Beca Mitchell se encontraba en el estudio de su casa, al parecer y después del baño era uno de sus lugares favoritos.

Le gustaba estar ahí, a solas entre su equipo de audio, sus partituras y su tranquilidad.

James sabia eso, así que cuando la DJ quería algo se lo hacía saber, si no, él se limitaba a seguir haciendo sus cosas.

Pero hoy se encontraba con las piernas encima del escritorio y una foto de Chloe en sus manos, no entendía como una mujer podía estar todo el día sonriendo. ¿No le dolerán los cachetes cuando termina el día? –Pensaba–

Había tantas cosas que hacer, tantos contratos que revisar y tantas mezclas que empezar a grabar pero se tomó un respiro para observar a la pelirroja.

Sabía cómo estaban las cosas con ella, sabía que extrañaba a su mejor amiga aunque no se lo dijera y sabía que ella sabría cómo hacer sentir mejor a la pelirroja y entonces lo hizo.

El número estaba guardado en su teléfono. Una noche Chloe había hablado desde el cuándo su teléfono se quedó sin batería, solo quería contarle a la DJ que estaban bien y que debía tocar en ese antro alguna vez, el ambiente era increíble y con sus mezclas sería perfecto. Después de eso la pelirroja borro el número del teléfono pero Beca lo conservo en el suyo, pensó que un día le sería útil.

Y ahí se encontraba, con su dedo indeciso a marcar después de 30 segundos lo apretó.

Sonó el timbre…

Uno…

Dos…

A: ¿Bueno?

La voz de Aubrey se escuchaba al otro lado del auricular, tan prepotente como en la vida real. A Beca le chocaba Aubrey era como un odio mutuo, no soportaba que quisiera mandar a la pelirroja a cada rato o que quisiera que todos a su alrededor hicieran lo que ella decía solo porque su padre era del ejército, todo eso noto una ocasión que coincidieron el grupo de Chloe en un antro en el que fue requerida la morocha. Le chocaba Aubrey Posen y no hacía más que desafiarla por la misma razón.

A: ¿Bueno?

A: Si no contestas juro que…

B: ¿Qué qué?

Y entonces oyó su voz… Solo una persona podría responderle así. Solo una persona o alguien que no sepa que ella es Aubrey Posen!

A: ¿Beca? –Lo dudo mucho, ¿Cómo es que ella tiene su número y lo peor porque le estaba hablando?

B: La mismísima.

Aubrey se quedó atónita. No sabía que decir.

B: No te quitare mucho de tu tiempo.

A: Lo dudo.

B: –Puso los ojos– Es acerca de Chloe.

A: –Se alarmo– ¿Qué le hiciste Beca? Juro que si le hiciste algo voy y yo misma te arranco la lengua.

B: Wooow Wooow. Relájate un buen. No es eso.

A: ¿Entonces qué quieres?

B: Necesito que se vean, ella no me ha querido decir nada de ustedes pero sé que no se hablan por la manera en que mira al piso cuando le pregunto por ti.

A: ¿Y tú porque le preguntarías acerca de mí?

B: –Puso los ojos. ¿Realmente esta mujer nunca se callaría? – Pues porque quería saber quién era la reina de estupilandia.

A: –Puso los ojos– Mira Mitchell no tengo tiempo para tus estupideces.

B: Jajaja. Ya Posen relájate. ¿Si harás las paces con Chloe?

A: Pues yo si quisiera pero ella esta embobada contigo y no hace caso a mis advertencias.

B: Si me ha contado sobre eso. La idea que tienes de mí no me interesa en lo más mínimo. Pero sé que quieres a Chloe así que piensa como le vas a pedir una disculpa. Guarda mi número y márcame cuando estés lista para madurar.

Y colgó.

Aubrey no podía creerlo. Beca Mitchell le colgó el teléfono ¿pero quién se creía ella para hacer semejante descortesía? Ah sí, una chica de los suburbios que comparte música con raperos, lo olvido por un momento.

Pero ¿Y si tenía razón? ¿Y si tenía que disculparse con Chloe? ¿Y si debía madurar? ¿Pero quién era ella para decirle lo que debía de hacer? Y volvió a enfadarse.