Un poco de daño

—Sí, también lo vi. Todos los de la escuela de hecho, al menos todos los que estuvieron en la cafetería, y si no lo vieron, no te preocupes ya se enteraron. La reina de belleza Haruno dejó plantado a Sasuke Uchiha —dijo Kin sin interés mientras ojeaba una revista.

Karin estaba lo suficientemente furiosa como para romper cualquier cosa que estuviera en frente, había descargado su furia golpeando el sillón de una plaza y chillando con verdadera rabia.

—¡Y luego Sasuke me botó a mí! ¡Me botó! ¡Después de no vernos tanto tiempo! ¡Ella es un lastre en su vida y sin embargo ahí va muy estúpidamente a verla!

Karin emitió un chillido que obligo a Kin a encoger los hombros, después dejo la revista y se giró hacia la pelirroja, mirándola hacer una rabieta por la cual su falda empezaba a desacomodarse muy indecorosamente, pero no parecía importarle, de hecho, tenía la teoría de que mientras menos ropa, más cómoda estaba.

Suspiro con cansancio, hacia varios días que había terminado con Zaku, su insistencia sobre el sexo la había hartado, pero su ligue con Kotohime había sido lo último que pudo soportar y después de que Tayuya debió recogerla en la estación de policía por "alterar el orden público" y "faltas a la moral" mandó al, hasta entonces su novio, más recóndito lugar que pudiese ser expresado en insultos. Pero con todo y eso, no podía negar que lo extrañaba.

—Aun así. Si Sasuke te llama para coger esta noche, ¿irías? —preguntó captando la atención de Karin que dejó de patalear para sentarse más o menos bien.

—Sí…

La pelirroja pensó que la llamaría puta para después irse, pero Kin permaneció en su lugar, mirándola con seriedad y sin atisbo de sorna en su voz.

—¿Por qué no te duele?

—¡Claro que me duele estúpida! ¡¿No ves cómo sufro?!

—No me refiero a eso…

Kin bajo la mirada, ocultando el rostro en la codera del sillón y Karin sintió curiosidad, así que se acercó a ella arrodillándose junto al sillón.

—¿Te refieres a lo de Orochimaru? —preguntó con tranquilidad.

Kin enrojeció completamente, pero no estalló a gritos como tenía ganas, era más su necesidad de hablar de eso, que lo mucho que podía desesperarla.

—Sí.

Karin negó con la cabeza.

—Yo no me acuerdo, me desmayé.

La expresión de Kin, siempre ruda y desafiante, se ablandó considerablemente y su compañera casi sintió lástima por ella.

—Yo no…

Las dos se quedaron en silencio por un largo rato. Kin se había perdido en sus pensamientos, o en sus recuerdos concretamente, casi nunca cavilaba en ello porque resultaba demasiado duro repasar todo lo terrible que fue esa semana. Llegó junto con Karin. Las dos, cuando niñas, vivían muy cerca, era casi normal considerando que sus madres eran hermanas. Nunca fueron amigas, y tal vez nunca lo serían, pero el destino decidió unirlas cuando un camión que transportaba gasolina explotó arrasando la casa y a los dos matrimonios mientras ellas estaban en la escuela.

Huérfanas instantáneas con un único pariente vivo residiendo en Konoha; la hija de la tercera hermana de sus madres; Tayuya.

Así, sin más, fueron llevadas a un derruido edificio ante una arisca y mal hablada mujer que no estaba dispuesta a cuidarlas por los años que les quedaban como menores de edad.

El trabajador social insistió en que les permitiera quedarse tan solo un fin de semana debido que no había un sitio para colocarlas, y de alguna manera ella acepto.

Les dejó una habitación llena de trastos viejos que acomodaron mediocremente entre las dos, pero al menos podrían dormir sin pasar frío.

Recordaba que hubo una fiesta, los amigos de Tayuya o algo parecido y su jefe también.

¿Por qué habían escogido ese lugar? ¿Por qué si había lugares mejores? Y muchas más preguntas tenía cuando pensaba en eso, se acostaron temprano, no eran parte de la fiesta así que daba igual estar o no en la sala, podían escuchar las risas, la música… la puerta se abrió y una figura delgada y alta se introdujo con cuidado. Karin, que realmente no estaba dormida se incorporó.

Susurró un saludo, como el siseo de una serpiente y al igual que una, pudo sentir el peligro así que abrió la boca para gritar.

El hombre saltó sobre ella poniéndole la mano en la boca, solo que su mano era tan grande que cubrió también su nariz, solo unos momentos después se desmayó al no poder respirar. Entonces despertó Kin, con la pelirroja inconsciente se acercó despacio a ella acariciando su rostro, colocando los dedos sobre sus labios para que no gritara y la recostó de nuevo sobre la cama arrancándole la camiseta desgastada que usaba como pijama.

