7

—Residencia Lee. Esa misma noche—

—Por poco perdemos a Arbetrus —dijo Shaoran—. Lo bueno es que la bestia no sabía que él podía volar.

—Es extraño…

—¿Qué cosa? —preguntó el castaño.

—El Velo sabía sobre el guardián…

—El Velo y Arbetrus estaban en el Bestador, ¿qué esperabas?, ¿qué no se conocieran?

—Sí —dijo Mark por lo bajo.

—Estoy seguro de que las bestias no tiene conocimiento de la existencia de Arbetrus.

Mark, confuso, miró al castaño.

—¿No lo oíste? Dijo que su misión era destruir al guardián.

—Sí, lo oí. Pero me pareció extraño que primero dijeras que Arbetrus y las bestias se conocen, y después lo niegues.

—Oh, disculpa.

—Pero, tienes razón. Ninguna de las otras bestias mencionó algo del guardián, ni siquiera el Hielox que fue la primera en verlo.

—Si analizas bien, ninguna de las bestias anteriores dijo algo de cumplir una misión. Pero, aparece tu primo e inmediatamente dicen misiones y saben del guardián.

—¿Crees Max este detrás del regreso de las bestias?

—Sí. Tal vez fue él quien daño el Bestador y sabe cómo arreglarlo.

—Tal vez… Si es así, lo que queda es saber por qué —dijo pensativo—. Cambiando de tema. Hice algo increíble, yo…

—Residencia Daidouji—

La amatista suspiró. Miró su cuaderno atentamente.

Había notas de las diferentes cosas que Mark les decía. Trataba de hallar una conexión entre todo.

—ASPID —dijo, comenzando a recordar aquella platica de hacía tiempo.

—Residencia Lee. Una semana antes—

Tomoyo tocó el timbre, esperando que Mark estuviera en casa. No había faltado a la escuela por nada.

Alguien abrió la puerta. Era Mark.

—Daidouji, ¿no deberías de estar en la escuela? —dijo Mark.

—Lo mismo digo —respondió ella con una sonrisa burlona.

—¿Qué sucede?

—Quiero hablar contigo.

Mark pensó durante un momento.

—Pasa.

El chico se retiró de la puerta, dejando abierta y permitiendo que Tomoyo entrara.

—¿De que necesitas hablar? —preguntó el rubio mientras tomaba asiento.

—Aquel día que te conocimos, mencionaste que trabajas para una organización llamada ASPID. ¿Qué clase de organización es?

—ASPID es una asociación secreta. Se creó con el fin de aniquilar a las bestias e impedir que destruyeran el mundo.

—Eso explica por qué no halle información sobre ella o las bestias —la amatista pensó durante un momento—. ¿Cómo se mantiene?

—ASPID se alió con todo el mundo. Todos los países le daban recursos económicos para continuar con su trabajo.

—Espera, si el mundo se alió con ella, ¿por qué ibas a regresar a Francia para decirle que las bestias habían vuelto? Debe de haber una base aquí, en Japón, ¿o me equivoco?

—No. Es cierto. Pero, tras la extinción de las bestias, la mayoría de los países dejaron la organización. Hoy solo quedan México, Estados Unidos, Francia, Italia y Canadá —explicó el rubio.

—¿Todo eso te lo dijo ASPID? —El chico asintió ante la pregunta de la amatista— ¿Cuánto tiempo ha pasado desde aquella extinción?

—Apenas una semana. Yo entré dos días después de aquel suceso. Para ser precisos, las bestias se extinguieron el cinco de febrero.

—Entiendo —Tomoyo se levantó—. Gracias, Hazaki —la amatista se acercó a la puerta.

—Daidouji —el chico estaba sonrojado—, te ves linda el día de hoy.

Tomoyo se sonrojó y salió de la casa.


La amatista tomó un lápiz e hizo una raya horizontal en una hoja de aquel cuaderno. Comenzó al final de la raya, anotando fechas. Se llevó cierto tiempo haciendo aquello. Aquello era una línea de tiempo. Coloco varios apartados como "Nace ASPID", "Creación del Bestador". Todas aquellas tenían un signo de interrogación en donde debía estar la fecha. Las más recientes eran "Aparición de Mark", "Aparición de Arbetrus". Aquellos hechos que habían sucedido recientemente.

—¿Sucede algo, señorita Daidouji? —preguntó una sirvienta que estaba entrando al cuarto de Tomoyo.

Ella negó con la cabeza.

—La cena esta lista —dio vuelta y se retiró. Tomoyo escribiendo.

