N/A: Hola! Hemos llegado al tercer capítulo! Les digo que ando muy inspirada con esta bonita historia que creo que es la más "cursi" por así decirlo que he escrito en general y me va gustando mucho, además de que la pareja es bueno, dulzura andante.
Cereza Prohibida: De cierta manera yo también estoy acostumbrada al drama, es que ¿qué es la vida sin drama? xD sin embargo siempre es bueno intentar nuevas cosas y para ser de mis primeras historias sin drama, me gusta cómo va quedando. La verdad es que sí estoy pensando en poner aunque sea un lime 7u7 al público lo que pida, jajajaja (y sí, Helia es un aprovechado, pobre Flora... quisiera ser Flora xD). Y no te preocupes yo le doy forma a tu review xD TuT es hermoso por cierto, muchísimas gracias por tomarte tu tiempo de poner tan hermosas palabras, créeme que en verdad por eso es que me inspiro tanto :D ¡Te mando un abrazote y besos!
Let's read.
TERCER PARADA
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LLEGANDO A CASA
I
Ambas hermanas entraron en su hogar guiando a Helia que detallaba la casa, no era más grande que la suya, eso era seguro, pero era una casa en verdad muy hermosa. Se veía bastante elegante con los tonos blancos de los muebles con detalles cafés y algunos cuadros de flores colgados en ciertas partes.
Las tres personas subieron las escaleras de la casa llegando a un pasillo con dos puertas a cada lado y una última hasta el fondo.
―Estas dos puertas de la derecha son las habitaciones de mis padres y de la abuela ―explicó Flora deteniendo su andar. ―Las de la izquierda son la mía y la de Miele y hasta el fondo está el baño.
Miele abrió la primera puerta de la izquierda ―Voy a sacar mis cosas y me meteré primero a duchar, te espero Flo.
La mayor asintió y abrió la puerta de su habitación invitando a Helia a pasar. Él la siguió y sonrió al ver el cuarto de ella, no era grande pero tampoco pequeño y estaba pintado de blanco con una única pared de fondo pintada de verde, un escritorio con varios libros en él y una silla acomodada, el tocador con unas cuantas cosas femeninas ahí, la cama estaba pegada a la pared que estaba pintada de verde y que tenía una ventana la cual daba vista al jardín de la casa. La colcha de ella era blanca con flores rosas, el armario estaba en frente de la cama. Finalmente vio un unicornio de madera, seguramente el que Miele le dijo que le había regalado a Flora como maseta para sus plantas. Se veía muy encantadora la habitación.
―Deja tus cosas aquí ―dijo Flora abriendo las puertas de su armario e indicándole que las dejara dentro de este.
Helia las guardó y luego se le quedó viendo a Flora ―Este lugar es maravilloso.
La morena le sonrió ―Afortunadamente en Linphea con nuestros sueldos podemos vivir bien, sin embargo todo es muy diferente cuando vamos a Magix.
La puerta de la habitación sonó y dejó entrar a Alyssa ―Esperamos que tu estancia aquí se placentera Helia, no sé si ya tengas un lugar en el cual quedarte ―dijo la mujer acercándose a su hija y abrazándola.
Él se quedó pensativo, pensaba buscar un hotel en cuanto llegara antes de que Flora lo encontrara ―Buscaré un lugar en el cual quedarme ―aseguró él para no incomodar a la familia.
―Para nada ―dijo otra voz, Eldora entrando a la habitación. ―Quédate aquí, no tendremos cuarto para invitados, pero te puedes quedar en el cuarto de mi flor de primavera.
La madre de las hermanas le sonrió y asintió ―La abuela tiene razón, te quedas aquí y Flora puede dormir con Miele, ¿qué les parece?
―Si Helia no tiene ningún inconveniente por mí está bien ―dijo contenta la morena.
―Muchas gracias por su hospitalidad ―agradeció el chico sintiéndose confortado.
