No las entretengo más...
Capítulo 9
Conociendo
Ryu esquivó a Miroku dando un gran salto hacia el costado y dejando a Sango en el lugar.
- ¡HEY, AMIGO!- exclamó Ryu sorprendido- ¡Cálmate!
Miroku se apresuró a cubrir a Sango mientras le lanzaba una mirada preocupada.
- ¿Te encuentras bien?- le preguntó sujetándola por los brazos.
- Sí cariño, no pasó nada- respondió la mujer presurosa.
El monje se giró listo a enfrentarse al extraño. Parecía enceguecido por la ira y estaba totalmente dispuesto a destrozar a su blanco.
- ¡MALDITO!- gritó enfurecido girándose hacia Ryu.
Le lanzó un puñetazo que fue esquivado por poco. Miroku continuó su ataque, lanzando patadas y puñetazos sin descanso, los que Ryu esquivaba con algo de dificultad, haciendo caso omiso a los gritos que les pedían detenerse. Cuando vio la oportunidad, el exterminador dio un gran salto, alejándose una considerable distancia de él.
- ¡Cálmate! ¡No me obligues a hacerte daño!- exclamó Ryu con una sonrisa de lado. Al parecer lucía muy divertido con la situación.
- No tienes derecho a tocar a mi mujer- dijo Miroku lentamente apretando sus puños.- ¿Quién eres?- exigió.
- Miroku cálmate- exclamó InuYasha aprovechando la instancia de que su amigo parecía escuchar razones. El hanyou se había apresurado a cubrir a Kagome con su haori y ahora la tenía en sus brazos con delicadeza.- No sé qué mierda está pasando, pero él es un amigo nuestro.
- Es cierto - apoyó Sango acercándose a su esposo para intentar calmarlo.- Kagome lo conoce, además él me salvó de ese demonio.
Miroku miró donde su esposa le señalaba y observó los restos del monstruo arrojados por el piso junto a una flecha.
- Así que amigo… espero un gran agradecimiento de tu parte- comentó arrogante Ryu, acercándose a Kagome- y una mayor disculpa.
El monje parecía realmente contrariado por la defensa que le habían entregado sus amigos al desconocido. Bajó la guardia y pasó la mirada lentamente por cada uno de ellos hasta detenerse en Sango que le envió una sonrisa tranquilizadora.
- Gracias por proteger a mi mujer ante mi ausencia – agradeció el monje haciendo una reverencia, pero no pudo contener una tensa expresión.
- Ya, ya, solo bromeaba- carcajeó Ryu ya junto a Kagome.- Ese monstruo me venía persiguiendo hace unos 3 kilómetros, realmente intenté acabar con él, pero no quería ensuciar mi espada y pensé que en algún momento él se cansaría. Cuando sentí la presencia de Kag, me dirigí acá para-
- Para que yo lo acabara con una flecha y así mantener tu amada espada limpia- gruñó Kagome acomodándose en los brazos de InuYasha, que se comenzó a poner bastante nervioso al sentir el pequeño cuerpo de la chica apegado al suyo.
- Bueno, sí… sabes que la sangre de ese tipo de ser cuesta mucho sacarla- masculló el chico encogiéndose de hombros- Pero no esperaba encontrarte en un baño y menos con una amiga tan guapa, fue una vista bien agradable… ¡Perdón!- agregó apresuradamente mirando al matrimonio- Se me salió.
- Está bien que seas amigo de Kagome, pero debiste haberte preocupado de no mirarlas más de la cuenta- gruñó bastante molesto InuYasha dándose cuenta de ese detalle.
- No es nada nuevo- comentó el chico encogiéndose de hombros.
Tanto como Sango como Miroku abrieron los ojos impactados. Esa frase le hacía mucho sentido a Sango, al ver cómo tanto como Kagome como el extraño no parecían incomodados por la desnudez de la chica, pero no podía entender el motivo de tal confianza. Dudaba que Kagome hubiese tenido algo con ese chico, puesto que su amiga realmente amaba a InuYasha, ¿cierto?-
- ¡¿QUÉ ESTAS DICIENDO?!- gritó InuYasha furioso agitándose. Kagome se quejó sonoramente por los fuertes movimientos que el hanyou estaba haciendo.- ¡Lo siento!
- ¿Me quieres decir que te pasó en la espalda?- preguntó Ryu ignorando la pregunta del hanyou.
- En una batalla- respondió la chica con una fuerte mueca de dolor apretando la ropa de InuYasha con dolor.
- ¡Ey! ¡No me cambies el tema!- exclamó furioso el hanyou apegando a la miko un poco más a su cuerpo.- ¿Qué quieres decir con que no es nada nuevo?
- InuYasha… me duele- se quejó Kagome soportando las lágrimas.