—¿Qué intentas hacer con esa línea? —preguntó un hombre.

—Entender —dio vuelta a la hoja e hizo otra raya. Escribió más cosas; la mayoría incluían la muerte.

—¿Y para que anotas el futuro? —volvió a preguntar el hombre.

—Estudiar el pasado para entender el presente y cambiar el futuro —respondió mientras anotaba "Mark muere" con signos de interrogación delante indicando que la fecha era desconocida.

—Esa es una buena lección. Pero hay futuros que no cambian.

—Nada está escrito en piedra…

—Y estoy de acuerdo con eso, pero hay algo llamado destino, y es lo único que está escrito en piedra. A veces tarda, a veces es rápido, pero siempre se cumplirá. Y las cosas que te he dicho lo harán.

—En ese caso, ¿para qué me las dijiste? Creí que querías que cambiara el futuro —dijo furiosa.

—Te las di para que estuvieras consciente de los sucesos del porvenir. Además, necesitas saber más que el suceso para cambiar el futuro. Debes saber el gatillo, la bala, bueno… la acción que desatara ese futuro y evitarla.

—Dilas entonces, para que pueda evitarlas. O tan siquiera la fecha en que va a ocurrir.

—Lo siento, está prohibido hacerlo —el hombre sonrió con cierta malicia, y de un momento a otro, desapareció. Tomoyo suspiró resignada. Salió de su cuarto y fue al comedor para tomar la cena.

—Residencia Lee—

—¿¡Qué hiciste qué!? —preguntó exaltado el castaño.

—Lo que te dije. Invité a Daidouji a salir —dijo con calma Mark.

Shaoran suspiró.

—No pienso ayudarte en esa locura —dijo—. No quiero tener problemas con Sakura después.

—¿Problemas? ¿Por qué tendrías problemas con Kinomoto?

—Tomoyo es la mejor amiga de Sakura, además de ser su prima.

Mark se quedó mudo.

—Tranquilo, no tendrás problemas por una simple cita —dijo después de un rato—. Ahora, si llegara a pasar algo más… Tampoco tendrías que preocuparte.

—Está bien, tendré confianza en lo que dices —dijo resignado el castaño.

—Residencia Kinomoto. Al día siguiente—

La mañana había llegado. Pequeños rayos de luz se filtraban por la ventana y se estrellaban en la cara de la castaña.

Sakura abrió los ojos; se levantó de la cama y estiró los brazos al cielo.

—¿Dormiste bien, Sakura? —preguntó el guardián de las cartas.

Sakura sonrió.

—Por supuesto, no tienes que preocuparte, Kero —extendió su mano y acarició al peluche. Era agradable saber que sus amigos se preocupaban por ella, porque así sentía que realmente la amaban.

—Tienes que alistarte para ir a la escuela —dijo sonriente.

Sakura obedeció la orden de pequeño amigo. Caminó hacia su closet y sacó su uniforme; lo colocó en la cama, así estaría listo para cuando saliera de la ducha.

Entró al baño, abrió la llave de la ducha y cerró los ojos. Le gustaba escuchar el sonido del agua corriendo porque aquello la relajaba. Y con todos los eventos que habían sucedido, necesitaba tranquilidad.

Abrió los ojos y vio delante de ella la Torre de Tokio. Ahí estaba Mark, luchando con una sombra. Debajo de la torre había algo borroso. Se acercó lentamente para descubrir que aquello era un cuerpo. Era como una sombra, algo oscuro.

Varios metros a su derecha, había tres sombras de gran tamaño. Estaban sentadas en una clase de trono hecho de cráneos y partes humanas.

Estaba horrorizada y no pudo evitar dar un grito.

—¡Sakura! —gritó Touya entrando rápidamente a la habitación de su hermana— ¿Pasa algo, estas bien?

La castaña miró al ruedo. Aún estaba en su habitación. Vestida y arreglada para ir a la escuela.

—No pasa nada —dijo ella—. Fue solo una pequeña actuación, en caso de que hagan una obra de terror.

—Está bien —dijo más tranquilo—. Baja, el desayuno está listo —cerró la puerta y se fue.

—¿Qué sucedió, Kero? —preguntó preocupada.

—Lo mismo te preguntó, ¿por qué gritaste?

—Tuve ese sueño otra vez. Esta vez era peor, esta vez había muertos —dijo asustada.

—Tranquila. Lo único que podemos hacer es esperar ese día. O que el sueño se muestre completamente, para ver que significa.

—Ese es el problema, no quiero saber nada más de ese horrible sueño —exclamó—. Parece un mal presagio.

