Hola, lamento no haber publicado antes, pero la verdad estuve ocupada con mis otros fics, estoy mal y lo sé. Pero haré todo lo posible para mejorar, aquí les dejo el cap, espero pronto poder hacer el siguiente, nos leemos abajo..
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Suspiró preocupado mirando el televisor frente a él, había decidido no ir al trabajo hoy, que sus empleados se encargaran, el gerente administrativo no moriría por un día que no fuera. Dejo el control remoto sobre su pecho y alzó la mirada al techo, estaba recostado completamente en el sofá de la sala, pensativo, recordando los recientes sucesos con su pelinegra.
— Aaah, ¿Qué estarás haciendo ahora, Kagome? — Susurró a la nada mientras sus claros ojos observaban el blanco techo sobre sí. Ella se había ido esta mañana, sonrió tontamente, se habían divertido tanto al jugar como dos críos cuando en verdad eran dos adultos 'responsables', había sido maravilloso, no recordaba cuando fue que se divirtió tanto, probablemente hace mucho.
El teléfono del departamento comenzó sonar, anunciando la llamada entrante, soltó un bufido, no quería hablar con nadie ahora.
— "¿Y si es Kagome?" — De forma automática se levantó del sofá y se dirigió a la cocina, tomó el teléfono junto al refrigerador y contestó. — ¿Diga? — Esperó impaciente la voz de Kagome.
— Hola Koga, soy yo — Oyó una voz masculina, soltó un leve bufido, no era quien esperaba.
— ¿Qué rayos quieres, InuYasha? — su voz sonaba fastidiada.
— ¿Qué te pasa rabioso? ¿No te agrada oírme? — La voz del otro lado de la línea sonaba divertida.
— ¡Ya cállate y dime que quieres! — Se irritó, hoy no estaba de humor para sus idioteces.
— Ya, ya, pero carácter rabiocito —Siguió con la burla. — Bueno, me enteré de que estas de nuevo en Tokyo y conseguí tu número, ¿Qué tal todo?, ha pasado mucho tiempo — Su voz parecía nostálgica.
— ¿Mmh? ¿Se puede saber cuando fue que maduraste? — Ahora fue él quien se burló.
—¿Madurar? ¡Eso es para frutas tarugo! — El moreno casi se echa a reír por eso, seguía siendo un estúpido.
— Jajaja, eres un imbécil. Me sorprende que me llames luego de lo que paso — Recordó con cierta tristeza.
—¡Khé!, olvida eso idiota, esta en el pasado — Se oyó un suspiro. — Yo también estaré en la ciudad, mañana, y como los demás están ahí creí que podríamos reunirnos, ¿Qué dices?, como en los viejos tiempos —.
— Ja, suena bien — Sonrió. — Pero dime, ¿Qué ha sido tu vida Bestia? — Siempre se preguntó que había sido de él.
— Pues seguí la vida — Respondió de forma desinteresada. — Me case hace dos años y mi esposa esta embarazada — Podría jurar que estaba sonriendo.
— ¡¿Casado?! ¡¿Embarazada?!, ¡Vaya bestia!, ¿Quién lo diría?, sinceramente no te imagino cambiando pañales jajajaja — Río sonoramente al imaginarlo, oyó un gruñido del otro lado. — Jaja, pero ya en serio, ¿Y ya sabes qué será? — Miró hacia algún punto fijo en la cocina, prestándole atención.
— Sí, tiene seis meses de gestación, es una niña — Alzó levemente la voz con alegría.
— Vaya, felicidades, y suerte, porque en unos años cuando debas ahuyentar a sus pretendientes ya te quiero ver, jajaja — Simplemente, quería fastidiarlo.
— ¡Cállate maldito lobo rabioso! — Y al parecer lo consiguió. — Aún es muy pronto para pensar en eso — Soltó fastidiado. — ¿Y qué fue de ti? ¿Encontraste a alguien? —.
— ¿Para qué preguntas tonterías? — Oyó perfectamente un suspiro a través del auricular.
