Una chica común

Karin se pasó una mano por el cabello con el mismo resultado que había tenido toda la vida; simplemente los mechones regresaban al frente. Bufó por la molestia del calor y la total incomodidad del sitio en que se encontraba con las escrutadoras miradas de un par de personas que realmente deseaba de corazón, las arrollara un conductor ebrio.

Sintió la mano de Suigetsu sujetándola con fuerza. No estaba segura de querer que estuviera ahí, al igual que ella, para él había sido muy difícil apartar sus pensamientos de todo lo que había sucedido en torno a los Uchiha, no solo no quería pensar en ellos, tampoco deseaba verlos. Sin embargo, se rehusó a que fuera sola después de que recibiera una llamada por parte de Ebisu, quien había pasado meses tratando de localizarla.

Giró la vista como todos los presentes al escuchar la puerta abrirse y cómo a más de uno, se le fue la respiración por algunos segundos al ver de quién se trataba.

Enfundado en una camisa blanca impecable, pantalón de vestir negro, con corbata aflojada más que por descuido, por voluntad propia, y el saco en mano, el recién llegado pasó derecho a la habitación del fondo donde entró sin llamar ignorando absolutamente a todos.

La habitación era como cualquier otra de hospital aunque resultaba ser privada y no compartida, amplia y bien iluminada, privilegio para los pacientes que podían pagarlo.

—¿Querías verme? —preguntó sin acercarse más tras haber cerrado la puerta a su espalda.

—Ven aquí, Sasu-chan.

—No me llames así.

Él permaneció en su sitio mirando con poca atención la delgada figura de su madre recostada sobre la cama.

—Quería… quiero que conozcas a alguien.

La delgada mano de la mujer se estiró hasta alcanzar otra que pronto le dio el encuentro. Guiado por el brazo, Sasuke miró a esa otra persona frunciendo el ceño, ese cabello y esos ojos los había visto en otro lado, o en otra persona siendo más concreto. Soltó un bufido girando sobre sus talones ya sabiendo de lo que iba la situación.

—No me interesa —le dijo aferrándose de la perilla de la puerta.

—Sasuke, por favor —suplicó la mujer —, es tu hijo.

— ¿De cuándo acá es razón suficiente para hacerme cargo de él? —giró la vista sobre su hombro.

Mikoto sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, esa mirada era tan parecida a la de Fugaku, y sintió miedo de ese hombre que había sido su hijo.

—Sasu… Sasuke solo escúchame.

Sasuke accedió, pero sin acercarse más.

—Yo realmente quise arreglar las cosas, nunca planee que… fui un fracaso como madre y los dos lo sabemos… Ve afuera por favor —agregó indicándole al niño pelirrojo que dejara la habitación. Él la obedeció sin decir más, pasando al lado del hombre, mirándolo con curiosidad por un momento.

Para cuando los dos quedaron solos, Sasuke se dignó a dar un par de pasos, pero mantenía los ojos cerrados y los brazos cruzados en espera de aquello tan urgente, que era importante hablar en ese preciso momento. Ella respiró profundo inclinando la cabeza para encontrarse con sus manos aferradas a las sábanas de la cama.

—Tal vez si otras fueran las circunstancias podríamos haber sido una familia… el apellido Uchiha a veces pesaba demasiado como para entender que en nuestra casa éramos parientes no compañeros de trabajo. Fugaku siempre pensó que educarlos de la manera en la que lo hicimos era la mejor… pero ya ves…

—No me digas lo obvio.

—Sé que fui demasiado cobarde como para hacer algo por mí misma y eso es lo que me pesa ahora, el haberme quedado callada, el dedicarme solo a mirar cómo cada una de las personas que quería se desbarataban en medio de todo el problema… en toda la porquería que habíamos estado creando desde hace años.

Él arqueó una ceja, era la primera vez que no la escuchaba hablar con tanta propiedad

—No sé si puedas perdonar todos los errores que cometí, dejar que te cargaran con más de lo que podías soportar a tu edad, el no haberme dado cuenta de las cosas no iban bien o… si lo vi, no hacer nada.

Esta vez fue ella la que cerró los ojos dejando correr un par de lágrimas que habían estado dándole escozor.

—Realmente lamento no haber sido de mucha ayuda…

Él desvió la mirada sin cambiar el semblante y lentamente fue acortando la distancia. Las canas cubrían en partes el liso y aún largo cabello negro. Tembloroso, pasó las manos sobre algunos mechones que cubrían el rostro demacrado, adentrando la mano para tomar su mentón y levantarle el rostro.

Siempre la había visto como una mujer alta y grande, aquella que cuando iban de compras terminaba llevándolo en brazos, la que iba a levantarlo para besar sus rodillas golpeadas.

Volvió a cerrar los ojos a medida que ella rodeaba su cuello con los delgados brazos debilitados por la enfermedad, inhalando el olor a vitaminas, una espantosa imagen que se alejaba de la mujer elegante y altiva, se resumida a una palabra: decadente.

