Un poco de terror

—Karin, tengo que darte mérito.

La voz de Kakashi se notaba sorprendida y eso ya era mucho decir. El hombre se pasaba la mano por la barbilla, alternando la mirada de sus ojos haraganes entre el examen y la chica.

—Pero quisiera saber quién te dio las asesorías, porque nunca te vi en las clases que di por aquí.

—Pues… se llama Jūgo… eh, no me acuerdo de su apellido.

—¿Tenpin no Jūgo? —preguntó curioso el hombre. Karin arrugo el entrecejo, dicho de esa manera sonaba tan despectivo.

—Sí, él.

Kakashi se puso de pie denotando su gran altura.

—Fue alumno mío, muy bueno, lástima que no terminó la escuela. ¿Cómo está?

La otra se encogió de hombros.

—Bien cuando lo dejé, pero ya ve que con él no se sabe.

El maestro sonrió.

—Si no se hubiera metido en esa fea pelea hubiera conseguido beca.

La pelirroja se quedó en silencio. ¿Hablaba de la vez en la que estampó la cara de un idiota de primer año contra el pizarrón rompiendo las dos cosas? ¿O cuando sin razón tomó un bolígrafo y lo clavo en la rodilla de su compañero de laboratorio? ¿O más bien a cuando mandó a un maestro al hospital por cuatro meses?

—Vete ya, no tienes más asuntos pendientes.

Karin se levantó los lentes y sin decir más nada dejó el salón de clases.

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Estaba ridículamente ruborizada sobre la acera.

Absurdamente pasmada con la mochila colgando mal de su hombro.

Estúpidamente emocionada mientras veía a Jūgo de pie junto al viejo auto cruzado de brazos.

—¿Qué tal te fue?

—Lo… lo pasé…

—Me alegro, mañana se entregan las fichas de inscripción, tal vez liberen la tuya a tiempo para que no tengas que venir después.

Karin sonrió y se acercó. ¿Había ido solo a verla? ¿A saber cómo le había ido? Pero antes de que pudiera decir algo los gritos de Suigetsu les hicieron girar la vista.

—¡Maldita sea! ¡¿Te costaría mucho contestar tu maldito teléfono?! —le reclamó a Karin.

El semblante de ella dio un cambio radical mostrándose la expresión de fastidio que usualmente tenía.

—¡Estaba en examen estúpido dientes de tiburón! ¡A diferencia de ti yo aún estoy en la escuela!

—¿Culpa de quién, zorra promiscua?

La mochila de la chica casi logra impactarse en la cabeza del albino de no ser porque este se agachó, escuchándose solo el ruido del toldo oxidado.

—No pensé que un idiota pudiera pronunciar una palabra tan complicada.

—Maldita loca, Sasuke dijo que hoy a las ocho en la farmacia.

—¿La farmacia? —preguntó Jūgo.

—Sí, el muy carbón quiere regresar, ya le dije que está loco, pero es terco como él solo y dice que la remolacha lleve el carro, así que supongo que Jūgo va a entrar esta vez.

Ninguno de los otros dos dijo nada, pero el hielo había reaparecido en el ambiente soplando en la nuca de la chica, algo no iba como debía…

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No estaba segura exactamente qué fue lo que hizo que se olvidara cómo se conducía un auto. Pudo haber sido el disparo, o el empujón de Sasuke arrojándola al asiento copiloto para él aferrarse al volante y pisar acelerador al fondo.

Uno, Sasuke.

Dos, Suigetsu.

Tres, ella misma.

¿Cuatro?

¿Jūgo?

Debió de ser en ese momento… el retrovisor le había reflejado una imagen roja y viscosa cayendo pesadamente… el mundo se desconectó de ella, así de simple…

¡Lo mataron! ¡Carajo!

¡Lo mataron!

¡Mataron a Jūgo!

¡Esos bastardos lo mataron!

La voz de Suigetsu le hacía eco en la cabeza, como si llegase a ella desde un sitio muy lejano, la fuerza en los dedos se le fue cuando debió llamar a la puerta del departamento al no encontrar sus llaves luego de tantear torpemente en sus bolsillos. Estaba temblando, Suigetsu la había llevado a su edificio en cuanto Sasuke se hubo largado sin decirle nada, pero ni siquiera el muchacho albino pudo mantenerse como si nada y terminó por correr apenas pasaron a un lado del inmueble.

Quien le abrió fue Kin.

—¡¿Qué te pasa?!

Pero su pregunta sirvió para nada, Karin se había inclinado hacia el frente vomitando en medio del hipo, vestigio de su llanto.

Tayuya solo arrugó la nariz asqueada.

¡Lo mataron!

Cayó sobre sus rodillas ante la mirada perpleja de las otras dos. Kin solo cerró la puerta y se dirigió al cuarto de baño para cambiarse la blusa manchada.

—¿Ya les salió el tiro por la culata? —preguntó Tayuya sin mayor emoción, acomodándose en el sillón mientras pasaba los canales de la televisión sin fijarse en nada especial.

—Kimimaro me dijo lo que andaba haciendo ese imbécil de Jūgo— agregó soltando un suspiro — ¿Qué carajos pasó?

A la pelirroja le costaba respirar.

—Lo mataron… ¡Esos bastardos mataron a Jūgo! —chilló con fuerza volviendo a soltar lágrimas desesperadamente.

Solo una ceja se levantó de la mujer de pelo rosa.

—Menos mal que Kimimaro se murió primero, era tan marica que no habría soportado ver a ese putito muerto también.

