Perdón la demora! Aquí va el 8vo capítulo ¡Dejen Reviews!
No las entretengo más, espero lo disfruten!


Capítulo 8

¡Sorpresa!

Finalmente, luego de dos días de caminata habían llegado a la aldea donde habían escuchado que una gran cantidad de demonios y personas estaban perdiendo el control.

El viaje fue como si estos tres años no hubieran pasado por el grupo de amigos, se sentían a gusto y aunque nadie lo dijera, todos extrañaban esos tiempos tan conflictivos. Kirara no los acompañaba, ya que se había quedado junto a Kohaku para cuidar de la aldea. A parte de eso, la única y gran diferencia, era que tanto Miroku como Sango dormían juntos y eran mucho más cariñosos con el otro disminuyendo notablemente la cantidad de golpes que el monje recibía. Por su parte, InuYasha y Kagome ya no tenían esa tensión de no saber qué era lo que sentía el otro, pero la miko no había olvidado lo de esa demonio tigre y lo había dejado en claro, sacándolo constantemente en cara a InuYasha, quien ya estaba bastante molesto al ver que la chica centraba sus cariños y mimos en el demonio zorro. Kagome notaba que InuYasha estaba de muy mal humor, pero solo lo había asociado a la atención que le estaba entregando a Shippo y no había contemplado que la principal molestia del hanyou realmente era porque no habían pasado tiempo a solas y con gente mirándolos le era muy difícil ser algo más cariñoso.

- Buenas tardes terrateniente- saludó Miroku a un hombre que estaba cerca del ingreso a la aldea.

Por su ropa destacaba del resto de los pobladores, pero no de forma exagerada. Una cabellera canosa y un rostro arrugado demostraban que el hombre llevaba bastante tiempo a cargo de ese sector y con bastantes problemas.

- ¡Su Excelencia!- respondió el hombre con una reverencia.- ¡Joven InuYasha!- sonrió haciendo lo mismo esta vez hacia el hanyou- Qué gusto verlos por nuestro hogar nuevamente.

- Muchas gracias - dijo el monje con una sonrisa, mientras InuYasha asentía con la cabeza.

Kagome los miró curiosa, entendiendo que las labores de aquellos dos los habían hecho recorrer una buena cantidad de la región ganándose el reconocimiento de los pobladores. Sango ya le había comentado que se dedicaban a realizar exorcismos y a matar demonios en las aldeas, por lo que cobraban una buena cantidad de bienes e incluso, que gracias a eso, InuYasha había amueblado la cabaña que le regaló.

- ¡Excelencia! ¿Viene con su esposa?- preguntó curioso haciendo alusión a Sango que estaba junto a Miroku.

- Mucho gusto- respondió Sango con una reverencia.- Soy Sango.

- ¡Qué gusto conocerla finalmente!- respondió animado el terrateniente- Su Excelencia siempre nos comenta la hermosa esposa que tiene y veo que realmente no exageró.

La mujer, sonrojada, miró con una suave sonrisa a Miroku que se la devolvió con más ganas, ya que esa simple frase le demostraba que desde que estaban juntos Sango era la única para él.

- Y usted debe ser la esposa del joven InuYasha- sonrió el hombre haciendo una reverencia a Kagome.

La mirada de la chica se cruzó por un instante con la de InuYasha y ambos vieron como sus rostros explotaban de vergüenza. La chica esperó que InuYasha desmintiera tal aseveración, actitud típica de antes, pero parecía más interesado en el follaje de los árboles que en decir algo. Se mordió el labio nerviosa, recordando que hace tan solo unos días había dicho frente a sus amigas que tenía planes de casarse con ella. En ese momento pensó que no había sido más que una reacción de su propia impulsividad, pero ahora que lo veía totalmente avergonzado y sin interés de contradecir las palabras del terrateniente, la hacía dudar. ¿Realmente lo había dicho en serio? ¿No había sido un mero impulso?

Apretó sus manos tras su espalda intentando controlar su nerviosismo al darse cuenta que el matrimonio realmente era un plan del hanyou. Dentro de toda su emoción por tal descubrimiento y aunque sabía que estaban juntos de alguna manera, logró serenarse y pensó que necesitaba que el hanyou le diera algún nombre a la relación, para sentirse segura de lo que tenían.

- Soy Kagome Higurashi- respondió la chica con una reverencia- Y no soy la esposa de InuYasha.

Bien, pensó la chica, ahora Inuyasha tendrá que decidir qué es lo que somos... si es que somos algo...

- ¡Oh! Disculpe mi confusión – respondió el terrateniente algo avergonzado. - Pero no saben cuánto me alegra que hayan venido- dijo intentando remediar la situación- justo esta mañana habíamos decidido mandar un mensajero en su búsqueda.

- Escuchamos que ciertos demonios han estado apareciendo de la nada- comentó Miroku sin dar mayor información sobre el evento, mientras Shippo se quejaba de que nadie le había pedido presentarse.

