Capítulo 2
El imitador
―Residencia Lee, Tomoeda, Japón. 18 de febrero. 5:30 a.m.―
Golpe tras golpe se escuchaba a alguien tocar la puerta, una molestia seguramente para quienes les gustara dormir. Mark se levantó del sofá y abrió la puerta. Era la amatista quien tocaba la puerta.
—Hola, Daidouji —dijo Mark adormilado.
—Hola, Hazaki —respondió Tomoyo—. ¿Sabes si Shaoran ya despertó?
—Sí, ya estoy listo —indicó un castaño desde la cocina.
Mark se apartó de la puerta y dejó pasar a Tomoyo, quien se sentó en el sofá individual.
—Bueno, será mejor que te apures —comentó entrando hasta la cocina—, tenemos que llegar a las seis para que nos dé tiempo hacer el servicio.
—Ya lo sé, solo déjame terminar mi desayuno —refunfuñó el castaño, viéndola.
—¿Qué es eso del servicio? —preguntó Mark con un poco de curiosidad.
—Por día, elijen a un par de alumnos para que hagan la limpieza del salón. Eso es el servicio —explicó Tomoyo.
—¿Qué acaso no tienen intendentes? —cuestionó el rubio intrigado.
—Sí, pero los alumnos nos encargamos del salón.
—Entiendo.
—Por cierto. También tú deberías de arreglarte, Hazaki. —dijo Tomoyo con tono serio.
— ¿Yo? ¿Para qué? —interrogó confuso mientras miraba a la amatista esperando una explicación.
—Para que vengas con nosotros a la escuela, o, ¿acaso estás pensando en quedarte aquí todo el día?
—No será necesario, Daidouji. Hoy en la tarde me iré a París.
—¿Por qué tan pronto? —Tomoyo había cambiado su mirada sería por una mirada de extrañeza.
—Tengo que ir a la base de la ASPID para avisarles que las bestias volvieron…
—¡De ninguna manera! Tú te quedaras aquí hasta que nos digas todo lo que sabes de esas bestias —ordenó el castaño sin darle tregua.
—Y, ¿cómo te piensas ir? ¿Tienes el suficiente dinero para comprar un boleto a Francia? —Preguntó Tomoyo—. Espera, ¿cómo que volvieron?
—Sí. Hace algunas semanas se declararon extintas a las bestias. Fue entonces cuando yo entré. Jamás he enfrentado a una, hasta el día de ayer —explicó Mark.
—Y les irás a avisar para que ellos las enfrenten… —susurró Shaoran.
—Pero tú derrotaste al tal Electrax, ¡podrás derrotar a las demás!
—Pero…
—Además, ¿qué te hace pensar que ellas no están esperando a que tú te vayas para destruir la ciudad? —interrumpió Tomoyo con preocupación.
—Es cierto, tendrás que quedarte para impedir la destrucción de la ciudad —explicó Shaoran.
—Te quedarás quieras o no —exclamó la amatista sin dejar que el rubio objetara.
—Tienen razón, es mi deber ya que estoy aquí —dijo con poco ánimo el rubio.
—Bueno, será mejor que nos vayamos, faltan diez minutos para las seis.
La amatista miró su reloj, era cierto lo que decía Shaoran, solo les quedaban diez minutos para llegar a la escuela. Salieron todo lo más rápido que pudieron en dirección a la escuela.
―Instituto Tomoeda. 6:30. Oficinas del director―
Tomoyo se había encargado de dejar a Mark sentado, esperando a que el director lo llamara para poder inscribirse en la escuela. El chico estaba nervioso. «No debo de estar aquí, mejor me hubiera ido después de dejar a Lee», era el pensamiento que rondaba su cabeza. «Mejor me voy de una vez». Se puso de pie e instantáneamente la secretaria le dijo «Joven Hazaki, puede pasar». Maldijo en silencio aquel momento y entró a la oficina del director.
—Buenos días —dijo cordialmente Mark.
—Buenos días. Dime, ¿de dónde eres? —el director lo miró atentamente.
—Soy de París, Francia. —explicó Mark.
—Eso explica tu acento. Toma asiento por favor —el director extendió su mano hacia el asiento que estaba enfrente de él. Mark asintió y tomó lugar—, ¿cuál es tu nombre?
—Me llamo Hazaki Mark.
