Creo que para todos los bleachers -y para Rukia- el significado del nombre Ichigo es "fresa". Sabemos que ese nombre es femenino, pero Kubo decidió usarlo en su protagonista -humano, shinigami, vizard, fullbringer, quincy- masculino y darle otro significado: "un protector". A mi me gustó "ángel guardian" más que "un protector", ya que Rukia no necesita ser protegida porque es lo suficientemente capaz de hacerlo por ella misma, pero si puede tener a su lado a un ángel de la guarda.
Entiendo la visión nipona de la mujer (que prefieren a las mujeres dóciles antes de las más aguerridas) y también he llegado a aceptar que esa es la cultura dentro de la cual se formó Kubo; pero yo soy latina y la mayoria de nosotras distamos mucho de ser así.
Los estándares de belleza han cambiado -en el pasado era la supervivencia de la más bella- hoy en día las nociones de los rasgos ideales son diferentes. Puede ser que las unicas cosas por las que Rukia pueda resaltar -a nivel físico- sean sus ojos y sus melocotones pero tiene muchos otros atributos: ella es capaz de darlo todo en cada batalla, no se rinde cuando ve un problema, está dispuesta a luchar sin descanso para cumplir sus metas, y sobre todo ha cambiado el mundo de Ichigo deteniendo su lluvia interna.
No digo que otros personajes no sean ejemplares, tan sólo quiero resaltar que ella tiene estas cualidades y que no necesita ser salvada todo el tiempo, y que inlcuso las veces que la han rescatado ha sido porque ella se ha sacrificado por otros. A lo mejor por ello Kubo hizo que Orihime fuera tan vulnerable, para darle un sentido (〇_〇) a Ichigo.
Ichigo para mi seguirá siendo la "Fresa", DeathberryForever ღゝ◡╹)ノ /(・x・)\
Disclaimer: Los personajes de Bleach son propiedad de Tite Kubo, quien ha decepcionado a parte de sus seguidores, pero no puedo negar que nos ha regalado algunos personajes inolvidables.
Actualización 07-04-17
Capítulo IV
Ángel Guardián
Para Rukia el tiempo pasaba sin dejar huella, ya no le importaba si crecía o no. Desde hace muchos años que su cielo estaba nublado y la tormenta era su única compañía.
Pero la constante en el universo es el cambio, y ni siquiera los intocables dioses de la muerte escapaban de esta ley de la naturaleza. El capitán Ukitake Jūshirō se encontraba sumamente preocupado por el estado de salud mental de su subordinada. Siguiendo los consejos del capitán del Quinto escuadrón decidió enviarla al mundo humano. Una ciudad con mucho movimiento de hollows era lo que la chica necesitaba para distraer su mente y erradicar los malos recuerdos. Cayendo la espada del destino.
Aquella noche mientras cazaba a un hollow, al entrar por una pared, fue recibida con una fuerte patada. Kurosaki Ichigo tenía maneras muy originales de hacerse notar, no eran sólo su cabello naranja (poco común tratándose de un hombre) y su ceño fruncido, su personalidad impulsiva le llevaba a tomar acciones antes de hablar. En él habían muchas cosas que llamaron la atención de Rukia. El parecido con Kaien era uno de esos puntos, sus cálidos ojos ámbar eran el otro punto. Por ello aquella noche no pudo dejarlo morir.
En otras circunstancias ella se habría rendido, era una diosa de la muerte que anhelaba la muerte; pero todo cambió cuando ese chico le demostró el significado de la palabra valor, y al mismo tiempo de la palabra estupidez. Porque había que ser valiente para enfrentarse a un hollow sin ningún tipo de arma, y muy estúpido al creer que ese sacrificio salvaría a sus seres queridos.
Si él estaba dispuesto a luchar, ella lo ayudaría.
Contrario a lo que pensaba, Kurosaki asimiló sus poderes muy bien, tanto que la dejó a ellas sin fuerzas. Había una sincronización entre sus almas. Sus corazones latían al mismo ritmo, como si ya se conocieran. Ese día se creó un vínculo entre ellos, humano y shinigami jamás serían los mismos. La lluvia estaba parando en sus corazones.