Estaba realmente sorprendida por el dolor que sentía, ni siquiera había entendido lo último que InuYasha había gruñido, ya que solo el pequeño apretón que éste le había dado al alterarse bastó para nublarle los sentidos por la dolencia. No era la primera vez que se lesionaba en batalla, incluso con heridas de mayor gravedad, pero el dolor que estaba sintiendo en ese momento no se comparaba. Al parecer el hacer uso de su poder espiritual afectaba el nivel de resistencia de su cuerpo y en el último enemigo, a pesar de que era humano, gastó una enorme cantidad de energía que aún no había repuesto.
- Vamos para que te la arregle- comentó Ryu al darse cuenta del sufrimiento de la chica. Estiró los brazos para que InuYasha se la entregara.
InuYasha frunció el ceño ante tal gesto y pasó a su lado en camino a la mansión del terrateniente. Ryu soltó un sonoro suspiro de exasperación y siguió a sus amigos. Miroku se quedó rezagado con Sango que se acercó a él en busca de un abrazo.
- ¿No se propasó contigo?- le preguntó tomándole el rostro y examinándoselo detalladamente aprovechando la luz de la luna.
La mujer negó con la cabeza de inmediato con una suave sonrisa en su rostro.
- Me tomó del agua para sacarme del camino del demonio- explicó Sango acomodando la ropa en su cuerpo.- Cuando ustedes llegaron él aún me tenía sujeta, pero porque estaba conversando de Kagome. En ningún momento se fijó en mí, ni siquiera me miró, así que puedes quedarte tranquilo.
- No creo que no te haya mirado-murmuró el monje tomándola por la cintura- es imposible sacar los ojos de ti.
Suavemente la besó en los labios mientras la abrazaba con pasión. Mantendría bien vigilado a ese tal Ryu, pero mientras, nada le impedía aprovechar la soledad con su mujer, la cual era muy escasa desde que tuvieron hijos.
- Miroku, puede venir alguien- susurró la mujer mientras dejaba que su pareja le comenzara a bajar la ropa por los hombros.
- Entonces no perdamos el tiempo mi preciosa Sango- masculló el hombre besándola fervientemente y dejándola totalmente desnuda.
Se alejó de ella y quedó inmóvil por unos segundos contemplándola silenciosamente. Sango se sonrojó fuertemente y se acercó a él, pegando totalmente sus cuerpos y jugando con su túnica.
- ¿Por qué siempre haces eso?- susurró algo avergonzada. A pesar de que ya llevaban casi 3 años casados y tenían 3 hijos, no podía evitar ponerse sumamente nerviosa por ese hombre.
- ¿Qué cosa?- preguntó Miroku acariciándole la espalda desnuda.
- Mirarme de esa forma- respondió al tiempo que caminaba hacia atrás siguiendo a Miroku, que no la soltaba y la llevaba hacia el agua caliente.
El hombre se detuvo y la sujetó con más firmeza de la cintura con una mano, mientras que con la otra la tomaba del mentón. Le dio un pequeño beso en la punta de la nariz y le sonrió con los ojos brillantes.
- Te miro como un hombre mira a la mujer de su vida- le susurró con ternura aumentando los latidos del corazón de la taijiya- Aún no puedo creer que sea tan afortunado de que me ames y que me hayas entregado a 3 hermosos tesoros.
Sango se lanzó a los brazos de su esposo mientras le sacaba la ropa con premura. Cada segundo amaba más a ese hombre.
En ese momento, ya en la mansión, InuYasha depositaba suavemente a Kagome sobre el futón de la habitación que se les había asignado. La miko parecía realmente acomplejada por el dolor.
- Creo que me desgarré algún músculo- mencionó la chica desde el suelo algo aliviada por la inmovilidad.
- Ya, empecemos entonces- dijo Ryu arrodillándose a su lado.- InuYasha, ayúdala por favor.
InuYasha observó como Kagome le estiraba levemente los brazos en una súplica silenciosa para que se acercara a ella. Angustiado se arrodilló junto a ella y notó que el dolor de la chica era bastante grande, al nivel que tuvo que con extrema delicadeza ayudarle a sentarse y sostenerla, porque le era imposible hacer algún tipo de fuerza.
- Ayúdame a sacarme esto- le masculló con los ojos brillantes por las lágrimas, mientras se abría lentamente el haori que InuYasha le había puesto.
- ¿Q-qué haces?- tartamudeó el hanyou con el rostro acalorado.
- Vamos InuYasha- apresuró Ryu que sacaba unas cápsulas de una de las pequeñas bolsas de su cinturón.- Ella no podrá hacerlo sola. Sácale el haori y ayúdala a ponerse sobre su estómago.
