Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei animation, no hago esto con fines lucrativos
El personaje Amakusa, Ryu pertenece al anime "Escuela de detectives", y éste a sus respectivos creadores.
Las últimas vacaciones
Capítulo 1: Precipicio
El sábado por fin había llegado.
—¡Apártate, cuatro ojos! —reclamó Davis mientras empujaba a la anteojuda, frustrando su intento por subir a la camioneta.
—¿A quién crees que llamas así, baka? —se defendió la chica, comenzando a forcejear con él.
Ken veía la escena desde el interior, con resignación, pues todo había empezado porque los dos querían sentarse con él. Justo en ese momento Cody se subió, apoderándose del codiciado lugar que ambos disputaban.
—¡Hey! —gritaron a la vez.
—¿No crees que estos dos últimamente se pelean más de lo normal? —le preguntó Takeru a su castaña novia. Ambos se habían apartado de la pelea, ya que sabían que era lo mejor.
—Es verdad —estuvo de acuerdo Hikari—, pero dicen que los que se quieren se aporrean, ¿no?
Takeru la observó con curiosidad
—¿Acaso crees que en el fondo se quieren? —preguntó abriendo mucho los ojos.
Ambos se miraron unos segundos y entonces estallaron en carcajadas.
—¡Claro que no! —se dijeron mutuamente.
—¿Y ustedes de qué se ríen?, ¡suban de una vez! —los regañó Tai, que era el más ansioso por irse.
—Tu hermano me odia —dejó escapar T.k. en un suspiro, con un fingido tono de víctima.
Hikari se rió. Como siempre, a él le pareció la risa más fresca y cristalina que había oído en su vida. La castaña cubría parcialmente sus labios con la mano, como queriendo evitar largarse a reír.
—¿Pero qué cosas dices, Takeru?, te he dicho que él es así, no es nada personal. Además, le conoces.
—¡Ustedes dos!, ¡suban de una vez! —insistió el susodicho, desde su lugar, justo en el asiento que estaba detrás de Yamato, quien iba de copiloto.
—Ya vamos, onii-san —le respondió Kari, le hizo un gesto con la cabeza a su novio para que la siguiera y fue a subirse a camioneta.
Takeru tardó un poco más en reaccionar.
—¿No es nada personal?, pero si me trata así desde que somos novios. Ashh, no importa.
—¡Como no te apures, te dejo aquí, Takaishi! —le gritó Tai.
Kari le pidió que fuera de una vez, instándolo con su mano.
—Te he dicho que no trates así a T.k. —replicó Yamato, mirando a su mejor amigo por encima de la cabecera.
—¡Ash!, ¡apresúrate, Takaishi!, ¿por qué eres tan lento? —intervino Davis.
Suspiró. Por alguna extraña razón, amaba a sus amigos. A todos y cada uno de ellos.
—Ya voy —dijo, encaminándose finalmente a la camioneta y ocupando el sitio junto a Kari. Detrás de ellos estaban Joe e Izzy, Cody y Ken, y en la última fila de asientos, sentados lo más alejados posible, Yolei y Davis. Sora se sentaba junto a Tai en la primera fila de asientos detrás del conductor—. Hermano, por favor… no necesito que me defiendas —aclaró con una ligera sonrisa en el rostro.
Yamato volvió a acomodarse en el asiento.
—Esto no se trata de ti, es entre Tai, su bocota y yo —le explicó con tono resentido, Takeru sabía cuánto odiaba que le dijera que ya no era tan pequeño como para que anduviera defendiéndolo todo el tiempo.
—¿Nos vamos ya? —preguntó Hiroaki.
—Sí, papá. Ya estamos todos —le aseguró Matt.
—Un momento —dijo Joe.
—¡¿Y ahora qué?! —los que habían hablado al unísono fueron Taichi y Daisuke.
Hikari pensó por centésima vez que esos dos pasaban mucho tiempo juntos y corrían riesgo de mimetizarse si seguían así. Y eso que esa era sólo la cuenta de ese año, pero no había modo de apartar a Daisuke de su hermano, lo idolatraba en el sentido más extenso de la palabra.