—Interesante —dijo en voz baja el director—. Soy el director del Instituto Tomoeda, Shintaro Kunato, gusto en conocerte. ¿Qué es lo que trae a un extranjero por aquí? —preguntó Shintaro con seriedad.
—He venido para inscribirme y cursar el tercer año de secundaria aquí.
—Bueno —Shintaro se levantó de su asiento—, solo déjame tus papeles para que…
—Sobre eso —interrumpió Mark—, no tengo ningún documento para poder inscribirme…
—Está bien —interrumpió el director—, en ese caso, escribe el nombre de tu escuela para poder comunicarme con ella para sacar los documentos que necesito y así poder inscribirte.
— ¿Podré estar hoy en la escuela? —indagó el rubio.
—Claro que sí —Shintaro sacó un pedazo de papel y se lo entregó a Mark. Acto seguido, Mark, escribió el nombre de su escuela y se lo entregó al director—. Gracias, ahora espera fuera, en un momento llegara el profesor que te impartirá clases.
Mark salió de la oficina. Shintaro tomó el teléfono; marcó un número y esperó.
—Hola, soy el director del Instituto Tomoeda, tengo un alumno muy interesante.
—¿Y cuál es su nombre? —preguntó la voz que estaba al lado de la otra línea.
—Se llama Hazaki Mark —dijo Shintaro.
—¿¡Hazaki Mark!?
—Sí. Necesito los documentos necesarios para poder inscribirlo y así tenerlo en el sistema, ¿en cuánto tiempo crees que me los pueden enviar?
—Aproximadamente una hora.
—Está bien. Gracias —el director colgó el teléfono.
«Director, el profesor Tsubasa está aquí». «Gracias»
Shintaro salió.
—Hola, Tsubasa.
—Hola, Director.
—Tenemos a un nuevo alumno hoy, su nombre es Hazaki Mark —el director hizo una seña a Mark para que se acercara. El chico rubio se acercó y se presentó—. Él es el profesor Tsubasa Daynshiro. Sera él quien te impartirá las clases.
—Bien, es hora de irnos. Vamos, Hazaki. —Mark y Tsubasa se dirigieron al aula.
―Residencia Kinomoto, 7:00―
Sakura recién se estaba levantando, pero lo hacía con un esfuerzo atómico. Kero, al verla, se preocupó.
—Sakura, ¿te encuentras bien?
—Estoy bien, Kero.
—Es un milagro que te hayas despertado. Has dormido durante muchas horas desde que Tomoyo te trajo.
—¿En…se…rio..? —en ese instante Sakura cayó a la cama.
—Sakura… —gritó con preocupación al ver la escena.
―15:00―
—Ya llegamos —comentó Tomoyo al rubio.
—¿Aquí vive Kinomoto?
—Sí.
—Espero que este bien… —suspiró Shaoran.
—Tranquilo, Shaoran, ella está bien.
—¡Sakura! ¡Sakura! —gritó con fuerza Shaoran. Sakura se levantó de golpe y se asomó por la ventana. Al ver sus amigos sonrió.
—¡En un momento bajo! —A toda prisa, Sakura bajó las escaleras para abrir la puerta y permitirle pasar.
—¿Te encuentras bien? —preguntó el castaño, que no esperó para poder abrazar a su novia.
—Sí, estoy bien. Les traeré algo de beber —Sakura fue hacia la cocina y sacó una jarra llena de limonada, la puso en una bandeja junto con unos vasos.
—Qué bonito peluche —dijo Mark, mientras tomaba un peluche color amarillo, con una larga cola en la cual tenía una bolita esponjosa. «Espero que Kero no se moleste», pensó Sakura—. ¿Tiene nombre?
—Sí —contestó Tomoyo—, su nombre es Kerberos, pero de cariño le decimos Kero.
—Es demasiado glotón y molesto, aparte de que juega demasiados videojuegos —complementó Shaoran.
Sakura puso la bandeja en la pequeña mesa que se encontraba en el centro de la sala.
—¿Quieren un poco de pastel?
Los tres chicos asintieron y una vez más Sakura volvió a la cocina. Después de un rato, volvió a la sala con otra bandeja con platos que tenían una rebanada de pastel y después los colocó en la mesa.
—Bueno, es hora de continuar con tu interrogatorio, Hazaki —acusó Shaoran.
