Capítulo 16

¿Enemigo?

- Eso estuvo fácil.

Miroku caminaba junto a Kohaku de regreso a la aldea. Ante la ausencia de InuYasha para realizar los trabajos en las aldeas cercanas, Kohaku, de ahora 18 años, se ofreció a acompañarlo mientras Sango se quedaba reguardando la aldea junto a Kirara.

- No nos tomó mucho tiempo- asintió el.- Mi hermana estará feliz de que regresemos antes de lo presupuestado.

- ¡Oh! Tu hermosa hermana- sonrió Miroku mirando al cielo pervertidamente- ¡Cómo me premiará por llegar pronto a su lado!

Kohaku se sonrojó furiosamente al tiempo que hacía un gesto de asco. Miroku, ignorante de todo eso, cambió su expresión por una seria al percatarse que algo invadía el pacífico ambiente.

- Kohaku- llamó a su cuñado, pero éste ya estaba en posición de ataque.

A los segundos, un demonio parecido a un simio enorme se lanzó contra ellos. Sus ojos negros y vacíos tenían un suave destello verde. Lanzó una mano contra Kohaku, quien saltó esquivándolo y lanzando su enorme cuchilla que se enterró en el antebrazo y lo dejó emanando un líquido morado, que supusieron era sangre. Esto pareció enfurecer al monstruo aún más, que atacó a Kohaku golpeándolo en el pecho con tal fuerza que lo lanzó contra unos árboles. Miroku esquivó con dificultad un segundo golpe mientras intentaba acercarse donde estaba su cuñado y lanzó un golpe con su báculo desviando un nuevo ataque del demonio. En esos segundos de distracción, logró correr hasta Kohaku, quien se ponía de pie sujetándose un hombro.

- Tiene demasiada fuerza- comentó Kohaku recuperando su arma- No es normal para un demonio de su clase, por eso me confié.

- Estamos demasiado cerca de la aldea- señaló Miroku preocupado, mientras el demonio se volvía hacia ellos.- Acabémoslo rápido.

Miroku corrió rápido hacia él y lo golpeó en el rostro, escapando rápido de su contrataque y obligándolo a que le diera la espalda a Kohaku. Lanzó unos pergaminos que quemaron la piel del demonio con la que hacían contacto. Éstos no lo detuvieron, pero sí lo ralentizaron lo suficiente para que finalmente el exterminador, sin que el demonio pudiese verlo, le diera el golpe de gracia. La cabeza del demonio-mono rodó lejos y se deshizo en un polvillo gris.

- ¿Estás bien?- preguntó Miroku acercándose al joven.

- Me duele el hombro, pero nada de qué preocuparse.- respondió éste.

Miroku asintió más tranquilo y se volteó a donde el cuerpo del demonio había quedado hecho cenizas. Sacó un nuevo pergamino para eliminar los restos malignos, pero un extraño brillo le llamó la atención.

- ¿Qué es eso…?-

Una piedra verde relucía entre las cenizas. Una suave aura corrompida emanaba de ella, así que evitando tocarla directamente, la tomó.

- Yo conozco eso- exclamó Kohaku observando el objeto. Sacó de su bolsillo una pequeña bolsa de cuero envuelta con papeles sagrados y la abrió, mostrando un conjunto de 15 o 20 piedras de distinto tamaño, pero de igual forma ovalada.- Las encontré al acabar con varios demonios y todos eran más fuerte de lo que debieron haber sido. Te las iba a mostrar cuando se diera la oportunidad.

- No podemos llevar esa energía maligna a la aldea, podría atraer demonios, además no sabemos en qué consisten.- explicó Miroku subiéndose las mangas y sentándose en el suelo- Lo siento, pequeño Kohaku,- dijo colocando la piedra frente a él- pero tendremos que purificar esto antes de ir a casa.

Kohaku asintió colocando el resto de las piedras frente al monje. Tomó un paño y se hizo un torniquete en el brazo, preparándose para montar guardia mientras Miroku, con un rosario entre sus dedos, comenzaba el ritual de purificación.


- ¡Llegamos!

Sango, al escuchar a su hermano llegar corrió a la entrada, emocionada de que se hayan demorado dos días menos de lo presupuestado.

- Qué alegría que ya estén en casa…

Su voz se fue perdiendo mientras detallaba la condición en que los recién llegados se encontraban. Kohaku, totalmente sucio y con una venda sangrante en el brazo sujetaba por los hombros a Miroku, que estaba pálido y sudoroso.

- Sanguito- sonrió el monje intentando componerse para no preocuparla- ¡Hermosa como siempre!

- ¡¿Qué le sucedió?!- gritó alterada corriendo hasta ellos.

- Tuvimos una fuerte sesión de purificación- respondió Miroku con una sonrisa ladeada.

- Miren como están…- masculló la mujer intentando contenerse.

- ¿Qué les sucedió?

Rin apareció tras Sango llevando al hijo de la pareja en brazos acompañada de la anciana Kaede que llevaba a las gemelas.

- Déjenme que me acomodo y les contamos todo- dijo Miroku intentando caminar solo hasta lo que podría considerarse su sala, pero trastabilló siendo de inmediato sujetado por Sango. Ella lo miró ceñuda, con la preocupación cruzando por sus ojos, pero él solo le respondió con una sonrisa impregnada de ternura- Siempre que tropiece tú estás para ayudarme…

- No seas ridículo- respondió Sango sonrojada ayudándolo a recostarse contra unos cojines.

Miroku le acomodó con delicadeza y soltó un fuerte suspiro. Vio como sus gemelas lo miraban con los ojos llenos de lágrimas y su corazón pareció romperse.

- No lloren mis pequeñas- les dijo Miroku estirando sus brazos hacia ellas, quienes no dudaron ni un segundo en correr hacia él, llorando y llamándolo.-

- ¿Estás enfermo?- preguntó Nozomi sujetándolo de su traje.

- Papá está bien, solo es que tuvo un largo día de trabajo y está cansado.- respondió Miroku.

- ¿Por qué no van y le hacen un lindo dibujo con los lápices que les trajo tía Kagome para que papá se ponga se anime?- propuso Sango con una sonrisa tranquilizadora.

- ¡HAREMOS EL MEJOR DIBUJO!- gritó Kazumi con tanto ímpetu que su voz pareció sonar más grave, antes de salir corriendo a directo a su habitación con una velocidad increíble para su edad.

Nozomi corrió para seguir a su hermana, pero antes de perderse de vista se volteó, dio una pequeña reverencia y continuó su camino.

- Tan iguales y tan distintas a la vez- rió Kohaku que ya era ayudado por Rin en su curación.

- Como sus padres- sonrió Kaede meciendo al pequeño Yoshito.

- Bien- apuró Sango, luego de unos instantes donde preparó una taza de té para su esposo y hermano.- Cuéntenlo todo.


Tenía frío.

Sentía su cuerpo acostado contra algo duro y helado. Abrió los ojos con dificultad. Estaba mareada. Intentó enfocar la mirada y reconoció el lugar donde se encontraba como una celda de piedra oscura, que solo tenía una maciza puerta de madera con una rendija a la altura de los ojos. Se sentó suavemente regularizando su respiración y escupió un poco de agua salada.

