Capítulo 5
—25 de febrero, 05:30 horas, Tomoeda, Japón. Residencia Kinomoto—
Sakura miraba atentamente la torre de Tokio. Observaba a Mark luchar contra una sombra. La pelea era intensa. Veía cómo Mark usaba habilidades increíbles, habilidades que el chico no mostraba. Aquello hizo que cayera en cuenta de que tal vez estaba viendo un sueño predictivo.
—Sakura… —dijo una voz detrás de ella. Giró lentamente para ver…
—¡Sakura, despierta! —gritó Kero lo más alto posible para que despertara.
—Kero… —dijo la castaña.
—¿Estás bien? —preguntó el guardián al ver a la chica con semblante serio.
—No —respondió ella—. Creo que tuve un sueño premonitorio.
—¿Qué… qué viste? —preguntó preocupado Kero.
—Estaba frente a la Torre de Tokio. Veía cómo Hazaki luchaba contra una especie de sombra…
Kero notó cómo Sakura se empalidecía con aquellas palabras.
—¿Viste algo más? —preguntó preocupado.
Sakura negó con la cabeza.
—Hablando de él —la castaña dio un grito—. ¡Cómo lo pude olvidar, hoy me toca servicio con él! —Sakura bajó por las escaleras lo más rápido posible, desayunó rápido, cuidándose de no ahogarse; salió corriendo de casa, si por ella fuera, hubiera usado la carta Carrera.
Cuando llegó al salón, vio éste muy arreglado. También vio Mark, que estaba sentado. Sakura se le acercó.
—Vaya, gracias por hacer el servicio —dijo Sakura.
—No te preocupes.
—Hazaki, tengo varias preguntas que hacerte…
—¿Qué clase de preguntas? —preguntó Mark, cauteloso.
—Sobre las bestias… ¿Qué tanto sabes de ellas?
—Lo básico. Sus debilidades, sus fortalezas y ya…
—¿Qué hay de lo que dicen? ¿Sabes qué cosas dicen?
—No, no tengo ni idea de lo que hablan. Debe de ser una clase de lengua antigua como el latín o el griego antiguo.
—¿Cómo sabes eso? A lo mejor era ruso…
—La ASPID me entrenó en varios aspectos, incluyendo lenguas. Me enseñaron cada uno de los idiomas actuales —dijo Mark—, sé reconocer el ruso del ucraniano y el griego actual de…
—¿Y por qué no te enseñaron lenguas antiguas? —interrumpió la castaña.
—Creían que no era necesario… Las lenguas muertas no les sirven de nada.
—Bueno, después de lo que he escuchado, pienso lo contrario —dijo ella—. Mi padre conoce a un profesor que estudia lenguas antiguas, podíamos preguntarle a él si conoce esa lengua.
—Ahora que mencionas a tu padre, ¿qué es lo que hace él?
—Él es profesor en la universidad. Es un gran profesor.
—Bien, deberemos de preparar una grabadora la próximas vez que nos encontremos una bestia.
—¿Sabes cuántas bestias son?
—Cuarenta y cinco —dijo una voz en la mochila de Mark. El chico abrió la mochila y vio a Arbetrus ahí.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó el chico.
—Vine a ayudarte con las bestias —respondió Arbetrus—. Pero lo importante ahora es saber por qué tanto interés de la chica en las Bestias —dijo, y miró a Sakura.
—Pues, voy a ayudarlo, y tengo que saber un poco más sobre lo que voy a enfrentar. Pero, pensándolo mejor, tú eres el guardián, debes de saber más de las bestias que Hazaki.
—Pues… Para ser precisos, no sé mucho. Solo lo básico.
—¿Eres un guardián y no sabes nada de bestias? —cuestionó Sakura.
—Claro que lo sé. Se aún más que Mark. Conozco los puntos débiles de las bestias, y eso da ventaja.
—¿Qué significa "básico" para ti?