—Los malos presagios son parte de la vida, y solo nosotros tenemos el poder de evitarlo —dijo Kero mientras veía los ojos de la castaña.

—Está bien… —dijo poco convencida. Salió del cuarto y fue a desayunar.


Arbetrus trataba de recordar donde vivía el primer portador del Bestador. Estaba en Francia, de eso estaba seguro, pero no recordaba la calle. Le había llevado toda la noche llegar al lugar. Después de un tiempo encontró aquella casa. Entró y vio un lugar sucio y abandonado, lleno de telarañas en los recovecos de cada cuarto.

El primer lugar donde buscó fue en la biblioteca. Era pequeña, con unos pocos libreros, pero con una gran cantidad de libros. Buscó de lado a lado, pero no lo encontró.

Pasó al estudio. Revisó el escritorio, el librero que estaba ahí, pero no lo halló. Por último, dio un vistazo a la habitación. Buscó en la mesa de noche, en el escritorio, en el pequeño librero. Cansado, se echó al suelo, cerca de la cama. Giró la cabeza. Vio debajo de la cama un objeto. Se acercó lentamente. Era lo que buscaba, era ese cuaderno. Lo tomó para poder sacarlo. Ahora el problema era transportarlo. ¿Cómo se llevaría algo de gran tamaño?

El cuaderno brilló; comenzó a encogerse hasta alcanzar el tamaño adecuado para que Arbetrus lo pudiera transportar. Lo tomó, bajó hasta la salida y se fue de regreso a Japón. Ahora volaría todo el día. Temía por la vida de Mark, lo había dejado solo. Una bestia podría atacar en cualquier momento y el chico no estaba lo suficientemente entrenado para luchar… al menos eso creía.

Sacó esos pensamientos de su mente. Había que volar una gran distancia.

—Instituto Tomoeda—

Todo el mundo hablaba de una noticia. Al parecer, unos vídeo-aficionados habían subido a internet un video donde los militares atrapaban a un supuesto extraterrestre. Después de que la noticia se supiera, el gobierno negó aquella prueba. Que era editado, falso.

—¿Ustedes que opinan? —preguntó Sakura. Era la hora del descanso, el momento perfecto para hablar de los eventos que pasaban.

—En primera —explicaba Shaoran—, el gobierno siempre oculta las cosas, y lo hemos visto con esto de las bestias. En segunda, es posible que sea una.

—En tercera, es posible que de verdad sea falso —dijo Tomoyo.

—Todo depende —habló Mark—, habría que ver el vídeo para ver el aspecto del alíen.

Shaoran miró al rubio, incrédulo.

—ASPID me mostró varias imágenes de ellas. Sé cómo lucen. Puedo identificarlas perfectamente.

—En ese caso, más tarde lo buscaré —dijo Shaoran.

La campana sonó, indicando el final del descanso.

—Los vemos allá —dijo sonriendo la amatista.

Mark y Shaoran se retiraron hacía el salón.

—¿Qué sucede? —preguntó Sakura.

—Mark me invitó a cenar el día de hoy… —dijo un poco apenada,

—¡Eso es maravilloso! —Emocionada, abrazó a su amiga— Considero que es un buen chico.

—Lo sé. Quería pedirte ayuda para elegir que usar.

—Por supuesto, cuenta conmigo.

Tomoyo sonrió y asintió con cabeza. Tenía el apoyo de su mejor amiga. Después de eso, regresaron al salón.

Mark no podía concentrarse. Si los militares de verdad habían capturado a una bestia significaba la posibilidad de que ASPID estuviera cerca. Posiblemente lo estarían buscando.

Cuando llegó la hora, todos los alumnos se fueron a casa.


—¿Qué es lo que quieres? —inquirió la amatista un poco temerosa. Aquel sujeto había hecho aparición detrás de ella mientras se probaba ropa dentro del closet. Sakura estaba fuera, mas aquel tipo parecía peligroso y quizá tenía trucos para defenderse.

—Nada malo; señorita —respondió el hombre—. Solo concedo tu deseo de saber más. —Tomoyo giró de inmediato un tanto impaciente y emocionada, pero dudosa pues él solo decía poco—. Hoy se enfrentaran a una bestia de la raza Temp. Deberán ser cautelosos pues tiene habilidades sorprendentes; telequinesis, invisibilidad y teletransportación —explicó.

—¿Eso es todo? Tan siquiera una forma de reconocerlo. —El hombre negó con la cabeza—. Bien —dijo molesta. Él suspiró.

