—Si quiera no se quemaron —oí que Thor le hablaba a mi tío.

A lo lejos en el parque, estaba Tony jugando con Friday.

—Pudo haber sido mucho peor. Pudieron ser fácilmente más de dos muertos —dijo Mike—. La policía abrió nuevamente el caso de las desapariciones.

—Según el estudio hecho en la escuela, el incendio fue provocado por la coletilla de un cigarro que cayó en material inflamable —dijo Thor.

—¿Pero entonces porque se oyó un estallido cuando se empezó a incendiar la escuela? —dije, ambos me miraron.

—Posiblemente, haya sido los circuitos de electricidad de la escuela al sobrecalentarse —Mike, estaba limpiándose las manos con un trapo de la cocina.

Thor negó con la cabeza.

—La red eléctrica de la escuela no sufrió daños, ese estallido debió ser algo más —contestó Thor, cruzándose de brazos.

Yo mire a Sunny meditando sobre la madera seca de las escaleras del porche, con los ojos entrecerrados, ronroneando con parsimonia. Me senté junto a ella, acariciando su suave pelaje, mirando fijamente el pasto bailando por el viento. Friday corría con sus cortas patitas, tratando de darle alcance a Tony. Se sentó a mi lado y miro a Sunny. La gata estaba imperturbable, observando a la cachorra tratando de subir los tres escalones para llegar a ella.

—Es muy pequeña, no lo lograra —dijo Tony, sonriendo con ternura.

—No la subestimes.

Friday empezó a ladrar con su pequeña vocecita, gruñía y volvía a intentar subirse al escalón con sus patitas doradas.

—Aún tengo la llave —dijo Tony.

Espere treinta segundos para calmar la ímpetu de mi corazón.

—Ya veo —contesté después de mucho pensar—. ¿Lo haremos hoy?

Tony suspiró y negó con la cabeza.

—No —dijo—. Hoy vendrá Loki, quizás me pregunte sobre el incidente en el incendio.

—¿Ya recuerdas que paso?

Tony carraspeó, frunciendo el ceño.

—No estoy seguro. Amanda Liszt me dijo que el director me solicitaba en su oficina, entonces salí y pase cerca del gimnasio. Oí que dentro alguien me llamaba —Tony empezó a respirar con rapidez—. Después de eso no recuerdo nada más.

—¿Vas a contarle a Loki acerca de la bitácora? —fue lo único que me atreví a preguntarle.

—No —me respondió, con un tono que no dejaba muchas posibilidades a seguir hablando. Bajo tres escalones, agarrando a Friday que no dejaba de mover la cola.

—Entonces, ¿Por qué no le preguntas de lo que ha averiguado acerca del caso de tus padres? —le dije, sin darle importancia al hecho de que Sunny no dejaba de mirar a Friday revolcándose en el regazo de Tony.

Suspiró, y luego de reunir fuerzas (se le notaba que eso estaba haciendo), por fin dijo:

—Quizás, no estoy listo. No quiero enfrentarme a ese asunto aun, pero no te preocupes, sé que puedo manejarlo. Cambiando de tema: si deberíamos ir a la casa de Robert hoy, será mientras la señorita Carter y Spencer no se enteren. Ya sabes… entrar en la noche y revisar el lugar. También deberías hablar con Sharon, ella tiene un par de cosas que decirte —me explicó sin detenerse a respirar, como si el aire que inhalaba le fuera a impedir seguir hablando.

—¿Por qué?

—Solo hazlo, por mí.

Y cuando me manipulo son ese sencillo par de palabras, no pude negarme. Yo asentí.

Caminar solo por la pradera era un suplicio, podía oír mis pasos, el silbido de los insectos en los árboles, el boom de mi corazón. Trataba de ser paciente, pues la casa de Sharon era lejana a la pradera y tenía que pasar cerca de la escuela. Una mañana sin nubes se erguía sobre mi cabeza, sin embargo el sol estaba escaso de brillo, y pensé: ¿Acaso Vanmouth está llorando la muerte de esos chicos? ¿Y si no era solo de ellos si no la muerte de todos? Tantos que las paredes de una escuela estaban forradas con sus nombres y fotos. Porque era de esperar que si nunca los encontraban, entonces habían muerto y eso solo hacia el panorama más desesperanzador para todos.

Me quedé esperando a que la mamá de Sharon me abriera la puerta. Ya estando dentro, me obligué a abrazar a Sharon cuando corrió a saludarme. La mamá de Sharon estaba parada en la puerta, y tuve la sensación de que nos estaba observando. Sharon me sonrió con una amplia sonrisa, pero sus ojos no parecían contener el sentimiento de esa sonrisa. La madre de Sharon salió y nos dejó solos:

—Supongo que él te dijo que vinieras.

No supe cómo reaccionar ante ese comentario.

Sharon y yo nos sentamos sobre la alfombra de la amplia a sala. Frente a frente, mirándonos las caras, ella con si tic nervioso empezó a jugar con sus uñas.

