N/A: Bueno, ya vine más pronto de lo que pensaba porque ando súper inspirada en esta historia, entonces los capítulos apartes de largos serán rápidos de actualizar :3.

Reviews.

Cute Cupcake: Thank you so much! I understand that feeling of reading in another language beacuse there is a loooooot of fanfics about Helia/Flora in English and a few in Spanish, but that helps me practice my English, so... it's okay, btw any questions you have with any phrase, word or context ask me with confidence! Hope to read you again!

Cereza Prohibida: ¡Te juro que tus megas reviews me hacen la vida enterita, los amo! Y bueno, antes que nada yo sé que a esas personas les irá de la fregada por atreverse a tomar cosas ajenas (tengo el pensamiento de que fue mi vecino) y ahora ya sé que todo lo tengo que guardar en otro lugar seguro u.u Y bueno, yendo con respecto al fic, me leíste la mente completamente con lo del filtro vintage, así exactito me lo imagino todo, jajajajaja. Estoy muy feliz de que hayas captado el ambiente, y bueno aquí Helia dejará de ser tan serio y Flora seguirá tímida pero ya no tanto :B Yo también he leído bastantes historias oscuras de ellos, de hecho son las únicas en español y son muy dark, de hecho empecé a escribir una así, pero faltará mucho para que la de a conocer y tal vez la publique en inglés, pero por ahora seguiré siendo feliz publicando cosas bonitas y románticas de ellos. ¡Te mando un abrazote!

Enjooooooy it!


SEGUNDA PARADA

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I

Flora despertó gracias a la luz matutina, abrió los ojos lentamente y se encontró a sí misma recargada en la ventana de su asiento como piloto, intentó moverse un poco pero no pudo porque un peso extra en sus piernas se lo impedía, era la cabeza de Helia que se había acomodado a media noche tranquilamente en ella para dormir.

Se sonrojó inmediatamente al verlo recordando el beso que ambos habían compartido.

~Flashback~

Para nada.

Helia sonrió y la volvió a besar con un poco más de confianza, atreviéndose a colocar una mano en la mejilla derecha de ella para acercarla a él y profundizar más el beso.

Sus respiraciones empezaron a tornarse más pesadas y el aire comenzó a faltar entre ambos, pero eso no les importó en lo absoluto, el beso era tan deleitante que lo que menos querían era separarse a causa del aire. Flora fue la primera en sentir que necesitaba respirar en ese momento así que se separó de Helia para recobrar el aliento.

¿Por qué? ―preguntó Helia queriendo saber qué lo impulsó a tomar esa decisión de besarla.

¿Te arrepientes? ―Flora miró confusión en los ojos de él junto con algo más que no supo descifrar.

Helia negó con la cabeza ―No me refiero a eso, te podría seguir besando en este mismo momento ―declaró mirándola a los ojos. ―Pero no entiendo por qué contigo fue tan diferente que con ella ―cuestionó refiriéndose a Krystal.

La morena miró sus labios y después los ojos de él ―No lo sé. Tendrías que preguntarle a mi abuela, tal vez.

Helia sonrió de medio lado y volvió a acercarse a Flora ―Eso haré ―volvió a unir sus labios con los femeninos pero ahora en un beso más corto. ―Descansemos por ahora.

Ella aceptó la propuesta de Helia recargándose en el pecho masculino, él la abrazó sintiendo una extraña comodidad y familiaridad.

Cuando dormía así con Krystal sentía que abrazaba un cuerpo frío, pero Flora al contrario desprendía vitalidad por donde quiera que fuese. En cuanto llegara a Linphea buscaría a su ex novia para agradecerle por todo lo que habían vivido y despedirse de ella.

Estaba dispuesto a dejar ir una relación de años por una conocida de apenas dos días, ¿así se sentía el estar enamorado de verdad?

~Flashback end~

Flora soltó una pequeña risa al haber hecho memoria de lo que había ocurrido, había sido muy atrevido de su parte el besar a un casi desconocido, pero sinceramente no se arrepentía de absolutamente nada.

―Con que has despertado ―habló Miele y Flora inmediatamente volteó para verla recargada en el asiento delantero mirando con una sonrisa traviesa a ella y a un Helia dormido.