-o-o-o-
Luego de la agotadora rutina de entrenamiento a la que había sido expuesto, Kurosaki Ichigo evaluaba los cambios que había experimentado en su mundo con la llegada de la "minigami", como secretamente la llamaba. Ahora era un chico más sociable, cabe resaltar que dentro de sus propios parámetros; había ampliado su perspectiva del mundo, dandole un nuevo sentido a su vida y de manera imperceptible estaba ayudándole a sanar su alma. "Si, nada más puede cambiar mi mundo."
Aunque la shinigami le dijera que no tenía maneras de entrar a su corazón, lo cierto era que su inquilina más frustrante e impertinente. Y le gustaba, aunque no lo reconociera a viva voz. Rukia había vuelto su mundo patas arriba, pero también le había dado paz cuando la desesperación lo dominaba.
Para Rukia la vida en Karakura traía muchas aventuras, sitios nuevos, sabores nuevos y sensaciones nuevas. Se había negado a pensar en sus sentimientos hasta que las compañeras de Ichigo le cuestionaron sobre su relación. Ni ella sabía cuál era el vínculo que la unía al sustituto. Él la hacía querer actuar como una chica normal, en ocasiones sus furtivas miradas la ponían nerviosa provocando que sus mejillas se tornaran de un leve rosa, que ocultaba rápidamente.
Casi se ahoga con el jugo de la impresión. Tenía ganas de decirle que eran "mucho más que amigos, pero sin llegar a ser amantes", pero aquello era una mentira. La verdad era que no podía definir su vinculo con él, llamarlo amistad era simplificar los lazos entre ambos. De su parte tampoco era un sentimiento romántico, entre los dos había una complicidad y un nivel de comunicación no verbal que superaba al típico romance.
Ella era una shinigami, y no podía darse el lujo de volver a sentir. Se había prohibido amar, ya que se consideraba indigna de dar y recibir amor. Para la única cosa que medio era buena, era para matar hollows, y sin embargo en esa parte había fracasado. Poco después, mientras huía, recordó todas cosas que había vivido junto a Ichigo y sus amigos, luego de muchos años, agregó un cuarto ítem a su lista:
4.- Sentir.
"Será mejor que no derramemos lágrimas; porque esa es la derrota del cuerpo ante el corazón... Porque que para nosotros, eso que llamamos corazón no es más que la prueba de una existencia superflua"
-o-o-o-
Una de las primeras cosas que le habían ensañado en la Academia Shinigami era a no llorar nunca, pues las lágrimas significaban que el cuerpo había sido vencido por la emoción, y desde el punto de vista táctico era una desventaja. Para un segador el simple acto de llorar sólo demostraba, sin duda alguna, que la existencia de la emoción era solamente una carga. En su vida, dos hombres la habían hecho llorar, Shiba Kaien y Kurosaki Ichigo. Casualmente ambos se perecían. No podía ceder a los sentimientos, no quería que por su causa él, también, resultara lastimado.
Su sueño junto a Ichigo había terminado, o eso creía. Mientras era alzada al patíbulo del Sōkyoku, Rukia pensaba de nuevo en su olvidada lista, Cosas que nunca podré hacer porque estoy muerta y en como luego de conocer a Ichigo crecía exponencialmente:
5.- Ser libre.
6.- Poder elegir.
7.- No tener miedo.
Su encuentro con Ichimaru Gin había traído de nuevo la desesperación a su alma, pero la fría actitud de Byakuya le había devuelto a la realidad, trayendo un poco de sosiego. La promesa del Comandante era el punto final para que su alma se fuera tranquila.
El ave de fuego abrió sus alas dispuesto a atravesar a su presa.
El último pensamiento de Rukia la llevó a Ichigo, él viviría y con eso ella iría feliz a los brazos de la muerte.
"No tengo miedo. No me arrepiento de mi vida. Conocí a Renji y a sus amigos, Byakuya me acogió en su familia. Kaien me quiso y me guió. Además... fui salvada de muchas formas por Ichigo. No estoy sufriendo. Tampoco estoy triste. No siento arrepentimiento. Ya tengo... mi corazón en paz. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Adiós. Ichigo… Hasta siempre".