—¿Y tú, que dices de todo lo que está ocurriendo? —dijo en tono impaciente.

—Es una pena, Darcy y tu hermano…

—Sí, ninguno de los dos merecía morir pero te diré algo…todo esto, de las desapariciones y demás. Tienen su razón —la garganta de Sharon se cerró, y miro alrededor, asegurándose de que no hubiera nadie—. Las personas que han desaparecido, de alguna u otra forma le han hecho daño a Tony, o tienen ciertas cosas en común con él.

Fruncí el ceño y me eche para atrás.

—¿Cómo?

—Comenzó con su prima, Pepper. Después, continuo con algunas de las chicas que en primaria lo molestaban, y luego los chicos que siempre lo acosaban y entonces sus padres. Lo que la policía nunca dice es que, algunos de las personas que desaparecieron decían que veían y escuchaban cosas —dijo, mirando fijamente la lana de la alfombra—. Lo que te estoy diciendo es solo una hipótesis mía, pero si la seguimos entonces tú y yo, y todos estamos de alguna forma en peligro.

—¿Esto tiene algo que ver con las pinturas?

—Mira, Steve. Que no te extrañe si todo esto resulta ser obra de un extraño karma. En Vanmouth han pasado cosas muy raras, o si no pregúntale a tu tío.

—¿Mike? —dije—. ¿Qué relación tiene que ver un diseñador gráfico con todo esto?

—No lo sé, exactamente. Sé que él es amigo de Thor y de Loki, además, llego a conocer también a los padres de Tony. Hace un par de meses, dijo algo acerca de que todo esto podría tratarse de un loco que acosa a Tony o algo así.

Me imagine que debí ponerme pálido, ya que de inmediato Sharon se alarmo.

—Lo siento, Steve —suspiró—. Antes de que llegaras, no se presentaron desapariciones o muertes antes, y fue por que Tony estuvo muy encerrado en sí mismo. El mismo se apartó de nosotros y dejo de hablar con Rhodey… incluso mi hermanastro estaba un poco involucrado en ese asunto.

—¿Brock?

—Él vendía drogas, Steve. Drogas alucinógenas, que quizás eran las causantes de que todas esas personas vieran y escucharan cosas que realmente no existían. Estoy casi segura que el mantenía contacto con el sujeto que causo todo esto. Trate de convencerlo para que me dijera pero…

Sharon nuevamente bajo la mirada, mordiéndose la cutícula de las uñas con ansiedad. Sus ojos estaban rojos.

—Te contare algo, que no debe salir de este cuarto —temblé al sentir la intensidad del azul de los ojos de Sharon—: La mejor amiga de Wanda, Scarlett. Se suicidó hace dos años, en un diario escribió lo que veía y escuchaba. Wanda conserva ese diario, quizás deberías ir a pedírselo, puede ser una pista.

Pedirle a Wanda eso se sentía como pedirle a una madre que me dejara golpear a su hijo. Trate de controlar mis manos para que no empezaran a temblar.

—Ella no me lo va a entregar, es algo demasiado íntimo…

—Escúchame, Steve. En Vanmouth hay muchas cosas que no podrás entender, pero estoy segura que entenderás lo que siente alguien cuando lo pierde y solo quiere encontrar respuestas. Vanmouth está llena de esa gente. Solo dile la verdad y veras que te lo entregara casi con los ojos cerrados.

—¿Cómo sabes que Tony y yo estamos tratando de resolver todo esto?

—Bueno, estamos hablando de Tony. Él lleva mucho tiempo investigando este asunto, y tratándose de ti…—Sharon sonrió con ironía—. Era obvio que ibas a ayudarlo.

Dejé de tener miedo.

El frio que yacía en mi desde el incendio, lo cambié por una urgente necesidad de salvarme, de salvarlo; la única ancla que me mantenía fijo en ese viejo pueblo pesquero. Esa tarde decidí que era momento de sacudirme los músculos y empezar a moverlos. Ya no podía permitir que el miedo de la noche cerrada me impidiera impulsarme hacia adelante. Solo deseaba acabar con todo eso, llevarme a Tony para verlo sonreír, lejos de las sombras de unos padres atrapados en un hospital psiquiátrico y una escuela en llamas.

Ahora ambos, caminábamos rumbo a la casa de los Maximoff, a unas cuantas cuadras de la de Sharon.

—Esto no me termina de convencer —dije con las manos en los bolsillos.

—A ninguno de nosotros, Steve. Clint es uno de los más reacios a aceptar lo que está ocurriendo.

—¿Qué paso con la amiga de Wanda? ¿Cuál fue el problema? ¿Por qué todo salió tan mal?

—Scarlett de la noche a la mañana se volvió más distante. Tuvo muchas peleas con Wanda, dejo de asistir a la escuela, se autolesionaba. Fue un jueves de agosto cuando la encontraron muerta en el garaje de su casa. Se había cortado hasta dejarse desangrar. Lo forenses no encontraron rastros de sustancias, ni signos de violencia, nada. Pero si hubo algo que solo Wanda y yo notamos.

