Capítulo 7. Juegos de azar
Se ahogaba, sentía que algo apretaba su garganta con tanta fiereza que no le dejaba respirar, apenas cerró la puerta tras él, algunas lágrimas empezaron a escurrir por sus pálidas mejillas, caían pesadas aun cuando intentaba con todas sus fuerzas detenerlas, recobro las fuerzas que perdió en su intento de huir de ella, sin embargo, le deprimió más que ella no saliera por él.
Se giró de nuevo hacía la puerta, estaba decidido a abrirla pero justo cuando iba a tomar el pomo, cerro sus dedos formando en un puño su mano, ya era suficiente, había dejado su orgullo por ella demasiadas veces, él no era así, él era un Malfoy… alguien sobre todo, y todos.
Respiro profundo para congelar aquel corazón que cada vez se hacía más débil, volviendo a girar sobre sus talones para caminar hacía su auto, estaba demasiado ido como para pensar en otra cosa que no fuera en Ginny casándose con tal patán. Una vez en su auto empezó a conducir, las lágrimas volvieron a caer esta vez más fuerte, estaba en aquel auto, donde nadie podría verlo y señalarlo así que se daría el lujo de llorar cuanto quisiera, apretaba el volante entre sus manos y de momentos le daba uno que otro golpe con la palma de su mano. De su boca se escapó un quejido sonoro, hasta un poco de saliva salto por su comisura por soportar aquel llanto, y apenas llego a un semáforo en rojo, se inclinó sobre el volante apoyando su frente en esta, los espasmos de su llanto eran bastante notables, sus orejas estaban coloradas por el esfuerzo, al igual que el resto de su rostro, sentía que no podría con lo que venía, el dolor era tan agudo y taladrante en su pecho, un tipo de dolor que nadie debía ser capaz de soportar sin derrumbarse, justo como él lo hacía ahora, solo había una solución, una que seguro cambiaría el rumbo de la historia.
No supo cuánto tiempo se quedó de aquella manera, pero volvió en si al oír el claxon de un auto tras él. Entonces pudo reincorporarse y siguió su camino, de forma casi inconsciente condujo al edificio donde vivía su amiga Pansy, era la única a quien podía acudir. Se estaciono en el aparcadero del edificio y se bajó para ir directo a su departamento, pero aun así se detuvo al llegar a la puerta, estaba siendo tan egoísta, pues él no era tonto, conocía los sentimientos de aquella mujer, pero ahora, en verdad, en verdad necesitaba a alguien, su casa estaba muy lejos, y no podría hablar de su problema, así que al final se decidió por llamar a aquella puerta, lo hizo varias veces hasta que una azabache abrió sorprendiéndose por la presencia del rubio.
- Ginny… Ella se va a casar… - hablo como un niño desconsolado, incluso antes de que ella pudiera decir algo, él la abrazo rodeándole la cintura con los brazos, recargando su mentón en su hombro mientras escondía el rostro entre su cuello, humedeciendo su piel de lágrimas. Los brazos de la azabache rodearon al desconsolado rubio acariciando y palmeando su espalda con cuidado, ella entendía totalmente como se sentía aquel hombre, tenía fuertes sentimientos hacía el desde mucho tiempo atrás, verlo llorar por una mujer que no lo apreciaba, era algo demasiado doloroso para ella, así que sus lágrimas cayeron silenciosamente por sus mejillas, intentando consolar a su querido amigo.
Pasaron largos minutos de esa forma, hasta que el decidió soltarla y entrar a aquel departamento, lo dejo sentado en su sofá para poder ir por algo que el necesitaba en ese momento, una fuente de desahogo. Sacó una botella de vino tinto, cogió una copa, y volvió hacía el para sentarse a su lado, solo pudo sonreírle, ella tampoco sabía que decir en aquella situación, solo quería demostrar que siempre estaría con él.
Abrió la botella de vino para así servirle al otro, sin embargo, no cogió la copa con vino, cogió la botella para empinarla sobre sus labios, dio largos tragos, Pansy solo sonrió de forma comprensiva bebiendo la copa que había quedado en su mano, no sabía de qué manera apoyarlo, sabía que esa chica pelirroja no dejaría a su ahora prometido por nada, así que podía decir "Ella se dará cuenta" cuando ni siquiera era una opción en la vida de aquella chica.