Su lengua larga en su boca casi la asfixiaba, sus manos delgadas tocaron cada parte de su cuerpo aún de niña, invadiéndola sin delicadeza.

Tayuya no lo supo sino hasta el otro día, y aceptó que se quedasen con ella, y nunca supieron si fue porque se lo había ordenado su jefe para que el trabajador social no se enterara o se sentía responsable.

—¿Por eso no quieres acostarte con Zaku? —preguntó de pronto Karin, rompiendo el silencio.

—Lo he intentado, pero cuando pasa de los besos… no se… es como si lo viera a él

Nuevamente se quedaron sin palabras, Karin trazaba círculos sobre su muslo descubierto decidiendo si valía la pena seguir conversando o no.

—A mí no me molesta acostarme con cualquiera —retomó en voz baja —. Da igual, no tengo una primera vez que dar a alguien especial, y es muy fácil conseguir cosas con eso.

—Eres una puta —acusó Kin.

—Sí. Y estoy enamorada de un cabrón.

—Y yo de un adolescente hormonal que fue por la chica más fácil de la escuela para calmar su calentura.

—Respecto a eso… — suspiró decidiendo que, ya que estaban hablando como mujeres civilizadas, podía hacer una sola cosa buena en toda su desagradable vida— Zaku realmente no se acostó con ella, fue Dosu. ¿Recuerdas la fiesta en casa de Yoroi Akadō? Te fuiste temprano y bueno, la cosa es que Kotohime no encontraba su ropa y Zaku le prestó la pañoleta que es lo suficientemente grande como para hacer un top…

Kin se puso de pie de golpe.

—¡Tú dijiste que se la había tirado!

—No, yo dije que ella merodeaba a tu novio y que Zaku le había dado tu pañoleta, que es todo verdad.

Kin saltó sobre ella con grito de guerra y las dos rodaron por la sala, pero la morena desistió de sus intentos por sacarle los ojos casi enseguida.

—¿Entonces no se la tiró?

—No, yo no bebo tanto, y te juro que aunque él estaba como una cuba la mantuvo a raya y se la lanzo a Dosu que se quedó con ella el resto de la noche.

—¿Por qué me estás diciendo esto?

—¡Serás estúpida! ¡Para que regreses con él!

—¡¿Y a ti qué te importa?!

Karin se encogió de hombros.

—Podrías irte de aquí ¿Sabes? Zaku te ha pedido que te vayas con él ¿No?

Kin recogió las piernas abrazándolas hasta que pudo recargar la barbilla en las rodillas.

—Sí. Dice que no le importa dejar la escuela, que tiene trabajo y estaríamos bien.

—Deberías irte.

—Pero…

—¿Realmente quieres ir a a la universidad? ¿O crees que Tayuya va a dejar que te quedes hasta que tengas estabilidad económica? En cuanto seamos mayores de edad nos va a poner las maletas en la calle, si es que no nos deja solo con lo que tengamos puesto.

—Quiero estudiar música, pero es muy costoso… y se que no podría pagarlo ni he tenido la esperanza de que Tayuya lo haga.

—¿Entonces?

—¿Y si solo quiere acostarse conmigo y me bota en cuanto lo consiga?

—No haría eso ¡Carajo! ¡Te está pidiendo que vivan juntos!

—¿Y si… si le molesta que yo no…?

—¿Qué no seas virgen? Al carajo con él entonces, yo te ayudo a romperle los brazos otra vez.

—Estás borracha.

Kin se puso de pie y caminó a la habitación que ambas compartían, pero Karin no quería dejar el tema ahí así que la siguió. Estaba de pie frente al escritorio que tenia los cuadernos abiertos y una pila de libros nuevos, Todos eran de Kin, la única de las dos que ya se había tomado la molestia de ordenar todas las cosas del semestre.

—Hasta la graduación. Quiero terminar la escuela, así en lugar de terminar como personal de intendencia, podría ser dependienta de una tienda ¿No lo crees? Quizás en la que trabaja Zaku… ¿Tú a dónde irás? Y te juro que Sasuke no va a pedirte matrimonio.

—Lo sé…

Era verdad, de alguna manera no podía imaginar a Sasuke arrodillado con un anillo en mano, era demasiado iluso incluso para ella. Guardó silencio porque no sabía qué contestar, muy estúpidamente había empezado con un discurso sobre el futuro y las posibilidades cuando ella misma no lo había pensado, o no lo había resuelto realmente. Era como la ironía de un autor de libros de superación personal que se suicida en su departamento la noche de Navidad.

Se tumbó en su cama mirando hacia el techo.

—Pero no importa.

Kin movió la cabeza de un lado a otro.

—Solo te haces daño.

La pelirroja no respondió, porque eso era verdad ¿Y qué mas daba? Un poco de daño adicional no la iba a joder más.


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