Un poco de envidia

El verano había terminado, de terrible manera, pero había terminado. Aún así el calor en el ambiente daba la impresión de que todo se movía lento, de que no había diferencia entre un día y otro.

La rutina se había vuelto una constante en su vida, y no sabía si en la de alguien más, pero todo se resumía a ir a la escuela, hacer la tarea, ir al Ichiraku, regresar al departamento para bañarse, o a veces ir con Sasuke y Suigetsu, pero eso ya no significaba nada.

Ya nada era interesante, nada era emocionante y toda ella se sentía entumecida y distante. Aburrida, harta de su absurdo cotidiano y todo por culpa de una estúpida conversación que había sostenido con Kin.

Tenía dieciséis, no le quedaba más que un par de años antes de que Tayuya la echara a la calle habiendo cumplido su parte del trato: solo se quedarían hasta que fueran legalmente mayores de edad. Y a tan poco tiempo ¿Qué había pensado hacer?

Ante su inminente situación de calle, el examen vocacional de Iruka parecía estúpido y sin sentido. No tenía ninguna oportunidad de ir a la Universidad, y aunque lograra pasar el examen ¿Cómo iba a pagar? Un plan de beca era imposible dado su rendimiento académico, aunque no era estúpida, y trabajar media jornada no costearía la matrícula, la renta de un departamento y los gastos generales de manutención.

Sentía crecer un hueco en el estómago a medida que pasaban los días y no se le ocurría nada.

Pensar en el futuro era aterrador, no conocía nadie de su edad que pensara seriamente en ello, muchos solo hacían los trámites de la escuela porque sus padres insistían en ello, y no les preocupaba nada más que salir con un chico guapo.

Kin había regresado con Zaku, pero todavía no accedía a acostarse con él. Salían más seguido que antes y lo hacían los dos solos, ya sin que Kin insistiera en que Dosu fuera con ellos para usarlo como excusa para no intimar demasiado. Lo que en si era un avance considerable.

Tayuya se había recuperado de la pierna y trataba de rescatar el dinero perdido con horas extra. Habían sobrevivido exitosamente los tres meses con lo poco que la mujer tenía ahorrado en el banco y los sueldos de medio tiempo de Kin y Karin, así que las cosas regresaban a la normalidad.

A la aburrida normalidad.

Incluso Ayame había dejado de llorar encerrada en su cuarto para ir a trabajar, pensó que regresaría a lavar platos pero Teuchi aceptó que continuara como camarera, lo que significaba que su sueldo seguiría siendo aceptable. Increíblemente no había peleado con ningún cliente e incluso una señora entrada en años había dicho que la "pelirroja era una niña dulce" y había dejado una generosa propina

¿Qué iba a hacer cuando acabara la escuela?

Suspiró.

Iba sobre la calle sin nada más en su cabeza que el horror de saber que no estaba lista para estar sola, que aunque posiblemente Tayuya estaba a años luz de ser un tutor competente, su ayuda había sido el pilar de su supervivencia durante los últimos años.

Un pensamiento llegó a ella, fugaz y sutil.

Casarse…

Aún era joven, aún sus pechos no colgaban flácidos y su piel nunca había tenido acné. Si podía conocer a un hombre que la proveyera… no tenía que ser necesariamente rico, solo que pudiera quedarse en su casa y le comprara algunas cosas.

Y ese hombre no sería Sasuke.

Sintió que su pecho se oprimía.

Una parte de ella siempre supo que la boda en un prado con flores blancas, la casa con jardín y valla, las tumbas gemelas: no sería con él. Que sin importar cuánto se esforzara por complacerlo, no sería con él.

Y la otra parte se aferraba con desesperación, sobre todo cuando acababan rodando en la cama de Suigetsu.

Dio la vuelta en una esquina, justo donde estaba un restaurante de comida rápida, pero aún con su mente ocupada, no pudo evitar verlos.

Sintió que dentro de ella toda preocupación se alejaba momentáneamente y solo pudo sonreír. Si no estuviera en la calle, rodeada de gente, hasta lo hubiera hecho a carcajadas. Pero el sentimiento del vacío de su interior estalló con ímpetu borrando todo sentimiento ante la comprensión de un hecho innegable: ningún hombre decente la querría cuando conociera todo lo que había hecho a sus escasos dieciséis años.