―No tienes qué agradecer ―dijo Alyssa colocándole una mano en el hombro del chico y sonriendo con ternura, Helia entonces descubrió que la mujer era muy maternal. ―Dense prisa en bañarse para que cuando bajen la comida siga caliente ―la madre de Flora entonces salió de la habitación.
―Es una fortuna que hayamos llegado en domingo ―comentó Flora a su abuela tomando sus cosas para baño.
La mujer mayor asintió ―Tienes razón cariño, a propósito hice un postre delicioso que les encantará ―la mujer caminó hacia la salida. ―Helia, si quieres te puedes bañar con Flora, así será más rápido.
Helia soltó una risa nerviosa y Flora se puso colorada. Eldora salió de la habitación riendo.
―Ignora eso ―la morena abrió su clóset para sacar un vestido y se agachó para tomar unas sandalias. ―Te dije que mi abuela estaba un poco loca.
Helia rio y se acercó a la chica hasta quedar en frente de ella cuando se levantó estando a escasos centímetros ―No me parece tan mala idea ―susurró el chico en los labios femeninos.
―Helia… ―el beso no tardó en ejecutarse, fue lento y placentero.
― ¡Flora! ―gritó el padre de la morena desde afuera subiendo las escaleras.
Ambos se separaron y Flora le sonrió para tomar sus cosas e irse a bañar ―Ya sabes en dónde está el baño, siéntete en confianza ―dijo mientras salía de la habitación y le hablaba a su padre. ― ¿Qué ocurre papi?
―La alcaldesa llamó, dijo que quería verte porque era importante y que fueras en cuanto te desocuparas ―escuchó Helia lo que Rollos le decía a la ojijade.
―Bien, gracias papá ―escuchó una puerta cerrarse y a Rollos bajar las escaleras.
Helia tomó las cosas necesarias y salió de la habitación para dirigirse al baño.
II
El chico Knightly salió del baño con un cambio de atuendo, dejó ese elegante traje por algo más cómodo como un pantalón de mezclilla, una playera blanca con una camisa de cuadros azul y blanca por encima y finalmente botas tipo montaña color café.
Entró al cuarto de Flora no sin antes tocar la puerta y escuchar un "adelante". Helia entró en la habitación para ver a la morena colocándose sus habituales arracadas doradas y sus miles de pulseras. Se veía realmente bonita con ese vestido blanco de tirantes y escote en forma de corazón el cual no llegaba más debajo de sus rodillas y que tenía pequeñas flores amarillas estampadas ―Creo que tu cabello es tan largo como el mío ―comentó ella levantándose de la silla de su tocador. ―Ven déjame ayudarte.
Helia se dirigió hacia ella saliendo de su ensoñación y se sentó en el lugar en el que estaba Flora ―Te ves muy bonita ―elogió él con honestidad.
El habitual sonrojo de Flora se hizo presente ―Es porque me bañé después de tantos días ―bromeó secando el cabello de Helia con una toalla para después tomar un frasco. ― ¿Has probado el aceite de coco? ―preguntó casualmente.
― ¿Acaso soy tan delicioso que me piensas cocinar con aceite y después comerme? Porque sería una experiencia maravillosa ―cuestionó riendo y viendo la cara de la morena con sus mejillas rojizas.
―Hablo en serio ―jadeó como en un berrinche.
Helia subió una ceja ―Yo también.
Flora le dio un leve golpe en el hombro a el chico para después destapar el frasco ―Te lo voy a colocar de todas maneras.
El chico sintió las suaves manos de la morena por todo su cabello y se relajó ―Tienes unas manos muy delicadas ―dijo casualmente.
La ojijade sonrió y después comenzó a cepillar el cabello de él suavemente, lo tenía tan sedoso incluso sin el dichoso aceite, le encantaba sentir esas hebras suaves entre sus dedos. Después de eso tomó la secadora y siguió con su labor en el cabello de Helia. Cuando terminó tomó una liga blanca y se la ató en la típica forma en la cual él siempre la llevaba ―Listo ―Flora tomó la toalla usada con anterioridad y la colgó en un lugar correspondiente.