―Buenos días Mie ―saludó la morena intentando hacer una charla rápida y evitar el tema con su hermanita.

Miele adivinó las acciones de su hermana y no se dejó ganar ―Así que anoche Helia y tú tuvieron mucha diversión.

― ¿Qué? No…

La pelirroja rio ―No me puedes mentir a mi Flo, te conozco tan bien.

Flora hiso una mueca infantil ― ¿Viste algo?

―No mucho en realidad ―contestó la menor de las Welch subiendo y bajando los hombros restándole importancia. ―Sólo vi como ustedes dos se pasaban saliva y esas cosas grotescas de los adultos.

Flora le dio un leve pellizco en la mejilla a su hermana menor ―Pensé que estabas dormida.

― ¡Lo estaba! ―exclamó Miele. ―Pero sus besos ruidosos me despertaron.

La morena abrió la boca para decir algo pero alguien más le ganó ―Supongo que debemos asegurarnos que para la próxima no hagamos tanto ruido ―Helia abrió los ojos para mirar a Flora y después a Miele que le sonrió en complicidad.

―Mejor sólo salgan de la camioneta cuando sus instintos carnales los llamen ―propuso Miele mientras se dirigía a la nevera portátil que poseían. ―Hermanita, ya sólo nos quedan frutas en almíbar y un poco de mermelada.

― ¿De verdad? ―preguntó asomándose a la nevera y percatándose de que su hermana menor tenía razón. La comida ya se había acabado. Como llevaban contado no había esperado encontrar a Helia en el camino, aun así no podía dejar a su pequeña hermana sin desayuno. ―Está bien, ya estamos cerca de la gasolinera, tomaremos algo allí.

La pequeña Miele aceptó con ganas, pues el mismo sándwich de mermelada por días ya la había fastidiado.

― ¿Cuánto falta? ―cuestionó Helia.

―Esa montaña está cerca de la gasolinera, yo calculo unos veinticinco minutos ―respondió Flora con una sonrisa dispuesta a encender el motor pero la mano de él en su pierna la detuvo.

―Yo lo haré, he descansado lo suficiente, anda déjame a mí ―dijo casi en orden tratando de moverla por debajo y el pasándose al lado del conductor por encima.

Flora se movió y dejó a Helia en el asiento del conductor, él entonces puso el vehículo en marcha.

II

Pasaron alrededor del tiempo dicho por la morena cuando entraron a la gasolinera y le pusieron el combustible necesario a la furgoneta, no había sido demasiado puesto que su colorido vehículo era bastante ahorrador y Flora le agradecía internamente a su padre haberle conseguido una camioneta tan resistente y leal.

Miele se dirigió al baño mientras Flora checaba que todo estuviera en orden con su motor y Helia llamaba por teléfono para reportar su auto descompuesto en la carretera.

Flora sacó el dinero para pagar por el combustible y se quedó contando cuánto sobraba, con el dinero que aún tenía podía pagarle un buen desayuno a su hermana y comprar unas pocas cosas para el camino, pues ya no quedaba demasiado trayecto y si bien les iba llegarían mañana al atardecer.

― ¿Todo bien? ―preguntó Helia regresando hacia ella.

Flora se volteó para el chico ―Sí, todo está bien.

― ¡Vamos Flo, tengo hambre! ―la menor de las Welch agitó su mano indicándoles a los dos adultos que entraran en la pequeña cafetería de paso.

Los tres entraron en aquel lugar e inmediatamente les dieron una mesa y sus respectivos tres menús. Flora tomó asiento del lado de la ventana y Helia junto a ella, Miele se sentó frente a ellos.

― ¿Qué se te antoja desayunar Mie? ―preguntó Flora con una sonrisa sin molestarse en ver el menú.

Miele revisó todo el menú y no supo qué pedir, todo se veía bastante bueno ―Tal vez un omelette de champiñones y queso ―contestó feliz a su hermana mientras veía distraída una rockola que adornaba el lugar. ―Iré a ver eso Flo, ordena por mí.

Flora asintió y una mesera se acercó hacia ellos ― ¿Qué les puedo traer?

