Un poco de dolor
—Karin-chan, por favor, descansa un rato — insistió Teuchi tomándola de las manos para obligarla a sentarse en una silla que había en la cocina.
La pelirroja levantó el rostro, tenía ojeras y había bajado mucho de peso, aún cuando debía de subir conforme avanzaban los meses. De su embarazo solo se veía el prominente vientre como una anomalía en la silueta de su cuerpo, por lo demás, se había convertido en una muchacha delgaducha y de aspecto enfermizo.
—Necesito el dinero, el bebé va a nacer…
—Por eso mismo, Karin-chan, deberías descansar, puedo darte la paga por adelantado.
—¡No! ¡No puedo aceptarlo así! ¡Yo…! ¡Yo quiero hacer las cosas bien!
Teuchi la miró condescendientemente, con amabilidad y calidez, como solo él podía hacerlo.
—A veces es necesario tropezar muy duro para entender que se está yendo por el camino equivocado. Pero eso no significa que debas vivir por siempre en castigo.
Karin bajo la mirada.
—De cualquier forma, no arriesgues tu salud.
Las fiestas de fin de año se avecinaban y con ellas, el restaurante estaba siempre lleno, eso significaba buenas propinas siempre que pudiera ser amable, aunque el vientre notable le daba puntos extra si los comensales eran matrimonios, por esa razón Nishi le dejaba esas mesas a propósito, mientras él se hacia a cargo de los grupos de negocios y comensales solitarios.
—Por favor, toma un descanso o te amarro a la silla, Karin-chan —dijo de nuevo Teuchi, tomándola por los hombros y conduciéndola hacia la pequeña sala de empleados.
—¡Matsu! ¡Tráele algo de comer a Karin-chan! —gritó a su asistente de cocina que llevó un plato con pollo y verduras cocidas, té helado y un tazón de sopa de huevo.
Karin agradeció, pero tenía asco, solo bebió el té porque estaba frío y se sentía acalorada.
Encendió el televisor, estaban las noticias anunciando la repetición del veredicto de la corte respecto al caso del hijo más pequeño del magnate de los negocios Fugaku Uchiha. Ella ya lo sabía, lo habían anunciado por la mañana y estuvo presente, fue cuando le dijeron que Suigetsu tenía que hacer dos años de "servicio comunitario", que era la forma políticamente correcta de decir que tenía que hacer trabajos forzados, inhumanos y sin paga. Ella, en teoría, debería de hacer lo mismo, pero como Yūgao había augurado, fueron clementes debido al embarazo, así que solo tenía que cumplir con reportarse a su oficial a cargo sin retrasos, y siendo que vivía con ella, la sentencia no suponía problemas.
Orochimaru hablaba moderadamente, sin soltar el hombro de Sasuke que miraba nada en particular, como si fuese solo un muñeco que necesitaba de apoyo. Aparentemente, Fugaku Uchiha había accedido a entregarle la custodia del menor de sus hijos en un burdo intento por ver si tenía arreglo, o bien, desentenderse del problema, como mejor se entendiera.
Nishi entro casi en puntas de pie a la habitación.
—¿Karin-chan?
La pelirroja levantó la vista.
—Te buscan afuera.
—¿A mí?
—Una mujer.
Karin se puso de pie no sin algo de trabajo. Tal vez sería Yūgao.
—En el privado ocho —dijo el muchacho.
Nishi siempre había sido cuidadoso sobre en dónde acomodar a los clientes, desde que Shisui visitaba a Ayame o reconocía que un cliente iba con otra mujer que no era su esposa, tenía la delicadeza de cuidar bien las apariencias de todos.
Entró al cubículo, pero al ver quién estaba ahí, su corazón se detuvo un instante, sintió que incluso el bebé se había agitado. Frente a ella estaba una mujer menuda, de largo cabello oscuro y costoso traje, aún más las joyas que llevaba.
No la había conocido en persona antes, pero sabía quién era porque había ido alguna vez durante las sesiones en el juzgado y el parecido con Sasuke era innegable.
—Karin, ¿verdad? —preguntó la mujer. La pelirroja asintió—. Yo soy Mikoto Uchiha, la madre de Sasuke-kun.
—Lo sé.
—Esto es difícil de decir, sobre todo con lo que ha pasado, ven siéntate.
—Estoy cansada de estar sentada ¿Qué necesita?
Había sido grosera intencionalmente, ella ya no quería nada que tuviera que ver con los Uchiha.