Helia se levantó de su asiento para dirigirse hacia ella y cuando llegó la tomó por la cintura haciendo que girara hacia él y capturó sus labios en un suave beso.
¿Cuántas veces ya se habían besado y por qué la necesidad de estar haciéndolo siempre? Era muy adictivo probar sus dulces labios y parecía que nunca tendría suficiente. El beso siguió con más intensidad y la morena lo abrazó por el cuello mientras él lo hacía de la cintura femenina para profundizar más el contacto. Él empezó a mover sus manos de abajo hacia arriba acariciando las caderas de la chica y también su espalda.
La puerta de la habitación se abrió sin antes avisar ― ¡Flo que ya bajen a comer! ―Miele vio como ambos chicos se dejaron de besar y la voltearon a ver sin soltarse y ella alzó una ceja y lanzó una risita. ―Lamento interrumpirlos, pero dice mamá que es hora de comer… aunque al parecer ustedes ya empezaron por el postre.
― ¡Miele Welch! ―exclamó la morena a una pelirroja que se salió corriendo de la habitación riendo como si hubiera hecho la más grande travesura.
Helia soltó una risa y acarició la espalda de Flora dándole un beso en la frente ―Vamos, ayer sólo dormiste y no has comido.
Ella asintió saliendo junto con el chico de su cuarto.
III
Alyssa preparaba la mesa del jardín para tener una agradable comida en familia, Rollos la ayudaba colocando los alimentos sobre la mesa puesta para seis personas y al lado, en el pasto, una manta para Amarok.
Flora llegó al jardín junto con Helia y la madre de la morena les indicó que tomaran asiento. Miele ya estaba sentada con una sonrisa de lado a lado por la anterior travesura que había hecho a su hermana y su "cuñado".
―Espero que te agrade lo que hemos preparado Helia ―comentó Alyssa sentándose al lado de su esposo.
El chico asintió ―Se ve delicioso.
―Y es mejor que te guste y te acostumbres para cuando te cases con mi bella flor ―dijo Eldora tomándole un trago a su bebida.
Rollos casi escupe el agua que estaba bebiendo ante el comentario de Eldora ― ¡Mamá! Mi princesa aún es muy joven para pensar en matrimonio.
―En mis épocas nos casábamos desde los quince años, prácticamente Flora estaría dejada si viviera en mis tiempos.
La joven morena alzó una ceja ―Gracias abuela.
―Lo siento cariño, pero debo ser sincera.
Las seis personas empezaron a degustar los alimentos.
―Por cierto mi dulce miel, ¿de dónde sacaste ese enorme peluche? ―preguntó Alyssa haciendo referencia al unicornio con el que había llegado y que ahora decoraba su habitación.
La pelirroja se pasó su bocado y sonrió ―Flo me lo compró con el dinero que ganó en el concurso de cervezas que había en una feria cuando veníamos de regreso a Linphea ―contó animada.
― ¿Ganaste un concurso de cervezas? ¡Esa es mi niña! ―aduló Rollos chocando la mano de su hija mayor.
Helia sonrió, la convivencia familiar de aquella familia era muy pacífica y sobre todo parecía que tenían una excelente comunicación. En su familia difícilmente se podían ver todos para comer juntos en un día común y corriente, pues con sus padres en su trabajo y él en el suyo les era complicado poder organizarse de vez en cuando, y cuando lograban hacerlo era sólo para los festejos de cumpleaños o cenas importantes.
― ¿A qué te dedicas chico? ―preguntó Rollos mirando seriamente a Helia.
Él se aclaró la garganta antes de contestar ―Trabajo como uno de los directivos de la Universidad de Magix en el sector de finanzas, señor.
El hombre asintió satisfecho ―Entonces, ¿no eres un vago ni nada por el estilo?
Helia rio un poco ―No señor.
―Helia también es un artista papá ―contó Flora emocionada. ―Se especializó en pintura y me dijo que podía enseñarme un poco.