Helia fue el primero en hablar ―Hot cakes y jugo, y para las señoritas…

―Un omelette de champiñones con queso y un jugo, yo sólo quiero un café ―pidió sonriendo.

El chico la volteó a ver y frunció el ceño, ¿no comería nada ella?

La mesera anotó los pedidos y se marchó.

― ¿No vas a comer? ―preguntó Helia con tono serio.

La morena lo miró y después miró hacia donde su hermanita estaba aún viendo la rockola y hablando con un señor mayor que al parecer le estaba contando del artefacto.

―Prefiero que ella lo haga ―le contestó con simpleza mientras recibía su taza de café y le ponía crema y azúcar.

―Flora… ―Helia tomó una de las manos femeninas para darle un suave beso. ― ¿Cómo puede existir alguien tan noble como tú?

Ella sonrió y se dejó seguir acariciando por él ―No es nobleza Helia, es amor ―aseguró ella.

El chico de cabello largo sonrió ante la respuesta de la ojijade ―Ambas son muy afortunadas de tenerse.

La mesera llegó en ese momento con lo que habían ordenado y Miele se apareció como por obra de magia.

―Se ve delicioso Flo, ¿tú qué pediste? ―preguntó la menor con una sonrisa que desapareció cuando se dio cuenta de que su hermana no tenía ningún plato, ya se imaginaba algo así cuando antes la vio contando dinero. Su carita se tornó triste mirando a Flora que sólo la miraba con una sonrisa llena de ternura.

Helia entonces sonrió y le pasó su plato a Flora que se sorprendió un poco ―Tu hermana pidió esto, pero creo que se olvidaron de lo mío, iré a recordarle a la señorita.

Él se levantó de la mesa dejando a las dos hermanas. Miele sonrió enormemente y con tranquilidad empezó a comer.

Flora miró el desayuno y luego a Helia que le pedía a la mesera otra orden y sonrió, cuando Helia le habló por primera vez de una forma tan ruda inmediatamente pensó que era una de esas personas prepotentes que mirarían abajo a cualquier persona que se le cruzara en su camino. Pero en realidad era un chico bastante amable y dulce. Todo un caballero y además besaba tan bien.

―Parece que te sacaste la lotería Flo ―dijo Miele mientras terminaba de pasarse el bocado. ―Supongo que a esto se refería la abuela cuando dijo que nuestro viaje estaría lleno de sorpresas.

La morena cortó un pedazo su desayuno ―A veces la abuela tiene un buen ojo al futuro.

Helia regresó con las hermanas con otro plato para él ― ¿Hablaban de mí?

― ¿Qué te hace pensar eso? ―preguntó Flora riendo.

―No lo sé, soy atractivo según tú ―le respondió Helia queriendo que la morena se sonrojara y así lo hizo.

Miele se rio ante la reacción de su hermana ―Lo mejor de Flora es que no puede disimular cuando alguien la avergüenza.

La plática siguió muy amena entre los tres hasta que pidieron la cuenta y la señorita encargada se las hizo llegar regalándoles un folleto también ―Este día habrá una feria a una hora de trayecto de aquí rumbo a Linphea ―informó y Miele leyó el folleto emocionada.

― ¡Vamos Flo! Por favor, por favor, por favor ―suplicó la menor

La morena torció la boca, no podía negarse ante la mirada suplicante de la pelirroja, pero en las ferias siempre era la misma historia, Miele o ella veían muchas cosas bonitas que les gustaría comprarse pero nunca podían darse el lujo de comprar muchas cosas pues ahorrar era su prioridad ―En otra ocasión Mie, Helia seguramente ya lleva prisa.

―Por mi está bien, también me gustaría ir a esa feria.

Miele gritó emocionada y la mesera les sonrió agradablemente ―Esa feria es muy famosa entre los visitantes que vienen por estos rumbos, no se arrepentirán.

Flora agradeció sacando dinero pero cuando se dio cuenta Helia ya estaba pagando por todo ―Pero…

―Ya está todo, vayamos ―dijo él levantándose y estirando a ambas manos para ayudar a las hermanas a levantarse.

Las dos hermanas recibieron gustosas la ayuda; los tres salieron del restaurante y se dirigieron al lugar en donde habían dejado la furgoneta, Miele fue la primera en subir aun emocionada por el hecho de que irían a la feria.

