Un poco de confusión
El departamento estaba vacío.
Un aire frío de abandono inundaba el lugar. Caminó despacio, hacía días que Kin no había vuelto, desde la fiesta no la había visto, quizás le había gustado el sexo y aún no dejaba salir de la cama a Zaku.
Pero aunque el pensamiento era divertido, ninguna sonrisa apareció en su rostro, solo ese vacío persistente, casi solemne, que la llevó a sentarse en el comedor con las manos sobre la mesa. Tayuya tampoco había regresado según podía constatar con las cosas exactamente en el mismo lugar en que las había dejado antes de irse en la mañana.
No era como si esperara encontrarlas para contarles lo que había sucedido, o la extraña idea que se había mentido en la cabeza de Sasuke. Solo no entendía, necesitaba que alguien le explicara, con dibujos de ser necesario, en qué consistía exactamente lo que Sasuke quería hacer.
¿Quería matar a su hermano?
Estuvo en la misma posición casi una hora antes de que llamaran a la puerta.
Se levantó para abrir, era Suigetsu, solo que sin la sonrisa casi no lo reconoció. Estaba más pálido de lo que era y sus ojos parecían un par de canicas sin vida, entró sin ser invitado y detrás de él Sasuke.
El último rayo de sol murió en el horizonte y con la oscuridad el miedo se hizo presente.
Sasuke tenía el arma en la mano, pero no solo para sujetarla, estaba apuntando a Suigetsu con ella.
—Vamos a salir Karin, y no quiero que me des excusas estúpidas como hizo Suigetsu.
Suigetsu tomó el brazo de Karin y la movió para que reaccionara, conduciéndola hacia fuera. Los tres subieron al auto, en completo silencio.
La anciana vecina del departamento de enfrente la miró a través del cristal, a veces le daba dulces, como si tuviera cinco años y ella los aceptaba solo para que la dejara de molestar, la miró suplicante y ella sonrió tristemente moviendo la cabeza de un lado a otro, entonces quiso gritar, pero Suigetsu había arrancado siguiendo las indicaciones de Sasuke.
Su mente se rehusaba a entender lo que sucedía, pero no quería discutir, no con el arma en la mano de Sasuke.
"¿Qué estás haciendo?"
Se preguntó.
Las luces rojas y azules de las patrullas rodeando el edificio la devolvieron a la realidad.
Sasuke le dio unas indicaciones y asintió mustiamente, se bajó, solo debía hacer algunas preguntas.
Estaba temblando, pero no lo sentía, no podía siquiera ser consiente de cómo se movía. Un oficial se acercó a ella, intercambiaron palabras, aunque ella en realidad escuchaba el radio que colgaba de la bolsa de su chaleco táctico.
—¿Estás bien? — preguntó el hombre.
Sintió que sus labios temblaban, podía pedirle ayuda, podía esconderse de tras de él.
—Sí, estoy bien.
Su cuerpo se movió en automático de regreso al auto. Se detuvo un poco antes, si corría en ese momento todo acabaría, ya no quería estar ahí, tenía demasiado miedo como para continuar, si antes su futuro era incierto, ahora también era oscuro.
—Muévete —inquirió Sasuke desde el interior del auto apenas moviendo los labios, Suigetsu la miró con la expresión en blanco, quizás tenía tanto miedo como ella. Subió de nuevo a su lugar y repitió todo lo que escuchó exactamente como lo escuchó.
La noche transcurrió rápidamente, ni siquiera sentía el cansancio del desvelo, parpadeaba lentamente y volvió a perderse de la realidad, al menos hasta que Suigetsu dijo eso que los dos estaban pensando pero ninguno decía:
—¡No!
Se gritaron un poco, pero Sasuke empezó a golpearlo y entonces ella gritó más fuerte al perder de vista el camino, la puerta del copiloto se abrió y Suigetsu salió hacia la calle.
—¡Nos vamos a matar! ¡Sasuke!
El volante había quedado solo, Sasuke lo pudo controlar apenas a tiempo.
No quiero.
No quiero.
No quiero.
El auto frenó abruptamente, los habían alcanzado y bajo del auto con las piernas temblando, Sasuke apuntaba aún con el arma en la mano, se quedó a su lado porque estar enfrente era estúpido.