Karin abrió los ojos lo más que pudo.

— ¿Kimimaro? ¿Él…?

—Hace como una semana —respondió la otra sin mayor interés—. Tal vez dos, no sé, el tiempo que llevo con esta mierda —dijo señalando su escayola.

Y Jūgo nunca dijo nada al respecto… No, ella nunca había preguntado nada porque realmente no le importaba.

—Limpias esa porquería —agregó Tayuya poniéndose de pie con ayuda de sus muletas para irse a su habitación, apagando la luz de la sala, dejando sola a la chica arrodillada, apenas alumbrada por el foco del comedor.

Como pudo se puso de pie, tambaleante hasta el baño se metió para limpiarse y ver si el agua caliente le quitaba lo entumido a su cuerpo.

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—¡No te hagas el pendejo! ¡¿Cómo vas a estar dormido?! ¡Son las nueve! ¡Carajos! ¡Contesta el puto teléfono! —chilló Tayuya desde el aparato que estaba en su habitación justo cuando entró la máquina contestadora a hacer su función.

—… Ya, ya, fina dama ¿Cuál es la urgencia? —preguntó alguien al otro lado de la línea levantando la bocina.

—Hace rato le dieron un tiro a un imbécil.

Debido a que se trataba de una llamada telefónica no había contacto visual, pero Tayuya podía jurar que el otro había levantado una ceja en evidente señal de incomprensión.

—Es un cabrón que andaba con Karin, no dejes que lo líen con nosotras, estaban jugando al pandillero y se lo cargaron en un robo, no quiero que…

Ah… ¿A Tayuya-chan le surgió la maternidad? —interrumpió el otro soltando una carcajada poniéndose serio un momento después para agregar con malicia —¿O es que Tayuya-chan tiene conciencia y recuerda la fiesta de Kagerō-chan?

A ella le tembló el labio y apretó con fuerza la bocina del teléfono.

—Hijo de perra, si vuelves a mencionar eso, Kabuto, te arrancaré los huevos…

—Tranquila, ya entendí, haré los arreglos y no se te olvide que me debes una.

La chica colgó con furia y ganas de asesinar a aquél médico, que para su desgracia, era el único que podía sacar a Karin del lío en que se fue a meter. Furiosa como aún estaba, solo tomó la lámpara de noche que no servía y la arrojó, era eso o golpear a alguna de las chicas.

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Kin se había puesto la ropa de dormir desde que se había bañado hacía poco más de una hora, entró a la habitación luego de lavarse los dientes.

—Tu cena se quedó servida —le dijo a Karin, que ya estaba bajo las sábanas con la cabeza cubierta por la almohada.

—No tengo hambre.

—Qué raro, pensé que tendrías el estómago vacío luego de vomitarme encima.

—Déjame en paz.

—Dice Tayuya que ya está arreglado el asunto y que nunca vuelvas a mencionar algo a menos que quieras a la policía acá.

Karin se descubrió el rostro enrojecido por la mala respiración.

—¿De qué hablas?

La morena se encogió de hombros mientras se metía a su cama.

—Pregúntale a ella.

La chica apagó la luz y se dio la vuelta dándole la espalda a la pelirroja sin decir nada más. Sin embargo, la otra se puso de pie casi olvidando las nauseas que se rehusaban a desaparecer y sigilosamente salió del cuarto, a un par de pasos estaba la puerta de Tayuya, se acercó al escucharla hablar.

—No me jodas Sakon, tú y tu hermano van a hacerlo… me importa una mierda si quieren o no… si Morino indaga sobre el imbécil ese, lo van a juntar con Karin.

Un momento de silencio se hizo presente mientras parecía que la chica escuchaba las razones de uno de los gemelos que formaban parte de su escuadrón.

—… Kabuto lo va a sacar, Jiroubou de seguro ya está allá con la camioneta, se lo suben y si es necesario, lo parten en pedazos y lo usan para alimentar una jauría de perros ¡Lo quiero desaparecido, par de cabrones!

Karin se llevó una mano a la boca para contener las nauseas avivadas por la escena que ya se había imaginado, la otra se la llevó al estómago y corrió al baño.

¿En que se había metido?

Ya nada quedaba en su estómago y el jugo gástrico le irritó en demasía la garganta. Casi sin quererlo volvió a llorar, se sentía acorralada y desesperada.

Escuchó el paso cojo de su tutora al avanzar por el pasillo hasta donde estaba ella que en su prisa no había cerrado la puerta, la mayor se recargó en el marco y le miraba con más severidad de la usual.

—Esta mierda va a quedar arreglada hoy mismo… Escúchame bien, perra, no quiero que vuelvas a hacerlo, una vez la puedo cubrir, pero no tengo por qué estarte limpiando ni a ti y ni a tus putos amigos, con otra que me salgas y te juro que pongo tu culo en la calle ¿Quedó claro?

La otra asintió torpemente.

—Tómate unas de mis pastillas para dormir y vete a dormir —ordenó tajante dándose la vuelta —¡Y te levantas temprano para lavar el baño antes de irte!

El color se había desaparecido por completo de su rostro e incluso el tono rojizo de su pelo parecía haber tenido cierta diminución en su intensidad, se limpió la boca con la toalla de mano y abrió el botiquín tomando el frasco que le habían indicado.

Quería estar tranquila…

Calmarse…

Solo era un poco de terror


Comentarios y aclaraciones:

Yo no maté a Jūgo, fue Higurashi….

¡Gracias por leer!