Capítulo 4. A tú cuidado

Los días pasaron, semana tras semana, Draco recibía de vez en cuando una carta de Ron o de Harry, casi diario tenía una de Pansy y ni que decir de sus amigos de Slytherin.

Por su cabeza pasaban muchas ideas erróneas, su casa era enorme, tenía mucho dinero, tenía quien le atendiera... Pero... Algo hacía falta. Cuando salía a dar paseos iba a mundo muggle para ver cómo era la vida ahí, empezó a tener mucha curiosidad, por aquellos autos, aquellas pantallas en las manos de todo aquel que pasaba caminando, era sorprendente como un humano sin magia era capaz de ingeniárselas para poder tener una vida tan fácil como la de un mago.

Paso tanto tiempo pensando, tanto tiempo imaginando como iba a decirle a su padre que estaba interesado en llevar una vida muggle, trabajar como ellos, usar la tecnología que tanto los apasionaba, y en la cual empezaba a inmiscuirse poco a poco, y de vez en cuando usar magia, sabía que iba a decepcionarle pero... Estar en ese mundo, el simplemente caminar en el mismo lugar donde se suponía caminaba la pelirroja era tormentoso para él.

Al llegar la mañana un día jueves, se levantó y arreglo para bajar al desayuno viendo a su madre y padre comer felices pues no había nadie que los atormentara. Él se acercó y empezó a coger de aquel banquete que sin duda le recordaba a Hogwarts, odiaba tener que relacionar todo con ese lugar y con ella. Bebió algo de vino, sus ojos estaban clavados a la nada, no estaba para nada normal.

– ¿Sucede algo, Draco? - pregunto su madre acercando una mano hacia la de su hijo, como toda madre, ella sabía que algo le ocurría, que quería decir algo y que temía por algo.

– Has estado muy extraño - recalco Lucius con esa mirada seria y a la vez soberbia de siempre.

– Quiero... Ir al mundo muggle... Vivir ahí... Y trabajar... Tuve tutores, estoy certificado y puedo trabajar en algún laboratorio - hablo enseguida mientras levantaba la mirada, sus padres se quedaron atónitos con aquellas palabras, ¿Un Malfoy viviendo como un muggle?, eso era demasiado para aquel hombre que a pesar de que ya no era mortifago, tenía una que otra riña contra los seres sin magia pero ahora era mínima.

– ¿Que vas a hacer?... ¿Un laboratorio?... - interrogo la mujer un poco sorprendida, siempre fue protectora con su hijo, y ahora sabía que quería irse de casa, estaba acostumbrada a no verlo un par de meses pero que se fuera, era demasiado para ella.

Las piernas del rubio se flexionaron ligeramente para levantarse de su lugar y dar vuelta a la mesa hasta estar en la esquina de esta y poder rodear a ambos con los brazos.

– Quiero conocer cosas nuevas - beso la mejilla de ambos alternando estos y se separó para sonreír y sacar de entre su bolsillo un folleto de la empresa biológica, el en sus tutorías aparte ya que no podía ir a escuelas muggles, siempre sintió gran atracción a la biología y era bueno respecto a esto.

Después de una larga platica con sus padres, estos accedieron, el por ser alguien de dinero, podría vivir un poco ayudado de sus padres en lo que se acomodaba, así no correría el riesgo de toparse con aquella muchacha que le quitaba el sueño.

Todo había quedado acordado y el como siempre a un paso adelante, ya sabía dónde iba a quedarse, un excelente departamento, no muy grande pero si con lo necesario.

Llego el fin de semana, organizo todo para su viaje, ropa, artefactos mágicos que dejaría como recuerdos y por ultimo su varita, la dejo en el fondo de la maleta.

Al llegar el lunes tomo camino junto con sus padres hasta la ciudad de Londres, era enorme y muy bella, lo llevaron hasta el edificio dónde se alojaría, sus padres miraban todo sorprendidos, pero le sorprendió más aquel elevador al que se subieron y tardo un poco en llegar al piso, no era como los del ministerio de magia.

Llegaron al pasillo y los guio a su departamento, contaba con una sala, cocina, su habitación y un baño que hasta una tina tenia, era perfecto para que el viviera ahí.

Como no sería bueno comunicarse a través de lechuzas todo el tiempo, el brindo algo mejor a sus padres, un teléfono móvil a cada uno, así podría llamarles siempre, les enseño las funciones básicas, todo lo necesario para poder comunicarse. Platicaron, se aseguraron de la decisión y después de almorzar se marcharon, ahí estaba Draco, en aquel lugar solo, y tranquilo de no tener que encontrarse con algún Weasley que le recordara a ella.

Por otra parte, Ginny volvió a la madriguera, ella igual tenía mucha curiosidad sobre el mundo muggle, y siempre preguntaba a Hermione como era, Harry pocas veces la visitaba, había escuchado de Ron que su novio había conseguido trabajo como profesor en una primaria, que después de unos cuantos hechizos traviesos pudo conseguir el puesto, muchos habían abandonado su decisión de seguir en el mundo mágico, quizás en algún otro momento iban a volver.

