Inspirado en una historia original de MadLori.
UA ubicado en la "X Temporada" de la serie de televisión norteamericana Mentes Criminales" (fiel al canon hasta el episodio "The foreverpeople" en adelante, se inicia un Universo Alternativo que podrá o no incluir escenas/fragmentos/referencias de los episodios siguientes).
.:*DECLARACION*:.
Con esta publicación no se pretenden infringir derechos de autor, tanto de los personajes/argumentos propios del Show de Televisión, o del argumento en el cual se ha inspirado el relato. El crédito va para quienes corresponde.
No se persiguen tampoco los fines de lucro
EDITADO Y CORREGIDO EL 24/01/2017
Te amo como se aman ciertas cosas oscuras:
Secretamente, entre la sombra y el alma.
(Pablo Neruda)
CAPITULO II
.:*Primer despertar*:.
Viernes por la noche.
Habían programado una noche de pasta en la mansión Rossi, una cena exclusiva para los miembros del equipo. La acordaron pocas semanas atrás, luego del caso con el culto que congelaba y descongelaba a sus miembros –y que le trajo aquellos recuerdos terribles acerca de su secuestro- pero antes del caso en Seattle -y el incidente con "el clon" de Maeve, que la llevó al descubrimiento del tatuaje en el pecho de Reid-
Se suponía que sería una noche divertida, una válvula de escape a la tensión residual de sus interminables horas de trabajo y la insoportable exposición a lo peor del mundo. Bueno, si se ponía sincera: Ella creía que Dave, muy en el fondo, lo que quería era ayudarla… Especialmente a ella… Su matrimonio no estaba muy bien por aquellos días: Entre un secreto necesario y otro involuntario, la presión del oficio y las pocas horas en el hogar… Las cosas se habían complicado y hecho crisis…
Rossi, que era un veterano en la materia, sabía cuándo convenía poner en pausa el drama para enfocarse en las cosas buenas de la vida… … Se encargaría de ofrecerles la mejor comida y una insuperable selección de vinos (o escocés, según los gustos)… Del karaoke se haría cargo Penélope… Morgan y Kate se autoproclamaron los reyes de la fiesta y pasarían la velada intentando mantener al grupo lo suficientemente animado como para olvidar a los monstruos que perseguían.
… …
Salió de su habitación con un atuendo casual (era ahora su habitación, no el dormitorio que meses atrás compartió con su esposo… Era sólo suyo, desde que Will se había cambiado al de "invitados" y el proceso de separación se había iniciado en el juzgado).
El cabello dorado, perfectamente peinado, un vestido negro que se ajustaba como un guante por todas sus curvas, y un pequeño bolso en la mano. Miró a su futuro exmarido desde el corredor. Parecía perdido en la imagen que mostraba el canal deportivo… O quizá sólo ignoraba su presencia… Como quiera que fuera, el daño a su relación estaba hecho, cada decisión que surgía entre ellos únicamente los lograba separar más y más, progresiva e irremediablemente. "Nos vemos ahora" alzó la voz antes de caminar hacia la puerta, recibiendo solo un murmullo incomprensible a manera de respuesta.
Salió a la calle sin mirar atrás, sintiendo un hueco en el estómago y un vacío impreciso.
… …
Llevaba rato conduciendo cuando se resolvió a llamar a Penélope. Le avisó que no los acompañaría en la fiesta, sin detenerse a examinar sus razones -y muy a pesar de las protestas de su buena amiga-.
Era cierto, no tenía planes alternativos ni verdaderos motivos para faltar a la cita, pero tampoco lograba ver como una noche en la Mansión Rossi podría aliviar su contrariado estado de ánimo. "Lo siento, amigos… Sé que ninguno entiende, pero la casa de Dave me trae pésimos recuerdos… Fue allí donde me casé con Will" susurró para sí misma. "Quizá deba pasar lo noche en casa…" pensó en voz alta, dispuesta a dar la vuelta en el próximo desvío de la autopista, pero otro pensamiento vino a su mente… "ir a casa… ¿a qué?, mi hogar se está desmoronando… Y lo último que quiero es estar sola… La vida tiene sentido si la compartes con alguien más" suspiró antes de enfocar su atención en el sitio a donde había conducido de forma involuntaria.
"El amor es nuestro verdadero destino. No encontramos el sentido de la vida solos, lo encontramos junto a alguien más"
"Tal vez ya no esté en su departamento, quizá se fue con los otros a que Dave"… Razonó para sí misma, durante el corto trayecto de las escaleras
De todas formas llamó a la puerta.
