Dos cosas importantes pasaron ese día: al fin llovía. Sin truenos, ni rayos o neblina, solo lluvia continúa y tibia.

La señorita Spencer y la señorita Carter ni siquiera corrieron a entrar la ropa que estaba colgada en las cuerdas. Reían paradas en el porche.

Fue entonces donde lo segundo ocurrió, donde no pude contenerme y termine sellando los labios de un Tony que no dejaba de hablar con los míos. No recuerdo haber sentido alguna sensación especial, pero si recuerdo la cara sonrojada y su risa nerviosa, diciendo que ese era el beso más torpe que había recibido en su vida.

El colegio empezó solo dos días después del beso. Nunca me pareció que el primero de enero sea el comienzo de un nuevo año, pero si de un año escolar. Alguna vez hubo lápices de colores y zapatos nuevos para celebrar la entrada a clases, junto a la sonrisa de Bucky y los lindos rizos rojizos de Natasha. Ahora tenía grandes libretas y esferos, junto al: "Estudiante de segundo de secundaria", escrito en la frente. Traté de pensar en cosas buenas, al escribir mi nombre en los cuadernos nuevos.

Observaba a Tony y no veía ningún signo de malestar o intranquilidad. Yo sabía que había decidido escapar de casa apenas tuviera oportunidad, yo lo apoyaría, jamás me alejaría de él, lo sabía, porque yo no soportaría eso.

Esa última noche de vacaciones de verano, Tony llego a mi casa.

—Stefan, ¿listo para mañana? —pregunto con una sonrisa radiante.

Fuimos a mi cuarto para hablar y oír radio. Más tarde freímos maíz pira y nos lo comimos tirados sobre la espalda con los pies en la cama.

—No diré nada gracioso, ¿sabes porque, Stefan? —dijo Tony.

Yo negué con la cabeza.

—Podríamos atragantarnos y morir con este maíz —afirma, añadiendo la imitación de un acento francés al final.

—Sí, no hablemos de la vez que atoraste en la valla de la casa de Jeff, creyendo que podías pasar a través de ella, igual que Sunny.

En ese momento nos reímos y me sentí bien, especialmente porque no nos asfixiamos con el maíz. Luego Tony empezó a refunfuñar por el asco que le inspiraba ingresar a la clase de un profesor, un tal Obadiah, y luego contándome de sus experimentos en el taller; yo simplemente escuchaba. La voz de Tony se había convertido en uno de mis relajantes favoritos, estaba entrando en alguna especie de sueño cuando:

—¿No estás de acuerdo conmigo?

—¿Eh?

—Dije que apoyaba las disecciones de sapos.

—No sé, Tony. Abrir un sapo es un poco cruel —dije, espabilándome.

—Supongo que los sapos deben ser sacrificados por la ciencia. Quien sabe, tal vez uno de nuestros compañeros se convierta en un eminente neurólogo o algo por el estilo —dijo—. A mi parecer, podría ser Bruce.

Reí negando con la cabeza. Tony siempre estaba seguro de las posibilidades que lo rodeaban.

—De todos modos, me voy —dijo Tony, levantándose y sacudiéndose la camisa. Me apuré para alcanzarlo cuando estaba a un paso de la puerta. Casi cayendo en el proceso, terminé atropellándolo contra la pared. Tony alzó sus ojos, mirándome con curiosidad, mientras trataba de sostenerme en la pared con mis brazos a cada lado de su cabeza—Oh Stefan, ¿no crees que estamos yendo demasiado rápido? No quiero que mi padre se enteren —Tony imito la voz de una chica, cosa que me irrito al instante.

—Cállate, solo…me caí —estaba nervioso, sentía su boca muy cerca a la mía, quería besarlo.

Tony soltó una carcajada y se irguió, posando sus manos en mi pecho, apartándome con suavidad aun con la sonrisa en sus labios. Mi ser entero vibró ante ese acto.

—Nos vemos mañana —dijo

Ahora tenía dos problemas en que pensar, esa noche: Una eran, mis repentinas ganas de llegar a tocar Tony más allá de un abrazo o un beso, y el otro era… Bucky y yo íbamos en autobús a la escuela. Siempre nos subíamos juntos, y siempre nos sentábamos juntos. Ahora, claro, yo iría caminando a la escuela con Tony. No debía darle importancia, pero estaba seguro de que Bucky lo resentiría si le contaba.

La mañana siguiente me demore, aun cuando mi tío gritaba:

—¡Vamos, Steve! ¡Mejor corre!

Me apure en meter mi libreta de dibujos en mi mochila y bajé las escaleras.

—¡Apúrate! —grito Tony, y retrocedió para esperarme mientras que algunos niños corrían con sus padres a la salida de la pradera.

Entonces corrí con los ojos puestos en el pelo castaño de Tony y en su cara sonriente. Estaba fascinado por los hilos dorados que la luz del sol creaba en sus cabellos marrones. Recordé un comercial de televisión, con música y una chica corriendo a través de un campo para echarse a los brazos de un muchacho. Yo correría hacia Tony y reprimiría mis ganas de apretar su cuerpo entre mis brazos, pero en cambio recibiría una sonrisa de buenos días.

—¿Estás bien? —tan pronto estuve a su lado, escruté la cara de Tony para detectar cualquier síntoma de tensión.

Él sonrió.

—Claro. No estoy muy emocionado con el primer día de clases, pero puede ser peor.