Intentó recordar cómo había caído allí, pero había perdido el conocimiento luego de que no había podido respirar mientras era arrastrada por el mar, a los segundos de que hubiera perdido de vista a InuYasha.

Genial, pensó la chica sarcástica, No recuerdo nada de utilidad.

Intentó relacionar lo que había vivido para sacar al menos una idea, pero todo estaba demasiado oscuro y solo pudo notar el tipo de celda. Deducía que era un palacio o un castillo antiguo, ya que las cárceles modernas no tenían esas características. El lugar hacia donde fue empujada no lo recordaba, pero podía suponer que era el castillo de Himeji, ya que no había otra construcción con esas características por los alrededores.

Recordando algo esencial, llevó su mano a su cuello. El collar que equilibraba sus fuerzas no estaba. Lo más probable es que al ser arrastrada por el mar, se soltó de su amarre. Intentó calmarse, mientras mantuviese sus energías controladas y no se alterara, estaría bien. Había entrenado, podía lograrlo.

Se abrazó a si misma controlando sus escalofríos al solo estar con su traje de baño puesto. Quiso llorar, pero se controló. Era una miko, por Kami. Ya no era más una niñita llorona que debía esperar a que alguien la salvara, debía salir de esto por ella. Ante este razonamiento, le surgió una sonrisa burlona: InuYasha debería estar vuelto loco buscando salvarla. Ella no estaba sola en esto.

Bien, pensó estirando lo brazos agarrotados, a pensar qué hacer.

No tuvo mucho tiempo para ello, porque una presencia entró en su radio de sensibilidad. ¡Debía pensar en una estrategia rápido!

Un sonido seco acompañado de un chirrido resonaron en la celda cuando la puerta se abrió. Un hombre con armadura antigua, sin nariz y con sus facciones muy redondeadas, la encontraba tirada en el piso.

- ¿Todavía estás inconsciente?- lamentó el hombre acercándose a ella. Kagome se quedó inmóvil intentando regular los latidos de su corazón- ¡Ey! Vamos- la tomó del brazo y la remeció- Despierta.

Kagome siguió inmóvil. Aún no tenía ningún plan, necesitaba ganar tiempo y quizás si pensaba que seguía inconsciente le daría unas horas más.

- Vamos…- masculló el tipo dejándola caer.- No tengo tiempo para esto.

Kagome escuchó como se alejaba de ella, se detenía un segundo y volvía a acercarse. Sin poder saber qué era lo que estaba haciendo el desconocido, una enorme cantidad de agua helada como el hielo, cayó sobre ella, haciéndola inevitablemente saltar asustada y escupiendo agua que había entrado por su boca. No se esperaba esa forma de despertarla.

- Vamos, levántate- gruñó el ser.- Mi señor te está esperando.

La miko lo miró desafiante. El sujeto no era más que una mescla de humano con pez, podría fácilmente vencerlo, pero ¿y si habían más guardias? ¿Cómo huiría de allí?

- ¿Qué esperas?- exclamó el sujeto asiendo un objeto que colgaba de su cinto. Una espada.

Kagome se puso de pie sin quitarle la vista de encima y salió de la celda, seguida por el guardia. En su camino por húmedos y oscuros pasillos de piedra, intentó buscar algún medio de salida, algo que le diera una abertura para poder escapar por allí, pero a medida que avanzaban aparecían más guardias de aspecto marino, todos con finas espadas y lo que Kagome reconoció como armaduras de samurai. Se abrazó intentando esconder su expuesto cuerpo que era detallado por cada uno de los guardias con los que se cruzaban, pero el ver que ninguno hizo siquiera un ademán de acercarse, ayudó a que se calmase un poco.

- ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?- preguntó Kagome sin siquiera voltear a ver a su captor.

- Casi pensé que eras muda- respondió el sujeto desde su espalda- Te demoraste mucho en preguntar.

- ¿Cuánto tiempo?- repitió Kagome.

- Unas horas- respondió finalmente el sujeto.

- ¿A dónde me llevas?- preguntó Kagome intentando sonar firme.

- Ya te dije- respondió el sujeto- Mi señor te espera.

- ¿Quién es tu señor?- preguntó en el mismo modo Kagome.

- Ya lo recordarás…¨

¿Recordarlo? Eso significa que lo conocía. Pero, ¿quién podría secuestrarla? No podía pensar en nadie que en esa época estuviera interesado en retenerla. Siguió mirando las frías paredes intentando captar al menos alguna presencia que le sonara conocida, pero no encontró nada.

Finalmente el ambiente pareció cambiar. El lugar a donde habían llegado, ya parecía un castillo y uno realmente precioso, pero claramente modernizado, eso lo podía ver en la luz eléctrica que iluminaba los pasillos y en la decoración de alto nivel estético. El hombre-pez la hizo subir interminables escaleras, hasta que llegaron a lo que parecía el salón principal. Dos guardias estaban apostados junto a la puerta, uno a cada lado y la abrieron de inmediato al ver a su captor. Éste entró a la habitación y le indicó que lo siguiera.

- Mi señor- dijo el guardia haciendo una reverencia.

Kagome observó al sujeto que estaba sobre un trono en un sobrenivel. Su piel blanca, pero con tonalidades azulosas, resaltaba unos profundos ojos negros. Su largo cabello azul marino caía por las hombreras de su armadura de samurái y rozaban el suelo. Una gran mano sujetaba su mentón mientras que la otra reposaba en una de sus piernas. No podía negarlo, era extremadamente guapo y, a diferencia de lo que ella esperaba, no percibía aura maligna a su alrededor, pero sí un gran poder emanando de él.

Al poner su atención en ella, el sujeto se enderezó en su silla y la miró fijamente.

- ¿Por qué estás mojada?- cuestionó el hombre.

- Su guardia lo hizo- acusó la chica sin miramientos.

El hombre pez tiritó en su lugar al recibir una mirada de recriminación por parte del sujeto y, por un instante Kagome se sintió mal por acusarlo, pero luego recordó que la había empapado con agua congelada y se le quitó esa sensación.

- Consigue ropa- ordenó el sujeto y el guardia salió corriendo a cumplir sus órdenes. Luego se giró hacia ella y su expresión se suavizó.- Al fin te he encontrado- dijo con una voz grave y profunda.

- No te conozco- respondió Kagome haciéndole frente.

Debía intentar averiguar el motivo por el que había sido llevada hasta allí. Por precaución mantuvo su aura lo suficientemente atenta para responder a un ataque. Es verdad que no tenía sus flechas, pero ya era lo suficientemente poderosa como para poder aguantar sin él. Hasta que InuYasha llegue.

El samurái le dio una sonrisa ladeada y se puso de pie. Bajó de su trono y se acercó a ella, con su cabello casi tocando el piso.

- ¿Qué haces con tan poco ropaje?- preguntó cuándo ya estaba frente a ella.

- Me estaba bañando en la playa, en mi luna de miel- explicó la chica cruzándose de brazos molesta, pero el sujeto alzó una ceja confundido, al parecer no conocía el concepto- cuando de la nada me veo arrastrada por el mar hasta acá. ¿Cómo pretendes que esté vestida?