- Es realmente extraño, pero por qué no vamos hasta mi casa y les explicaré todo con detalles.- invitó el anciano sin escuchar al pequeño.

A medida que se acercaban a la casa del terrateniente, distintas personas se acercaban al grupo a saludarlos alegremente.

- ¡Es InuYasha!

Kagome miró de dónde provenía el grito y arrugó el ceño encontrándose con un grupo de jovencitas que se acercaban a ellos demasiado emocionadas.

- ¡Joven InuYasha!, ¡qué gusto verlo!- saludó una de las chicas notablemente sonrojada. Tenía el cabello muy largo recogido con una trenza a un costado y unas largas pestañas que se movían coquetas.

El aludido asintió nuevamente como saludo algo incómodo por la clara emoción que las chicas tenían de verlo. Constantemente era así en ese lugar y aunque él no hacía más que cumplir con su labor junto a Miroku, ellas siempre tenían la intención de que se quedara más tiempo compartiendo con ellas y cada vez que eso pasaba, Miroku lo molestaba diciéndole que ahora debía cumplir el labor de complacer a las jóvenes doncellas, puesto que él ya era un hombre casado.

- ¡Hace mucho que no lo veíamos!- exclamó otra chica, algo más joven tomándole el brazo.

Y ese simple toque, fue suficiente para Kagome.

Se acercó totalmente enfurecida y de un solo tirón arrancó al hanyou del abrazo de la chica colocándose entre ambos. Hubo un frío silencio ante la mirada impactada de todos los presentes hasta que la misma chica exclamó con voz chillona y llorosa:

- ¿Pero por qué me alejas de él?

Kagome la miró avergonzada por su claro arranque de celos. Giró hacia InuYasha, que le sonreía arrogante, disfrutando de lo que la situación le había causado. Le lanzó una mirada molesta instándolo a que hablara para ayudarla a salir de esa situación, pero el hanyou sólo agrandó su sonrisa con su ego creciendo a cada segundo.

- Porque eres una señorita y no puedes andar abrazando a los hombres que no conoces- respondió la miko girándose e intentando serenarse.

Por un momento sintió que estaba hablando con su amiga del futuro y quiso pensar que realmente esa acción fue a causa de la inocencia de la chica.

- ¡Pero conocemos al joven InuYasha!- exclamó la chica dando una patada en el suelo.- ¡Y a él no le molesta!

Kagome dejó de ver a su amiga en la muchacha, en ese instante.

- Ay, no…- se escuchó a Shippo murmurar.

En ese momento la sonrisa arrogante del hanyou desapareció de inmediato convirtiéndose en una mueca aterrada al ver como el aura de la miko crecía amenazadoramente.

- ¿No le molesta?- repitió girándose lentamente hacia él con una sonrisa escalofriante.

- K-kagome…- tartamudeó el hanyou dejando sorprendidas a las admiradoras al ver como el objeto de sus pasiones temblaba ante esa mujer.- D-déjame explicar-

- ¡OSUWARI! ¡OSUWARI! ¡OSUWARI!- gritó la chica enfurecida.

El cuerpo del hanyou se estrellaba incansablemente contra el suelo.

- ¿Es una miko?- susurró el terrateniente a Miroku mientras veía como el hanyou seguía estrellándose cada vez que intentaba levantarse.

- Así es- aseveró el monje o- La señorita Kagome es la pareja de InuYasha.- dijo en un tono más alto con el afán de que las otras mujeres escucharan y así aliviar un poco a su amigo.

- ¡¿El joven InuYasha está con esa?!- gritaron de inmediato las mujeres llamando la atención del resto de los aldeanos que no se habían percatado del castigo de InuYasha.

Kagome se detuvo en su ira y las miró ceñudas, pero no pudo evitar que una fugaz sonrisa triunfante apareciera en su rostro, ¡Qué satisfacción fue ver la cara de sufrimiento de las chicas por las palabras de Miroku!

- ¿Es cierto eso?- dijo llorosa la muchacha de la trenza acercándose al hanyou que con dificultad logró sentarse en el piso, totalmente adolorido.

- ¿POR QUÉ HACES ESO KAGOME?- gruño sacudiéndose la ropa y mirando a Kagome molesto, ignorando a la chica.

- Eres un aprovechado- respondió ella cruzándose de brazos.

- ¡¿APROVECHADO?!- repitió ya de pie el hanyou y acercándose ceñudo a la miko- ¿Me explicas por qué me dices así?

- ¡Joven InuYasha!- interrumpió la chica de la trenza tirando del brazo del hanyou y sujetándolo nuevamente del brazo.- ¿Está con esa mujer?

- ¡S-suéltame!- exclamó el hanyou mirando aterrorizado a Kagome- ¿Quieres que me mate?