—Sólo habemos once aquí —volvió a hablar el mayor.
—¿Y tu punto es? —ese era Yamato, haciendo uso de su tono desdeñoso.
—Que somos doce —se explicó el peliazul, rascándose la nuca.
—¡Es verdad! —gritó Yolei, consiguiendo que Davis se tapara los oídos.
—¡Demonios, Yolei!, ¿acaso no puedes hablar como una persona normal?
—Cállate, idiota —le respondió ella, volviendo a mirar a los demás para no prestarle más atención de la necesaria—. A mí también me pareció que faltaba alguien, falta Mimi.
—¡Eso es! —enfatizó Joe, moviendo las manos. Por fin alguien que lo entendía.
—Demonios, ¿y alguien sabe dónde rayos está? —preguntó Yamato.
Varios negaron con la cabeza.
—Quizás se quedó dormida —sugirió Hikari.
Matt le dirigió una mirada que la hizo sonrojar. Sus miradas solían ser demasiado intensas para ella. De un tiempo hasta la actualidad, esa situación se había repetido más veces de lo que consideraba normal.
—¡Yo dije que no la invitáramos! —reclamó Tai, obteniendo un golpe en el brazo por parte de la pelirroja y una mirada enfadada de su hermana.
—¡Hermano!, deja de decir eso.
—Ya no discutan, lo importante es saber si vendrá —se atrevió a hablar Izzy, para calmar los ánimos.
—Eso. Koushiro tiene razón. —apostilló Joe.
Justo cuando Tai se disponía a preguntar cómo harían eso y el pelirrojo hacía ademán de sacar su celular del bolsillo (todos se quejaban que era al único que la chica atendía), unos gritos estridentes se escucharon de algún lado. Yamato tuvo una terrible sensación de deja vu.
"Que no sea Jun" —pensó, horrorizado ante la sola idea.
La mayoría se asomó por la ventana más cercana, justo para ver a una desesperada Mimi correr desde el final de la calle. En una mano llevaba una maleta enorme de un rosa chillón y en la otra hacía malabares para sostener dos bolsos bastante grandes.
Estaba vestida entera de rosado con un traje especial para la nieve.
—¡Esperen!
Cuando logró llegar junto a la furgoneta, ante las miradas anonadadas de todos, respiró agitadamente unos segundos, intentando recuperar el aliento.
—No iban a irse sin mí, ¿verdad? —preguntó ofendida.
—Claro que… ¡auch!, ¿Sora, por qué me golpeas? —exigió saber Tai.
—¿Yo te golpeé?, no me di cuenta —respondió con voz inocente, más que fingida, cabe señalar— claro que no íbamos a irnos sin ti, Mimi; estábamos por llamarte, ¿verdad, Koushiro?
—Hai
—Que bien. Le dije a mi papá que no era tan tarde.
Taichi y Yamato intercambiaron una mirada de incredulidad, ¿qué no era tan tarde?, ¡habían quedado de juntarse casi hace una hora!, ¿qué problema tenía esa niñita?
—Sube de una vez — pidió Matt intentando sonar todo lo educado posible.
—Eso iba hacer, so tonto —le dijo Mimi, mirándolo con desprecio antes de subir y dirigirse al pequeño espacio que había entre Joe y Koushiro. Por algún motivo, ambos chicos se sonrojaron.
—¡Muy bien, hay que irse antes de que aparezca Jun! —anunció Tai alzando ambos brazos.
Por otro extraño motivo, Daisuke no replicó y enseguida el señor Ishida puso la camioneta en marcha.
Llegaron al terminal sin contratiempos y una vez que consiguieron que Miyako y Daisuke dejaran de pelear otra vez por sentarse junto a Ken, el viaje fue largo y tranquilo; bueno, dentro de lo tranquilo que podía ser dados los roces que existían en el grupo.