- No es bueno que provoques de esa forma- susurró el samurái alzando su mano para tocar su mejilla.

Kagome de inmediato aumentó la potencia de su aura de tal manera que cuando él llegó a su radio de alcance, pareció quemarse por la pureza de la miko. La chica podía manejar con mucha mayor facilidad la mescla demoniaca y pura que ahora vivían en su cuerpo, pero sin el collar no podía evitar sentir miedo de que pudiese perder el control en cualquier momento.

- No es bueno que me toques- susurró Kagome con los ojos entrecerrados.

Por un momento el samurái pareció sorprendido, pero luego soltó una alegre risa, que se cortó al instante al percibir su aroma. Kagome sabía que había percibido la esencia de InuYasha, así que esperó que el sujeto dijera algo, pero contrario a todo se mantuvo sereno y pareció ignorarlo.

- Veo que realmente no me recuerdas- comentó volviendo a sentarse en su trono, sin comentar nada al respecto.

- Si me dijeras tu nombre, quizás ayudaría.- dijo Kagome.

- Mi hermosa Hitode– respondió el samurái- mi nombre es Ningyo.

- Te equivocas- habló Kagome entendiendo algo más la situación- Ese no es mi nombre. Me llamo Kagome Higu… Taisho.- explicó. Aun le costaba acostumbrarse a ese cambio de apellido.- Te confundiste de persona.

- Jamás podría olvidarte…- negó Ningyo con otra sonrisa- Ahora ve a vestirte.

Kagome notó que el guardia había regresado. Le dio un último vistazo al samurái antes de seguir al subordinado. No parecía con malas intenciones, ni sentía alguna presencia maligna. Todo solamente parecía… un error.

Pensó que la llevaría nuevamente a la celda, pero la condujeron a una habitación en un piso inferior. La habitación parecía de un hotel de cinco estrellas. En ese momento Kagome recordó que el castillo de Himeji efectivamente era un hotel de gran reconocimiento turístico, pero entonces… ¿por qué no habían personas? Quiso preguntárselo al guardia que la llevó hasta allí, sin embargo, el sujeto desapareció en cuanto ella cruzó la puerta.

Observó que un hermoso kimono estaba sobre una gran cama de estilo occidental. Lo tomó, agradeciendo que podría abrigarse. Se acercó a la ventana con la tela entre sus manos e intentó distinguir algo, algo que pareciera una mancha de plata y rojo, pero no vio nada. Suspiró con pesadez notando que tampoco podría descender por esa ventana, puesto que no había nada de donde pudiese sujetarse.

- InuYasha…- susurró pesadamente. Miró el kimono en su puño y su ceño se frunció- No te demores, tonto.


Observó a su alrededor sin encontrarse con nadie, los jardines estaban vacíos y solo olía a pescado desde el interior del castillo. Lo rodeó con rapidez y saltó hasta un árbol que quedaba a la altura de una ventana al momento en que pasaba por ella un sujeto. InuYasha se escondió lo suficiente para que no lo pudiese ver y se concentró en no ser percibido. Controló su respiración y centró su cabeza. Cuando ya se sintió lo suficientemente preparado dio un salto quedando colgado de la ventana y esperó. En cuanto el sujeto volvió a pasar, lo tomó por la ropa y lo sacó de la ventana dejándolo caer al suelo, en donde quedó inconsciente.

Uno menos, pensó mientras veía por la ventana y la cruzaba al no encontrar a nadie más. Era un salón pequeño, por lo que no se demoró nada en cruzarla y llegar a la puerta. La abrió solo lo suficiente para ver si había alguien más y al encontrarse nuevamente solo, salió. Olfateó en el aire, buscando el aroma de su mujer, pero el lugar tenía un potente olor a mar y pescados, por lo que no logró nada. Siguió su instinto que le decía que debía seguir subiendo, así que con mucho cuidado y sin perder sus estribos, continuó buscándola por todas las habitaciones.

Ya había anochecido y el aún no haber podido encontrar a Kagome lo tenía al límite de la desesperación, pero intentó mantenerse concentrado. Acabó con un montón de demonios samurái con cara de pescado, pulpo y cangrejo sin dificultad porque nunca lo sintieron llegar (pero que causaron un escándalo que por suerte pudo manejar).

Abrió levemente una gran puerta después de acabar con los dos guardias que estaban custodiándola y por la pequeña rendija, finalmente la vio. Estaba sentada en una mesa junto con otro sujeto que en ese momento le hablaba. Lucía hermosa en un kimono rojo con un obi negro, y con su cabello suelto, con un pequeño peine rojo relucía en un costado de su cabeza. Miraba con una sonrisa al hombre, no parecía a la defensiva, pero InuYasha sabía que estaba aparentando, percibía su aura intensa. Estaba lista para defenderse en cualquier momento.

Por primera vez, usó la cabeza y observó la situación antes de lanzarse a atacar. Dentro de la habitación habían 4 guardias más y estos parecían un poco más fuertes que la escoria que acaba de derrotar. ¿Cuál sería su mejor movimiento?

- Entonces, ¿te gustó la cena?- preguntó Ningyo.

- Estaba deliciosa, gracias- dijo Kagome intentando parecer tranquila. No podía sentir a InuYasha, pero algo dentro de ella le decía que estaba cerca. Tenía que averiguar que quería Ningyo o podría producirse una batalla sin sentido. – Pero creo que ya es hora que me dejes ir.

A penas pronunció esas palabras Kagome pudo al fin sentir la verdadera identidad de Ningyo: un youkai, pero algo en él era distinto como si una parte de él no fuese más que un espectro. La miko no se movió, esperó con paciencia la respuesta.

- ¿Por qué quieres alejarte de mí?- preguntó el youkai escondiendo su mirada- Después de lo que tu padre nos hizo… lo que luchamos por estar juntos… ¿Ahora quieres irte?

- Estás confundido- intentó explicar Kagome- Yo no soy Hitode-

- Sé quién eres- interrumpió Ningyo levantando el rostro. Kagome vio como una sombra verdosa cruzó por su pupila mientras con su mano intentaba acariciar la mejilla de Kagome, pero ella nuevamente usó su aura como protección. Sin embargo, el youkai resistió la descarga que esto le causó y la tomó por el cuello, disminuyendo la distancia entre sus rostros. Ella estaba tan sorprendida por lo que el sujeto estaba haciendo que no pudo reaccionar.- Eres mi Hitode…

- ¡ALEJA TUS ASQUEROSAS ALETAS DE MI MUJER!

InuYasha lanzó por el caño todo tipo de razonamiento y posible estrategia que estaba planeando y entró en la habitación con Tessaiga desvainada y lista para destruir. Los guardias sacaron sus espadas y se tomaron posición de batalla.

- ¡InuYasha!- gritó Kagome reaccionando de golpe. Logró empujar a Ningyo que había quedado confundido por la interrupción y corrió hasta el hanyou, lanzándose a sus brazos.

- ¿Te hizo algo?- preguntó seriamente, pasando su brazo por la cintura de la miko y sin quitarle la vista a Ningyo.