-o-o-o-
El naranja del fuego hacía un hermoso contraste con el naranja de su cabello y el profundo ámbar en sus ojos. Rukia estaba atónita, él estaba allí para intentar rescatarla otra vez. El muy insolente había detenido al Kikō'ō con una sola espada.
La sensación de felicidad se mezclaba con el terror en el momento en que el ave de fuego se dispuso a realizar una segunda acometida. Desesperada le rogaba que se fuera, que la dejara morir, había aceptado su destino y estaba en paz. No quería ser la culpable de que su existencia también fuera borrada por completo.
— ¡ICHIGO!
El valiente chico también cargó contra el fénix, pero el encuentro no se llegó a dar, alguien más había bloqueado al Kikō'ō sellándolo de manera oportuna. Esta era una ventaja que Kurosaki no desaprovecharía, segundos después haciendo alarde de un poder increíble había inutilizado por completo la doble hoja al clavar su Zanpaku-tō en la viga transversal, quebrándola y abriendo un agujero en la propia colina. "Exagerado, muy exagerado, debo moderar mi nuevo poder" fue el pensamiento que acompañó al sustituto los segundos que le llevó tomar en brazos a la pequeña condenada a muerte. Quien comenzaba a entablar una pelea con él.
—Tú nunca te quedas callada, sólo dices cosas como que no debo salvarte, que debería irme a casa. Ya te lo dije. No me importa lo que opines. Esta es la segunda vez. Resultará, ya verás. Vine a salvarte, Rukia.
—No pienso darte las gracias ¡Tonto!
—Ya lo sé.
¡Todavía hay esperanza! En sus palabras y en su mirada se reflejaban el nuevo poder de Ichigo, en poco tiempo se había hecho muy fuerte. Por su parte Rukia siempre había huido de su pasado, lo cual la detenía en su desarrollo personal. Cuando se trataba de llevar el peso del mundo sobre sus hombros, ella siempre pensaba en sí misma, en cargar con todo el sufrimiento. A veces, sólo a veces requería un poco de ayuda con el peso del pasado. Ese simple humano le estaba dando una gran lección a la orgullosa Kuchiki Rukia.
Ahora debería eliminar varios ítem de su lista ya que Ichigo le había enseñado a sobreponerse al miedo y a la intranquilidad.
-o-o-o-
Días después, Ichigo estaba recuperado de sus heridas, y a punto de volver a casa, las palabras de Inoue Orihime resonaban en su mente al contemplar en silencio aquel hermoso atardecer.
—Cuando la rescates ¿Que vas a hacer entonces? ¿Vas a volverla a separar de su familia y amigos para traerla de vuelta?... ¿De verdad crees que eso es lo correcto?
Ichigo cavilaba, en otra realidad aquella chica pudo haber sido su media mitad, pero no en esta oportunidad. Luego de tantas cosas que vivió junto a la morena estaba completamente seguro que el lugar de Rukia era a su lado, pero ella aún no estaba lista para él, y tendría que ser paciente. "Ahora recuerdo... la verdadera razón por la cual quería salvarte a como diera lugar...".
En otra vida le había prometido regresar a su lado y nunca soltarla, si para ello tenía que destruir al sistema que regía el mundo lo haría sin titubear. Esta era una nueva oportunidad para todos, y la pasaría junto a ella, de una forma u otra se aseguraría de ello. Primero debía lograr que se enamorara de él, y no de su recuerdo.
—Si puedes ver el futuro no te detengas a ver el pasado— debía seguir aquella lección de Zangetsu.
-o-o-o-
"Si te haces daño, te ayudaré. Si tú no puedes moverte, entonces pelearé en tu lugar. Si sientes dolor, sentiré dolor también." Palabras hermosas que buscaban levantarle el ánimo, pero ¿cómo hacían ahora que los dos debían decirse adiós?
—Esto es una despedida, Ichigo
—Eso parece— melancolía es lo que refleja su voz.
