Cap 16
Tras lo que parecieron horas, pero sabía que eran solo minutos, oí que la puerta se abría. Me asomé y vi que una Ford estaba estacionando cerca del jardín de la señorita Carter. Abandoné mi lugar junto a la ventana y atravesé la puerta.
Llegue a la sala, donde estaba Loki viendo las fotos. Durante un instante nadie se movió y el silencio congelo la sala, como una bruma espesa. Luego Tony se puso de pie y abrió la puerta. Thor saludo con una sonrisa cansina y se acercó a Loki, ambos seguían hablando en voz baja, mientras Tony corría escaleras arriba, yo lo seguí.
—Busquemos la bitácora de Robert antes de que oscurezca —dijo, y se alejó con tanta rapidez que tuve que apresurarme para alcanzarlo.
—Tony —dije por fin.
—No digas nada. No merece la pena. —se detuvo ante una puerta cerrada y saco una llave de su bolsillo.
—Dime qué sucede.
Tony soltó una maldición al empujar la puerta y ver que no abría, tuvo que intentar girando la llave al otro lado.
—Nada. Por ahora. —la cerradura hizo clic y Tony abrió la puerta. Inspire profundamente, pero el alivio se convirtió en angustia rápidamente.
—¿Loki dijo algo mientras no estaba?
—¿No lo oíste? —dijo soltando una mezcla de gruñido y carcajada—. Esto ya es un caso de asesinato, no me dejara continuar por mi cuenta, la policía va a venir, a inspeccionarlo todo. No podremos continuar.
—No —dije, apoyándome en el marco de la puerta—. No puedo aceptarlo… ¿Tony, tu…?
Tony se acercó a una de las tantas cajas que estaban apiladas y rompió el cartón con sus manos.
—Yo tampoco, Steve. Hace tiempo que he querido saber qué demonios está pasando, deje parte de esto en manos de otras personas, pero no pensé que a la más mínima señal de peligro alguien como Loki me hiciera a un lado. Ahora lo sé.
—¿Qué harás? —pregunté, detestando mi incapacidad para convencer a Tony de que tal vez debía hacerle caso a Loki, y debía alejarse por ahora. Las palabras de Sharon no me dejaban tranquilo.
—No lo sé —dijo, agarrando una grabadora del fondo de la caja—. Pero creo que he perdido tiempo.
Lo seguí a su cuarto y allí agarrando su morral guardo, la grabadora, el diario de Scarlett y un par de linternas.
—¿Tiempo?
Se pasó las manos por el pelo y se frotó las sienes.
—Vendrán a inspeccionar la casa, no solo la mía sino la de Robert también…por segunda vez. Perderé pistas que jamás recuperare.
—¿Tienes la llave? —dije. Me parecía una locura lo que estaba a punto de suceder y no lograba hallaba lógica a nada.
—Claro, el problema será salir mientras esos dos están en la sala.
Me rasqué la herida en el hombro e hice caso omiso a la tensión de mis músculos.
—¿Quieres que los distraiga?
—Si —dijo—. Solo por unos minutos, mientras fijo la manera de ir sin que nadie me vea.
Pegué la espalda a la puerta y suspire profundamente.
—Y después de eso… ¿qué? —pregunté, pero quise retractarme al ver el ceño fruncido de Tony
—Supongo que no podremos contarle nada de esto a los adultos…ya no —dijo Tony con la mirada fija en la mochila—. Bien, ¿Qué te parece?
—¿Eso de hacer las cosas clandestinamente?
—Bueno, no es como si no lo hubiésemos hecho antes —dijo, acercándose.
Me aferró la muñeca con fuerza sin dejar de sonreír.
—Prometo no tardarme demasiado.
—¿Recuerdas que dijiste que hablarías con Sharon y Wanda mañana? —evadí su mirada. Estaba demasiado cerca. Percibía el calor de su cuerpo y la temperatura del mío ascendía.
—Sí. —su rostro estaba a centímetros del mío. Olía a café y a sándalo.
—A lo mejor ellas deberían saber de las fotografías —dije, convencido de que estaba a punto de derretirme—. Piénsalo.
—Bien. —Tony se apartó y me soltó la muñeca —. Te veré luego, Stefan.
Me dirigí al baño y me lavé la cara con agua helada, aferrado al borde del lavamanos. Cuando el ataque de nervios cesó, regresé a la sala, deteniéndome con frecuencia para comprobar los sonidos que se oían además de mis pisadas. Me quede cerca de Thor que permanecía sentado en el sofá mirando las fotos una por una, de repente preguntó:
—¿Y Tony?