- Cree que soy otra persona- explicó la miko- Creo que está siendo controlado por—

- Así que la peste que tiene impregnada Hitode es tuya- dijo Ningyo poniéndose de pie. Levantó la vista y su semblante estaba ensombrecido, una poderosa aura verde comenzó a emanar de él. Ya no parecía el mismo que hace tan solo unos instantes- Te atreviste a tocar a mi mujer.

- NO ES TU MUJER- gritó InuYasha colocando a Kagome tras de él y tomando la espada con ambas manos. – ELLA NO ES ESA TAL HITODE, MALDITO CIEGO.

- ¿También trabajas para Toyotomi Hideyoshi?- gruñó el youkai, sacando su propia espada. Ésta, con estilo samurái, brillaba con una luz azulina mesclada con otra verde y despedía una energía maligna poderosa.- ¿Acaso ese bastardo sigue intentando separarnos? ¿Después de todo lo que nos hizo?

- ¿Toyotomi Hideyoshi?- repitió Kagome con el ceño fruncido. Ese nombre le era conocido.

- QUE ELLA ES MI MUJER- gritó InuYasha con las líneas moradas apareciendo por su rostro y lanzándose contra el youkai.

Los guardias corrieron a proteger a su señor, pero Kagome los dispersó golpeando a los cuatro con bolas de energía. Solo uno quedó inconsciente al darle en pleno rostro, pero el resto se puso inmediatamente de pie. InuYasha ya había alcanzado a Ningyo y se batían a duelo con sus espadas. Los guardias restantes se lanzaron contra ella, quien se preparó para defenderse. Sin embargo, un grito de Ningyo diciéndoles que no le hicieran daño y solo la retuvieran para llevarla a un lugar seguro, los detuvo en su sed asesina.

Un guardia con cara de tiburón llegó hasta ella, cuando se descuidó al esquivar un ataque de otro, e intentó tomarla por la espalda, sujetando sus brazos. Kagome aprovechó el soporte que éste le entregaba para alzarse y golpear con ambos pies a otro enemigo que se acercaba frente a ella y luego, sin esperar ni un segundo, liberó energía para liberarse.

Se alejó unos pasos de ellos y vio a dos de ellos aún de pie, dispuestos a retenerla. Miró por el rabillo del ojo como InuYasha intentaba esquivar una ráfaga de energía que la espada de Ningyo le lanzó, pero ésta parecía perseguirlo. Kagome con toda la rapidez que pudo reunió una bola de energía pura y la lanzó contra lo que perseguía al hanyou, logrando dispersarla en el aire.

InuYasha le dio una rápida mirada y sus ojos se abrieron asustados. Por protegerlo, Kagome había sido atrapada, soltando un grito de dolor al intentar usar más energía alejarlo.

- ¡No le hagan daño!- gritó Ningyo a sus guardias y deteniendo momentáneamente la pelea.

Los guardias la soltaron de inmediato, pero Kagome desde el sueldo donde se había derrumbado al ser soltada, continuó gritando de dolor. Sus energías se habían desestabilizado nuevamente, pero al ya tener acostumbrados sus sentidos no sintió una ampliación de estos, sino solo el dolor de la pelea constante entre ambas energías.

InuYasha olvidó la pelea y corrió hasta Kagome, pero a penas la tocó ella gritó con más fuerza. Desesperado, revisó entre su haori y sacó el collar que su hermano le había regalado. Lo encontró en la orilla de la playa, en las afueras del castillo. Lo más probable es que la misma marea lo haya llevado hasta allá.

- Tranquila Kagome- dijo tembloroso InuYasha.

Le alzó levemente la cabeza, pero con rapidez ante el nuevo grito de dolor que la chica emitió al ser puesta en contacto con más energía demoniaca, y le colocó el collar que brilló de inmediato al estar en contacto con ella. La soltó apenas apoyó su cabeza y esperó que sus gritos disminuyeran levemente. Sin embargo, continuó quejándose. El dolor aunque había disminuido no parecía desaparecer.

- Mierda, mierda, mierda- se quejó InuYasha sin saber qué hacer.

- ¿QUÉ LE HICISTE?- gritó Ningyo acercándose a ellos furioso. Se detuvo a unos pasos de ellos y pareció quedar congelado al ver la marca que asomaba por el cuello de la miko- Maldito hanyou….- gruñó con ira contenida- la marcaste… la deshonraste… ¡A mi mujer!

InuYasha se puso de pie lentamente y volvió a empuñar su espada. Con la mirada escondida en su flequillo y con una velocidad impresionante alzó a Tessaiga y lanzó un Viento Cortante, destruyendo una pared por donde desapareció Ningyo al ser golpeado por el ataque. De inmediato los dos guardias restantes se lanzaron a atacarlo, pero con un solo movimiento de sus garras manchadas con su propia sangre emanada de las heridas de la batalla los destruyó.

Kagome luchaba por mantenerse consciente, pero el dolor era extremo. Necesitaba energía pura para equilibrar la demoniaca que no había sido expulsada en igual medida, pero ¿Dónde podría obtenerla en poco tiempo? Pero en ese momento la sintió. Una fuente emanaba cerca de ella. Sí… la percibía muy cerca, casi podría tocarla. Abrió los ojos con dificultad y entre gemidos, en dirección a su fuente. InuYasha arrodillado a su lado y con las mejillas marcadas de morado, la miraba angustiado.

- InuYasha…- susurró, mordiéndose los labios para no gritar nuevamente.

- Kagome…- gimoteó el hanyou desesperado por ayudarla- Debo llevarte con Rin, ella puede…

- Muérdeme- gimió la miko interrumpiéndolo.

- ¿Qué?- exclamó confundido- ¿por qué quieres eso?

- Hazlo…- dijo soltando un pequeño grito de dolor. Estaba a punto de perder la consciencia- En la marca…

- Pero si te toco, te duele más- intentó negarse InuYasha asustado. La veía sudando frío por los espasmos que su cuerpo sufría, sus ojos estaban algo perdidos y sus labios ya sangraban por mordérselos para evitar gritar.

- Hazlo…- repitió la miko resistiendo lo más posible.- Rápido…

InuYasha se acercó su cuello y evitando todo contacto innecesario, hizo lo que ella le pidió. Sus colmillos se enterraron en su piel y él esperó un grito de dolor, pero aquello nunca sucedió. En remplazo, sintió como algo salía de él y pasaba al cuerpo de Kagome a través de sus colmillos. No tenía idea que estaba sucediendo, pero no se movió. Se mantuvo quieto, rogando a todos los dioses existentes que se acabara el dolor de su mujer, ese dolor que él mismo había iniciado al marcarla.

- Ya InuYasha.

La voz de Kagome lo hizo reaccionar. Se alejó de su cuello y la observó, mientras sentía una suave mano posada en su mejilla. La miko lo observaba cansada, pero con una sonrisa en su rostro. Sus energías se habían equilibrado y el dolor había cesado finalmente.

- Kagome…- llamó InuYasha con voz temblorosa.- ¿Cómo…- No pudo seguir articulando palabra.