—¿Qué es lo que quieres saber, Lee?
—Sakura, ¿a qué hora te levantaste? —preguntó Shaoran.
—Hasta hace unos momentos, cuando ustedes me llamaron… —contestó avergonzada la castaña.
—Quiero que me digas por qué le pasó eso a Sakura.
—Es probable que la descarga eléctrica que recibió ayer la debilitara.
—Entonces, ¿por qué logré levantarme sin ningún problema? —preguntó Shaoran.
—Tal vez la descarga que ella recibió fue más intensa.
—¿Por qué las bestias hablan? —preguntó Shaoran serio.
—No lo sé, jamás me dijeron que ellas podrían hablar.
—¿Por qué no te dirían algo tan importante? —dijo extrañada Tomoyo.
Mark se encogió de hombros.
—¿La ASPID te enseño a hablar japonés? —de repente Sakura preguntó.
—Así es.
—¿Y para qué? —preguntó Shaoran.
—Según ellos es por si se tiene que viajar para cumplir alguna misión.
—¿Cómo llegaste hasta aquí? —Shaoran miró a Mark de manera tan fría que el francés sintió como su sangre se helaba.
—Esperaba que jamás preguntaras eso. Alrededor de la medianoche de ayer, en París, una explosión ocurrió en un café cercano a la torre Eiffel. Eso es lo que dijeron por teléfono. Me asignaron a mí y varios hombres más a inspeccionar el área. Cuando llegamos, no fuimos bien recibidos. Un auto estallo cerca de nosotros mientras nos acercábamos al lugar. Todos bajamos de los vehículos. En ese momento vimos al hombre de las explosiones, bueno, la sombra del hombre, porque solo se veía oscuro, no podíamos distinguir su forma o su cara. Me puse a pelear contra esa sombra. Pero, en un movimiento, me dejó noqueado y desperté aquí, bueno, en el parque donde los encontré a ustedes.
«Sakura, ya llegué» fue lo que se escuchó cuando la puerta fue abierta. Era Touya, el hermano de Sakura.
—Hola, hermano —dijo amablemente la castaña.
—Hola, Touya —dijo alegre Tomoyo.
—Hola —Shaoran lo saludó de manera seca.
Touya se había percatado de que alguien más estaba en la sala.
—¿Quién es él? —dijo Touya mientras apuntaba hacia Mark
—Su nombre es Hazaki Mark y viene de Francia —dijo entusiasmada Sakura.
—Hola… —dijo un tanto nervioso Mark.
—Hola, yo soy Kinomoto Touya, el hermano de Sakura.
—Bueno, es hora de irnos —dijo la amatista mientras se ponía de pie, seguida por Shaoran y después Mark—. Nos alegra saber que estas bien, nos vemos mañana, Sakura.
—Gracias, chicos.
Aquel trío salió de la casa, cada uno a su hogar.
—Me alegra ver que estás bien, Sakura.
—Gracias, hermano.
—Prepararé la comida, mientras tanto prepara la mesa.
―Residencia Kinomoto. Al día siguiente, 6:00 horas―
La alarma sonaba sin cesar, pero Sakura le dio un ligero golpe que terminó apagándolo. Poco a poco se levantó hasta quedar sentada a la orilla de la cama. Kero se acercó a ella.
—Buenos días, Sakura.
—Buenos días…
—¿Qué sucede?
—No es nada, solo un poco de cansancio.
—¿Por la descarga eléctrica?
—Tal vez…
—¡Sakura, es hora de desayunar! —gritó Touya desde la cocina haciendo que Sakura volviera a la normalidad.
—Ya voy, hermano —tras haberse arreglado con el uniforme de la escuela, bajo a al comedor para ver un rico desayuno—. Buenos días, papá —Sakura se acercó a su padre y le dio un beso en la mejilla.
—Buenos días, Sakura —dijo el padre mientras respondía el beso de su hija.
Tras eso, Sakura saludó a una foto de su madre y le dio un beso.
—Hiciste mucho ruido al bajar, monstruo —dijo Touya.
—¡Ya te dije, hermano, que no soy ningún monstruo! —refunfuñó Sakura.
—Si no fueras un monstruo no harías tanto ruido al bajar.
Sakura rechinó los dientes.
