Capítulo 23

No te merezco.

Se estiró con pereza en la entrada de su hogar. Era muy temprano en la mañana y Kagome ya estaba terminando de vestirse para ir a la Universidad. Como la distancia era bastante considerable de su hogar hasta su Universidad, InuYasha la trasladaba en su espalda todas las mañanas en las que no trabajaba con Miroku. Pasaban a tomar desayuno a la casa de la madre de Kagome, tal como la mujer se los había pedido desde el primer día en que se fueron a vivir al pasado, y luego la llevaba hasta la Universidad. Con esto disminuían el tiempo de movilización al menos a la quinta parte, permitiéndole tener una vida completamente normal a pesar de vivir tan lejos -tanto en tiempo como en distancia- .

— ¿Ya estás lista? —masculló InuYasha desde la salida.

— ¿Has visto mi celular? —preguntó Kagome revolviendo la casa en búsqueda del aparato.

—Ni siquiera sé para qué sirve esa cosa —respondió InuYasha ceñudo.

—Te dije que es para hablar con las personas a distancia —respondió la voz molesta de la chica a la distancia — ¡No lo encuent—Aquí estás!

InuYasha rodó los ojos cuando la chica, con su bolso al hombro salía de la casa guardando el aparato.

—Ya te compraré uno, ¿bueno? —sonrió la chica dándole un beso en la mejilla.

—Para qué quiero esas…

La frase de InuYasha quedó perdida en el aire cuando ambos sintieron la fuerte presencia de un demonio. Kagome dejó caer su mochila y tomó su arco que se mantenía listo para ser sacado en la entrada de la casa, tensándolo en dirección a la presencia. Un youkai rubio con bella armadura plateada bajaba desde los cielos lentamente con la mirada fija en ellos.

—Buenos días, amo InuYasha —saludó el youkai con una reverencia. —Perdone mi aparición tan repentina.

— ¿Quién eres tú? —exclamó InuYasha.

Su espada transformada y lista apuntaba al youkai, preparada para cualquier atisbo de ataque. Kagome, unos pasos atrás de su esposo, apuntaba con una flecha cargada de energía espiritual a la cabeza del aparecido.

— ¡Siempre tan irrespetuoso InuYasha! —gritó de pronto una voz chillona.

Jaken apareció de atrás del imponente youkai sacudiendo su báculo contra la pareja. Tenía una venda en la cabeza y se veía más pálido de lo habitual.

— ¿Jaken? —preguntó Kagome bajando levemente el arco —¿Qué sucedió? —miró alrededor comprobando que no habían más personas presentes —¿Qué le sucedió a Rin?

La voz de Kagome salió exigente, pero su marido logró identificar el nerviosismo oculto. La miró de reojo apretando la mandíbula. Si Jaken estaba en la aldea el único motivo posible era para acompañar a la joven humana, por lo que si ella no estaba presente, nada bueno había sucedido.

—Vaya… Veo que es un muy perceptiva —asintió con tristeza el inoyoukai —Mi nombre es Kinshu. General Kinshu del ejército Inuyoukai a cargo del amo Sesshomaru, así como también lo fui de su padre, Ino no Taisho.

— ¿Qué quieres? —dijo ceñudo InuYasha bajando su espada —¿Y dónde está Rin?

—Rin fue secuestrada, InuTonto —respondió Jaken con tensión en su voz.

— ¡¿Qué?! —gritaron ambos tan conmocionados que no se percataron de la forma en que Jaken había nombrado a InuYasha.

—Iré a ponerme mi traje, denme dos minutos —exclamó Kagome corriendo hacia el interior de su cabaña.

—Iré a avisarles a Sango y Miroku —informó InuYasha guardando su espada al tiempo que se dirigía hacia la aldea.

— Pero… ¿A dónde creen que van? — exclamó Jaken molesto.

—A buscar a Rin, idiota —exclamó InuYasha antes de marcharse corriendo.

Kinshu sonrió aliviado. Ni siquiera había tenido que pedírselo… El amo InuYasha realmente había heredado el corazón de su hermosa madre. A los pocos instantes escuchó ruido en la puerta de entrada, volteándose para ver como la misma mujer que hace pocos segundos le apuntaba con un arco y flecha, salía con un traje de exterminador y el ya conocido arco, además de una katana en su cintura. Observó cómo cerraba la puerta y corría hasta ellos.