—Alguien viene —dijo Mark al escuchar unos pasos en el pasillo—, Arbetrus ocúltate —Tomoyo entró junto con Shaoran después de que abrieran la puerta—. Falsa alarma puedes salir.
—¿A quién le dices eso? —preguntó el castaño.
—A Arbetrus —respondió Mark
—¿Trajiste a Arbetrus?
—No, él se ocultó en mi mochila —se excusó el rubio.
—Ya te dije que solo quiero ayudar.
—Pues empieza por decirnos dónde están las bestias —dijo con Shaoran con tono brusco.
—¿Por qué le haces esa pregunta? —preguntó Tomoyo.
—Viene del Bestador, de alguna forma debe de saber dónde están.
—Eso es cierto pero, aunque les quisiera ayudar a buscar a las bestias, no puedo.
—¿Por qué? —preguntó Shaoran.
—Pues… Pierre me creó con el propósito de proteger al usuario del Bestador. Jamás creyó que las bestias pudieran salir del Bestador.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Mark.
—No me dio más habilidades, eso intento decir.
—Pero, si conoces las cosas básicas, debe de haber algo ahí que podamos usar para localizarlas —dijo Sakura.
—Claro, sí hay algo —dijo Mark.
—Espera, ¿tú sabes algo? —preguntó un poco molesto Shaoran.
—Sí. La ASPID usaba aparatos para localizarlas. Al parecer, las bestias liberan energía, y esa energía era rastreable.
—Y como entraste después de la extinción de las bestias… —dijo Shaoran.
—Sí, no tengo nada que sirva para eso —dijo Mark sintiéndose otra vez impotente.
En ese momento, el timbre sonó, indicando que las clases estaban iniciando.
—Arbetrus, vuelve a la mochila —ordenó Mark.
Todos los alumnos empezaron a entrar en el salón. El profesor Tsubasa entró al salón.
—Muy bien, sentados —ordenó—. Hoy quiero presentarles a un nuevo estudiante —dijo e hizo una seña hacia afuera, indicando, a quien sea que estuviera afuera, que pasara.
La puerta se abrió y entró un chico de quince años. Era alto, de piel clara, ojos azules claros. Se notaba que hacía ejercicio.
Sakura dijo en voz baja, junto con Tomoyo, "qué guapo", Shaoran se enfureció.
El profesor anotó el nombre del alumno en el pizarrón.
—Muy bien, su nombre es Yashiro Max —cuando Mark oyó el nombre se puso pálido, como si hubiera visto un fantasma—. Veamos, ¿dónde te sentarás? Es cierto, al lado de Hazaki no hay nadie. De ahora en adelante ése será tu nuevo lugar —el profesor le indicó donde se hallaba Mark. Max se movió hacia su nuevo lugar, pero, antes de llegar, vio a Mark. Cuando Max se sentó, empezó la clase.
Después de varias horas, sonó el timbre del descanso. Se colocaron en un lugar donde nadie pudiera verlos, ya ahí, Mark abrió la mochila y dejó salir a Arbetrus.
—Muy bien, pensemos en que podemos hacer para localizar a las bestias —dijo Mark.
—Tal vez el Bestador pueda hacer algo…
—¿De qué hablas? —preguntó Tomoyo.
—Es probable que el Bestador te permita localizarlos…
—¿Y cómo activo eso? —preguntó Mark.
Arbetrus se lanzó contra Mark y le asestó un golpe en la mandíbula.
—¡Pero qué demonios! —dijo el chico un tanto adolorido.
—Eso te pasa por interrumpirme, nunca de los nunca me interrumpan cuando hablo —exclamó Arbetrus.
—Entiendo.
—Eso espero. Ahora, volviendo al tema, el Bestador puede localizarlos, pero no recuerdo cómo activar esa función.
La campana sonó en ese momento, dando a entender que el descanso había terminado.
—Más tarde hablaremos sobre esto. Ahora volvamos al salón —dijo Mark.
Las horas de escuela pasaron tediosamente. Arbetrus escuchaba las indicaciones de la maestra y explicaciones nada sencillas, al menos para él. En su época no existía esa tecnología llamada aritmética.