- Pero tú…- masculló el aludido ceñudo al darse cuenta que el muchacho también la vería desnuda.
- No es la primera vez que veo a Kagome así, no te preocupes- dijo Ryu concentrando en hacer una mezcla con unas pastas. Escuchó un gruñido a su costado y levantó la vista preocupado además por una fuerte aura demoniaca. Levantó el rostro y se encontró con el rostro enfurecido de InuYasha que le mostraba los colmillos.
- Ryu…- masculló la chica alterada por el malentendido con el haori colgando por sus hombros.
- No es lo que crees- se apresuró a aclarar con una carcajada. Siguió mezclando las pastas en un minúsculo recipiente que había extraído de su traje.- Kagome ha tenido una serie de accidentes que he tenido que cuidar.
- ¿Qué accidentes?- preguntó ceñudo el chico sin dejar de mostrar sus colmillos.
- El primero fue a pocos días de conocer a Kag- respondió mientras agregaba un polvo rojo a la mezcla- Ella te lo debió haber comentado, la vez cuando casi—
- Casi nada- interrumpió duramente Kagome bajándose sola un poco más del haori y apretando con furia los ojos para evitar que unas lágrimas se le escaparan- Cuando yo casi nada. InuYasha, ¿me ayudarás o no?
InuYasha haciendo acopio de la escasa paciencia que tenía, decidió morder su lengua, calmar sus instintos y preocuparse del padecimiento de la chica. Tragó duro y se acercó a ella intentando interponerse para que Ryu no la viese desnuda. Sintió el calor subir desde su cuello a su cara cuando la despojo de su haori y vio el inicio de sus pechos desnudos cubiertos solo por uno de los brazos de la chica. La tomó con delicadeza intentando de no aspirar su aroma para no perder el poco control que tenía y la colocó sobre su estómago con toda la espalda expuesta. Al ver que su trasero quedaba perfectamente a la vista de cualquiera, apresuradamente tomó la prenda que recién le había sacado y le cubrió de la cintura para abajo justo en el momento en que Ryu levantaba el rostro con la pomada terminada. El rostro de InuYasha hizo explosión al momento en que una carcajada saliera de la boca de Ryu al ver el nerviosismo que él tenía.
- ¿Puedes dejar de divertirte y ayudarme con esto? A fin de cuentas, por tu culpa empeoró- se quejó Kagome. InuYasha notó que luego de interrumpir a Ryu, el ánimo de Kagome había cambiado bruscamente, al parecer el dolor, junto con lo que su amigo había querido decir la estaban llevando a su límite.
Ryu le lanzó una mirada cansada y comenzó a realizar un masaje en la espalda de la chica ocasionándole una serie de quejidos. InuYasha notó que Ryu parecía tocar con cierta fuerza algunos puntos específicos de la espalda hasta que se concentró solo en la zona media. Sentía una fuerte molestia por estar presenciando como ese hombre tocaba a la que él ya consideraba su mujer y el hecho de que se había enterado de que ya la había visto desnuda solo ocasionaba que la molestia aumentara, si seguía en silencio empeoraría.
- ¿Cómo llevaste acá?- preguntó InuYasha observando el rostro adolorido de la chica.
- Necesitaba con urgencia transmitirles un mensaje de parte del maestro- respondió Ryu con un rostro serio, concentrado en el masaje- Así que me acerqué al pozo y probé saltando dentro de él, ya que el maestro me dijo que quizás se mantenía abierto para todos- se encogió de hombros dando a entender que no sabía por qué Akira le había dicho aquello- Resultó ser cierto y llegué a esta época sin problemas.
- Eso está mal- murmuró la chica con dificultad- No sabía eso… tengo que ir a cerrarlo o cualquier demonio podría llegar a la época moderna.
- Tendrá que ser mañana- dijo Ryu ceñudo.- Ahora dormirás.
- No puedo dormir sabiendo que-
Kagome cayó rendida en el sueño luego de que Ryu apretase un punto cerca de su cuello.
- ¿Cómo hiciste eso?- preguntó sorprendido InuYasha agachándose a la altura del rostro de la chica comprobando su respiración acompasada.
- Una técnica que me enseñó mi padre- respondió el chico que seguía en su trabajo.
InuYasha se incorporó sorprendido. Ese tipo realmente sabía hacer muchas cosas.
- ¿Cuál es el mensaje que ese viejo tiene para nosotros?- preguntó el hanyou recordando el motivo de su presencia.