—Eres muy molesto… —de reojo, la castaña miro el reloj que estaba en la pared—. ¡Ya es muy tarde! —Gritó—. Tengo que llegar a la escuela para hacer el servicio.
La castaña terminó su desayuno rápidamente y salió corriendo en dirección a la escuela. Al llegar a su salón se encontró con Shaoran, quien ya estaba haciendo el servicio.
—Buenos días —Sakura se abalanzó hacia el castaño para darle un fuerte abrazo.
—Buenos días, Sakura —dijo mientras respondía al abrazo—, ¿cómo amaneciste hoy? —preguntó dándole un dulce beso.
—De maravilla. Bueno, con un poco de cansancio…
—Aún debes de seguir afectada por la descarga —comentó Shaoran un poco preocupado por Sakura.
—No es nada de lo que debas preocuparte, estaré bien —dijo Sakura quitándole importancia.
En eso momento Sakura notó que Shaoran tenía una marca en su mejilla así que preguntó.
—Shaoran, ¿cómo te hiciste eso? —interrogó pasando suavemente su dedo sobre el rasguño que tenía su novio.
Shaoran al escucharla pasó la mano en donde le indicó su novia, recordando lo que había pasado.
—Un gato se me lanzó hace un momento mientras venía y seguramente me arañó sin darme cuenta —contestó tomando asiento junto a Sakura.
Después de unos momentos empezaron a llegar sus compañeros de clases, olvidándose así del extraño suceso.
Sakura, por otra parte saludó a sus amigas, pero cada cierto tiempo Shaoran veía como bostezaba y así a lo largo de las horas de clases hasta la hora de salida.
—¿Sigues cansada? —preguntó mientras la abrazaba.
—La verdad es que sí —contestó dando un bostezo.
Ambos castaños salieron de la escuela caminando hasta el Parque Pingüino porque Sakura deseaba tomar un helado, pero, al llegar al lugar, se sorprendieron de encontrar a muchas personas ahí, mirando a un hombre completamente maltrecho. Tanto Sakura como Shaoran observaban como la policía hacía las preguntas de rutina a los presente y los paramédicos atendían al hombre herido.
Shaoran varias veces escuchó a los testigos afirmar que un muchacho era quien lo había atacado, hasta que uno de ellos lo vio.
—Es él, ese chico fue quien atacó al hombre —gritó un hombre señalándolo, cosa que sorprendió a Sakura y al mismo Shaoran.
—¿Qué? —fue lo único que logró decir Shaoran antes de que los policías lo esposaran. Sakura no salía aun del asombro—. Eso es mentira.
—Está arrestado por agredir a un hombre —dijo el policía mientras al tiempo que jalaba a Shaoran aunque Sakura suplicaba que no se lo llevaran, y repetía que él no había sido.
Shaoran vio al sujeto que lanzó aquella acusación, éste le sonrió de manera extraña.
Sin más, los policías se lo llevaron, Sakura llamó a Tomoyo y a Mark.
—Chicos… vengan rápido al Parque Pingüino… se acaban de llevar a Shaoran a la cárcel.
Mark y Tomoyo no creían lo que estaba diciendo, ambos respondieron «Voy para allá».
No pasó más de media hora cuando ambos llegaron al lugar. Sakura, sin dudar, explicó todo lo que había pasado y lo que Shaoran comentó antes de ser detenido.
Tomoyo fue la más rápida en actuar y llamó a su madre explicándole la situación para que los ayudara a sacar a Shaoran ya que él no era el culpable de aquello.
Una vez que Tomoyo terminó de hablar con su madre, Mark explicó lo que pudo haber sucedido.
—Esto fue obra de una bestia... —dijo por lo bajo.
—¿Qué clase de bestia pudo haber hecho esto? —preguntó Tomoyo.
—Caracx, según lo que me dijeron, él tiene la capacidad de transformarse en cualquier ser vivo, pero para ello debe de encajar sus garras en él por un buen rato, ya que estas funcionan como un analizador de ADN —explicó Mark—. Lo mejor que podemos hacer es buscarlo, y para darnos prisa tendremos que hacerlo esta noche.
Tomoyo asintió, y, aunque Sakura seguía conmocionada por lo que había pasado, accedió también.
―Parque Pingüino, 22:00 horas―
Mark caminaba hacia el parque para reunirse con las chicas, encontrar al Caracx y liberar a Shaoran.
Pronto visualizó a las chicas.
