Digimon no me pertenece y escribo esta historia sin fines de lucro.
Esta colección participa de la actividad "Escribe a partir de una palabra" del foro Proyecto 1-8. En este caso, la palabra es "Vellichor" (la extraña melancolía de las tiendas de libros usados), propuesta por mí. Y también "Catarsis", propuesta por mí.
Personajes: Takeru y Koushirou.
Vellichor
Para Koukacs
Koushirou ya no se pregunta por qué se hizo amigo de Takeru, pero sí se pregunta por qué lo sigue en sus andanzas.
Ese día le importuna que lo espere fuera del salón de computación. ¡Ni siquiera es su escuela!
―Ni siquiera es tu escuela ―le dice, queriendo reclamárselo, pero sin encontrar el tono exacto.
―Es casi uno de agosto. Debes acompañarme.
―Deberías estudiar para tus exámenes finales.
―Tú también. ¿Lo harás?
Koushirou no contesta, porque ambos saben la respuesta.
A poco de andar, Koushirou empieza a transpirar. No es por el ejercicio, tampoco por el calor: es porque ya sabe a dónde van.
―¿Otra vez? ―pregunta. Pero, de nuevo, no le sale reclamar.
Takeru sonríe. Para él, esa siempre es una respuesta. Para Koushirou, no.
La campana rechina, en vez de sonar, cuando ingresan al local. El haz de luz que vislumbran al pasar no les presenta más que remolinos de polvo. Takeru, como siempre, pasa una mano por el lomo del libro más cercano, dibujando algo que parece su inicial. Al fondo del local, el dueño levanta la vista de su lectura, saluda en silencio y, al igual que Koushirou, se dispone a observar la danza de Takeru, o su ritual melancólico.
Koushirou se hace a un lado para darle amplitud de movimientos y simula leer algo, pero en realidad no puede dejar de observarlo.
El primer acercamiento a los libros viejos es tímido. Takeru diseña su inicial, casi como si estuviera avisándoles que ahí está, o pidiendo permiso. Al azar, sopesa un libro con las manos. Le quita el polvo con cariño, aunque frunce la nariz. Lo abre, busca el título, lo cierra y devuelve a su lugar. Koushirou se va al fondo del local, donde hay menos polvo y donde lo interrumpe menos. Está seguro de que Yamato no tiene esas costumbres, ¿serán sus genes franceses, influencia de su madre…? O, tal vez, tan solo es Takeru. Él, con toda su originalidad.
Takeru ya ha pasado a la segunda mesa de exposición, donde repite el proceso con menor delicadeza. Mientras el polvo forma remolinos en la coronilla de su cabeza rubia, Koushirou se acerca al dueño y bebe un té con él.
No hablan mucho, pero ya se han acostumbrado a pasar tiempo juntos esos días en que Takeru y la melancolía los detiene en el tiempo, a los dos, en esa tienda de libros usados de la posguerra mundial.
Su silla rechina como la puerta con la campana desafinada. Sorbe el té haciendo ruido. Piensa que Takeru debería escribir instrucciones para abordar un libro. O una librería.
Cierra los ojos y, contra sus mejores instintos de la buena educación y la ubicación, dormita en la silla. Esa catarsis de Takeru también es un poco para él, lo sabe.
Notas: Koukacs hermosa, la verdad es que a punto estuve de no regalarte nada, pero me pareció muy fuerte. No se me está dando bien el romance, por eso escribí esto tan distinto al romance. Pero esta amistad nos da vida, ¿no?
Espero que hayas pasado un día hermoso, y que el examen haya ido de diez.
Y a todos mis demás lectores y lectoras, por favor déjenme un review.