—De acuerdo, tú ganas —dijo—. Una palabra; inicia con F y termina con O. Tenlo en cuenta si quieres ganar

—Vaya, que útil —dijo sarcástica; se giró de nuevo para terminar de vestirse—. Gracias, supongo. —Al no recibir respuesta observó detrás de sí y notó el espacio vacío.


—Entonces, ¿a dónde piensas llevarme a cenar? —preguntó un tanto curiosa la amatista al rubio.

Ambos caminaban por el centro de la ciudad, dirigiéndose al lugar a donde se habían conocido. El lugar donde el Electrax había hecho su aparición. El lugar donde esta aventura había comenzado.

—Al restaurante más fino de Tomoeda—dijo—, o al menos eso es lo que dijo Shaoran.

Tomoyo rió.

—Eso significa que confías mucho en él.

—La verdad es que confío un poco, así como el confía poco en mí.

—¿De verdad? —preguntó incrédula— Para que él te dijera el lugar más elegante para cenar debiste de haberle contado que es lo que planeabas.

—Buen punto —con aquellas palabras había dejado en claro que confiaba mucho en aquel castaño.

El lugar se veía igual que aquel día. Había pasado poco tiempo y sin embargo ya todo estaba restaurado. Las calles ya no estaban destruidas, hasta los arboles estaba bien.

—¿Pasa algo? —inquirió Tomoyo, pues Mark observaba aquel sitio con detenimiento.

—¿No lo notas? Todo está arreglado. Como si aquella pelea con la bestia no hubiera sucedido —dijo un tanto desconcertado.

—Pero eso es bueno, ¿no?

—Eso significa que ASPID está aquí. Pronto vendrán por mí —suspiró. Aquello no les gustaba para nada. Él no tenía las capacidades para enfrentar a las bestias. Era solo cuestión de suerte que siguiera vivo después de haber enfrentado al Velo.

—Todo estará bien —la amatista sonrió, intentando reconfortar al rubio.

Él devolvió el gesto. El mundo se desvaneció. Solo quedaban ellos. Podía escuchar su corazón latir, escucharla respirar lentamente.

Aquella calma despareció cuando un gran estruendo se escuchó. Gritos y cosas rompiéndose eran la causa de aquel alboroto. La gente salía corriendo de aquel restaurante; asustada.

—¿Qué está pasando? —preguntó con temor Tomoyo.

—No lo sé, pero lo averiguare —dijo Mark. Una de las personas que salían del lugar era Hikaru. Fue directamente hacia ella, abriéndose el paso a través de la multitud.

—Mark —dijo ella en cuanto lo vio—, ¿qué haces aquí? —preguntó.

—Traje a una persona para comer… Dime, ¿qué pasa?

—Las cosas empezaron a volar por todos lados —dijo asustada—. Posiblemente un espíritu molesto o algún demonio. No lo sé.

«Traz» Una mesa salió volando por una de las ventanas del lugar.

«Será mejor que te vayas» fue lo que dijo mientras corría, pues aquel suceso hizo que decidiera seguir huyendo.

—¿Qué crees que sea? —preguntó Tomoyo un tanto asustada.

—Lo más seguro es que sea una bestia —suspiró en un intento para conservar la calma—. Quédate aquí. De ser posible, comunícate con Lee y Kinomoto para que vengan a ayudar… o al menos a hacer el intento —dijo sin mucho ánimo.

La chica asintió.

Mark caminó hacia la entrada del lugar, tratando de mantenerse tranquilo. Se detuvo en cuanto vio como alguien salía del lugar. El encargado atravesó la puerta volando, como si alguien lo hubiese lanzando. El pobre hombre se levantó con esfuerzo, lo único que quería era salir de ahí.

Mark respiró profundamente. Inhaló todo el aire que pudo y siguió adelante. Una mesa salió disparada contra él. Se lanzó hacia su derecha para poder esquivarla, pero aquel objeto parecía tener una especie de sensor de calor pues lo perseguía.

—Te felicito —dijo una voz proveniente de algún lugar—, lograste evadir una mesa, pero recuerda, debes prestar atención de lo que te rodea.

Entre la agitación y prestar atención a la voz, no pudo observar que otra mesa iba en su dirección. Se quejó por el golpe, por el dolor.

Un hombre de metro ochenta hizo aparición. Sus ojos reflejaban un brillo verde bajo. Su cabellera blanca se movía ligeramente por el aire que se colaba. Era un tanto delgado, pero se veía intimidante pues su mirada desprendía odio. Sonrió para mostrar todos sus dientes afilados y amarillentos.

