Cap 18
Durante un tiempo mantuve la mandíbula apretada, tanto que creí que me rompería los dientes. Tony no dijo nada, y traté de convencerme de que eso no tenía importancia, pero volví a dirigir la mirada a él e hice crujir los dientes con tanta violencia que el dolor se volvió agudo.
—Calma, Steve. No es para tanto —dijo sonriendo con maldad.
Pero no es que yo estuviese reaccionando exageradamente, ni sobreactuando. Es que no me entraba en la cabeza lo que estábamos haciendo, justo en los asientos traseros del auto. Tony se había quitado la camisa, sentado sobre mí, exhibiendo su piel y esa sonrisa sensual; parecía un enorme gato. Uno a punto de devorarme. Entreabrí los labios y aspiré la bruma. El sabor de la cafeína me llenó la boca. De pronto, lo único que deseaba era fundirme con Tony. No sabía a donde me llevarían sus caricias o sus besos. Sentía el calor vibrando en mi pecho.
—Te quiero, Steve —dijo, y me abrazó. Sus dedos recorrieron mis hombros y bajaron hasta mi abdomen, presionando y quemando mi piel, haciendo círculos.
La sensación de sentir su piel contra la mía se volvió abrumadora. La oscuridad nos ocultaba, ¿verdad? Nadie podía vernos. Trate de recuperar el aliento mientras Tony seguía pegado a mí, balanceándose a un ritmo insoportablemente lento. Cerré los ojos y paseé mis manos por su espalda desnuda; su piel era suave y tibia. Era maravilloso.
Cuando lamió mis labios, su lengua me hizo sentir latigazos de calor. Era como si mi cuerpo no me perteneciera, se había vuelto cálido y salvaje. Aunque nadie nos viera, no quería eso, no ahora. Alcé el mentón y sus labios rozaron los míos: era como si mi cuerpo estallara. Me estremecí y le mordí el labio con mucha suavidad. Tony soltó un gemido y me clavó los dedos en la espalda, besándome más profundamente.
Aún mantenía los ojos cerrados cuando se apartó.
—Tony, aquí no —llegue a decir, apenas con el último aliento.
Su suave risa y esa mirada, hicieron que me sonrojara:
—Pensé que querías —y enredó sus brazos alrededor de mi cuello—. Parecía que estabas de acuerdo.
—Jamás iría hasta el final en un lugar como este.
Dicho aquello, Tony se echó a reír, dándome besos cortos por toda la cara, logrando avergonzarme más.
—Lo entiendo, esta no es tu idea de un entorno romántico —dijo.
Hice presión con mis manos sobre su espalda y suspiré.
Tony seguía sobre mi regazo, con sus manos acariciando de vez en cuando mis cabellos. Desvié la mirada al ver su sonrisa disimulada.
—¿Te estas burlando de mí? —dije algo molesto.
—No. Estaba recordando la última vez que le di de comer a Friday—murmuró. Luego carraspeó—. Últimamente se la pasa buscando la manera de jugar con Sunny…
Tony se enderezó y dejó de abrazarme. Salió del auto para subir en el asiento del conductor y encender el motor. Cuando empezó a retroceder, fije la mirada en la vista panorámica de la ventana del coche. Regreso el auto a la casa de los Maximoff y nos despedimos. Clint se iba a quedar a ver una película con los gemelos. Wanda me miro y parecía decir: "¿Todo está bien?". Y yo no supe que responder.
Durante nuestro regreso a la pradera ninguno de los dos dijo nada.
Al día siguiente acorde con Sharon terminar la tarea del señor Erskine, aunque era obvio que ninguno de los dos íbamos a acercarnos tan siquiera a leer lo que había que hacer.
Sharon cerró el libro con violencia y lo arrojó al suelo, donde aterrizó con un ruido sordo. Era la quinta vez que lo hacía desde que me senté junto a ella, a las cuatro.
—¿Quieres pelearte ahora, o solo intentas descubrir cuantos libros puedes desencuadernar antes de que venga tu papá a regañarte?
Su única respuesta fue un tecleo en el portátil.
—Vamos Sharon, déjalo ya.
—¿De verdad no le contaste nada? A pesar de que te dije que te sinceraras con Tony—dijo, inclinándose hacia atrás en la silla—. Tampoco estoy defendiendo a Tony, hable con él y al parecer más terco que tú.
—No me digas.
—Los dos son unos idiotas.
—Las cosas no son así —dije y recogí los libros del suelo—. Tú no comprendes nuestra relación. Ambos somos orgullosos a nuestro modo, siempre nos estamos desafiando mutuamente.
