Un poco de realidad

Suigetsu hablaba con fluidez, seguramente al igual que ella había pasado horas ensayando el testimonio, aunque realmente no era muy difícil repetir todo lo que había sucedido, incluso desde el asalto a la farmacia. Pero no dijo nada de Jūgo. Ella tampoco lo haría, Tayuya se lo había advertido a los dos porque implicaba sacar a relucir algunos de sus movimientos. Simplemente decían que se acobardó y ya no supieron de él.

Sasuke permanecía silencioso, solo escuchando, ya ni siquiera se molestaba en renegar, solo miraba sus muñecas esposadas. A su lado estaba Orochimaru, nunca se olvidaría de él aunque pasasen cien años. No había cambiado en absoluto, sus ojos, sus manos delgadas, su lengua afilada y la sonrisa torcida que parecía guardar todos los secretos del universo. Era casi hipnótica la forma en la que se movía, en la que hablaba y hacía las preguntas tratando de conseguir que Suigetsu dudara.

El malestar no se había ido desde la mañana, no estaba segura de poder retener el almuerzo, así que se acercó a Yūgao.

—Me siento mal —dijo, y la oficial la acompañó a los servicios de mujeres.

Tal como lo sospechaba vomitó apenas estuvo frente al inodoro, no tardó, pero se sentía solo un poco mejor.

—Que horror y debo hablar frente a todos.

—Toma —dijo la mujer extendiéndole un paquete de pastillas de menta. Karin las aceptó, aunque primero se enjuagó la boca en el lavamanos. Se arregló un el cabello y regresó a la sala. Suigetsu ya terminaba, estaba bajando y la anunciaban a ella como el siguiente testigo.

Las cosas siguieron como debían, de acuerdo al plan que habían armado entre el abogado y Ebisu.

Aunque Karin miraba directamente a los ojos de Orochimaru, no se sintió intimidada, tan solo se preguntaba si se acordaría de ella. No era como si planeara usar eso en su contra, después de todos esos años, sería la palabra de un ilustre abogado profesional con una exitosa empresa propia de reubicación de adolescentes conflictivos, contra una chiquilla infractora, cómplice de robo y asesinato.

¿De verdad las había olvidado? ¿A Kin y a ella?

Su voz, sin embargo, le causaba que la piel se le erizara.

—Entonces, Karin-chan ¿Tú nunca tomaste el arma?

Escuchar su nombre en su voz, susurrante, maliciosa.

—No.

Siguió respondiendo con seguridad, sin apartar de sus pensamientos sus recuerdos de más niña, esos en los que no había reparado en tanto tiempo y solo ahora que tenía al hombre frente a ella, lo recordaba, su mano tapándole la boca…

Había sido más fácil ignorarlo y seguir con su vida, se suponía que no debía de importarle ya, porque después de él hubo otros hombres de los que sí recordaba sus besos, sus caricias, la expresión de sus rostros cuando llegaban la clímax. De él solo tenía en la memoria su mano, y la sangre entre las piernas a la mañana siguiente.

¿De verdad las había olvidado? ¿Cuántas niñas más había tocado?

Respondía automáticamente, sin error, y finalmente le dijeron que podía bajar. Tenía sueño, últimamente estaba demasiado cansada, Yūgao se acercó a ella rodeándola con un brazo.

—Ven conmigo.

Las dos salieron de la sala pasando al lado de Ibiki Morino que permanecía cruzado de brazos al fondo, recargado en la puerta, al verlas pasar solo inclinó la cabeza.

—¿A dónde vamos? ¿Y Ebisu?

—Él se tiene que quedar, pero nosotras tenemos que ir al hospital.

—¿Al hospital?

La mujer sonrió de medio lado abriéndole la puerta del auto. Ella subió del otro lado y dio marcha al motor saliendo de reversa apenas mirando el retrovisor, la radio estaba apagada y por eso Karin pudo escuchar el suspiro de la oficial.

—¿Hace cuanto tuviste el último periodo?

La pregunta fue abrupta y la joven no la entendió al momento.

—Periodo, regla, menstruación ¿Cuándo la tuviste la última vez?

—Yo… no sé…

—¿No sabes?

—La verdad ni me acordaba.

— ¿Cómo no te vas a acordar de eso?

—¡Me están acusando de matar a Itachi Uchiha!

Yūgao suspiró, en eso tenía razón.

