Un poco de olvido
Karin volvió a pasarse las manos sobre las sábanas que cubrían sus piernas intentando inútilmente que dejaran de temblar, o cuando menos pudiera generarles algo de calor. Pero esos esfuerzos habían sido tan inútiles como el medicamento que le dio Tayuya para dormir.
Cerraba los ojos un momento y un vértigo la sobrecogía dándole la sensación de que se caería aunque estaba justo al medio de la cama. Se sujetaba con fuerza de las sábanas y el mismo cansancio junto con lo hinchado de los ojos, la devolvían a intentar dormir, cada vez en lapsos más breves.
El despertador sonó. Kin se levantó a apagarlo, y del armario empezó a sacar sus cosas para ir a la escuela, era fecha de inscripción, el último día para ser exactos. Un detalle burocrático que había estado aplazando por lo fatídico que le resultaba siquiera levantarse sin sentir que las piernas se le doblaban.
—Eres una exagerada —le dijo la morena mientras se abotonaba la blusa.
Había mucha sangre…
—Si no te vas a inscribir…
—Ya voy.
La pelirroja se puso de pie caminando lentamente al guardarropa compartido al tiempo en que escuchaba a Kin pelearse con la vieja cremallera del pantalón que siempre se atoraba. Arrugo el entrecejo, esa costumbre que tenía de usar el uniforme masculino le resultaba de mal gusto, si no fuera por el cabello pensarían que era un chico.
Chasqueó la lengua y buscó su falda.
—No la planchaste —advirtió Kin señalando un rincón de la habitación donde un montón de ropa limpia, pero arrugada, había aumentado su dimensión en el transcurso del verano.
La otra volvió a chasquear acercándose para buscar la prenda debería ser tableada, pero ahora solo lucía casi invisibles líneas marcadas, una blusa blanca casi transparente y de más abajo un par de calcetas y el blazer de la escuela.
Kin solo pudo levantar una ceja cuando Karin le dio alcance en la parada de autobús, increíblemente había conseguido planchar con algo de decencia la ropa que llevaba. Aunque sintió bastante vergüenza al notar que prácticamente aún se estaba vistiendo, pues había salido solo con la falta mal sujeta y la blusa desabrochada casi completamente.
—Karin deja de dar espectáculo —le reprochó mirando a varios lados para saber si alguien más observaba.
—Cállate y ayúdame, le quemé el maldito cuello —se quejó con el blazer entre dientes mientras trataba de sacarle un trozo de hilo nylon quemado a la orilla. Kin estiró la mano para sostenerle la prenda que le estorbada y entre sus jaleos, lo siguiente fue un grito, maldición y chillido de parte de la joven de lentes.
—¡Estás loca! ¡Deja de gritar!
—¡Se rompió el botón! —chillo la otra dejándola ver el pronunciado escote que se había formado.
—Estúpida, ¿Cómo no se iba a romper si le dejaste la plancha encima?
Una pequeñas marcas circulares color marrón delataban la presencia de la base caliente puesta en el sitio más del tiempo indicado.
El autobús se detuvo, la primera en subir fue Kin mostrando el pase que estaba a tres meses de vencer, y detrás de ella, la otra buscando frenéticamente un tarjeta que tardó más de la cuenta en aparecer, aunque para ese momento, gracias a la naciente de sus pechos perfectamente visible para el conductor, ya estaba sentada junto a su prima sin tener que mostrarla ni pagar el porte.
—Eres una puta —le dijo Kin girándose para mirar por la ventana.
—Por si no lo notaste yo no le dije nada, estaba buscando mi pase.
Pero para la morena simplemente no había excusas, Karin iba medio desnuda por la calle y eso era suficiente para insinuarle a todo el que pasara que no dudaría en lanzársele encima sin con ello conseguía lo que quería.
—Hazme un favor —dijo de repente Karin, una vez que el seguro de la falda consiguió ser abrochado.
—No.