—Claro —dijo. Apoyé la mano en el libro más próximo para que no pudiera volver a arrojarlo al suelo—. ¿Y en que consiste ese desafío? ¿En decir que es mejor separarse? ¡Por dios! Anthony cree que me involucro contigo.
—Eso ya lo hablare con él…
—Lo mismo dijiste la vez anterior.
—No tienes derecho a hacerte la ofendida, Sharon. No eres inocente: desafiabas a Tony con respecto a mí y lo sabes. Por eso no quiso escucharte.
Sharon frunció el ceño y se centró en su computador.
—Procuré explicarte como son las cosas —dijo, pasándose la mano por el pelo—. Ser tan obstinado te dará problemas.
—Te equivocas—dije en tono brusco— con respecto a dos cosas. La primera: no sé cómo son las cosas en realidad, empezando por que todo el mundo me cuenta la verdad a medias —casi vuelvo a arrojar los libros al suelo—. La segunda: creo que esto debe parar.
Los ojos abiertos de Sharon me aterraron.
—¿Parar? ¿Qué ya no busquemos más? ¿Qué ignoremos lo que ocurre y finjamos ser adolescentes normales? Agradece que Stark no te esté escuchando.
—Entonces me vas a ayudar y me vas a decir lo que significa este símbolo, ahora—saque la libreta de mi morral y la deje abierta donde iba el dibujo. Sharon se apartó de la mesa, abrió la boca para protestar, pero acabó por encogerse de hombros.
—De acuerdo. Pero vas a mantener todo este asunto con discreción y cuando salgas de esta casa iras a hablar con Tony, ¿entendido?
No dije nada, pero asentí con la cabeza.
—Pues…durante las primeras desapariciones. No, fue antes, como sea. Existe el rumor de que en ese bosque montañoso vive una bruja.
Mis labios se abrieron ante lo que dijo y deje escapar una carcajada confusa.
—Sharon no bromees…
—¡Hablo en serio! Cállate y escucha. Este pueblo es de la época donde quemaban mujeres en postes por considerarse aliadas al demonio y esas cosas. Incluso puedes ir al museo que hay aquí para comprobarlo. Ahora, lo que tienes ahí, esos tres seis en espiral: era un símbolo que usaban las comunidades paganas, no sé para qué. Lo del rumor de la bruja no creo que sea verdad pero existen cosas muy sospechas sobre ese diario que deberías manejar con más cuidado, además de ese símbolo.
—¿Y qué hay del proverbio?
—Solo sé que es un mandamiento del satanismo… "Representa la indulgencia en lugar de la abstinencia", es claro que se refiere a la liberta que te da venerar a Luzbel—dijo, y señalo el libro de historia medieval y se lo pasé.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo y dejé de hablar.
—En la escuela también existieron muchos rumores: como de que el director era quien vendía las drogas o que Mike era el responsable de la desaparición de una maestra de primaria. —murmuró Sharon y le lancé una mirada furiosa.
—Mi tío no es el responsable de nada, apenas lleva dos años viviendo aquí.
—Pero, me dijiste que este era su pueblo natal, ¿no?
—Sí, pero él jamás haría algo así —contesté.
—No estoy diciendo que Mike tenga algo que ver; son solo cosas que dice la gente. Quizás hasta deberías preguntarle —y de pronto la duda surgió de sus ojos—. Como sea, lo del director dicen que si es verdad, pero no sé…
—Explícate —dije.
—Eh…supuestamente tiene una base de datos, todas sus transacciones están registradas. En algún momento Rumlow me dijo que tenía más que solo transacciones ahí. Pero no estoy segura. —dijo con voz fría.
—No comprendo —dije, jugueteando con un lapicero—. ¿Dónde está esa base de datos?
—No sé —contestó—. Solo sé que existe, muchos estudiantes lo aseguran. Ahora, vas a ayudarme con el ensayo, ¿sí o no?
Cuando se hizo el crepúsculo me estremecí, agotado. Remonte la ladera oriental de regreso a casa. Percibía el viento helado. Sabía a dónde me dirigía y no me detuve hasta llegar ahí.
Tony estaba allí, esperándome en silencio, sentado en las escaleras de su porche, y mi sorpresa fue menor de lo esperado. Lo observé durante varios minutos desde mi posición más elevada y reflexioné sobre mis opciones, me senté a su lado. Tony parpadeó, estiro la mano y al comprender lo que quería hacer me aparté, chasqueando la lengua. Tony retrocedió.
—Ya deja eso, —dije, señalándolo con un dedo acusador— pareces tener una fijación con mi cabello.
—Lo siento. —se veía enfadado, pero después rio—. Hola, Steve.
—Hola, Tony.