La campana sonó dando a entender que las clases por fin habían finalizado.
Todos prepararon su mochila y salieron, Sakura vio a Mark, quien todavía estaba guardando sus cosas.
—Hazaki, ¿no vienes? —preguntó.
—Sí, en un momento los alcanzo —contestó él—. Es más —dijo antes de que Sakura saliera del salón—, los veo en el parque.
—De acuerdo —Sakura salió y en el salón solo quedaron Max y Mark.
—¿Qué haces aquí, Max? —preguntó Mark.
—Vine por el Bestador.
—¿Y qué te hace creer que te lo entregaré? —dijo Mark con tono amenazante.
—La ASPID te cree muerto, así que, por ello, como segundo…
—¿Segundo? Sabes que harán pruebas para saber quién va usarlo.
—He estado entrenando —dijo, tratando de sonar superior—. Yo tenía que ser el dueño del Bestador, pero te eligieron a ti.
—Resulté ser más apto, a pesar de que no estaba en la ASPID. Ahora, ¿cómo diste conmigo?
—Eso es información confidencial. Si me disculpas, tengo cosas que hacer —Max se fue, dejando a Mark atrás.
Mark salió corriendo y tropezó con una chica que iba cargada de cosas.
—Lo siento, discúlpame —dijo Mark, tratando de recoger las cosas de la chica.
—No te preocupes, es mi culpa por no fijarme en el camino —dijo la chica, tratando de persuadir a Mark.
—Permíteme ayudarte con eso —dijo Mark, una vez que la chica estaba cargando sus cosas—. Mi nombre es Hazaki Mark.
—El mío es Wang Hikaru —Hikaru era una chica que parecía un ángel, alegre y carismática, alta y de ojos verdes claro. Cabello rizado y pelirrojo, delgada, y la sonrisa que tenía era perfecta. Sin duda alguna, una chica espectacular—. Mucho gusto —respondió la chica de manera amable—, ¿te puedo decir Mark?
—Claro —dijo él un poco nervioso.
—Puedes llamarme Hikaru, si gustas —ofreció ella.
—Está bien. Te veré otro día, adiós —Mark salió corriendo hacia el Parque Pingüino, a lo lejos vio a Tomoyo, quien estaba esperando por él—. ¿Qué sucede, Daidouji?
—No pasa nada —dijo ella—, pero te tardaste mucho.
—Lo siento —se excusó—, me quede platicando con alguien.
—Casi se me olvida, va a haber una carrera. Vayamos a verla.
—Está bien, vamos.
El lugar estaba lleno, pero Sakura había apartado lugares.
—¡Qué emoción, ya va a empezar! —dijo Sakura con una expresión eufórica.
Se escuchó un disparo, Mark tuvo una sensación extraña. En ese momento, los competidores empezaron a correr. Mark volvió a sentir esa extraña sensación.
—Hazaki, ¿pasa algo? —preguntó Tomoyo preocupada.
—Sí, es solo que…
—Hay una bestia por aquí —dijo Arbetrus interrumpiendo a Mark desde la mochila.
—Entonces, tendremos que estar atentos —dijo Shaoran.
—Bien, las conozco, no la dejaré ir.
—Lo dudo… debido a la aparición de la ASPID, las bestias se empezaron a camuflar, como humanos —dijo Arbetrus.
—¿Por qué dices eso? —preguntó Mark un poco preocupado.
—Simplemente, lo recordé.
—Tendrás que decirnos todo ahora, si no, estaremos en problemas —exigió Shaoran.
—Es todo lo que sé —exclamó Arbetrus—. Lo…
Una especie de viento se sintió. Mark, sintió que faltaba algo, y ese algo era Arbetrus.
—Rayos, tenemos que buscar a Arbetrus.
—No será necesario —dijo Arbetrus desde lejos.
—Oh, no —dijo Mark al ver quién sujetaba a Arbetrus—. Estamos acabados.
8