— Deberías olvidarla, ella no es para ti —.
—¿Ahora me darás un sermón? — No quería oír estupideces. — Además, ¿Quién sabe?, las cosas podrían cambiar — Sonrió algo arrogante.
— ¿De qué hablas? ¿Me perdí de algo importante? — Su curiosidad era notable.
—Lo siento bestia, deberás averiguarlo por tu cuenta — Alejó su voz del auricular.
— ¡Maldito lobo no te atrevas a colgarme! — Oyó antes de colgar la llamada, sonrió, hablar con ese cabeza hueca le traía muchos recuerdos. Regresó al sofá donde antes se encontraba reposando y volvió a recostarse en él, cerro los ojos y sin poder evitarlo recordó como era su vida antes, hace ocho años, cuando paso los momentos más felices de su vida junto a esa alegre azabache y el singular grupo de amigos que eran, sonrió, era imposible olvidarlos a pesar de los largos años que pasaron. Un año entero de diversión y emoción, cuando en verdad fue feliz, para luego todo derrumbarse con unas simples palabras… En verdad lo amo, ¡Más que a nada!... Recordó esas malditas palabras, y el sonido de su corazón partiéndose las acompañaron, dolía tan solo con recordarlo.
— "Eso no importa ahora" — Se recordó con los ánimos levantados. — "No importa que haya pasado antes, fue hace mucho. Ahora… Kagome será feliz.. Conmigo" — Pensó ampliando su sonrisa, que sus sentimientos por ella jamás desaparecieran debía ser una señal, y el hecho de que llegara de nuevo a la vida de la azabache justo en estos momentos tan turbulentos de su vida no podía ser coincidencia. Ella estaba destinada para él, Estaba seguro, Sesshomaru solo sería un mal recuerdo dentro de un tiempo, después de todo.. La vida seguía.
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Sonrió contenta y nerviosa al entrar a su casa y correr a su habitación como una niña alegre. Desde que salió del hospital no había soltado ni una palabra, era imposible con tal emoción. Entro a la habitación que compartía con su amado esposo y dejo caer su bolso al suelo mientras su rostro seguía iluminado con una enorme felicidad, y sin más; Explotó..
— ¡Voy a ser mamá! ¡Jajajaja! — Abrazó fuertemente el sobre con los resultados de tan hermosa noticia a su pecho mientras daba saltitos por todos lados, era la mejor noticia que pudieran darle. Luego de que Kagome se marchara decidió ir con su médico ya que hace días tenia algunos malestares, no le dijo nada a su amiga porque no quería preocuparla, ya suficientes problemas tenía, y ahora con esta noticia inesperada no podía ser más feliz. — ¡No puedo creerlo! — Gritó nuevamente mientras dejaba de saltar y suspiraba, de pronto la puerta se abrió y volteó sonriente a ver a aquella persona.
— ¡Señorita Kikyo!, ¿Se encuentra bien? — Una muchacha pelirroja entraba algo preocupada, miró curiosa a la radiante azabache.
— ¡Oh Ayame!, ¡Más que bien! ¡Voy a ser madre! — Sin pensarlo mucho se acercó rápidamente a la muchacha del servició y la abrazó fuertemente.
— Oh.. — Se quedó desconcertada recibiendo su abrazo, jamás la había visto en esta faceta. — Fe-Felicidades — Reaccionó al fin, era una hermosa noticia. — El señor Naraku estará muy feliz — Dijo más animada mente al separarse de ella, estaba muy feliz ahora por su jefa.
— Ah, si. ¡No puedo esperar para decírselo! — Le dio la espalda a la chica y miro con brillantes ojos en un punto indefinido de su habitación.
— Ah, entonces prepare las palabras señorita, porque él llegara temprano hoy, ¿Recuerda? — Miró enternecida a esa mujer tan seria ahora estar tan feliz como una niña en su cumpleaños.
— ¡Si es verdad! ¡Aah, comenzaré a idear algo para decírselo! — Dejo con delicadeza el sobre en la cama y corrió hacia el baño.