— ¿Qué? No pongas esa cara tan triste. — Aquella sonrisa de burla sólo buscaba aligerar el impacto de la despedida— Aunque tú no puedas verme, yo aún así seguiré observándote.
Ya que la muerte no era el fin, podría volver a ella una vez que terminara su ciclo vital. Aun y cuando no recordaba nada de vidas pasadas, estaba seguro de haberse conocido mucho antes, y de haber estado unidos. Ese vínculo había traspasado la barrera dimensional, negándose a desaparecer. Quería creer que se volverían a encontrar.
Cuando perdió sus poderes también perdió la posibilidad de seguir viendo a la pequeña shinigami. El sacrificio valía la pena, ella viviría libre y feliz en el Seireitei aunque no pudiera verla ni tocarla jamás. El debería seguir en el mundo humano todo el tiempo que le restara de vida antes de volver a la Sociedad de Almas. Sin embargo a tan sólo pocos meses de la despedida no estaba seguro de poder seguir el mismo estilo de vida. "Me pregunto si puedo continuar con la velocidad del mundo sin ti"·
Cada vez que miraba la insignia sólo recordaba aquello que fue y que ya nunca más sería, pero sobre todo, aquella a la que ama y que no podía tener a su lado. No tenía un propósito claro para su futuro. La lluvia caía incesantemente en su mundo interior.
Rukia no había visitado Karakura ni una sola vez. Aquello le dolía, entendía su postura pero eso no mitigaba el sentimiento.
El tema de los shinigamis y los hollows era un tabú entre sus amigos. Las charlas con Keigo no eran de mucha ayuda, de vez en cuando le hablaba de Rukia. Estar sin ella era su propio infierno.
-o-o-o-
No podía rendirse, ¿pero que más haría? Él debía estar de nuevo con su shinigami, y si para ello tenía que liarse con aquellos Xcution lo haría. Solamente quería tener sus poderes de regreso, poder proteger a sus seres queridos y estar al lado de Rukia. Por ello al verse traicionado no puede dejar sollozar. Sus sueños habían vuelto a romperse.
— ¡Devuélveme mis poderes!
En tan patético estado emocional sólo medidas drásticas le harían reaccionar. Una espada atravesó su pecho. Y de nuevo el destino les reunía.
— Rukia...
— Si… ha pasado tiempo, Ichigo. Te has vuelto tan fuerte y maduro desde la última vez que te vi…
Muchas personas habrían creído que lo primero que pasara por la cabeza fuera la idea de tomar venganza con sus nuevos poderes, pero eso quedaba relegado a un segundo plano, luego de 17 meses podía ver de nuevo a Rukia. Ella estaba físicamente cambiada, y se veía formidable con el nuevo corte de cabello. Estaba casi hechizado.
— pues… ¡No! —Y como siempre, desde tiempos inmemoriales la sutil llamada de atención de Kuchiki se hizo notar por medio de una patada seguida de una serie de reclamos.
—Urahara me contó sobre el poder de Tsukishima, capaz de cambiar el pasado de la gente. No importa como se mire, es una habilidad horrenda. Te pregunto, ¿eso importa? No importa lo que él cambie de tu pasado, ¡no puede cambiar tu futuro! esos lazos que has perdido, ¡pueden ser reconstruidos! ¿Estoy equivocada?, Ichigo!
Incluso en medio de la batalla, ellos se perdían en su propio universo, y entre peleas y bromas tontas se demostraban lo mucho que se conocían. Gracias a los inventos de Urahara el podría proteger a sus seres queridos de nuevo. La energía espiritual de todos sus amigos estaba en aquella espada luminosa, pero el catalizador era la energía de su enana.
—¡Ichigo! ¡Estos idiotas no entienden... que algo así no es suficiente para desesperarte! ¡No saben el nivel de desesperación que has llegado a soportar! ¡Muéstraselo, Ichigo! ¡Que la desesperación jamás soñaría con detenerte!
-o-o-o-
Yhwach además de ver el futuro podía transformarlo, moldearlo para su conveniencia. Era un enemigo formidable y por algunos momentos, pensó Rukia, que indestructible.
