Kaien es un personaje tan carismático y querido en el fandom, que incluso a pesar de estar muerto, tiene muchos fans. Se puede decir que Kaien salvó a Rukia de la soledad cuando ella llegó a su vida. En Bleach su nombre se relaciona con el océano y las ondas del mar, de allí el título de este capítulo.

Este chico tenía una personalidad tan magnética que era imposible que Rukia no se viera atraída por él, estando tan vulnerable como se encontraba en esa etapa que intentaba encajar en el clan Kuchiki y en el Gotei (Claro esto es algo que dudo mucho que Tite haya hecho adrede, creo más bien que le salió así por suerte).

ღゝ◡╹)ノ Como dice la canción Kaien era "el hombre perfecto que buscó por tanto tiempo, el que le hace vibrar la piel y el esqueleto... Sería el hombre perfecto, pero solo tiene un defecto... que no es soltero". (ToT) Miyako no me desagrada, pero es la espinita en la felicidad de la Rukia junto a Kaien, y no se puede hacer nada contra eso. Ella llegó primero.

Cuando escribía este capítulo escuchaba "Sin daños a terceros" de Ricardo Arjona junto a Martha Sánchez y me imaginaba a Kaien casándose junto a su amiga por presiones de su clan y por confundir "amor con compañia", decidiendo con la cabeza aquello que sólo debía dictar el corazón (no seguiré arjoneando para no recibir tomatazos) (○`ω´○) Para mí eso fue lo que le pasó al Ichigo de Tite Kubo.

Disclaimer: Los personajes de Bleach son propiedad de Tite Kubo, quien ha decepcionado a parte de sus seguidores, pero no puedo negar que nos ha regalado algunos personajes inolvidables.

Actualización 07-04-17 /(=∵=)\


Capítulo III

El verde de tu océano, el azul de mi profundidad.

Masoquista, esa es la palabra que debería definir esta etapa en la vida de Rukia. Y es que en su masoquista idea de tener su anhelada familia no le dijo a Renji que él era la única familia que quería cuando el joven líder Kuchiki Byakuya le propuso ser adoptaba por el clan Kuchiki como su hermana menor.

Insano el instinto que la llevó a esa insensible mansión buscando un calor que no obtuvo. Estúpidas normas de comportamiento que la habían alejado de todo aquello que conocía para encerrarla en una jaula de oro. Masoquista el deseo que la llevó a querer seguir arriesgando su "vida" en defensa de los más débiles.

Por lo menos pudo negociar con su nuevo hermano, a través del mayordomo, que ella seguiría siendo un shinigami. Esta cláusula la llevó a salir de la academia antes que su formación se completara, y fuera ingresada en el único escuadrón -a juicio de Byakuya- donde no corría peligro y sobre todas las cosas donde podría estar cerca y a la vez lejos de la protección y el control del viudo.

El Treceavo Escuadrón, era la respuesta para Byakuya, claro que la única desventaja era su temerario e impertinente teniente: Shiba Kaien.

Y es que joven capitán sentía una aversión, en un cien por ciento, hacia el insolente líder de la casa Shiba. Mantenían una extraña relación de odio y mínima tolerancia producto de sus años de formación entre los cinco grandes clanes, de los cuales el clan Shiba había sido exiliado, permitiéndosele sólo a Kaien ingresar al Seireitei por su desempeño de alto nivel en la Academia Shinigami. Había sido un genio, que logró graduarse en un año, y que en menos de veinte había ascendido a tercer oficial de su escuadrón, en el cual ahora ostentaba el segundo cargo de importancia.

Para Kuchiki Byakuya, el carismático Kaien era un peligro. Aún no olvidaba como cortejó a Hisana, cuando ésta era una simple sirvienta en su casa y se encontraba prometido en matrimonio a Ayukawa Miyako.

Byakuya jamás se enteró aquellas acciones, habían sido fríamente planificadas por los novios para que de una vez por todas, el príncipe y la cenicienta tuvieran su "felices para siempre".