Miroku miraba la escena divertido, como si se tratara de una función de teatro, mientras Sango y Shippo esperaban angustiado el desenlace.

- ¿Es cierto lo que dijo Su Excelencia?- insistió la chica sin soltarlo e incluso apegando su cuerpo al del hanyou.- ¿Esa mujer es su pareja?

- ARRGG YA BASTA!- rugió Kagome tomando con fuerza a InuYasha y colocándolo tras ella. – ¡NO VUELVAS A TOCARLO!

La señaló amenazadoramente con el índice mientras con el otro brazo mantenía sujeto al hanyou que tenía una expresión anonadada. El aura de la miko había aumentado de forma alarmante e InuYasha temió ser purificado.

Para Kagome, al ver como la chica incluso en esos instantes le coqueteaba a su hanyou, le fue suficiente para botar toda la poca madurez que había obtenido estos años y sacar a la adolescente que aún tenía en su interior. InuYasha la miró tragando duro y le lanzó una sonrisa temblorosa. Su ego no podía esconderse mucho a pesar del miedo que la chica le provocaba, incluso en esa situación crítica. Kagome le respondió, sin soltarlo de su haori, con una mirada fría que lo paralizó por un instante.

- El poder espiritual de Kagome ha aumentado considerablemente- asintió Miroku ignorando la tensa situación.

- M-me dio miedo- masculló Shippo escondiéndose tras Sango para no ser alcanzado por el posible poder purificador de la miko.

- ¿Le responderás a la chica?- su aura pareció mantenerse a un nivel constante.

- ¿Q—qué cosa?- tartamudeó éste que realmente no le había puesto atención a las otras mujeres.

- InuYasha…- amenazó la miko acercándolo a ella furiosa.

- ¡Niña!- exclamó aterrado InuYasha intentando alejar su cuerpo del de Kagome, pero la miko lo tenía firmemente sujeto- ¿Qué me preguntaste? Anda, ¡dime rápido!

- Joven InuYasha, ¿esa mujer es su pareja? ¿Está con ella?- repitió de inmediato la chica feliz por tener la atención del hanyou, pero esperando angustiada la respuesta.

- Eh—EH- dijo InuYasha sintiendo como el calor lo invadía- ¡Eso no es de tu incumbencia!

- Ay… no..- dijeron simultáneamente Shippo, Sango y Miroku con la cabeza baja ante la mirada anonadada del terrateniente.

- Ese perro siempre empeora las situaciones- dijo Shippo con un tono cansado.- No cambiará nunca.

- ¿No les dirás?- masculló Kagome soltándolo de la ropa con la mirada baja, mientras escuchaban de fondo las exigencias de las chicas por saber qué relación tenían. Su aura se vio disminuía bruscamente, parecía haberse apagado.

- ¿Pero para qué quieres que se los diga?- preguntó ceñudo InuYasha notando el radical cambio.

- Ya no importa…- susurró la chica dándole la espalda.

A pesar de las cosas que habían estado viviendo, InuYasha no parece seguro de lo que estamos haciendo, pensó la miko.

Le había dicho y hecho cosas maravillosas que la habían ilusionado pensando que finalmente él tenía la valentía de hacerle frente a sus sentimientos. Soltó un suspiro cansado, al parecer sus esfuerzos habían sido en vano y ahora ella había dado un espectáculo por unas niñas. Se sentía muy avergonzada.

Iba a caminar hacia sus amigos para decirles que continuaran con su ida a la casa del terrateniente y dejaran a InuYasha con sus admiradoras cuando sintió un tirón en su brazo. InuYasha la giró y sin darle tiempo a responder, le dio un suave y delicado beso. Fue un mero toque de labios, pero hizo que el corazón de la chica latiera con una fuerza desmedida. Escuchó el grito infartado de las muchachas y la exclamación de felicidad de Miroku, al ver el tierno beso que el hanyou le había entregado.

- Solo me importa que tú lo sepas- murmuró el hanyou sonrojado sin alejarse de ella.

- ¿Saber qué?- preguntó la miko muy bajito perdiéndose en las orbes doradas.

- Que soy solo tuyo- respondió roncamente el hanyou solamente para que ella lo escuchara, acelerando el corazón de la chica de una forma inimaginable.

Allí estaba, la declaración más romántica que podría haber esperado de InuYasha en el momento menos esperado. Eran el foco de atención de las admiradoras que lloraban desconsoladamente, de sus amigos y de una gran cantidad de aldeanos, pero ellos parecían concentrados solo en el otro. Kagome sonrió con ganas y se lanzó a los brazos de InuYasha juntando sus bocas. Kagome podría haber jurado que algunas personas les lanzaron exclamaciones de felicitaciones.

- Muy bien, creo que todo quedó solucionado- dijo el terrateniente con una gran sonrisa, al parecer le tenía bastante aprecio a InuYasha- ¿les parece que continuemos?