— ¡Señorita tenga más cuidado! ¡Ahora cuida por dos! — Corrió tras ella para cuidarla, vaya, ¡Hoy era día de celebración!.
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Abrazó con fuerza la cintura femenina, pegando la espalda de ella a su pecho por completo. Se acercó al hueco entre su cuello y su hombro y permaneció ahí aspirando su suave aroma, su respiración tranquila y su rostro apacible indicaban que dormía, sonrió, había regresado él.
— "Lo siento Kagome, no volveré a hacer algo estúpido que te separe de mi" — Pensó con culpa, apretando más su pequeño cuerpo contra el suyo, pasando su lengua por su delicado cuello. No sabía que pasaría cuando ella despertara, pero él estaba dispuesto cambiar por ella, la confusión sobre sus sentimientos estaba resuelta y ahora su mayor prioridad seria ella y que su amor por él siguiera intacto.
—¿Qué seria de mi si te perdiera? — Susurró suavemente, volviendo a cerrar sus ojos y seguir descansando a su lado, la noche anterior no había dormido nada y ahora que ella estaba ahí a su lado el sueño había caído sobre él bruscamente, solo dormiría un poco más junto a ella.
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Condujo de manera calmada hacia su hogar, hoy el trafico no fue un infierno y pudo llegar más rápido casa. Cruzo los portones de su hogar y se dirigió directo al estacionamiento. Al bajar e ir al interior de su casa por la puerta principal. Miró la hora, eran las ocho de la noche y un par de minutos. Entró todo parecía normal.
— "Mmm, que raro, le dije a Kikyo que hoy llegaría temprano" — Pensó algo desconcertado, pues siempre que volvía temprano a casa del trabajo su esposa estaba ahí, recibiéndolo alegremente para hacer algo juntos.
La chica del servicio, Ayame creía que se llamaba, bajaba las escaleras que daban a la entrada donde ahora se encontraba, al verlo sonrió ampliamente, le pareció raro, ya que no mantenía un trato muy amistoso con ella, solo lo común entre empleada y empleador. Ignoró eso y decidió indagar sobre su mujer al la muchacha pararse frente él y saludarlo formalmente.
— ¿En donde se encuentran mi esposa, señorita Ayame? — Preguntó seriamente, ella era distraída, quizás olvido que hoy vendría antes.
— Oh, la señorita Kikyo no se siente bien, señor, esta en su cuarto descansando — Explicó sontiente.
— Llama a al doctor Byakuya, dile que venga — Dijo seriamente para apresurarse a subir las escaleras.
— Pero.. — Iba a replicar pero su jefe ya no estaba ahí, vaya que era exagerado. — "Solo le dije que se sentía mal, uuy, ¿Cómo tomará entonces aquella noticia?" — Pensó divertida. — Mejor si llamó al médico — Soltó una risita y fue a cumplir su labor.
Subió más rápido de lo común las escaleras. Su esposa era muy delicada, a pesar de que ella no lo admitiera, solía enfermarse con frecuencia, sobre todo ahora en invierno, por eso ya tenía un doctor privado para ella, eligió uno de confianza como lo era Byakuya. Dejó sus pensamientos y entró a su habitación, viendo directamente hacía la cama, y ahí estaba, se veía aquel bulto entre las sabanas y pieles de la cama, cubierta hasta la cabeza, suspiró, quizás le hizo mal el frío al salir de casa.
Se acercó ella y se sentó a su lado en la cama, posó su mano en la espalda de ella al notarla recostada boca abajo, y comenzó a acariciar suavemente en ese lugar, no le gustaba que estuviera enferma, odiaba que se sintiera mal, física emocionalmente, pero él no podía hacer más que apoyarla y estar siempre a su lado.
— Mmmh — La oyó comenzar a reaccionar y moverse levemente. — ¿Naraku? — Susurró su suave voz, la vio levantarse un poco y voltear a verlo, sentándose en la cama y mostrando una hermosa sonrisa y un rostro sonrojado. — Hola, que bueno que ya llegaste —.
