Capítulo 6

—¿Acabados? Es un dinosaurio, los dinosaurios son estúpidos —dijo Shaoran.

—Este no es un dinosaurio común y corriente —dijo Mark.

Un velociraptor había tomado a Arbetrus. Desde su espalda hasta el final de su cola tenía picos. Sus garras eran retráctiles, además de una clase de navaja que salía de sus muñecas. Eso era lo único que no pertenecía a un dinosaurio. En su cabeza tenía un cuerno que no le servía de nada.

—Velo tiene una habilidad peligrosa: súper velocidad…

Tras decir eso, Velo se fue, llevándose a Arbetrus.

—¿En serio? —dijo Shaoran sin poder creerlo—. ¿Y ahora qué?

—Tenemos que encontrarlo, sin Arbetrus no podemos arreglar el Bestador.

—¿Y cómo piensas buscarlo?

—El tipo de hoy… El nuevo alumno.

—¿Yashiro? —cuestionó Sakura.

—Sí, él… es un agente de la ASPID…

—¿Un agente de la ASPID? Ahora te irás, supongo —dijo Tomoyo.

—No, no me iré. Él viene con otros objetivos.

—¿Qué clase de objetivos? —preguntó Shaoran.

Mark apuntó al Bestador.

—Él quiere el Bestador, y confías en el… ¿Estás loco?

—Tal vez tenga algún dispositivo para la localización de bestias…

—¿Por lo menos sabes dónde vive?

—Podemos preguntarle mañana en la escuela… —opinó Sakura.

—Bien, tendremos que esperar —dijo Shaoran un poco molesto.

En alguna parte—

—Aquí esta lo que me pidió —dijo Velo extendiendo lo más posible sus manos para entregar a Arbetrus.

—¿Acaso te ordené que trajeras a este tipo? —preguntó molesto una figura masculina.

—No. Me ordenó que me deshiciera de él —dijo Velo en tono sumiso.

—Entonces, ¿por qué demonios lo traes?

—Creí que le gustaría acabar con el guardián usted mismo.

—¡Pues te equivocaste! —Gritó molesto la figura—. Te di una orden.

—Pero…

—¡Pero nada! Tu incompetencia puede arruinar mis planes. Más te vale deshacerte del guardián o yo me desharé de ti.

—Sí, señor…

Al día siguiente. Instituto Tomoeda—

—Max, necesito hablar contigo —dijo Mark cuando todos los alumnos se iban al descanso.

—¿Hablar conmigo? Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.

—Claro que sí.

Max empujó hacía un lado a Mark. Al intentar salir, la puerta se cerró súbitamente en su cara.

—¿Qué rayos? —Max intentó abrir la puerta sin éxito alguno.

—No saldrás de aquí hasta que hablemos.

—Eres estúpido, ¿crees que por simple hecho de encerrarme contigo voy a hablar?

Mark asintió.

—¿Sabes que abrirán por afuera?

—Nadie puede entrar o salir —dijo Sakura que apareció detrás de Max.

—¿Qué demonios? —Max volteó asustado.

—Necesito tu ayuda —dijo Mark.

—¿Para qué quieres mi ayuda? —preguntó Max.

—Localizar una bestia. A un Velo para ser más precisos.

Max lo pensó un momento.

—Solo lo haré por el hecho de que soy agente de la ASPID y mi deber es proteger al mundo de las bestias.

Sakura desactivó la carta Candado, haciendo que todas las puertas y ventanas se abrieran.

—Bien, vámonos —dijo Max.

—¿Disculpa? —inquirió Mark sorprendido—. Tenemos clases todavía.

—¿Quieres hallar a la bestia o no?

Mark asintió.

—Bien, vámonos.

Residencia Yashiro—

Max abrió la puerta de su casa.

—Bienvenido, amo Yashiro —dijo una sirvienta—. Hazaki...

—Hola, Samanta —respondió el saludo Mark.

Samanta Rouge, una de las sirvientas de la familia Yashiro.

Samanta parecía una chica inteligente, creativa y hábil. Era alta, casi un metro con ochenta, con pelo largo y rubio. Tenía ojos azules como el mar, era delgada y de piel blanca.

—Pueden esperar en la sala —dijo Max.

Max subió las escaleras dejando a los muchachos en la entrada.

—Por aquí —dijo Samanta guiándolos hacia la sala.

