Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. La imagen de portada no me pertenece, no así la edición.
8. Escape
Esa noche Levi no pudo dormir. Ni siquiera el té fue de ayuda, ni el cansancio que tenía encima a causa de la expedición. Encima la pierna le estaba matando, así que las posibilidades de poderse dormir se redujeron a nada.
Quedarse pensando en las últimas palabras del sr. Ral tampoco estaban contribuyendo. No lograba sacarse aquella frase de la cabeza, ni lo que vio en aquel bosque, ni las palabras de aquella carta, ni el perfil manchado de sangre de Petra Ral cayendo de la carreta. Los gritos de angustia de su subordinada pidiendo su autorización resonaban en su cabeza como una canción sin fin, al igual que aquel rugido de Eren destruyendo la tranquilidad del bosque. Su cabeza parecía a punto de estallar, le latían las sienes y se sintió desfallecer, como si de pronto se quedara sin fuerza y el trabajo de todos esos años se le hubiese volcado encima de repente.
Se dejó caer al suelo de rodillas, completamente agotado. Simplemente era demasiado. Estaba cansado. Cansado de luchar, cansado de ver morir a los que le importaban. Cansado de ver rostros llenos de esperanza que después quedaban sumergidos en el dolor y la pena. Cansado de ser llamado "el soldado más fuerte de la humanidad" y tener que mantener esa fachada, esa máscara infalible y soportar tanto dolor y tanta muerte. Esa noche más que nunca su título le pareció estúpido, falso. Un chiste sarcástico, una broma cruel.
Observó su chaqueta, y se quedó mirando con fijeza el símbolo en su espalda durante algunos momentos. Las Alas de la Libertad parecieron opacas y sin vida ante la escasa luz de la vela, como si representara las vidas que se habían apagado esa mañana. La arrojó al otro lado de la habitación con rabia, sin poder desquitar su ira y su dolor. Esa libertad que representaba se había cobrado ya demasiadas vidas. La acción inevitablemente le llevó a pensar en la insignia que había quitado del uniforme de su subordinada, y ese pensamiento le llevó de nuevo al sr. Ral y sus últimas palabras.
"Mi hija en verdad lo amaba"
Era como un verdugo, persiguiéndolo y torturándolo lentamente.
Agobiado por los ininterrumpidos pensamientos, se puso de pie de un salto y se sentó a llenar su informe. Así, al menos mantendría su mente ocupada y podría huir de sus fantasmas, aunque fuera solo por un momento.
Eren se despertó con un terrible dolor de cabeza y el estómago hecho trizas. El rostro dormido de Mikasa fue lo primero que vio, inclinado sobre su cama y con leves ojeras surcando sus ojos. Estaba despeinada y aun portaba su uniforme. Debió haberse quedado cuidándolo toda la noche. Se sintió avergonzado, no quería que lo cuidaran ni que lo trataran como un niño pequeño. Pero Mikasa nunca lo dejaría, y estaría allí a su lado cada vez que lo necesitara.
Se incorporó con dificultad en la cama, mareándose un poco durante el proceso. El movimiento despertó a Mikasa, quien se incorporó de inmediato, lista para atender cualquier necesidad que tuviera.
—¿Dormiste bien? —le preguntó la niña incorporándose. Todo el cuerpo le dolía debido a la mala posición en que se durmió, pero no lo demostró.
Eren negó con la cabeza.
—Tuve una pesadilla.
No quiso decir más, y Mikasa lo comprendió. Había sido igual cuando murió Carla, y luego cuando se enteró de la muerte de Marco. Intentarle sacar más palabras sería completamente inútil.
—El comandante quiere verte —le anuncio Mikasa poniéndose de pie— iré a buscarlo.
Eren asintió y se quedó en cama. Se sentía muy agotado como para ponerse de pie.
Minutos después llegó Erwin acompañado de dos miembros de la Policía Militar. Mikasa los siguió de cerca mirándoles con desconfianza. Erwin entró solo a la habitación y le pidió a los soldados que esperaban afuera. Los hombres aceptaron con renuncia, quedándose uno a cada lado de la puerta. Mikasa se quedó recostada de pie del otro lado del pasillo, sin quitarles la vista de encima.
—Comandante Smith —saludó Eren respetuosamente, tratando de ponerse de pie.
—Puedes sentarte Eren —concedió Erwin, a sabiendas de que el muchacho todavía necesitaba recuperarse—. Las noticias que te traigo no son buenas. Lo ocurrido durante la expedición es sabido por las autoridades militares y el gobierno, y se requiere que seas llevado a Stohess en la Muralla Sina para que comparezcas ante ellos. No voy a mentirte, Eren —dijo sombrío—. Podrían ordenar tu ejecución.
Eren parpadeó con sorpresa, no tomando muy bien la noticia. Iba a decir algo, pero Erwin lo detuvo.
—Te quedarás aquí hasta que te recuperes para poder viajar, y mientras serás puesto bajo vigilancia de la Policía Militar. No se te permite tener contacto con tus amigos ni con ningún otro soldado, únicamente el equipo médico está autorizado para verte de ahora en adelante, y siempre vigilado por los soldados de la PM. ¿Está claro?
Eren tenía problemas para comprender lo que estaba pasando. ¡Él no había hecho nada malo, el titán femenino sí!