- Ya estoy bien- respondió ella acariciándole el rostro aún con las marcas de demonio.

InuYasha se acercó a su boca y unió sus labios con la mayor suavidad que su estado le permitía. Esta mujer lo mataría de los nervios, ¿acaso no podrían tener al menos una semana tranquilos? Se separaron y lamió sus labios para ayudarlos a cicatrizar. Sintió a Kagome soltar un suspiro al momento en que su lengua pasó por sus labios y, cuando el hanyou hubo terminado, le sonrió sonrojada. Bien, por ella bien que aguantaría a demonios todos los días.

- Vamos al hotel, allí te explico todo- susurró la chica finalmente.

InuYasha asintió y se pudo se pie, tomándola en sus brazos en estilo nupcial. La miko reposó la cabeza en el pecho del hanyou y suspiró. Cuando estuvieron a pasos de salir de la estancia, una fuerte energía maligna bloqueó la puerta, impidiéndoles la salida. No podían arriesgarse a que Kagome pasara por ella en esas condiciones.

- MALDITO HANYOU.

Ningyo volvía a aparecer con su armadura algo rota, pero con una apariencia aún más feroz. Con rapidez InuYasha corrió a colocar a Kagome a un costado de la habitación, dejándola sentada contra una pilar.

- Hideyoshi me tiene cansado…- escucharon que gruñía mientras caminaba hacia el centro del lugar, donde lo esperaba InuYasha- Prefirió entregar a Hidote a un hanyou, en vez de dejarla conmigo…

- ELLA NO ES HITODE- gritó con fuerza InuYasha con Tessaiga ya transfomada- ELLA ES KAGOME Y ES MI MUJER.

- NO INTENTES ENGAÑARME- gritó Ningyo lanzándose contra hanyou con su espada dispuesta a matar.

La batalla se reanudó, mientras Kagome se sentía impotente al nuevamente ser una carga para su compañero. Observó cómo se trenzaban en una difícil batalla, lanzándose ataques y esquivándolos o bloqueándolos sin descanso. Sus fuerzas parecían igualadas y por suerte InuYasha no parecía afectado por haber absorbido energía pura de él. Tenía una noción de por qué el poseía semejante energía, pero luego habría tiempo para analizarlo a cabalidad, ahora solo debía preocuparse de ayudarlo a terminar con todo aquello. Pero algo la estaba molestando, algo le decía que Ningyo debía ser ayudado y no destruido. Sabía que estaba siendo manejado, pero… ¿cómo liberarlo?

Sin que los combatientes se dieran cuenta, se puso de pie y aceptó tomar un riesgo. Ya recordaba quien era Hideyoshi, quizás eso podría ayudar.

- ¡Hideyoshi está muerto!- gritó con todas sus fuerzas.

Ningyo bloqueó un nuevo golpe con la espada de InuYasha y aprovechó el impulso para alejarse. Ambos miraron a Kagome confundidos.

- ¡Maldita sea, Kagome!- gritó InuYasha- ¡Aléjate!

- El terrateniente Hideyoshi está muerto- repitió Kagome ignorando a su esposo.

- ¿Cuándo?- dijo Ningyo sin dejar su posición de ataque.

- Hace casi 500 años- respondió Kagome. El youkai la miró confundido y luego soltó una risa maléfica.

- ¿Crees que caeré en esa farsa?- dijo con una sonrisa ladeada- No hace más de un año que ese malnacido me traicionó.

- Estuviste sellado en este castillo por 500 años- negó con la cabeza la miko.- ¿No te parecen extrañas las cosas de este lugar?

El samurái pestañó rápidamente y su ceño se frunció, mientras miraba a su alrededor, donde le llamó la atención los candelabros de luz que aún colgaban del techo. Kagome observó como la energía maligna parecía haberse dispersado y se movía a su alrededor de forma inconstantes. Hizo un esfuerzo enorme y comenzó a caminar hacia él con lentitud.

- Hideyoshi fue un gran samurái ¿no es cierto?- continuó hablando la miko. Notó que InuYasha le iba a gritar advirtiéndole que no se acercara más al enemigo por lo que con una sola mirada lo interrumpió, intentándole mostrarle a la vez que debía confiar en ella- El ayudó a unificar Japón, fue muy poderoso.

- ¡Gracias a mi!- exclamó Ningyo golpeándose en el pecho con ira- ¿No te lo contó? Ese maldito sabía que mi hilo del destino terminaba en ti, ¡siendo que aún solo eras una bebé! Y cuando supo de mi naturaleza youkai, la que siempre intenté mantener en secreto, me propuso un trato. – dijo con ira- Si lo ayudaba a obtener éxito y victorias, cuando tuvieras la edad suficiente me entregaría tu mano en matrimonio.- De pronto su mirada se suavizó y Kagome sintió como la energía maligna luchaba por mantenerse en el youkai- No sabía si aceptar o no, ¡Eras una humana! Pero los años pasaron y nos hicimos primero amigos ¿recuerdas? Y luego nos enamoramos- le sonrió con ternura- En ese momento supe que realmente no podría alejarme nuevamente de ti y acepté el trato. Poseía su espada y destruía a cientos de enemigos, así ganó fama y éxito y pudo construir este castillo.

Abrió los brazos con una expresión de burla en su rostro. Kagome e InuYasha cruzaron una rápida mirada, ambos atentos a los movimientos del youkai que parecía perdido en sus recuerdos. Lentamente la miko se le acercó, ya estando a tan solo dos metros de distancia. Ella conocía esa historia de una forma muy distinta, jamás había escuchado que un youkai habría ayudado al gran terrateniente Hideyoshi en sus batallas y menos que éste se habría enamorado de su hija.

- Pero cuando nosotros ya estábamos listos para casarnos- dijo de pronto ensombreciendo su mirada- Mandó a un maldito monje, sacerdote o qué se yo, a matarme, pero en vez de ello, me dejó en un estado intermedio: ni vivo ni muerto. Me traicionó, me dijo que jamás podría ver a su hija casada con un youkai… - gruñó con ira- Por eso desaparecí todo este año. ¿Acaso… acaso no me extrañaste?- le preguntó de pronto a Kagome. Parecía en un estado inestable emocionalmente, incluso parecía haber olvidado la presencia de InuYasha.

- Te extrañé- asintió la miko con una suave sonrisa y atreviéndose a quedar frente a él.- Mi padre me obligó a casarme, pero jamás te pude olvidar- Sabía que la verdadera Hitode se había casado con un guerrero y la historia cuenta que murió al poco tiempo a causa de una fuerte tristeza que fue acabando con su cuerpo.

InuYasha apretó los puños intentando controlarse y confiar en lo que sea que estuviera planeando su mujer, pero si no se apresuraba, lo destrozaría de inmediato.

- Mi Hitode…- susurró Ningyo dejando caer su espada con lágrimas en los ojos.

Kagome sintió un nudo en su garganta por el dolor que el youkai había sentido. Ella podía entender bien lo que significaba que te alejaran de la persona que amas y no poder hacer nada al respecto. Alzó ambas manos y sujetó la cara del youkai quien la miró con tanto amor que quiso que la verdadera Hitode pudiese recibirlo.