La chica había sido la ganadora y se le pasó hablando todo el camino, a pesar de las quejas de Davis, sentado tres filas más atrás, para que se callara. El peliazul a su lado, asentía la mayor parte del tiempo, a veces decía sí o no, e incluso en algunos momentos soltó algunas palabras, de cualquiera forma ella no parecía sentirse mal por ser la parte activa de la conversación. Una cosa semejante ocurría con Koushiro y Mimi.
—Davis, ¿quieres dejar en paz a Miyako por piedad? —le pidió Cody. Sí, era un chico muy tranquilo, pero después de media hora sentado a su lado, sentía que sus oídos estallarían si escuchaba una sola queja más.
—No te molestes, enano. Pero preferiría tener de compañero de asiento a una piedra que a ti, porque hasta una piedra es más entretenida que tú —replicó Motomiya, aparentemente ofendido.
Cody prefirió callar, no porque sus palabras le afectaran, claro. Ya conocía la lengua viperina de su amigo y lo tozudo que era, pedirle que se callara sólo empeoraría las cosas.
—¡Por fin llegamos! —Mimi fue la primera de los digielegidos en bajar del bus. Desde luego, se olvidó de sus maletas, las cuales Koushiro cargó con ayuda a Joe, que se acercó cuando el pelirrojo casi se tropieza por el exceso de peso que llevaba.
—¿Te ayudo? —Taichi y Yamato se miraron entre sí al darse cuenta de que ambos habían hablando al mismo tiempo, y no sólo eso, también habían extendido un brazo en dirección a las maletas de Sora.
La pelirroja los observó sin saber qué decir. Sus mejillas se tiñeron de rojo, pero por suerte ninguno de los dos lo notó, pues estaban teniendo una conversación de miradas.
Matt sonrió.
—Ahora que lo pienso, mejor voy a ayudar a T.k., tú puedes solo con las de Sora, ¿verdad?
—Sí —Tai le sonrió, pero en esa sonrisa había más que conformidad, había agradecimiento, y Matt supo notarlo.
Se alejó de ellos. Él y Sora habían terminado hace más de un año luego de una extensa relación que duró casi once meses. Desde entonces, esperaba que el tonto de Taichi se le declarara, era tan evidente lo que sentía, pero no, el castaño seguía aferrándose a su papel de mejor amigo.
"Tan cobarde para algunas cosas y tan temerario para otras"
Admitía que él tampoco era un casanova, por mucho que algunos se esforzaran en calificarlo de esa manera, pero Taichi se pasaba.
Si supiera que la pelirroja le correspondía, quizás actuaría de otro modo, pero así no tenía gracia. Bueno, tampoco era que Sora se lo hubiera dicho, o sea sí, no se lo había confesado, tanto así no, sin embargo, él pudo deducirlo solo. ¿Acaso Tai estaba ciego?
Vio a Hikari a pocos pasos batallando con sus maletas, ¿dónde estaba Takeru?
—¿Te ayudo? —se sintió como una máquina al repetir la pregunta que había hecho hace sólo un momento atrás.
La castaña alzó la mirada y se sonrojó. ¿Por qué se sonrojaba?, hace tiempo quería preguntárselo.
—Yamato-san, no-no es…necesario —tartamudeó, llevándose un mechón de cabello detrás de la oreja. Un gesto que a él le pareció inusitadamente coqueto.
Le sonrió y tomó uno de sus bolsos para echárselo al hombro, mientras llevaba el suyo propio en la otra mano. No iba volver a preguntarle, sabía por experiencia propia que la pequeña de los Yagami podía llegar a ser igual de tozuda que su hermano, y si él no era un experto en Taichi, entonces no existía persona en el planeta que lo fuera.
Se adelantó y la sintió ir tras él. Al poco rato se les unió Takeru, que le quitó la otra maleta a Kari.
—¿Acaso no te he dicho que el novio siempre tiene que hacer este tipo de cosas? – le preguntó en un susuro.
—Perdón, hermano. Estaba tratando de que Yolei y Davis no se mataran.
—Es verdad, ¿qué pasa con esos dos?
Takeru se encogió de hombros. No tenía la menor idea.
