Capítulo 4

Hielox apuntó en dirección de las chicas. Mark se levantó e intentó aplicar un placaje, pero el Hielox convirtió su mano en una cuchilla larga y la encajó en el costado del chico, la otra mano también se convirtió en otra afilada arma y se la clavó justo en el pecho a Mark. Sacó la cuchilla del costado, volvió a ser una mano, lo sujetó de los pies y lo impulsó contra el suelo, clavando profundamente la cuchilla.

Aquello hizo que Mark volviera a la normalidad.

Hielox sacó la cuchilla del pecho del chico, juntó sus manos e hizo una estalagmita de hielo.

—¡Muere! —exclamó el Hielox y acto seguido clavó la estalagmita en el pecho de Mark, por lo cual, tosió sangre al recibir aquel impacto.

Tras eso, el Hielox atravesó el techo volando para salir.

—¡Mark! —gritó Tomoyo aterrada mientras corría para estar a su lado.

Shaoran y Sakura quedaron impactados, sin saber qué hacer.

—¡Mark, resiste! —gritó Tomoyo al colocarse al lado del chico.

«¡Mark, resiste!» repitió la amatista. «¡Mark, no mueras, resiste!» repetía a cada momento Tomoyo.

—¡No puedes morir, aún no acabas con las bestias! ¡No puedes ceder, resiste, no mueras, aún no! —gritaba con desesperación la amatista—. ¡Aún no terminas tu trabajo! —Exclamó—. ¡Mark! —gritó con un ligero sollozo al notar que Mark había dejado de respirar.

Los trabajadores se empezaron a descongelar. Estaban confundidos. No sabían qué había pasado. ¿Qué hacían esos chicos ahí?, ¿por qué había sangre?

El sollozo de Tomoyo era lo único que se escuchaba. Las lágrimas caían en aquella estalagmita. Él era el único capaz de detener a las bestias, pero ahora estaba muerto.

—Es el fin… —dijo en voz baja Shaoran.

—¿Q-qué está pasando? —inquirió uno de los trabajadores.

Entonces Shaoran y Sakura observaron cómo el cuerpo de Mark estaba siendo cubierto por una extraña luz. Tomoyo se alejó de él, asustada por lo que pasaba.

Cuando la luz desapareció, varios quejidos se escucharon. Mark se empezó a mover mientras se quejaba del dolor. Los trabajadores se quedaron boquiabiertos al ver aquella escena.

—¡Mark! —dijo Tomoyo lanzándose con los brazos abiertos. Estrechó con tal fuerza al chico que él casi sintió que le rompían las costillas.

—Duele, Daidouji —masculló el chico.

Tomoyo se separó de él un tanto avergonzada por aquella reacción.

—Aún no es nuestro fin —exclamó Shaoran—. Deberías de ser más cuidadoso al pelear. Por poco y te perdemos.

—Te perdimos, tal vez por minutos —corrigió Tomoyo.

Mark se quedó callado.

—¿Estoy imaginando o acaso hace menos frío? —interrumpió entonces la castaña.

—Es cierto. Hace un poco menos de frío, ¿por qué? —preguntó Tomoyo, dirigiéndose a Mark.

—Tal vez porque el Hielox ya no está aquí. Lo importante ahora es volver a casa.

—¿Y dejaremos aquí a los trabajadores? —preguntó Shaoran.

—Sí. Creo que aún les falta mucho para descongelarse por completo.

Mark se levantó del suelo con ayuda de Tomoyo. Los chicos dejaron a los trabajadores y se dirigieron a la entrada trasera.

—¿Y ahora? —preguntó Sakura al salir.

—Ahora tenemos que volver a buscar al Hielox —dijo Mark.

—Bueno, eso va a ser un problema. Considerando que controla el Hielox, puede estar en cualquier parte —comentó en tono pesimista Shaoran.

—Eso explica todo lo que paso allá dentro —dijo Tomoyo.

—Controla el hielo… —repitió pensativa Sakura—. Creo que tengo una idea de dónde puede estar.

—Adivino, una nevería, la pista de patinaje de hielo, una fábrica de hielo… —enlistó Shaoran.

—Pues tenemos que buscarlo, sin importar qué —dijo Mark.

—Primero debes de descansar, Mark —reprendió la atenta la amatista.

—No, lo primero que tenemos que hacer es encontrar a la bestia, si no lo hacemos el mundo…

—El mundo puede esperar un par de horas —apuntó Tomoyo en tono de regaño.

