Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. La imagen de portada no me pertenece, no así la edición.


10. Farewell


Las despedidas siempre han sido dolorosas. Muchas veces parece mejor no hacerlas, porque representan el cierre de un ciclo, la aceptación de que esas vidas se extinguieron para siempre y jamás regresarán al lado de los vivos. Pero a veces, es la única manera de estar en paz con uno mismo, y ser libre de ese sentimiento incómodo de que se tiene un asunto pendiente.

Las despedidas nunca habían sido su fuerte. Lágrimas y dolor era lo que cada adiós deparaba. Pero él no lloraba, se despedía en silencio. Siempre había sido juzgado entonces. "No tiene sentimientos", decían a sus espaldas. No podían estar más equivocados. Porque esta vez, fue la despedida más amarga a la que se haya enfrentado.

La noche anterior Levi Ackerman no pudo dormir. Los problemas para dormir no eran algo raro en él, pero al menos era capaz de poder hacerlo unas tres horas por noche. Sin embargo, esta vez no pudo descansar ni cinco minutos. La idea de asistir al funeral de sus compañeros le causaba cierta ansiedad, cierta amargura. No solo se trataba de aquellos que murieron durante la fatídica expedición 57, sino también de todos los que perdieron durante las semanas anteriores. La lista era tan larga que no quería pensar en ella.

¿Cuántos de los nombres que figuraban en las lápidas estaban allí por causa suya?

Isabel, Farlan… su escuadrón.

Una parte de Levi no quería asistir. No quería tener que ver las tumbas blancas, repletas de nombres de personas con las que alguna vez compartió lazos. No quería enfrentarse a las familias destrozadas, ver sus rostros llenos de dolor y pena, a las viudas llorar a sus maridos muertos y a los padres consolarse mutuamente por sus hijos. En especial al padre de Petra.

Pero tampoco podía quedarse allí. Era necesario asistir, cerrar ese ciclo. Como una especie de catarsis, enfrentarse a la realidad de una vez por todas y aceptar las pérdidas de aquellos que dejó atrás. Recordar el por qué está allí, todavía en pie, tomar los sacrificios que ellos hicieron y seguir adelante, darles significado.

Cuando la hora de partir se acercó, tomó su uniforme de gala y salió en silencio de su habitación.

El Monumento a los Caídos lucía bastante concurrido. Se veían civiles por doquier, mezclados con soldados de la Legión de Reconocimiento usando sus uniformes de gala: una larga gabardina con su característica insignia estampada en la espalda. También había algunos miembros de las Tropas Estacionarias, y uno que otro de la Policía Militar. La reina también se hallaba allí, pero no permaneció por mucho tiempo.

La ceremonia fue solemne, antecedida por una banda militar que tocó una breve y suave melodía con clarines. Luego algunos soldados de la Legión, acomodados en una fila perfecta, dispararon sus rifles al aire al mismo tiempo. El estallido finalizó tan rápido como empezó, y los presentes procedieron a sentarse.

Erwin Smith fue el encargado de dar el discurso de inicio. Lucía muy gallardo e imponente con su traje de gala, y sus palabras solo acentuaron esa impresión. El comandante Smith siempre había sido bueno dando discursos, logrando tocar los corazones de quienes le oían e impregnar en ellos un fuerte espíritu de lucha.

—Estimados amigos aquí presentes —comenzó— hoy nos reunimos aquí para despedirnos de nuestros seres queridos. Ha pasado ya más de un mes desde que la quincuagésima séptima expedición tuvo lugar y se llevó a muchos de los nuestros. Dadas algunas circunstancias que hemos atravesado durante este tiempo, no se había dado el momento para realizar una despedida apropiada. Desgraciadamente, más de nuestros compañeros perdieron sus vidas durante ese tiempo, y a los cuales tampoco pudimos despedir adecuadamente. Hoy estamos aquí para esa despedida final, donde horraremos sus memorias y sus sacrificios.