Sus manos ya de adulto se posaron en los hombros de ella y recargó la cabeza en su pecho como cuando niño.

Mikoto no era en absoluto grande, era pequeña y frágil, desgastada por el tiempo y el mal trato. Pero nada podía devolverle los días en que le sonreía y con un pañuelo le limpiaba el rostro lleno de tierra por los pleitos con Naruto en la escuela.

Pensó que, si solo si pudieran devolverle a su madre, a su padre malhumorado que le explicara de manera breve cómo conseguir atarse las agujetas o Itachi, cuando le ayudaba con los problemas de matemáticas que le parecían tan imposibles… Solo entonces, quizás…

—Realmente me hubiera gustado decirle eso a Itachi-chan…

Sasuke se levantó de la forma más brusca que sus músculos tensados le permitieron, temblaba de manera casi incontrolable, sus ojos irradiaban tanta furia que era como ver el infierno en solo un parpadeo.

—¿Itachi? —preguntó con la voz apenas audible.

Retrocedió cuando su madre trató de abrazarle de nuevo.

—No, Sasu-chan… espera… no lo dije así…

—¡¿Itachi?! —repitió, esta vez más audible. Pronto, Sasuke había alcanzado la puerta, pero antes de salir regresó sobre sus pasos hasta encarar a la mujer poniendo su rostro al frente, muy cerca de ella.

—¿Quieres saber qué fue de tu hijo querido? ¡¿De tu pobre mártir?! ¡No lo maté! ¡No pude hacerlo! ¡El infeliz se largó con mi novia! ¡El desgraciado está vivo en algún lado con su puta familia feliz!

A Mikoto se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¡Lo sabía la madre de Sakura porque a ella si la dejaron conocer a sus nietos! ¡Se ven cada maldita Navidad!

Todo sentimiento desapareció del rostro de Sasuke, súbitamente el infierno se había vuelto hielo y se separó, mirando hacia abajo a la mujer con desprecio se hizo hacia atrás, comprendiendo algo. Sonrió de medio lado empezando a temblar más notoriamente, y pronto esa media sonrisa terminó en carcajada.

—¡Tu hijo favorito no se dignó en llamarte! ¡Y tú pensando solo en él! ¡En el muerto mientras el vivo se pudría con el enfermo de Orochimaru!

Mikoto lloraba incontenidamente.

—No Sasuke, no te dejé solo…

—¡¿Ahora la víctima eres tú?!

—¡No!

—¡Hasta Naruto me visitó más veces que tú!

—¡Tenia a Hideki! ¡No podía dejar que…!

El golpe en la puerta con el puño cerrado le interrumpió.

—Solo muere, madre, nunca has podido hacer algo bien —y enseguida dejó el lugar cerrando de nuevo.

El silencio en el exterior evidenciaba que la conversación había sido escuchada, pero eso importaba poco o nada, ni siquiera se inmutó ante los comentarios relacionados a su insensibilidad o sobre lo mucho que había cambiado con respecto a cuando tenía seis años.

¿Recién se daban cuenta?

Dejó el pasillo del hospital y sin dudarlo planeaba regresar a sus actividades rutinarias. En ese momento tenía la necesidad de continuar con la ardua labor de destrozar todo lo que quedaba de Uchiha Ad Worx, sacar cada uno de los contratos a la luz, todos ellos, todos los desvíos, las tergiversaciones ¡Todo!. Lo único que lamentaba era que su padre había sido lo suficientemente cobarde como para pegarse un tiro apenas salió a la luz el primer documento incriminatorio.

Con algo de suerte, el día que Itachi asomara la cabeza fuera de su madriguera, el peso de lo que había ayudado a crear lo aplastaría, a él y a su preciosa Sakura.

El sonido de unos tacones golpeando las baldosas detrás de él retumbó en el silencioso lugar. No se detuvo ni cuando ella le llamó un par de veces y no fue sino hasta que se plantó entre la puerta de su auto y él, que se dignó a mirarla.

—Sasuke —le dijo casi sin aliento. Él apenas notó las diferencias entre la mujer que tenía al frente y la que había conocido hacía años, además de la ropa que casi la hacía ver adulta y decente.

—¿Qué quieres, Karin?

—Yo… tenía tiempo que no te veía…

Sasuke chasqueó la lengua y la hizo a un lado. No tenía porqué perder el tiempo con más de esas tonterías, sin embargo, notó otra cosa que tampoco había cambiado: la obstinación de la pelirroja, de nuevo la tenía al frente obstruyendo su marcha.

—Sasuke, ¿de verdad no vas a tomar la custodia de Hideki-kun?

—No fastidies, tengo cosas más importantes que hacer.

Pero Karin no se movió ni un solo centímetro.

—Entonces yo tendré su custodia cuando Mikoto muera —afirmó levantando el rostro para encarar a Sasuke —. Así que quiero pedirte algo…

El moreno era demasiado alto en comparación a ella así que se agachó hasta dejar el rostro nariz con nariz.