―Oh, y a mí me va a enseñar a hacer figuras de origami.
Eldora sonrió ―Eres muy talentoso mi niño.
―Gracias, pero sólo disfruto lo que hago, es todo.
―Bueno, eres amable, caballeroso y trabajas ―retomó Rollos la palabra. ―Supongo que puedo permitir que salgas con mi flor, pero sólo si es en compañía de Miele, no quiero ser abuelo todavía.
Flora se sonrojó y Helia soltó una risa nerviosa.
―Yo los vigilaré bastante bien papá ―dijo Miele con una sonrisa traviesa en su rostro.
La hermana mayor se aclaró la garganta ― ¿Cómo les fue mientras no estuvimos?
―Muy bien hija ―contó Alyssa. ―El señor Howard nos dio un bono a tu papá y a mí por nuestro gran desempeño en su huerto.
Los padres de Flora no habían estudiado alguna profesión como tal y anteriormente trabajaron en el restaurante en el cual la morena ahora laboraba, sin embargo un día llegó un empresario algo mayor de Magix a Linphea para comprar una propiedad y colocar un huerto allí y lo que diera enviarlo a la capital. Inmediatamente Rollos y Alyssa ofrecieron su ayuda, pues así sacarían más dinero; el señor Howard fue muy amable y los contrató inmediatamente para que se hicieran cargo del huerto, afortunadamente este creció rápidamente y dio estupendas cosechas, así que el matrimonio pudo dejar su trabajo en el restaurante y enfocarse en el huerto ya que la paga era mayor allí. Además el señor Howard ya era considerado también parte de la familia y para Miele y Flora era como un abuelo.
Los padres de las hermanas le contaron a Helia que varias cosas que se cosechaban en el huerto se las traían cuando se daban cuenta de que no aguantarían el viaje tan largo, así que era como matar dos pájaros de un tiro, ganaban dinero y obtenían cosechas muy buenas para comer.
IV
Cuando terminaron la comida familiar Flora le dijo a su familia que iría con la alcaldesa para ver qué necesitaba, después le preguntó a Helia si quería acompañarla para que la conociera y después darle un pequeño tour por Linphea. El chico accedió rápidamente.
Así ambos se fueron al lugar de la alcaldesa.
―Te agradará muchísimo, es una mujer bastante amable y todos los que vivimos aquí la queremos y respetamos ―contó Flora entusiasmada de ver nuevamente a la alcaldesa del lugar.
Helia sonrió ―Si tú lo dices entonces así será.
Ambos caminaron hasta la alcaldía pues no quedaba lejos, en unos veinte minutos estuvieron allí. Los dos jóvenes entraron al lugar y una voz saludó a la morena.
― ¡Pero si es mi Welch favorita! Extrañamos tu dulce cara por aquí ―dijo un hombre alto y muy fornido, era el sheriff Codatorta.
La morena sonrió y estrechó su delicada mano con la enorme de él ―Finalmente estamos en casa.
― ¿Cómo sigue Miele? ―preguntó con un deje de preocupación.
Flora suspiró ―Igual, sheriff, dicen que sin la cirugía ella no mejorará.
―Flora, ya les he dicho a ti y tus padres que si lo necesitan, cuenten conmigo para lo que sea.
Ella sonrió ―Muchas gracias, pero ya sabe que nos gusta arreglárnosla como podamos.
El hombre soltó una carcajada ―Al mal tiempo darle buena cara, ¿eso diría la vieja Eldora, no?
―Exactamente ―asintió ella y luego miró a Helia. ―Por cierto, le presento a Helia Knightly, un amigo.
El sheriff alzó ambas cejas ―Nunca te había visto por aquí ―dijo estrechando la mano con de Helia.
―Vengo de Magix, sheriff, mi auto se descompuso. Flora y Miele me ayudaron a llegar aquí ―contó al hombre.
Codatorta asintió riendo ―Estas hermanas tienen un corazón de oro ―agregó y luego miró a Flora. ―La alcaldesa te espera en su oficina, creo quiere que veas a alguien.