»No importa cuánto tiempo pase, si uno, dos o seis meses. El dolor de sus pérdidas sigue presente en nosotros como si hubiera sido ayer, y sé que para muchos quizás nunca se atenúe. No puedo pedirles, estimados amigos, que olviden a los suyos para poder seguir adelante. Al contrario, les pido que los recuerden como lo haré yo. Que los tengan presentes siempre en sus memorias y en sus corazones, que no olviden sus inagotables espíritus de lucha y el motivo por el cual entregaron sus vidas. No permitan que caigan en el olvido cuando finalice esta reunión, que sus nombres simplemente sean uno más entre tantos otros, porque la lucha no acaba cuando este funeral lo haga, ni cuando regresen a sus casas con sus familias.

»La lucha continua. Aquí y ahora. Y sus hijos e hijas, sus cónyuges y hermanos que ya alzaron el vuelo han trazado el camino para que los que seguimos aquí podamos llegar hasta el otro lado del horizonte. Lo que han hecho nos permitirá dar un paso más cerca de la libertad, y algún día, cuando finalmente la lucha acabe y ganemos la batalla, ustedes serán testigos y podrán disfrutar de ello. Tal vez yo no esté aquí cuando ese momento llegue, pero eso no me impide seguir en pie. Lo que me mantiene en pie son las voluntades de quienes nos despediremos aquí, sus sueños de algún día finalmente ser libres. Por favor tomen eso en cuenta y no se dejen dominar por el dolor y la desesperación. Pues aunque hayamos sido privados de la compañía de quienes amamos, sus espíritus nos acompañan hoy, en las Alas de la Libertad, en el viento que mece nuestras capas, y sobre todo en nuestros corazones.

»Sé que es duro decir adiós. Yo mismo he pasado por esto muchas veces. Cuando era niño perdí a mi padre, y años después a mi madre. Durante todos estos años en la Legión perdí a incontables amigos y compañeros, y hoy estoy aquí para despedir a más de ellos que se fueron demasiado pronto. No teman despedirse hoy, porque no es un adiós sino un hasta luego. Aquellos que mueren por la vida no podemos llamarles muertos porque viven en nosotros, y algún día, sea hoy o mañana, o muchos años más adelante volverán a vernos cuando nos reunamos con ellos. Hagamos de ese tiempo de espera lo mejor que podamos, y no olvidemos nunca el motivo que nos trajo aquí. Por mi parte, y la de mis valientes soldados, seguiremos peleando para que sus sacrificios no sean en vano, para que conquistemos la libertad, lucharemos hasta el último eco de nuestras almas, hasta que el viento ardiente arrebate nuestras alas.

»Hoy, honramos sus muertes y sus vidas. Hoy les decimos con toda sinceridad ¡entregamos nuestro corazón!

Con la última frase, hubo un grito de guerra, y al unísono, todos los soldados de la Legión se llevaron la mano al pecho y saludaron con determinación.

Estallaron los aplausos, y las lágrimas podían verse rodar de los ojos de los familiares. Incluso algunos soldados no pudieron reprimir la emoción, y gotas saladas se escaparon de sus mejillas mientras saludaban.

Los aplausos cesaron mientras Erwin descendía del podio, y Hange tomaba lugar junto con otros dos soldados portando cajas.

—Mi nombre es Hange Zoë, segunda al mando después del Comandante Erwin Smith. El día de hoy tengo el honor de honrar la memoria de mis compañeros y amigos, reconociendo sus hazañas y contribuciones a la Legión de Reconocimiento. Llamaré sus nombres uno por uno, y cuando mencione a sus familiares, por favor pasen al frente.

