Capítulo 10. Cuento de hadas
Todo lo que quedaba era un cuarto gigante, lleno de cuadros con pinturas que ella había hecho, todo y cada uno de ellos reflejando cada recuerdo, todo destruyendo sus sueños.
En ellas se notaba a un chico de cabellos azabaches, de anteojos redondos, y a una chica de rasgos asiáticos y cabello negro, se notaban felices, siendo una pareja que cualquiera envidiaría.
Durante esos cinco años que pasaron, Ginny pintó cientos de cuadros, ahogándose en su tristeza, encerrada en su habitación, pues al momento de la separación volvió a la madriguera. Había perdido tanto peso que ya no se notaba su apariencia total, quería morirse, desaparecer, sentía que su vida ya no tenía existencia alguna y ese día, ya no pudo soportarlo más.
Rodeaba de todas esas pinturas que reflejaban a Harry y a su amante Cho, sintiendo un abismo profundo que ya la había consumido, quiso destruirlo todo para ser feliz pero se terminó destruyendo ella.
Se escuchaban los gritos a través de su puerta, la había sellado con un potente hechizo para que nadie entrara.
Sentada en el suelo, con las piernas en w y los brazos colgados a sus costados, a su alrededor había un gran charco de sangre que producía su brazo izquierdo, en su mano derecha sostenía un vaso roto de cristal, en ese momento se había roto totalmente, su última obra había sido terminada, pero este mostraba a una pareja diferente, era un chico rubio a lado de una morena, ambos sonriendo, ambos siendo felices, sujetos de la mano, despreocupados de la vida.
¿Cuál había sido su propósito desde un principio?... ¿Solo eran palabras vacías?... si, las palabras se las lleva el viento, el papel se vuelve cenizas, todo había sido una vil mentira y ella había vuelto a cometer un error, tropezó la misma piedra dos veces, se ahogó en sus ilusiones.
Las lágrimas caían por sus mejillas, tan pesadas, y tan profundas, quizás aún más que la primera vez.
-Flash Back-
Al fin llegaron a Noruega, pudieron haberse ido a Hawái, o alguno de esos lugares donde suelen ir los recién casados, pero no, ella quería ir a ese país por el hecho de que había mucha naturaleza, altas montañas, todo tan verde que le recordaba a casa en primavera, y también podrían ver dragones, lo que le agradaba, sin embargo hubo un gran problema, Harry había preferido ir a un hotel de lujo en la ciudad de Bergen, que ir a una cabaña en medio del bosque, perdía sentido pues no era lo que ella deseaba, pero aun así parecía interesante, no estaba tan mal puesto que ahora ella estaba con su esposo.
Cuando llegaron al hotel, ella vestía un hermoso vestido negro un poco pegado, con tirantes finos y un ligero escote por el pecho, no era de usar ese tipo de ropa, pero por esta ocasión lo hizo, se vistió como otros le dijeron con tal de gustarle más a Harry, con tal de que fueran más unidos.
Después de tomar la cena en el bufet del hotel, subieron a su habitación, ella no podía negar que estaba muy nerviosa, pues era obvio lo que sucedería esa noche, aunque la idea de que tuvieran que seguir un protocolo era hasta cierta forma muy molesto, como si la sociedad demandara que debían tener relaciones horas después de la boda, no tendría problemas si lo hubieran hecho antes, pero la cosa era que nunca había visto a Harry desnudo, ni el a ella, solo con una persona había terminado exhibida, y era con Draco Malfoy.
A penas llegaron a la habitación ella corrió a su baño, estando ahí se desnudó para meterse a la ducha, debía bañarse antes de que tuvieran algo, pero estaba demasiado nerviosa, ansiosa y temerosa de lo que fuera a pasar. Por su parte Harry solo se quitó la ropa quedando en bóxer, no era para nada romántico, pero iba intentar serlo, tenía mucho que ocultar.
Iba a entrar al baño cuando escuchó que sonó su móvil, perdió todo interés en su esposa que se encontraba arreglándose para él, enseguida cogió el móvil para salir al balcón, cerro la ventana corrediza tras el para poder responder a la llamada tranquilamente.