- La presencia maligna aumentó de forma alarmante en nuestra época- respondió Ryu dando pequeños golpes con sus palmas en la baja espalda de la chica- Un equipo quedó seriamente herido enfrentando a un demonio hace pocas horas. La energía maligna aparece y desaparece sin que podamos seguirle el rastro. El maestro cree que hay un youkai en esta época que tiene que ver con lo que pasa en el futuro… - dio unos últimos golpes suaves en la parte alta de la espalda y soltó un suspiro cansado- No sé cuántas veces más tendré que arreglar a esta miko…
- ¿Qué era lo que me ibas a decir?- soltó InuYasha ceñudo dejando de lado la importancia de lo que estaba sucediendo en la época de la chica.
Ryu lo miró dudoso de responder a esa pregunta.
- ¡Keh! Me enteraré tarde o temprano- intentó convencer el hanyou elevando un poco el tono de voz- Será mejor que me lo digas ahora.
- No lo sé- susurró Ryu. Su mirada se había opacado- Pensé que ella te lo había dicho ya, pero claramente no quiere que te enteres. No creo ser el indicado para—
- Me lo dirás- gruñó InuYasha haciendo tronar sus garras- Todo lo que le haya pasado me involucra directamente. Además… - arrugó el ceño- necesito saber bajo qué circunstancias haz visto a Kagome desnuda o juro que te destrozaré. – lo apuntó con el índice- ¡No lo he hecho antes solo porque me agradas! Pero no tientes tu suerte…
Ryu soltó una risa suave y bajó la mirada a la chica que ahora descansaba.
- Te lo diré, pero tienes que prometerme que ella no se enterará que te lo he contado- resolvió Ryu con la mirada triste aún posada en la chica.
- ¡Keh! Habla de una vez por todas- apuró el hanyou alzando el puño.
- Asumiré eso como una promesa- suspiró Ryu resignado.
InuYasha observaba a la chica en el silencio y oscuridad de la noche. Miroku y Sango, que parecían muy alegres, habían ido a descansar a la habitación que el terrateniente les había asignado y donde Shippo no había parado de dormir desde que acabaron con el enemigo, ya que el usar tanta energía en la batalla lo había dejado agotado. Ryu había decidido volver inmediatamente a la época actual para intentar mantener el pozo resguardado hasta que la chica supiera como crear alguna protección para él.
El hanyou había tomado a Kagome y poniendo sus instintos a prueba la vistió con una yukata para dormir que Sango le había dejado y la acomodó en el futón, sentándose en posición india junto a ella. Le parecía la mujer más hermosa del mundo y no podía creer que hubiese sufrido tanto por estar lejos de él. Sintió un nudo en la garganta recordando lo que Ryu le había contado.
"- Conocí a Kagome cuando ingresó al templo. Yo entreno allí desde que tengo memoria, por lo que el maestro me encargó su preparación física y entrenarla con la espada.
Ryu se puso de pie con un agotamiento que InuYasha nunca le había visto. Caminó hacia un mueble y se volteó con una manta en las manos.
- Desde que llegó fue tierna y amable con todos- continuó explicando- siempre con una sonrisa en su rostro, pero acompañada de unas ojeras enormes. No me fue difícil darme cuenta que ocultaba un gran dolor… Su estado emocional era un desastre- se detuvo junto a Kagome y colocó la manta sobre ella- lloraba cuando creía que nadie la veía y después de molestarla un buen rato me confesó que apenas dormía.
InuYasha había olvidado por completo el asunto del pozo y el alza de energía maligna, solo le importaba saber sobre el bienestar de la chica. La miró descansar tranquilamente y no pudo evitar sacar un poco de cabello de su cara mientras escuchaba a Ryu continuar.
- También me percaté que casi no comía, lo que inevitablemente ocasionó que se desmayara muchas veces mientras hacía esfuerzo físico y espiritual.- Ryu se pasó una mano por su cara angustiándose al recordar esos momentos- No me quise involucrar más de lo que ella permitía, pero llegó un momento en que no pude seguir mirando al costado.- Miró a los ojos a InuYasha, quien notó el gran dolor que sentía al estar contándole aquello- Un día no llegó al entrenamiento. Fui a buscarla a su casa, pero al no abrirme nadie pensé que estaba vacía… no sé por qué, pero tuve un presentimiento y decidí entrar a la fuerza. Me encontré a Kagome en la tina con la cara hundida en el agua totalmente quieta.
- ¿Qué le sucedió?- exclamó InuYasha con un hilo de voz.
- Se había desmayado y al parecer lentamente se fue resbalando hasta que quedó hundida- respondió el chico- La saqué y por suerte había pasado muy poco tiempo porque logré reanimarla y no tuvo mayores consecuencias. A penas despertó la llevé a su habitación y me preocupe de estabilizarla, luego de eso, lloró por horas. Me contó la historia de ustedes… ¡¿quién no estaría como ella con todo lo que le había pasado?!- exclamó algo alterado- Su familia nunca lo supo, quedó entre nosotros, y bueno, para no alargar más la historia, le hice darse cuenta de lo idiota que estaba siendo, que tenía que estar bien para su reencuentro contigo y que tú la detestarías si supieras como estaba. Por tu cara de espanto, sé que no me equivoqué- susurró antes de darle una palmada en su hombro."