El primer nombre en la lista fue el de uno de los soldados del flanco derecho que fue masacrado por Annie Leonhart durante la expedición 57. Pasaron al frente sus padres, y recibieron de parte de Hange una medalla en su honor. La lista continuó de la misma forma en orden alfabético, sin importar si se trataba de un soldado que fue encontrado muerto, o si simplemente se dio por desaparecido. En caso de que fuera lo último, se notificaba tras dar su nombre. Esto fue hecho bajo las instrucciones de Erwin con el fin de darles algo de esperanza a sus familiares, algo a qué aferrarse para que no perdieran la fe, pero Hange sabía muy bien que eran esperanzas vanas. El caso de Ilse era un ejemplo, pues aunque en su respectiva ceremonia de despedida se le informó a sus familiares de su desaparición, un año después la hallaron decapitada dentro del tronco de un árbol.

De todos los nombres que se mencionaron, Levi fue capaz de reconocer solo unos pocos. Nunca había sido muy sociable, así que se relacionaba con pocos soldados fuera de los veteranos o su escuadrón. El primer nombre que reconoció fue el de Darius Baer-Varbrun, un veterano que murió intentando dar aviso de la aparición del titán femenino. Dita Ness, le siguió inmediatamente, asesinado también por la cambiante cuando trataba de hacerle frente. Eld Jinn, segundo al mando en el escuadrón de Levi, un líder nato cuyo récord de muertes ostentaba los 46 titanes. Su novia pasó al frente, recibiendo la medalla y derramando algunas lágrimas. En sus brazos llevaba a su hijo recién nacido, quien nunca lograría conocer a su padre.

Gelgar, otro veterano de la Legión que murió la noche del ataque al Castillo Utgard. Gunter Schültz, otro de los subordinados de Levi que había matado 47 titanes y que también fue asesinado personalmente por Annie Leonhart. Los encargados de recibir su medalla fueron sus padres, una pareja de ancianos cuyo dolor por la pérdida de su hijo parecía más fuerte que nunca. Henning, quien murió también aquella fatídica noche en Rose, alcanzado por un proyectil que lanzó el titán bestia. Iván, muerto en la expedición 57. La única vez que Levi lo vio fue ya muerto, siendo cargado en las espaldas de su amigo cuando la Legión regresaba a Karanese.

Keiji, subordinado de Hange asesinado por los secuaces de Kenny cuando intentaban rescatar a Eren y a Historia. Levi pudo notar cierta tristeza en la voz de Hange cuando dijo su nombre. Lynne, una valiente veterana quien perdió la vida junto a su esposo Henning. Luke Siss, otra de las muchas víctimas de Annie Leonhart.

Mike, un veterano de confianza de Erwin, y uno de los pocos que sabía del verdadero motivo tras la expedición 57. Fue devorado por un titán regular a las afueras del Castillo Utgard. Nanaba, una de las pocas personas dentro de la Legión que Levi conocía bien y que había sobrevivido por más de 5 años. Murió al igual que Mike, devorada por los titanes cuando se quedó sin gas y no pudo seguir luchando. Nifa, una jovencita de apenas 19 años asesinada sin misericordia por Kenny. Oluo Bossard, miembro también del Escuadrón de Operaciones Especiales, quien murió protegiendo a Eren. Tenía el mayor récord de asesinatos en solitario, ascendiendo a 39. Sus padres recibieron su medalla, acompañados por sus tres nietos, sobrinos de él.

Petra Ral, la única mujer soldado que alcanzó el nivel necesario para integrar dicho escuadrón. Era muy valiente y leal, y se llevaba muy bien con Hange. Tenía el mayor récord de ejecuciones entre los soldados regulares de la Legión, siendo éste 56. Su muerte fue la que más afectó a Levi, debido a su juventud y la profunda confianza que ella había depositado en él. Sus padres recibieron la medalla en su honor, sin poder contener las lágrimas. Era su única hija.

El último nombre de la lista, y también el último que pudo reconocer fue el de Waltz. A diferencia de la mayoría de soldados caídos, él no había muerto durante la expedición 57, pero sí por causa de Annie Leonhart. Murió junto a otros soldados aplastado por los escombros a causa de la transformación de la cambiante en Stohess. Recibió honores como todos los demás soldados, siendo reconocido por su valentía y apoyo en la misión.

