia y era claro al hablar.

—Bueno —dijo tras un rato, el muchacho había cambiado la vista de las hojas a la pelirroja —. No eres ya licenciada en literatura, pero Kakashi puede darse por bien servido.

—¿Voy a pasar?

—Sí, definitivamente.

El cristal de la ventana tembló con el viento, la tormenta pronto caería. Una ridícula tormenta en verano.

Jūgo se frotó los ojos un poco, estaba igual de cansado que ella. Naturalmente, eran las dos de la mañana y habían estado leyendo, escribiendo y volviendo a leer. Ya para esas horas había asumido que pese a lo que la palabra "reposo" hubiera querido decir en la receta de Tayuya, la mujer se había afianzado a la espalda de Jiroubou, que regresaba por su chaqueta olvidada en la última visita y pelea, y sin realmente hacerse del rogar, sacó a su novia del departamento, al que evidentemente ya no regresaría esa noche.

Kin por su parte, dada su naturaleza menos conflictiva, había mandado un mensaje de texto diciendo que estaría en alguna fiesta donde les habían dado oportunidad de presentar las mezclas de su "grupo". El apodo de "los chicos del sonido" era debido precisamente a esa tendencia a preparar pistas de baile, al principio "recortando y pegando" pedazos de otras canciones y a últimas fechas se las habían arreglado para hacer unas propias.

Con lo anterior, se decía llanamente, que estaban completamente solos.

Karin juraba que iba a llover y, sin embargo, lejos del asolador viento, no hubo más indicio de nada. Se había quedado prácticamente callada tras la revelación de su pequeño, pero significativo avance escolar.

— ¿Cómo… cómo está Tayuya? —preguntó Jūgo mientras empezaba a guardar las cosas que había llevado en una mochila.

—Como siempre y ¿Kimimaro?

El de pelo naranja se encogió de hombros.

—El doctor dice que tal vez no le quede mucho tiempo, aunque eso le han venido diciendo desde hace cuatro años.

De nuevo el silencio.

— ¿Tienes… hambre?

Jūgo la miró unos momentos, tenía el rostro inclinado hacia abajo y seguía moviéndose en la silla. Sonrió de medio lado. Hasta cierto punto, ellos dos eran muy parecidos, en cualquier segundo podría estallar su vena asesina y sacarlo a patadas sin ninguna razón.

— ¿No sería molestia?

Ella movió la cabeza de un lado a otro tragando grueso y enseguida empezó a hablar rápidamente sobre que Kin había preparado mucha comida y ninguna iba a llegar. El más alto murmuró una afirmativa y la vio desaparecer en la cocina para luego escucharla gritarle que no le iba a servir ni a dar en la boca.

Definitivamente. Cuando estaba tranquila, sin querer sacarle los ojos a nadie o sin llevar al extremo la fastidiosa actitud ofrecida, realmente ella podía ser…

Atractiva.

.

Ya habían apagado la luz y estaban bajo las sábanas.

Karin sabía que bajo ninguna circunstancia se tocaba la cama de Tayuya, así que cedió la de Kin una vez que la lógica del tamaño de Jūgo y las dimensiones del pequeño sofá formaron en su mente una suma irrealizable que casi le arranca una carcajada.

Entre las penumbras de la noche, con la luz de la luna opacada tras la tela de las cortinas que no le gustaban, y a través de las ligeras sábanas de su prima y compañera de habitación, se vislumbraba la silueta del chico. Suspiró profundo.

—Mañana es el examen, necesitas estar descansada.

No le respondió, solo se quedó mirándolo unos momentos más, el subir y bajar de su pecho por la acompasada respiración. Era extraño, tanto tiempo de conocerlo y nunca habían estado tanto tiempo juntos, no de esa manera.

Tan pasivo, tan conocedor, tan relegado de todo lo que pudiera ser normal. Exiliado por voluntad, solo por decisión, o al menos si así lo creían todos, incluso él mismo ya que sonaba menos mártir que con la verdad de la discriminación por una enfermedad que no decidió tener.

