Un poco de saña
—Hazte a un lado —había dicho Suigetsu como venía haciendo cada que encontraba su propiedad invadida por la chica y él quería dormir en su propia cama.
Karin, en un momento fuera de carácter, obedeció pegándose contra la pared, sin ánimos para contrariarlo e iniciar la pelea rutinaria. El chico, extrañado, se metió en las sábanas acomodándose lo mejor que pudo, sin embargo, ella no hizo absolutamente nada después.
Su blanca espalda descubierta se encorvaba en el clásico berrinche en que se aferraba a ella misma.
"Ya se le pasará" se decía el otro tratando de dormirse sintiendo a la vez el cosquilleo en la conciencia que insistía en abrir la boca y preguntar qué era lo que había pasado esta vez. Si bien la chica sufría porque quería, tampoco era que fuera del tipo que gustara de ver a una mujer llorar.
—Hey, remolacha, si no te importa cierra la ventana que cala el frío —dijo, esperando hacerla enojar para que regresara a su estado anímico usual.
La chica se incorporó alcanzando las ondeantes cortinas, apartándolas un poco para tomar el marco de aluminio dispuesta a cerrarlo, pero se quedó quieta, mirando los nueve niveles que la separaban de la acera, se acercó hacia el frente sintiendo el cosquilleo en su estómago propio del vértigo ocasionado por la altura. Un poco más hacia enfrente y el viento acariciando su piel se extendió casi a la mitad de su cuerpo.
Sakura… Sakura… Sakura… la dulce y tierna Sakura por la que valía la pena terminar de destrozar una relación fraternal bastante lacerada por sí sola. Si ella grita todos corren en su ayuda, si ella llora todos van a abrazarla… ¿Pero quién iría por Karin?
Ni Tayuya ni Kin, ni siquiera Sasuke, eso era seguro.
Jūgo quizás lo habría hecho…
Inclinó más la cabeza viendo sus lentes caer sin escucharlos romperse al tocar tierra por el ruido de los suburbios. Jūgo estaba muerto.
¿A quién le importaba lo que fuera de ella?
A Sasuke no. Podía ver sus ojos más oscuros de lo que usualmente eran, su mirada más fría de lo que recordaba ¿Había cambiado tanto o siempre había sido así?
Si no era él quien se preocupaba por ella, nadie más lo haría, nadie, porque solo él la había mirado y ayudado cuando era una perfecta desconocida en Konoha, porque le había tendido la mano cuando nadie le daba ni un saludo.
Sasuke…
Sasuke había levantado la mano contra ella, una sola vez, un único golpe para hacerla callar por culpa de quien fuera su novia y ahora se acostaba con su hermano. Estaba furioso, estaba cegado por un deseo incontenido de venganza ¿Contra quién? ¿Contra Itachi? ¿Sakura?
Contra la vida en general a decir verdad.
Y dolía, dolía no saberse capaz de ayudar a calmar el vórtice que consumía el alma de la persona amada, pero era estúpido pensar que podía hacer algo por él cuando ella misma en todo ese tiempo no había sabido como llenar el hueco de su propia alma.
Sasuke…
Las manos dejaron de sostenerle del marco y su rostro húmedo sintió el viento con algo más de presión, cayendo, simplemente desvaneciéndose porque no tenía más nada que hacer, nadie esperaba algo de ella y ¿Para qué preocuparse por el futuro cuando no había?
—¡Zorra estúpida!
Suigetsu la tomó por el pelo jalándola violentamente hacia atrás en un reflejo quizás brusco al verla casi fuera de la habitación, pero en ausencia de ropa, de algo tenía que sujetarla.
—¡¿Qué carajos pretendes?! ¡Grandísima idiota!
Su rostro, que siempre mostraba una expresión exasperante estaba desencajado por el horror, la imagen de Karin sobre la acera en medio de un charco de sangre le recorría la mente con terrorífico realismo, uno que casi se confundía con el cuerpo de su hermano baleado en el estacionamiento, o quizás con la cabeza dispersa en pedazos de su padre en el comedor rodeado de botellas de cerveza, o la de Jūgo en medio de la calle luego del fallido atraco a la farmacia o…
Ella lloraba.
Y quedándose callado solo acertó a pegarle un golpe en el rostro.
—¡No vuelvas a hacer eso maldita loca!
En su voz había una exigencia que no aceptaba réplicas, no se contuvo en absoluto e incluso fue más severo que el propio Sasuke, con el rostro ladeado sobre el sucio piso cayeron un par de gotas de sangre. Karin se limpio la nariz con el dorso de la mano.