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Cuando Kaien vio por primera vez a Rukia supo de inmediato que aquella chica que estaba en la academia era la hermana perdida de su antigua amiga Hisana. Lamentó mucho no haberla descubierto antes, sin embargo estaba a tiempo de remediarlo. Habló con su capitán, quien a su vez hizo correr la noticia, y en menos de un mes la chiquilla era miembro de la nobleza. No esperó ese resultado, pero tampoco le incomodó. Moviendo de nuevo sus influencias consiguió que su capitán se ganara "la licitación" -en palabras propias- de la permanencia la nueva Kuchiki en su escuadrón.

Durante las primeras semanas se vio tentado de hablarle, sobre todo para contarle sobre Hisana pero finalmente Miyako le convenció, esa verdad le pertenecía a Byakuya, y debía confiar en que sólo cuando él estuviera preparado le contaría la verdadera razón tras su adopción. Por ahora le bastaba con saber que la chiquilla estaba en buenas manos.

La excusa del parecido con la difunta esposa del líder de los Kuchiki's y los privilegios de los cuales comenzaría a gozar la chica trajo a flote muchos comentarios malintencionados entre casi todos los miembros del escuadrón. Por tanto, instruyó a Sentaro y a Kiyone para que la hicieran sentir siempre bienvenida, y sobre todas las cosas como una recluta más. Que no tuvieran preferencias con ella.

Rukia y Hisana eran muy parecidas, pero a la vez tan diferentes. Con el correr de los meses Kaien comenzó a detallar las diferencias entre ambas hermanas. Sin darse cuenta poco a poco se encontraba asistiéndola personalmente en sus prácticas con la katana, le recomendaba lecturas que la ayudaran comprender mejor el manejo de los kidous, incluso llegó a mostrarle algunos de los trucos que convirtieron a su vieja maestra Yoruichi, en la diosa de la velocidad.

Miyako por su parte, le ayudaba con kidous curativos sencillo y que podía usar al terminar sus combates. Eran encantamientos sencillos que no requerían mucha de su energía espiritual.

Kaien se dio cuenta que se estaba enamorando de su estudiante la primera vez que Rukia pudo acceder a su mundo interno, el brillo en sus ojos y la sonrisa en su rostro bastaron para que el líder de los Shiba cayera a sus pies. Rukia brincaba y saltaba tanto que había rodado por el piso llevándose a Kaien con ella.

Estaba muy conmocionada, pero sobre todo avergonzada. Kaien notó el leve rubor en sus mejillas, con rapidez se puso de pie y le extendió una mano a la pequeña chica.

—Es tarde para nosotros— dejó salir en un susurro involuntario.

Rukia no comprendía a que se refería, pero lo atribuyó a labores de su teniente las cuales tenía paradas por su entrenamiento. Con una pequeña inclinación agradeció por el tiempo otorgado y se retiró.

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Para Rukia aquellos momentos de entrenamiento con su teniente eran el arco iris que coloreaba su existencia gris. Primero se trató de una sesión cada quince días, luego una vez cada semana, y finalmente tres veces por semana. Kaien le dedicaba tiempo a todos los reclutas, pero dada las deficiencias en su formación inconclusa en la Academia, a ella solía darle unas sesiones más.

Gracias a ellos pudo crear un lazo con aquel hombre. Era tan fácil sentirse a gusto a su lado, le admiraba, deseaba ser tan buena como él le decía que podía ser si se lo proponía. Incluso comenzó a tomar como modelo a la Sra. Miyako, la esposa de su teniente. Ella era una mujer fuerte, integra, dulce y sobre todo inteligente y compasiva. Rukia se encontró muchas veces con que sus pensamientos la llevaban a desear ser como aquella shinigami.

No existía celos entre los sentimientos que le despertaba la esposa de su teniente, incluso cuando comenzó a percatarse que la admiración que sentía por él tomaba un rumbo platónico.