Por su parte, Taichi había intentado coger las dos maletas de Sora, pero en cuanto puso su mano sobre la segunda, la pelirroja forcejeó, haciéndolo levantar la cabeza, con expresión curiosa en el rostro.
—Soy chica, no una inútil Taichi. Puedo con ésta —le dijo con firmeza.
—Yo no…no quise, no lo hice porque piense que seas una inútil.
—Lo sé —asintió dedicándole una sonrisa que hizo que a su amigo se le subieran los colores al rostro —sólo te lo recordaba por si lo habías olvidado. ¿Qué haces parado como una estatua?, anda, vamos que el resto ya se nos adelantó —y una vez que pronunció la última palabra, se encaminó hacia la procesión que formaban sus amigos, rumbo a la cabaña que habían arrendado.
Taichi tardó un par de segundos en seguirla.
—Doscientos cinco, doscientos seis, doscientos siete, ésta es —anunció Joe, que era el que los encabeza. Por ser el mayor era quien la había arrendado, pero entre todos habían juntado el dinero.
La montaña Fuji tenía un sector turístico que era muy cotizado en las vacaciones, ninguno olvidaba lo que les costó conseguir un espacio entre las cincuenta cabañas con las que contaba.
El bus los había dejado a pocos metros de ella.
El superior se metió la mano al bolsillo de su abrigo, para sacar la llave que le habían entregado nada más bajar.
"Que raro, no hay nada"
Uno, dos, tres.
"¡¿No hay nada?!, pero si yo la eché en este bolsillo hace un momento, ¿o sería en el otro? De acuerdo, Joe, no entres en pánico"
Hurgueteó en su otro bolsillo, obteniendo el mismo resultado. Estaba vacío.
Se volteó hacia sus amigos, tan blanco como el papel, o incluso más, si era eso posible.
—¿Qué pasa, superior Joe?, ¿qué está esperando para abrir? —le preguntó Sora ante el extraño mutismo de los demás.
—¡No está la llave! —chilló desesperado. Al diablo con lo de no entrar en pánico.
El instinto de líder que Tai poseía despertó con ese grito.
—¿Cómo que no está la llave?, ¿dónde la pusiste?, sabía que yo debía hacerme cargo.
Joe comenzó a revisarse por completo, en un toqueteo que a algunos los habría hecho estallar en carcajadas si no fuese por la situación en la que estaban. ¿Dónde demonios dormirían?
—No hay caso, no está en ningún lado —declaró Joe, habiendo incluso desarmado sus maletas, cuando las probabilidades de que la llave estuviese ahí eran nulas.
—Podemos pedir otra al encargado, ¿no? —preguntó Cody. Al parecer era el único que estaba pensando, porque Taichi gritaba como poseso caminando de un lado a otro, Mimi no paraba de quejarse mientras Yolei intentaba consolarla y Koushiro junto a Matt y Sora buscaban por los alrededores.
—Esa es una buena idea —aportó Ken.
—Sí, debimos pensarlo antes —asintió Joe—. Iré yo, ya que fue mi culpa.
—Daisuke, ¿qué tienes ahí? —preguntó Kari de pronto, atrayendo la atención de los demás.
—¿Qué cosa?, ah… ¿esto? —le respondió exhibiendo frente a los ojos de los demás, un trozo de metal con forma de llave, que hasta ese momento había mantenido en su dedo anular por algún motivo—, pues, me la encontré casi al bajar del bus.
—¡¿Y hasta ahora nos lo dices?! —exclamó Tai, zarandeándolo fuertemente de los hombros— ¿no se te ocurrió decirlo hace veinte minutos?, ¡así nunca serás un buen líder!, ¡te relevo del cargo de líder de los digielegidos, me oyes!
—Me había olvidado —contestó el castaño menor— ¡por favor, Taichi-sempai, perdóname y acéptame nuevamente como tu aprendiz!
—Basta ya, par de tontos. Si nos dan la llave podremos entrar y no congelarnos aquí afuera —pidió Mimi.
Daisuke hizo una venia hacia todos.