—Tomoyo tiene razón. Aún no te has de recuperar del ataque del Hielox. Enfrentarlo en un mal estado va a matarte, de nuevo —dijo Shaoran.

—Bien. Lee, vamos a casa.

Residencia Lee. 17:00 horas

—Al parecer la posibilidad de llegar a cincuenta grados bajo cero al final del día ha dejado de ser algo probable —dijo la chica de las noticas—. Ahora podríamos alcanzar una temperatura de treinta grados bajo cero. Las autoridades siguen recordando a la gente que se queden en casa, salir ahora es bastante riesgoso.

Y tenía razón. La temperatura ambiente era de por lo menos veintiún grados bajo cero. La temperatura descendía un grado y medio cada hora. Ni el abrigo más caliente posible te protegería de un frío de tal magnitud. Bueno, al menos uno que no sea usado en el polo norte o el polo sur.

—Es bueno tener un celular con televisión —dijo Shaoran mientras abría la puerta.

Los chicos entraron lo más rápido posible para refugiarse del frío.

—¿Quiénes son ustedes y cómo osan entrar a mi territorio? —dijo una voz gruesa.

—¿Disculpa? Yo soy el dueño de esta casa —dijo Shaoran—, por lo tanto este territorio es mío.

—Pues no más. Si quieres recuperarlo tendrás que luchar por él. Te advierto que sufrirás si intentas luchar, soy demasiado fuerte.

—¡No te tengo miedo! —dijo, e inmediatamente sacó su espada.

—Espera, Lee, te ayudaré a luchar —Mark ofreció. Exclamó «Electrax» tomando la forma de aquella bestia eléctrica.

—¡El Bestador! —exclamó la voz.

—¿Así que lo conoces? Pues empieza a temer, porque te puedo derrotar en un dos por tres —dijo Mark tratando de parecer superior.

—¿Tú? He visto mejores usuarios de ese aparato —una sombra emergió. Poco a poco se acercaba a la luz hasta quedar totalmente visible. La voz provenía de un pequeño oso polar, pero su tamaño era como de un oso de peluche pequeño.

—¿En serio debo de tener miedo a eso? —preguntó Shaoran en tono de burla.

El oso se impulsó hacia la cara de Shaoran propinándole un golpe en la mejilla.

—¡Oye! —dijo con enojo el castaño.

—¿Quién eres y qué es lo que quieres? —pregunto Mark.

—Mi nombre es Arbetrus —dijo con una voz un poco más delgada—, y no quiero nada. Ya encontré lo que estaba buscando.

—¿Y eso es..? —preguntaron los chicos al unísono.

—A ti, Mark —respondió Arbetrus.

—¿Cómo sabes mi nombre y que es lo qué quieres de mí? —preguntó asustado el rubio volviendo a ser humano.

—Quiero el Bestador para volver a él porque yo soy el guardián. Por eso sé tu nombre.

—¿El Bestador tiene guardián? —inquirió Shaoran mientras se volvía hacia Mark.

—No me mires, no me dieron muchos detalles de esta cosa, sólo la parte de poder transformarme en una bestia —se excusó.

—¿Puedes explicarnos eso del guardián, Arbetrus? —pidió Shaoran.

—Lo haré con gusto. Mi trabajo como guardián es…

—¿En serio, Lee? —interrumpió Mark—. Sabemos lo que hace un guardián. Obviamente proteges al Bestador, pero dinos, ¿de qué o de quién lo proteges?

—Yo no protejo el Bestador. Protejo al usuario del Bestador —dijo Arbetrus tranquilamente—. Fui creado con ese objetivo.

—¿Qué? ¿De qué proteges al usuario? —preguntó preocupado Mark.

—Bueno, al transformarse en bestia, varios elementos se transmiten al usuario, y uno de ellos es la mente de la bestia. Ahí entro yo. Impido que la mente de la bestia llegue al usuario.

—En pocas palabras, no permites que la bestia tome control del usuario… —dijo por lo bajo Mark.

—Exacto.

—Hay algo que no entiendo, ¿cómo saliste del Bestador? —preguntó Shaoran.

—¡Lee! ¿Acaso no te das cuenta de la gravedad del asunto? Si Arbetrus no está dentro del Bestador... me convertiré en una bestia.

—Eso puede esperar. Algo debe de estar mal si algo que debería estar dentro del Bestador ahora se encuentra afuera. Arbetrus nos podrá ayudar para arreglar el Bestador, él debe de saber porque está afuera. Así él podrá volver dentro y podrás transformarte en todas las bestias —explicó Shaoran.