―Gracias por eso, te lo pagaré en cuanto pueda ―dijo Flora deteniendo su andar pasos antes de la camioneta.

Helia negó con la cabeza riendo ―Creo que ya sé cómo me lo puedes pagar ―Flora movió ligeramente su cabeza en señal de duda pero toda pregunta se esfumó cuando Helia pegó sus labios con los suyos tomando el mentón de ella y rememorando el beso que ayer se habían dado. ―Tendré que hacer eso más seguido para que quedes endeudada conmigo.

Flora se sonrojó y le sonrió a Helia dándole un leve golpe en el pecho ―Aprovechado.

Él rio y pasó una mano por la cintura de Flora comenzado a caminar y abrirle la puerta del asiento copiloto para que subiera y después de eso él se dirigió al asiento conductor para emprender la marcha.

III

Llegaron a la feria de la que tanto les habían hablado; Helia estacionó la furgoneta en el lugar correspondiente a los vehículos y bajó de esta siendo imitada por las hermanas Welch.

―Así que esto es una feria de pueblo ―susurró Helia viendo diversos puestos de mucha comida y algunos juegos de destreza en el lugar.

Flora se rio ― ¿Pensabas que sería una feria con juegos mecánicos como los de la ciudad? ―preguntó sosteniendo a su hermana menor de la mano.

―Quizá… ―asintió él. ―Pero esta se ve bastante agradable.

―Lo es, en Linphea a veces hacemos mini ferias como una de las actividades recreativas propuestas por la alcaldesa ―informó Miele jalando a Flora para empezar a ver los puestos de ahí.

Los tres visitantes empezaron a curiosear en los puestos y se sorprendieron al ver más gente de la que creían, eran los turistas que iban y venían de Linphea, al parecer entonces la feria era todo un éxito.

―Todo huele bastante bien ―dijo Flora sintiendo que aun podía comer muchas cosas de ahí pero detuvo su instinto glotón por el bien de su monedero.

― ¡Flo, mira ese unicornio! ―gritó la pelirroja emocionada viendo el enorme peluche que colgaba en uno de los puestos.

El señor que atendía el lugar vio lo emocionada que estaba la niña para ofrecérselo ―Llévatelo por sólo diecisiete monedas de oro princesa.

― ¿Diecisiete? ―preguntó Flora sacando las monedas que tenía, contaba con once monedas de oro, ocho de plata y veinte de bronce, frunció los labios en señal de decepción, no se lo podía comprar a Miele y se sintió muy mal, sabía que a su hermanita menor le encantaban los unicornios, pues se la pasaba pintando esas criaturas en sus cuadernos e incluso en un cumpleaños de la morena, la menor le regaló un unicornio que había hecho de madera, era precioso.

Miele se dio cuenta de que quizá estaba pidiendo demasiado, así que desistió de la idea ―Está bien Flora, no es algo que realmente necesito.

El chico sonrió de lado, le agradaba mucho que la pelirroja fuese tan madura y entendiera a la perfección la situación de su familia, pero él no se quedaría atrás y sacó su cartera ― ¿Dijo diecisiete verdad? ―el vendedor asintió a la suma dicha.

Y antes de que Helia pudiera decir algo más la morena lo interrumpió ― ¡Espera! ―pidió ella tomando una mano de él. ―Ya pagaste nuestro desayuno y tampoco nos gusta estar pidiendo, déjame a mí.

Miele y Helia se voltearon a ver a la morena buscando algo en particular y al parecer lo encontró: En las ferias siempre había un juego en particular el cual consistía en terminarse lo más rápido que podían tres tarros de cerveza en el menor tiempo posible, el premio consistía en cincuenta monedas de oro. La morena sonrió feliz y se dirigió corriendo al puesto no sin antes mirar al vendedor ―Ese peluche será mío así que no lo venda.

La hermana menor y el chico la siguieron hasta su destino percatándose de que se estaba inscribiendo.

―Es una de las primeras veces que veo a una jovencita como tú inscribirse a este tipo de concursos, ¿crees poder ganarles a todos esos viejos borrachos? ―indicó señalando a cuatro hombres fornidos de diferentes edades.

