Hubieron cosas que no me gustaron esa primera semana de clases, cosas que yo debí haber hecho de manera distinta, cosas en las que debí haber actuado con más inteligencia. Tal vez fue el hecho de estar lejos de Brooklyn, de mi madre y de Bucky, tal vez fue el hecho de conocer a Sharon, y luego a Clint, y después a Wanda y a Pietro, lo que hizo que me apartara de Tony. Admito que yo lo quise así (involuntariamente), el día que invite Tony a almorzar; lo deje, me fui con Sharon, y me quede hablando con ella hasta tarde. Cuanto me odio por eso.
—Steve, ven a almorzar con nosotros —dijo Sharon acercándose a mi pupitre. Con los ojos, analicé todo el salón, ni un rastro de Tony, pero eso no me impidió responder.
—Perdona, Sharon. Tengo que ir por Stark y…
—¿Eres su amigo?
No podía importarme menos, lo que ella pensara acerca de Tony, pero fue recordar a esas niñas de noveno hablando mal de él lo que me altero, y no esperaba que Sharon fuera así. Sin embargo ella sonrió.
—Genial —dijo—. Si lo encuentras dile que venga a comer a la cafetería con nosotros.
En el momento en el que Sharon salió del aula, yo termine de recoger mis cosas y me levante. Recorrí el pasillo hasta la larga hilera de casilleros metálicos de los alumnos de último curso. Todo ese pasillo estaba desolado, hundido en un silencio que me permitía escuchar mis pisadas conforme iba avanzando, a lo lejos, escuche ruidos: de voces y un estruendo metálico.
—Escúpelo Stark, ¡¿Qué quieres?!
Al escuchar ese grito, procuré permanecer oculto detrás de los casilleros, mientras escuchaba pisadas aproximándose.
—Prometiste informarme si hallabas algo, y no lo hiciste.
—Tengo una vida, ¿sabes? Además, no importa cuánto busque es lo mismo.
—Deja de perder tiempo, Sam. ¿Qué hay del teléfono del detective que tenía el caso de Robert?
—No lo tengo.
Al escuchar lo alterada que estaba la voz de Tony, mis sentidos se agudizaron, presentí que aquel tipo iba a golpearlo. Sufrí de golpizas mucho tiempo, no iba a permitir que eso le pasara a Tony. Escuche otro estruendo.
—¡No estoy jugando, Stark!
—¡No se te ocurra!
Sabía lo que eso significaba, temí por Tony. Me colgué la mochila del hombro y azote los casilleros, causando un gran alboroto. Algunos armarios cayeron al piso y enseguida vi a un tipo. Correr en el sentido contrario. Tony salió con la respiración agitada, reacomodándose la camisa. Cuando me vio allí en la mitad del pasillo, retrocedió dos pasos.
—Steve —dijo en susurro.
En realidad yo no lo vi moverse, la reacción era interior y se reflejaba únicamente en sus ojos y en su cara sin expresión. Para mí fue como si hubiera gritado: "no me toques".
—Sharon, me hablo, le gustaría que fueras a comer a la cafetería con nosotros —yo realmente no quería ir a ninguna cafetería, pero necesitaba aliviar el ambiente con algo.
Me sonrío débilmente.
—Bueno, como diría tía Peggy, Dios los cría y ellos se juntan —afirmo, pasándose una mano por el cabello—. Pietro y Wanda, acababan decirme que estaban esperando por mí en la cafetería.
Llegamos juntos a la cafetería, donde vimos en la mesa más cercana a Sharon y a Wanda riendo con las ocurrencias de Pietro. Tony se tensó y se echó para atrás.
—¿Sabes que, Stefan? Se me olvido algo en el salón, ya vuelvo.
Debí no creerle, sujetarle del brazo y decirle: "no vas a ningún lado, Tony". Pero en vez de eso asentí y deje que se fuera. En el almuerzo Sharon se abrazó a mi brazo entre risas y suspiros.
Almorzamos con otros chicos. Clint Barton y Bruce Banner estaban hablando sobre un auto que estaban arreglando juntos.
—¿Qué tal si me llevan de paseo? —pregunto Darcy en tono meloso.
—Seguro. Esta noche salgamos —dijo Clint. Basándome en lo poco que habíamos hablado, los autos eran se pasión; y Bruce a su lado movía el tenedor sin animo. Clint se volteó hacia mí—: ¿Vas a ir?
Nervioso, miraba a la puerta, Tony no llegaba y Sharon estaba muy cerca. Estudie mi pastel de canela con cuidado. "¿Y Tony?". Le debía una ida a almorzar, pensé que podía ir con ellos en compañía de Tony, aunque supuse que eso sería tensar el ambiente.
—Entre otras, Steve, mañana vamos a salir todos juntos. ¿Quieres ir a Boston?
—Suena bien —respondí velozmente, acomodándome en mi asiento.
