Me demoré un poco, pero acá va! Espero que lo disfruten tanto como yo lo hice escribiéndolo.

Dejen reviews para ver qué tanto les gusta o no les gusta y para saber que no le escribo al aire! Muchas gracias a todas por dedicar unos minutos de su tiempo en leer este capítulo.


Capítulo 3

Aclaremos algunas cosas

- Al fin te encuentro!- saludó emocionado el recién llegado.

Kagome sintió un peso en su estómago que intentó disimular de la mejor forma posible aunque la fuerza que InuYasha estaba aplicando en su cintura no la ayudaba. Ella sabía que se había dado cuenta que ese hombre era el sujeto con quien se había visto "involucrada", de otra forma ¿por qué estaría tan furioso? No se le ocurría cómo lo pudo haber descubierto, pero tenía claro que debía llevárselo de allí lo antes posible.

- ¡Michael! ¿Qué haces por acá?- preguntó sabiendo la respuesta. El chico había estado buscándola desde hace semanas y ella había encontrado distintas formas de evitarlo, hasta ahora.

- Pensé en ir a tu casa para invitarte al cine, pero veo que estás acompañada…- dijo con un marcado acento.

Miró a InuYasha con una ceja alzada al ver como éste tenía a la chica fuertemente tomada por la cintura.

Michael Wells ingresó al mismo curso de Kagome en el instituto hace dos años. Él llegó desde Inglaterra junto a su familia por temas de trabajo y a causa del idioma le costaba comunicarse con el resto de las personas, por lo que Kagome no pudo evitar querer ayudarlo a integrarse a ese nuevo y desconocido país. Al pasar del tiempo se hicieron muy amigos y fue un verdadero apoyo para ella a pesar de que en mucho tiempo no compartían más que cosas de clases.

- Oh! Disculpa por no presentarlos correctamente- sonrió forzosa, ya que sabía que en cualquier momento su acompañante se tiraría contra el humano.- Él es InuYasha- señaló colocando su mano en el pecho del hanyou- InuYasha él es Michael Wells… un amigo.

- Oh! – exclamó el extranjero.

InuYasha notó como se borraba la ya fingida sonrisa de la cara del humano dando paso a una expresión de total desagrado al saber quién era él. Arrugó el ceño alzando el rostro arrogante, no dejaría que lo intimidara de ninguna forma.

- Un gusto InuYasha- saludó Michael recuperando la sonrisa. Alzó su mano para que se la estrechara- Me alegra por fin conocerte.

InuYasha gruñó fijando su mirada en él mientras hacía tronar sus garras sin disimulo. Kagome lo miró alterada, ¡en cualquier momento se lanzaría a matarlo!

- Este tipo… ¿está gruñendo?- preguntó confundido Michael bajando el brazo que no había recibido respuesta.

- Ehh…- dudó Kagome ante la evidente actitud del hanyou- Bueno Michael, lo siento, pero nos tenemos que ir.- resolvió ignorando la pregunta.

Dio unas palmadas en el pecho del hanyou para que este reaccionara y dejara esos instintos asesinos de lado.

- C-claro Kagome- respondió Michael aún sin entender lo raro del acompañante de la chica- Pero realmente quiero salir contigo, ¡nos divertimos tanto juntos!- terminó de forma sugerente.

- Michael…- dijo angustiada la chica lanzando un rápido vistazo a InuYasha- realmente lo pasé bien contigo, pero desde nuestra última conversación… creo que las cosas quedaron claras…

- ¡Oh! ¡Kagome!- sonrió con más ganas Michael acercándose a ella.- Quedó muy claro, pero no tiene nada de malo que nos divirtamos! Además… prometí no dejarte sola y no lo haré- dijo mirando de reojo al hanyou- ya sabes que no soy de esa clase de tipos…

- ¿Quién te crees para venir a…?- exclamó InuYasha furioso dando un paso al frente.

- ¿Me vas a decir que no abandonaste a Kagome?- gritó Michael furioso.