—¿Arreglar el Bestador?, ¿de qué hablas? —preguntó confuso Arbetrus.

—El Bestador no me transforma más que en Electrax —explicó el rubio.

—Eso nunca había pasado, y desgraciadamente yo no sé arreglar el Bestador.

—El guardián no sabe arreglar las cosas, me suena conocido —dijo Shaoran con sarcasmo.

Mark miró a Shaoran confuso.

—No importa. Arbetrus, ¿quién puede arreglar el Bestador?

—Pierre… —dijo en voz baja Mark.

—Exacto, Mark —dijo Arbetrus.

—¿Y quién es ése? —preguntó Shaoran.

—Pierre es el creador del Bestador —explicó Arbetrus—. Desgraciadamente…

—Estoy perdido… —dijo Mark con tono melancólico interrumpiendo a Arbetrus.

—Tranquilo. Por ahora derrotemos al Hielox, después buscaremos la forma de repararlo. Claro, buscando al tal Pierre.

—Tienes razón. Afortunadamente Pierre está en el cuartel general. Puedo comunicarme para que ayude —dijo Mark con un poco más de ánimo.

—¿Un Hielox..? Es algo difícil porque…

—Ya sé, controla el hielo. La única forma de detenerlo es usando fuego, pero no puedo usar más bestias. Espero no tener problemas de nuevo.

—¿De nuevo? —preguntó Arbetrus.

—Sí… Hace algunas horas me enfrente a él, y casi me mata.

—Te mató, por minutos, pero te mató —corrigió Shaoran.

—Vaya que eres inútil. Ahora se va a dificultar más.

—¿Qué? —preguntó confuso Mark.

—El Hielox controla el frío. La noche es fría. Eso le da un aumento a su poder y, considerando la temperatura a la que estamos, será más fuerte —explicó Arbetrus.

—¿Es posible que la temperatura baje más rápido por ello? —preguntó Shaoran.

—Tal vez.

—En ese caso siempre sí llegaremos a cincuenta grados bajo cero —dijo Mark—. Bien, tendremos que buscar de una vez… aunque creo que tardaremos mucho.

—Tomando en cuenta que hay muchas neverías…

—¿Un Hielox en una nevería? Eso es imposible, dudo que sea un buen lugar para ocultarse, principalmente porque lo único frío ahí es el refrigerador —dijo Arbetrus.

—Una fábrica de hielo… ¿Aquí en Tomoeda hay alguna? —inquirió Mark.

—No… Eso sólo nos deja con el centro de patinaje —dijo Shaoran e inmediatamente tomó su celular para llamar a Sakura—. Hola, amor. Ya sabemos dónde está la bestia. Nos vemos en el centro de patinaje sobre hielo, lleva a Kero, lo vamos a necesitar.

—¿De qué nos servirá un peluche? —preguntó Mark confundido, recordando al muñeco que había visto en casa de Sakura.

—Por el momento sólo hay que ir allá —dijo Shaoran evadiendo la pregunta.

Los chicos tomaron sus abrigos y se acercaron a la puerta.

—Oigan, ¡espérenme! —exclamó Arbetrus. El trío salió a toda prisa en dirección hacia el centro de patinaje.

Centro de patinaje. 20:00 horas

—¿A qué temperatura estamos? —preguntó Mark cubriéndose la boca para evitar enfriarse.

—Posiblemente a treinta grados bajo cero —dijo Arbetrus, sujetándose lo mejor posible de la espalda de Shaoran.

Pronto vieron a Sakura, con una mochila, junto con Tomoyo y su cámara. Sakura vio al oso colgado en la espalda de su novio.

—¿Qué es eso? —preguntó curiosa la castaña.

—Larga historia —dijo Shaoran sin más—. ¿Traes a Kero? —preguntó.

—Sí, pero, ¿para qué lo necesitamos?

—Sí, cuéntanos cuál es el plan, Mark —dijo Arbetrus.

—No tengo ningún plan —contesto el rubio avergonzado.

—¿En serio? Lanzarse al ataque sin plan es como lanzarse a la muerte. A no ser que seas muy bueno, como otros usuarios del Bestador…

—Tranquilo —interrumpió Mark—, ya se me ocurrirá algo. Por el momento, los únicos que deberíamos entrar ahí deberíamos de ser Kinomoto, Lee y yo.

—Pero… —dijo Tomoyo, triste.