Él tomo su mano y se acercó más a ella, besando su frente.
— ¿Cómo te sientes? — La miró preocupado.
— Jaja, estoy bien, solo fue un malestar — Siguió mirándola preocupado, a veces era muy orgullosa y decía eso para que no se preocupara.
— Ya mande Ayame por el doctor, llegará pronto — Informó al acariciar su mano.
— No, no hace falta. Estoy bien — Lo miró tratando de convencerlo, más su mirada seria la hizo suspirar en resignación, él era así.
— Si hace falta, ya, descansa, yo prepararé la cena hoy — Le guiño un ojo, le gustaba hacer algo especial por ella cuando enfermaba o tenía un malestar, cocinando en este caso, se levantó dispuesto a cumplir con ello pero su esposa lo detuvo al sujetar más fuerte su mano.
— Espera.. — La vio confuso y se sentó nuevamente, esperando a ella continuara. — Bueno.. Hoy íbamos a hacer algo juntos, y como no puedo quiero darte un regaló — Dijo sonrojada, suspiró, se veía muy tierna así.
— Bien, ¿Qué es? — La miró tiernamente, sabía que no era necesario un regalo, pero jamás se negaría a algo que proviniera de ella, además ella no lo permitiría negarse, era tan tiernamente terca.
Ella asintió y abrió el cajón de la mesita de noche junto a ella, de ahí saco una bolsa de regalo roja brillante y con un moño del mismo color, ella lo extendió a él nerviosamente, demasiado a su parecer. Sonrió ante el detalle, tomó el regalo y lo abrió, sacando de él algo que no entendió al instante, eran unos zapatitos de lana blanca, muy pequeños y lindos, obviamente para un bebé, levantó la mirada de los zapatitos a ella desconcertado, para verla con una sonrisa nerviosa y jugueteando con sus dedos.
— Kikyo, ¿Qué..? — Vio mejor su mirada y abrió grandemente sus ojos, para bajar nuevamente la mirada a los zapatitos, él no conocía a nadie con un bebé como para darles aquello, y obvió no se los dio como adorno, entonces.. Ella. Levantó la mirada sorprendida e interrogante hacia su esposa, esperando alguna respuesta, la cual recibió al instante.
— Naraku, estoy embarazada —Susurró con su mirada brillante el se quedo en una especie de trance.
¿En verdad había oído bien? ¿Embarazada?.. ¡¿Un bebé?!, su corazón latió fuertemente ante la idea.. ¡Iba a ser padre!.
— Ki-Kikyo.. ¡¿Lo dices en serio?! — El feliz asentimiento de parte de ella se lo confirmaban. — Oh, kami, ¡No puedo creerlo!.. ¡Voy.. Voy a ser padre! — Se levantó emocionada mente de a cama. — No puedo creerlo.. Yo.. Yo.. — Y al no poder controlar tantas emociones y recibir de pronto la noticia; se desmayó..
— ¡Ah, Naraku! — Se levantó pronto de la cama a socorrerlo al verlo caer así, no sabía que seria así. — Ups, cierto, eres algo sensible con tus emociones jajaja — Recordó divertida al levantarlo un poco y colocar su cabeza en sus piernas, ¡Que lastima que Kagome no había estado ahí para ver eso!, de seguro ahora estaría doblándose de la risa, suspiró y miro el rostro de su esposo. — Al menos servirá de algo el doctor, jajajaja — Ya se burlaría de él cuando despertara. Vaya, debió grabarlo, río un poco más; ¡Hoy era día de celebración!..
Bien, ¿Qué les pareció?, ¿Tienen alguna idea para renovar la inspiración?, si la tienen por favor diganmela, así podre actualizar mis fics que están bien abandonados u.u.. Bien, me retiro, muchas gracias por sus comentarios y nuevamente lamento la tardanza.. Sayonara y nos leemos pronto, besos..
KW