Apreté los dientes y maldije internamente.
—Está en el baño, no se siente bien—dije esperando que me creyeran a pesar de estar sudando en frio.
Loki soltó un gruñido y Thor le lanzó una mirada dura.
—Esto está afectando mucho a Tony, lo entendemos —dijo Thor—. Espero que puedas convencerlo que es mejor no involucrarse.
—Él no lo hará —dijo Loki.
—¡Loki! ¿Cómo puedes decir eso?
—Porque es verdad, y tú sabes cómo es ese mocoso. No podremos detenerlo, a lo mejor y logre resolverlo todo él solo, es un genio después de todo.
Mis ojos se llenaron de aparente intriga y me clavé los dedos en el antebrazo. Thor observó la marcas rojas en mi piel y con un movimiento de cabeza camino seguido por Loki rumbo a la cocina. Pensé que eso de distraerlos de pronto había sido demasiado facil y espere impaciente que Tony regresara de esa casa, si es que ya había encontrado la forma de salir sin ser visto.
Los minutos pasaron y yo empecé a contar las fotos sobre la mesa y las que aún estaban en el baúl, cuando me canse no recordaba hasta que numero había llegado. De repente y como era de esperarse en ese tipo de momentos las dudas atacaban mi mente.
Lo que había hecho hasta entonces, ¿valdría la pena? ¿Y si después de todo esto Tony y yo no seamos capaces de estar juntos? Simplemente porque los problemas y la angustia vivida nos malacostumbro lo suficiente como para no adaptarnos a una vida tranquila. Nada raro seria.
¿Sería esto el efecto del puente colgante?
Reconozco ahora que mi necesidad más grande es superar mi soledad. El fracaso absoluto en el logro de esa finalidad significa la locura, o al menos eso es lo que he visto, esas son las reacciones que tienen las personas frente al hecho de nunca encontrar a alguien que los soporte. El pánico a la soledad, solo demuestra un gran vacío emocional que por alguna razón lleva al retraimiento frente al mundo exterior. Reconozco esto, yo lo sufrí casi toda mi vida sin darme cuenta, acepte el hecho de que antes no encajaba en el estándar que buscaba alguna chica, y por ende me sentí abrumado. Preguntas como: ¿Estaré solo para siempre? ¿Nadie va a quererme? ¿Nadie va a amarme? Daban vueltas en mi cabeza todos los días.
La mayoría de la gente ni siquiera tiene conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, y por ende las relaciones se vuelven turbias y pesadas. No se conocen los suficiente, mucho menos conocerán a alguien más, entonces no existe razón para soportar un ser ajeno a mí, no me sirve de nada. Y cuando la relación se termina, están tristes al sentir que perdieron algo que no volverán a recuperar. Entonces, ¿qué es el amor?
Aprendí que nadie debe ser usado para que alguien más cumpla sus objetivos…pero y si yo estaba usando a Tony para abandonar la soledad que me agobiaba, y él a la vez me usaba para salir de su propio infierno. Entonces eso estaba bien, ¿verdad? Y si no ¿entonces que está bien?
—¡No me digas que las cosas mejorarán!
El grito desde la garganta de Loki me hizo saltar de mi lugar, escuche murmullos de la cocina y luego unas pisadas bajando las escaleras, y la cara de Tony asomándose por una esquina, pidiéndome que fuera con él.
—¿Problemas en el paraíso? —el susurro de Tony me hizo devolver la mirada hacia la puerta de la cocina, asentí.
Ya en el cuarto. Me escurrí contra el armario y me senté en el suelo con las piernas cruzadas. De pronto me sentía muy… ¿desesperanzado? Ya no sabía ni que creer.
—¿Steve?
Alcé la vista. Tony estaba a unos pasos de distancia.
—¿Te encuentras bien? —preguntó, pero sin aproximarse.
Sacudí la cabeza en silencio, seguro de que si hablaba me delataría, pero no era Tony con quien estaba enfadado, era conmigo mismo.
Se acuclilló a mi lado.
—¿La encontraste? —logré preguntar en tono normal.
—Pues claro, fue un poco difícil entre tanto desorden que tenía Robert en su escritorio, traje algunas otras cosas que pensé que nos podían servir.
—Genial. —traté de ponerme de pie; no veía la hora de irme a dormir, pero tropecé con la mochila de Tony.
Él me agarro del brazo, con los ojos fijos en mí.
—¿Qué te ha ocurrido, Steve?