La pareja se separó totalmente avergonzada al darse cuenta que tenían las miradas de todos. Reanudaron su marcha inmediatamente, ambos tomados de la mano intentando no fijarse en nadie en específico. Sin embargo, Kagome no pudo evitar mirar atrás y sacarles la lengua a las chicas que le lanzaron una mirada furiosa.

- Veo que finalmente te domesticaron- dijo Shippo saltando a la cabeza de InuYasha con una sonrisa burlona.

- ¿Qué estás diciendo enano?- gruñó InuYasha intentando sacárselo de encima, pero el pequeño zorro, ágilmente, saltó de inmediato a los brazos de la miko desde donde le sacó la lengua.

- Es verdad InuYasha- sonrió Sango alejándose de Miroku que encabezaba el grupo junto con el terrateniente y conversaban animadamente- Jamás habías dado muestras de afecto en público. Realmente es gracias a Kagome todo este cambio.

- Feh!- exclamó cruzándose de brazos totalmente sonrojado.

Kagome soltó una risita alegre y se aferró a su brazo complacida, aumentando el sonrojo de su pareja, mientras sujetaba con fuerza a Shippo con el otro brazo. Al parecer ese espectáculo que dio, si valió la pena.

Finalmente llegaron a la casa del terrateniente donde se reunieron en una sala, todos con un té en sus manos en un ambiente mucho más serio que el recién vivido.

- Muchos han perdido el control.- comenzó explicando el hombre. Su amable semblante había cambiado a uno serio y triste. En ese momento Kagome se dio cuenta que ante el resto de los pobladores intentaba parecer tranquilo, cuando la realidad era muy distinta- incluso animales. No entendemos qué es lo que está pasando, es como si de la nada una maldad inimaginable se hiciera dueño de ellos.

- ¿Desde cuándo sucede todo esto?- preguntó Kagome.

- Hace casi un año- respondió el hombre- las primeras veces no las relacionamos entre sí, puesto que eran muy distantes en el tiempo y los afectados eran solo extranjeros, por lo que creíamos que era una condición de alguna aldea. Lamentablemente tuvimos que matarlos, fue la única forma en que pudimos defendernos de sus ataques. Luego comenzó a pasar con ciertos animales… perdimos a algunos miembros en esos ataques, pero pudimos manejarlos.

- ¿Qué es lo que sucedió ahora que necesitan nuestros servicios?- preguntó Miroku seriamente.

- Hace dos días volvió a suceder y el afectado esta vez…- susurró el terrateniente con tal preocupación que su rostro pareció tener 20 años más- es mi hijo.


Llegaron al sótano de la mansión donde estaba encerrado el heredero de las tierras. El terrateniente les había explicado que gracias a los guardias habían logrado contenerlo allí luego de que se descontrolara en una cacería. Habían conseguido que nadie en la aldea se percatara, pero dudaba que ese secreto durara mucho tiempo.

- Chicos, me gustaría que me dejaran encargarme de esto- comentó Kagome acomodando su arco en su espalda.

Tanto ella como Sango se habían puesto sus trajes especiales. Sango había quedado muy impresionada con las modificaciones que el traje de Kagome tenía y que le entregaba un mayor resguardo, por lo que Kagome prometió modificarle el de ella, ya que entregarle uno nuevo quedaba descartado por la gran carga emocional que tenía.

- ¡¿Estás loca?!- exclamó InuYasha- Creo que te dejé más que claro que no entrarías al campo de batalla sin mí.

- Esto no es un campo de batalla- exclamó con un suspiro la aludida- Necesito ver que es lo que está sucediendo y ver qué tipo de energía maligna es.

- Vamos InuYasha- dijo conciliador Miroku poniéndole una mano en su hombro-Entremos con ella y si vemos algún problema intervenimos.

- ¡Pero—exclamó InuYasha molesto dispuesto a impedir tal locura, pero Kagome ya había ingresado al sótano junto con Sango y Shippo que decía feliz que al fin vería a la chica demostrar su fuerza.- ¡Kagome ven aquí!

El lugar estaba muy oscuro, iluminado solo por unas escasas y altas antorchas. No era muy espacioso y las pocas cosas que habían, estaban destrozadas. Bajaron un poco de la larga escalera y se detuvieron a analizar la situación.

- ¿Shippo podrías iluminar el lugar?- susurró Sango al kitsuke, quien asintió y lanzó una gran cantidad de llamas azules que rodearon la habitación.

- ¡Wow… Shippo!- susurró la miko con asombro- ¡Realmente te has vuelto muy hábil!

Shippo infló su pecho orgulloso ante tales palabras.

- Puedo moverlas y apagarlas o encenderlas a mi voluntad- explicó feliz.

- Perfecto, entonces serás el encargado de que podamos ver todo ¿de acuerdo?- susurró la chica revolviendo sus cabellos.

En ese momento InuYasha y Miroku las alcanzaron en la escalera.