Luego de tantas despedidas, este parecía ser el final de la batalla contra los quincys. Renji e Ichigo habían entrado por un portal, mientras ella atendía a una moribunda Orihime. La angustia se apoderaba de ella, hasta el punto de hacerla un soldado inservible para la batalla. Aquella podría ser la última vez que viera a dos de los hombres más importantes de su vida, y de llegar a suceder era algo de lo que estaba segura jamás se recuperaría.
Yhwach había robado el nuevo bankai de Ichigo arrebatándole gran parte de poder en el proceso, en pocos minutos había roto aquella espada muchas veces. Tantas que sólo cuando Rukia terminó de sanar las heridas de la chica pelirroja fue que encontró el patrón en todo aquello: Yhwach jugaba con ellos de la misma manera que un gato lo hace con su presa antes de comérsela.
Su corazón le gritaba por primera vez en mucho tiempo, ésta vez debía ser egoísta. Siempre se fijó en ver aquellas cosas que nunca podría hacer porque estaba muerta, y ahora tenía en claro que hizo la lista equivocada. Debió centrarse precisamente en las cosas que "si" podía hacer sin temor ya que estaba muerta, y una de esas cosas era dar la vida por el hombre que amaba. No habían motivos nobles, no importaban los mundos. Sólo él.
En reiteradas oportunidades antepuso la vida de Ichigo a la suya, y siempre lo asoció a su deber de proteger la vida humana, pero ahora al borde la desesperación tenía que reconocer sus sentimientos. Su alma reconocía como su media mitad a Kurosaki Ichigo.
Cuando ingresó al túnel por donde habían desaparecido sus amigos, la batalla ya había culminado. Habían perdido. Yhwach reía, y a sus pies los cuerpos malheridos de Renji, Ichigo y Aizen reflejaban el futuro que le esperaba al resto de los shinigamis.
No podía permitir eso, llamó a su bankai a medida que se acercaba al rey de los quincys, quien parecía no haberse percatado de su presencia. En una jugada arriesgada, e impulsada por una falta total de miedo atravesó el pecho del Quincy congelando momentáneamente con Sode no Shirayuki. Gracias a ese movimiento, Aizen e Ichigo se pudieron recuperarse a tiempo, y valerse de la flecha de Ishida para derrotar al Todopoderoso.
Aizen Sousuke recordó entonces aquella conclusión a la que había llegado sobre el Hōgyoku, su verdadero poder era atrapar y materializar los corazones de todo lo que exista a su alrededor. El Hōgyoku permanecía dentro de Kuchiki Rukia, había usado el deseo de su corazón para darles fuerza a Ichigo, y finalmente como todos deseaban que la guerra terminara, incluso Yhwach, se había servido de ellos para dar fin a la contienda.
A un alto precio, pero los enemigos habían sido derrotados, algunos de una manera no tan honorable.
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Cuando su zanpaku-tō se hundió en el pecho del chico, no sólo le traspasó casi todos sus poderes, sino que también un pedazo de su alma comenzó a habitar dentro de él. Al mismo tiempo que el frío corazón de Rukia comenzó a despertar del largo letargo en el que estaba desde que la tormenta se tragó su océano de paz.
No hay un final "felices para siempre" ya que "para siempre" es mucho tiempo, incluso para un shinigami. Tenían un montón de recuerdos que les gustaría borrar, y otro montón que matarían por volver a vivir. Por ambos recuerdos valía la pena luchar.
El bankai de Rukia había lastimado su cuerpo a tal punto que tardaría meses en recuperarse, por lo cual necesitó ser internada en su casa bajo estricta vigilancia de la teniente del Cuarto y del capitán del doceavo escuadrón.
Los humanos que prestaron su apoyo debían regresar a su mundo luego de sanar todas sus heridas. Aquella visita que Ichigo le hacía a su amiga sería una nueva despedida para ambos, esta vez el lapso de tiempo en el cual no se verían sería mayor.