—Gracias por la lección —comentó el rubio mientras observaba al dueño de la voz—, pero no necesito consejos de mi enemigo —declaró.

—Mala decisión has tomado. —Una de las mesas se levantó dirigiéndose contra Mark. El muchacho la volvió a evadir brincando por encima del objeto rectangular. Desgraciadamente no se percató de la segunda mesa la cual lo golpeó en el aire; después cayó de cara al suelo. La mesa se le vino abajo con tal fuerza que lo empujó contra el suelo. De hecho, lo estaba aplastando.

Mark gritó adolorido. Más que un gritó parecía un aullido de desesperación.

—¡Déjalo en paz! —exclamó la amatista desde donde estaba. Esperaba que Sakura y Shaoran llegaran en ese momento o habría graves problemas.

La bestia se acercaba de forma amenazante mientras miraba con molestia a la joven, pues lo habían interrumpido en el mejor momento posible.

—O si no ¿qué? —preguntó en tono retador.

La bestia se había acercado demasiado, tanto, que podía sentir el aliento helado y de olor añejo en su rostro. Tragó saliva, nerviosa, debido a la cercanía además de que no contaba con respuesta alguna. Tamborileó en su muslo derecho con la mano correspondiente: otro signo de nerviosismo. Y poco ayudaban los gritos dolorosos que soltaba el rubio. Y aún menos los crujidos que, seguramente, eran los hueso del francés rompiéndose.

—Eso creí —dijo de manera burlona tras no recibir respuesta alguna.

Volvió donde Mark, quien aún estaba entre la mesa y el suelo.

El Temp hizo un movimiento con su mano haciendo que la mesa volará alejándose del rubio. Extendió su brazo izquierdo; un cuchillo flotó por el lugar hasta llegar a su mano.

—¿Tus últimas palabras? —dijo con tono malicioso. Mark se quedó callado—. Eso creí. —alzó su mano dispuesto a clavar aquel filo en el tórax del muchacho. Primero una detonación; un dolor punzante en su mano y un grito doloroso.

—Sobre mi cadáver —expresó alguien por fuera—. Bueno, «sobre su cadáver» serían las palabras que el diría mientras me observa —aclaró. El Temp se giró para ver al dueño de la voz. Un muchacho de cabellera negra se hallaba fuera; sostenía una pistola Glock 19.

—Ya… Yashiro —titubeó la amatista mientras el muchacho se adentraba en el local.

—Oye, esto es una fiesta privada, ¿quién demonios te crees para interrumpir en el mejor momento? —preguntó con enfado.

—Max Yashiro, agente de ASPID —exclamó—. ¡Ríndete ahora! —ordenó.

—No —respondió de inmediato el Temp. Hizo un ademan con su mano; Max se elevó hasta estamparse contra el techo para después caer. El Temp se giró para volver a concentrarse en el rubio—. No más distracciones ni sorpresas. —Parte de la piel de su frente comenzó a desprenderse hasta dejar a la vista un ojo con un color verde más intenso. Atrajo el cuchillo; lo elevó en el aire manteniendo la vista fija en el pecho del rubio—. ¡Muere!

—Cinema Central—

Ambos castaños salían de la sala. La película había sido un tanto aburrida, de hecho, en algún punto ambos se quedaron dormidos. Y fue hasta la salida que la chica vio el mensaje

«Sakura, si escuchas esto es urgente tu presencia. Encontramos una bestia. ¡Date prisa! Mark está en problemas»

—Genial, su primera cita arruinada —comentó Shaoran—; al menos no la arruino él. Hay dar paso rápido para llegar al restaurante antes de que la cosa termine en tragedia.

—Sí, pero ¿quién nos asegura que la bestia los atacó ahí? Quizá fue en algún punto del camino hacia allá.

—Intentemos allí, no perdemos nada —sugirió Shaoran—… Bueno, un poco de tiempo y ya.

Sakura suspiró.

—Está bien, en marcha.


La pareja llegó al lugar y se colocaron detrás de un arbusto.

—Vaya, la situación sí que es fea —comentó Shaoran en cuanto vio la escena.

—Bien, no hay tiempo —Sakura sacó su llave y recitó el hechizo para liberar el poder. Sacó una carta y gritó «Fuego»; una dama en llamas recorrió veloz aquella distancia, pero una mesa se levantó e interpuso entre la bestia y el ataque. El objeto se vio atrapado entre las llamas. Ambos castaños se escondieron de nuevo.

—¿Y ahora?

—A volver a intentarlo —Sakura se puso de pie con una nueva carta, y se llevó una mala sorpresa.