Ella los miró y después al vendedor ―No sé si pueda ganarles señor, pero de que voy a intentarlo no tenga la menor duda.

El hombre del concurso le sonrió amistosamente y le indicó que se colocara al lado del último hombre de la fila.

Los otros cuatro la miraron de arriba para abajo, dos de ellos muy morbosamente, el otro con cara de burla y el último prefirió ignorarla. Helia vio con repulsión a los dos hombres que miraban a Flora como un pedazo más de carne para devorar.

Flora se sintió al principio incómoda, pero Miele le dio ánimos y eso la tranquilizó.

―Muy bien jugadores ―empezó a decir el dueño del juego. ―Aquí no hay reglas más que terminarse esos enormes tarros llenos de cerveza si se quieren llevar esas cincuenta monedas de oro a casa.

Los cuatro hombres sonrieron confiados y Flora roló los ojos ―Machistas ―murmuró para después mirar a Helia que le sonreía encantadoramente, ella le correspondió y le levantó un pulgar en señal de que todo estaría bien.

― ¿Preparados jugadores?

La gente se empezó a aglomerar más y más en frente de los retadores y comenzaron a silbar y aplaudir.

― ¡Vamos Flo! ―gritó Miele emocionada.

― ¡Comiencen! ―indicó el retador e inmediatamente los cuatro hombres y Flora tomaron el primer tarro.

Uno de los hombres morbosos terminó su primera cerveza sonriendo con confianza y tomando el segundo tarro, pero esa confianza se esfumó cuando vio que la morena también ya iba por la segunda cerveza.

Helia veía todo maravillado, ¿quién pensaría que Flora sería tan buena bebedora? La gente también susurraba cosas y empezaban a animar a la chica.

Flora se terminó la segunda ronda y fue por la última sintiéndose ya un poco mareada, pues la cerveza era de las fuertes y el tarro de los más grandes que haya visto. Tomando el tercer tarro miró de reojo a sus contrincantes, dos iban a penas a la mitad del segundo mientras el otro iba a la par de ella, se dio prisa bebiéndose todo tan rápido como pudo.

El hombre morboso terminó su tarro y lo alzó victorioso al mismo tiempo que Flora lo hizo, la diferencia era que Flora se había pasado toda la cerveza y el hombre aún la tenía en la boca, lo cual hizo al dueño del concurso terminar la competencia y declarar a la morena como campeona.

Flora brincó de la emoción sonriendo y aceptando la bolsita con las monedas de oro ― ¡Muchas gracias! ―dijo un poco torpe a causa de su recién ebriedad.

―Eres una muchachita interesante ―dijo el dueño. ―Espero verte para la próxima feria.

La morena se rio y bajó con dificultad del estrado en donde se había llevado a cabo la competencia para ir con Helia y Miele quienes la esperaban debajo de este para sostenerla por si se llegaba a tropezar.

― ¡Ve por ese unicornio hermanita! ―dijo eufórica entregándole el dinero a Miele quien asintió contenta y echó a correr para el puesto del peluche.

―Eso fue increíble Flora ―felicitó Helia mientras la ayudaba a mantenerse de pie colocando su mano en la cintura de ella y abrazándola.

― ¡Claro que lo fue! ¡Fue fantástico! ―la morena rio apoyándose en Helia.

Helia se iba a marchar con ella en brazos pero notó que el hombre que había quedado en segundo lugar miraba con furia a la morena y no pudo evitar decirle lo que pensaba ― ¡Imbécil! Si la próxima vez te encuentro mirando de una forma tan desagradable a MÍ novia te voy a romper las bolas.

El hombre no creyó que el chico Knightly fuera pareja de la chica así que mejor decidió irse.

― ¿Tuya? ―preguntó Flora riendo y sujetando el cuello masculino cuando él la cargó de forma matrimonial.

Él sonrió ―Sí, mía, ¿tienes algún inconveniente?

―No, no, no… creo que no ―canturreó ella en su estado de ebriedad.

Miele se acercó a ellos con el enorme muñeco entre brazos, casi era de la altura de la pelirroja ―Lo tengo Flo ―mostró contenta el premio y decidió darle a guardar el dinero a Helia al ver el estado de ebriedad de su hermana. ―Muchas gracias hermana, te quiero mucho.