Kagome quedó impactada. Jamás había visto a su amigo de esa forma, ni siquiera la última vez que se vieron cuando luego de la insistencia agobiante de que estuviera con él, ella le dijera que jamás podría funcionar porque estaba enamorada de InuYasha y le diera una bofetada cuando él intentó besarla a la fuerza, incluso en ese instante de humillación él solo bajó la cabeza y se marchó. Luego intentó comunicarse con ella de forma constante, pero ya había quedado claro que entre ellos nada volvería a ser lo de antes.

- Tú no tienes idea de lo que pasamos- le gruñó InuYasha apretando los dientes con furia.

No se había atrevido a más porque realmente le había dolido lo dicho por el humano. De cierta forma sentía que la había abandonado. La había dejado con su familia, con personas que la amaban y la necesitaban quizás tanto como él, pero a final de cuentas, la había dejado. Tenía claro que el hecho de que el pozo se cerrara no había sido obra suya, pero tampoco hizo nada para impedirlo. Luego solo se dedicó a ayudar en la aldea y ocasionalmente a viajes en busca de algo… algo que quizás podría traerla de vuelta, pero nada había servido.

- Solo sé que ella estaba destrozada- gritó Michael acercándose a InuYasha- ¿Por qué no desapareces de una vez por todas y me dejas sanarla? Lo puedo hacer!

- No puedes idiota!- respondió más alterado InuYasha- ¡Tú no puede hacer nada por Kagome! ¡Yo puedo! ¡Solo yo! ¡Eres solo una molestia!

- ¡No la mereces!- espetó el humano fuera de control- ¡Ella es mía!

- JAMÁS SERÁ TUYA- rugió InuYasha lanzándose contra su nuevo enemigo.

- InuYasha!- lo interrumpió Kagome poniéndose entre ambos.

InuYasha tuvo que desviar su golpe para no darle a ella. La miró furioso ¿lo defendería a él? Siempre era lo mismo, con Koga siempre estaba de su lado sin importar si el lobo se sobrepasaba o no. Estuvo a punto de reclamarle cuando Kagome se giró enfrentando a su oponente.

- ¡Michael no soy una cosa para que creas que tienes posesión de mi! – le gritó alterada con las mejilla alborotadas- ¡Pero sobretodo no tienes derecho a hablar así de InuYasha!- exclamó arrebatada- ¡Tú sabes a la perfección la situación por lo que no entiendo por qué dices tales cosas!

- Éste tipo te abandonó y ahora aparece como si nada!- dijo alterado Michael- ¡Tú sabes cómo te quiero y que te valoro, por eso no puedo entender que este tipo apareciera de pronto y tú, luego de todo lo que pasaste, lo perdones como si nada! No puedo creer lo ciega que estás- dijo tomándola de los brazos y zamarreándola- Te revuelcas con este idiota como si fuer-

Antes de que pudiese terminar su frase InuYasha lo había tomado por el cuello y golpeado contra la pared.

- ¡InuYasha!- gritó asustada Kagome- ¡Cálmate! ¡Lo puedes matar!

- No vuelvas a tocarla- le dijo acercando su cara a la de él- No vuelvas a acercarte a ella- masculló lentamente el hanyou – Sé quién eres y sé qué pretendes con ella. Que te quede claro que para la próxima vez olvidaré que eres un humano.

Lo soltó provocando que éste cayera con fuerza al piso, desde donde lo miró con furia contenida.

- Vámonos InuYasha- susurró Kagome tomando su mano sin siquiera mirar a Michael.

Estaba tan furioso que tuvo que luchar con su sangre demoniaca que exigía a gritos salir a flote para matar al sujeto. InuYasha se dejó guiar por la chica concentrándose únicamente en autocontrolarse, motivo por el cual no se percató como lo dirigió hasta una plaza cercana y lo hizo sentar en una banca.

