Disclaimer: KHK no me pertenece, fanfic sin fines de lucro sólo para entretenimiento y para Violeta jajaja
Feliz día de los enamorados… yo me siento como Gokudera en este fic, me di cuenta de algo que no quería saber y por momentos cuando escribo tengo ganas de lanzar la computadora… vaya escritora que soy, en fin, les dejo el siguiente capítulo, sobre el otro ya lo tengo titulado y toda la cosa pero todavía no me convence exactamente…
Euler-Lagrange no era tan cursi.
Había una ecuación, con la que se podía analizar prácticamente todo o al menos eso aseguraba el científico que hablaba en un marcado acento alemán en el único programa de televisión transmitido a las 3 a.m. y que Gokudera vio un maldito viernes de mierda en el que no podía.
"Desde lo más simple como podía ser la forma de una esfera, hasta lo más complejo como la trayectoria de un satélite alrededor de un planeta" Dijo el idiota aquél.
Pero ese "prácticamente" debería ser "casi" todo porque había algo que estaba seguro no se podría hacer con aquella milagrosa fórmula… analizar a Haru Miura o de menos calcular sus acciones. La estúpida mujer se distanció repentinamente. Según notificó Sasagawa Kyoko: "Haru está ocupada con asuntos de su escuela" Y aunque todos creyeron eso, él no.
No era tonto, claro que no, su distanciamiento no ocurrió paulatinamente, en realidad fue de golpe: de la noche a la mañana no tenía tiempo de nada… claro, cuando se trataba de ellos, porque él la pudo ver muy contenta perdiendo el tiempo con un grupo de sus compañeros por el centro comercial de Namimori. Y justamente en su día libre la japonesa apareció de buenas a primeras en la puerta de su departamento. Lo primero que trató de hacer fue cerrarle la puerta en la cara evidentemente molesto, no tanto por la repentina visita, pero, sí porque tenía ganas de darle una paliza y luego abrazarla o al revés... ella protestó ante tal acto pidiéndole que esperara, de ante mano no tenía planeado hacerlo, sin embargo al notar que estaba evidentemente afectada por alguna situación fuera de su comprensión se dio por vencido. Algo que tenían en común ella y Uri es que los dos solían tener esa mirada que conmovía las fibras más sensibles de su ser. Así que después de suspirar pesadamente la dejó pasar y probablemente ese fue su peor error.
Haru tomó asiento, él esperó pacientemente mientras encendía un cigarrillo y comenzaba a fumar a que soltara lo que tuviera que decir pero en vez de eso la castaña bajó la cabeza, tiritó unos segundos y… empezó a llorar. Al principio los hipidos lo consternaron, incluso llegó a creer que estaba riendo en voz baja, lo cual enardeció más su ya de por sí horrible carácter, estuvo a punto de gritarle que se largara, entonces, ella lo miró, gruesas lágrimas bajaban por sus mejillas delineando el contorno de las mismas.
Se quedó en blanco, oh no, él no era nada bueno consolando personas, mucho menos chicas y peor si se traba de ella.
-Haru se odia… es una mala persona-Sollozó la japonesa, mientras colocaba las manos sobre sus mejillas, cubriendo aquel pálido rostro. Gokudera guardó silencio, no era la primera vez que la veía llorar sin embargo tampoco se sentía cómodo cuando eso pasaba, esos sentimientos que la hacían sufrir no eran más que el resultado de una situación que estaba fuera de sus manos y además también le provocaba dolor, porque hiciera lo que hiciera no era merecedor de sentimientos por parte de ella. Si rememoraba jamás hizo algo que pudiera hacer crecer el afecto hacia su persona por parte de Miura, al contrario, entendía perfectamente las razones por las cuales podría odiarlo. Era justo e irremediable.
-Mentí… cuando le dije a Kyoko-chan que estaba ocupada con la escuela-Gimió la de ojos chocolate, él no parpadeó siquiera, lo sabía, más no pensaba reclamar absolutamente nada, era su vida después de todo, podía hacer lo que quisiera, si ella despertaba un día y los mandaba a todos a la mierda era su decisión. –Gokudera-san… Haru no quería ver a Kyoko-chan… aunque dije que no arruinaría nada y que era feliz si Tsuna-san lo era… pero, Kyoko-chan jamás se dio cuenta… ella no vio pese a ser mi amiga… y-Haru soltó un largo quejido apretando con una de sus manos la tela de su vestido Lila, justo en medio del pecho –No pude pensar otra cosa más que ya no quería ser su amiga, por un momento, sentí que la odiaba, que quería lastimarla, cuando me di cuenta, le había mentido… y a todos ustedes también.-Gritó mientras lloraba dejando ir todo lo que llevaba en su interior.
El italiano tragó en seco, no tenía idea de qué decir, cómo actuar, pero, tenía muy en claro que Haru Miura después de todo era humana; podía odiar y eso conllevaba a un cumulo interminable de sensaciones negativas, además que al mismo tiempo todo ese torbellino de emociones la hería por su naturaleza amable. Era todo un caso el que tenía enfrente de él.