La menor de las Welch abrazó a la mayor como pudo, pues debido a que estaba siendo cargada no pudo hacerlo bien.

―Lo que sea por mi hermanita ―susurró Flora.

Helia y Miele comenzaron a caminar rumbo a la camioneta, la niña de trece años abrió la puerta trasera para que el chico pudiera recostar a su hermana, Helia subió y se acomodó sentándose al lado de ella.

―Si quieres puedes seguir disfrutando la feria, yo me quedaré con Flora ―informó Helia entregándole otras quince monedas de oro por si quería comprar algo y ella aceptó gustosa cerrando la puerta de la furgoneta y prometiendo no tardarse.

Flora se empezó a reír en cuanto Miele se fue ―Hace años que no me ponía ebria ―contó acariciando el cabello masculino. ―La última vez terminé rodando en el piso al lado de mi padre y el sheriff Codatorta.

― ¿Hablas de esa vez en el festival del cual me contó Miele?

La morena soltó una carcajada ― ¡Exacto! Esa niña es una habladora ―ella se sentó para quedar a la altura de Helia que la miraba fijamente. ― ¿Te he dicho que eres muy guapo?

―Directamente no ―respondió él sonriendo y acariciándole una mejilla.

Flora se acercó más y más a él ―Lo eres y muchísimo ―la morena estampó sus labios con los de Helia de una manera torpe al principio pero él la fue guiando hasta alcanzar un buen ritmo.

Ella lo agarró del cuello para acercarlo más y se fue recostando en las cobijas que previamente su hermana había extendido, Helia se dejó llevar hasta quedar recostado encima de ella sin dejar de besarla y sintiendo el sabor del alcohol que emanaba de sus rosados labios, con una mano empezó a acariciar la pierna de la chica por debajo de su falda.

Flora dirigió ahora sus besos al cuello masculino aferrándose a la espalda de él no queriendo soltarlo jamás. Helia no se preocupaba si era correcto o no estar con ella se esa manera ya que debido a la ebriedad de la chica obviamente no pensaba adecuadamente y sabía que en sus cinco sentidos ella no haría eso, o al menos no en ese momento.

Pero quiso no pensar en eso por el momento y disfrutar de los húmedos besos de la morena en su cuello, se sentía tan bien… pero de un momento a otro dejó de sentir los cálidos besos de ella. Volteó a verla y se encontró con que estaba dormida, Helia dejó escapar una risa burlona para él mismo ―Grandioso, esto tendrá que ir a tu libro de anécdotas vergonzosas, Flora.

La acomodó bien en las cobijas y la tapó con otra más ligera, pues hacía un poco de calor y se quedó viéndola dormir.

IV

Miele regresó tan pronto como había prometido, sólo dio un recorrido rápido en la feria y vio unos cuantos espectáculos, deseó que su hermana hubiera estado con ella pero no podía pedir demasiado, gracias a su enorme unicornio Flora había ganado una borrachera increíble.

―Ya estoy aquí ―mencionó la pelirroja abriendo la puerta trasera de la furgoneta viendo a Flora dormida y a Helia leyendo uno de los libros que siempre cargaban para el camino. ―Espero que mañana siga bien.

Helia cerró el libro y le sonrió ―Adelantemos más camino, anda, ve de copiloto.

Miele asintió y cerró la puerta dejando una bolsa en la nevera ―Compré algo para los tres cuando tengamos sed, me dijeron que son muy ricos.

―Estupendo ―él le acarició la cabeza a Miele como muestra de afecto.

Ambos se acomodaron en los asientos de adelante con Flora tranquilamente dormida en la parte trasera. El trayecto continuó con una Miele que canturreaba cualquier canción que se le viniera a la mente hasta que decidió mejor preguntarle ciertas dudas que tenía a Helia ― ¿Irás con mi hermana en serio o sólo te gustó para un rato?

La pregunta tomó por sorpresa a Helia y miró de reojo a la pelirroja que miraba el camino ― ¿A qué te refieres?