Pasó una mano por sus ojos sintiendo como las lágrimas amenazaban con aparecer y luego, apretó los puños con ira. Ahora sabía lo que había causado ese cambio en su actitud que la chica le había comentado en su primera noche desde su reencuentro. Jamás volvería a permitir que Kagome cayera en tal tristeza, haría todo por verla feliz. Ese era el único motivo por el cual tenía sentido su propia vida.
Se acercó suavemente a ella y le besó la frente. Una calidez alivió su ira cuando vio como una sonrisa se formaba en el rostro dormido de la muchacha luego de que él susurrara su nombre.
- Haz estado muy callado Inuyasha- le dijo Kagome sacándolo de sus pensamientos.
Finalmente, cerca del anochecer del segundo día de caminata, divisaban la aldea de Kaede. Todos estaban cansados por la última batalla, pero lo que los tenía más preocupados y confundidos era la energía maligna que habían percibido en el hijo del terrateniente, además del mensaje que les había entregado Ryu. Y todo aquello sin contar el peligro que significaba el pozo abierto.
A la mañana siguiente del incidente con el demonio, la miko había despertado como nueva. Les explicó que Ryu había aprendido de su madre a aliviar las dolencias con un tipo de masaje que utilizaba las energías y unas esencias especiales. Sango había quedado maravillada con las habilidades del exterminador pensando en pedirle que le enseñase, cosa que había molestado seriamente a Miroku durante todo el viaje.
- ¿Y bien?- insistió Kagome tirando del cabello del hanyou para que le prestara atención, deteniendo su caminata.
- ¡Ay, Kagome! ¡cómo molestas! ¡Eso duele!- exclamó molesto quitándole el cabello de su mano.
- ¡Si me prestaras atención no tendría que recurrir a esos métodos!- dijo la chica con las manos en su cintura.
- ¡Estaba pensando! No estaba prestando atención a mi alrededor- gruñó InuYasha cruzándose de brazos con los ojos cerrados.
Un gran silencio se hizo presente. InuYasha abrió un ojo y notó a todos sus amigos con cara de sorpresa, mirándolo fijamente.
- ¿Pensabas InuYasha?- preguntó Shippo con los ojos muy abiertos desde el hombro de Miroku.- ¿Tú solito?
- ¡¿Qué quieres decir con eso?!- gritó molesto sintiendo como una vena se marcaba en su frente.
- Es que es toda una sorpresa- comentó el pequeño manteniendo la expresión y siendo apoyado por un asentimiento de Miroku y Sango.
- ¡ARGG! ¡Endemoniado zorro!- gritó molesto InuYasha lanzándose contra él.
El pequeño kitsuke saltó a los brazos de Kagome sabiendo que ese era el mejor refugio de la ira de InuYasha.
- Ya InuYasha- detuvo Kagome sujetando con fuerza a Shippo y deteniendo el ataque- No olvides que es un niño.
- ¡Pero lo escuchaste Kagome!- exclamó el nombrado molesto
- Pero no tienes porqué reaccionar así—
- Él se lo busca y luego corre para que lo protejas, ¡siempre lo defiendes!- la interrumpió InuYasha exasperado.
- Porque es un niño y tú un adulto- respondió enojada.
- ¡Pero un niño que no sabe medirse!- dijo de la misma forma InuYasha- ¡Sólo se dedica a molestar!
- ¿Y con nuestros hijos serás igual?- exclamó molesta la miko apretando aún más a Shippo que comenzaba a ahogarse- Si te molestan, ¿los golpearás?
- ¿Nu-nuestros hi-hijos?- repitió el hanyou quedándose paralizado.
Miroku y Sango se miraron con las cejas alzadas y sonrieron traviesos. Notaron como InuYasha daba un paso atrás conmocionado por lo dicho por Kagome.
- Shippo es como nuestro hijo- siguió la miko sin percatarse del estado de InuYasha. Al parecer no se había dado cuenta de la magnitud de sus dichos.- Y lo maltratas en vez de enseñarle. Él te quiere- dijo alzando al kitsuke que se sonrojó al escucharla- y eres su ejemplo a seguir. Nuestro deber es cuidarlo.
- ¿Crees que no lo sé?- exclamó InuYasha que se había recuperado al molestarse por los últimos dichos de Kagome- ¿Por qué crees que hay una habitación extra en la cabaña? ¡No la hice para que quedara vacía!