Se incorporó de la cama haciendo un poco de ruido con el chirriar de la vieja base de latón, se quitó las sábanas, caminó la breve distancia que separaba las dos camas y se sentó a su lado. El robusto muchacho se incorporó y trató de levantarse para ver qué pasaba, pero ella le retuvo.

Casi actuó por inercia acercando sus labios por tanteo para unirlos a los de él, un beso lejos de ser tierno y amoroso, más que nada eufórico y salvaje guiado por la pelirroja; Jūgo no sabía si corresponderle o no, estaba confundido y con justas razones ante un hecho meramente impulsivo sin fundamentos lógicos. Separó sus labios de los de ella tras unos minutos, lentamente abrió sus ojos para verla fijamente.

—Karin...

La chica por respuesta comenzó a desabotonarse la camisola de dormir, abriéndola por completo y dejándola caer sobre la cama mostrando sus pechos cubiertos por un desgastado sostén negro, lentamente comenzó a sacarle la playera blanca. Apartando las sábanas y aún con el chico sin terminar de asimilar la idea, le sacó los pantalones. Tras haberle dejado casi desnudo se sentó a ahorcajadas sobre su cuerpo, guiando sus manos a través de la alta silueta desdibujada por la oscuridad.

—Karin... — la llamó nuevamente, como queriendo constatar que era ella la que empezaba a dejar suaves y húmedos besos en su cuello, sin explicarse el por qué la voluble chica que nunca le miraba siquiera como algo humano ahora estaba encima suyo atendiendo su descuidada estimulación sexual. Sin entender, pero sin dudar más, guio sus toscas manos hasta detrás de la cabeza de la chica posando las palmas sobre su cabello recorriéndolo hasta llegar a aquella cinta que se lo sujetaba por las noches. Le quitó la trencilla lentamente dejando libre la melena rojo fuego de quien se iba a convertir en ese momento en su amante.

Un último beso entre los dos se hacía presente, un beso que ambos quisieron, uno que Jūgo no negó ni rechazó por más que el recuerdo de Sasuke mermara la vaga idea a la que quería afianzarse mentalmente; de que Karin quizás sentía algo por él, que por una vez Sasuke no era el amo de la mente de una chica. Había estado solo demasiado tiempo, y tener atendida su erección por manos que no eran las suyas, resultaba mucho más gratificante de lo que se había imaginado.

Se dejó caer de espaldas con ella encima de él, acercándose a sus hombros bajó el tirante del sujetador con poca calma pasando a apoderándose casi enseguida del pezón.

Tal vez para ella sería otra noche que guardar en el cajón, pero él solo la abrazo con fuerza…

.

Karin dormía sintiendo un extraño peso encima, el martilleo del despertador en sus oídos le obligó a buscar con la mano derecha al odioso pedazo de metal, y al no encontrarle terminó por abrir los ojos y descubrir que estaba durmiendo en la cama contraria a la suya.

Jūgo dormía, y parecía que ni los gritos de ella maldiciendo la hora ni el estrepitoso sonar de la alarma lo despertarían; su cabellera naranja contrastaba drásticamente con el blanco de la almohada. Era la primera vez en todo el tiempo que llevaba de conocerlo que lo veía con detenimiento en un estado tan apacible, y le parecía que tenía cierto atractivo varonil, ya que no iba a negar que, aunque le daba sin previo aviso el brote psicópata, como la mordida en su cuello atestiguaba, lo encontraba… atractivo.

Una leve e inexplicable sonrisa se dibujó en el rostro de la pelirroja enajenada del despertador que había dejado de maldecir hacía unos segundos y luego, con cuidado, se salió del agarre de sus brazos, intentando no despertarlo para luego salir de la habitación, bañarse e ir a rendir su examen de regularización.

Nunca le daría las gracias, pero le había mostrado un poco de gratitud.


Comentarios y aclaraciones:

Me pregunto si seré la primera en hacer un JūgoxKarin

¡Gracias por leer!