En cierto modo Rukia, tenía un patrón a seguir: confrontar los problemas. Pero en menos de un año dentro del Treceavo escuadrón se encontró que no podía enfrentar un problema en específico: se estaba enamorando de Shiba Kaien, su teniente, quien además era un hombre felizmente casado. Huir tampoco era una solución factible.

Era vísperas del cumpleaños de su teniente, y la Sra. Miyako le había pedido ayuda para decorar su casa con motivo del agasajo que recibiría su esposo al día siguiente. El tiempo se fue volando, que cuando se dieron cuenta ya era la hora de la cena. Miyako insistió tanto que no pudo negarse, cuando Kaien entró a su casa el olor de la comida y el perfume de las féminas le dieron una agradable bienvenida.

La cena transcurrió de manera muy amena, las bromas y muestras sutiles y recatadas de cariño de Miyako hacia Kaien llevaron a Rukia a darse cuenta, estaba sobrando en aquella casa. Era el momento de retirarse.

Al final de la noche cuando Rukia llegó a su habitación, un solo pensamiento rondaba por su cabeza "No puedo tener aquello que no es mi destino".

Ellos eran almas puras, almas gemelas, y ella era un alma muerta por dentro y por fuera. Caía en la depresión de nuevo, casi hasta el punto de agregar un tercer ítem en su lista con las que cosas que nunca podría hacer porque estaba muerta.

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Las prácticas siguieron, las luchas con la katana de madera dieron paso a las zanpaku-tō. Y con ello a un acercamiento y una compenetración aun mayor entre ellos.

Y como toda una bailarina, la primera danza de Rukia llegó cuando llamó por vez primera a su espada. De un blanco puro, con una hoja en tonalidades frías, un listón blanco y un intrincado diseño con cristales helado en su guarda, bailó Sode no Shirayuki.

Kaien seguía con la mirada los movimientos de su estudiante, se encontraba encantado y fascinado por la belleza de aquella katana. Una hermosura que era comparable a la de su dueña.

Como era una zanpaku-tō de tipo hielo, Kaien decidió que en los entrenamientos siguientes liberaría a Nejibana. Los combates agua-hielo eran muy raros. No había conseguido que el niño genio Hitsugaya se enfrentara a él, pero Kuchiki tenía "madera fina", estaba seguro que no le defraudaría.

Los encuentros cambiaron de escenario, una vez que la onda blanca de Rukia congeló medio escuadrón. Ahora iban, una vez por semana, al tercer distrito, a un claro que muy pocos conocían. El lugar perfecto si ocurriera de nuevo un accidente, algo que era constante dada la gran presión que Kaien ejercía en sus ataques para que Rukia subiera sus defensas.

Una tarde, ocurrió otro tipo de accidente. La onda blanca congeló el suelo donde se encontraban, provocando que ambos perdieran el equilibrio y cayeran. Las risas de ambos quedaron ahogadas cuando Kaien decidió entregarse a aquella mirada.

Estaba perdido. Durante mucho tiempo había luchado contra los sentimientos que le inspiraba aquella novata, pero ahora tan cerca no pudo evitar sumergirse en ese océano profundo.

Por su parte Rukia sentía que perdía voluntad en el mar verde que la contemplaba. Nuevamente el dolor se alojaba en su corazón, y esta vez no estaba tan segura de resistir el llamado de la oscuridad. Le quería, y eso dolía.

Y ocurrió. Sintió sus labios sobre los suyos. Dulces, cálidos, suaves. Tan sólo un roce de sus labios, que gritaban por más, y luego otro roce que dio paso a más. Con un ritmo pausado, como si temiera dañar algo de frágil aspecto. Él deslizo una mano acariciándola suave mejilla de Rukia, enjugando una lágrima traicionera que delataba sus sentimientos.