- Ningyo…- susurró Kagome con pequeñas lágrimas corriendo por sus mejillas.- Te ayudaré a volver a Hitode.

Y mientras el youkai abría sus ojos confundido, Kagome a través de sus manos, lanzó energía demoniaca para inmovilizarlo y luego un golpe de energía purificadora, para cortar de una vez por todas el control que ejercían sobre él. El grito de Ningyo gritando por Hitode, se confundió con el de InuYasha llamándola a ella. Sabía que estaba corriendo un nuevo riesgo por liberar a Ningyo, pero no podía dejarlo así. Merecía ayuda. Pero en un momento tuvo que detenerse. Lo soltó y retrocedió unos pasos, intentando regular su respiración, pero sus piernas temblaron y sintió como caía, sin embargo, InuYasha con una velocidad increíble alcanzó a sujetarla y dejarla sentada en el piso apoyada en él.

- ¡Tú quieres matarme!- afirmó InuYasha con un grito, luego de revisar que ella estaba bien.

- ¿Cómo dices eso?- dijo la chica ceñuda, mientras se limpiaba con un brazo la transpiración de su frente.

- Porque usas energía a diestra y siniestra sin recordar que estuviste a punto de morir, tonta- exclamó InuYasha.

- Valió la pena- respondió la miko mirando a Ninyo.

El youkai, que también había caído al piso luego de que Kagome lo hubiese soltado, se ponía de pie. Su cuerpo brillaba y su expresión era totalmente distinta a la que tenía desde que se conocieron. Ahora irradiaba paz.

- Disculpa todas las molestias Kagome- habló finalmente y su voz retumbó en la habitación.- Finalmente lograste liberarme de lo que me estaba controlando.

- Hasta que te diste cuenta que no era tu mujer- gruñó InuYasha ceñudo.

- Lo siento,- sonrió Ningyo- Me tenían cegado. Me liberaron y me dijeron que Hitode estaba en la playa y de inmediato ordené traerla. Dijeron que si no la mantenía conmigo y acababa con su protector, Hideyoshi la mataría- explicó.- Verte era ver a Hitode, hasta tu voz la distorsioné…. Pero ahora sé que mi Hitode me está esperando hace muchos años.

- ¿Cómo lo sabes?- preguntó ceñudo InuYasha.

- La escucho- susurró el youkai cerrando con los ojos con una sonrisa en su rostro- Me está llamando…

- Ve con ella entonces, inútil- ordenó InuYasha molesto- Deja de hacerla esperar.

El youkai abrió los ojos y los miró con tal alegría, que ambos sintieron sus corazones emocionados. Ningyo se alzó levemente en el aire y comenzó a deshacerse en un polvo dorado.

- Tengan cuidado con Zettai Aku- dijo de pronto, mientras sus piernas ya habían desaparecido- Anda tras ustedes, - advirtió- él fue quien me liberó de mi no-muerte y quien me dijo dónde podría encontrarlos. Si me pudo manipular a mí, puede manipular a cualquier ser… es muy convincente y muy poderoso. Y quiere todo el poder.

- ¿Cómo podemos encontrarlo?- preguntó Kagome cuando ya solo quedaba el rostro del youkai.

- Los encontrará a ustedes- respondió de inmediato- prepárense.- observaron como de pronto los ojos del youkai se abrían sorprendidos y casi podrían asegurar que lloraba- ¡Mi Hitode!- exclamó antes de desaparecer.

Se habían reunido.


- Tiene que estar relacionado con lo que está sucediendo en la época de Kagome- comentó Sango luego de que su marido y hermano terminaran de contar su anécdota.

- ¿Tú crees?- preguntó Kohaku, que se había puesto al tanto durante el viaje de regreso a la aldea, puesto que Miroku sospechaba lo mismo.

- También lo creo- apoyó Miroku, luego de que su esposa asintiera.

- ¿Estas eran tus piedras?

El grupo se volteó hacia la entrada de la cabaña, lugar desde donde provino la voz. Sesshomaru los miraba con su expresión inmutable mientras extendía su brazo, mostrando la piedra que había obtenido luego del ataque a Rin.

- Eran esas- afirmó Kohaku, luego de observarla a la distancia. Sintió la mirada de Sesshomaru en él y por un segundo se sintió aterrado.

- ¿De dónde la obtuviste?- preguntó Rin que pasaba sus manos por la espalda desnuda de Kohaku, curando las heridas internas que la pelea le causó.

- De la serpiente- respondió cortante sin mirarla. Rin arrugó el ceño deteniendo un poco su labor, confundida por el tono de voz que uso en ella.

Luego de que la chica estuviera estable, Sesshomaru la llevó de vuelta a la aldea, para que se cambiase de ropa y se despidiera de sus amigos. Le estaba explicando la situación a Sango y a la anciana Kaede cuando Miroku y Kohaku llegaron, por lo que no alcanzó a contarles que se iría con Sesshomaru. Esperaba que tuviesen una buena reacción…

- ¿Quién es el responsable de esto?- preguntó Sesshomaru con voz potente.

- No lo sabemos- respondió Sango, negando con la cabeza- Solo estamos seguros de que en la época de Kagome, en el futuro, también está sucediendo.

Sesshomaru apretó la mandíbula, pero solo fue perceptible por Rin, que lo miró preocupado.

- Tiene la misma peste que ese sujeto que se apareció en la boda de la miko- comentó Sesshomaru.

Todos lo miraron sorprendidos por el hecho de la información que acababa de dar, pero sobretodo, porque se las dio. Sesshomaru no era de la clase de sujeto que le interesaba ayudar a los demás, sin embargo, el darles ese dato, parecía ser esa su intención. Sin percatarse de la mirada que los demás le dirigían, el youkai se volteó para marcharse, pero la voz de Rin lo interrumpió.

- No podrás atravesar el pozo.

El youkai giró solo su rostro y arrugó el ceño notablemente. Rin ya se había alejado de Kohaku que se ponía su traje y se acercaba a él con las manos en su cintura.

- ¿quién me lo impedirá?- le preguntó amenazadoramente.

- El mismo pozo- respondió Rin como si nada.

- Ábrelo- ordenó sin moverse- Así como lo hiciste para la unión del hanyou.

- De InuYasha- asintió Rin- su hermano.- agregó con una sonrisa.

- Ábrelo- repitió Sesshomaru sabiendo que Rin lo estaba retando.

La chica negó con la cabeza sin borrar su sonrisa. Sesshomaru se giró y dio un paso quedando frente a la chica y la miró desde su altura. El resto del grupo contenía la respiración, Sango con los ojos abiertos de par en par miró a Kaede, pero ella era la única que sonreía con suavidad, sin ninguna clase de miedo.

- No lo repetiré nuevamente.- susurró el youkai entrecerrando los ojos.

¿Qué se creía esa humana para desobedecerlo? Se sentía algo molesto, pero también algo divertido. Bien, muy molesto, pero el verla tan tranquila, desafiándolo, frente al peligro que él consistía, no podía evitar pensar que la chica era extremadamente valiente. ¿O acaso, él ya no era tan peligroso?