Ni siquiera pensó un poco la respuesta, aunque la negativa era algo que esperaba con total seguridad, en realidad no tenía de momento un segundo plan, si bien podría decir que estaba casi desesperada por conseguir a alguien que la cubriera para meterse en la oficina de control escolar.
Un suspiro se le escapó… Jūgo la habría ayudado… casi sin pensarlo, el temblor regresó a sus manos y el cuerpo inerte del enorme muchacho rendido sobre la calle sobre un charco de su propia sangre inevitablemente ocupaba cada parte de su mente.
—Ya olvídalo —insistió la morena mirando de reojo a su compañera.
—Si me ayudas —respondió desviando el tema —. Me aseguraré de que Kotohime esté de baja en la escuela.
—¿Crees que me importa?
—Como quieras, yo nada más decía que Kotohime anda merodeando a tu novio…
Los ojos oscuros de Kin se abrieron y tensó la quijada casi de manera automática. Realmente sus relaciones con otras chicas eran bastante tensas, pero había dos a quienes no soportaba ni ver; Sakura Haruno y Kotohime Fūma, a la primera porque tuvo la fortuna de sufrir su ineficiencia en prácticas de campo y la frustración de escucharla quejarse de absolutamente todo. Y a la segunda… si había alguien más zorra que Karin, era definitivamente ella.
Karin fingió desentenderse de la mirada furibunda mientras limpiaba los cristales de sus lentes.
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—Siempre había querido ver una pelea de chicas —comentó Kiba sin apartar la vista de la calle —. Había escuchado que era sexy —continuó buscando torpemente la bolsa de papas de Chōji para sacar una antes de que el otro de las acabara.
—La verdad es que esto da pena —comentó Shino, recargándose en la marquetería de la ventana abierta.
—De hecho, bastante —completó Chōji con la boca llena pero igualmente sin dejar de ver.
—¡¿Cómo les fue en verano?! ¿Ustedes…?¡¿Pero qué es lo que están haciendo?! —exclamó Lee entrando al salón y casi saltando por la ventana al ver a dos chicas peleando —¡¿Cómo es posible que permitan a dos bellas flores actuar como salvajes barbajanes?!
—¡Espera! —intervino Kiba deteniéndolo de la camisa porque de verdad iba a saltar sin importarle que estuvieran en el segundo piso —… Kin casi le saca la blusa…
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Inicialmente, se habían tironeado del pelo, las dos lo usaban largo y era lo primero que podían sujetar, entre arañazos y más jaloneos rodaron hasta la mitad de la calle, luego hasta la otra acera donde quedaron arrinconadas en el umbral de una casa y encerradas por un medio ruedo de otros estudiantes.
Llegó el momento en que Kin no podía evitar sonreír con demencia mientras conseguía que finalmente la chica, mayor que ella por algunos años, apresada contra el piso apenas se cubría la cara con las manos y daba patadas al aire. Karin era mucho más fuerte en ese aspecto y si había casi ganado contra ella, esa zorra no le iba a costar ningún trabajo, aunque ya le había dado un par de mordidas y estaba segura de que había perdido algunos cabellos.
Y la razón que le había dado la pelirroja para destrozarle la linda cara, desgraciadamente era lo suficientemente fuerte como para que la sangre le hirviera. Y luego de ella, iba a ir por Zaku.
¿Qué se creía ese animal? ¿Qué si ella no le calmaba la calentura tenía derecho a buscar otra que si?
¡Una ducha de agua helada habría bastado!
—¡Viene Iruka-sensei!
La mayoría de los espectadores se dispersaron, pero no así las dos involucradas a quienes Iruka se vio en la necesidad de separar mediante la fuerza.
—¡¿Pero qué demonios les pasa?! —preguntó agitado por el esfuerzo que le tomó más de lo que esperaba y la impresión de ver que finalmente Kin le había arrancado la blusa a Kotohime, revelando eso que Karin le había comentado y detonando los silbidos de quienes aún tenían buena vista.
—¡Eso es mío! —gritó Kin, a quien Iruka debió sujetar con más fuerza.