- Ten cuidado Kagome- advirtió Sango dejando preparado su hiraikotsu.

La miko bajó con sigilo y se concentró en la búsqueda de la presencia maligna, pero parecía que invadía todo el lugar. Llegó al centro de la habitación y cerró los ojos.

- ¿Pero qué hace?- exclamó InuYasha aterrado por tal baja de defensa.

Antes de que alguien pudiese responderle, una figura alta se lanzó contra la espalda de la miko con una velocidad indescriptible, pero justo en el instante en que la figura pareció atravesar el cuerpo de la mujer, ésta dio un salto enorme hacia atrás logrando posarse sobre los hombros de la figura inmovilizando su cabeza con las piernas. De inmediato colocó sus manos sobre la cabeza del hombre que dejó de resistirse al ser tocado por una luz morada que desprendían las palmas de la miko.

Bajo las pequeñas llamas mágicas pudieron apreciar la apariencia del hijo del terrateniente. Su cabello alcanzaba sus rodillas, su piel, cubierta con restos de una armadura, estaba agrietada y blanquecina. Sus ojos estaban tan abiertos que parecía que se saldrían de sus órbitas en cualquier momento y sus dedos parecían ser solo huesos con garras.

- Wow…- susurró Shippo intentando controlar su miedo concentrándose en lo genial que le pareció Kagome.

- ¿Qué le pasó a ese hombre?- preguntó Sango ceñuda notando las mutaciones que había sufrido.

- Debe ser la energía maligna- respondió Miroku sombrío- parece que se está alimentando de su energía vital o bien apropiándose del cuerpo… pero no parece que el joven hijo del terrateniente pueda soportarlo.

- ¿Qué está haciendo Kagome?- preguntó Shippo.

- Está buscando la energía maligna que lo controla- explicó InuYasha con la mandíbula tensa- Para purificarla y no causarle daño al humano.

- Realmente Kagome ha alcanzado unos niveles extraordinarios- comentó Miroku impresionado fijándose en la fuerte concentración de la chica- Su poder espiritual es gigantesco.-

- Pero aun así se está arriesgando demasiado- dijo InuYasha sin quitar la mirada de la chica.

Kagome, totalmente concentrada en su labor, no lograba localizar el centro del control maligno, por lo que decidió aumentar su poder espiritual para buscar más profundamente, pero en cuanto logró distinguir levemente el origen, el hombre pareció despertar del trance en que ella lo había sumido, tomándole una pierna con fiereza y sacándola de encima de él para azotarla contra el piso, dejándola levemente aturdida.

El grito de sus amigos no se demoró en escuchar, destacando el rugido que pareció emitir InuYasha, pero antes de que ellos pudiesen acercarse a él, el hombre abrió la boca soltando un grito ensordecedor y liberando decenas de sombras sin forma que fueron directo a atacarlos.

Todos respondieron sin contenerse, pero las sombras se mezclaban con las que los destrozados muebles proyectaban por la luz de las llamas de Shippo, logrando esquivar los ataques y luego responder sin que ellos pudiesen evitarlos.

Kagome sin entender cómo, logró recuperarse lo suficientemente rápido como para rodar sobre su cuerpo y esquivar el puño del poseído, que destruyó el piso de piedra donde se golpeó. A penas logrando ponerse de pie, dio un salto hacia el costado esquivando una patada. Espero el siguiente movimiento con la respiración agitada, la espalda le dolía demasiado por el azote que sufrió y no podía distinguir bien a sus amigos, ya que parecían rodeados de una extraña oscuridad que supuso que eran los seres que el hijo del terrateniente había liberado.

Jamás había estado involucrada tanto en una batalla de ese nivel sin Yumiko indicándole los niveles peligrosos, purificando el aire y planificando como destruir al enemigo, sin la fuerza sobrehumana de John protegiendo las espaldas de todos, o sin Ryu atacando con tal velocidad que parecía multiplicarse. Todo eso la hacía sentir algo desprotegida, como a la deriva. Alejándose con rapidez tomó una flecha y la lanzó directamente al pecho del enemigo intentando provocarle una parálisis, pero éste solo quedó paralizado unos segundos antes de lanzarse nuevamente contra ella. "La energía maligna es mucho más poderosa que en la otra época", pensó aceleradamente mientras lo observaba avanzar hacia ella con sus saltones ojos llenos de ira.

- ¡Kagome!

Sango apareció con su boomerang gigante y golpeó el cuerpo de enemigo lanzándolo al otro lado de la habitación. Kagome, finalmente reaccionó aprovechando esa instancia y, apretando los labios para no gemir por su espalda, lanzó una nueva flecha que, ante el esquive del enemigo, le dio solo en una pierna, dejándola totalmente inmovilizada. El hombre-demonio lanzó un gruñido, pero no se movió mirando su pierna.

- ¿Estás bien?- preguntó Sango sin bajar la guardia. Tenía sangre en la mejilla y su traje tenía pedazos menos.