―Tú le gustas a Flora, eso es muy obvio ―comenzó la explicación. ―Y creo que a ti también te gusta ella, pero vas por tu ex, entonces…

―Tengo tu punto, como le dije a tu hermana creí que amaba a Krystal pero no es así, entonces sólo hablaré con ella para no acabar en malos términos, ya que sigue siendo una muy querida amiga mía desde que tengo uso de razón. Sin embargo no puedo decir que amo a Flora porque aún es muy pronto ―dijo siendo realista con él mismo. ―Pero sí puedo decir que arriesgaré todo por conocerla más y en un futuro tener algo.

Miele sonrió contenta, Helia le agradaba y estaba segura de que él podía hacer feliz a Flora y ayudarla a cumplir sus metas ― ¿Entonces debería empezar a llamarte cuñado?

Helia rio ― ¿Por qué no?

―Eres un buen chico Helia, estoy segura de que tú y mi hermana harán una hermosa pareja, lo presiento.

― ¿Tienes poderes psíquicos como tu abuela?

Miele subió y bajó los hombros ―Eso es lo que dicen.

―Entonces todo estará bien si tú lo dices.

La pelirroja asintió y sacó un disco que tenía guardado en la guantera del carro para colocarlo.

V

La ojijade frunció el ceño y soltó un quejido tapándose los ojos, la luz era demasiada y le molestaba, recordaba haber bebido como si estuviera festejando su victoria de los siete pies con la gente de Linphea, afortunadamente no le dolía la cabeza y eso ya era ganancia.

―Bienvenida al mundo de los vivos Flo ―saludó Miele recostada a su lado.

Flora se levantó un poco apenas y vio a Helia conduciendo ― ¿Qué hora es?

―Las tres y veinte de la tarde ―contestó Helia checando su reloj de pulsera.

―Oh, pensé que había dormido más tiempo ―dijo la morena soltando un pequeño bostezo.

Miele se rio ―Pero son las tres y veinte de la tarde del día siguiente.

― ¡¿Qué?! ¿Dormí tanto?

―Es normal ―respondió el chico. ―Te acostabas tarde y te levantabas muy temprano para seguir conduciendo, necesitabas descansar.

―Y de hecho en tan sólo una hora más de camino llegaremos a casa, ¡ya quiero ver a mamá, papá, la abuela y hasta a Amarok!

Flora le sonrió y se levantó con un poco de dificultad para pasarse al asiento del copiloto ― ¿Por qué hay tanto sol?

―Miele de la maleta negra pequeña en una de las bolsas laterales hay unos lentes de sol, dáselos a Flora por favor.

La menor asintió buscando tales objetos y se los entregó a Flora para que esta se los pusiera inmediatamente ―Gracias.

―En verdad mueres cuando estás ebria ―se burló Helia.

―Ya me hubiera gustado verte en mi situación ―dijo Flora bajando el vidrió de su ventana para que le entrara un poco de aire fresco.

Helia vio como el viento revoloteaba los cabellos chocolates de la chica, era una imagen preciosa ―Hubiera aguantado más que tú.

―Lo dudo demasiado joven Knightly ―retó inocentemente la morena sacando un brazo para sentir el fresco viento.

― ¿Por qué no hacen una competencia entre ustedes cuando lleguemos a Linphea? ―propuso la menor riéndose de lo infantiles que se veían ambos adultos.

―Me parece una buena idea ―concordó Helia viendo a la pelirroja por el retrovisor.

Flora sólo asintió aceptando el reto y se dejó consentir por el aliento de la naturaleza.

El chico Knightly no lo pudo resistir y colocó una mano en la pierna izquierda de ella utilizando sólo la otra para maniobrar el volante. A la morena no le molestó en lo absoluto y simplemente sonrió dejándose llevar no sin antes sonrojarse.

Transcurrió aproximadamente una hora y un poco más antes de entrar al pueblo de Linphea; Flora ya había tomado el volante pues Helia no sabría qué dirección tomar, y no es que el pueblo fuera grande, sino que tenía muchas calles enredosas.

Llegando finalmente a una linda casa de tamaño mediano con dos pisos y bastante colorida gracias a las flores que la rodeaban. Flora detuvo la furgoneta ―Hemos llegado a casa.

―Es muy linda su casa ―dijo Helia abriendo la puerta de la furgoneta y bajando.