—Tengo entendido que el bebé es de Sasuke-kun.
Inconscientemente la pelirroja se llevo una mano sobre la creciente curva debajo de sus senos, pero no respondió.
—Solo vengo a decirte que yo me haré cargo de él, no tienes que preocuparte por eso, le proveeré de todo lo necesario y tú podrás retomar tu vida sin preocupaciones.
Karin sintió que su sangre hervía, esa mujer se sentía con el derecho de quitarle a su hijo ¡Y pensando que le hacía un favor!
—No es necesario, ya nos las arreglaremos solos.
—Claro que no, querida ¿Qué tonterías dices? Tienes dieciséis años, no vas a terminar la escuela y no tienes padres ni nadie que te ayude, estás sola ¿Qué vas a hacer? ¿Piensas que con un sueldo de camarera podrás cuidar de un niño?
Karin frunció el ceño.
—Pues aún con todo su dinero, su incompetencia como madre ya quedó demostrada.
No esperó respuesta, se giró sobre sus talones y dejó el apartado privado, estaba tentada a pedirle al viejo Teuchi que la dejara irse temprano, había perdido el humor, pero se arrepintió de hacerlo, solo faltaba una hora para que terminara el turno e iba contra su propósito de hacer jornadas completas y ser una buena empleada.
Yūgao la pasó a recoger a la hora acostumbrada, pero en lugar de preguntarle cómo había estado su día, como usualmente hacía, tenía el semblante serio y un incómodo silencio las acompañó una buena parte del camino.
—¿También habló contigo la señora Uchiha? —preguntó Karin aún con el dejo de fastidio que le había causado la visita.
—¿Mikoto Uchiha vino a verte?
—Quiere al bebé.
La mujer resopló.
—No sabía que lo quería, pensé que ya había tenido suficiente de hijos.
—Si el futuro que le depara es ser terrorista o asesino, ni con todo el dinero del mundo se lo dejaba.
—¿Dinero? Los Uchiha tienen todos los fondos congelados, no les queda mas de lo que tenían en la cartera el día que levantaron la orden de arresto contra Itachi.
—Más a mi favor. Pero si no era eso ¿Qué pasó?
Yūgao suspiró.
—Insistí en que no era recomendable dado tu estado, pero no hemos podido encontrar a Tayuya, desde su boda dejó la ciudad y todo parece indicar que no va a regresar.
—¡¿Su boda?! —preguntó Karin contrariada.
—Con un tipo gordo de peinado extraño, fue poco después de que quedaste a mi cargo, pero no importa. Tenemos que ir a identificar…— volvió a suspirar y tronó su cuello —. Creen que encontraron a Kin Tsuchi, y a otros chicos desaparecidos, en una fosa clandestina en el sur.
Karin sintió que iba a vomitar, pero su cuerpo perdió toda fuerza como para siquiera intentarlo.
—¿Qué? —susurró.
—Lo siento, pero eres la única persona que podría identificarla.
Llegaron al depósito media hora más tarde, después de que primero fueran a los servicios de mujeres porque la chica no resistió más las nauseas.
—Lo siento —se disculpó de nuevo Yūgao.
—Estoy bien.
Tomó aire, aunque este era rancio y con olor a muerte. El médico descubrió el cuerpo y el rostro pálido de Kin era inconfundible, con su largo cabello detrás de su espalda, alisado, limpio, pero maltratado. Pudo ver algunos moretones en su cuello, en los labios…
Era extraño verla de esa manera, era extraño que sus ojos se humedecieran por esa chica con la que siempre peleaba, con la que nunca pudo llevarse bien, y solo las unía un pasado en común.
—Estaba segura de que se había ido con Zaku…— susurró — ¿Estaba con él?
El médico le explico que aún había seis cuerpos que no habían identificado, Karin insistió en saber si él estaba ahí, si no, lo buscaría para arrancarle los ojos por abandonarla. Pero no hubo necesidad, era el tercer muchacho en la hilera de cuerpos.
Debieron salir porque empezó a sentirse mareada de nuevo. Yūgao la ayudó acercándola a la silla del pasillo, fuera de la tétrica habitación.
—¿Qué les pasó? Se supone que iba a una fiesta, que iba a ser "esa noche" con Zaku y terminaría la escuela…
—Uno de los muchachos tiene antecedentes por distribución de droga, pero aún no lo saben.
La lágrimas caían escandalosamente y su voz temblaba, apenas podía respirar.
¿Por qué sentía un poco de dolor por esa estúpida frígida?
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