- Me alegro- sonrió la chica, estirando su kimono- así no tendré que negarlo.

- Rin- habló Sesshomaru con tal potencia que todos se estremecieron.

- ¿Mi señor?- preguntó inocentemente la chica.

- Tus motivos- exigió el youkai.

- Kagome me explicó el peligro que involucraba que más personas se pasearan entre las épocas- razonó la chica- Pueden cambiar muchas cosas, en las que no debemos interferir. Además, planeas ir a buscar a ese joven- agregó la chica- y sé que busca saber quién me atacó para darle su merecido- Rin hizo el gesto de un golpe- pero creo que lo mejor y más sensato es evaluar lo que sucede en esta época hasta que llegue Kagome. Incluso, ella podría llevarlo directamente con él, para que puedas conversar con él. ¿Por qué ir antes?

En este punto el resto del grupo se miró, sabiendo que la aún inocente Rin no creía que su protector era un demonio sin piedad.

- Necesito saber que sucede- respondió Sesshomaru como si fuese obvio.

- Perderás el tiempo, mejor espera que llegue Kagome para saber lo del futuro y hasta que eso suceda, puedes investigar por acá.

Sesshmaru la miró por unos instantes y luego caminó hacia la salida.

- ¿Cuánto tiempo?- preguntó antes de salir.

- Vuelve e días- respondió Rin.

- Te quedarás acá hasta que regrese- ordenó Sesshomaru ya en la puerta- ¿entendido?

- ¡Sí!- rio la chica despidiéndose con la mano- ¡No se tarde!

Cuando el youkai salió de la cabaña, Rin se volteó a sus amigos y todos (excepto Kaede) la miraban anonadados.

- ¿Chicos?- preguntó la adolescente ladeando la cabeza confundida.

- Definitivamente haz cambiado a Sesshomaru- comentó Miroku con una sonrisa algo cansada.

- ¿Qué dice?- preguntó la chica curiosa- Él siempre ha sido igual.

- Quizás no tienes consciencia de esto Rin- dijo Kohaku- pero cuando estuve con ustedes, él nunca dio alguna explicación de nada de lo que hacía.

- No tiene por qué dar explicaciones- dijo Rin abriendo los ojos- Ni yo me atrevería a pedírselas.

- Lo acabas de hacer- sonrió Kaede meciendo a Yoshiro.

- Y él te respondió- sonrió Sango entendiendo la tranquilidad de la anciana.

Rin abrió los ojos sorprendida y se tapó la boca. ¿En qué momento eso había sucedido?

- P-pero…- tartamudeó nerviosa- No sé por qué…

- Siempre estuvo pendiente de tus necesidades, y siempre cedía por ti. Mientras no involucrara tu seguridad, te permitía hacer lo que tú quisieras- interrumpió Kohaku maliciosamente.

- Claramente para Sesshomaru, eres muy especial y me atrevería a decir que esencial en su vida- confirmó como un sabio Miroku.

Rin estaba furiosamente sonrojada. Jamás había tomado consciencia de todo aquello. Para ella, esta era la forma en que ahora se relacionaban y no recordaba que fuese muy distinta. Solo que ahora ella estaba más grande y tenía una opinión, la cual era considerada por Sesshomaru. No, se corrigió mentalmente, no es solo considerada…. Es ¡obedecida!.

- Me iré a vivir con él- soltó de pronto ante la sorpresa de todos. Su rostro era un farol y sus labios temblaban, recordando escenas de la noche anterior.- Me lo pidió y acepté.


Maldito humano. Maldita Rin. ¿Por qué tenía que estar tocándolo? Sesshomaru gruñó. Todos estos años juntos y ella seguía preocupándose de los demás, ignorándolo.

Caminó molesto por el lugar, intentando calmarse. Solo lo está ayudando, pensó, ella siempre hace eso. Siempre ayuda las personas.

Se sacó el largo cabello de su hombro ya controlado. Había cosas más importantes en las qué preocuparse. La chica rubia estaba sentada en el sofá con la mirada perdida, ni siquiera se había preocupado por su estado de alteración.

Definitivamente ya no soy considerado peligroso, suspiró frustrado.

Pensó en decirle algo para calmarla, pero era Rin la que siempre sabía que decir. Él no era bueno con las palabras. Abrió la boca para decir algo, pero se arrepintió de inmediato. Tomó una taza y la llenó con café y sin más se la tendió a la chica. Yumiko pestañeó con rapidez saliendo de su ensimismamiento y recibió la taza, agradeciendo con una sonrisa.

- Rin sabe qué hacer.- dijo Sesshomaru tomando de su propia taza de café, parado junto a la biblioteca.- Siempre sabe.

- Gracias Señor Sesshomaru- sonrió Yumiko algo más calmada.

En ese momento Rin apareció y le entregó una sonrisa. Llevaba el largo cabello negro en una trenza que colgaba a un costado de su pecho, contrastando con el claro color de su blusa, que tenía pequeños rastros de sangre.

- Todo está bien Yumi- sonrió Rin.- Las heridas de John están curadas, pero está durmiendo. No hay problema con que lo acompañes, le hará bien verte cuando despierte.

La chica asintió con nerviosismo y se dispuso a salir de la habitación. Pero cuando pasó junto a Rin no pudo evitar abrazarla en forma de agradecimiento.

- Muchas gracias Señora Rin- sonrió con lágrimas en los ojos para luego salir corriendo a la habitación donde descansaba su prometido.

Rin soltó un suspiro de cansancio, había gastado mucha energía espiritual curando a ese joven, más de lo que había usado en al menos unos trecientos años.

- No deberías esforzarte tanto- dijo Sesshomaru acariciando su mejilla. La mujer de apariencia veinteañera le sonrió mientras le arreglaba la corbata aflojada.- Rin…

- Sabes que tenemos que hacerlo- respondió finalmente- Si no los apoyamos, esto realmente podría complicarse… ¿Noticias de InuYasha?

- Me habló por videoconferencia…Todo tranquilo en sus territorios- respondió Sesshomaru caminando hasta el sofá e invitando a Rin que se sentara junto a él.

- ¿Quiere venir?- preguntó la chica sentándose en su regazo.

- Sabes cómo es- dijo el youkai reponiéndose de la sorpresa de que se acomodara en sus piernas, años junto a ella y sin dejar de ponerse nervioso por su contacto- Si no fuera por Kagome, lo tendríamos acá desde hace 18 años para ver que ella se mantuviera a salvo…

Rin soltó una risa ante lo burlesco del tono de voz que su compañero había usado. Lo besó sonoramente en la mejilla y siguió riendo.

- El día que deje de oír tu risa, será el día que mi vida acabe- dijo de pronto Sesshomaru mirándola fijamente.

Rin abrió los ojos sonrojada. Sesshomaru siempre igual. Sorprendiéndola en los momentos que menos esperaba. Se acercó a su boca y lo besó con suavidad, disfrutando de sus labios. Al separarse, con sus corazones acelerados, Sesshomaru la miró fijamente.

- No te arriesgues, ¿entendido?- le dijo con seriedad.

