Acababa de llegar a Los Ángeles, si bien no le parecía tan extraño si le sorprendió demasiado que Beca Mitchell pidiera su ayuda.

¿Cuánto tiempo desde la última vez que se vieron? ¿Acas años? Y sonrió ante el recuerdo.

La preparatoria fue una locura para ambas, ella tan estudiosa y con ganas de aprender, y Beca tan reventada y con ganas de vivir la vida, suponía que en esa época aun no sabía que quería Beca de la vida y lo poco que tenía lo gastaba en fiestas.

Beca y Lizzie fueron de esas amigas que podrían tener sexo, besarse en las fiestas al jugar botella o incluso jugar 7 minutos en el paraíso pero ambas sabían que nunca iba a pasar más que eso.

A Lizzie le gustaba Beca sí. Pero también le gustaban otras cosas.

A Beca le gustaba Lizzie sí. Pero también le gustaban otras personas.

Ellas sabían que nunca iba a funcionar, pero eso no les quitaba que disfrutaran el momento.

A su lado Lizzie aprendió mucho del sexo lésbico, como hacer un oral o conocer partes de su cuerpo que ni si quiera sabía que existían, estar con Beca fue un bonito recuerdo que lleva en la memoria y en el corazón y que siempre sonreirá ante el pensamiento.

Y ahora estaba aquí. Cuando el taxi entro por la reja blanca con una BM bañada en oro no pudo sentir curiosidad de saber que fue de Beca Mitchell, si bien sabia de ella por E! y los diferentes artistas con los que ha colaborado, quería saber más de su vida personal.

A través de la ventana, vio la imponente casa que se levantaba. Era hermosa, Beca Mitchell siempre tuvo una gran cualidad para adornar, recuerda su habitación en la preparatoria llena de foquitos color rojo y negro y poster de sus bandas favoritas.

El taxista paro, ayudo a Lizzie a bajar su maleta, ella saco de su cartera un billete y se lo dio.

Camino hacia la gran puerta café.

Respiro por un momento y toco.

Un señor muy alto, ya viejo podría decir Lizzie pero con una sonrisa amable abrió la puerta.

J: Buenas tardes señorita, usted debe ser Lizzie Simpson.

L: Así es –Se ruborizo– Nunca antes había escuchado decir su nombre con un señorita por delante y le recordó la última noche en el instituto, junto con Beca Mitchell y por qué ellas sabían que habían dejado de ser unas señoritas.

J: La señorita Mitchell no se encuentra en este momento, tuvo que salir a un compromiso de último momento pero me pidió que le mostrara su habitación y le proporcionara todo lo que se le ofreciera.

Lizzie lo observo y lo comprendió.

L: ¿Habrá algún lugar de toda esta casa donde tengan libros? Me gustaría preparar un poco las clases que se impartirán.

J: Claro que sí, sígame.

Si bien la casa no era tan grande, tenía lo suyo, el salón a donde la llevo James era una biblioteca personal, se levantaban en las 3 paredes grandes libreros.

Lizzie se quedó mirando, era una gran biblioteca, no recordaba que Mitchell fuera tan estudiosa. Y después pregunto.

L: ¿Cómo hace Beca para alcanzar todos esos libros? Digo, recuerdo que no era muy alta.

J: Ah, digamos que en la parte de arriba están sus menos favoritos, así que no los lee muy a menudo y los que aun quiere alcanzar y no puede, se los paso yo.

L: Muchas gracias.

J: –Sonrió– Tome asiento. ¿Le ofrezco algo de beber?

L: Un vaso con agua estaría bien.

J: En un momento se lo traigo. –Y desapareció–