—Son razones de seguridad. Como trabajador de la ASPID tengo que mantener a los civiles a salvo si hay una bestia, porque no tienen forma de enfrentarla. Kinomoto y Lee tienen algo que les ayuda.

—De ninguna manera… Yo quiero ver a mis amigos derrotar a esa bestia. Traje mi cámara para poder…

—¡No! —Gritó Mark interrumpiendo a la amatista—. No pondré civiles en riesgo incapaces de defenderse…

—No es necesario. Kero puede cuidarla.

—¿Cómo un peluche puede cuidar a una persona? —preguntó Mark, desesperado por la situación.

—Relájate de una vez, niño. No tienes un plan, así que no te desesperes. Deberías de confiar en ellos —regañó Arbetrus.

—Bien —suspiró, derrotado.

Todos entraron a la pista. Sakura sacó a Kero de su mochila, entregándoselo a Tomoyo.

—Cuídala, Kero.

—Hielox, ¿dónde estás? —Gritó Mark—. Vamos, heladito, ven.

«Liolioliuviukverserc derioery ukverseryliookil» se escuchó en todo el lugar.

Un fragmento de hielo pasó cerca de los chicos. Elevaron la mirada, avistando al Hielox. Éste hizo una seña de despedida.

—¡Cúbranse! —gritó Mark. Los chicos salieron corriendo, buscando lugar donde ocultarse. Picos de hielo empezaron a caer del cielo en toda la pista de hielo.

—¿Cuánto tiempo durará esto? —gritó Shaoran.

—No tengo idea —contestó Mark.

El Hielox bajo hasta la pista. Mark se asomó por un momento. El Hielox, al verlo, pasó el cañón a su muñeca y empezó a disparar como un fusil de asalto. Mark se volvió a esconder.

—Buena idea, Hazaki —dijo sarcástico Shaoran.

«¡Fuego!» gritó Sakura. La dama de fuego apareció e intento atacar a la bestia, pero la evadió. Hielox lanzó balas más grandes, como si fuera un cañón de barco pirata. Cuando explotaba, hielo se expandía en el lugar donde había explotado.

Ante desesperada situación, Sakura tomó una carta.

—Sakura —dijo Kero—, no creo que usar esa carta sea una buena idea.

—Es la mejor opción, Kero. Creo que solo esta carta podrá detener a esa cosa.

—Pero… ¿Y si..? —trató de prevenir Kero.

—Kero, tenemos que confiar en Sakura, es posible que sea nuestra única opción —dijo Tomoyo.

—Bien… Mantente completamente concentrada en aquella cosa o algo podría salir mal.

Sakura asintió. «Disparo» exclamó Sakura.

Hielox miró atentamente la esfera que había aparecido. La esfera lanzó una especie de rayo que pasó cerca del hombro de Hielox. Un segundo rayo salió. Hielox se movió un poco haciendo que el rayo pasara cerca de su pierna.

Hielox apuntó hacia la esfera. El cañón empezó a rotar sobre su propio eje y una ráfaga de balas empezó a salir. La esfera evadía los ataques adelantándose de su posición. Encontrando el momento para lanzar otro rayo.

«Erysolizaliuderiookil derioery ukverseryliookil» pronunció Hielox al estirar su mano, deteniendo los disparos. Cuando el rayo estuvo a tres metros del Hielox, desapareció.

La carta efectuó varios ataques más, pero todos desaparecían a la misma distancia.

—¿Qué rayos sucede? —preguntó confuso Shaoran.

Mark se encogió de hombros dando a entender que no sabía nada.

Hielox lanzó un puñetazo al aire. Varios picos de hielo salieron justo de donde desaparecían los disparos. Aquellos picos iban contra la carta, pero ninguno dio en el blanco. La carta se movía demasiado rápido para el Hielox.

«Okilnayoderioerc ukerylioercderioerc» pronunció Hielox. Esto provocó que la carta se volviera más lenta. Hielox volvió a abrir fuego contra la carta.

«Tiempo» gritó Sakura al ver que algo iba a salir mal. Corrió hacia el enemigo, lo golpeó en la mano, haciendo que lentamente las balas se desviaran.

Sakura se debilitó quedando debajo del Hielox. Los disparos de Hielox se desviaron.

—¿Qué rayos? —preguntó furioso. Al ver a la castaña, convirtió su mano derecha en una cuchilla de hielo.

—¡Kero, ataca! —exclamó Tomoyo.