Kagome ya con sus nervios controlados, se puso frente a él con las manos en la cintura y tosió con fuerza. El hanyou enfocó su vista en ella dándose cuenta del lugar en donde estaban.

- No puedes alterarte de esa manera- dijo Kagome mirándolo con autoridad- ¡Tienes que controlar tu fuerza! No te das cuenta que pudiste haberlo mata—

¡Pues se lo tendría merecido por como habló de ti!- exclamó interrumpiéndola y poniéndose de pie.- Te dañó Kagome!

Kagome cambió su expresión de enfado y le dirigió una tierna sonrisa. Era un bruto y desconsiderado, pero siempre estaba protegiéndola de todo y de todos. Saltó con energía y se colgó al cuello de su acompañante.

- ¡Ey! K-kagome, ¿qué haces?- exclamó sonrojado InuYasha al ser tomado por sorpresa de esta forma. La ira desapareció tan rápido como había nacido.

- Me encanta que me cuides- respondió ella con una sonrisa acercando su boca a la de él- Y que te pongas celoso…

Antes de que InuYasha pudiese responder, Kagome le dio un corto beso en los labios sin sacar la sonrisa de su rostro. Se veía realmente contenta a pesar del mal rato recién vivido y es que era la primera vez que InuYasha era tan expresivo con lo que sentía. Estaba triste por la reacción de Michael, pero ella siempre fue clara con él y con sus sentimientos, pensando que él comprendió finalmente que ella ya había entregado su corazón hace años, pero luego de este encuentro tenía claro que ya no podía permitir que Michael permaneciera en su vida.

- Yo no estaba celoso- dijo InuYasha mirando a un costado- Solo me desagradan los sujetos arrogantes e insolentes como él. Y además se atrevió a hacerte daño!

- No me dolió- susurró Kagome sin separarse de él.

- Pero no puedo permitir que te traten de ese modo- continuó InuYasha mirando a un costado de nuevo molesto.

Kagome sólo le sonrió sabiendo que él jamás admitiría la verdad. Le dio otro beso corto en los labios y lo instó a seguirla tomándolo de la mano.

- Vamos, que el maestro Akira ya me debe estar esperando.

Dio unos pasos cuando InuYasha la detuvo dándole un suave tirón. Kagome se giró para preguntar qué sucedía cuando sintió unos labios sobre los suyos. InuYasha comenzó a besarla suavemente y ella no le hizo el camino difícil. Alzó los brazos hacia el cuello del hanyou para profundizar el beso y se sujetó con fuerza de él, apegando sus cuerpos. InuYasha la abrazó protectoramente con miedo a que sus colmillos pudiesen dañarla por un descuido ante la electricidad que lo recorría completamente y se alojaba en su bajo vientre, instándolo a tenerla cada vez más cerca. Comenzó a acariciar la espalda de la chica sin que eso le pareciese bastar.

Sin darse cuenta se habían movido unos escasos metros, hasta unos árboles a un costado del parque quedando resguardados por sus troncos. InuYasha comenzó a acariciar la cintura de la chica apretándola con cuidado de no dañarla, mientras ella pasaba sus manos por su pecho. Sin que el hanyou pudiese detenerse a pensar sobre qué estaba haciendo, metió una mano bajo la camisa de la chica en una necesidad incontrolable de sentir su piel. Siguió acariciándole la espalda con miedo a dañarla con sus garras, pero Kagome solo sentía pequeños escalofríos ante el toque delicado del hanyou y su cabeza no estaba muy bien puesta ante el mar de sensaciones en que estaba perdida.

Jamás se había imaginado a ese InuYasha, tal apasionado y delicado a la vez. Sabía que no era un buen lugar para estar besándose de esa forma, pero no podía desaprovechar la oportunidad y realmente, no quería detenerse. Esperó demasiados años para que él expresara sus sentimientos y aunque aún no había dicho nada acerca de ello, al menos su cuerpo estaba hablando.