Después de los respectivos honores, la banda volvió a tocar y los veteranos se retiraron. Las familias comenzaron a dispersarse, acercándose a las tumbas donde yacían las memorias de sus seres queridos y amigos. Hange dejó flores en las lápidas de Nanaba y Mike, y luego en la de Petra, donde sostuvo una breve conversación con sus padres. Los mejores amigos de Eren y sus compañeros de la 104 se quedaron a un lado, ya que en sí no tenían a nadie de quien despedirse. De todos los fallecidos durante el mes anterior realmente no habían entablado relación con más nadie fuera de su círculo, y se encontraban allí más por responsabilidad que por otra cosa.

En cambio, Eren sí se acercó a las tumbas. Visitó de una en una la de los miembros del escuadrón que lo protegió, dejando para último la de Petra Ral, y únicamente después de que sus padres se marcharan. Le dejó un ramo de flores blancas con un lazo verde, que él mismo había recolectado. Levi le observó en silencio, haciéndose a un lado para darle privacidad.

Fue como si hubieran regresado en el tiempo. El dolor era visible en la mirada del jovencito, tan vívido como si hubiese sido ayer cuando vio morir a su protectora. Un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, a la vez que se despedía.

—Lo siento tanto, señorita Petra —murmuró, mirando su lápida y hablando en voz baja—. Todo esto es mi culpa. De nuevo, dejé que otros murieran para salvarme, al igual que mi madre. Si hubiera actuado antes… ni usted, ni Gunter, ni Oluo ni Eld estarían muertos. El capitán Levi dice que debo seguir adelante y aceptar el peso de mis decisiones, pero no puedo dejar de pensar en que si hubiera actuado de manera diferente nada de esto haría pasado y usted estaría ahora con vida. Lo siento tanto. Ojalá algún día pudiera usted perdonarme.

Se enjugó las lágrimas, y tras hacer el saludo de la Legión, se alejó de allí. Se volvió hacia Levi, y ya sin lágrimas en sus ojos, le prometió vehemente que los vengaría. A todos y cada uno de ellos. Levi le escuchó en silencio, asimilando sus palabras. Había tal determinación en ellas que el capitán no dudó ni por un segundo que las cumpliría. Era como ver de nuevo al chico de la celda tras la caída de Trost, pero ahora más fuerte y decidido que nunca. Tras eso, el adolescente se despidió, dejando a Levi solo.

La tumba de Petra carecía de gran cosa, aparte de las flores que Eren dejó. Fuera de eso era igual a las otras, de color blanco y sin ningún cuerpo enterrado allí. La leyenda que tenía grabada era como la de las demás. "Hija. Leal. Valiente. Legionaria." Lo único que la hacía diferente era su nombre y sus respectivas fechas de nacimiento y muerte, y el lugar y evento donde perdió la vida.

En verdad era demasiado joven para morir. Había nacido el sexto día del último mes del año, en el 828. No había llegado a cumplir los 22 años. Su muerte se reseñaba como soldado caído en combate en la quincuagésima séptima expedición, protegiendo a un compañero. También mencionaba su participación en el Escuadrón Élite de Operaciones Especiales, gracias a su alto nivel en la milicia, y las 56 ejecuciones que ostentaba.

Sin embargo, aun con todo eso parecía insuficiente. No habría palabras suficientes para describir todo lo que hizo, todo lo que significó para los que la conocieron. Incluyéndolo a él. Nunca pudo decirle lo orgulloso que estaba de su trabajo, ni lo satisfecho que sentía de haberla escogido para su escuadrón. Nunca pudo decírselo a ella, ni al resto del equipo. Nunca pudo decirles cuánto les importaba, ni que a su lado sentía que tenía una especie de familia. Nunca fue bueno expresándose con palabras, lo suyo siempre fue las acciones. Cuando se trataba de sentimientos y todas esas cosas que consideraba nimiedades, para él eran algo abstracto, incómodo. Incluso se sentía torpe tratando de darles un nombre en voz alta.