—¿Están listas?
Ambas asintieron. Los tres entraron al parque.
—¿Cómo vamos a ubicar a la bestia? —preguntó Sakura.
—Bueno, la verdad es que no tengo idea, pero si atacó aquí es porque está aquí.
—Hazaki, esa es la peor explicación que he escuchado —dijo Tomoyo.
—¡Chicos! —gritó una voz conocida, que, al ubicarla, sorprendió a todos. Era Shaoran. El chico venía corriendo.
—Lee, ¿cómo saliste de prisión? —preguntó Mark.
—Bueno, después de una larga plática le expliqué a los oficiales que sabía quién era el culpable del ataque, y que iría en su búsqueda si me dejaba libre —explicó el castaño.
—¿Y quién es culpable? —preguntó Mark.
—Una bestia, digo, ellas volvieron así que están haciendo de las suyas.
—¿Y cuál bestia fue?
—Caracx.
Apenas terminó el nombre, lanzó un golpe al rostro del castaño, cosa que él no pudo evadir.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó extrañado Shaoran.
—Si esa historia fuera verdad ya hubiera oficiales aquí, además, Shaoran jamás había escuchado el nombre de Caracx, además, ¿cómo se enteró de que la bestia estaba aquí? —cuestionó el rubio.
—Astuto —dijo Shaoran—, pero no tanto.
En un movimiento Shaoran atravesó el abdomen de Mark. Las chicas gritaron al ver la sangre caía al suelo.
—Creía que eras más estúpido, pero veo que me equivoqué —Shaoran dejó que Mark cayera arrodillado en el suelo. La imagen de Shaoran empezó a cambiar.
Pasado un tiempo, la verdadera imagen del Caracx apareció. De la cabeza le salían un par de cuernos. La pupila de sus ojos tenía forma de diamante. Al ver la sonrisa los colmillos se veían filosos. En su brazo izquierdo una clase de plataforma se lograba ver. Sus manos sobresalían unas pequeñas garras e inclusive parecía que unas púas salían de sus manos. Una cola con púas era visible al terminar su espalda. Sus pies eran como garras de velociraptor.
—Ahora, despídete —murmuró secamente. Su mano se convirtió en una espada y en un rápido movimiento le abrió el cuello. «¡Mark!» gritaron las chicas. La sangre empezó a brotar. Mark trató de cubrir la hemorragia con las manos, cayó acostado en el suelo, tratando de hablar. El Caracx se dio media vuelta y se retiró corriendo.
Tomoyo, cuando la bestia se alejó, se acercó al rubio.
—¡Sakura! ¡Llama a una ambulancia! ¡De prisa!
Pero Sakura no reaccionaba, veía atemorizada como el charco de sangre se formaba alrededor del cuerpo de Mark. Tomoyo puso sus manos en la herida del abdomen para detener el sangrado, pero, debido a que había atravesado su cuerpo de lado a lado, el intento era inútil.
Mark estiró su brazo y lo colocó en el hombro de Tomoyo.
—¡Resiste! ¡Sakura, llama a una ambulancia! —decía desesperada la amatista.
Poco a poco, Tomoyo empezó a sentirse mareada, débil. Sentía como su cuerpo se debilitaba a cada segundo. Pronto empezó a ver borroso. Después de unos minutos cayó desmayada.
Pocos segundos después, Mark empezó a respirar de manera profunda, tratando de recuperar el aire que había perdido. Las hemorragias se habían detenido, y las heridas se habían cerrado. Miró detenidamente a su alrededor. Cuando vio que Tomoyo estaba desmayada intentó despertarla, pero no funcionaba. Seguía sin despertar.
—Hay que llevarla a casa… —titubeó Sakura.
—Bien, hay que llevarla a tu…
—¡No! —Interrumpió Sakura—. Si la llevamos a mi casa preguntaran que pasó, principalmente porque tú estás cubierto de sangre.
—Tienes razón. La llevaremos a su casa.
―Residencia Daidouji, 23:30 horas―
Mark se había dado un baño para quitarse toda la sangre, después de que su ropa fuera enviada al cuarto de lavado. Sin tener ropa para cambiarse, se había amarrado una toalla a la cintura.
Tomoyo descansaba en su habitación y Sakura estaba sentada en la sala.
—Deberías de irte a dormir —dijo Mark al entrar a la sala.