Cuando él abrió, la expresión de sus ojos era confusa. "¡¿JJ?!" dijo y giró su muñeca para mirar su reloj "… ¿No se supone que debes estar en la casa de Rossi?"
"… ¿Y qué hay de ti?…"
"¡¿Te enviaron a buscarme?!" le soltó casi alarmado. No tenía en los ojos ni un atisbo de esa mirada vulnerable que solía poner cuando era tomado con la guardia baja, pero sí parecía estar genuinamente desconcertado
En respuesta, ella negó con la cabeza. Dio un paso en retroceso, repentinamente inquieta por su tono y por el atrevimiento de haber invadido su espacio, sin previo aviso. También se dio cuenta que él llevaba la misma ropa que usó durante el día, en la oficina, a excepción de sus zapatos y la corbata, que ya no estaban ahí, era evidente que no pensaba ir a ningún lado. "No Spence, no vine a eso… Supongo que no quieres ir"
Él desvió la mirada y asintió. "Estoy cansado. No tengo ganas de reunirme con nadie…" levantó un poco la vista y se consiguió con la mirada de JJ
No había artificio en sus ojos castaños, ella sabía que le decía la verdad.
"Lo siento… Será mejor que regrese… A casa" murmuró vacilante, a fin de cuentas él le estaba dejando bastante en claro que no quería compañía
Y tampoco la había invitado a pasar.
JJ metió las manos en los bolsillos del abrigo que llevaba por encima de su vestido, se encogió de hombros le dio una sonrisa apretada, giró sus tacones y empezó a andar en dirección de las escaleras.
… …
Él se dio cuenta del cambio repentino en ella y se lo atribuyó -con increíble rapidez- a su muy notable falta de tacto.
Tal vez Spencer Reid no era el mejor para leer ciertas sutilezas o una insinuación -por abierta que fuera-, carecía de un montón de habilidades sociales, pero, al mismo tiempo, era experto en el arte de la lectura del lenguaje corporal… Muy especialmente, de las tenues variaciones en la postura -y microexpresiones- de la mujer frente a él.
"¡JJ!… ¡Espera!" cruzó el umbral de la puerta hacia el corredor, la tomó del brazo para detenerla. "Si ya no vas donde Dave, ¿te gustaría quedarte un rato aquí, conmigo?… No acostumbro a recibir visita y no hay mucho para invitarte, pero tengo guardada una botella de vino que Emily me envió como regalo de navidad… Si quieres, podemos abrirla y hablar…" ofreció. Un pliegue se formó en su frente mientras esperaba a que ella decidiera
Se quedó un paso por detrás cuando Jennifer se volvió hacia su puerta.
… … …
Durante un largo rato nadie dijo nada.
Reid estaba de pie, recostado al librero, jugueteaba con el líquido rojo contenido en la copa que tenía entre sus manos. Alternativamente cambiaba sus ojos entre el vino y JJ. La había venido observando desde que se sentó en el sofá y consumió de un trago la primera copa que le sirvió… Con la segunda, pareció calmarse, sólo había probado un par de sorbos.
Se confinó a sí mismo en el rincón en el que estaba, desde donde podía verla, mientras los separaba una saludable distancia
Ella parecía debatir internamente, consigo misma.
Finalmente se aclaró la garganta. "Jennifer" le dijo, su voz salió suave, pausada y normal. Sin prepotencia ni timidez. Ella alzó los ojos hacia él, con una expresión neutral. "Es en serio, Jennifer… ¿Pasa algo?... Si te ocurre algo me gustaría saberlo" pausa. "Sabes que puedes hablar conmigo, especialmente si piensas que puedo hacer algo por ti"
Estaba decididamente preocupado por su bienestar.
… …
Ella puso la copa en la mesa del café y se levantó del sofá. Con las palabras de él, sólo se había hecho más consciente de que estaba en un limbo. Su vida entera estaba en el borde, en un punto sin retorno.
Se tomó un tiempo más hasta que se sintió lista para hablar.