Miele corrió directamente a la puerta para tocar el timbre y unos ladridos no se hicieron esperar.

―Mis papás le han puesto mucho empeño a esta casa ―contó Flora acercándose a él y esperando a que abrieran la puerta.

Unos escasos momentos después la puerta se abrió dejando ver a un enorme perro café con blanco, Amarok, el fiel amigo de Miele y Flora.

― ¡Amarok! ―saludó la pelirroja contenta de verlo nuevamente y abrazándolo.

El perro después de darle unas cuantas lamidas a Miele fue directamente a Flora ―Espera Amarok, no, no, no ―pero la verdad es que él no era muy obediente así que le saltó a Flora lamiendo su cara y haciendo que esta cayera.

―Amarok está muy contento de verte, hija ―una mujer de unos cuarenta y tantos salió de la casa, era muy parecida a Flora y detrás de él salió un hombre alto de casi la misma edad que la mujer y que era parecido a Miele.

―Y nosotros también estamos felices de verlas a las… ¿tres? ―dijo el hombre un poco extrañado de ver al chico desconocido para él que ayudaba a Flora a levantarse.

Flora se encaminó a su padre para abrazarlo y darle un beso en la mejilla y repetir la misma acción con su madre ―Mamá, papá, él es Helia Knightly. Tuvo problemas con su automóvil en el camino y como se dirigía a Linphea ofrecí a traerlo con nosotras ―explicó y luego se dirigió al chico. ―Helia, ellos son mis padres, Rollos y Alyssa Welch.

―Es un placer conocerlos ―Helia estrechó de la mano a ambos adultos y saludó con mucho respeto. ―Le debo mucho a Flora y a Miele, ambas son muy buenas personas.

―El placer es nuestro ―respondió Alyssa sonriente, ahora el chico sabía de dónde habían heredado Flora y Miele tan encantadora sonrisa.

―Menos mal no eres un amor de verano de Flora como en esas películas ―mencionó Rollos riendo y luego lo miró seriamente. ― ¿Oh si lo eres?

Helia se puso un poco nervioso recordando los besos que había compartido con Flora antes y no supo que decir hasta que Miele habló.

―Papi, Helia no es el amor de verano de Flo, es su futuro novio ―dijo haciendo que su hermana mayor se sonrojara.

―Menos mal… ¿Qué? ―preguntó el padre de ambas hermanas con una expresión de sorpresa.

―Eh yo… ―Helia fue interrumpido por una tercera voz antes de poder decir algo a su favor.

― ¡Qué apuesto muchacho! ―exclamó una mujer de edad avanzada pero que se veía bastante bien conservada, llevaba un largo vestido rosa y su cabello gris recogido en un sofisticado peinado.

Flora y Miele fueron a su encuentro y la abrazaron ― ¡Abuela!

Con que ella era la famosa abuela de las hermanas ―Es un placer señora ―saludó Helia dirigiéndose a ella y estrechando su mano, pero inmediatamente la mujer lo jaló para verlo más de cerca y comenzó a tocarle el rostro.

―Tiene muy buen cutis, es atractivo y se ve saludable, qué buen partido encontraste cariño ―le dijo la mujer a Flora.

Flora apenas sonrió avergonzada de las actitudes de su abuela y miró a Helia ―Ella es nuestra abuela, Eldora Welch, y como te dije es una persona un poco extrovertida.

―Cariño también tiene un buen trasero ―mencionó Eldora viendo a Helia de todas partes.

Él, un poco incómodo, sólo se rio deseando que la mujer lo dejara de acosar.

―Mamá deja al chico ―pidió Rollos. ―En ese caso yo soy el que lo tengo que examinar; tú y yo tendremos una charla de hombres antes de decidir si mi bebé podrá salir contigo.

Alyssa soltó una risa e interrumpió el alboroto ―Antes de que eso suceda deberían ir a darse un baño ―sugirió a los tres recién llegaos. ―Flora y Miele pueden darse una ducha en el baño de nuestro cuarto y enséñenle a Helia en dónde está el otro para que también pueda bañarse.

Ambas asintieron y fueron por sus maletas, Helia tomó sus cosas y se dirigió con las hermanas.

Al parecer esa tarde sería larga.


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