Shippo lo miró impactado por unos instantes y luego sus ojos se humedecieron emocionados. Él también había ayudado en la construcción de la cabaña e InuYasha muchas veces le preguntó su opinión, más que a cualquiera, pero jamás imaginó que era porque esperaba que él viviese con ellos.
- InuYasha…- susurró el kitsuke intentando calmar sus lágrimas para parecer fuerte como él- Muchas gracias.
- ¡Keh!- exclamó éste sonrojándose levemente con la cabeza girada y los ojos cerrados.- Era obvio enano.
Kagome lo miró con la misma emoción que el demonio zorro tirando por el traste su enojo. InuYasha no paraba de sorprenderla cada día.
- Parece que sí será un buen padre- comentó Sango con una sonrisa pícara.
La miko se sonrojó furiosamente al darse cuenta de lo que había salido de su boca y que por la molestia, no había medido. Miró a InuYasha que seguía en la misma posición, pero con el rostro tan encendido como su haori.
- Vamos a casa…- dijo Miroku optando por dejar a sus amigos tranquilos, ya que ellos mismos ya se habían avergonzado lo suficiente- O serán otros los malos padres.
"Bueno, ese fue un comentario inocente", pensó travieso al ver como Kagome e InuYasha se tensaban y sonrojaban aún más. Tomó a Sango de la mano y siguieron su camino a la aldea ansioso por ver a sus princesas y a su pequeño.
InuYasha asaba un jabalí trozado en el fogón mientras esperaba el regreso de la miko. Kagome había ido hacia el pozo antes que anocheciera para poner una provisional barrera y permitirle a Ryu marcharse, sin antes pedirle a InuYasha que buscara algo para cenar mientras ella hacía su labor.
Shippo, por su parte, prefirió marcharse de inmediato a sus clases de demonio zorro prometiendo volver lo antes posible para ocupar su nueva habitación. InuYasha soltó una pequeña risa al recordar la emoción del kitsuke al saber que al fin tendría un hogar propio y podría disponer de su habitación como quisiera.
- Ese enano…- susurró con una pequeña sonrisa. Pero ese gesto fue reemplazado de inmediato por un ceño fruncido al retomar sus pensamientos de la tarde.
Le había dado vueltas al estado de Kagome antes de su reencuentro, sintiéndose totalmente identificado. El tiempo sin ella se había vuelto muy difícil de llevar, perdiendo las ganas de vivir. Solo la esperanza de verla lo mantuvo en pie y luego de visitar esos templos, ésta se vio algo más reforzada. Shippo también ayudó en mantenerlo fuerte, no podía negarlo, ya que sin las propias esperanzas del niño, las suyas hubiesen durado muy poco tiempo.
Observó el fuego absorto. Kikyo jamás le hizo sentir tal vacío, su ausencia jamás causó que se sintiera incompleto como lo hace la de Kagome. El calor invadió su cara al recordar que la miko había dicho algo respecto de tener hijos.
Juntos.
Hijos de él.
Un hanyou.
Una sonrisa acompañó su sonrojo al imaginar a Kagome sosteniendo un bebé con pequeñas orejitas en su cabeza.
- Un hanyou, hijo de hanyou- masculló de pronto con amargura sentándose a lo indio.
Ese calor que había sentido en su pecho se convirtió en un frío enorme al pensar en la discriminación que sufriría su hijo. Estaba seguro que Kagome lo sabía y aun así parecía dispuesta a tener a sus cachorros. No sabía que pensar… Siempre se imaginó solo, luego conoció a Kagome y se imaginaba junto a ella y junto a Shippo y sus amigos, pero ¿hijos? Jamás lo había considerado una posibilidad y ahora le parecía una especie de hecho. Eso le había dado a entender Kagome.
De pronto, sintió unas manos deslizarse por sus hombros cerrándose en su pecho y una respiración a un costado de su cara.
- ¿Por qué tantos suspiros?
La voz de Kagome resonó en su ser emocionándolo y calmándolo a la vez. No la había sentido volver. Levantó el rostro y al ver por la ventana se dio cuenta que ya había anochecido. ¿Cuánto tiempo había estado divagando que ni siquiera había ido a buscar a Kagome al pozo?
- ¿Qué sucede cariño?- murmuró la chica ajustando su cuerpo a la espalda del hanyou. Se sintió preocupada al ver la mirada absorta de InuYasha.- Haz estado estos últimos días muy extraño.
Cariño. La palabra hizo eco en los oídos de InuYasha sintiendo nuevamente el calor en su pecho, que aumentó al sentir pequeños besos en su cuello. La dejó unos instantes antes de girarse lo suficiente para tomarla y sentarla en sus piernas, sorprendiéndola. La observó detalladamente apreciando la delicadeza de su piel, la sedosidad de su cabello, la definición de sus rasgos y el brillo de sus ojos, que estaban fijos en los de él.