—No puedo… Shaoran debe de estar sufriendo en la prisión… mi mejor amiga está mal y una criatura peligrosa nos acecha…
—No deberías de preocuparte por la criatura, ese es problema mío.
—Tienes razón, pero de cualquier manera… ¡mira cómo te dejó la criatura! ¡Casi te mata!
—Casi, la próxima no será así. Ahora duerme que mañana tenemos que ir a la escuela.
—Tienes razón… —Sakura se levantó del sofá y se dirigió a la habitación de Tomoyo.
Mark se acercó a la ventana y miró… sintiéndose impotente, débil, inútil. Se dejó caer en el sillón, Y se acostó en el sillón quedándose dormido al poco tiempo.
—En algún lugar del mundo—
—He cumplido con mi deber, señor —dijo el Caracx mientras se ponía de rodillas.
—¡No has hecho nada! —gritó una sombra, con una voz profunda y ronca.
—Claro que sí, lo he visto desangrarse hasta la muerte.
—¡Mentira! Él sigue con vida —la sombra se levantó y se abalanzó contra el Caracx. Lo sujetó del cuello lo más alto que pudo.
—Señor, lo he matado, de verdad, está…
—¡Calla, miserable! —Gritó la sombra—. Si vuelves a hablar te arrancaré la cabeza y jugaré con ella. Escúchame bien, te daré una última oportunidad y si no logras matar al chico… ¡Me encargaré de que sufras hasta la muerte! —Caracx asintió.
La sombra lo soltó y Caracx se fue.
―Instituto Tomoeda, al día siguiente―
La noticia de que Shaoran había sido arrestado se hablaba en toda la escuela. Sakura trataba de evitar las preguntas. Cada tanto Mark miraba a Tomoyo para ver si estaba bien, pero no pasaba nada.
Los chicos se mantuvieron callados durante el resto de las clases, hasta la hora de salir.
—¿Iremos a buscar a la criatura? —preguntó Sakura.
—No, es mejor que vaya solo, no quiero que algo malo les pase —contestó Mark.
—¡Si no hubiéramos estado allí ayer, hoy estarías muerto! —gruñó Tomoyo
Mark no respondió.
—¡Si tú hubieras muerto, tal vez las demás bestias hubieran empezado a destruir Tomoeda! Y Sakura y yo estaríamos…
—Entendí… —contestó Mark, tratando de elevar la voz—. Es mi responsabilidad estar aquí, y no morir hasta que acabe con las bestias…
Los chicos siguieron avanzando. Llegaron a punto donde se escuchaban algunos gritos, y, entre más avanzaban, más fuertes se hacían. Pronto llegaron al punto donde provenían los gritos, el Caracx estaba causando pánico y terror, tomaba a la gente, les partía el cuello y dejaba que se desangraran.
La policía había empezado a arribar en el lugar. Y en uno de los autos estaba Shaoran. Los chicos corrieron hacia la patrulla en donde estaba él.
—Shaoran, ¿qué haces aquí? —preguntó Tomoyo.
—Bueno, a la estación llegó una llamada de emergencia, hablando de que una criatura monstruosa. Supuse que se trataba de una bestia. Convencí al oficial de que yo le ayudaría atrapar a la bestia con la condición de que me dejara libre.
—Pero estás esposado… —dijo Mark.
—Sí, pero tú, Hazaki, enfrentaste a una bestia, puedes derrotarlas.
—No tengo nada para enfrentarlo.
—¿Ves ese pequeño amuleto que tengo? Puede transformarse en una espada, úsala.
Mark tomó aquel amuleto y al momento se transformó en una espada.
—Ve y acábalo, confío en ti, bueno, confiamos.
Mark comenzó a avanzar hacia el Caracx. Mientras avanzaba, veía como los policías disparaban al Caracx, pero el activaba una clase de escudo que salía de su brazo izquierdo. Con su mano derecha lanzaba púas que atravesaban a los oficiales.
—¡Vaya! Así que sobreviviste. Eso es bueno, ahora tendré más tiempo para torturarte y hacer tu muerte más placentera —Caracx, sin dudarlo, se abalanzó contra Mark.
Mark usó la espada para cubrirse del ataque de las garras. Pero uno de los ataques dio en su brazo. Soltó la espada y sujetó su mano, herida.