—Gomen —dijo justo antes de entregársela al superior Joe.
¡Ya estaban adentro!, ahora era cuando la verdadera diversión comenzaría.
Apenas tuvieron tiempo de instalarse, cuando los visitó un instructor, pidiéndoles que se reunieran en el salón. La cabaña era bonita y bastante espaciosa, tenía dos pisos, abajo estaba la cocina y el comedor, un baño y el salón que era enorme; arriba estaban las habitaciones, las cuales tendrían que compartir, pues eran seis, y había dos baños más.
«Muy bien, sean bienvenidos al parque turístico de la montaña Fuji, esperamos que su estancia aquí sea agradable. Mi nombre es "Amakusa, Ryu" y soy el instructor asignado para su cabaña junto con la doscientos ocho. Antes de permitirles disfrutar del lugar, hay algunas cosas que deben saber.
La primera regla y la más importante; la pista de esquí está abierta desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, ni un minuto más, ni un minuto menos. Dada la adversidad del clima, es altamente peligroso que permanezcan en ella pasada esa hora.
En cualquier caso, hay profesores para quienes no sepan esquiar, que siempre estarán a su disposición y atentos para evitar cualquier accidente. Si desean subir al teleférico, háganlo también antes de las seis, y sigan todas las órdenes que les darán los instructores respectivos para su seguridad. Es preferible que siempre salgan en grupos por si hay algún accidente. Contamos con una excelente red de apoyo, entre los cuales hay siempre un mínimo de cinco médicos de turno para cualquier percance que pueda haber.
Si han pagado servicio con desayuno, merienda y cena, deben cruzar hasta la zona este, donde se servirán las respectivas comidas a las ocho de la mañana, cuatro de la tarde y ocho de la noche, respectivamente. De lo contrario, la cabaña está equipada con una cocinilla y un refrigerador para que dejen los alimentos que hayan traído. Del lado este también encontrarán un gimnasio y una pista de hielo, perfectamente acondicionada para quienes prefieran patinar. Creo que eso es todo, espero que sean cuidadosos y disfruten el lugar, ¿quién es el representante?»
Enseguida Joe alzó la mano y se acercó para firmar unos papeles que faltaban.
En cuanto se hubo ido, todos corrieron a sus habitaciones para prepararse e ir a esquiar.
—Aprendí en Nueva York, mi instructor era guapísimo, lástima que fuera diez años mayor —repitió Mimi un centenar de veces, durante el trayecto.
Cada vez que lo decía, Koushiro parecía más desanimado, Joe más perdido en sus propios pensamientos y Taichi más hastiado.
—¡Que alguien la calle, por favor! —pedía cada cierto tiempo, preferiblemente cada vez que Mimi dejaba de hablar por lo menos durante dos segundos.
Al principio estuvieron juntos, pero acabaron separándose en pequeños grupos o parejas.
—¡Cuida a mi hermana, Takeru! —le gritó Tai, justo antes de marcharse en dirección contraria a la que el rubio iba tomar con Hikari.
El aludido tan sólo pudo asentir efusivamente con la cabeza.
—Vamos, Izzy. ¡Será divertido! —lo animó Mimi, ya con los bastones y los esquíes listos, además de unas bonitas gafas protectora de color rosado, claro.
Koushiro a su lado, miró aterrado la bajada. Estaba muy empinada a su parecer, intentó hacer un cálculo mental, observando con detenimiento, lo había aprendido en física. ¿Cómo era?
—Yo, emm… no estoy tan se-seguro de esto, Mimi —se excusó.
La chica lo observó con displicencia.
—Por tu culpa no fuimos a la playa, si estuviste del lado de Tai, al menos debes esquiar.
—Pero yo… ¡ahhh! —antes de que pudiera concluir su réplica, la chica lo había empujado, haciéndolo deslizarse cuesta abajo.
Diez cabezas entre la gente se voltearon al escuchar ese grito, creyendo reconocerlo.
El chico cayó y siguió cayendo hasta que acabó enterrado en la nieve, en una posición poco cómoda, por decir lo menos.