—Baja el arma, Sasuke.
Volvió a temblar, solo tenía que correr en ese momento.
Itachi estaba junto a Sakura, planeaban dejar el país antes de que la policía los arrestara por su relación con la cédula terrorista desbandada en las últimas horas. Huir, irse lejos, juntos y felices. Miró a Sasuke suplicando solo con su mirada, pero él era inmune a todo lo que fuera razonable y lógico, sus ojos destellaban la furia de un infierno y su mano era firme, como si la sujetara el diablo mismo, cuando dijo que iba a matarlo, quiso creer que no lo decía en serio, que era un pensamiento como cuando ella decía que quería matar a Suigetsu.
El disparo se escuchó como un trueno directo sobre sus oídos.
—Sasu…
No completó la palabra, el tiempo se detuvo e incluso vio el cuerpo de Itachi caer como en cámara lenta sobre la grava del camino maltrecho.
¿Estaba muerto? ¿Sí lo había matado? ¿Y ahora qué iba a hacer?
Sakura lloraba y gritaba aunque no entendía nada de sus chillidos.
Sí, Itachi estaba muerto.
Giró la vista, vio las luces azules y rojas acercarse, no podía escuchar las sirenas, solo entendió lo que sucedía cuando por fin pudo ver el rótulo de policía de los autos a pocos metros.
—¡Sasuke! ¡Sasuke!
No pudo correr, un policía la tenía por los brazos obligándola a apartarse.
—¡Déjenme! ¡Yo no he hecho nada! ¡Sasuke!
El chico no reaccionaba, dos oficiales habían tenido que levantarlo, aun así, no reaccionaba, y si no lo hacía por él, menos aún lo haría por ella.
—¡Sasuke-kun! ¡Sasukeeee!
—Cálmate, cálmate.
Una de los oficiales la tenía por los hombros.
—¿Estás herida? ¿Me escuchas? ¿Estás herida?
Movió la cabeza, no estaba herida o al menos eso creía porque no sentía su cuerpo. La oficial la introdujo al interior de una patrulla mientras que al muchacho lo subían en otra.
—¿De verdad no estás herida?
En el interior el auto solo estaban ella y la oficial, había menos ruido adentro, sin embargo, no terminara de entender lo que estaba sucediendo, mucho menos podía poner atención al protocolo legal que le recitaba.
El amanecer se acercaba, los primeros rayos de luz los recibió en el departamento de policía de Konoha.
Tayuya llegó cerca de las once de la mañana, traía con ella una bolsa que le arrojó como si fuese la basura. Era un cambio de ropa y algunas cosas personales que rodaron por el suelo.
—Tendrás un abogado de oficio —le dijo fríamente, pero lo más atemorizante es que no había usado ninguna palabra altisonante—. Ebisu vendrá en un rato, y no te molestes en regresar cuando te suelten, tú ya no eres mi responsabilidad.
Dejó la sala. Karin ni siquiera se inmutó, sabía que ese momento era inevitable, Tayuya al fin la había echado. Pero a esas alturas ¿Qué importaba?
Tan solo unos veinte minutos después, un hombre alto, delgado y de lentes oscuros llegó hasta donde estaba ella acompañado de la oficial que la había llevado hasta ahí.
—Buenos días, Karin-san —dijo seriamente, ella gruñó para responder, era el mismo tipo que la había botado en la casa de Tayuya hacía varios años.
—La oficial Yūgao Uzuki estará con nosotros todo el tiempo, para salvaguardar tu integridad.
Arqueó una ceja, acostarse con él nunca pasó por su mente y dudaba que un hombre "tan correcto" siquiera lo considerara.
—El abogado viene retrasado, pero antes de eso tenemos que solucionar algunos detalles…
Le veía mover los labios sin entender, estaba demasiado mareada, quería vomitar y eso hizo silenciando, abruptamente al trabajador social.
Aun así, no se sintió mejor.
Todo daba vueltas alrededor y sintió mucho sueño.
Todo lo que pasaba eran tan absurdo que no podía ser real. Solo era un poco de confusión…
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