Porque las zorras sirven para estar con ellas a ratos, no para tenerlas en casa aguardando que su esposo regresara de trabajo.

La imagen de Itachi y Sakura besándose era como si el destino le hubiera recordado que ese no era su futuro, un hombre exitoso que corriera tras ella poniendo el mundo a sus pies no era parte de su plan de vida.

Movió la cabeza de un lado a otro.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que Sakura y Sasuke habían terminado?

Aparentemente ella no sufría en absoluto, no con el hermano mayor, con auto de lujo propio y sueldo con varios ceros a la derecha, atendiendo lo que necesitara. Y con ese contexto ¿Qué le iba a importar no saber cocinar o lavar? Solo tenía que verse bonita para él.

—Mierda —se dijo, aún con la sonrisa torcida en los labios, porque ante esa imagen no podía evitar el sentir un poco de envidia.

Sacudió la cabeza y siguió su camino para llegar a tiempo al trabajo.

En el Ichiraku las cosas habían cambiado poco, Matsu y Nishi actuaban como siempre, pero procuraban casi no molestar a Ayame, ella sonreía, aunque no se veía en absoluto feliz.

Pero fue solo un tiempo, un día Teuchi anunció que su hija se iba al extranjero a estudiar un postgrado.

El motivo oficial había sido que su hija había egresado de la universidad para administrar el negocio, no para ser la camarera, pero la verdad era evidente para todos; quería que se alejara de todo lo que la memoria de Shisui dejaba en Konoha.

La joven no había dicho nada, así que con toda seguridad el viaje lo había arreglado su mismo padre ante la desesperación de no saber cómo animarla.

El acto había pospuesto la remodelación del restaurante que había planificado desde las vacaciones de verano, pero su prioridad era su hija, así lo hizo ver el día en que Ayame acudió al restaurante para despedirse de sus compañeros.

La vieron partir en el taxi, agitando la mano para continuar la despedida hasta que se perdió de vista al doblar en una esquina. Teuchi continuó la mirada fija en ese punto, ahora vacío y se secó una lágrima que había escapado de su ojo, cubierto por el arrugado párpado caído.

—Ah, los hijos…— fue todo lo que dijo antes de volver al restaurante.

Karin se quedó afuera un rato más, también mirando el último sitio en donde pudieron ver el auto. Sintió que en su garganta se hacía un nudo, también quería llorar, pero no lo hizo, porque se sentía estúpida por sentir un poco de envidia, porque Ayame tenía a una persona que daría todo por ella tan incondicionalmente.

.

La semana terminó sin novedad, y los siguientes días continuaron su rumbo, tuvo un día de descanso pagado en el restaurante como premio por no haber tenido retardos en todo el mes. Pero no tenía planes, solo ese maldito vacío que continuaba atormentándola y la mantenía en el sillón de la sala, con la cara oculta entre los brazos, recargándose sobre sus rodillas.

—¡Karin!

Gruñó para responderle a Kin.

—¿Me prestas tu falda negra?

Karin levantó la cara ¿Kin quería una falda?

—Si está limpia, si —respondió poniéndose de pie, aquello ameritaba atención.

Llegó al cuarto cuando Kin terminaba de ajustarse la mencionada falda, le quedaba grande por muy poco, solo de la cintura que para molestia de Karin resultaba que era más delgada que ella, pero las caderas hacían una pronunciada curva que con sus pantalones nunca había visto.

Como también era más bajita, le quedaba más larga, pero por poco. Llevaba un top verde y encima una chaqueta ligera.

—¿A dónde vas?

Notó en el pálido rostro de Kin, su siempre rudo semblante se había suavizado por algo de brillo labial y un casi ridículo e inexistente rubor.

—A una fiesta.

Karin caminó hasta el cajón que le correspondía del tocador compartido y sacó un frasco de esencia extendiéndoselo.

—¿Hoy por fin vas a decirle que sí a Zaku?

Aquél casi imperceptible rubor se intensificó, pero no respondió, solo aceptó lo que la pelirroja le daba colocándose un poco en el cuello y las muñecas.