Mimi se espantó luego de que pasara casi un minuto sin que se moviera.
—¡Koushiro!, ¡Koushiro, responde!, ¡no es divertido! —gritó antes de deslizarse para ir en su auxilio.
Afortunadamente el pelirrojo no estaba lesionado, sólo había tragado tanta nieve que no acabó de escupirla hasta casi una hora después. Y se sentía adolorido, claro, sin embargo, ese no sería motivo para que Mimi lo dejara regresarse a la cabaña al lado de su computadora portátil, luego de que hubo comprobado que no tenía ningún hueso roto.
Joe no tuvo tanta suerte, pero ese es otro cuento.
Yamato por su parte, también sabía esquiar, pues había aprendido en una de sus giras con los Lobos Adolescentes. Él usaba una tabla de esquí y se deslizó con maestría por la pista sin darse cuenta de que un grupo de chicas lo observaban con atención.
Cuando se levantó las gafas, las vio aproximarse y se espantó. ¿Por qué tenía que llamar tanto la atención de las chicas?
—Claro, como si no te gustara —solía decirle Tai con tono socarrón.
¡Claro que no le gustaba!, pero nadie le creía.
Para cuando las jóvenes estuvieron a su lado, él estaba rojo como jitomate.
Davis, Yolei y Ken fueron otros que llamaron la atención, resultaron ser un trío bastante bueno, con ayuda de los instructores, por supuesto; hasta que los dos primeros comenzaron a pelearse nuevamente, dándose empujones que acabaron por hacerlos caer por la pendiente.
¿El reporte médico?, sólo un par de moretones y muy buena suerte.
Después de eso, Ken decidió ir a esquiar con Cody, quien para su sorpresa sabía esquiar muy bien.
—¿Dónde aprendiste eso? —le preguntó luego de verlo bajar por una cuesta especialmente empinada, sin siquiera tambalearse.
—Eh, bueno… mi padre me enseñó y mi abuelo le enseñó a él cuando era más joven, ya sabes que mi familia es deportista.
—¿Podrías enseñarme?, estaba intentando calcular la velocidad a la que tenía que ir para no caer, porque…
De un momento a otro Cody dejó de escucharlo, porque las palabras de su amigo dejaron de tener sentido para él. Otro genio en el grupo.
—¿Sabes?, también puedes hacerlo sin calcular eso que dices – le dijo amablemente, una vez terminado su discurso de experto en física.
—¿En serio?
—Sí, mira…sólo tienes que…
A pocos metros de distancia Miyako y Daisuke, ya repuestos de la caída, los observaban, iracundos.
"Maldito enano experto en los deportes, Ken es mi amigo y no dejaré que me lo quites, suficiente tengo con la cuatro ojos"
"Ay, Cody, ¿por qué tienes que saber tanto sobre estas cosas?, si yo supiera, tal vez Ken se fijaría en mí, quizás debería pedirle que me enseñes para poder enseñarle a él, ¡sí, eso haré!"
—¡Daisuke Motomiya!, regresa aquí —gritó al ver que el chico le había cogido ventaja, pues ya iba diez pasos por delante.
Corrió tras él. Podía ser el mejor amigo de Ken si quería, pero ella sería su novia, y nadie evitaría que así fuera.
—¿Tienes miedo, Sora? —preguntó Tai, burlón. Ambos habían subido a una de las partes más altas, luego de aprender algunas técnicas con los instructores, quienes los felicitaron, porque aparentemente eran un par de deportistas natos.
—¿Qué cosas dices, Tai?, ¡por supuesto que no!, ¿y tú? —le respondió con una sonrisa perfectamente visible para el castaño, aún usando sus goggles azules.
—¡Ja!, ya quisieras. Sabes que soy el portador del valor.
—Nunca lo olvidaría.
—¿Quieres una carrera para saber quién llega primero?
—Claro que sí.
—Entonces, a la cuenta de tres.
Uno
Dos
—¡Tres! —gritó la pelirroja precipitándose hacia el frente antes que Tai.