Bebieron sin hablar, ella tardo horas con esa misma copa, en lo que él se acababa el resto de la botella, hasta que escucho el golpe seco den cristal contra su alfombra, le sorprendió que no se rompiera, pero cuando se dio cuenta el rubio no le quitaba aquella mirada tan pesada de ella.
- ¿Qué sucede Draco? – preguntó con preocupación de que se fuera a enfermar o quizás una congestión alcohólica, nunca lo había visto beber así que no se le hacía raro que una botella de vino le causara estragos.
- Cuando ella se case… tú y yo... - se quedó callado, no era capaz de pronunciar las palabras de forma fluida y su voz sonaba un poco gangosa. Subió sus manos al rostro de ella para sujetarla con fuerza y esta no apartara la mirada como normalmente hacía – Tú y yo… nos casaremos… pero… promete… que usaras el obliviate… - suplicó con el corazón en la mano, quería olvidar a esa chica, quería olvidar todo lo que le hizo sufrir.
Pansy se quedó totalmente en silencio al oírlo, por un momento, parte de lo que él dijo, era su mayor deseo, aun cuando pensaba que el deseo de Draco por olvidar todo, era lo más factible, resultaba cruel para ella estar con alguien que en su subconsciente estaría amando a otra. Aun así, solo asintió, estaba borracho, no esperaba que recordara, además lo conocía muy bien, estaba segura que él no era tan cobarde como para huir de esa forma.
Sorpresivamente él se acercó aún más al rostro de la chica, a la cual le empezaba a saltar el corazón como si hubiera corrido una maratón, apretó el short de su pijama, se sentía cada vez más nerviosa, hasta que sintió la respiración del rubio tan cerca a ella que tuvo que cerrar los ojos para no huir, cosa que deseaba.
- Eres todo para mí… Ginny – entonces mientras aquellos ojos grises dejaban caer lágrimas, unió sus labios a los de su amiga, la cual al oír eso no pudo contener las lágrimas, sin embargo no se apartó ni correspondió, las lágrimas resbalaron lentamente hasta que se unieron por debajo de su mentón, poco a poco sintió como el otro dejaba de apretarla hasta que termino cayendo sobre su regazo. Ella se quedó unos segundos con los ojos cerrados antes de proceder a abrirlos, sus ojos estaban levemente rojos por el llanto, pero no iba a reprochar nada, solo suspiro profundamente y empezó a acariciar el cabello de su amigo, por un momento pensó en hacerle el hechizo, pero prefería dejarlo luchar hasta que Ginny diera el sí en el altar, hasta que ella no se casara, el seguiría teniendo esperanzas.
- Descansa… - se levantó con cuidado, para poder recostarlo mejor en el sofá, le quito los zapatos y tan solo le aflojo el cinturón para que no durmiera incomodo, fue por una manta para cubrirlo y sin más se fue a su propia habitación donde pudo dormir, claro, algo que no consiguió fácilmente, Draco la había besado… aunque fuera creyendo que era otra.
Eran aproximadamente las 9:30 am cuando el sonido de su móvil le hizo despertar con un severo dolor de cabeza, se trataba de un mensaje que había sido mandado por quien menos espero, era de Ginny, que decía que dejo unas llaves en aquella casa.
-Draco, buen día, te preparé sopa – habló la azabache al notar que otro ya estaba sentado en su sofá. Le sirvió y se acercó para darle el plato junto con unas aspirinas para que el dolor de cabeza se le pasara rápidamente- Vas tarde a tu trabajo
- Lo sé – respondió este un tanto pensativo mientras cogía las pastillas y las tomaba con el café que esta le dio, le dolía mucho pero debía ir a trabajar – Anoche… olvídalo... es imposible – sonrió negando acomodándose en el lugar para empezar a comer la sopa, hasta que de nuevo un mensaje llego a su móvil, lo reviso, era de la misma chica, pedía la dirección de su casa o un lugar donde llevarle las llaves, era muy extraña su insistencia.
- Me tengo que ir… gracias por la sopa – Le palmeo la cabeza un par de veces antes de levantarse cogiendo sus cosas y salir de aquella casa, se sentía mejor y algo nervioso, que ella le citara era demasiado extraño.
Llego a su auto donde tenía un poco de dentífrico que uso para quitarse el aliento a alcohol, un poco de desodorante y algo de perfume, ya luego se bañaría en casa. Envió la dirección a la pelirroja, era específicamente el restaurante donde muchas veces quiso llevarla.