- Sabemos que no podemos involucrarnos directamente- asintió Rin. Luego soltó una sonrisa burlona- ¿o no recuerdas que yo misma te lo dije cuando eras tú el que quería arriesgarse?

Sesshomaru la miró seriamente por un segundo y luego se lanzó a hacerle cosquillas, haciéndola reír a carcajadas. No se detuvo hasta que notó que la chica no podía respirar. Lo miró con los ojos llorosos y él sonrió. Sí, hace mucho que el gran Sesshomaru sonreía.


Diccionario:

**Hitode: Estrella de mar

** Ningyo: Youkai mitad hombre-pez. (Claramente fue adecuado a los parámetro de apariencia que fueron más de mi agrado.)

**Toyotomi Hideyoshi : Gran señor feudal que ayudó a unificar Japón en la época de Sengoku.

** Zettai Aku: Maldad absoluta.

Chicas... Juro que lo intenté, de verdad lo intenté, pero no pude actualizar antes. El magister consume mi existencia y el resto de tiempo que tengo lo uso para dormir. Espero me comprendan :( para que vean mi esfuerzo (y les dé pena para no retarme) son las 6:03 de la madrugada en este instante y en vez de estar haciendo un trabajo para seminario, me dediqué a terminarlo.

Ahora aproveché las fiestas patrias de mi país, donde tuve días de vacaciones para poder terminar el capítulo. Por suerte, estoy siempre pensando en como construir cada capítulo así que solo tuve que traspasar mis ideas. Espero lo hayan disfrutado porque lentamente nos acercamos al final!

¿Les gustó la última parte? ¿Las dejó confundidas? Ya se aclarará todo jijijijijijij

Agradecimientos:

(Perdón lo breve, pero muero de sueño :c )

Quiero dar un agradecimiento especial a mi novio, por ayudarme con los nombres y con el conflicto con el Ningyo, en mi bloqueo mental y por siempre estar pendiente del fic, a pesar de que no le gusta InuYasha y me mete otros animes de los cuales me hace adicta en los momentos en que menos tiempo tengo. Felices 2.950 días juntos cielo 3 Te amo.

setsuna17: Me alegro que te haya sorprendido! Me alegra no ser previsible! Saludos y gracias por comentar!

nuriagomez : Muy hospitalarios los peruanos! Quedé gratamente sorprendida! Gracias por leer y por comentar!

serena tsukino chiba: Lo sé! Ahora les daré un descanso, creo que se lo merecen. ¿Y que tal esto de SessxRin? Espero te haya gustado!

gaby: Gracias a ti por escribir! Me encanta ver que te gusta lo que escribo y que sigues pendiente del fic. Gracias por pasar y leer!

Fatima Taisho: Ahí los reuní de nuevo. No me gusta que pasen mucho separados :( Gracias por leer y comentar!.

mili-chan-taisho98: jJajja pervertidaaaaa! pero, quien no? Sin embargo, con ellos quiero esperar, es un tipo de relación distinta. Gracias por tus linsa palabras, realmente intento de que el fic sea ingenioso y algo fuera de lo que normalmente se puede leer. Gracias por leer y comentar!

Serena Sailor Moon: Muy lindo mi viaje y feliz de que te esté gustando como se desarrollan estas parejas. Gracias pro pasar a comentar!

cindy: Aquí puse algo más de Sango y Miroku, que ya empezarán a involucrarse en los verdaderos misterios. Gracias por leer y comentar!

Tsuki: Primero gracias por tus palabras de apoyo y ánimo :D Eso me calma bastante. Sesshomaru también está sufriendo una evolución en su personalidad, algo que ya no podía evitar más y creo que en este capítulo quedó más que claro. Muchísimas gracias de nuevo por pasar a leer y comentar sobretodo después de estar cansada. Saludos!

danita-inu: Todos queremos que Sessh se declare! Pero tengo que darle el tiempo para que el mismo sepa reaccionar acorde a su personalidad o no? Muchas gracias por leer y comentar!

Estefania: Esa es la idea de cortarlo así! Dejarlas con ganas (muajajaja que malosa soy). Gracias por tus buenos deseos, siempre vienen bien :D Y como voy creo que efectivamente saldrán más de 20, y quizás haga una continuación... En fn, lo estoy evaluando. Respecto a lo de Sakura, pucha... realmente me gustaría, pero la verdad la vi cuando muy niña y a pesar de que igual me caaaargaaa el final abierto que le dejaron, no me creo capacitada en conocimientos como para poder hacer un fic de calidad. Realmente lo siento, me encantaría complacerte, pero no me gustaría hacer algo sabiendo que no manejo el tema. De todas formas te invito a seguir pendiente de este fic, que tiene mucho amor y dedicación. Y si en algún momento me atrevo a hacer uno de Sakura, juro avisarte :D Gracias!

O.P. Wendy : Aquí hay más! Jajajajaj Me alegro que lo hayas difrutado! ¿Y este sesshxrin? Gracias por leer y comentar!

JOAN: Aquí está la identidad de este ser despreciable! O sea... al menos sabemos el nombre... Ryu estará involucrado en esto? El le pasó los pasajes a la pareja... Oh! Creo que abrí mucho mi boca... **suelta una risa maléfica y se marcha... (Gracias por leer y comentar siempre!)

inubreneli: Aquí está! Gracias por dejar un comentario! Espero te siga gustando!

Mine: Awwwww gracias! me alegro que te encanteeee 3 Me hace feliz. Gracias por leer y comentar!

Athena Taisho : Muy bien! Vas por un buen camino en tus indagaciones jajjaja Muchas gracias por tus buenos deseos, juro que me estoy esforzando al máximo. También gracias por pasar y comentar!

ScarletSide: Gracias por tus buenos deseos! De verdad, gracias :D Y prometo darles un descanso como se merecen por ahora... quizás dure un capítulo... jajaj no, bromeo. Los haré pasar un buen rato... creo jajajaj 3 Gracias por leer y comentar!

jossy-chan : Aquí ya vemos como Kagome es tan buena para la batalla como InuYasha... se irán convirtiendo en un equipo bakanoso (como decimos en mi país, o sea: muy , muy bueno) Gracias por pasar a leer y comentar.

Popy16: Te juro que tus palabras sobre lo que logré con Sesshomaru me llenaron en alma, porque... que manera de costarme! jajjaj Ahora vamos viendo su evolución y espero que te siga convenciendo. Muchas gracias por tus palabras y que felicidad me da que te haya gustado!

Sangoaome: Aguanta más que un humano, porque recuerda que ahora tiene mayores capacidades físicas al unirse a InuYasha :D Muchas gracias por leer y comentar!

LilyKen : No te preocupes que sí o sí la termino. Me alegro que te haya gustado y bienvenida a esta historia de esta loca! Gracias por leerla y comentar!

Bueno chicas, son las 6:38 am. está a punto de amanecer y muero de tuto... Intentaré no dejar tanto tiempo como esta vez, pero no les puedo prometer que sea menos. Solo no me olviden! Que seguiré esto hasta el fin! Es como mi bebé :(

Gracias totales.

Saludos desde Chilito!

¡Viva Chile, mierda! Ujujui! (así dicen los huasos en mi país xD)