- ¿Llegaste? – preguntó con su voz tan varonil de siempre. Había mucho frió pero no podía entrar y arriesgarse a que Ginny lo escuchara. Después de recibir una respuesta positiva de parte del emisor, una sonrisa se formó en su rostro, una llena de perversión a la vez de crueldad – Estamos en el Quality Hotel Edvard Grieg, tienes una de mis tarjetas, dala, luego pasare a firmar – sin más colgó la llamada, pero justo cuando iba a entrar, un mensaje llegó al mismo.
"Tengo celos de ella"
Una sonrisa de nuevo se formó en aquellos delgados labios, se sentía realmente alzado, tener dos mujeres a sus pies, usarlas como quería, eso era lo mejor, a cada una le decía lo que quería escuchar y así podría mantenerlas contentas.
"Pensaré en ti cuando la toque, lo hago por que debo, pero tú eres lo que deseo ahora"
Aquella respuesta tenía mucha verdad, si no había tomado aún a Ginny es porque no le atraía de forma sexual, se le hacía demasiado puritana como para tener algo con ella, a diferencia de Cho, que demostraba ser una mujer cada que se veían, sin necesidad de que le tocara le hacía sentir la excitación, estaba seguro de que terminaría pensando en aquella asiática, porque no podría decir que Ginny fuera a excitarlo.
Entró de nuevo a la habitación, apagó el móvil para dejarlo sobre el buró, así no los molestarían ahora que necesitaba concentrarse; de nuevo regresó a la cama acomodándose, fue entonces que la puerta del baño se abrió.
- Harry… no mires, en verdad me da vergüenza – exclamó la pelirroja asomando solo su cabeza a través de lo que había abierto.
- Ven amor, eres preciosa como sea – todo para que se apurara de una maldita vez y terminara con eso, quería ir a ver a la mujer que de verdad le satisficiera.
- Bien… - suspiro para darse confianza, enseguida salió mostrando su cuerpo semi desnudo, solo llevaba encima la típica lencería blanca que usaban las mujeres, su cuerpo delineado, su piel pálida y blanca, su cabello aun húmedo pero peinado cayendo por sus hombros, un maquillaje muy natural pero que resaltaba un poco sus facciones, era muy hermosa, pero lo que daba por sentado todo, era esa mirada llena de desconfianza, inocencia, no tenía idea de lo que iba a pasar, tenía tanto miedo, pero era hora, sabía que Harry la cuidaría.
- Tan hermosa… - él se levantó de donde estaba para acercarse a ella a paso lento.
La pelirroja se quedó mirando a los ojos de su ya esposo, se sentía profundamente feliz, nadie podría sacarla de ese momento, estaba tan enamorada de él, o al menos, eso creía, por que al momento que el la tomó entre sus brazos, llevando una mano a su nuca y la otra a su cintura, no pudo evitar recordar cuando Draco la tomó de la misma manera, hasta se puso bastante nerviosa con el hecho de que viniera a su mente aquel recuerdo, se suponía debía olvidarlo totalmente, debía borrarlo de su memoria, estaba mal. Apretó los labios cuando Harry intento besarla cosa que hizo que el la soltada, como si se diera cuenta de aquel rechazo.
- Tranquila… - murmuró a su oído antes de volver a sus labios y empezar a besarla de una forma que nunca antes hizo.
Intentó seguir los besos del azabache, pero estos eran demasiado intensos, nunca la había besado así, no era tierno, parecía el beso de un pervertido cualquiera. Con sus manos apretó los hombros de este, se suponía debía ser lindo pero no lo estaba siendo. Se apartó de sus labios y bajo por el cuello de esta, sentía que se le revolvía el estómago, ¿Estaba bien eso?, no era lindo, no era como lo que sintió cuando el rubio la beso.
Poco a poco las caricias de Harry iban subiendo de tono, hasta el punto en que ambos se encontraban en la cama desnudos, no iba a negarlo, le causaba ciertas sensaciones en el cuerpo, pero era normal, es una humana la cual tiene esos mismas sensaciones, pero no podía negar que le hacía sentir repulsión, como si se avergonzara de lo que estaba haciendo, sentía como si estuviera haciendo algo malo, como si estuviera engañando a alguien.