—¡Pero no he hecho nada malo!
—Esas son las órdenes, y ni siquiera yo estoy exento de ellas —respondió Erwin con calma.
—¿Y qué pasa con el titán femenino? —quiso saber el muchacho.
—Eso es información que no puedo compartir contigo.
Algo raro estaba pasando, pudo sentir Eren. El comandante se estaba comportando de manera muy críptica, como si intentara ocultar algo. Entonces Eren entendió que la vigilancia no iba a empezar cuando saliera del cuarto, sino que ya había comenzado.
—Debo irme, se llevará a cabo una reunión para ver lo de tu traslado —se despidió Erwin, pero esta vez había una mirada diferente en su rostro, como si quisiera decirle algo importante.
Estrechó su mano, dejando en su mano un pequeño trozo de papel.
—Que te recuperes pronto, Eren.
—Gracias comandante.
Erwin salió de la habitación, dejando a Eren solo. El muchacho leyó el papelito, y su mensaje le dio una chispa de esperanza.
No vamos a dejarte solo. Armin está ideando un plan para exponer la identidad del titán femenino y sacarte de esta. Ten cuidado y no confíes en nadie. Destruye este papel cuando termines de leerlo.
La letra sin duda era la del comandante. Eren miró hacia los lados, y al no encontrar otra solución, se tragó el papel. Volvió a acostarse y soltó un amargo suspiro. Le esperaban largos días.
Los siguientes cuatro días transcurrieron con suma lentitud. Eren fue trasladado a una celda donde pasaba la mayor parte del día solo, pero vigilado por la Policía Militar. Lo habían encadenado y le habían puesto un freno en la boca para evitar que se transformara y huyera, y solo era soltado cuando una doctora de la Legión iba a verlo, o cuando le llevaban comida. Tales condiciones solo retrasaban su recuperación, pero los altos mandos no querían arriesgarse a nada.
Eren no podía dejar de preguntarse cómo iban a salvarlo de esta. Ciertamente no tenía la misma capacidad mental de Armin, así que no lograba imaginar cómo planeaban evitarle el destino que le tenían preparado. No sabía qué hacer ni cómo actuar, solo podía esperar y rogar que todo saliera bien.
El día fijado para su salida finalmente llegó, avivando sus nervios y poniéndole a la defensiva. Estaba listo para pelear, si era necesario, pero no sabía si tendría que hacerlo o no. Lo único que podía hacer era dejarse llevar y estar atento a cualquier irregularidad que pudiera sacarlo de allí.
La oportunidad esperada llegó, de una inusual forma. Cuando su médico a cargo fue anunciado para una revisión final no vio nada extraño, hasta que cuando vio su rostro y se quitó el tapaboca tuvo que aguantar una carcajada. Allí estaba Jean, vestido con una bata de doctor, pero con pechos falsos notándose bajo su ropa y una peluca parecida al cabello de Krista en su cabeza.
—No me mires y así y mueve el culo —le apremió Jean, desabrochándose la bata y sacándose la peluca. Desvístete y dame tu ropa, tú te pondrás la mía y saldremos de aquí intercambiando lugares.
Eren obedeció de inmediato aunque no entendía del todo cómo iban a salirse con la suya. Confiaba en Armin, pero no estaba muy seguro de si el plan funcionaría. Es decir, ¿quién iba a creerle que era un médico, o peor aún, una mujer?
—Saldrás de aquí y te irás directo a la oficina del comandante Smith —continuó Jean—. La Dra. Nighttingale está esperando en el pasillo para tomar tu lugar y no levantar sospechas —agregó señalando con la cabeza hacia afuera.
—¿Y los soldados?
Jean sonrió.
—Uno está en el baño con diarrea y el otro está dormido —efectivamente, el soldado que había anunciado su llegada se hallaba roncando en su silla—. Pero no será por mucho tiempo, así que hay que apurarse.
Jean se terminó de vestir con la ropa de Eren y sacó de su maletín de doctor una peluca exactamente igual al cabello de Eren y se la puso, y luego sacó del mismo maletín unas pequeñas hojillas que ocultó cuidadosamente en diferentes partes de su cuerpo. Eren, por su parte, estaba teniendo problemas con su disfraz, la peluca le causaba mucha comezón y la bata le quedaba un poco grande, pero tendría que soportarlo si quería salvarse de lo que se le avecinaba.
Una vez vestidos, Eren encadenó a Jean y lo amordazó tal como habían hecho con él, de acuerdo al plan. Se notaba que a su compañero nada de esto le hacía gracia, pero no había más opción. No podían confiar en nadie y Eren no debía caer en manos de la Policía Militar.
—Gracias por hacer esto —dijo, y salió de la celda.
En el pasillo se encontró con la Dra. Nighttingale que le hizo señas para que se alejara. La mujer regresó a la celda y se quedó con el Eren falso, justo a tiempo para que llegara el soldado que estaba en el baño y despertara violentamente a su compañero dormido.
Esta me la debes, bastardo suicida. Pensó Jean, mientras la Policía Militar se aproximaba para abrir la celda y llevárselo a Stohess.
Aclaro algo, por si las dudas. Bajo ningún concepto estoy alentado un Jean/Eren.
—Fanfiction, 26 de diciembre de 2016.