—Vamos al hospital a que te hagan una revisión de ginecología.

Karin seguía sin entender lo que ella le decía, solo sabía que se sentía mal de nuevo, y que quería dormir.

Llegaron cinco minutos antes de que pasaran a la cita. La doctora parecía conocer muy bien a la oficial porque la saludo como se hace con los viejos amigos, presentó a Karin y le preguntó si quería pasar sola a lo que se negó, nunca la había revisado un ginecólogo, Kabuto no contaba aunque era un médico, porque solo se limitaba a regalarle preservativos por paquete y recetar antigripales.

—Muy bien, necesito que te cambies y te pongas la bata que está en el cambiador —dijo la médico una vez que terminó de hacerle las preguntas rutinarias, quedando en un aproximado su última fecha de periodo menstrual.

Yūgao se había quedado frente al escritorio, podía ver más o menos la camilla de exploración. A los pocos minutos, Karin salía con la bata, la enfermera que hacia de asistente tomo su peso y talla y le ayudo a subir a la camilla.

—Bien, iremos directo al punto —dijo la doctora encendiendo el equipo de ultrasonido.

Hubo un momento de silencio.

—¿De verdad no lo habías notado?

Karin suspiró, veía el monitor pero no encontraba la forma de las manchas blancas sobre el fondo negro. La oficial se puso de pie caminando a su lado, puso su mano en el hombro mirando a la joven, su gesto de incomprensión, de extrañeza.

—Karin — la llamó —. Estás embarazada —dijo apuntando a lo evidente, pero que nadie había dicho textualmente. La doctora miró a ambas, esperaba que gritara que era imposible, pero la pelirroja solo emitió un escueto "Ah".

—Fecha probable de nacimiento, tercera semana de abril.

Terminaron la consulta con una lista de recomendaciones, unos paquetes de vitaminas cortesía de la doctora y una cita en agenda para el mes siguiente. De regreso en el auto Yūgao se relamió los labios.

—Sasuke es el papá ¿Verdad?

Karin asintió, no creía que fuera de Mizuki, de haber sido de él ya hasta habría nacido.

—Esto va a ser problemático, tengo que decirle a Ebisu, aunque al menos el juez podría ser clemente contigo.

Fueron directo a la casa de Yūgao, la mujer se la había ofrecido como refugio cuando dictaminaron que no tenía que quedarse en prisión preventiva y Tayuya la había echado.

La casa era pequeña, de dos plantas con un jardín frontal que apenas dejaba espacio para el auto y algunas plantas en maceta. Adentro siempre estaba fresco, con la sala de mullidos sillones impecable, el comedor elegante flanqueado por el mueble de la vajilla. La cocina tenía dos puertas, había un medio baño abajo y arriba tres recamaras con un baño completo.

La había comprado junto con su novio, como últimos detalles previos a la boda, pero al tipo lo habían matado exactamente la noche antes de que llegaran al altar.

Karin pensaba que la vida era una perra que no distinguía a quién le hacía el mal.

—Ve a dormir, dice la doctora que es normal que tengas tanto sueño, tu anemia no ayuda con un embarazo.

Se recostó en la cama, era cómoda y por la ventana entraba el sol a través de las cortinas traslúcidas. Era como la imagen de la casa perfecta, la que debían de llenar de hijos hasta que se fueran a la universidad y regresaran con nietos. Pero ahora solo estaba una oficial de policía con tantas horas de trabajo que apenas estaba el tiempo suficiente para recordar que su casa tenía más que una habitación que usaba para dormir si es que no se quedaba dormida en la sala.

Era una buena mujer, quizás la aceptaría hasta que el bebé naciera ¿Y después?

No iba a poder terminar la escuela, tenía que buscar un trabajo que le permitiera cuidar de ella y de su bebé.

La pregunta sobre el futuro aparecía de nuevo después de haberse escondido detrás del jurado, dejándola creer que estaba a salvo en la casa de Yūgao y ahora aparecía de nuevo junto con un ingrediente adicional: un hijo.

Se incorporó con cuidado, no podía quedarse a dormir, iba a tener que regresar a suplicarle otra oportunidad a Teuchi Ichiraku, aún entre su cansancio, finalmente había entendido un poco de realidad.


Comentarios y aclaraciones:

Bueno, no se si podré publicar antes de fin de año, de cualquier forma, me adelantaré un poco por si no ¡Felices fiestas!

¡Gracias por leer!