—¿Qué?

—Scarlett y Tony era similares, en tantos sentidos que hasta daba miedo.

—¿Qué quieres decir? —pregunté.

—Scarlett, era muy inteligente. Se destacaba más que todo en física y química, su padre era piloto de avión y su madre azafata, de tal modo que casi nunca estaban en casa —dijo, volviendo a mirarse la cutícula de las uñas—. El día que Scarlett murió, encontraron varios cuadernos con anotaciones en su bolso. Ella había escrito una carta donde pedía que se los entregaran a Tony.

—¿Él los recibió?

—No —contestó—. Aquellos cuadernos se perdieron ese mismo día…

Tocamos la puerta de los Maximoff y casi al instante nos abrió Wanda. Llevaba un vestido negro, y un suéter rojo.

—¿Y Pietro? —preguntó Sharon

—Sigue en el hospital, al menos su pierna se está recuperando.

Sharon suspiró aliviada y Wanda nos dejó entrar. Me miro durante un breve instante y luego miro a Sharon.

—Se lo contaste todo ¿verdad?

Ella asintió.

—Steve —Wanda se me acerco, con los puños apretados—. Debes saber que ese diario, no puede ser leído por nadie más. Si cae en manos equivocas, puede que la lista de víctimas se alargue.

Acepte, echándole un vistazo a la casa. Era oscuro, y bastante lúgubre. Parecía decorada como una de esas antiguas casa victorianas. Wanda entonces corrió escaleras arriba y Sharon y yo nos quedamos esperando a que volviera.

—Creí que Wanda y Pietro tampoco se llevaban bien con Tony —dije, echando un vistazo a la oscuridad, temiendo de que alguien estuviese acechando.

—Ambos le tienen bastante aprecio, por así decirlo, solo que no hablan mucho entre ellos.

Cuando Wanda volvió a bajar, me golpeo en el hombro con el libro. Un cuaderno de pasta gruesa, forrada en cuero café.

—Cuida de este diario, por favor.

Entre las sombras que empezaban a llenar el camino de regreso a la pradera. Sostuve el cuaderno, y quise empezar a leer lo que había en el escrito. Mire la primera página:

"Dia uno:

Encontré varias jeringas en el almacén, jeringas usadas. No les preste atención, Wanda dijo que hay chicos en la escuela que se inyectan heroína. Qué asco."

"Dia dos:

No estoy loca. Escuche voces viniendo del jardín, se lo dije a Wanda. Ella no me cree.

También hable con Tony, se veía tan lindo hoy. Él dijo que me ayudaría a estudiar para historia, me hace tanta ilusión. Podremos pasar la tarde a solas en mi casa, quizás al fin pueda decirle que me gusta."

Cerré el libro de golpe y aguante las ganas de tirarlo lejos. Seguí avanzando, hasta ver a lo lejos los muros de concreto de la pradera, y a un par de hombres forcejeando no muy lejos de la puerta. De modo que no podía avanzar y no pasaba al lado de ese par. Creí reconocer a uno de ellos y entonces me oculte tras de un árbol.

Pude ver que se trataba de Thor y el sujeto de gabardina con cabello negro. Parecían tener una gran discusión, y cuando creí que se iban a golpear. Fue Thor le agarro al otro sujeto entre sus manos y le estampo un beso tan agresivo que hasta yo quede un poco impactado. La mirada que ambos se dieron daba a entender que querían algo más que un beso. Pero yo no quería quedarme allí, necesitaba hablar con Tony. Pero estaba tan nervioso, que termine tropezándome con una piedra, llamando la atención de esos dos y yo quería cavar mi propia tumba.

—¿Steve? —dijo Thor.

Yo apure en levantarme y agarrar el diario.

—Con permiso —dije, bajando la mirada. Caminando lo más rápido que pude.

Abrí de un golpe la puerta de mi casa, y lo primero que me recibió fue la imagen de tony riendo a carcajadas con Friday lamiéndole la oreja, mientras mi tío preparaba la cena. Agarré a tony de la mano, quien a su vez aferró a Friday a su pecho y no la dejo caer. Cuando llegamos a mi cuarto cerré la puerta tras de mí.

Tony soltó a la cachorra sobre mi cama y sentándose en el suelo me miro extrañado.

—¿Me vas a decir que paso? —dijo alzando una ceja.

—Thor y… ¿Thor y el otro tipo?

—¿Quién? ¿Loki? ¿Qué paso con ellos?

—Los dos…

Tony abrió los ojos y empezó a reír con fuerza. Me senté a su lado y deje caer mi cabeza en su hombro. Con Friday mordiéndonos el cabello. Empecé a respirar más calmadamente y sentía que podía quedarme así para siempre. Me estire un poco para besar los castaños cabellos y oler un poco de ese característico aroma antes de abrir los ojos y volver a la realidad.