El Temp detuvo el avance del cuchillo.

—Más aguafiestas —dijo en voz baja. Alzó una mesa y la colocó detrás de sí. Una llamarada impacto en ella provocando que las llamas consumieran el objeto. Se levantó. Se levantó con furia; en un abrir y cerrar de ojos desapareció del lugar reapareciendo cerca de un arbusto. Una chica castaña salió del lugar; el Temp no desperdició la oportunidad y la sujetó del cuello—. Con que te gusta arruinar la diversión de los demás, niñita.

—¡Aléjate de ella! —exclamó un chico. El muchacho sacó una espada, pero la bestia hizo un movimiento lanzándolo lejos haciendo que se estrellara contra un árbol.

—Sha… oran —dijo Sakura con notable falta de aire. El Temp lanzó a Sakura contra el árbol cayendo desmayada.

El Temp hizo un gesto con su mano atrayendo una mesa; cerró sus manos y la mesa se quebró en cientos de filosas astillas. Empujó sus brazos hacia el frente y las astillas volaron contra los inconscientes. Hubo un brillo dentro del bolso de Sakura; las astillas se desintegraban a escasos centímetros de los castaños.


—Vamos, Mark, de pie. —La amatista sujetó al rubio por la espalda en un intento por levantarlo.

—Creo que tengo serias fracturas —dijo un tanto adolorido.

—Pues recupérate rápido, hay que acabar con ese monstruo —exclamó Tomoyo.

—Eso será complicado —susurró Max mientras se incorporaba—; despertó su tercer ojo para ver el futuro; así que no servirá tener un plan.

—¿Qué? ¿¡Esa cosa ve el porvenir!?

—Los Temp, sí, pero solo cuando tiene abierto ese ojo —explicó Max—. ¿Qué tan serias son tus fracturas, Mark?

—Siento varias costillas rotas y duele tanto que solo puedo ubicar eso.

—¡Oh, vamos! —exclamó la amatista con ligera molestia—. Te han dejado moribundo o muerto en otras luchas y te recuperaste como si nada ¡¿Y no puedes curarte de unas cuantas costillas rotas?!

Mark se quedó confundido. Max miraba pensativo a su primo.

—El Caracx te degolló; te abrió el pecho e inclusive te arrancó una mano. Luego el Hielox te atravesó con un gran cono de hielo y a pesar de eso sigues aquí. En conclusión; sea lo que sea que hayas hecho en esos momentos para curarte de forma exprés lo debes de hacer en este instante.

—Pues esas fueron recuperaciones mágicas porque no recuerdo haber realizado algo así. —respondió el rubio mientras se tentaba los costados.

—Hay tres bestias con factor regenerativo, bueno, cuatro: los Hielox, Electrax y Fuegox. La raza de los Caracx puede replicar esa habilidad debido a su propiedad de alteración del ADN —explicó Max—. Quizá si te transformas en una de las tres primeras puedas hacer lo mismo.

—Pero él no estaba en ninguna forma cuando pasó; al menos no cuando lo degollaron y clavaron —expuso la amatista.

—Pues ahora tendrá que ser así; no tenemos tiempo para milagros.

Mark asintió. Respiró profundo y después soltó un quejido.

—Electrax —dijo. Su cuerpo comenzó a sufrir varias alteraciones hasta volverse aquel lagarto gigante de piel escamosa y verde. Al terminar la transformación sintió un malestar en su pecho y una sensación extraña como sí un animal alargado se moviera dentro suyo; las costillas se reacomodaban—. Bien; ¿y ahora qué? —preguntó una vez que aquella sensación finalizó.

—Ataques sorpresas con velocidad extrema para tomarlo desprevenido —comentó Max.

—Creí que…

—Sí, puede ver el futuro; a no ser que este cambie repentinamente —aclaró Max al interrumpir a Tomoyo.

—Oh; siendo así, ¡Velo! —gritó el rubio. Esta vez quedó convertido en un Velociraptor mutante—. Ahora, si me permiten, debo arreglar unos asuntos. —Mark se enfiló hacía el Temp; inhaló profundo y; ocupando la súper velocidad se abalanzó contra su rival.


La bestia seguía concentrada en lanzar las astillas hasta que notó un cambio en el futuro; dejó caer las astillas; estaba listo para recibir al rubio.

Mark seguía su avance; extendió la cuchilla que salía de la muñeca izquierda de los brazos cortos que cargaba. Pasó por donde el Temp, pero no se detuvo y terminó estampándose contra la protección de los castaños.