- Me lastimé la espalda- respondió la miko tomando una nueva flecha- pero ya habrá tiempo para eso.

- ¡Me tienen harto!- gritó InuYasha a unos metros de distancia, logrando finalmente destruir una sombra y corriendo hasta ellas con el rostro angustiado.- ¡Kagome! ¿Te hizo algo ese inútil?

- Estoy bien InuYasha- respondió la chica intentando que no se percatara de su dolor.

- No terminaremos nunca con esto si seguimos así- dijo Miroku acercándose a las chicas con Shippo en su hombro, creando una barrera de protección. Kagome notó que emanaba sangre de la parte de atrás de su cabeza.

Kagome se sentía impotente. Sentía que le faltaba estrategia y coordinación. Al parecer el tiempo que había pasado sin combatir juntos había mermado su sincronía en la batalla, o al menos eso sentía.

- El maldito se ha quedado quieto- exclamó InuYasha al encontrarlo con la mirada.- Debemos aprovechar este momento.

- ¡Ya sé! Cuidado con sus ojos- exclamó Shippo muy emocionado, al tiempo que Sango, con su hiraikotsu y Kagome, con el arco, destruían a unas sombras que intentaban echar abajo la barrera.

El kitsuke hizo un pequeño símbolo con sus manos unidas y de pronto la habitación se llenó de una luz cegadora, haciendo huir a las sombras al único lugar donde podían existir: un rincón donde Shippo dejó una llama muy tenue.

Luego de que pestañaron unas veces y se acostumbraron a la fuerte luminosidad, el sótano parecía despejado, estando en un rincón las sombras y en la contraria, el hombre poseído que parecía comenzar a despertar.

- ¡Shippo! ¡Eres maravilloso!- gritó emocionada Kagome.

- Jeje, pero no puedo hacer nada más mientras mantengo la luz- explicó algo sonrojado manteniendo sus manos unidas en forma de rezo.

- ¡Perfecto enano!- exclamó InuYasha preparando su espada.

- Purificaré las sombras- exclamó Miroku desapareciendo la barrera y sacando sus pergaminos mientras corría hacia ellas.

Kagome dio unos pasos hacia el hijo del terrateniente que lentamente se ponía de pie con una mirada escalofriante. Notó que Sango e Inuyasha luego de una rápida mirada, se separaban, dejando a Shippo, concentrando, al medio de la habitación, yendo cada uno a cuidar las espaldas de sus parejas mientras hacían la purificación. Cuando la chica ya estaba con la flecha lista para darle en la frente y dejarlo noqueado, éste saltó sorpresivamente listo para matarla, pero InuYasha estaba allí para cuidar de ella e increíblemente rápido se puso tras el hombre y lo sujetó con fuerza, dejándolo totalmente expuesto. La miko entendió enseguida que ese era el momento en que ella debía actuar. Lanzó la flecha justo entre los ojos del enemigo con más de la energía espiritual que normalmente utilizaba logrando que cayera inmediatamente en un trance.

- ¡Listo!- exclamó feliz Shippo saltando emocionado y disminuyendo la luz de la habitación.

- Estuvo bastante entretenido- comentó Sango apoyando su arma en el piso emocionada.

- Sí, esta emoción es indescriptible- apoyó Miroku tomando a su esposa de la cintura sin ninguna sombra tras él.

- Feh! Fue pan comido- dijo InuYasha pasando su pulgar por su nariz en un gesto triunfador.

Kagome miró a sus amigos y a pesar del fuerte dolor en su columna, no pudo evitar sonreír emocionada. Es verdad que ella tenía a su equipo en la época actual totalmente esquemático y estratégico y habían batallado tanto juntos que ya se había acostumbrado a esa forma de luchar. Pero, con estas personas que ahora le sonreían emocionados, no necesitaban un entrenamiento especial para estar totalmente compenetrados, ni siquiera el tiempo separados había logrado disminuir la confianza y conocimiento que tenían del otro. ¡Que tonta había sido al dudar!

- Lo purificaré- comentó la chica acercándose lentamente al enemigo.


- ¿Segura que estas bien?

Sango la miraba preocupada mientras caminaban a las termas. Finalmente habían terminado su labor con el hijo del terrateniente, luego de que Kagome hubiese purificado la energía maligna que contenía, gastando una cantidad impresionante de su propia energía. El enemigo que había dominado a ese hombre era muchísimo más fuerte de los que se habían enfrentado en la actualidad, pero pudo detectar una presencia similar al momento de realizar la purificación.

Por el mismo esfuerzo más el dolor en su espalda que comenzaba a aumentar se sentía totalmente agotada, pero totalmente satisfecha de que el hijo del terrateniente ahora descansaba y se recuperaba en su habitación libre de toda posesión.