— ¿Qué es? No esperes mucho de la pensión, mi sueldo no es la gran cosa, y tampoco tengo las intenciones de casarme contigo, solo serías un estorbo en mi objetivo…

—Itachi está muerto —dijo ella, desconociendo que él le había visto con vida y familia en Yukigakure tras una serie de pláticas con Kisame, pero Sasuke no se molestó en corregirle el error.

—Danzō murió al poco tiempo de que echaste abajo su plan de conquista empresarial… tu padre está muerto… El consejo del procurador de Konoha están en prisión ¿Quién queda en tu lista de venganzas? ¿Konoha completa?

—No me quites el tiempo, ni te metas en lo que no entiendes.

—¡¿Lo que no entiendo?! ¡Si te tomaras la molestia de…!

—¡Entiende esto, Karin! ¡No tengo porque soportar lastres como tú! —dijo él controlando su exaltación y volviendo a mostrar la seriedad que le caracterizaba.

—Toda la vida he estado solo, solo estoy bien…

—Has estado solo porque querías —interrumpió ella —, siempre hubo gente a tu alrededor — continuó con la voz agravada por la molestia —. Naruto, Sakura, Jūgo, Suigetsu… estaba yo… pero de cualquier forma lo que yo quiero pedirte, es que olvides todo lo que he hecho por ti, ni siquiera quiero tu estúpida pensión, métetela en el culo y olvídate de nosotros.

Karin estaba decidida, y la declaración consiguió que por fracciones de segundo él pareciera sorprendido.

—Haz lo que quieras.

Y con eso Sasuke la volvió a apartar, subió en su auto, puso en marcha el motor y se alejó por la calle.

La pelirroja bajó la mirada sintiendo que sus mejillas ardían ¿Realmente había terminado con Sasuke? Las piernas le fallaron un poco y sin importarle si la falda se subía de más, se sentó en el pavimento del estacionamiento.

—¿Todo bien? —preguntó un hombre moreno de hoscas facciones que hizo estremecer a Karin, era el capitán Ibiki Morino. Ella le miró aún consternada.

—¡Sasuke me obligó cuando solo era una indefensa niña a seguir sus órdenes! ¡Y al final se deshizo de mí como si fuera solo basura! —chilló ruidosamente mientras sacaba gruesas lágrimas.

El capitán estaba confundido.

—Karin, de eso han pasado como ocho o nueve años —dijo levantando un portabebés para acomodarlo en el auto. Entonces, Karin paró en seco su exagerado llanto mirando con el ceño fruncido al hombre.

—¿Y eso? —preguntó.

Ibiki bufó restándole importancia, luchando con los cinturones y seguros del auto que estaba a un lado de la chica.

—Es mi hija —dijo con simpleza consiguiendo que Karin se olvidara automáticamente de lo que acababa de acontecer con ella misma.

—¡Pero si usted está demasiado viejo para eso! —exclamó, Ibiki por su parte le dedicó una mirada asesina.

—Tengo cuarenta y tres, no estoy viejo.

—Da lo mismo, tener un hijo a esa edad es irresponsable y…

—Disculpa la tardanza, olvidé mi bolsa en la habitación —dijo una mujer de largos cabellos violetas. Karin solo abrió más la boca y los ojos sujetándose las gafas, la mujer era Yūgao Uzuki, y ella debía de tener al menos once años menos que él.

—¡¿Ella es tu esposa?! —preguntó a gritos sin levantarse del suelo.

Yūgao la saludo con una enorme sonrisa, después entró al auto porque el bebé había empezado a llorar. Ibiki se incorporó cerrando la puerta dejando a su mujer e hija dentro, miró a la pelirroja y movió la cabeza de un lado a otro.

—¿Dolió? —preguntó el capitán.

—¿Perdón?

—Que si te dolió cuando Sasuke se fue hace unos momentos.

Karin guardó silencio y bajó la mirada ¡Ya se le había olvidado! Fue más la impresión de ver al regio e intimidante hombre sujetando con cuidado a la hija que tuvo con una mujer que años lloró la muerte de quien estuvo a un día de ser su esposo.

—No tanto como pensé…

—Bueno, entonces, compra algo para cenar y ve a casa con ellos —dijo señalando detrás de ella —. Espero no verte pronto —terminó él a modo de despedida subiendo al auto. Yūgao, aún sonriente se despidió desde el interior.

A casa…

Rápidamente se incorporó sacudiendo la tierra de sus medias y falda y corrió hasta donde Suigetsu y Hideki la esperaban junto con un par maletas del niño, todo listo para ir a… a casa…

Y se sintió más ligera, Sasuke se había ido al fin, incluso de sus pesadilla, y ahora sí sentía que podía tener todo lo que una chica común podía desear.


Comentarios y aclaraciones:

¡Gracias por leer!

De verdad muchas gracias, esta historia termina en el siguiente capítulo, como un epílogo, porque cono han notado, las cosas ya caen en su lugar, sobre todo para esta chica a la que le he dado una historia bastante… dramática.