—Oh, maldición —espetó Mark—. ¿Qué rayos…? No importa; el Temp está acabado —proclamó con orgullo.

—Lamento decir que tu idea ha fallado —dijo la bestia mientras lo observaba. Empujó al aire y Mark se impactó contra aquel escudo; que se había invocado para proteger a Sakura y Shaoran; el impacto lo hizo regresar a la normalidad. El Temp volvió a levantar las astillas.


—¡Maldito idiota! —exclamó Max.

Tomoyo observó a Max sin comprender el motivo del insulto.

—Mark planeó atacarle; con esa cosa viendo el futuro todo debe ser espontaneo, de la nada; justo en el momento, estando cerca de él. ¿Entiendes?

Tomoyo asintió.

—Pero lo atravesó…

—Esa cosa puede decidir entre ser un ente corpóreo o incorpóreo; te aseguró que en cuanto detectó la idea de Mark dejó la forma física —Max sacó su pistola Glock 19 y enfiló hacia el Temp. Corrió disparando en repetidas ocasiones dejando a la chica sola.

—Eso… no va a funcionar si carece de cuerpo —alegó la amatista mientras observaba al muchacho correr. Dada la situación, solo podía pensar una cosa; aquella bestia era el detonante de las muertes; había que pararlo, la cuestión era el cómo. «Palabra que inicia con F y termina con O»; eran muchas las que iniciaban y terminaban así. Sin reflexionar más siguió al muchacho manteniendo una distancia prudente.


La bestia se percató del cambio; se teletransportó. Max se detuvo; miraba a todas partes, desesperado hasta que sintió que un par de brazos lo sujetaron por el cuello. El muchacho pataleaba y manoteaba en la desesperación para librarse, pero sin éxito alguno. Pronto sus movimientos fueron pocos prolongados concluyendo en un desmayo. El Temp volvió con las astillas; nada lo detendría. Empujó al aire y las astillas fueron contra Mark.


—¡No! —exclamó la amatista al ver la escena. Las astillas detuvieron su avance; había llamado la atención aunque esa idea fue desechada rápidamente al ver que el rival no buscaba la fuente del grito. Tomoyo examinó su alrededor. Todo estaba pausado, en completa quietud, como si el tiempo hubiese parado.

—¿Eso es todo? ¿Así planeas salvar a tus amigos? —alguien rió. Tomoyo identificó aquella voz—. ¿Quieres cambiar el futuro de esa forma? No eres tan inteligente —aseveró—. Nadie puede esquivar la muerte.

Tomoyo ignoraba las palabras de aquel hombre. Estaba pensando. Algo no cuadraba con el Temp; se teletransportó para evadir los disparos estando incorpóreo. O al menos eso suponía dado que la bestia tendría conocimiento si decidiesen atacarla. Quizá algo en aquella arma. Tomoyo se apresuró a tomar el arma; el hombre sonrió al ver a la chica actuar. La amatista se acercó lo suficiente para no errar el tiro; todo comenzó a moverse con lentitud. Apuntó al hombro derecho y disparó. La bestia se percató del cambio sin embargo, dada la distancia, no puedo evitar el ataque; se dio media vuelta, dejando que las astillas cayeran por la gravedad sin lastimar a Mark, e hizo que Tomoyo fuera lanzada lejos.

La chica vio como la bala atravesaba la figura de la bestia al momento que la escuchaba quejarse, lo más extraño de todo es que no parecía sangrar. Fue interrumpida en el momento que sintió un empuje por alguna fuerza invisible para luego ser atraída hasta el Temp el cual la sujetó del cuello.

—¡Maldita sabandija! —exclamó furioso—. ¡Ya me tienen arto! —A Tomoyo le costaba el respirar; a pesar de ello logró escupirle con tan buena puntería que la saliva cayó en el tercer ojo—. ¡Maldita! —gruñó y aventó a la chica. Tomoyo se incorporó veloz y disparó en múltiples ocasiones con tan buena puntería que solo unas cuantas dieron en el objetivo.

—Chicos, ¡despierten! —gritaba la amatista con desesperación—. ¡Necesito un poco de ayuda! —De un momento a otro el arma dejó de disparar.

Un gran torrente de llamas envolvió al Temp, pero salió de ahí como si nada. Estaba incorpóreo aún. «Fuego» repitió la castaña, de nuevo el torrente naranja salió en dirección de la bestia quien extendió sus manos hacía el frente deteniendo el ataque.

Tomoyo se acercó a Max; lo tomó por los hombros y lo zarandeó mientras le gritaba que despertase.