— ¿Cómo sucedió? —exclamó la mujer con la preocupación marcada en su rostro mientras se amarraba el cabello en una desarreglada coleta alta.

—Una especie de emboscada, señorita… —exclamó Kinshu sin saber cómo llamarla.

—Kagome Taisho —se presentó la mujer con una suave reverencia al notar la duda.

—Es la mujer de InuYasha —complementó Jaken con una mueca.

— ¡Una bella mujer! —sonrió Kinshu haciendo sonrojar a la chica —Y poderosa también puedo notar.

—Soy sacerdotisa —explicó Kagome sin poder evitar sonrojarse avergonzada por los halagos.

— ¿Una sacerdotisa casada con un hanyou? —exclamó Kinshu con los ojos abiertos de la sorpresa.

—Así es —asintió Kagome seriamente— ¿Podría decirme qué fue lo que sucedió? ¿Dónde está Sesshomaru?

Kinshu recompuso su expresión perturbada y asintió solemne. Estaban perdiendo el tiempo.

—Fue en búsqueda de la señorita Rin. —explicó Kinshu —Dejó claras instrucciones de cómo debemos proceder a continuación.

—Es raro que nos haya avisado… Sesshomaru no haría esto normalmente. —susurró Kagome más para sí que para el youkai —Esto solo me trae malos presentimientos…

—El amo Sesshomaru estaba pensando en que algo como esto podría suceder. —comentó Kinshu que la había escuchado a la perfección —Por ello estaba preparando a Rin para la batalla además de dejarla a cargo de una de las youkais más poderosas que residen a su cargo.

— ¿La preparaba? —preguntó Kagome confundida.

—La señorita Rin estaba bajo mi cargo en su entrenamiento físico— respondió Kinshu seriamente.

— ¿Y qué fue lo que sucedió? —preguntó Kagome intentando que su sorpresa pasara desapercibida. No esperaba que Sesshomaru apoyara su entrenamiento físico, ¿Tanto había cambiado el youkai?

— ¡Allí viene al fin este idiota! —exclamó Jaken llamando la atención de los otros dos presentes.

InuYasha llegaba seguido de Miroku, Sango con su Hiraikotsu y de Kohaku quien a su lado tenía a Kirara siendo montada por Kaede. Sus expresiones eran tensas y nerviosas. Kagome los observó con detalle y sabía que se estaban haciendo la misma pregunta ¿Había comenzado la batalla?

— ¿Cómo sucedió? —preguntó Sango ceñuda.

— ¡¿Qué te crees, que vienes a exigir respuestas?!- gruñó Jaken moviendo su báculo con escándalo.

—Atacaron el palacio —interrumpió Kinshu dando un paso adelante. —Fue todo un engaño. La cantidad de enemigos era impresionante, a pesar de que no eran para nada resistentes. Era solo una distracción para ingresar al palacio y llevarse a la señorita Rin —explicó con el ceño fruncido —Los que fueron en su búsqueda no eran de la misma clase a los que el ejército se enfrentó. Nos afrontamos a enemigos poderosos, puesto que acabaron con la segunda youkai más poderosa al servicio del amo Sesshomaru —arrugó el ceño y colocó una mano en la empuñadura de su espada, molesto al recordar las condiciones en que había quedado Yukiko.

— ¿Dónde está Rin? —preguntó Kohaku preocupado.

—El amo en estos momentos se encuentra en búsqueda de la pequeña Rin —respondió Kinshu —Mi misión es llevar al amo InuYasha hasta el palacio.

— ¡Debemos buscar a Rin! —exclamó InuYasha ceñudo. — ¿Para qué querría ir a su estúpido palacio?

—Se lo ruego amo —exclamó Kinshu reverenciando a InuYasha— Se lo explicaré en el camino.

— ¿Por qué me dices amo? —gruñó InuYasha avergonzado cruzándose de brazos y mirando a un costado.