—¿Cómo has estado, Sam? —preguntó Mark.

—He estado bien. No hay nada de qué preocuparse —respondió alegremente Samanta—. ¿Desean algo de beber?

Los chicos negaron con la cabeza.

—Si desean algo, llámenme.

Sam se retiró hacia la cocina tarareando una canción.

—Es una locura, salirnos de clase para encontrar una bestia —dijo quejumbrosamente Shaoran.

—Sé que es una locura, pero es la única forma de encontrarlo. Sin Arbetrus, el Bestador seguirá sin funcionar —intentó tranquilizarlo Mark.

—¿Por qué consideras que no funcionara? —preguntó Tomoyo.

—Porque no he podido transformarme en una bestia.

—¿Y cuándo te convertiste en Electrax? —inquirió Sakura.

—Fue la única ocasión. Por eso debemos arreglar el Bestador.

—Encontré lo que necesitas —dijo Max mientras bajaba por las escaleras.

En sus manos traía un GPS, como si de un radar se tratara.

—Eso es un GPS, no creo que funcione —dijo Mark.

—Lo hará. Toma —Max entregó el GPS a Mark.

En la pantalla había nombre de calles, edificios y varias cosas más. También había un punto azul y una flecha roja apuntando hacia el este, la dirección de la playa.

—Tú eres el punto azul —explicó Max—. La bestia es el punto rojo. En este caso es una flecha. Debajo de ella se encuentra la distancia que falta para llegar.

—Son muchos metros —dijo Mark espantado.

—Pues será mejor que te muevas, porque tal vez se vaya —dijo Max en forma de regaño.

—Gracias.

Los chicos se levantaron de sus asientos y se retiraron del hogar.

—Señor, la castaña… —dijo Sam.

—Lo notaste.

Sam asintió.

—Es una energía muy fuerte la que emana de ella.

—Sí. Tal vez sea magia. Es lo único que puede tener tanto poder.

—Eso puede atraer a las bestias, ¿no cree?

—Si encuentran una forma de robar ese poder, sí.

—¿Cómo sabes que Yashiro es un agente? —preguntó Sakura.

—Max y yo somos primos —contestó Mark.

—Por lo visto no se llevan muy bien —apuntó Tomoyo.

—Sí… antes nos llevábamos mejor, pero desde que obtuve el Bestador…

—La relación empeoró —interrumpió Shaoran.

—¿Qué hay de la sirvienta? —preguntó Tomoyo.

—Su nombre es Samanta, aunque yo le digo Sam.

—¿Estudia? —preguntó Sakura.

—No. Sé que los padres de Max le pagan maestros particulares, aunque no sé si todavía lo sigan haciendo.

—Trabajar a tan corta edad… —dijo Tomoyo—, debe ser malo.

—No. Cuando éramos pequeños ella siempre jugaba con nosotros. Jamás la vieron como una empleada. No lo parece, pero Max siempre la trata como su igual.

—Tal vez no lo haga con otra gente. Ya sabes, para mantener la categoría —dijo Shaoran.

—No. Ellos no son de alta sociedad. Sam y su madre eran de la calle. Los padres de Max las recogieron a ambas…

—Y su forma de agradecimiento es trabajar como sus sirvientas —corroboró Sakura.

—Sí, pero son tratadas humanamente. Las ven como sus iguales. Pero, volviendo a nuestro tema, ¿qué hay en esa dirección?

—La playa —respondió Sakura—. Eso significa…

—Que el Velo piensa ahogar a Arbetrus —complementó Mark—. Debemos darnos prisa.

—Bien, en poco tiempo mi chofer vendrá por nosotros y nos llevará —ofreció Tomoyo.

Playa Tomoeda—

Ahí estaba la bestia, en un peñasco, sujetando a Arbetrus de cabeza.

—Es hora de decir adiós —dijo la bestia.

—Lo mismo opino —dijo Mark en cuanto ubicó al Velo.

—De acuerdo —la bestia soltó a Arbetrus.

—¡Me refería a ti! —gritó Mark.

El rubio corrió para poder lanzarse a rescatar al guardián, pero el Velo no se lo permitió. Sacó las navajas de sus muñecas, Sakura al verlo, usó la carta Escudo. El velo lanzó varios ataques sin efecto alguno.

—¡Rayo! —exclamó Sakura.

Varios relámpagos salieron al ataque, pero la bestia los evadió.