—¿Qué rayos…? —habló con pesadez—. ¿Daidouji? —ella le entregó el arma.

—Dejó de disparar —explicó. Max tomó el arma; la sentía más ligera clara señal de que los cartuchos se habían terminado—. Parece que esto le hace daño.

—No es el arma lo que lo daña; son las balas y ese era el único cargador que tenía. El otro trae munición normal.

—¿Qué? —preguntó confundida la amatista.

—La bala tiene dentro una pequeña cantidad de nitrógeno encapsulado. Al momento de que el martillo golpea la bala; la capsula se rompe; al entrar en contacto con el metal se genera una reacción química que produce el congelamiento de este. Para evitar que el arma sea dañada se hace un retraso en la reacción con el calentamiento del cañón —explicó Max—. En otras palabras, tenemos munición de hielo, la cual es debilidad del Temp cuando está incorpóreo. En sí su debilidad es el frio.

—Inicia con F y termina con O —susurró imperceptible la amatista—. Si me hubiera dado la cantidad de letras.

Sakura detuvo el ataque; el Temp la atrajo y lanzó contra el árbol. Observó a lo lejos una señal de transito; aquel metal comenzó a temblar. Después de algunos segundos el objetó fue a la manos del Temp.

—Excelente —exclamó Max. Apuntó con su arma y disparó en múltiples ocasiones acertando con éxito—. Quedan diez —dijo para sí mismo.

—Max; distráelo lo suficiente para que pueda despertar a mis amigos —pidió la amatista

—Claro, jefa —exclamó con sarcasmo—. ¿Algo más?

Ella negó. Él suspiró, que más daba, ya tenía la atención de aquella cosa. Lo miraba fijamente.

—¿Eso es todo lo que harás, mirarme con molesta? Pues que ridículo —se burló Max; apuntó y disparó una vez. El Temp se teletransportó; apareció detrás de Max y lo sujetó por el cuello para intentar asfixiarlo. Mientras la chica se acercaba a Sakura.

—Vamos; despierta —dijo mientras la zarandeaba—. ¡Sakura Kinomoto, despierta en este instante! —le soltó una bofetada.

—¿Pero qué? —confundida y extrañada Sakura observó a su amiga—. ¿Acaso me diste una cachetada? —Tomoyo guardó silencio.

—Debes usar la carta Hielo para vencerle —explicó la amatista. Sakura asintió; sacó la carta—. Espera —ordenó—. ¡Max, distráele! —gritó. El pobre chico, como pudo, apuntó hacia el pie de su rival y disparó causando que lo soltara—. Ya. —Sakura invocó la carta; una clase de pez salió en dirección de la bestia; Max brincó hacia la derecha para evitar ser golpeado. El pez impactó a la bestia; cristales comenzaron a formarse sobre ella. Más pronto que nada una cúpula de hielo se erigió encapsulándolo y causándole congelamiento. Las chicas fueron y despertaron a sus acompañantes

—¿Qué rayos pasó? —preguntó adolorido el rubio.

—Que logramos detener al Temp mientras tú tomabas una siesta —comentó Max de manera hiriente.

—Te agradezco la ayuda…

—¿Ayuda? Solo hacia mi trabajo como agente —argumentó Max al interrumpir al castaño.

—Bueno; gracias por hacer tu trabajo —respondió la amatista.

—Daidouji; creo que tienes las habilidades necesarias para ser parte de ASPID —comentó Max. Metió la mano en uno de los bolsillos; sacó una tarjetita y la entregó a la chica—. Creo que sería una excelente agente; piénsalo y llámame. —Sonrió; giró y comenzó su andar. La amatista quedó muda y sonrojada—. Ya pueden descongelar al sujeto.

—¿Acaso no piensas llevarte al Temp? —interrogó Mark.

—Vine por una cosa; y sabes bien que es —respondió Max mientras se retiraba.

Sakura retiró el hechizo. La bestia cayó. Mark se acercó para verificar que siguiera con vida; al tocarla una luz rodeo al desmayado; cuando la luz culminó el monstruo desapareció.

—Otra vez esa luz —dijo Shaoran.

—Vaya; creí que era el único que veía eso. Y la verdad no tengo idea.

—Quizá Arbetrus sepa algo —argumentó Sakura.

—Quizá; ya se lo preguntaremos cuando regrese; mientras vayamos a descansar —respondió Shaoran.

—Daidouji…

—No te preocupes, Hazaki, ya será otro día —interrumpió la amatista para luego sonreírle.

CONTINUARA…