"No lo sé, Spencer… No sé qué me pasa…" Se encogió de hombros y le dio la espalda para mirar a la calle que podía verse a través de la ventana. "No me provocaba estar con los demás, ni tampoco seguir en casa… Quería estar con alguien, ¡por supuesto que sí!, pero no sabía exactamente quien… Comencé a conducir sin rumbo fijo, hasta que terminé aquí… Sabía que era probable que no estuvieras, aun así necesitaba asegurarme"
Si estaba sorprendido por lo que le decía: No lo demostró. Simplemente trató de ser comprensivo, en su eterno papel del buen amigo. "Creo que estás agotada y, eso es todo… Has estado luchando por sentirte en control… Y sé que no hay nada peor que una situación social para alguien que ha pasado lo que tú…" Reid observó el efecto de sus palabras en ella, creyó conveniente añadir algo más. "Bueno, todos hemos pasado por «algo» en nuestro trabajo… Me puedo relacionar"
De nuevo, JJ se quedó atascada en sus propios pensamientos. Lo miró de soslayo, en silencio, dándose cuenta que -de pronto- ante sus ojos emergía el mismo hombre completo que había descubierto en Reid, días atrás… Y de quien ahora quería leer en sus palabras: «Todos hemos pasado por algo en nuestro trabajo»… ¿A qué se refiere, exactamente?: ¿A la muerte de su novia?, ¿al Dilaudid?... ¿A mi secuestro y tortura por una célula de terroristas?… ¿O mi insostenible situación familiar?
¿Habría notado también que mi casa ya no es un hogar? Pensó JJ
Spencer se paseó un poco, sintiéndose repentinamente incómodo por el intenso escrutinio. Sin mirarla a la cara le dijo "los aniversarios tienen ese efecto, ambos lo sabemos… Cualquier cambio en el ambiente: Un olor, una imagen puede desencadenar todo en nuestras mentes…"
Mientras él seguía sermoneándola, ella seguía pensando… Tiene razón, el aniversario de mi secuestro me tiene descontrolada, al punto que me he arriesgado estúpidamente en el trabajo… No tengo que demostrarle a nadie que soy fuerte, tengo un hijo por el que debo cuidarme… No debí desafiar sola a ese sospechoso y menos ignorar las órdenes de esperar por refuerzos. Spence no es el único que ha llegado a tomar malas decisiones en estos días, tal vez me doy cuenta de lo que pasa con él porque no quiero mirarme al espejo y descubrir que nos parecemos mucho… Aunque solo sea en lo que estamos sintiendo
Sumergida en sus cavilaciones no se dio cuenta cuando Reid había dejado de hablar. Él la estaba mirando, en silencio.
… …
Un fugaz parpadeo de sus ojos azules le dejó saber que había regresado ahí. "Lo siento…" Murmuró él, desviando su vista hacia la trama del suelo de su departamento. "No quería aburrirte con mis divagaciones," había dejado su copa en alguna parte. Tenía las manos en los bolsillos y una expresión de desolación que JJ no había notado hasta ahora
Jennifer sacudió la cabeza y se movió en dirección de donde estaba parado. "No te disculpes, no me fastidias… Solo tengo tanto en mi cabeza…"
"¡Por supuesto que sí!", pensó él, "y quizá no estoy siendo la mejor compañía", se castigó interna e implacablemente
Ella caminó más cerca de él y le preguntó. "Spence… ¿Alguna vez has sentido como si perdiste el control de todo en tu vida?…" sin pensarlo, señaló a su pecho, sobre el lugar donde sabía que se encontraba aquel tatuaje, aquel recordatorio "¿has sentido que la vida ya no vale la pena?"
Spencer respiró hondo y asintió.
"¿Sabes?... Quizá lo que necesito es saber que aún estoy viva…" siguió hablando, con algo de urgencia en aquella voz a susurros. "Necesito creer que puedo seguir adelante… Como tú…" Lo acarició por encima de la camisa, "necesito una razón para vivir… ¿Podrías darme una razón para vivir?" Se detuvo frente a él, muy muy cerca, tocando su pecho… Su corazón
… …
Con la misma velocidad con la que procesa las páginas de un libro, Reid buscó en su mente una palabra cualquiera para calmar su angustia, revisó y clasificó las potenciales respuestas, pero ninguna le pareció correcta. Entonces, hizo lo que le nació, sin pensárselo más… Como si hubiese sido poseído, llegó hasta ella y reclamó sus labios para él.
No hablaron más por el resto de la noche. Terminaron desnudos en el salón, haciéndolo como si el fin del mundo estuviera peligrosamente cerca.
A las dos de la mañana, un texto de García la despertó: «¿Todo bien, melocotón dulce?», leyó mientras se incorporaba desde el suelo, abrió el mensaje y siguió leyendo. «El genio bebé tampoco apareció en la fiesta, pero eso no nos extrañó tanto como tu ausencia… ¡Llámame mañana!». JJ sonrió y vio en dirección del «genio-no-tan-bebe» en cuestión, quien seguía dormido, imperturbable y completamente desnudo. Su respiración relajada y sus facciones aniñadas contrastaban con el desempeño anterior.