—Usted es el segundo hijo del Gran General Inu No Taisho —respondió Kinshu sin levantarse —Y, por lo tanto, heredero de sus tropas como Capitán General de Ejército del Reino de Oeste. Estábamos esperando que fuese el momento para que comenzara a dirigir las tropas.

— ¿De qué rayos estás hablando? —gruñó InuYasha ante la mirada sorprendida de sus amigos.

Kagome arrugó el ceño confundida. ¿Era real todo lo que decía ese hombre? Observó la expresión confundida del resto de los presentes llamándole la atención el rostro de Miroku quien miraba ceñudo al youkai. Algo le decía que el monje sabía algo al respecto.

—InuYasha solo ve y allá te explicarán —pidió Kaede con angustia ya junto a Kirara —Están perdiendo tiempo valioso.

— La anciana Kaede tiene razón —exclamó Kagome recomponiéndose. —Iremos al palacio. Todos. —dijo remarcando la última palabra. —Luego tratarás con InuYasha los temas que tengas que tratar mientras el resto iremos en búsqueda de Rin.

— ¡Pero Kagome! —exclamó InuYasha al darse cuenta que había quedado relegado de la búsqueda.

—Kohaku, quédate con Kaede y Kirara —indicó Sango con seriedad —La aldea no puede quedar desprotegida.

—Los sellos que colocamos deberían bastar —comentó Miroku mirando a Kaede —Pero no olvide revisarlos todos los días.

—Lo haré, Su excelencia —asintió Kaede.

Los años no parecían pasar en esa mujer, sin embargo, Miroku notó la fuerte angustia que tenía por el estado incierto de Rin.

—La encontraremos Kaede —comentó Miroku con una sonrisa intentando tranquilizarla.

—Lo sé —asintió con solemnidad la anciana con completa confianza en sus palabras.

—Bien, andando —dijo Kinshu extendiéndoles a todos una tela de color blanco.

InuYasha miró la tela confundido. ¿Cómo estaría Rin? Arrugó el ceño sacudiendo la cabeza, no era momento de tener dudas. La chica estaría bien. Tomó un extremo de la tela sintiendo como ésta se adhería a sus dedos.

—Ahora no tengan miedo —exclamó Jaken tomando otro extremo —Con esto llegaremos más rápido al Palacio.

Los pies de todos se elevaron causando una fuerte impresión y algunos grititos. InuYasha observó como la tela pareció extenderse por su cuerpo haciéndolo flotar al tiempo que Kinshu se elevaba tirando de la tela y comenzando a volar hacia el Poniente. Sin embargo, la sorpresa salió rápido de su atención. Su cabeza estaba en otra parte y Kagome lo supo. Con dificultad alcanzó la mano libre de InuYasha y se la apretó llamándole la atención. InuYasha apretó la mandíbula avergonzado al verse descubierto por su esposa. Ella había visto la preocupación no solo por la pequeña Rin sino también por su medio hermano. Si algo le pasaba a la humana, InuYasha sabía que no habría retorno para Sesshomaru.


Sesshomaru miró a su alrededor con los ojos entrecerrados. Sentía la presencia de Rin cerca. Débil, pero cerca. Dio unos pasos que no se escucharon en el hostil paisaje. El lugar estaba impregnado de miasma demoniaco, notándose a simple vista por los árboles podridos y la tierra nauseabunda. Siguió caminando encontrando la fuente de la energía. Una pequeña cueva se distinguía con dificultad en medio de un lago putrefacto.

«Rin…» Ese nombre no dejaba de repetirse en su cabeza. Sabía que podrían atacar el Palacio, y en caso de emergencia quería que Rin tuviese las herramientas suficientes para resistir en caso de que estuviera por su cuenta, ya que no podía fiarse de nada, pero nunca imaginó que la secuestrarían ¿Con qué fin? Fue un descuidado, un idiota. No debió haberla dejado sola en ningún instante. Apretó la mandíbula intentando calmarse, debía estar controlado si quería encontrar a Rin. Apuró el paso adentrándose más en la cueva. Si Rin no estaba sana y salva… «Los destruiré a todos», pensó intentando no elevar su energía demoniaca por la ira que sentía.


