Me quedé esperando detrás de la puerta, linterna en mano, hasta que Tony abrió y yo salí a caminar detrás de él. Evitó mírame y solo gruño antes de asentir levemente.
Ya estando cerca de la montaña. Tony alzó su linterna iluminando miserablemente el alrededor. El panorama era oscuro y ruin. La noche fría te arañaba los huesos con sus negras garras pero no parecía atemorizante, era una tentación para mí tener todo ese bosque para explorar con la luna mirando celosa.
—Steve, lee otra vez la parte del baúl —dijo Tony, entregándome el cuaderno.
Busque la página y leí en voz alta:
"Dia 8:
Me asegure de guardar las cosas de Gregory en el baúl. Mis padres hoy me miraban muy raro, pero al oír las voces que me gritaban que no les hiciera caso, me convencieron para salir y enterrar el baúl. Está enterrado entre las raíces de un viejo árbol, a cuatro metros de la carretera que lleva a la Pradera. La sombra de un hombre corpulento me siguió en todo el trayecto de regreso a casa. Cuando me quede en la puerta de mi casa creí haber visto a una niña sentada sobre una piedra pero al final no era nada."
Tony empezó a caminar, iluminando la hierba negra con su linterna. Yo le seguía de cerca, con una pala en mi espalda.
Mike no estaba, dijo que viajaría a Boston y se quedaría durante un tiempo. La señorita Spencer y Carter nos vigilaban en el dio, y en la noche Tony y yo salíamos en busca de pistas, con la condición de que regresaríamos a descansar antes del amanecer. Cuando pise la tierra blanda cerca del árbol dicho en el árbol volví a pisar con más fuerza. El eco de un cajón de madera bajo toda esa tierra nos hizo levantar la mirada sorprendidos. Agarré la pala y empecé a cavar mientras Tony iluminaba con su linterna.
—¿Qué crees que tenga dentro ese baúl? —pregunte, clave con fuerza la pala en la tierra y empecé a forcejear para levantar el pasto que se adhería al suelo.
—No lo sé, a partir del día 6 Scarlett dejo de escribir con coherencia. Quizás hasta este vacío ese baúl —dijo, entrecerrando los ojos.
Cuando al fin golpeé la madera con la pala, Tony dejo la linterna y se apresuró a ayudarme a sacar aquel cajón. Era pesado, la madera mohosa crujió cuando la sacamos, ensuciándonos en el proceso. Me había acomodado delante de la caja, mirando detenidamente la cerradura, ansioso por abrirla pero la mano de Tony me detuvo.
—Steve, ¿Qué tal si alguien nos está observando?
Yo lo mire y le di un vistazo a mí alrededor. Más allá de la luz de nuestras linternas la penumbra dibujaba sospechosas formas entre los helechos, así que asentí. Entre los dos cargamos con el baúl y salimos del bosque. Caminando por el sendero pedregoso que llevaba a la pradera, el frio me hizo encoger en un escalofrió, con la luna oculta entre nubes y lo grillos chirriando entre los arbustos, mire la cara de Tony que se fruncía en una mueca de desagrado y tuve que reprimir una carcajada.
Al llegar a casa, pisamos con cuidado la madera del porche para no despertar a la señorita Spencer. Apenas entramos a la casa de tony, dejamos el baúl en el suelo y nos tiramos encima del sofá que desprendió una fina capa de polvo al recibir nuestro peso. Ambos sudábamos, teníamos la ropa y la cara sucias, sin mencionar nuestras manos. Tony miraba fijamente el candado del baúl:
—Está muy oxidado, quizás un golpe baste para abrirlo —dijo.
—¿Lo abrimos ya? —sugerí, pero Tony negó con la cabeza.
—Mejor mañana, estoy cansado.
Ambos cargamos con el baúl una vez más y lo dejamos en el taller. Tony camino hacia el gran ventanal y se sentó en una esquina, con el gran ventanal a su espalda y la luz nocturna iluminando su silueta. Una ligera risa se escuchó en el umbral.
—¿De qué te ríes? —pregunté.
—Me imagine tu cara viendo a Thor y a Loki besándose…debí estar ahí—y volvió a reir.
Aunque con la oscuridad no podía detallar bien su rostro, me podía imaginar su expresión en aquel momento, y mascullé fastidiado.
—¿Qué crees que habrá pasado si no los hubieras interrumpido? —pregunto en tono sinuoso y yo me sonroje.
—Eso que importa, seguramente no hubiera pasado nada. —dije sentándome en el sofá. Aproveche para estirar los brazos y distraerme de la sensación bochornosa que me inundaba.
—Ay Stefan, eres tan inocente. —dijo en un ronroneo que me hizo sonrojar más.
Mi mente en aquel momento no podía pensar en nada más que en Tony y en la supuesta inocencia mía. Yo nunca he sido inocente ¡Por dios! Si supieran lo que a veces quisiera hacerle. Y aun a pesar de la oscuridad sentía el peso de sus ojos marrones sobre mí. Por algún motivo, sentí un hormigueo en la nuca.
Tony soltó a reír.
—Supuse que ibas a preguntar más sobre esos dos. —dijo, quedándose en su esquina oculto de mí.
—No. Es decir, jamás me los imagine juntos, así que no sé qué decir.
— ¿No te los imaginabas juntos? Pero si son como almas gemelas. Jajaja.
—¿Qué? —me puse de pie y camine de un lado a otro—. ¿Ósea que se conocían de antes? ¿Todo el mundo sabe que son…?