Caracx golpeó al chico en el abdomen, arañó su rostro, lo golpeó en la espalda lanzándolo al suelo. Le dio una patada en el costado; lo cual lo alejó un poco.
—¿Eso es todo lo que puedes hacer? Eres patético —Caracx se acercó y encajó sus garras en el pecho de Mark—. Es hora de tu fin —poco a poco fue bajando su mano mientras rasgaba la piel y dejaba heridas expuestas.
«Fuego» se escuchó a lo lejos y una llamarada atacó. Caracx miró en dirección del ataque, observó que Sakura tenía un bastón en sus manos. Caracx se lanzó contra Sakura.
—¡Tu lucha es conmigo! —gritó Mark tratando de ponerse de pie.
—Era, ya te he derrotado, solo es cuestión de minutos para…
Ver a Mark ponerse en pie lo interrumpió. Sus heridas habían sanado.
—¡Electrax! —la figura de Mark empezó a cambiar. Su cabeza cambió por una más alargada, como un lagarto, sus ojos se transformaron igual. En sus hombros salieron una especie de cañones. Sus mano derecha se volvió metálica en forma de imán, la izquierda cambio por unas garras. En su espalda salió una clase de espina dorsal, como si fuera un caimán. Le salió una cola que al final tenía una especie de imán más grande. Su piel se volvió escamosa.
—¿Crees que con eso me derrotaras?
Caracx lanzó sus púas contra Mark, estas se encajaron en su piel, pero no se inmutó. Mark hizo lo mismo, pero sus púas estaban electrificadas, de tal suerte que no afectaron a Caracx.
Caracx lanzó varias bolas de fuego, Mark las evadió y lanzó una descarga eléctrica. Caracx no se molestó por evadirla. Caracx sacó una clase de garras más largas que salían de entremedio de sus pequeñas garras. Se volvió a lanzar, Mark lo trató de evadir pero no dio resultado, el ataque le arrancó una mano.
Poco a poco, su mano se regeneró. Caracx le dio un puñetazo en el mentón, otro en el abdomen y luego un rodillazo en el pecho. Lo tomó de los hombros, le dio media vuelta y lo azotó contra el suelo. Tras ese golpe, Mark volvió a la normalidad, en ese momento, alcanzó a mirar la espada de Shaoran. Trató de alcanzarla.
—¡Muere! —alzó en lo más alto su mano con las garras. Hazaki tomó la espada y antes de que las garras de su enemigo lo alcanzaran, encajó la espada en el cuello del enemigo.
Caracx retrocedió y cayó de rodillas. Intentó tomar la espada, pero Hazaki lo golpeó con fuerza en la cabeza dejando desmayado al Caracx. Hazaki sacó la espada. Tras eso, intentó verificar si aún tenía pulso, pero al hacerlo, este brilló y desapareció.
Mark se dirigió al oficial de policía que había arrestado a Shaoran,
—Libere a mi amigo, la criatura está atrapada.
—Lo siento, pero el trato era que él la atrapara.
—De acuerdo, si no lo liberas, dejaré libre a la criatura y esta vez no la enfrentaré. Además de liberarlo, quiero que su expediente criminal no exista.
El oficial, al no poder decir algo aceptó aquel trato, dejando libre a Shaoran.
―Parque pingüino, 16:30 horas―
—¿Nos explicarás que fue lo que hiciste, Hazaki? —preguntó Shaoran.
—No tengo nada que explicar —contesto Mark.
—Claro que tienes algo que explicar, y eso es el hecho de que te convertiste en ese tal Electrax.
—¿Acaso eres un Caracx? —preguntó Sakura.
—No… es este reloj lo que me permite volverme una bestia —explicó Mark—. La ASPID lo llama "Bestador". Me lo entregaron cuando entre a la organización. Jamás lo había usado para luchar contra una bestia.
—¿Por qué no lo usaste contra Electrax? —preguntó Tomoyo.
—Lo intenté, pero no funcionó. Lo mejor es que me aleje de ustedes, antes de que a alguno le pase lo peor.
—No, nosotros te ayudaremos hasta que puedas reparar el Bestador. Hasta ese día, cuenta con nosotros —dijo Sakura.
—Y más te vale que este sea el único secreto que te guardas —advirtió Shaoran.
Mark sonrió y los chicos siguieron avanzando.
Continuará…
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