El Palacio se extendía ante ellos dejándolos con la boca abierta. Luego de descender y ser reverenciados por todas las personas del lugar, Kinshu los llevó hasta el interior del Palacio, donde fueron recibidos por una bella youkai, que corriendo agitada se colocó frente al general. Kagome notó unas vendas en sus brazos y que caminaba con algo de dificultad. Al parecer no había sido una batalla fácil.

—Kinshu… —susurró con los ojos abiertos apenas estuvo frente a él. —Dime que supiste algo de la señorita Rin…

— Nada Yuki —respondió con ojos tristes colocando sus manos en los brazos de la mujer —Pero ten calma, el amo la encontrará.

La youkai asintió con una mano en su pecho. Kinshu le entregó una sonrisa, pero ella no pudo respondérsela. La culpa estaba reflejada en sus ojos.

—Iré a ver que preparen habitaciones —comentó Jaken con la voz apagada.

Kagome y Sango se miraron angustiadas. Al parecer Rin también era muy querida en ese lugar y su secuestro había causado conmoción, incluso en Jaken que siempre estaba molestando a la humana y diciendo que estorbaba.

—He traído al Amo InuYasha —explicó Kinshu girándose para dejar a la vista al hanyou. —Ellos son sus amigos y su esposa.

—Bienvenido Amo —saludó Yukiko con una reverencia, recomponiéndose — Señor, Señoras…

—Dejémonos de ridiculeces y movamos los traseros —exclamó InuYasha dando un paso al frente y ceñudo —No podemos seguir perdiendo el tiempo. Eh… tú —exclamó InuYasha apuntando a Kinshu —Dime rápido qué quería Sesshomaru para poder ir a buscar a Rin. No quisiste decir nada en el camino.

Yukiko observó el vigor que despedía el hanyou. Definitivamente era fuerte, incluso mucho más que la mayoría de los youkais que actualmente residían en los reinos. Solo en ese momento Yukiko pudo entender el porqué de las últimas actuaciones de su Amo. InuYasha sería un perfecto Capitán General.

—InuYasha —llamó Kagome con suavidad haciendo a su marido voltearse —Ve con Kinshu y nosotros investigaremos un poco por acá. ¿Te parece?

Yukiko observó con detención a la humana que hablaba con tanta confianza con el amo InuYasha. ¿Ella era su esposa? Parecía una exterminadora completamente normal, sin embargo, al poner un poco más de atención en ella, pudo notar la leve aura pura que despedía su presencia.

—Es una excelente idea —apoyó Kenshu con una reverencia. —Yukiko lleva a los invitados al lugar donde sucedió el secuestro y cuéntales todo. —La youkai asintió obediente —Si me sigue, amo…

InuYasha lanzó una última mirada a Kagome y se marchó siguiendo a Kinshu sin antes dejar de murmurar molesto que no lo llamara más amo.

—Por acá por favor —llamó Yukiko volteándose y caminando hacia el comedor.

—Este lugar es impresionante —susurró Sango caminando junto a Kagome.

—Nunca creí que Sesshomaru tuviese un lugar así —asintió la miko.

— ¿Cómo lograron ingresar quienes secuestraron a Rin? —preguntó Miroku mirando con detención a la youkai.

—Creemos que estaban antes del ataque realizado en las afueras del Palacio —respondió la mujer sin dejar de caminar. —Es la única posibilidad. Filtraron la protección utilizando sellos que bloqueaban su presencia y esperaron a que el amo y el ejército se fuera. Aquí fue…

El comedor estaba medianamente vacío. Ya no había muebles destrozados ni vidrios rotos. Dos sirvientas estaban restregando con fuerza el piso que tenía marcas rojas.

—Sangre… —susurró Kagome ingresando al lugar y mirando el centro de la habitación, el aroma llegó de golpe a su nariz —Esta es la esencia de Rin ¿no es cierto?

Yukiko abrió los ojos sorprendida y asintió al notar que la humana había sentido el olor de Rin. Que ella supiera los humanos no tenían esa capacidad. Definitivamente ella era la esposa del amo InuYasha, el aumento de sus sentidos lo decía.