Una especie de león apareció al lado de Tomoyo. Lanzó una llamarada de fuego que el Hielox no pudo evadir.

—¡Necesita más calor! —gritó Arbetrus.

Shaoran sacó su espada y uno de sus sellos, invocando al dios del fuego. El Hielox gritó al momento de caer arrodillado. Kero y Shaoran se detuvieron al verlo. Mark salió de su escondite, acercándose rápidamente al Hielox y justo cuando iba a darle el golpe final, la bestia abrió los ojos. Aquello sorprendió al muchacho.

—Muere… —dijo Hielox y aprovechó para agarrarlo de imprevisto del brazo.

Al ver esto, Kero, lanzó una bola de fuego, que al golpear al Hielox, explotó, pero no tocó a Mark. Tras eso, Hielox cayó débil y desmayado. Mark lo tocó, buscando una señal de vida, pero, como con las otras bestias, ésta desapareció en una luz.

Shaoran aprovechó el momento para recoger las cartas Sakura.

Los chicos salieron del lugar, notando cómo el clima se hacía más caluroso.

—Muy bien, creo que es mi turno de hacer un interrogatorio —dijo Mark.

—¿Sobre qué? —preguntó Shaoran.

—Sobre ese león que viene con nosotros —dijo, señalando a Kero.

—¿Te sorprende más un gato gigante que Sakura y yo con poderes? —dijo con sarcasmo Shaoran.

—Sí —dijo Mark—. Pero bueno, tienes razón, Lee. Quiero que me expliquen todo, empezando con el león.

Tomoyo, Sakura y Shaoran asintieron.

—El nombre de este león es Kerberos.

—¡¿Ese gato gigante es el peluche?! —dijo incrédulo Mark.

—No es un peluche, él es el guardián de las cartas Clow —explicó Sakura.

—¡Un guardián como yo! —exclamó Arbetrus interrumpiendo a la castaña.

—Sí, espero que la única diferencia entre Kero y tú sea que él —dijo señalando a Kero— se quedó dormido en el momento en que debería haber estado haciendo su trabajo —dijo Shaoran. Ante esto, Kero lanzó una mirada de enojo a Lee.

—¡Eso es inaceptable! ¡Los guardianes no pueden dormir si tienen trabajo que hacer! —exclamó Arbetrus.

—¿De qué es guardián Arbetrus? —preguntó curiosa la amatista.

—Él es guardián del Bestador —contestó Mark—, cosa que yo no sabía —se excusó—. Pero ya hablaremos de eso más tarde. Kinomoto, continúa por favor.

Sakura asintió.

—La forma en lo que lo ves ahora es su apariencia natural —dijo la castaña señalando a Kero.

—Entonces el modo de peluche es un disfraz —dijo comprendiendo la situación—. ¿Y que es una Carta Clow? Y no digas que es obvio, Lee —dijo Mark anticipándose al comentario sarcástico de Shaoran—. Entiendo que es una carta. Quiero saber qué hacen.

Sakura mostró las cartas a Mark.

—Cada una tiene un uso diferente. Las he usado de vez en cuando.

Mark miró atentamente las cartas. Arbetrus también puso atención en ellas.

—¿Y cómo las usas? —preguntó curioso Mark.

—Bueno. Recitando una especie de hechizo, hago que este dije —explicó Sakura, sosteniendo el pequeño bastoncito de su collar— se convierta en un báculo que me permite usar la magia de las cartas.

—Usan magia… interesante —dijo Mark—. ¿También tú, Shaoran?

—Yo uso la espada que te presté aquella vez.

—Bueno… Sera mejor que vayamos a descansar. Después podemos continuar con esta plática.

Los chicos asintieron, retirándose cada uno a su respectivo hogar.

―En algún lugar del mundo―

—Tu secuaz falló —dijo una sombra con voz gruesa.

—Amo, recién iniciamos. Le prometo que todo saldrá bien —dijo una sombra con una sonrisa maligna.

Notas de autor:

Liolioliuviukverserc derioery ukverseryliookil: Lluvia de hielo en lengua Hielox. Picos de hielo caerán del cielo en un área determinada.

Erysolizaliuderiookil derioery ukverseryliookil: Escudo de hielo en lengua Hielox. Una barrera invisible que defiende por determinado tiempo, dependiendo de la fuerza del ataque o golpe.

Okilnayoderioerc ukerylioercderioerc: Onda helada en lengua Hielox. Una especie de onda expansiva, que, al tocar algo, lo enfría por un tiempo breve.

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