Llegamos rápidamente a la gran valla que rodeaba la escuela. Tenía que ir a la administración para completar mi inscripción, y Tony me ayudaría. Un grupo de niñas de noveno y sexto año estaban paradas junto a la puerta principal. Cuando pasamos cerca de ellas, inmediatamente vieron a Tony empezaron a murmurar entre ellas. Caminando por el pasillo, podía oír sus murmullos sin hacer mucho esfuerzo.

—Ahí esta ese cretino, Stark. Yo esperaba que se muriera este verano —dijo una de voz aguda.

—No te preocupes. Sus días están contados —dijo otra, acabando de ponerse labial en los labios—, dicen que no le van a validar la matricula sin un tutor legal.

—Probablemente terminara llorando, como aquella vez en la oficina del director —dijo la misma chica de la voz aguda, riendo junto a las demás.

Cuando me volteé. Esas niñas dejaron de hablar y se dispersaron. Tense los puños, ¿Cómo podían decir eso? Mire a Tony esperando alguna reacción de su parte, pero él aparentaba estar indiferente. Entonces me propuse a reservarle un asiento en la clase de inglés aquella primera mañana de clases, pero las cosas no resultaron como yo esperaba. Aun cuando nos sentáramos juntos en casi todas las clases, la extraña atmosfera de tensión y murmullos que giraba en torno a Tony no desaparecía. Las cosas eran diferentes con él. Bucky y yo éramos dos contra el mundo; Tony estaba solo…

Aquel primer lunes, fuimos a comer hamburguesa a la cafetería, durante el recorrido vi en varias paredes de la escuela, carteles de: "desaparecida" y "se busca". Ver las caras de esos chicos en las paredes me entristecía, no quería que el futuro de nadie fuera así. Y eran la vibraciones de mi celular, las que me sacaban de mis divagaciones y me forzaban a poner mi atención en ignorar las constante llamadas de Bucky, no quería hablar con él y no sabía porque.

Decidí entonces, sacar un tiempo en la tarde para hablar con Bucky. Después de nuestro primer día de clases, teníamos muchas cosas de que hablar. Hice una nota mental de las cosas que podía decirle. Me hacía sentir bien y leal planear el tiempo que iba a pasar con Bucky si regresaba a Brooklyn, aunque aquello me era sin duda algo muy lejano.

Esa noche Bucky llamo:

—Al fin —dijo en un suspiro ofendido.

—Lo siento, no he tenido mucho tiempo libre —le dije—. Deberíamos acordar un día en el que podamos hablar.

—¿Entonces ahora debo pedir una cita para poder hablar contigo, como si fueras un hombre de negocios o algo así? —suspiró—. No te preocupes, Steve, inclúyeme en tus planes solamente cuando tengas espacio.

—Lo siento —dije—. Me estoy portando como una idiota, y te deje de lado. Es que…

—No importa —dijo—. El idiota aquí soy yo, la verdad me agobia ya no poder hablar tan seguido con mi mejor amigo.

—Pareces una novia celosa.

—Calla.

Reímos y hablamos durante un par de minutos más, pero yo no le mencione ninguna de las cosas que tenía planeadas para que riéramos juntos. Simplemente no se las quise contar.

—Tengo que ir a ensayar con la banda —dijo después de un minuto de silencio un tanto incomodo—. Natasha te envía saludos—soltó una risilla antes de colgar.

Recordé a Natasha. Ella era callada y tranquila, algunos chicos decían que era desagradable y malhumorada y por eso siempre se sentaba sola en la cafetería, pero ella era amable, y tuve la fortuna de conocer esa faceta de ella. Por eso me gustaba. Era muy linda, y siempre que recordaba sus penetrantes ojos verdes me estremecía. Pero ahora no podía hacerlo; Natasha estaba, sí, pero ahora como un lienzo en blanco, como si esa Natasha fuera solo una chica más en mi clase y no la chica que me gustaba. Si me enfocaba en recordar sus ojos, terminaba viendo los pardos ojos de Tony y sonreía al imaginarlo con sus pies descalzos caminando sobre el prado seco del parque o sentado en la madera de la baranda de mi balcón, con Sunny en su regazo, hablando de la veces que ha tenido que arreglar los electrodomésticos que Mike a dañado.

Estaba decidido en invitar a Tony a almorzar al día siguiente.

—¿Te gustaría ir al puerto a comer o quieres almorzar en casa? —le pregunté; él estaba guardando sus libros en su casillero, pero hizo una pausa y me miró.

—Ah, ¿comer al puerto?

Yo pensé que tal vez no había oído bien, debido a las puertas de los casilleros abriéndose y cerrándose, seguidos del bullicio del alumnado en los alrededores.

—Sí, comer al puerto. Mike me hablo de un muy buen restaurante que hay allí.

Tony cerró su casillero.

—¿Con quién más iríamos? ¿Con Mike?

Yo negué con la cabeza. Tony me miró detenidamente y quise sostenerle la mirada pero el bochorno me lo impedía. Entonces una chica rubia se acercó y le tocó el hombro.

—Disculpa, Stark —dijo la chica, sonriente—. ¿Podrías prestarme los apuntes de la primera clase de historia? Es que…

Tony se giró y saco de su morral un cuaderno de pasta dura.

—Claro, Sharon. Mira —dijo tendiéndole el cuaderno, ella lo acepto alegremente, y sus ojos se detuvieron en los míos, casi pude ver como la respiración de aquella chica se alteraba. Tony miró toda la escena y se hizo a un lado, de tal manera que ella y yo quedamos mirándonos las caras—. Steve, ella es Sharon Carter, la nieta de la señorita Carter.

—Mucho gusto…