La aludida no respondió, solo le dedicó una mirada pedante mientras señalaba un pedazo de tela de estampado sardo color gris que parecía más algo como la estilización de piel de serpiente haciendo de corbatín apenas cubriendo los pechos ya que no usaba sostén.
—Zaku-chan me lo dio.
—¡Ya cálmense las dos! —intervino Iruka, cuando Kin relajó los músculos parcialmente, al menos dejando claro que no se lanzaría de nuevo, el maestro empezó el sermón sobre disciplina y decencia sacándose el saco para pasárselo a la otra no despegaba la vista del rostro colorado de Kin.
—¡No estamos en la escuela! —chilló finalmente Kin —¡No puede hacerme nada!
—Pero yo si.
Iruka soltó un suspiro e hizo una señal para que el resto del alumnado dejara pasar a Anko que sonriendo con sorna mientras mostraba su placa policial.
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Karin salió disparada de la oficina de control escolar, algunas personas que había en el día previo al inicio de clases formal, se habían reunido en el enrejado cuando se corrió la voz de dos chicas peleándose, y prácticamente todos acudieron, cuando alguien gritó que una de las dos había perdido la blusa.
La pelirroja se aseguró de meterse entre la gente justo cuando una exuberante oficial de policía se llevaba a las dos involucradas. Girando sobre sus talones quedó de frente a Zaku que sin pensárselo dos veces le dio una bofetada con el único brazo que había recuperado algo de movilidad.
—Prometiste que no dirías nada —le reclamó.
—Ya te jodieron —dijo Dosu, irguiendo la usualmente encorvada postura que lo describía para apreciar mejor la escena de los ojos fulminantes de Kin mirando en su dirección.
— ¡Mierda!
—Convénsela a ella —escupió Karin empujándolo para pasar, frotándose la mejilla donde le había pegado.
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—¡Listo chicos! —exclamó Gai eufóricamente* sus alumnos, que se sentían completamente molidos, tumbados sobre la hierba y algunos ya empezando a dormirse.
—Es un sádico torturador…
—¡Pero qué cosas dices! ¡Mira el hermoso trabajo que hemos logrado! ¡Los campos deportivos nunca se habían visto más hermosos! ¡Los alumnos de nuevo ingreso se sentirán tan emocionados porque ustedes, los de último, han hecho esto por ellos!
Shikamaru abrió perezosamente un ojo y enseguida lo volvió a cerrar.
—Lo que no entiendo es por qué, si somos ciento ochenta y nueve los que formamos la generación, solo vinimos cuatro, y Lee que ya es graduado….
—Y no convenciste a Sasuke —comentó Shino bajando el cierre de su inmensa campera.
Naruto, sin embargo, no respondió, solo frunció el ceño y apretó los puños.
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El chillido de Tayuya se escuchó coreado de varias maldiciones e improperios que la persona al otro lado del teléfono sin duda había tenido que separarse la bocina del oído. Enseguida solo el eco de su andar cojo y la puerta cerrada con fuerza.
Sin duda ya le habían llamado por lo de Kin.
Karin, recargada en la mesa sin hacer algo en particular, solo la miró salir.
Contaduría.
Estadística.
No eran esas las primeras opciones que se le venían a la mente cuando se enteró que debían cursar materias optativas, pero en esas se había matriculado Sasuke y era la única posibilidad que tenía de compartir alguna clase con él, ya que después de todo, ella era un año menor.
Dejó escapar un suspiro.
Ahora solo le restaba una cosa por hacer: obligarse un poco de olvido, si se volvía una llorona sentimental, la dejaría como a Sakura.
Así que no, ella no lloraría.
Comentarios y aclaraciones:
Soy de la idea de que "Gai-sensei" y "eufórico" en la misma línea es pleonasmo
Bueno gente bonita, empieza la segunda temporada de la rosa… o algo así
¿Alguna sugerencia?
Ah sí, Kotohime no es OC, es del relleno, la tipa que trató de seducir a Jiraiya, ahora sí,
¡Gracias por leer!