InuYasha comenzó a sentir una necesidad creciente de sentirla aún más cerca, por lo que atrapó el cuerpo de la mujer con el suyo contra un árbol, pero un suave gemido por parte de la chica lo hizo reaccionar. Se separó con brusquedad respirando entrecortadamente asustado por creer haberla dañado. Sacudió su cabeza intentando despejarse.

- Inu.. Yasha?- susurró Kagome confundida sin moverse de donde la había dejado.

- Disculpa Kagome- dijo con rapidez. Kagome noto el miedo reflejado en los ojos del chico- No… No sé qué me pasó, no.. no quise dañarte.- Parecía suplicarle, rogando porque no lo odiara.

- ¿De qué hablas?- le preguntó aún con la respiración agitada. Estiró su mano para acariciarle el rostro, pero él la esquivó retrocediendo unos pasos sin atreverse a mirarla a los ojos- No me has hecho daño InuYasha…

- Te escuché… - susurró InuYasha avergonzado por sus acciones. Se sentía terrible, había dañado a Kagome por no medir su fuerza, olvidando lo frágil que era al ser humana. Era una bestia estúpida que no tenía control sobre su cuerpo.

- Oh…- exclamó Kagome sonrojándose aún más, bajó la vista mordiéndose el labio nerviosa.- Eso… no fue… no me dañaste InuYasha.

El chico levantó la vista confundido. ¿No la había dañado? Pero escuchó claramente como la chica se quejaba, estaba seguro de no haberlo imaginado. Vio lo sonrojada que ella se encontraba muy contrario a lo molesta que él esperaría.

- Pero… Kagome, te oí- insistió el chico apuntando a sus orejas en una forma de recordarle el hecho de que tenía una audición perfecta.

- Sí… pero InuYasha- susurró la chica acercándose a él tímidamente. Tomó el borde de la camisa del hanyou y empezó a jugar con sus botones.- Eso no fue porque me hayas lastimado.

InuYasha sintió el calor subiendo por su rostro finalmente comprendiendo a qué se refería la miko. Entonces sí gimió, pero no de dolor, sino que de placer. Jamás pensó que podría hacer sentir de esa manera a una mujer,o mejor dicho, jamás pensó que una mujer permitiría que él la tocase de esa forma o, en realidad, de cualquier forma. Pero Kagome siempre había sido la excepción, siempre se había preocupado de él, curando de sus heridas y cuidándolo, incluso la chica lo había mimado llevándole siempre su comida favorita y ahora, le permitía acariciarla sin tapujos, sin rechazarlo, sin menospreciarlo. Se fijó en la chica que esperaba alguna reacción de su parte, y solo pudo sonrojarse más.

- ¿Entiendes lo que pasó, cierto?- preguntó Kagome para asegurarse de que el chico haya captado la indirecta.

- Keh!- exclamó éste aún más sonrojado sin mirarla.

Kagome aún no estaba segura de que el ingenuo de InuYasha supiese sobre este tipo de temas, por lo que no quiso arriesgarse y tomó una decisión temeraria. Dio unos pasos rápidos hacia el chico y lo besó con ímpetu. Sin estar prevenido InuYasha retrocedió unos pasos siendo ahora él quien estaba contra el árbol. Kagome lo empezó a besar de forma apasionada, apretándose contra su cuerpo sin darle respiro. Sintió como los pechos de la chica se contraían contra su propio torso, aumentando la electricidad que se volvía a acumular en su bajo vientre. Luego de unos instantes besándose, Kagome levantó levemente su pierna encajando de mejor forma con el cuerpo del hanyou haciendo que éste soltara un gemido por tal contacto. Kagome se alejó unos centímetros, sonriendo al ver que InuYasha mantenía sus ojos cerrados.

- ¿Ves?- le susurró sonrojada, haciendo que el chico abriese los ojos- no dolió, ¿cierto?

¿Doler? Esa mujer lo había hecho perder la conciencia de la realidad por unos instantes, pero no por dolor precisamente. Sentir su cuerpo y su aroma, ya algo mezclado con el suyo, era lo más maravilloso que había sentido en su vida. Negó con la cabeza sin poder quitarle los ojos de encima.