Lentamente se fue acercando al rostro de la chica hasta que rozó sus labios con suavidad. Kagome había cerrado los ojos, perdida en el calor que el mitad demonio le entregaba causando que su corazón latiera a mil por hora.
InuYasha finalmente probó los labios de la miko, lentamente, disfrutando cada segundo que duraba ese toque. Con una mano sujetaba la cintura de la chica y la otra, inevitablemente fue a sus piernas, corriendo la tela del kimono que usaba desde su regreso del castillo del terrateniente. Sintió la respiración de la chica acelerarse y su aroma aumentar ante su primer toque, por lo que no dudó en continuar acariciándolas con libertad.
La chica buscó el pliegue del haori y del kosode, y alcanzó el pecho del hanyou acariciándolo con delicadeza. InuYasha sentía la energía acumularse con rapidez en su bajo vientre, aumentando sus ansias de tenerla más cerca. Subió su mano hasta la cadera de la chica, que soltó un gemido al sentir que el hanyou continuaba su camino hasta su trasero, apretándolo con fuerza. Aumentó la ferocidad de sus besos, devorando los labios de la mujer con ansias, sin perder el cuidado de no dañarla con sus colmillos.
Ansioso de sentirla aún más cerca la alzó desde su cintura y la colocó a horcajas sobre él, disfrutando con libertad de toda la extensión de sus dos piernas. Dejó sus labios para repartir pequeños besos en el mentón de la chica y luego bajó suavemente a su cuello llegando a su clavícula donde pasó su lengua, erizándole la piel al húmedo tacto.
Kagome estaba maravillada. Sus sentidos percibían todo lo que involucraba a InuYasha, pero parecían estar mezclados, envolviéndola en una nube de sensaciones. Con premura, lo despojó de sus ropajes, dejándolo solo con la hakama, mientras él no dejaba de besarle.
InuYasha se alejó unos centímetros y la observó. Tenía las mejillas sonrojadas, el cabello un poco alborotado y los ojos semiabiertos. Le pareció una deidad. Maldijo internamente a Ryu, ya que por su aparición no habían podido ir donde Tottosai para que los ayudara a encontrar a Myoga, quien también fue maldecido al no aparecer cuando más lo necesitaba.
- No me harás daño- susurró Kagome adivinando sus pensamientos y pasando sus manos por el cuello del hanyou.- Las marcas aparecieron hace mucho rato y ni te habías percatado. Creo que mi energía espiritual equilibra la tuya…
InuYasha abrió los ojos sorprendido. No se había dado cuenta de su transformación, y se sentía completamente normal dentro de lo que podría decirse en esas circunstancias.
- No me harás daño- repitió la chica juntando sus frentes sin quitarle la mirada- Confía en mi…- apretó su cuerpo contra el de él temblando ligeramente- InuYasha…
Recibió la confianza que la chica le transmitía a pesar de su temblor. Sabía que ella estaba emocionada y al parecer más preparada que él. Lentamente se alejó de ella y bajó levemente el kimono de uno de sus hombros, tragando duro ante tal visión. Jamás había deseado a una mujer antes de conocer a Kagome y sin las conversaciones con Miroku poco sabría del tema. Intentó recordar las enseñanzas que le había dejado en su última conversación y volvió a tragar duro: intentaría ser ahora él quien llevara las riendas de la situación.
- ¿Estás segura que sabes lo que esto significa?- preguntó fijando su mirada en el hombro de la chica.- Lo que pasará si… si… si lo ha-hacemos- aclaró tartamudo.
- Sé lo que significa hacerlo- respondió ella tomándole el mentón y obligándola a verla a los ojos. Estaba sonrojada y nerviosa, pero totalmente decidida- Es un acto de amor, de pertenencia… Hace muchos años que yo soy tuya InuYasha, así como tú ya me dijiste que eres mío… o ¿no es así?- su voz tembló ligeramente aún sin soltarlo.
- ¡Feh!- exclamó sonrojado rodando los ojos a un costado- Ya te lo dije.
- InuYasha- llamó la chica para que la volviera a mirar- Si lo que te sucede es que temes que me arrepienta de esto… ten claro que ya soy una mujer adulta que puede decidir cuándo y con quien dar este paso- le acarició una mejilla con ternura- y quiero hacerlo con el hombre que amo.