Para estabilizar el equilibrio de las almas debían cerrar los accesos por un periodo de aproximadamente quince o veinte años. Poco tiempo para los shinigamis pero mucho tiempo para los humanos.
—Ichigo, gracias a ti todo irá mejor. Gracias a ti, estoy en casa.
—Creo que fue gracias a Byakuya, con las instalaciones del Cuarto escuadrón destruidas no era una opción que te dejaran a solas con el científico loco—aquella sonrisa que tanto amaba adornaba su rostro. Con el tiempo pudo aprender a reconocer aquellos gestos que sólo eran para ella, como esa sonrisa de suficiencia
— ¡Idiota! —A Rukia le dolía el cuerpo, incluso al esbozar una tímida sonrisa.
— No te alejes de nuevo. —aquella petición era extraña. Se suponía que eran los humanos quienes se irían.
—Tonto, sabes que podré seguirte visitando cuando todo esté bien. —"Además si me alejo es porque entendí que ya no me necesitas". Nuevamente era una cobarde que no se atrevía a dejar salir sus pensamientos.
— No me refiero a eso y lo sabes.. — Aunque no recordara nada de su vida como Kaien, en este momento deseaba poder tener el don de la palabra que sus conocidos decían que tenía su antecesor. — Me gustas tú. No preguntes razones, porque eso es algo que no sabría decirte. Sólo puedo decirte que estoy ciento por ciento seguro que me gustas… Más que gustar, yo te amo.
El silencio siguió a aquella declaración, Ichigo conocía muy todos los argumentos que ella le daría para no estar juntos. Al final del día cuando el portal se cerrara el estaría con su familia y amigos pero estaría incompleto sin ella a su lado. Gracias a que Yhwach le había robado su nuevo bankai podría llevar una vida casi normal si se colocaba periódicamente un supresor de reiatsu. Pero ella estaría del otro lado del senkaimon.
—No me contestes ahora. Cuando vuelvan a abrir el senkaimon, sin importar el tiempo que tarde eso, yo volveré por ti. No acepto otras opciones. Aunque tenga que secuestrarte, estarás conmigo.
Ichigo sabía que Rukia era como una vela, que se quemaba lentamente para iluminar la existencia de los demás, por lo tanto en estos años que estuviera en el mundo humano lucharía para que la luz de su Rukia nunca se apagara.
Un dulce beso coronó la amarga despedida. Aquella era la primera vez que Kuchiki Rukia no sabía que decir y se quedaba callada. "Yo sólo te necesito a ti", ese beso la acompañó por diez largos años.
-o-o-o-
Estaba muy nerviosa, ese día cumpliría uno de sus más grandes sueños. Por Ukitake y por Kaien era que terminó aceptando representar a su escuadrón con honor bajo el nombre de capitana del Treceavo escuadrón.
No era un buen momento para casarse ni formar un hogar, apenas las reconstrucciones habían culminado, pero la insistencia de Renji en los últimos años la habían llevado a aceptar ser la dama de honor en la boda de su amigo, a quien consideraba otro hermano, y una tímida chica de su escuadrón -su futura teniente- una pelirroja llamada Shidou Kohaku. Aunque juntos parecían un par de tomates a la venta, Rukia era feliz por ambos, por fin las cosas estaban regresando a la normalidad.
Para su ceremonia de ascenso faltaban todavía siete días, aunque no era oficialmente capitana hizo valer sus derechos y les regaló a los novios la mejor recepción que su presupuesto podía soportar. Una boda por todo lo alto.
Vestida con un elegante kimono, se encontraba con sus amigos en la recepción luego que las nupcias se efectuaran. Como era de esperarse, aquella fue una boda tradicional por tanto debía compartir la dicha con los novios en su rol de anfitriona.
La puerta del senkaimon se abrió finalmente, Rukia se dio cuenta sólo cuando se vio arrastrada por una presencia, que se la robó de la fiesta.
Quizá era por la emoción, o por una conducta que esperaba sinceramente no se convirtiera en costumbre, pero lo cierto es que Rukia estaba impactada. Ichigo estaba frente a ella. Su apariencia era la de un hombre por entrar en la treintena con un cabello un poco más largo que la última vez que le vio. La mirada de pocos amigos en su característico ceño fruncido era lo último que esperaba ver antes de prepararse para dar el discurso en honor a los novios.