Y ahora, se encontraba de pie ante una tumba vacía, en un funeral al que no pensó que tendría que asistir, hurgando en su cerebro, buscando las palabras adecuadas. Sabía que Petra Ral, ni Gunter Scültz, ni Eld Gin ni Oluo Bossard podrían escucharle. Lo que una vez fueron ellos, eso que les daba vida y personalidad propia, eso que quizá sí sería un alma, estaba bastante lejos de su alcance, extinto para siempre.

Levi se arrodilló frente a la lápida, depositando un rosa blanca que había comprado en la ciudad. Sabía que eran sus favoritas, pero que nunca las tuvo por su alto precio y el cuidado que no podía darles. Sabía también que se marchitaría, pero quería honrar su memoria de alguna forma tangible, con algo que hubiese sido significativo para ella.

—Sé que no puedes escucharme —murmuró—. Y ni siquiera sé por qué hago esto. Tal vez sea porque el mocoso ese hizo lo mismo —permaneció callado unos momentos, como si no supiera si continuar—. Perdóname, Petra. No fui el líder que tú esperabas. No sé qué escribiste en esa carta sobre mí, pero sea lo que fuese, no cumplí con mi deber como debía. Te fallé, y al resto del escuadrón. No hice nada para salvarlos. No te protegí como tú esperabas.

Hizo una pausa, y por un momento se vio cansado, incluso envejecido. Había estado trabajando sin parar las últimas semanas, escuchando planes, luchando, descubriendo verdades dolorosas. Se sostuvo las sienes, como si le doliera la cabeza, y tal vez así era. Había pasado por mucho, pero parecía que nunca era suficiente. Como el soldado más fuerte de la humanidad debía seguir en pie y no dejarse vencer.

—No te prometo venganza porque sé que no lo hubieras aprobado —dijo al cabo de un rato en silencio—. Eras demasiado buena para este mundo. Tú confiabas en todos y creías que todo el mundo era bueno, y mira como terminaron las cosas. Pero sí te prometo algo, voy a librar a este mundo de esos malditos titanes. Pase lo que pase, no importa lo que encontremos en ese sótano, voy a seguir peleando. Ahora que sé quién soy y el poder que tengo voy a usarlo para terminar con esto. Nunca olvidaré tu sacrificio y sé que Eren tampoco lo hará. Lo recordaré siempre, y cuando ganemos esta pelea y podamos salir de aquí me aseguraré de seguir recordándolo.

»No sé si eso que dice Armin es verdad. Quién sabe. Pero sí sé que tú y los otros sí lo creían. Por eso te uniste a la Legión después de todo, ¿no? Querías conocer el mundo allá afuera y que todos lo hicieran también, y saber si todo eso del lago de sal o como se llame es real. Ahora no lo sabrás nunca. Pero te prometo que haré hasta lo imposible por descubrirlo.

Levi pareció luchar como si no estuviera listo para continuar. El recuerdo de su hallazgo se posó en su mente como intruso, recordándole el rostro ensangrentado de Petra Ral y su cabello moviéndose al ritmo del viento. En aquel instante, conmovido profundamente, solo pudo cerrar sus ojos un momento, y desear que al menos su partida hubiera sido instantánea, sin dolor. Sus miradas se encontraron, la suya propia, mortificada, conmovida. La de ella, vacía hacía tiempo ya. Al igual que aquel cuerpo, que ahora solo es un recipiente vacío que tuvo que ser dejado atrás. Al igual que su corazón, que despertó, para morir también.

Levi sacudió su cabeza, tratando de desechar el recuerdo. No quería seguir pensando en ello, aunque eso no cambiara las cosas. Simplemente quería poder tener paz y no tener que volver a despedirse de nadie. Creyó haber tenido suficiente cuando perdió a Isabel y Farlan, enterrados allí también, pero pasaron los años y vio morir a más de sus compañeros. Luego llegó Petra con Gunter, Eld y Oluo, y de igual forma, los perdió también. Estaba cansado, y no quería tener que seguir soportando esto.