—¡Eso es trampa! —escuchó a sus espaldas, pero no se detuvo. Definitivamente le ganaría a Taichi.
Al final del día, todos estaban exhaustos y felices. Lo habían pasado bien, de una u otra forma. Sólo Joe se había resultado algo maltrecho, pero no parecía demasiado desanimado, porque Mimi le había dicho que podía lanzarse amarrado en una tabla. Al principio no quiso, intentó explicarle que podía ser peligroso, que debía descansar, además la sola idea parecía terrible, sin embargo, sólo había sido una especie de desgarro, así que tuvo que ceder. En cuanto lo hizo, se divirtió junto a ella y Koushiro el resto de la tarde.
Todos habían acordado juntarse en la entrada de la pista para regresar a la cabaña juntos, previendo que el grupo se dispersaría. Ya la mayoría estaba ahí, sólo faltaban Takeru y Hikari, sin embargo, diez minutos más tarde sólo apareció él.
—¿Y Hikari? —preguntó Tai enseguida, con un mal presentimiento.
—¿Cómo?, ¿no está aquí? —contra interrogó, evidentemente sorprendido ante la ausencia de su novia.
—¿A qué te refieres con eso?, ¿no estabas tú con ella? —siguió Taichi, con la mirada clavada en el menor.
—Ella… —se detuvo para tragar saliva con dificultad, mientras buscaba las palabras— dijo que iría a verte, para así esquiar juntos y que si no volvía quince minutos antes de que hubiera que regresar acá…pues, que volviera solo, porque eso significaba que volvería contigo.
—¿Y la dejaste ir sola?, ¿no te dije que la cuidaras?
Yamato anticipándose a Taichi, como sólo un mejor amigo puede hacer, lo sujetó antes de que se lanzara contra Takeru, que retrocedió pasmado. Estaba en shock. Debía ser una broma, ¡tenía que ser una broma!, Hikari había prometido que estaría bien, ella… debía estar escondida en algún lado y de un momento a otro saltaría encima de él, diciendo que había caído con mucha facilidad.
Observó al resto de sus amigos. Las expresiones eran distintas, pero ninguna de ellas era buena. No iba suceder. Ella no estaba allí.
Hikari estaba perdida.
Notas finales:
Hola, primero que todo quisiera ofrecer una disculpa por la tardanza. Espero que no te hayas olvidado del reto Takari95, es que he sido una tardona descarada, pero siempre estoy pensando en este fic, la demora es por otros motivos que no vienen al caso, salvo uno que creo que es relativamente universal por aquí: los estudios.
¿Debería cambiar de categoría a humor? xD En el reto pediste drama, y lo habrá, así que no te asustes si las cosas no parecen tomar el rumbo que deberían. En este primer capítulo quise hacerlo más relajado, simplemente para presentar bien la situación y a las parejas. Creo que insinué varias, algunas se desarrollarán, otras no, pero todo teniendo como eje central el Taiora. Si me voy mucho por el Yamakari, por favor bájenme de mi nube, es que me gusta mucho esa pareja, así que no sería raro.
Quería hacer esto breve, pero antes de irme debo hacer algunas aclaraciones técnicas:
1.- Con la montaña Fuji, me refiero al monte Fuji que es un volcán y tiene una zona turística para aplinismo. Lo he convertido en montaña para efectos del fic. Todo lo demás de las cabañas, instructores y demases, me lo he inventado yo. Espero que no suene demasiado falso.
2.- El título. Según la RAE uno de los significados de la palabra precipicio es: "Despeño o caída precipitada y violenta."Elegí la palabra para destacar lo rápido que un día divertido puede convertirse en lo opuesto.
3.- So tonta: Expresión para decir que una persona es muy tonta.
4.- Cualquier error que detecten, les agradeceré un montón que me lo hagan saber. Soy principiante, y me queda mucho por aprender, sumado a que no soy especialmente buena revisando, esta vez intenté ser lo más meticulosa posible, pero se me suelen pasar algunas cosas.
¡Hasta pronto!
Espero que hayan disfrutando la lectura, especialmente tú Takari :)