-Tsuna-san, Yamamoto-san, Bianchi-san, Reborn-chan y todos, intentan ser tan amables, pensé que sentían lástima por mí por eso estaba enojada con ellos también… pero, Gokudera-san no es así-Suspiró entrecortadamente la castaña, el aludido respingó en su lugar.-Gokudera-san me trata como siempre, por eso es que a Gokudera-san… no puedo mentirle.-Reconoció de inmediato, él cerró los puños a sus costados, estaba diciéndole que él tenía un trato especial entre todos, incluso por encima de su jefe quien era el interés romántico de Haru. –Lo peor de todo es que Haru ya no siente cariño como antes por Tsuna-san, siento haberle mentido… haber mentido a todos-Admitió, él miró detenidamente un punto en la nada, la codicia dentro de él se acrecentó, intentaba detener esa invasión a su buen juicio. Tal declaración por parte de la mujer estúpida parecía alentarlo a la irracionalidad. Y mientras estaba intentando controlarse, la chica se desplomó sobre la mesita, llorando por horas, hasta que finalmente su respiración fue calmándose, su cuerpo pareció relajarse, cerró los ojos y quedó profundamente sumergida en un sueño tranquilo.
El ojiverde sonrió irónico, no había hecho nada, sólo escuchar sin mirarla siquiera, no obstante, lucía mucho más cómoda que al principio, observó detenidamente el rostro de la mujer, con marcas rojizas en las mejillas de lo fuerte que había tallado las mangas de su suéter blanco contra su cara en un intento por secar las lágrimas. Medio sonrió de nuevo, de todas las personas él había sido elegido por ella para descargarse, no pudo tener peor sombra a la cual arrimarse en medio del desierto.
Pasó una media hora, antes que ella despertara tallando sus párpados, se incorporó y sin pensarlo demasiado dijo aquella frase que lo metería en un gran embrollo.
-Gokudera-san… los papás de Haru salieron de viaje… Haru no quiere estar sola y pensar esas cosas de nuevo… ¿Puedo quedarme?-Preguntó suplicando, él negó de inmediato.
-Por supuesto que no, mujer estúpida ¿Qué mierda pasa por tu cabeza? ¿No te das cuenta que…?-A medio camino del regaño, ella tomó con desesperación la camisa del platinado, acercándose de repente… por todos los demonios, esa mirada era tan…
-Te haré el almuerzo para mañana- Negoció ella, el medio italiano enarcó una ceja, incrédulo por lo que sucedía más que por la propuesta –De todo el mes-Corrigió ella al ver esa cara por parte de Gokudera –De tres meses-Determinó inclinando la cabeza, él suspiró, no podía ser más irónica la vida que en esos instantes parecía sonreírle, podría ahorrarse comprar almuerzo por tres meses, además preparado por la chica que –aunque negara con cada aliento- le gustaba y como extra a su aparente buena fortuna tenerla por un día para él, sin que nadie interviniera, sin que tuviera que verla admirando a su jefe y sabiéndose menos comparado con el Neo Vongola Primo Tsunayoshi Sawada.
-Tsk… ¡Sólo esta vez!-Gritó como si de verdad fuera una molestia, ella asintió. De alguna manera, Gokudera se sintió aliviado, pensándolo bien, eran casi las 9 de la noche en ese momento, no se iría sola (aunque él no la hubiera dejado de todas formas) y ambos evitarían sentir el frío de otoño, pero igualmente perturbado, tenerla tan cerca conllevaba a aumentar su autocontrol un poco, no era un animal después de todo, pero tampoco un príncipe.
Y todo estaba bien, ella dormiría en el sofá, él en su cama, ese era el plan original –no era broma lo de no ser un príncipe- hasta que… la vio dormitando incómodamente sentada en el sillón, no podía descansar tranquilamente después de ver eso, más irritado que antes, la llevó rápidamente a su recámara, la arrojó a la cama, había dormido en lugares peores que un viejo sofá así que podría vivir con ello por esa noche. Pero para no cambiar el rumbo de sorpresas, Haru adormilada volvió a tomar la camisa del chico.
-Gokudera-san…-Llamó, el gruñó de inmediato. –Podemos compartir, Haru no tiene problema con eso-Aseguró sonriendo, era tan estúpida, tan confiada, tan ingenua… -Haru no quiere quedarse sola… tiene miedo…-Explicó como si nada y nuevamente pasando por todas sus defensas había alterado su mundo.
Y ahora más tieso que una tabla Gokudera no podía explicarse qué tipo de hipnosis utilizaba para convencerlo, mucho menos entendía a esa mujer, primero ella había asegurado que no arruinaría nada y que era feliz con ver a Tsunayoshi Sawada igual, luego, se deprimía tanto que buscaba una excusa estúpida para no verse con ellos, posterior a eso, lo visitaba esa tarde en su departamento sólo para llorar hasta quedar exhausta arrepentida por mentir, así como pedir refugio en su hogar para finalmente obligarlo a quedarse ahí con ella, en la misma cama porque se sentía sola y tenía miedo, algo irracional debido a que no existía nada en ese ambiente que pudiera hacerle daño.
Y él no entendía nada. Ni el cerebro más prominente de ese siglo con dicha ecuación sería capaz de hacerlo. Para analizar a esa mujer seguramente se necesitaba una fórmula que develara los misterios del universo. Cerró los ojos, el aroma de la chica, su calor, la suave respiración acompasada… así como lo agitaba podía anestesiarlo, porque después de percibir todo eso, como una especie de arrullo, durmió como un bebé. Fue una buena noche, sin lógica ni explicación. Aunque por la mañana camino al colegio se percató:
Mierda… a los ojos de Haru probablemente no era hombre.