Se quedó paralizada en la plena realización que ambos habían traspasado -a voluntad- el límite de su amistad… Y el peor sentimiento era que no tenía ningún remordimiento.
Se mordió los labios al pensar que sus besos sabían mejor que el vino, y la piel se erizó con el recuerdo reciente de lo que habían hecho.
Eso le revivió las ganas por él.
… …
Ella le acarició el cabello, despejándole el rostro.
Spencer se removió un poco y abrió los ojos lentamente. Le devolvió la mirada profunda. Un diálogo mudo ocurriendo entre los dos. Puso su mano sobre la de ella y le dio un ligero apretón. JJ reaccionó con un intento de sonrisa. Entonces, la había empujado debajo de su cuerpo, moviéndose con pasión entre sus piernas.
El silencio, mientras volvía a tenerla, era como un requisito… No había palabras, sólo gemidos… La erotizaba su hambre y su vigor, era algo que no esperaba de él… Pero allí estaba: Tan familiar y tan extraño…
Había llegado ahí sin saber exactamente por qué y habían terminado en esto…
Se sentía viva…
Un tiempo después, cuando Reid volvió a quedarse dormido, se puso de pie, apiló su ropa y se dirigió al baño por una ducha rápida. Salió perfectamente vestida. Cogió la sábana que estaba en la cama de la habitación principal y la lanzó sobre el hombre dormido en el piso de la sala.
No quería que despertara por la falta del calor de su piel desnuda contra la de él.
Le dio un beso en el hombro y caminó a regañadientes en dirección de la puerta.
Condujo a casa.
La mañana siguiente, Jennifer se paró frente al espejo para inspeccionar su cuerpo en busca de marcas. Sólo tenía una pequeña mordida, cerca de la aureola de su pecho.
Le suspiró al recuerdo y se sintió estremecer.
Tomó su teléfono y deslizó un dedo por encima de los contactos, seleccionó su nombre y le escribió. "¿Cuándo te veo de nuevo?"
El mensaje de respuesta llegó velozmente: "El lunes, a las 9.30"
Ella sacudió la cabeza, entre divertida y confusa. Caminó hacia la puerta y salió de su habitación para iniciar el día.
Efectivamente, dos días después, a las nueve treinta de la mañana del lunes vio a Reid entrar por la puerta de la unidad, en dirección a su escritorio. Él sonrió y la saludó con normalidad, como si no la hubiese hecho suya un par de días antes. Entonces, ella decidió actuar con la misma naturalidad, como si entre ellos hubiera pasado absolutamente nada.
A medida que avanzaba el día, notó un par de miradas sostenidas que venían en dirección del escritorio de él y empezó a preguntarse si lo que había pasado entre los dos volvería a repetirse.
A ratos preferiría haberlo alucinado.
… …
Su última visita al baño la había confrontado con Penélope, quien le preguntó sobre su estado de ánimo y la situación con Will. También le pidió alguna conjetura acerca de la razón de la ausencia de Reid en la reunión de Dave…
Con respecto a lo primero, siguió negando el problema en el hogar, aunque ya le parecía que era obvio para todos. En lo que valía por Reid, tampoco supo qué decir y terminó sugiriendo "¿por qué no le preguntas a él?"
Al final del día, acabó por darse cuenta que lo que había pasado con ellos la noche del viernes, cambiaba su relación para siempre: No sólo porque habían roto los límites de mejores amigos, sino porque había descubierto algo más: Tenía deseos de volver a estar con él… Se le aceleraba el pulso cada vez que se enfrentaba a sus ojos… Y, a juzgar por la forma en que la miraba, a él podría estar pasándole lo mismo…
Nada de eso podía terminar bien.
"Fue sólo sexo… A causa del momento", pensó… "Ambos estábamos mal… Él no me mira ya de esa manera… Su flechazo por mí se acabó con el juego de los RedSkin… Y yo nunca lo he querido más que como un amigo" la excusa sonaba falsa, incluso para ella misma
Absurdamente pensaba que, de darse el caso, ella podía defender su causa frente a él, y pedirle que pretendieran que no había pasado nada… Al fin y al cabo, él ya le había dado a entender eso cuando desvió su necesidad de verlo a su encuentro en el sitio de trabajo…
«La inflexible racionalidad del genio» pensó
Pero en plan sincero… No podía sostener el autoengaño… Esa noche se había sentido tan, tan… Como hacía tanto tiempo no se sentía.
Y había descubierto que debajo de la piel de él habitaba un hombre que la hacía temblar con tan solo tocarla... Con solo mirarla...
Con solo pensarlo
... Y que la hizo sentir viva de nuevo... La hizo sentir mujer, su mujer