Llegó al local, donde después de estacionarse y bajarse del auto, acudió, estaba emocionado, sentía ese rayo de esperanza, pidió la mesa donde fue guiado por el hosts. Una vez ahí solo espero tranquilamente bebiendo de vez en vez el agua, ya no se sentía con resaca, se sentía vitalizado, con tanta energía, pero entonces todo volvió a derrumbarse cuando vio entrar a la pelirroja acompañada de su prometido.
Se quedó totalmente estático al verlos llegar y aproximarse a este, solo trago pesado para ponerse rápidamente de pie, al final, él era cortes, no debía demostrar su dolor aunque fuera lo último que hiciera. – Bien, ¿Me entregas mis llaves? - pidió con el afán de irse rápido y no seguir torturándose como hasta ahora.
- Malfoy, vamos, no solo venimos a eso, te tenemos una propuesta – interfirió el azabache sentándose, dejando que el que los atendía halara de la silla donde se sentaría la pelirroja, Draco no tuvo de otra más que volver a sentarse, concentrándose para no demostrar debilidad.
- Bueno… que sea breve, debo ir al trabajo – evitaba a toda costa la mirada de la pelirroja, a eso no podría seguir fuerte, ante eso seguro se derrumbaría, cosa que no quería. Sujeto el vaso con agua bebiendo todo su contenido ante los nervios, pero entonces la melodiosa voz de esa chica le hizo perderse por un momento, aun así, lo que pidió, dolió como mil espinas clavadas en su cuerpo.
- Se nuestro padrino, Harry me dijo que sales con Pansy, podrían ser padrinos, ¿Qué dices? – le cogió la mano al rubio mientras ladeaba un poco la cabeza, no tenía la menor idea de los sentimientos de este, puesto que vivía con los ojos vendados, era ingenua, tanto que rayaba a lo estúpido.
- ¿Salir con Pansy?... – se quedó un momento sorprendido, nunca había escuchado ese rumor, pero no había escapatoria, no podía negarse, además, si estaba cerca, quizás, aun tendría esperanzas para actuar – Vale… seré padrino… pero... Ella solo es mi amiga.
Hablaron un rato, ordenaron algo de pasta, por su parte, Harry ordeno carne y ella al igual que el rubio pasta, solo que de diferente estilo.
- Ahora vuelvo – ella se levantó con cuidado de su asiento, llevaba un bello vestido de estampados de flores, ligero, de tirantes y con algo de vuelo, además de su cabello suelto y solo un broche que le hacía resaltar su belleza pura, una vez que ella se marchó el siguió comiendo hasta que la risa sarcástica de Potter le hizo levantar la mirada.
- No importa cuánto te esfuerces Draco, sabes que tú siempre serás el segundo lugar, nunca me superaste, ni siquiera en Hogwarts, así que no esperes ganarme en esto – habló de forma cruel, estaba borracho aquella noche, pero no estaba inconsciente, había podido escuchar todo lo que el otro le dijo – Ella está enamorada de mi… aunque la deje, siempre me seguirá como oveja a su pastor, la puedo tirar y recogerla cuando se me dé la gana… así que no pierdas el tiempo, ahora será mi esposa – Soltó una risa para darle un sorbo al vino, el rubio lo miraba con ira, pero se controlaba a pesar de desear golpearlo hasta asesinarlo con sus propias manos – Solo basta hablarle bonito, para que olvide todo, y tú, ni con todo ese esfuerzo logras que ella te prefiera… Es mi tonta, así que búscate a la tuya
- Ella… se va a dar cuenta… tarde o temprano – fue lo que respondió algo quedo por que aquella chica ya caminaba hacia ellos. Termino de comer y dejo en efectivo el pago de lo que había consumido – Me debo retirar – sonrió a la pelirroja de esa forma encantadora tan propia de él – Cuídate… - sin más dirigió la mirada hacía el azabache sonriendo de su forma elegante, de esa forma alzada que lo caracteriza como un Malfoy – Esto no es una competencia, así que deja de verla como un trofeo al que ganar, no es un objeto para tu colección Potter – le guiño.
- ¿Qué paso? – pregunto ella con confusión al oír aquellas palabras, pero su curiosidad desapareció cuando su prometido le sonrió y negó acariciándole una mejilla, ella solo asintió para seguir comiendo.
Se acomodaba el traje al tiempo que caminaba fuera del local hacía su auto, las palabras de ese hombre le habían herido, porque ahora sabía que no sentía ni el más mínimo cariño hacía Ginny, cosa que le inspiraba a seguir peleando por ella.
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