Flora frunció el ceño un poco extrañada pero sólo agradeció al sheriff y siguió su camino con Helia hacia la oficina de la mujer.
―Codatorta es como un tío para mí, es un poco tosco pero buena persona.
―Por un momento temí que te rompiera la mano.
Flora rio y tocó la puerta de la oficina cuando llegaron.
―Adelante ―indicó una voz femenina que denotaba muchos años.
Ambos entraron y Flora se dirigió a abrazar a la alcaldesa ― ¡Me da mucho gusto verla, alcaldesa Faragonda!
La mujer devolvió el abrazo ―Es a mí a quien le da gusto verte de nuevo mi niña ―dijo con una sonrisa y luego miró al chico. ―Y veo que traes compañía.
Helia se acercó para estrechar la mano con la alcaldesa ―Helia Knightly, es un placer alcaldesa.
― ¡Qué chico tan educado! ―sonrió Faragonda mirando a Flora. ―Lamento haberte llamado tan de repente, pero me gustaría que ayudaras a mi sobrina, llegó hace unos días Linphea y ya no recuerda muy bien ciertos lugares y dado que he estado muy ocupada no he podido salir de paseo con ella y me gustaría que tú lo hicieras.
―Claro con mucho gusto ―sonrió la morena.
―Bien, Krystal no tardará en llegar.
Helia abrió los ojos en señal de sorpresa y se acercó a la alcaldesa ―Perdón pero acaso dijo ¿Krystal?
Faragonda estaba a punto de responder cuando la puerta de la oficina se abrió dejando entrar a una chica de cabello lavanda y ojos verdes claros ― ¡¿Helia?!
Flora miraba todo reprochándose a sí misma, ¿cómo no pudo sumar uno y uno para que diera dos? Helia le había dicho que su ex novia visitaría a su tía, la única persona en Linphea que conocía que tenía una sobrina que vivía en Magix era la alcaldesa Faragonda puesto que cuando era más pequeña Krystal solía ir consecutivamente al pueblo y ambas jugaban por horas. Claro que eso ya tenía años y apenas recordaba a la pequeña Krystal.
― ¿Qué haces aquí? ―preguntó la sobrina de Faragonda.
―Venía a buscarte, pero… ―él no completó la frase porque ella lo abrazó inmediatamente.
― ¡Te extrañé mucho, cariño! ―admitió ella. ―Estos días aquí se me han pasado tan lentos, lamento no haber entendido que tú aun no estás listo para formar una familia y todo eso. Yo esperaré el tiempo que tú necesites.
Helia no supo que decir y sólo atinó a mirar a Flora que miraba ambos con una media sonrisa que sólo indicaba tristeza.
Faragonda entonces intervino al percatarse qué era lo que estaba pasando ―Krystal querida, ¿recuerdas a Flora Welch?
La chica se separó de Helia y volteó a ver a la morena ― ¡Claro! Ha pasado mucho tiempo Flora ―dijo Krystal yendo a saludar a la morena con un abrazo que la otra correspondió.
No podía odiar a Krystal por tener a Helia, no podía odiarla porque ambas se habían llevado muy bien de pequeñas, y ahora tampoco debía intervenir porque no era lo correcto. No podía hacer nada porque todo había sido efímero.
Por otro lado Helia no sabía qué hacer, se había propuesto terminar todas las cosas con Krystal para intentar algo con Flora, y seguía proponiéndoselo. Pero la chica de cabello lavanda se lo había puesto muy difícil al inmediatamente disculparse por la discusión y por irse, ¿qué demonios debía hacer ahora?
Flora se separó del abrazo con una sonrisa débil ―Qué hermosa estás Krystal, me da mucho gusto verte.
― ¡Tienes muchas cosas que contarme Welch! Pero antes de eso, ¿ya conocías a Helia?
―Sí, bueno… eh… se descompuso su automóvil y mi hermana y yo veníamos de regreso a Linphea cuando lo vi, así que lo ayudé y me dijo que venía a… buscarte ―contó Flora.