- Creo que ya entendiste- dijo con prontitud la chica sintiéndose demasiado avergonzada por la mirada intensa que el chico le dirigía.- ¿Vamos?- se separó completamente de él y dio unos pasos alejándose.

- Kagome...- la detuvo nuevamente InuYasha sin quitar su sonrojo. – ¿Por… qué haces esto?

- ¿Hacer qué?- preguntó confundida la chica.

- Esto…- dijo InuYasha moviendo las manos algo alterado.

Kagome lo miró confundida sin comprenderlo, ocasionando que InuYasha solo se molestara más con lo que empezó a escupir lo que decía, sin pensarlo.

- Sé que eres distinta a los demás, pero no sé por qué permites que estemos así- movió las manos intentando similar una cercanía.

- ¿Por qué permito que nos besemos?- interpretó Kagome ceñuda.

- ¡Sí! ¡Eso!- exclamó InuYasha sonrojado.- ¿Acaso entiendes lo que significa que estés conmigo?

- ¿No querías que volviera para estar juntos?- preguntó Kagome dolida.

- Quería tenerte conmigo, pero si estás como… como estamos ahora, ¡te odiarán Kagome!- exclamó InuYasha desesperado.

- Entonces, querías que estuviese en la época antigua, pero ¿con otro como pareja o bien, sola? ¿Realmente lo hubieras permitido InuYasha?

InuYasha cayó en cuenta de que estaba pensando cosas que jamás hubiese dejado que pasaran. Quería a Kagome a su lado, con él, solo con él y que ningún otro estúpido se atreviese siquiera a mirarla.

- Son un hanyou- masculló InuYasha con cara baja, intentado hacerse entender.

- Ay, InuYasha- suspiró Kagome olvidando su molestia momentánea.- ¡Pero si eso es lo que me gusta de ti!

InuYasha levantó el rostro sorprendido, pero pronto una sonrisa cruzó su rostro. Por supuesto, ¿Cómo Kagome podría haber dado otra respuesta?

- Te odiarán Kagome. Lo sabes.- suspiró InuYasha sabiendo que nada cambiaría la opinión de esa mujer tan tozuda.

- Pero, ¿te tendré, cierto?- preguntó Kagome tomándole una mano.

InuYasha dio una media sonrisa dándose por vencido, apretó la mano de la chica con fuerza. Sabía que Kagome era especial y el haber decidido estar con él era el mejor regalo que alguna vez podría haber recibido. No supo por qué la inseguridad se apropió de él en ese momento, siendo que la chica siempre le dejó claro que no le importaba que fuese hanyou, considerando esa caracerística incluso en algo positivo.

En ese momento, tomándola con fuerza de su mano y mirándola a los ojos, juró en hacerla la mujer más feliz de la tierra para agradecerle el permitir estar en su corazón, junto a ella.

- Eres un idiota InuYasha, te mereces muchos Osuwari solo por siquiera pensar tales estupideces- dijo Kagome sacándolo de sus pensamientos.

- Son todo menos estupideces Kagome- respondió el chico aún con su último juramento presente.

Y sin más le beso la frente con ternura.


Perdón por algún problema de redacción por allí, realmente no me quise demorar más en subir y no le dí la revisión que espero siempre.

Tamy: Sí! a mi también me gusta leer las historias que no son UA, por eso tenía esto en mente hace tiempo. Y tu español está muy bien!

Brunita: Gracias, es lo que quiero entregar!

Elena 79: Espero te guste tanto como el anterior capítulo! Y bueno, ahí veremos que tal ese tipejo aparecido jajajajja.

macucainuyasha: Uy! Jamás pensé que podría llegarle a alguien a ese nivel con mis escritos. Realmente me halagas!

serena tsukino chiba: Jajjaja sí! vamos demostrando que tanto han madurado estos dos!

Gracias a todas!