- Solo necesito descansar para reponerme- respondió la chica son una sonrisa para no preocupar a su amiga.- Lo de la espalda se me pasará solo, me han pasado cosas similares antes y el mejor remedio es descansar. Pero también me tomé unas pastillas de mi época para aliviar la espalda, para que te quedes tranquila.

Sango la miró no muy conforme, pero dejó de insistir. InuYasha no había tardado en darse cuenta de su dolor, impidiéndole caminar hasta que hubiera descansado toda la tarde e instándola a que se fueran a su época ya que estaba seguro que allí podrían "arreglarla", pero Kagome fue intransigente y luego de algunos Osuwari y ya de noche, pudo salir con Sango para darse un merecido baño. En cuanto llegaron a las agradables termas que estaban a un costado de la mansión del terrateniente se desvistieron e ingresaron a la caliente agua.

- Esto es maravilloso…- susurró Sango hundiéndose hasta el cuello.

A penas el agua tocó la delicada piel de Kagome el alivio se hizo presente. Soltó un suspiro de consuelo al comenzar a sentir que sus músculos se relajaban y disminuían el dolor.

- Veo que tu relación con InuYasha ha progresado bastante- comentó Sango con solo un ojo abierto.

- Pues…- titubeó Kagome nerviosa- Se podría decir que sí…

- ¿Podría?- rio suavemente Sango sentándose más derecha en el agua- ¡Vamos Kagome! Están viviendo juntos, Shippo ya nos contó que sus aromas están muy mezclados, además de que él ya es totalmente demostrativo contigo ¡incluso con nosotros presentes!- hizo una mueca- Bueno, a su estilo.

La miko soltó una risa divertida antes de responder.

- Jamás me imaginé que InuYasha podía llegar a hacer lo del beso- comenzó a desenredar su húmedo cabello para intentar que Sango no viera su sonrojo y prefiriendo guardar para ella la declaración de soberanía que InuYasha le había entregado- O sea... no públicamente.- levantó el rostro algo avergonzada- Me habló de casarnos…

- ¡¿QUÉ?!- exclamó Sango poniéndose de pie y salpicándola de agua.

Kagome le explicó el encuentro con sus amigas, el que hablara de "nuestra casa" y finalmente que no negara que ella era su mujer.

- Pero no sé bien qué somos- terminó acomodándose ante unas puntadas que sintió en su espalda.- No tenemos nombre.

- InuYasha no es de palabras, es algo que ambas sabemos- comentó Sango emocionada- Pero con todas esas acciones está más que claro que tiene todo definido.

- ¿Todo definido?

- ¡Quiere estar contigo Kagome! ¡Claramente quiere que seas su mujer!- respondió Sango muy emocionada.

- ¿S-su mujer?- repitió la miko sintiendo una especie de manojo de nervios en su estómago.

- Desde que te fuiste, InuYasha ha estado pensando en tenerte a su lado- relató la exterminadora- Estuvo bastante tiempo deprimido, lo obligábamos a comer algo y se pasaba el día en el árbol sagrado- el dolor punzante de su espalda pareció quedar en un rincón escondido de la cabeza de Kagome cuando comenzó a escuchar a Sango- Luego de unos pocos meses decidió ir a viajar, estuvo ausente 2 temporadas y llegó con bastantes pergaminos que eran para ti.- explicó con calma- Inmediatamente su ánimo había cambiado, parecía seguro de que volverías y comenzó a construir la cabaña mientras trabajaba con Miroku. Se veía de mucho mejor humor, volviendo a pelear y cuidar de Shippo, que se había sentido bastante abandonado por él, pero en ocasiones lo veíamos en el árbol sagrado totalmente ausente. Solo permitía que Shippo lo acompañara. Creo que ambos se sentían consolados con el otro, ya que les hacías falta de una forma inimaginable.- sus miradas se entristecieron- InuYasha iba a revisar el pozo cada 3 días, ¿sabías?

Kagome negó con la cabeza sintiendo una opresión en su pecho. No le había querido preguntar a InuYasha como había pasado esos 3 años de separación, porque dudaba que le explicara con tanto detalle como ella lo hizo, y solo causara un mal momento, pero con lo que Sango le había comentado, le bastaba para entender que el hanyou había sufrido tanto o más que ella. Por lo menos ella tenía las herramientas para abrir el portal, él solamente tuvo que resignarse a esperar.

- No fue fácil para na—MIERDA!- Kagome se levantó de un golpe corriendo hacia el lugar donde había dejado su arco, del cual ya había aprendido a no separarse e ignorando su desnudez – ¡A FUERA SANGO!- gritó a todo pulmón.