Debía resistir el llamado de la tentación. No iba a ceder a la oscuridad que habitaba su alma. No entendía como un sentimiento tan luminoso pudiera traer tanto dolor. Finalmente la cordura ganó la batalla. Se separaron en silencio, mientras Kaien dejaba escapar un suspiro antes de girar su rostro y tomar el de ella de nuevo, coronando su frente con un casto beso.

Sin soltarla aún habló nuevamente:

—Esto no debió suceder. Perdóname Kuchiki.

"Esto no debió suceder, pero tampoco me arrepiento", era el pensamiento se repetía a sí mismo el teniente.

Sin decir más la ayudó a levantarse para emprender el camino de regreso.

Rukia por su parte, lo sabía. Era un error. Se estaba transformando en una persona totalmente aborrecible. El cariño que le prodigaba la señora Miyako no debía ser pagado con esa moneda. El arrepentimiento hizo nido en su corazón.

Gruesas lágrimas se asomaban, pero no las dejó salir. Aquella noche mientras estaba en la soledad de sus aposentos en la mansión el clan Kuchiki, fue que dejó escapar aquellos gritos silenciosos. No podía seguir en el escuadrón.

Al siguiente día no pudo aclarar la situación con Kaien, ni presentar formalmente su renuncia. La desaparición del equipo de avanzada que estaba cazando al hollow Metastacia pasó a ser prioridad de todos.

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Kaien había peleado por el honor de sus subordinados, por su propio honor, y por el honor de su esposa. Pero sobre todo por Rukia. Al ver desde su interior que aquel maldito hollow la atacaría, sacó las pocas fuerzas vitales que tenía en su alma y se hizo con el control de su cuerpo, al menos por los segundos necesarios para que Rukia le empalara con el frío acero de Sode no Shirayuki. Internamente había rogado que la chica se defendiera, y al final los instintos de supervivencia de la pequeña guerrera los habían salvado a los dos.

"Te amo tanto que te dejo mi corazón. Cuídalo, porque regresaré y de ser necesario destruiré el mundo para estar junto a ti" fue su último pensamiento.

La muerte de Kaien, fue un suceso que marcó un antes y un después. Las últimas palabras del teniente hacía ella, terminaron por confundirla aún más. Le agradecía por matarle mientras ella se maldecía por la misma razón.

El primer día que pisó el escuadrón luego de la muerte de los esposos Shiba, la mirada de lástima que muchos le dirigían fue suficiente para que ella escapara. Corrió, como si su vida dependiera de ello, corrió al único lugar que le traería un poco de paz: el claro del tercer distrito. Pasaron muchas horas antes que las lágrimas le dieran tregua.

Había perdido mucho más que a un teniente y a una amiga, más que a una ilusión y a una ideal, había perdido las esperanzas de resarcir el daño causado por aquel beso y la oportunidad de pedir perdón por ese pecado cometido.

Había decidido que los sentimientos eran innecesarios, que debía transformarse en una máquina para poder proteger a las almas. Desde ahora tendría que hacer el trabajo por tres personas: por Kaien, por Miyako y por ella. Atrás debía quedar la Rukia enamorada, se sentía indigna de albergar nuevamente ese sentimiento. El amor la había llevado a traicionar a una persona que le había extendido siempre la mano y que a la que quería mucho. Se prometió ser práctica y nunca volver a querer a alguien así.

Además estaba segura que no volvería a conocer a alguien como Kaien. Con los años aprendió a vivir con aquel dolor, y hacerlo parte de su ser, jamás dejaría de dolerle pero aprendería a respirar con aquella punzada en su pecho. Jamás volvería a ilusionarse.

Tenía ya el tercer elemento de su lista Cosas que nunca podré hacer porque estoy muerta:

3.- Amar.

"Nuestro corazón no está dentro de nuestro cuerpo. Cuando pensamos en algo, o nos preocupamos por alguien, ahí es donde nuestros corazones están." Shiba Kaien