Krystal volteó de nuevo a Helia ― ¿En verdad? ―ella corrió a él y lo besó inmediatamente. ―Fui una tonta cariño, eres lo mejor que tengo en la vida, nunca más volveré a irme. Promesa.
Krystal lo volvió a besar.
Flora apretó las manos en puño y se esforzó en no quebrarse ahí y llorar, ¿para qué? ¿Lloraría por un chico que apenas conocía de menos de una semana? Le dolía ver aquello, pero no tenía otra opción más que hacerse a un lado. Al parecer Helia sólo la había utilizado para sacarse a Krystal de la cabeza y no pudo hacerlo.
Faragonda notó la cara de tristeza de Flora y se acercó a ella ―No pensé que este Helia era el mismo Helia de Krystal. ―le susurró la alcaldesa acariciando el cabello de la morena. ―Lo siento Flo, te he causado un problema.
Ella sonrió mirando a la alcaldesa ―No se preocupe, estoy bien. Yo… sabía que esto pasaría ―dijo mirando a la ventana para evitar ver a la pareja. ―Tal vez el paseo deba postergarse.
―Está bien Flora, le diré a Codatorta que te lleve a tu casa.
Flora suspiró y sonrió ―No hace falta ―la morena se acercó a la pareja y carraspeó un poco antes de interrumpirlos, cuando eso pasó y ambos la miraron ella les dio la mejor sonrisa que tenía en ese momento. ―Yo me voy, fue un gusto verte de nuevo Krystal y me da gusto que hayan arreglado sus… problemas.
Helia quiso decir algo pero la chica de cabello lavanda lo interrumpió ―Pensé que daríamos un paseo Flora.
―Quizá en otra ocasión, mi hermana me mandó un mensaje de texto ―mintió. ―Creo que necesita que la ayude en algo.
―Ya veo ―comentó Krystal un poco desilusionada. ―Pero me lo debes, ¿qué te parece mañana?
―Mañana trabajo de siete a cuatro y luego vengo a ayudar a la alcaldesa Faragonda en lo que necesite.
Krystal miró a su tía ― ¿Podrías dejarla libre mañana? En verdad quiero recorrer el pueblo para no perderme de nuevo.
Faragonda lo pensó, pero al ver la cara suplicante de su sobrina no pudo desistir mucho ―Si Flora no tiene ningún inconveniente.
― ¡Perfecto! Te veré mañana Flora ―se despidió la chica de cabello lavanda para abrazar a Helia, feliz de verlo nuevamente.
Flora asintió y salió de ahí sin siquiera dirigirle una mirada a Helia.
V
Miele entró al cuarto de Flora mirándola con tristeza, ¡tendría muchas cosas que reclamarle a Helia! No soportaba ver a su hermana mayor llorar, y es que jamás en la vida la morena había llorado por algún chico o por alguna desilusión amorosa.
Todo había pasado tan rápido: Flora llegó sola con lágrimas en los ojos y subió inmediatamente a su habitación en donde se encerró. No quiso hablar con sus padres ni con Eldora; Miele dejó que pasara un tiempo antes de ir al cuarto de su hermana.
― ¿Fue Helia, verdad? ―preguntó Miele.
―Su ex novia resultó ser Krystal, la sobrina de Faragonda ―contó limpiándose unas cuantas lágrimas mientras abrazaba fuertemente su almohada. ―Y yo sólo fui su platillo de medio tiempo.
―Flo…
―Es que no entiendo Miel, apenas lo conocía y ya estábamos besándonos como si lleváramos toda una vida entera juntos, fui una tonta y me da tanta rabia estar llorando por él ―dijo Flora mirando finalmente a su hermanita. ―Y más sabiendo que probablemente él esté con ella, besándose o… haciendo otras cosas.
La pequeña Welch torció los labios ―Tú le gustas a Helia, sinceramente, él me lo dijo… que planeaba terminar todo con Krystal para estar conocerte mejor y estar contigo ―confesó ella.