—Bien —dijo Clint y empezó a atacar su pastel alegremente como si no estuviera fanfarroneando.
Yo comí despacio esperando que los otros acabaran y se levantaran de la mesa. Cuando solo quedamos Sharon y yo, hablé:
—¿Puede ir Stark? —era algo que me urgía preguntar.
—No sé, Steve —dijo sacudiendo sus ondulados cabellos rubios—. Conmigo no hay problema, pero con Clint y Bruce no se llevan precisamente bien. —me miró por encima de su caja de leche—. ¿No quieres ir?
—Claro que sí.
—Dile y si quiere ir, entonces salgamos todos juntos —me dijo y yo asentí.
Era un hecho y yo haría lo necesario para convencer a Tony y divertirme ese sábado. Caminamos juntos y nos encontramos a Wanda y a Pietro, quienes avisaron que ya no podían ir.
—La próxima vez iremos a otro lado, ¿qué tal si vienen con nosotros? —le dijo Sharon a Wanda y empezaron a hablar los tres, de sitios donde querían ir.
Ni siquiera trate de seguirles la conversación. En mi mente hice velozmente una lista de argumentos para convencer a Tony. Después del almuerzo teníamos gimnasia. Para el momento en que había terminado de vestirme para las practicas, abandone toda esperanza; gracias a la actitud evasiva de Tony quien se propuso evitarme corriendo alrededor de la cancha con otros chicos. Yo en cambio iba a jugar baloncesto con el resto.
Cuando estaba en el juego cambie de decisión: no iba a hablar con Tony. "Bueno", dije en voz baja y golpeé la cancha con mi zapato. "no tengo que darle explicaciones; él no va a ir de todas formas, no es como si nuestra relación fuese a cambiar con eso" y me detuve en seco al pensar en eso, ¿nuestra relación?
En la cena, le dije a Mike:
—Oh, tío —dije y lo miré de frente—. Olvide decirte que mañana voy a salir con Sharon y los demás a Boston.
—¿Sharon la nieta de la señorita Carter?
Yo asentí.
—Eso es genial, he visto que has ganado motivación gracias a tus amigos. Te felicito —me dijo sonriendo.
"Ellos no han hecho nada, todo es gracias a Tony" dije en lo muy profundo de mi mente.
Mike me envió a llevarle una bandeja metálica a la señorita Spencer, que mi tío le pidió prestada para hacer un pollo al horno. Cuando iba de regreso, vi a Sunny sentada en las escaleras del porche, al verme, estiró su cuerpo lánguidamente y corrió saltando por una ventana abierta, perdiéndose en el interior de esa casa aparentemente deshabitada. Casi ahogándome al ver esa escena, me imagine a Tony en el silencio de su taller, recibiendo a Sunny en sus brazos y acariciando su pelaje con parsimonia. Envidiaba la vida de esa gata.
Llego finalmente la mañana, bote la mayor parte de mis panqueques a la basura y boté la leche por ente el sifón. "Voy a esperar en la puerta principal a que vengan", le dije a mi tío, quien recogía los platos para después subir al segundo piso a trabajar.
Afuera pateé la gravilla de la acera y pensé en Bucky, ¿Qué estaría haciendo en este momento? Antes de llegar a la puerta, un carro se estaciono a mi lado; todavía no estaba lejos de casa, de manera que, podía ver el porche desde mi posición.
—Hola Steve —dijo Sharon, estirándose para quitarle el seguro a la puerta de atrás. Ella iba de copiloto con Clint conduciendo el Ford Focus 2000.
Antes de entrar vi a Tony saludando a la señorita Carter que llevaba una bandeja con comida en sus manos. Tenía puesta una camisa de ACDC y unos jeans rotos. Hizo una mueca como si fuera a llorar mirando la bandeja en sus manos.
"Debería bajarme aquí", murmure para mí mismo, y me moví en mi asiento. "Voy a decirle a Sharon que no puedo ir, me quedare con Tony en el taller". Busqué la manija de la puerta pero no la agarré.
—¿Todo listo? —preguntó Clint, girando la llave. No dije nada, le sonreí a Sharon pero me volteé y vi que Tony se entraba; él no me había visto sentí que su semblante entristecido era debido a mí y solo a mí.
Recogimos a Bruce y luego a Darcy. Los gemelos Maximoff decidieron quedarse en casa porque tenían muchos deberes.
—Vayamos al Skate Park —sugirió Darcy.
Clint asintió, el resto se negó. Entonces Bruce dijo que fuéramos al zoológico. Yo no quería. Consideraba cruel ir a ver animales enjaulados, pero solamente me encogí de hombros.
Caminar con amigos no era lo mismo que caminar con familia…o con Bucky. Había bastantes parejas jóvenes y algunas obviamente enamoradas.