—Gracias por todo lo que hiciste, por mí, por Eren, por la humanidad.

Logró articular al fin. Este era el momento cumbre, al que no quería llegar. Recordó sus propias palabras "odio las despedidas". Pero era hora de decir adiós y avanzar. Aunque eso significara enterrar lo que sentía en lo más profundo de su corazón y no volver a pensar en ello. Posó la mano en la lápida, delineando su nombre con sus dedos. Corría el viento, y la temperatura había descendido. La piedra se sintió áspera y fría bajo sus dedos desnudos, y Levi retiró su mano como si aquel pedazo de roca tallada lo lastimara. Se levantó, dándole una última mirada, listo para irse.

—Adiós, Petra.


—¿Listos para irnos? —le preguntó Erwin cuando llegó hasta ellos. Un carruaje los esperaba a las afueras del Monumento, listo para transportarlos de vuelta a la ciudad.

Levi no contestó, simplemente se limitó a caminar en dirección a la salida. Hange le observó un momento, siguiendo sus pasos.

—¿Estás bien? —quiso saber la investigadora cuando le hubo alcanzado. Hubiera jurado que vio sus ojos húmedos, pero eso era algo totalmente imposible.

Levi le devolvió la mirada, tan estoico como siempre. No había rastro alguno en su rostro de dolor, desolación o ira. Se subió las solapas del abrigo, con sus guantes ya puestos, como si quisiera reforzar su respuesta.

—Por supuesto que sí. ¿Por qué diablos lo preguntas?

—Por nada, enanín. Solo quería saber cuánto tiempo soportabas sin maldecir.

—Loca de mierda.

Ya fuera de la vista de Levi, Hange negó suavemente con la cabeza, estirando sus labios en una sonrisa sutil. Allí estaba de nuevo, ese soldado fuerte e invencible al que los cadetes temen y que no se detiene por nada. Aquel a quien la tragedia y el dolor golpea pero no doblega, el estoico capitán Levi Ackerman que porta las Alas de la Libertad en su espalda y lleva consigo las voluntades de aquellos que ya alzaron el vuelo. En resumidas palabras, el héroe en el que todos confían, el soldado más fuerte de la humanidad.


So, here we are.

Esta historia nació hace tres años, y nunca pensé que fuera a terminarla. Siendo sincera, la he subido como tres veces porque las dos primeras la eliminé por la falta de apoyo (vaya inmadurez..), y porque no me sentía capaz de terminarla. Luego, como ya todos saben, tomé la decisión de retirarme de fanfiction, decisión que no ha cambiado.

He recorrido mucho camino desde entonces. Mejoré notablemente mi escritura y el manga avanzó suficiente como para poder añadir detalles y no teorías al azar que después se contradijeran con el canon. También pude, por fin, avanzar en donde me había estancado, lo que permitió traernos hasta aquí, el capítulo final. Ha sido muy emotivo escribirlo, y hacerlo me trajo de vuelta muchos recuerdos, letras de ost y escenas del anime.

Estoy bastante contenta con el resultado. Pude corregir algunas cosas y añadir otras, y el resultado final me ha gustado bastante. Perdonen si en algún momento notan algo de ooc, meses sin escribir ni saber nada de la serie se han cobrado su precio. Aun así, considero que hice un buen trabajo.

Gracias a todos por leer. Sea que escriban sus comentarios o no, les agradezco por pasarse por acá y darme la oportunidad de terminar esta historia que tanto quise escribir. Es una idea que siempre me persiguió, el deseo de llenar ese hueco que dejó el manga con respecto a la despedida de los caídos de la expedición 57. Ahora que lo he hecho, me alegra poder compartir el resultado con ustedes.

Así que de nuevo, gracias. Que pasen un feliz año y este 2017 sea un excelente año para todos ustedes.

¡entreguen su corazón!

—Fanfiction, 29 de diciembre de 2016.