―Pues por lo que vi Helia no parecía querer terminar las cosas con ella ―reprochó Flora.
―Ponte a pensarlo por un momento Flo, llevan tres años de novios y una vida siendo amigos, no es fácil para él. Si tú te pones en su lugar sería difícil terminar todo con esa persona, además dudo mucho que él supiera que Krystal estaría allí y que fuera la sobrina de Faragonda.
Flora lo meditó y suspiró ― ¿Por qué eres más madura que yo? ―preguntó sonriéndole a su hermana. ―Tienes razón, tampoco debo echarle toda la culpa, lo mejor es hacerme a un lado y dejar que las cosas fluyan.
― ¡Así se habla cariño! ―animó Eldora entrando a la habitación. ―Supuse que algo así pasaría, en la mañana cuando leí mis cartas de la suerte vi un corazón volteado, eso significaba dolor. Ahora entiendo por qué.
―Abuela, ¿tú no nos puedes decir qué pasará entre Helia y Flora? ―preguntó la nieta menor.
Eldora sonrió ―Lo siento mi dulce miel, pero a veces las cosas deben fluir, tal y como lo dijo tu hermana ―la mujer acarició el cabello de la menor y le ofreció un pañuelo a Flora para después extenderle una mano. ―Ven conmigo mi bella flor, quiero mostrarte algo.
La mayor aceptó y se dejó guiar por su abuela hasta el jardín de la casa ― ¿Qué es abuela?
La abuela le dedicó una sonrisa y le indicó mirar las flores ―Cuando tu naciste fue un día muy difícil mi niña, tu mamá se había puesto muy mal y los doctores de la clínica casi te daban por muerta ―contó Eldora la historia que Flora alguna vez había escuchado. ―Sin embargo, yo puse mucha fe en que saldrías con bien, y mientras Alyssa y tú daban la batalla de sus vidas yo me senté aquí, en este jardín bajo el mismo cielo estrellado y le prometí a todas estas flores que si ambas salían con bien yo me encargaría de cuidarlas hasta dar mi último suspiro.
―Y es por eso que me dieron el nombre de Flora ―comentó la morena.
―Mi hermosa, si tú pudiste luchar contra la muerte y salir victoriosa, una desilusión amorosa no será nada difícil de superar, ¿o sí?
Flora sonrió, su abuela siempre tenía una manera extraña de animarla ―Gracias abuela ―la morena abrazó a Eldora hasta que escuchó unos pasos acercándose a ellas y volteó para encontrarse con alguien que no esperaba. ― ¿Helia?
―Hey.
Eldora se separó de ella ―Los dejaré solos ―y se fue.
El chico miró a la mujer entrar de nuevo a la casa ―Esa historia fue muy linda.
Flora lo miró ―Supongo que viniste por tus cosas.
Él se acercó a ella ―Lamento lo que pasó en la tarde y que hayas visto todo eso con Krystal y lamento también no haber hecho algo para impedirlo.
―No tienes porqué explicar nada, eres libre de hacer lo que quieras.
Helia en ese momento tomó el rostro de Flora y la besó, ella apenas correspondió ―Te quiero, pero necesito que me des tiempo para terminar todo con Krystal.
― ¿Estás completamente seguro?
―Tú me preguntaste el día que nos conocimos si me imaginaba una vida junto a ella y yo te respondí que no ―comenzó a contar él. ―Luego me puse a pensar una vida contigo y… eres todo lo que siempre había necesitado. Te necesito.
Una lágrima rodó por la mejilla de Flora y ella apenas sonrió ―Lamento ser una llorona, soy un poco sensible a estas cosas ―dijo. ―Está bien, resuelve todo lo que necesites con ella, pero no te tardes demasiado.
Helia sonrió y asintió volviendo a besar a Flora. En definitiva besar a la morena era millones de veces mejor que besar a Krystal, y aunque era cruel hacer esas comparaciones era la irrefutable verdad.