Karin la miró, se había soltado el cabello también y aunque no se había puesto unos zapatos altos que combinarían mejor con el atuendo -principalmente porque no tenía-, la botas le daban un toque rudo a su recién emergida feminidad. En general se veía bien, bastante bien, de hecho casi podía asegurar que le parecía guapa y Zaku podría sentir celos de que alguien más intentara ligársela esa noche.

—Hoy no regreso —susurró la morena yendo hacia la entrada, aunque la otra ya lo había asumido. Llamaron a la puerta y Kin abrió, era Zaku que había quedado con la boca abierta justo al otro lado, Karin tuvo ganas de reírse, pero no lo hizo, no se despidieron ni nada, solo se marcharon.

Karin se asomó por la ventana hacia la calle, Zaku no tenía auto, pero un taxi aguardaba en la entrada del edificio, vio al chico abrirle la puerta y entró él después.

Recargó la frente en el cristal cerrando los ojos, era tan difícil no sentir un poco de envidia por eso…

Vio la televisión sin poner atención al programa, sin darse cuenta había estado llorando, llena de mocos y lágrimas apenas notó que su teléfono sonaba, era Suigetsu, pero no quiso contestar, no quería que se diera cuenta de lo patética que era en ese momento así que le respondió con un mensaje.

"Sasuke quiere salir, nos vemos en el departamento en una hora." Fue todo lo que respondió.

"No quiero ir" se dijo, sorprendiéndose a sí misma por ese pensamiento.

Pero aún así, consiguió levantarse, vestirse y lavarse la cara para salir. Cerró la puerta a su espalda y emprendió el camino para encontrarse con los otros.

"¿Qué es lo que estoy haciendo?"

Había entendido apenas nada de todo lo que había hablado Sasuke, Suigetsu solo asentía y después de un rato, como parte de la rutina los dejo solos.

En ese momento tuvo una idea, se lanzó sobre Sasuke y de alguna manera consiguió llevarlo de nuevo en la habitación, con el sexo el hueco desaparecía el tiempo suficiente como para dejar de hacerse preguntas. Sasuke podía hacerla olvidarse hasta de ella misma por un rato. Lo sintió sobre de ella con brusquedad, casi doloroso, pero fuera de eso, esa vez no sentía nada, solo su cuerpo caliente, el látex del preservativo y nada.

—¡Carajo!*

Sasuke terminó y se sentó en la orilla de la cama.

—¿Qué pasa, Sasuke? ¿Por qué…?*

—¡Déjame!*

Veinte minutos mandados a la mierda y su vacío regresaba.

—Claro… entiendo, Sasuke-kun… como yo no tengo el pelo rosa.*

—Ese no es tu asunto.*

Buscó su mirada con desesperación, sentía su cuerpo helado pese al sudor, la boca seca, el cuerpo insensible, como toda ella.

—¿Por qué no la dejas de una jodida vez, Sasuke?*

Su respiración se había vuelto agitada y en su interior el vacío se reemplazo con hielo, con una rabia helada y controlada porque sabía cosas que él no, como si fuera un poco de poder sobre él.

—Si no le importabas antes, ahora menos. Se nota que la pelirrosa está bastante feliz con…

—¡Te he dicho que te calles, Karin!

—… con tu hermano.

Sintió las manos frías de Sasuke sobre de ella y no pudo evitar sonreír.

"Mírame, Sasuke-kun, soy lo único que te queda."

—¡¿Qué?!

Le devolvió la mirada, la atronadora voz de Sasuke había destrozado el hielo de su interior dejándola aterrada, pero ya lo había dicho aunque realmente no pensaba hacerlo, los había visto hacia mucho tiempo y le restó importancia, porque no era su asunto, al menos no hasta ese jodido momento en que la chica Haruno seguía siendo la protagonista hasta de su propia vida sexual.

—¡¿Qué rayos has dicho?!*

—Sakura… está con tu hermano… siempre lo estuvo ¡Todo este tiempo, Sasuke!*

Cayó de espaldas sobre el colchón y sintió algo tibio en su cara, pero no fue sino hasta que vio el goteo que cayó en cuenta. Estaba sangrando.

¿Acaso Sasuke la había golpeado?


Comentarios y aclaraciones:

* Los diálogos son directos de Rosa de dos aromas, solo cambie la perspectiva

¡Gracias por leer!