—Ay Stefan, ¿Por qué te sorprendes tanto? Nuestro caso no es tan distinto al de ellos.
—Sí, pero nosotros aun no…
Me detuve en medio del umbral. Inquieto.
—¿Steve? —preguntó, alzando la mirada. Al ver mi temor, se puso de pie y se acercó—. No me digas que asustaste imaginando a esos dos juntos…
Yo negué repetidas veces.
—No, no es eso…es que.
—Steve, ¿qué estás pensando?
Me quede callado, evitando su mirada. Aun sentía las mejillas calientes.
—Steve —dijo agarrándome las manos—, comprendo tus motivos para sentirte inseguro en ese asunto, pero nadie te esta presionando. Creo que eres tú el que está yendo demasiado rápido—negué con la cabeza queriendo explicarme mejor pero las palabras no salían de mi garganta. Él me apretó las manos—. Te quiero.
Quise decir algo pero la vergüenza me lo impedía.
—Tony.
Pude besarlo, apretando mis dedos a su espalda, respirando fuerte mientras las manos de Tony jugaban con mi cabello. Se había vuelto su costumbre, cada que nos besábamos el mi dejaba en paz mi cabello, pero nunca impedía que lo hiciera, secretamente amaba eso.
Caímos sobre el sofá y cuando nos separamos, vi sus ojos y me eche a temblar.
—A que es extraño, ¿verdad? Apuesto a que nunca te imaginaste que esto pasaría si llegabas a quedarte aquí en Vanmouth —dijo con una sonrisa felina.
Yo clavé la vista en el taller y después en Tony.
—Apestas —dije riendo el ver como su confiado semblante cambio a uno de total horror.
—¿Apesto? —dijo, apoyándose en mi pecho. Mirándome a los ojos—. ¿Qué quieres decir, mi querido Stefan? Tu olor a rosas me abruma.
Explote con una carcajada y Tony también empezó a reír. Estábamos ambos en el sofá, Tony sobre mí usándome como su almohada, y la poca luz dejándonos ver apenas lo necesario. Un agradable hormigueo me recorría los hombros y los brazos. Desee con todas mis fuerzas permanecer así siempre.
La calidez embriago mi corazón y pensé, si algún día cuando todo ese caos acabara: ¿Qué sería de nosotros?
Vanmouth había perdido brillo para mí, se volvió un lugar abrumador y gris; pero yo tenía mi ancla ahí, me estaba compartiendo algo de su calidez mientras respiraba pausadamente. Podrían presentarse problemas más grandes, pero tan solo pensar en nuestra vida después de aquella agonía; con Tony lejos de esa vacía casa y de las desapariciones. Ambos juntos, caminando por el Central Park o en el puente de Brooklyn viendo las luces de la nocturna Nueva York. Si, podía ser fuerte, enfrentarme a todos esos problemas. Puedo hacerlo por él, por su vida y sus sueños.
Al día siguiente desayunamos con la señorita Carter y la señorita Spencer. Los huevos con espinaca y champiñones eran deliciosos, pero Tony odiaba la espinaca y le costó un intento de berrinche para lograr que la señorita Spencer le preparara unos hotcakes con tocino. Durante gran parte de la comida Tony fue regañado por la señorita Carter por lo caprichoso e infantil que a veces se comportaba. Después ambos regresamos al taller y nos quedamos mirando el baúl.
—¿Listo? —pregunto, entregándome el martillo con el que yo rompería el candado. Asentí y agarre el martillo y pude romperlo de un solo golpe.
La curiosidad nos hizo abrir el baúl con lentitud. Pero tuve que volver a contemplar el interior aun sin creerme lo que estaba viendo. Me pase una mano por la cara, confundido y con la respiración agitada: el interior estaba repleto de fotos…pero no eran simples fotos.
Eran fotos de cuerpos.
Algunas de chicas amordazadas, otras de jóvenes atados a árboles. Había fotos de los rostros de chicos que después aparecían en otra foto, torturados y asustados.
Tony palideció.
—¿Pepper? —se acuclillo a mi lado y agarró una de las tantas fotos. Sus ojos se enrojecieron al ver la imagen de la niña atada a pies y manos al borde de un pozo. Tony temblaba sin control y soltó la foto, como si esta le quemara los dedos—. No, no, no. Pepper ¿Por qué?
Las lágrimas caían de sus ojos con tanta fluidez que me asuste. Tony apoyó los codos en las rodillas y ocultó el rostro entre sus manos. Me acerqué. Cuando abracé su cuerpo tembloroso, apenas podía soportar el ardor de mi corazón. Aunque sabía que debía ser fuerte por él, verlo en ese estado y no poder hacer nada me angustiaba profundamente.
Tony me abrazo y apoyó la cabeza en mi hombro. Sentí sus lágrimas humedecer mi camisa. Le acaricié el revuelto cabello castaño y bese su frente.
Lo prometí y en aquel momento lo reafirme. Hallaría al causante de todo esto.
Lo haría por él.
Tengo un aviso...el fic queda pausado.
Debido a problemas técnicos con mi computadora, además de asuntos externos que me impiden seguir editando y corrigiendo lo que tengo ya escrito para subirlos tranquilamente. He decido dejar el fic en pausa, por ahora, hasta que finalice mi época de exámenes.
No se preocupen, volveré a actualizar más rápido de lo que creen. Gracias por la comprensión.