—Escondí a la señorita Rin en un salón junto a Jaken —explicó entrando en la estancia con una elegancia que dejó sin aliento a los humanos —Y logré dirigir a los enemigos a este lugar. Eran solo 3, creí que sería simple. —apretó los dientes molesta —Me confié y esa fue la perdición. Eran demasiado rápidos, además cuando lograba darles parecían no sentir dolor y continuaban atacando.

— ¿Qué apariencia tenían? —preguntó Sango mirando por una amplia ventana que no tenía vidrios, suponiendo que por allí habían huido.

—Dos demonios ogros y un humano —respondió la youkai.

— ¿Humano? —preguntó ceñudo Miroku.

—Pero no era normal—negó con la cabeza Yukiko —Estaba rodeado de aura demoniaca y su fuerza y resistencia eran igualables a la de un youkai —apretó los puños con ira al recordar su combate.

—Esto es sin duda obra de Zettai- comentó Miroku mirando a su alrededor —Esta es la misma energía demoniaca de las piedras.

Kagome caminó por el lugar, observando con detención todo su alrededor. Que hubiesen logrado ingresar al Palacio de Sesshomaru era demasiado extraño considerando las medidas de seguridad que Kinshu les había comentado. El poder de los invasores, además de la elaboración de la estrategia, era demasiado alto. Era un plan muy bien diseñado: Habían considerado el ejército de Sesshomaru saldría y al ver a sus fuerzas sobrepasadas, Sesshomaru iría en su ayuda. Por ello habían infiltrado a otros miembros antes, esperando el momento adecuado para llegar hasta Rin. Además previeron que ella estaría protegida y colocaron a miembros fuertes para poder llevársela.

Llegó hasta la ventana que Sango inspeccionada y observó el marco con cuidado. Sacó la cabeza y observó el muro por fuera detallando un pedazo de tela que colgaba enganchado. Se estiró para alcanzarlo ante la mirada curiosa de los presentes. Cuando la hubo alcanzado la alzó hasta sus ojos y el aura demoniaca llegó hasta ella de golpe. Abrió los ojos ante la sorpresa. Ese aroma… era de Michael.


La estancia era amplia, decorada con distintas armas y partes de armaduras. Kenshu caminó hasta el centro de la habitación y con solemnidad le indicó a InuYasha que lo siguiera. El hanyou, de brazos cruzados, observaba todo con el ceño fruncido. No imaginaba que la casa de su medio hermano fuese tan ostentosa, en realidad nunca había pensado al respecto. ¿Allí habría vivido su padre? ¿Habría criado a Sesshomaru? Sacudió la cabeza sacando esos pensamientos que por alguna razón lo deprimían. ¡Qué absurdo! ¡Él nunca necesitó a nadie! Bueno… Eso era antes de conocer a Kagome, claro está.

—Esto le pertenece.

InuYasha observó confundido como Kenshu apuntaba una armadura blanca. Era un armazón muy parecido al que poseía Sesshomaru, que cubría pecho, hombros y espalda. Largas placas negras caían desde la cintura hasta las rodillas por el centro del cuerpo. En los hombros púas grises salían despedidas dándole un aspecto fiero hasta poco más arriba del hombro. Pero lo que más le llamó la atención fue el pecho, que además de dos púas, una a cada lado de la armadura, poseía una piedra roja brillante.

—El Amo la rescató luego de algunas décadas de la muerte de su padre —comentó Kenshu mirando con melancolía la armadura —No sé cómo lo habrá logrado, pero en cuanto la trajo, la restauramos y la trajo aquí.

— ¿Pertenecía a mi padre? —murmuró InuYasha mirando fijamente la imponente armadura.

—Y ahora le pertenece a usted —asintió Kinshu con solemnidad.

— ¿Qué estás diciendo? —preguntó ceñudo InuYasha.

—El Amo Sesshomaru nunca la usó, a pesar de estar preocupado de su estado. Claro que eso jamás lo admitirá. —sonrió levemente —Hace poco tiempo, me dio una indicación clara: Esta armadura estaba destinada para usted.

Kinshu se acercó a la armadura y la bajó de su escaparate. Sin perder la solemnidad se la extendió para que la recibiera. InuYasha dio un paso atrás, negando con la cabeza. ¿Qué Sesshomaru decía que era para él? Era algo imposible de creer. ¿Para qué se la daría? O mejor dicho, ¿Por qué se la daría a él?