—No quiero hablar de ello.
—¿Alguien te dijo algo?¿Te hicieron daño? —preguntó, aumentando la presión de su mano en mi brazo.
Le lance una mirada que logro asustarlo, solo un poco para que me soltara, pero sus ojos seguían fijos en mí. Me pasé la lengua por los labios y me deshice del leve sentimiento de culpa, aproveche que creyera que me sentía mal para lanzarme a besarlo con descaro. Tony exhaló sorprendido y correspondía a medias, sin saber acomodarse en mi abrazo, en ocasiones gruñía y trataba de empujarme. Cuando lo solté sus ojos me miraban con dureza.
—En serio, ¿qué tienes? Eso fue muy brusco.
No sabía que decirle. No estaba acostumbrado a mentirle, pero tampoco sabía cómo decirle la verdad.
—No te lo tomes a mal, Tony. Estoy cansado.
—¿Cansado? —sentí una oleada de calor cuando se cruzó de brazos.
—Sí, cansado—dije, apartándome de él, apoyándome contra el armario—. Ya está muy tarde, y no he dormido bien los últimos días.
—Da igual —dijo, agarrando su mochila y poniéndola encima de la cama. Yo lo seguí con la mirada.
—¿Da igual?
—Me estas ayudando, Steve. No tienes la necesidad pero aun así lo haces, pero estas afectado y en realidad no sé por qué dejo que te involucres en esto.
¿Ya no soy útil?, pensé; algo dentro de mí se estremeció con fuerza.
—¿Entonces por el hecho de verme afectado, ya me estas mandando al cuerno? —dije, Tony se giró mirándome con los ojos bien abiertos.
—¿Qué estás diciendo, Steve? Yo no…
Me gire y azoté la puerta con fuerza. Baje con rapidez por las escaleras, viendo que Loki y Thor seguían discutiendo en la cocina. Cuando salí de la casa me llevé la mano al cuello, donde mis venas palpitaban. No sabía que sentiría algo así, algo que me causara tanta irritación. Me estremecí y me mordí el labio, hace poco pude besar a Tony. Le sensación siempre dulce y suave, ahora era un poco agria. Camine hacia mi casa, esperando no arrepentirme y regresar corriendo a sus brazos.
Mi tío Mike no estaba en el pueblo, lo que significaba que el resto del día podría quedarme por ahí holgazaneando. Clave la mirada en el crepúsculo que coloreaba la tarde de Vanmouth, normalmente las nubes se tiñen de colores gracias a la luz del sol, pero en Vanmouth era diferente, el color se derretía por las lluvias y el calor, terminada todo fundido en las negras aguas de la costa.
Me tiré sobre mi cama y cerré los ojos con fuerza. Sorpresivamente me quede dormido.
Desperté a eso de las cinco de la mañana. El claro lleno de sombras, se empezaba a iluminar con la luz del nuevo día. Bostecé y estire mis brazos caminando hacia el balcón, el frio erizo mi piel pero yo sentía paz. Una Grand Cherokee gris estaba estacionada delante de la casa. Me pregunte por qué estaba aparcada ahí. Salí al pasillo y en el fondo vi la puerta entreabierta del cuarto de mi tío, sus ronquidos se escuchaban hasta el pasillo. Supuse entonces que él había llegado en la noche en esa camioneta. Me encogí de hombros y volví al balcón. Desde allí vi a Tony, vestía una gruesa chaqueta y unos jeans de mezclilla, el frio hacia que saliera vaho de su boca cada vez que respiraba. Estaba en el porche, luchando con cerrar la puerta de su casa, con la mochila en la espalda.
Naturalmente hubiese gritado su nombre, bajado las escaleras y salido a su encuentro. Pero por alguna razón sentía mucha carga al verlo ahí. Cuando se dio la vuelta y salió caminando nunca me pregunte hacia donde iba, una parte de mi fingía no importarle.
A la hora del almuerzo, mi mamá me llamo, luego hable con Bucky, todo era normal. Mi tío me dijo que el jardín necesitaba una deshierbada. Cuando los platos estuvieron limpios, yo salí hacia el jardín trasero. Miré por encima de los tomates para ver a un grupo de jóvenes doblando la esquina de mi casa. Me limpie el sudor de la frente y seguí con mi tarea en el jardín hasta que mi tío me llamo a la sala. Sharon estaba sentada ante la mesa de la cocina y se puso de pie cuando me acerqué.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté en un tono de voz bastante alto.