Mark sabía que no podían enfrentarlo así. Mientras la bestia siguiera utilizando aquella habilidad especial…

—Por favor, funciona —suplicó Mark por lo bajo—. ¡Hielox!

Una luz empezó a cubrir al muchacho. Poco a poco fue tomando la forma de la bestia helada. En cuanto el Velo lo vio, se abalanzó contra el muchacho rubio.

—¡Bosque!

Velo se estrelló contra un muro de troncos. Aquello se interponía entre él y su enemigo. Comenzó a cortar los troncos y pronto se abrió paso.

Mark lo esperaba con el cañón. Disparó, pero el Velo se alejó.

—No puedes huir del frío —dijo Mark.

Lanzaba bolas gigantes de hielo, como si estuviera usando el cañón de un barco pirata.

Los otros chicos se refugiaron detrás de Mark para evitar que aquel ataque los dañara.

Mark siguió con su ataque, pero el Velo continuaba evadiéndolos.

En un momento dado, el Velo resbaló. Usó las garras de sus patas para aferrarse y detenerse.

—Eso fue astuto —dijo el Velo.

—Ríndete, no hay forma de que ganes.

El Velo rió de manera burlona.

—Mi misión era deshacerme del guardián. No tengo que luchar.

Mark levantó sus brazos con enojo. El Velo quedó atrapado por una capa de hielo.

—Shaoran, tu espada —solicitó Mark.

Shaoran entregó su espada al rubio. Mark la sujeto con la mano izquierda y se acercó con paso amenazante.

—Perdiste —dijo en cuanto estuvo cerca del Velo.

Alzó la espada lo más alto posible. En un movimiento rápido soltó la espada y le asestó un golpe con su puño derecho dejando noqueado a su enemigo.

Mark volvió a ser humano. Tomó al Velo por el cuello y sucedió lo mismo que con las otras bestias. Después se acercó a la orilla del peñasco.

—Demonios —dijo el rubio por lo bajo.

—Calma, ya hallaremos otra solución —dijo Shaoran.

—No, no hay otra solución. Él era la única… —dijo Mark melancólico.

—¿De verdad me estimas tanto?

Mark alzó la mirada. Ahí estaba Arbetrus, flotando. Mark miraba incrédulo.

—¿Acaso se te olvidó que puedo volar?

Mark hizo un gesto que indicaba cierta vergüenza.

—Agradecemos que estés vivo, pero creo que tienes que explicarnos muchas cosas —interrumpió Sakura.

—Empezando con el Bestador. Ese día que apareciste, mencionaste a un tal Pierre, al parecer tú creador y el del Bestador.

—¿Por qué importa eso? —preguntó Tomoyo.

—Si Pierre hizo el Bestador, debió de haber entrenado a Mark en su uso y todos esos detalles —explicó Shaoran—, pero, por lo visto, no lo hizo.

—Eso lo respondo yo —dijo Mark—. Pierre se negó.

—¿Por qué?

—Porque la ASPID se robó el Bestador, lo arrebató de sus manos —contestó Arbetrus lacónicamente.

—¿Lo robó? ¿Por qué lo hizo?

—Pierre quería usar el Bestador como un método de mediación para solucionar la lucha entre bestias y la ASPID.

—Entonces… —susurró Tomoyo.

—La Organización se enteró, y lo robó —complementó Arbetrus.

—Y lo usó para destruir a las bestias —dijo Shaoran.

—¿Qué más sabes, Arbetrus? —preguntó Sakura.

—Hay un libro.

—¿Un libro? —preguntó Mark.

—Sí. El primer usuario del Bestador hizo anotaciones sobre las bestias. Sus puntos débiles, habilidades y muchas otras cosas.

—¿Puedes conseguirlo?

Arbetrus asintió.

—Bien. Sera mejor que nos vayamos. Creo que ya es tiempo —dijo Sakura.

Los chicos subieron al auto de prisa y Arbetrus se dirigió volando hacia el norte.

—Shaoran, adelántate —dijo Mark.

La limosina había pasado por la casa de Sakura, dejando a la castaña ahí.

—Quiero preguntarte algo, Daidouji.

La amatista miró atentamente al chico.

—¿Quieres tener una cita conmigo? —preguntó sonrojado.

La amatista se sonrojó, pero aun así asintió.

CONTINUARA…

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