—No la quiero —dijo negando con la cabeza —Sesshomaru jamás me daría algo. El solo busca acabar conmigo.

—Ambos sabemos que eso no es verdad —dijo Kenshu negando con la cabeza —Si realmente lo hubiera querido matar lo hubiese hecho cuando usted era niño, pero contrario a eso, lo dejó vivir y hacerse fuerte enfrentando todas las dificultades que se le presentarían por ser un hanyou. El amo ahora creyó que estaba listo.

InuYasha estaba impactado. No podía creer que lo que salía de la boca de Kinshu era verdad. Miró la armadura que había pertenecido a su padre y sintió algo estremecerse en su interior. ¿Acaso todo lo que había pensado respecto a Sesshomaru había sido un error?

—Estás equivocado —Comentó negando con la cabeza con tanto énfasis que sintió un mareo. — ¡Deja de hablar ridiculeces y vamos por Rin!

—El amo se encargará de rescatar a Rin —explicó Kenshu —Usted debe prepararse para dirigir el ejército.

— ¡Estás alucinando! —gruñó InuYasha sintiendo su corazón latir con fuerza —Esto es una ridiculez y no estoy dispuesto a perder el tiempo en esto.

Se volteó dispuesto a salir de la habitación enfurecido. Ese maldito Sesshomaru estaba jugando con él, no había otra explicación. Quizás quería entretenerlo para que no se involucrara con Rin. «Pues bien, el maldito se equivocó con él», pensó mientras abría la puerta con ira y se encaminaba hacia donde estaban sus amigos. «Iría en búsqueda de Rin y acabaría con el maldito de Zettai».


Abrió los ojos con dificultad. Le dolía todo el cuerpo y estaba algo mareada. Arrugó el ceño al no reconocer el lugar en el que estaba, intentó llevarse una mano a la cabeza, pero algo la tenía sujeta. El miedo se hizo presente al entender que estaba de pie, amarrada contra una especie de roca. Los recuerdos vinieron a su cabeza: la habían secuestrado. ¡Y Yuki! Sintió los ojos llenarse de lágrimas al recordar su cuerpo caer atravesado por una lanza para impedir su huida.

Miró a su alrededor intentando reconocer el lugar en el que estaba. Parecía una cueva, todo era húmedo, oscuro y maloliente. Forzó las muñecas que estaban atadas por sobre su cabeza, pero la cuerda de cuero no cedió ni un centímetro. Respiró intentando calmarse, aunque las lágrimas no paraban de caer. Tenía que pensar, tenía que encontrar una escapatoria.

—Veo que despertaste

Giró su cabeza lo máximo que las amarras se lo permitieron y abrió los ojos aterrada. Un hombre de piel negra como el carbón se colocaba dentro de su campo de visión. Su voz era áspera como si la usase tan poco que las cuerdas vocales no supiesen como funcionar. Se acercó tanto a Rin que ella sintió el hedor a moho. Rin giró el rostro intentando alejarlo de ella, pero el sujeto se lo sujetó con tal fuerza que ella sintió como sus dedos se marcaban en su piel. Los ojos de pupila celeste detallaron el rostro de la chica fijándose con cuidado en su frente. Rin lo observó sonreír y notó con repulsión su aliento y dientes podridos.

—Todo está listo —masculló para sí.

Rin se vio libre del agarre del sujeto. La energía maligna que el sujeto emitía la había sentido antes… en las piedras.

—Empezaremos. Trae el báculo.

En ese momento Rin se dio cuenta de otra presencia en el lugar. Era un joven que salió de la cueva antes que pudiera detallar su rostro y que transmitía la misma energía maligna aunque en menor intensidad. Dentro de su terror, buscó reconocer el lugar. Era una cueva, ya estaba segura de ello. Las estalagmitas y estalactitas formaban una escabrosa escena de fondo, no permitiéndole distinguir donde estaba su fin. Observó como el sujeto se acercaba a una mesa hecha de piedras donde un círculo con extrañas letras estaba dibujado con algo rojo.