—Que hermoso tigre —dijo Sharon, apuntando hacia un tigre enorme en lo alto de su habitad, estirándose y tensando los músculos. La imagen de Sunny no salía de mi cabeza y como era Sunny, la gata cuya existencia estaba ligada a cierto castaño, después fue a él a quien no lograba sacarme de la cabeza.
Las ardillas paseaban libremente por el zoológico, sus chillidos constituían una música de fondo extraña pero agradable. Un niño pequeño de cabellos marrones y grandes ojos negros, reía encantado con una ardilla en la cabeza, mordisqueándole el pelo. Al ver tal escena, mi corazón que contrajo.
Después del zoológico, fuimos a comer pollo en un restaurante estilo campestre.
—Me alegra que hayas venido con nosotros —dijo Sharon apretando mi mano por debajo de la mesa.
Había logrado bloquear muy bien mis pensamientos acerca de Tony y Bucky mientras estábamos en el zoológico, pero mientras almorzábamos la cara de tony me venía a la mente, junto con la palabra: "traidor".
—Mejor nos devolvemos —dijo Bruce desganado—. Tengo un ensayo que hacer.
Clint rodó los ojos.
—¿Entonces para que viniste, si te ibas a ir tan temprano? —preguntó cruzándose de brazos.
—¿Quién me obligo?
—Organicemos una salida la próxima vez, cuando todos podamos —dijo Sharon, rompiendo la tensión entre esos dos.
—Entonces, también habrá una próxima vez para ir a un bar.
Con la sugerencia de Darcy, todos asintieron menos Bruce y yo, que parecía muy impaciente en irse. Me costaba estar de acuerdo, la había pasado bien, pero no me sentía del todo cómodo.
El accidente ocurrió cuando salimos del restaurante, en la carretera en dirección a la pradera, ya habíamos dejado a Darcy en su casa. Vi al camión bajando a tumbos por la calle 45, oí el chirrido de las llantas, y supe que nos iba a chocar. Pero no hubo tiempo de gritar ni de voltear la cara antes de que el impacto dejara el auto dando vueltas en la calle. Un golpe en la cien me dejo viendo borroso. Oí a Sharon gritar:
—¡Steve! ¡Steve!
Finalmente me percaté de que los demás también estaban gritando.
Tenía una cortada en la frente, probablemente por haberme golpeado contra la ventana. Mi hombro y mi brazo también dolían.
El camión no había pegado del lado del conductor, pero por la parte de atrás. Sorprendentemente todos se veían más enteros que yo.
Sharon me ayudo a salir del auto, entonces capté todo el significado del accidente. Habría que llamar a nuestros padres.
—No se preocupen —dijo el policía a Clint—. El conductor del camión asumirá la responsabilidad.
Después de revisar a los demás a mí me tuvieron que suturar la cortada en el hombro izquierdo y vendarme la herida que me hice en la cabeza, se suponía que con se golpe debí quedar inconsciente. Un paramédico escribió mi nombre en una libreta.
—No hay duda al respecto. El conductor pasó el semáforo en rojo, e incluso aceleró —el oficial señalo el auto de Clint—. Ustedes, muchachos, no podrán manejar este aparato un tiempo. Los llevaremos a la estación. De allí llamaremos a sus padres. Mañana tendrán moretones y rapaduras, excepto tu —dijo señalándome—. Tuvieron suerte, vamos.
Mire fijamente al policía, un hombre de tez oscura y voz profunda. Me examine los brazos y me palpe la cabeza, sintiendo la gaza que me cubría toda la frente. Estaba hecho un desastre.
Sharon se sentó a mi lado en el asiento trasero del automóvil blanco de policía.
—¿Cómo esta Rhodey? —preguntó al policía—. No ha ido a clases.
—Hace poco regresamos de Minnesota. Pescó un resfriado, pero la próxima semana ira a clases.
El policía nos sonrió mirándonos por el retrovisor. Entonces supe quién era el padre del mejor amigo de Tony.
A todos ya los habían recogido, cuando Mike vino a la ciudad por mí. Yo estaba sentado con la cabeza entre las manos. Me imaginaba a mi tío con mi madre al teléfono llorando desconsolada. Mis peores predicciones no acertaron.
—Gracias a Dios estas bien —decía mi tío frecuentemente—. De no haber sido por Tony no sabría a donde exactamente fuiste.
Las palabras de mi tío interrumpieron mis pensamientos e hice un gesto de confusión.
—¿Tony te dijo dónde estaba?
—Sí —mi tío se encogió de hombros—. Necesitaba hablar contigo, ya que debía salir nuevamente a Concord y no contestabas el celular. Tony incluso llamo al papá de Rhodey, ahí nos enteramos del accidente.
Respirando con dificultad dejé que mi cuerpo se cayera contra el asiento trasero. Esto era el colmo. Abandone a Tony solo para ganarme un golpe en la cabeza y una sutura en el hombro.