—¡Si tanto odias que te trate así, déjalo! ¡¿Qué haces con él?!
—Eres un imbécil, no entiendes nada.
—¡Sí! ¡Creo que soy demasiado imbécil porque no entiendo por qué estar con alguien que no te quiere!
Suigetsu se tumbó en la cama con ganas de volver a golpearla, impulso solo controlado por la voluntad de saberse la persona menos significativa en la vida de Karin, por lo que hiciera lo que hiciera, realmente no haría trascendencia alguna en la actitud de la pelirroja. Se cubrió los ojos con el antebrazo ahora seguro de que no podría dormir y chasqueo una maldición.
Él respiraba pesadamente, frustrado, furioso y aún con ganas de golpear a Karin hasta hacerla odiar a Sasuke, hasta escucharla decir que lo dejaría. El amor que le tenía era enfermo, si es que se podía seguir llamando amor a eso. Empezaba a ofuscarse y completamente incapaz de permanecer un momento más en la misma habitación que ella decidió levantarse y sentarse a ver la televisión o en todo caso salir a dar una vuelta.
Tomó la chaqueta que había dejado arrumbada en una silla cerca de la entrada, caminó hasta la salida, sin embargo, poco antes de cruzar el vano de la puerta ella le detuvo rodeándolo con los brazos hundiendo el rostro en su espalda.
—¿Qué quieres? —preguntó secamente.
—No me vas a botar ¡No me puedes botar tú! —dijo ella, pero más que como un ruego, su voz destilaba la rabia acumulada y la amargura que se formaba dentro de ella.
Suigetsu la apartó solo consiguiendo que se sujetara de nuevo a su brazo.
—Suéltame, Karin.
— ¡No! ¡Alguien como tú no me va a dejar!
—¡¿Alguien…como yo?!
Así era Karin, si su orgullo era pisado, pisaba el de él, siempre sucedía lo mismo desde que recordaba, siempre tenía que cargar con todo lo que los demás hacían con ella. Se giró violentamente tomándola con fuerza por el brazo.
—¡¿Cómo es alguien como yo?!
Y la amargura pasó a desprecio sin necesidad de que respondiera. Los ojos rojos de ella le sostuvieron la mirada retándole, esclareciendo que para ella, él no era absolutamente nada porque en su mundo solo había espacio para Sasuke, y quizás lo comprendía, se daba la vaga idea de que imaginó al príncipe que la rescataría de su miseria, al final Karin no era muy distinta a todas las estúpidas que amaron al Uchiha.
Si hacía un momento no podía respirar bien ahora el proceso era casi imposible.
Podía ponerla en su lugar en ese momento, dejarle en claro que no era guiñapo de nadie y menos de ella. Podía en esos momentos simplemente hacer lo que su padre con él y dejarla en el suelo inconsciente, recordándole quién de los dos era más fuerte, quién era superior, que todos los insultos de antes eran un juego y que él podía… podía… pero no lo haría, no le daría el gusto de saber que lo había provocado.
¿Qué ganaba?
A Karin le gustaba ser la víctima aunque lo negara, le gustaba torturarse con la vida que tenía y sentirse menos miserable al tratar a los demás como basura, se daba el derecho a sí misma.
¿Podía culparla?
Levantó la mano despacio hasta el rostro de ella y le tomó el mentón sosteniendo su reto.
—¿Quieres que me quede?
—No me vas a dejar…
—No, no lo haré.
Ella parecía sorprendida y con justa razón. Ella gritaba, él lo hacía, respondían ofensas con ofensas. Un ir y venir de malos modos que actuaba de manera rutinaria sin verle fin concreto.
Y él se acercó.
Realmente no era tan fea, tampoco una diosa encarnada. Llamaba la atención a primera instancia con la forma tan desenfadada de moverse y hablar, como si no le importara lo que se dijera de ella, coqueteando descaradamente con quien le interesaba, mandando al quiote a quien la irritaba, dándoselas de cotizada, y tenía sus aguerrimos seguidores, hombres y no tan hombres que la buscaban para tener de ella lo que con otra no podían.
Era ella más bien como una flor maltratada que se aferra a su propia belleza para que no vean la ausencia de su aroma*...
Y entonces, solo la besó…
Comentarios y aclaraciones:
*"como una flor maltratada que se aferra a su propia belleza para que no vean la ausencia de su aroma" esta frase me la escribió bladz-liska en un comentario de mi fic "Kunoichi" específicamente en el capítulo de Karin, pero es tan buena que no pude evitar el querer usarla… así que la robe para convertirla en resumen y esencia de este fic.
¡Gracias por leer!