— ¡Imbécil! ¿No puedes simplemente llegar como las personas normales a una boda y felicitar a los agasajados? — el precioso furisode que portaba le impedía la libertad en la piernas para patear pero no la movilidad en los brazos.
—Si serás descarada enana. La culpa es tuya por no esperar mi regreso. ¿Acaso querías que te dejara casar con esa piña roja?
Aunque estaba un poco oxidado, su shumpo había sido bueno. Tanto que logró robarse a la "novia" de la boda sin que nadie se diera cuenta. De acuerdo a los informes recibidos en el camino ese día se llevaría a cabo una gran boda.
Y es que cuando Urahara le dijo que llegarían justo a tiempo para la boda entre los tenientes del Sexto y el Treceavo escuadrón no se detuvo a pensar. Simplemente corrió por el dangai con el único objetivo de impedir esa boda o en su defecto de robarse a la recién casada.
Le había pedido a Rukia que lo esperara, y ahora estaba muy furioso. ¿Diez años fue lo que pudo esperar por él? Le haría saber a esa enana quien era su único rey.
—Descerebrado. ¿Acaso no viste a la chica a mi lado? Ella era la novia, y yo como dama de honor me disponía a decir unas palabras.
— ¿Eh?
Rukia levantó una ceja divertida ante la cara de confusión del sustituto. una idea llegó fugaz a su mente, y su boca pronunció las palabras incluso antes de terminar de formarlas en su cabeza:
—Dime Kurosaki, ¿acaso te has convertido en un pervertido que sólo busca pasar tiempo a solas con una pobre e indefensa chica?
—Te sorprendería saber las cosas que haría con tal de pasar tiempo con esa pobre e indefensa chica, Kuchiki.
Aquel Ichigo de diecisiete años que recordaba se escandalizaría de este hombre frente a ella. El tiempo no había pasado en vano para ambos. Jamás se habían tratado de esa forma tan intima. Incluso ella se sorprendía de sí misma. Aunque no había crecido mucho, aquellos cinco centímetros de diferencia en su estatura no le impedían ver a aquel hombre aún más imponente e irresistible.
—Deja de morderte el labio, me desconcentras.
Este nuevo Ichigo la turbaba, la desarmaba con nada más que su presencia y no valía la pena negarlo. Sin importar cuantos años pasaran, ellos se leían con la mirada.
—Sólo estoy calmando mis instintos. Si me dejo llevar te besaré y no te soltaré nunca.
—Entonces no de resistas.
Las cartas estaban sobre la mesa.
-o-o-o-
"Las personas podrían creer, luego de conocer nuestra historia, que yo entré a tu vida para derribar la pared que cubría tu alma, y traerte de regreso al mundo –cabe resaltar que fue atravesando la pared– pero la verdad has sido tú quien me ha traído de regreso a mí", aquel pensamiento le dio el valor para hacer lo que su corazón le dictaba: vivir.
Aquella tarde la dama de honor no regresó a la fiesta, y por más que el líder del clan Kuchiki rastreó disimuladamente su energía espiritual no encontró huella de ella en todo el Seireitei. Suponía que Kurosaki era el causante de la desaparición de la chica, sus amigos y familiares estaban en la ceremonia pero no daban respuestas claras de su paradero.
Pasaron varios días hasta que la recién nombrada capitana hizo su aparición, nada más y nada menos que con el shinigami sustituto a su lado, flanqueándola como si de un teniente se tratara. Y es que la capitana Kuchiki Rukia no podría faltar a su ceremonia de ascenso.
Después se enfrentaría a su hermano y las consecuencias de sus actos. No se arrepentía, era muy feliz. Viviría con Ichigo en el mundo humano, viajaría diariamente por el senkaimon para cumplir con sus obligaciones.
Y es que para vivir no necesitaba estar viva, le bastaba con sentirse plena y para ser una capitana shinigami no necesitaba vivir en la Sociedad de Almas.