— ¿Q-qué harás? —preguntó al notar como sacaba un pequeño cuchillo de su ancha túnica.

El sujeto alzó la vista hacia ella y sonrió macabramente. Rin no pudo evitar sentir escalofríos ante el terror que estaba dominándola. ¿Dónde estaba Sesshomaru? Apretó los labios con tanta fuerza que se lastimó, en un intento de resistir sus sollozos. Vendría a rescatarla, lo sabía, pero ¿llegaría a tiempo?

El sujeto que anteriormente había salido por orden del ser oscuro, regresó al radio de la luz de las velas que iluminan el lugar y se acercó a lo que ella supuso era su jefe. Le entregó un largo cetro, una especie de báculo que brillaba tenuemente en su punta. Rin observó como el macabro ser tomaba el cuchillo y se cortaba la mano dejando caer una sangre tan negra como su piel sobre la superficie con letras. Luego se acercó a ella y con el mismo cuchillo cortó profundamente el antebrazo de la chica causando un fuerte grito por el dolor. La sangre caliente escurría por su brazo y el sujeto utilizó un cuenco para tomar parte de ella.

Rin observó con lágrimas corriendo por su rostro como el sujeto derramaba su sangre sobre la mesa mezclándola con la propia. Cerró los ojos y comenzó una especie de breve rezo.

— ¿Qué es lo que pretendes? —dijo la chica con su voz temblorosa. No había podido concentrarse lo suficiente para cerrar su herida del brazo, el miedo era demasiado grande.

—Tú… bella señorita —respondió el sujeto luego de unos instantes de terminar de orar. —Nos ayudarás a cambiar el futuro modificando el pasado…

— ¿Qué… —masculló Rin intentando sonar firme aunque no entendió ni media palabra de lo que el sujeto decía. —qué me harás?

Comenzaba a sentirse mareada. Miró de reojo su brazo y notó que la sangre no se detenía. Ya había empapado la mitad de su cuerpo y no parecía querer detenerse. Cerró los ojos intentando concentrarse nuevamente en lograr sanar sus heridas, pero no lo logró. Era como si su energía espiritual estuviera difusa y confundida.

—No podrás regenerarte

Sintió su aliento putrefacto muy cerca de ella. Abrió levemente un ojo intentando enfocar la vista y notó con horror la sonrisa del hombre fija en su herida.

—La marca de tu frente impide que reúnas energía —explicó.

¿Marca? No sentía nada en su frente.

—Esto te dolerá… —comentó el sujeto sin quitar su sonrisa —Y no será tan rápido como quisiéramos…

— ¿Qué haces…? —susurró Rin sintiéndose cada vez más mareada.

—Eres la única persona en esta tierra que ha regresado de la muerte —sonrió el sujeto. —¿Sabes lo afortunados que somos de encontrar a alguien así?

Con fuerza abrió el kimono de la chica dejando su cuerpo descubierto. Rin sintió un miedo que nunca había experimentado. Petrificada, vio como el sujeto tomaba algo de la mezcla del cuenco sobre la cual había rezado y comenzó a dibujar sobre su cuerpo. El tacto fue asqueroso, pero el sujeto parecía concentrado en no equivocarse en los dibujos que realizaba. Rin derramó más lágrimas al sentir que el tipo tocaba sus pechos para dibujar runas en ellos. ¿Por qué no se había puesto el traje de exterminadora? Al menos así se sentiría más protegida al tener de a cintura para abajo cubierto.

—Listo —susurró el ser dando pasos hacia atrás y admirando su obra. —Ahora querida… —dijo mientras el humano le acercaba el báculo que había quedado sobre la mesa. —Comienza el espectáculo.

Lo único que sintió Rin en ese momento fue un dolor tan intenso que parecía que toda la zona donde el sujeto había dibujado estuviera siendo quemada con agujas punzantes. «Sesshomaru», fue su único pensamiento antes de perderse en el dolor.


Sesshomaru sintió su corazón apretarse al tiempo que Tenseiga vibraba en su cinto. Segundos después el olor de la sangre de Rin llegó a sus sentidos y su grito retumbó en sus oídos aunque para la lúgubre cueva pareció un susurro. Su cuerpo se paralizó. Sintió los segundos detenerse y olvidó cómo se respiraba.