—Vine con los demás —dijo, echando un vistazo a las escaleras. Allí estaba Wanda, sosteniendo a su hermano Pietro que tenía el pie enyesado, ambos saludaron con un gesto de la mano. A su lado estaba Clint y Sam. Yo fruncí el ceño —. Salimos esta mañana a recoger a Pietro del hospital, después le preguntamos a tu tío que si podíamos quedarnos, él dijo que no había inconveniente.
—¿Por qué? —apoyé las manos en el respaldo de una silla—. ¿Por qué vinieron hasta acá?
—Debíamos hablar.
—¿Sobre qué?
Sharon volvió a mirar hacia las escaleras.
—¿Podemos subir a tu habitación?
Me mordí el labio, me sentía incómodo.
—Vale. Puede que este algo desordenada —dije—. Vayan subiendo, yo tengo que hablar con mi tío.
Me dispuse a salir al pasillo, y Sam sosteniéndome del hombro me retuvo.
—Stark está afuera con tu tío —dijo en un susurro.
Camine por el salón tratando de relajarme, pero me detuve al oír sus voces inquietas.
—El chico es muy impulsivo, aunque no lo parezca—dijo mi tío—. Preocuparse no tiene sentido, tiene fortaleza, sabrá qué decisión debe tomar.
—Quizá —contestó Tony—, pero, ¿a qué se deben los cambios? Resultará inesperado para…todos, no debí involucrarlo en esto.
—No es tu culpa, él sabía dónde se estaba metiendo. Si ahora quiere arrepentirse que lo haga, tú no lo obligaste a nada.
Al oír la palabra "nada" deje brotar un gruñido de mi garganta y ellos cesaron de hablar, cuando me vieron ambos se sobresaltaron.
—Hey, Steve, ¿terminaste con el jardín? —dijo mi tío, tratando de recuperar la compostura—. No te oímos llegar, ¿y tus amigos?
—Estaremos hablando en mi cuarto, ¿subes? —pregunté mirando al Tony, el asintió levemente con os ojos clavados en la madera.
—Bien —dijo mi tío con una sonrisa desacostumbrada—. Estaré en mi oficina, por si me necesitan.
—Mmm…Ok—dije, disponiéndome a volver a la cocina y deseando saber de qué habían estado hablando.
—Steve —el tono persuasivo de Tony me detuvo—, sobre lo de ayer…
—Mira, dejémoslo así. Nos están esperando.
Tony me lanzo una sonrisa irritada.
—Subamos —dije, indicando que me siguiera—. ¿Así que los trajiste para hablar?
—Sharon insistió.
Asentí con la cabeza y abrí la puerta de mi habitación.
—¡Dios mío! —grito Pietro, sentado en mi cama.
Tony soltó un silbido.
—Si aborreces tanto tu ropa, ¿por qué tienes tanta? La dejaste tirada en todas partes —dijo Clint, agarrando una de mis camisas tiradas.
—Denme un segundo—dije, juntando la ropa y arrojándola dentro del closet.
Tony también se agacho a recoger ropa, y me ayudo a acomodarla, empujándola más al interior del armario.
—Tú no eres así, ¿qué sucede? —aquel susurro llego hasta lo más profundo de mi, y decidí no darle atención.
Me fui a sentar al lado de Sharon, en el suelo cerca de la puerta corrediza que daba al balcón.
—¿Conseguiste algo, Stark? —preguntó Sam.
—Nada, solo una lista de sospechosos.
—¿Cuántos son? —preguntó Wanda.
—Unos seis, y uno por confirmar —dijo, y se encogió de hombros.
—¿La policía ha dicho algo? —preguntó Sharon.
—Más o menos —dijo en tono incómodo.
—¿Qué significa eso? —pregunté.
—Supone un problema para las autoridades que la responsable de ocultar las fotos se haya suicidado—dijo Sam, rascándose debajo de la nariz—, les faltan un montón de pistas que nosotros ya conseguimos. El diario de Scarlett supone una enorme ventaja, y eso que aún no se enteran de la bitácora. Ni de quien es quien de verdad vendía las drogas.
—Mi hermano era el único que vendía en esta zona —dijo Sharon, removiéndose intranquila.
—Al parecer no era así, tu hermano no la vendía la distribuía.
—Dicen que el vendedor real, jamás tocaba la droga. Incluso afirman que es amigo del Director—dijo Pietro, inclinándose hacia adelante.
—Entonces… ¿De quién estamos hablando? —pregunto Wanda.
Pasaron algunos segundos. Donde Tony no dejaba quietas las manos.
—Es el padre de Bruce.