Todos los días, antes de dormir, se sentaba a la ventana y miraba a lo lejos la oscuridad, se sentía mal, podía recordar perfectamente el como la miraban aquellos ojos grisáceos, suplicándole piedad, destruyéndose, ¿Porque le había dado aquella sensación?, no era normal en aquel rubio aparentar tal mirada. Escribió una carta que mando a la mansión Malfoy, pero nunca tuvo respuesta y todas las que mandaba eran regresadas, había perdido las esperanzas de tener un perdón, y ahora, estaba cansada de seguir ahí.

Unos meses más tarde tomo la iniciativa de convencer a Hermione de vivir con ella, pero había un problema; diferencia de la primera que tuvo una vida muggle, y además una educación, ella solo conocía el mundo mágico y apenas sabía unas cuantas cosas de la educación muggle y ningún papel que le avalara. No era como Draco, él tuvo tutores de renombre, ella solo aprendía lo que su padre le enseñaba del ministerio, sabía que no sería fácil, pero pronto pudo conseguir un trabajo como camarera y estudiar en una escuela abierta para terminar rápido y conseguir un mejor trabajo.

Ron pudo conseguir un trabajo en el ministerio de magia junto con su novia Hermione, y volver a casa de esta después del trabajo.

Paso aproximadamente un año, el trio junto con cierto rubio, tenían en promedio 19 años, mientras que Ginny apenas sus 18, era feliz por que pudo terminar con su amor el último grado, los habían unido para que terminaran en tiempo.

Casi era del diario ver a su novio ahora que vivía en Londres, siempre lo acompañaba a lugares después del trabajo.

Una tarde, este le invito al cine y hasta las entradas compro, espero por largo rato, faltaban pocos minutos para la película y el nunca apareció, aun así se quedó sentada frente al cine mientras esperaba a que apareciera, paso la hora de la película, no tenía forma de comunicarse con él, y aunque lo esperara toda la noche él no iba a aparecer, pues se encontraba en casa de alguien más, divirtiéndose con la misma que le "ayudo cuando se desmayó", Ginny era estúpidamente sumisa ante él, estaba tan cegada por ese amor que lo perdonaría aun si no llegara.

Las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, su cabello rojizo caía por los costados pues estaba inclinada ligeramente hacia adelante, pero entonces pudo ver unos zapatos negros plantarse frente a ella, llena de ilusión de que su amado Harry apareciera levanto la mirada, pero sus ojos se toparon con unas grises, no era Harry, no era nadie que se esperara, era Draco, a quien antes abofeteo e insulto.

– ¿Te planto? - pregunto enseguida para sentarse alado de ella y recargarse en la pared mientras daba un suspiro, no iba a hablar sobre el pleito así que solo cogió las entradas de las manos de la chica, la película seguro ya hasta había terminado, el como buen caballero, solo sonrió y se levantó extendiendo una mano a la de ella.

– Ya estás aquí, veamos una película - la invito con total sinceridad, aunque por dentro algo se le revolvía, huyó del mundo mágico para no verla, y se la encontró donde menos espero. La pelirroja asintió para estirar su mano a la de él y tomarla para levantarse y entonces caminar a la taquilla donde compro unos boletos más, una de comedia para que ella olvidara sus problemas por un rato.

Aún tenían unos minutos así que sin decir nada la llevo hasta la dulcería.

- Draco... Lo lamento... Ese día... Solo estaba asustada...- murmuro mientras caminaba detrás de él apretando la cinta de su bolso, el solo freno y suspiro, sabía que ella no había dicho eso de corazón.

– Esta bien, lo he olvidado... ahora, compremos. - después de la cola pidió dos palomitas grandes, bebidas y golosinas, estaba muy actualizado ahora así que pago con tarjeta. Camino alado de ella hasta la sala y se sentó a su lado, no hablaban mucho, no eran los mejores amigos y aun así el rubio podía ver que ella estaba triste así que tendió el celular a la chica.

– Llama - sonrió y ella correspondió la sonrisa pero negó con la cabeza apenas mientras sus mejillas se coloreaban lentamente.

– No... No sé hacerlo... Harry tiene una parecido, pero... Me dice que solo es del trabajo - Draco sabía que no era así, pero no dijo nada solo se volvió a la película tomando de su bebida y comiendo palomitas, en sí, sentía mucha rabia y coraje, porque creía saber, donde estaba el azabache, sin embargo, le agradecía, porque era como si el destino le llevara a ella, un año entero sin escuchar de ella y solo salió temprano del trabajo, decidió ver una película, , cuando menos lo esperaba, ahí estaba ella, llorando en el suelo, sufriendo por aquel hombre al cual ahora empezaba a odiar por hacerla llorar.

Mientras tanto, fuera de las salas, llego una chica bastante atractiva, miraba a todos lados como buscando a alguien, era Pansy, buscaba a Draco, miro su móvil, se notaba desanimada y cansada, solo había un mensaje "Salí temprano, iré a ver una película" no la había invitado pero ella creía que si, al parecer, solo se había ilusionado.

/Gracias por leer y no olviden comentar, eso me anima a seguir