La emoción en el pecho de InuYasha aumentó de un golpe. Él también deseaba dar este paso y solamente con ella ¡Cuánto tiempo soñando con eso! Quería que fuese solo de él, que solo él tuviese el privilegio de verla como lo estaba haciendo ahora, de tocarla y besarla completamente…
- Pero si lo que te sucede- continuó la chica con una mirada triste- es que realmente no estás preparado o no quieres hacerlo, yo lo entien—
InuYasha se apoderó impetuosamente de su boca, callándola de inmediato. Abrió el kimono con ansiedad bajando su boca hasta sus pechos expuestos. Kagome arqueó la espalda ante el contacto de la lengua del hanyou con ellos, sujetándose de los hombros del chico con fiereza. El hanyou la despojó de su kimono, dejándola con la pequeña prenda que siempre usaba y cubría su zona íntima, y se puso de pie con ella sujeta con las piernas de su cintura. Besándola con desesperación se encaminó a la habitación, golpeando un balde con agua en el camino que apagó el fuego donde se asaba la comida.
La posó con suavidad en la cama cubriendo su cuerpo con el de él. Kagome gimió al sentir la erección del hanyou contra su centro y se aferró a su espalda con desesperación. No quería que se alejara de ella, ansiaba perderse en su aroma a madera y sus fuertes músculos. Con algo de dificultad, mientras el hanyou acariciaba su cintura y besaba su cuello, logró desatar el nudo de su hakama y sacárselos.
InuYasha ya estaba perdido en su excitación. Desnudo, con la chica bajo su cuerpo aferrada a él, fijó nuevamente sus ojos en los de ella y lo supo. Ya no había marcha atrás.
Primero que todo: PERDOOON! Sé que esta demora fue excesiva, pero al parecer estar de vacaciones me quita inspiración a pesar de que tengo el tiempo y el estrés me la da, pero no tengo tiempo... Además este capítulo me costó un montón! Todo mal!
Más protagonismo de los personajes secundarios, ¿que les pareció? Espero sus opiniones!
Agradecimientos:
setsuna17: Lo siento! xDD Espero que este termino de capítulo no ocasione que me odies más! Gracias por tu comentario y por leer.
gaby: Gracias por tu ánimo! Me encanta que te encantara! xD Gracias por leer y por tu comentario!
sele17: Me gustan esos dos personajes, además de Shippo. Además la acción nunca está de más xD Gracias por leer y comentar!
serena tsukino chiba: Esos dos locos ahora se verán encendidos, ajjajaja. Gracias por leer siempre!
Oppaz y thu: Que alegría que te haya gustado tanto! Me gusta la idea de que InuYasha y Kagome están en iguales condiciones respecto a su relación de pareja, por eso creo que era necesario que también hubiese celos por su parte. Gracias por leer! Gracias por comentar!
Pauly: Espero hayas quedado satisfecha con este capítulo! Muchas gracias por comentar y leer!
honeystrange17: Habrán más celos pronto! Hay varios personajes que aún no aparecen y ocasionaran varios remesones. Gracias por leer y comentar!
Hilary Jazmin : Creo que ya conteste al por qué... pensé en que ellos tuvieran algo, pero creo que no iría acorde a la personalidad de Kagome. Espero que este capítulo también haya sido de tu agradado. Gracias por leer y por comentar!
Jachagaco: Espero no te haya decepcionado este capítulo! Ese Ryu es un loquillo! Pero ya vimos un poco más de su personalidad. Sango y Miroku... me gustan mucho! ASí que quiero ir lentamente poniendo más de ellos. Me gusta mucho el InuYasha que estoy describiendo, creo que sería lo mpas adecuado El próximo ya se ve como se viene... Gracias por leer y comentar! Y para el próximo te asuguro que necesitarás papel!
Coralyna: Uyyyyy lo adivinaste!Es la idea jajajaaj Gracias por ponerme en tus Favoritos! Es un honor! Y te prometo que en otro cap habrá mucho calor! Gracias por leer y comentar.
usagi2432: Muchas gracias! Espero hayas disfrutado este aunque haya quedado algo flojo. Gracias por leer y comentar!
Lizell : La pose sería como que queda sentada en el piso, pero sujetando el arco que esta de firma vertical. No sé si me entiendes ahora... Gracias por leer! Espero tus comentarios!
Francisca: PERDONAAAAAAAAAAAA
Karin:GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS por ese análisis tan completo. Me dejo demasiado feliz por tan buenas impresiones. Siento que este capítulo te decepcionará un poco, pero prometo remontar! Me encanta que haya llegado tal como yo esperaba que pasara y me entendieran bien. Los errores los iré corrigiendo a medida que me de cuenta y no me gane la flojera. Te quierooo!
Gracias a todas por sus comentarios y a las visitantes, también, siempre es agradable saber que a pesar de no actualizar hace tiempo sigue teniendo constantes y numerosas visitas.
Espero sus comentarios de este nuevo capítulo!