Cuando al final tomó su virginidad ella se quejó, le había las timado tanto, le había dolido, cosa que no se esperó, él había sido demasiado cruel, rápido y hasta brusco, ya no deseaba seguir una vez que pudo ver hasta sangre en las sabanas, pero tampoco sabía si era correcto rechazar a su esposo de esa manera, por lo que siguió dejando que la usara hasta que termino, lo que se le hizo extraño, fue que usara un condón, era demasiado inexperta en esas cosas, pero ella realmente creía que las parejas casadas no lo usaban.
Apenas todo terminó, tiró de las sabanas para cubrir su desnudes, de reojo miraba a su esposo, el cual solo se acomodó para dormir dándole la espalda, apretó los labios mientras se acomodaba dándole la espalda también, ¿Qué estaba pasando con ella?... sentía como si hubieran abusado sexualmente de ella, pero sabía que no era así, apretó los ojos mientras las lágrimas se filtraban por sus parpados, no hizo ningún ruido, no quería preocuparlo, así que apuró a ponerse de pie envuelta en las sabanas para ir directo al baño.
Ahí se bañó de nuevo, pero, como esas sabanas resultaron manchadas, se ocupó de lavarlas en la enorme tina, le dolía el cuerpo, de forma más específica, le dolía en la zona donde su esposo había irrumpido tan violentamente.
Cuando termino dejo las sabanas por todo el lavabo para que se secara, luego tomo una toalla para salir ella envuelta, así poder dirigirse a su maleta, apenas habían pasado dos horas, ella sintió que paso una eternidad. Se puso su pijama, cogió otras sabanas, y por ultimo volvió a su cama para acostarse a lado de él dándole la espalda como él se la daba.
Se quedó profundamente dormida, no supo cuando durmió exactamente, pero al abrir los ojos alrededor de las 4:30 am, se levantó por las ganas de ir al baño, pero lo que le sorprendió fue que a su lado no estuviera Harry, sin preocuparse se puso de pie, pero cuando fue al baño y entró, se dio cuenta de que él no estaba ahí. Como era urgente, concluyó su necesidad natural y enseguida cogió una de sus batas para dormir, había mucho frio a decir verdad. Empezó a buscar por toda la habitación ya que era muy amplia, sin embargo, no lo encontró; no quiso salir de su habitación para ir por él, el hotel era muy grande y no se quería perder así que volvió a la cama, por un momento cogió su móvil para mirarlo, no había ninguna llamada, realmente estaba esperando hablar con su amigo, pero temía que estuviera molesto por lo que paso. Suspiro un poco y volvió a acomodarse para dormir.
Volvió a despertarse a las 10:00 am, estaba cansada por lo que había pasado aquella noche, por eso era normal que se despertara tan tarde. Se dio un baño sin mojar su cabello, cepillo sus dientes y vistió, Harry seguía sin aparecer pero a esa hora creía que estaría en el bufet desayunando.
Al terminar de arreglarse, salió por la habitación, no necesitaba cargar una llave pues les daban un código, así que no había necesidad de eso. Bajo hasta donde estaba el restaurant, más no lo vio, solo se aproximó a una mesa con tal de esperar a que apareciera, pero no lo hizo, no podía negar que estaba preocupada, así que se decidió a marcarle, fue entonces que escucho el ringtone que él tenía a lo lejos, se levantó y camino entre las mesas para dirigirse al sonido, pero cuando estaba a unos metros pudo verlo, más no solo, se dio cuenta como este miraba el celular y cortaba la llamada en vez de responderla.
El… no estaba solo, estaba sentado frente a una chica, y no era cualquiera, era ni más, ni menos, que Cho Chang… ¿Qué hacía ella allí?, ¿Por qué estaba con su esposo?, ahora… todos y cada una de las palabras que Draco le menciono empezaron a retumbar en su cabeza.
- Harry…
/Gracias por todos sus comentarios hasta ahora, y seguir tan cariñosamente a esta historia.