Dos presencias, una altamente maligna se acercaban a una velocidad alarmante hacia a ellas. Sango la sintió mucho después de Kagome, solo alcanzando a reaccionar cuando su amiga le gritó, por lo que cuando un hombre saltó hacia las termas ella aún no salía del agua. El hombre fue hacia Sango y la alzó por la desnuda cintura al tiempo que una especie de ogro aparecía por el mismo camino del desconocido, destrozando todos los árboles que anteriormente les estaban dando privacidad en su baño. Kagome reconoció la primera presencia sin necesidad de verlo, por lo que no dudo ni un segundo en lanzar una flecha hacia el segundo aparecido purificándolo en el instante.

- Argg…- masculló bajando el arco y usándolo como apoyo porque con tal ataque sintió que su espalda se partía. Miró al desconocido furiosa- Mierda Ryu, ¿cómo atravesaste el pozo?

El alto chico moreno, vestido de exterminador, tenía sujeta a una anonadada y desnuda Sango contra su cuerpo y miraba a la miko enojado. Estaban a unos metros de distancia y la exterminadora estaba paralizada por la vergüenza de que otro hombre la tuviera tomada de esa forma y confundida al ver que era un conocido de Kagome, un conocido del que Kagome no se veía avergonzada porque la viera en esas condiciones.

- ¿Qué mierda te pasó en la espalda?- dijo a modo de respuesta el chico ignorando el hecho que su amiga estaba desnuda, de hecho, no parecía siquiera importarle.

- Un accidente- respondió ella dejándose caer suavemente al suelo- Ahora, explíca—

- ¡KAGOME!

InuYasha seguido de Miroku y Shippo interrumpieron en el lugar quedando totalmente mudos ante tal escena: Kagome en el piso, en una pose totalmente sugerente para el gusto de InuYasha y Sango fuertemente sujeta por un joven y guapo hombre, ambas totalmente desnudas.

- ¡SUELTA A MI MUJER! ¡TE MATARÉ!

El grito de Miroku resonó en el lugar mientras, enfurecido, se acercaba a Ryu dispuesto a destruirlo.


Perdón la demora! Realmente quedé en una especie de bloqueo -_-

Este capítulo tiene mucha más acción y romance, espero lo hayan disfrutado y no les haya decepcionado mucho. Personalmente no me gustó mucho, pero siento que todo lo puesto era necesario. Además me quise centrar en los pensamientos de Kagome, ya que la había dejado algo botada.

Al fin involucré más a Miroku y a Sango! Mi intención es que haya un buen conflicto allí para darle más sabor a la cosa. Bien fresco es Ryu, cierto? Veremos como atravesó el pozo y tan cercana es su relación con Kagome. Me gusta harto este personaje que inventé, será además muy importante para el futuro.

¿Y las cochinadas de InuYasha y Kagome? Pues niñas, créanme que les tengo preparado algo bueno. De igual forma espero que disfruten tanto esta historia de fondo como las escenas subidas de tono, porque hay esfuerzo en cada palabra que pongo.

Agradecimientos:

Jachagaco: Cuanto me alegro de sacarte una sonrisa! Bueno aquí te puse más caos, ya se está viendo qué algo muy raro está pasando. Espero haya sido una probadita suficiente y te haya dejado conforme y las intrigas hayan aumentado. Para el próximo capítulo te recomiendo tener el papel a mano, jajajajja. Saludos y gracias por leer!

serena tsukino chiba: Tengo pensado algo muy entretenido y bien lógico para que InuYasha no pierda el control en ese momento tan importante, creo que te dejará bien contenta. Gracias por leer!

Tammy Souza: Me encanta que te haya gustado! Ya para el próximo capítulo veremos que tal los consejos de Miroku a ver si don muy descabellados o si nuestro querido hanyou los podrá hacer. Gracias por leer!

BoMinYeon: Gracias! Perdona la demora y gracias por actualizar el tuyo tan rápido! Espero que te haya gustado este capítulo, es algo distinto a los anteriores. Gracias por leer!

Hilary Jazmin: Tanto así? Que maravilla! Me alergro que te hayas reido tanto! dicen que la risa es buena para la salud, ajjja Espero te haya gustado este capítulo aunque sea un poquito más de acción y menos gracioso. Gracias por leer!

gsby: Gracias por los halagos! Espero te haya gustado este capítulo que salió un poco de la línea que estaba siguiendo hasta ahora. Ya veremos que tal los consejos de Miroku, ese es un loquillo! Gracias por leer!

Lizell: Un rayo? En serio? Wow... estás bien? Es realmente impresionante. Muchas gracias por leer y comentar a pesar de que te pasó eso! Mucho ánimo!

Samura G : Todas tenemos algo de pervertida jajajaj Este capítulo sale totalmente del lemon, así que espero que igual te haya gustado, pero de igual forma no te preocupes, porque también soy pervertida y el lemon seguirá! jajajja Gracias por leer!

Gracias a todas las que se dieron unos minutos leyendo este fic, especialmente gracias a las que comentaron, ya que me dan ánimo para seguir con esta historia y bueno, también aumentan mi ego jajaja.

Espero sus comentarios! Dejen reviews! Gracias por leer!