No supo cuánto tiempo se quedó así, pudieron haber sido horas, tal vez solo minutos pero solo la perdida de la presencia de Rin junto a un incremento de energía maligna lo hizo reaccionar.

Corrió.

Corrió lo más rápido que pudo.

No.

Rin debía estar bien.

La cueva parecía ser eterna.

La desesperación ya se había apropiado de él cuando finalmente la vio.

Con la boca abierta de dolor, pero sin emitir ningún sonido, se encontraba Rin. Amarrada, sangrando y agonizante. Una luz verdosa la rodeaba y conectaba con un báculo que era sujetado con firmeza con un asqueroso ser. Sintió sus colmillos crecer y su mirada se tornó rojiza. En un solo segundo analizó la situación y se lanzó al ataque.

El ser que dañaba a la humana se percató de su presencia solo un segundo antes, pero no fue él quien detuvo a Bakusaiga, sino que fue un humano de aspecto cadavérico quien en completo silencio, paró su corte con una extraña lanza. Sin decir ni una sola palabra golpeó al humano con el plano de la espada y lo lanzó lejos sin miramientos, con tal fuerza que supuso habría muerto con sus huesos rotos.

— ¡Cómo llegaste acá! —gritó el ser desesperado cuando colocó una barrera a su alrededor para protegerse de un nuevo ataque de Sesshomaru.

Al ver que su espada se detenía por la barrera, continuó golpeándola con ira. Debía detenerlo o Rin…

— ¡Maldito bastardo! —gritó el enemigo mirando con ansias su báculo. Ya faltaba tan poco…

— ¡Viento Cortante!

El ataque golpeó la barrera al mismo tiempo que él la intentaba partir con Bakusaiga, logrando que finalmente la barrera se partiera y empujara lejos al enemigo. Rin dejó de brillar y su cabeza cayó con pesadez. Se giró con rapidez hacia ella, pero notó que otras personas ya estaban desatándola.

¿Quiénes eran ellos? ¿Por qué se atrevían a tocar a Rin? La ira y desesperación seguían dominándolo. Solo quería llevarse a Rin de allí, sacarla de todo eso. Se lanzó hacia ellos a atacarlos, destrozarlos.

— ¡Cálmate!

Sesshomaru no reconoció la voz que le hablaba. Totalmente perdido en la ira continuó su ataque a quienes ahora bajaban con delicadeza a Rin, pero alguien con una velocidad que no logró prever le dio un puñetazo en la cara.

— ¡Deja a Kagome hacer lo que sabe! —gritó InuYasha al ver que su medio hermano se había detenido por el golpe — ¡Reacciona idiota! ¡Ellos la salvarán!

Sesshomaru sintió el dolor en su mejilla y pestañó con fuerza. InuYasha lo observaba con firmeza, preparado para responderle en caso de que el youkai decidiera no escucharlo. Volvió a pestañar con fuerza, logrando reconocer la realidad. Giró hacia el grupo de extraños que estaban con Rin y reconoció a la esposa de su hermano aplicando energía en la chica.

Reaccionando nuevamente, dio un paso hacia ellos cuando un ruido los distrajo. El humano seguía vivo y ayudaba a su jefe para ponerse de pie.

—Te mataré —dijo Sesshomaru con tal frialdad que incluso InuYasha sintió un terrible escalofrío por su espalda.

Jamás había visto a Sesshomaru tan furioso. Se lanzó con tal velocidad contra el enemigo que pareció ser solo un destello de luz. Sin embargo, a pesar de ello, el ser de piel negra movió su báculo más rápido, haciendo que tanto él como su lacayo desaparecieran en una luz verdosa.

Sesshomaru se quedó con sus garras enterradas en la roca donde tan solo segundos atrás estaban apoyados sus enemigos. El ácido deshizo la piedra mientras él se quedaba allí lleno de ira.

—Sesshomaru…

La voz de InuYasha lo trajo de vuelta. Sacó su garra lentamente y se enderezó.

Los dejó escapar… No logró matar a los malditos que se atrevieron a tocar a Rin…

Se volteó, pasó por el lado de InuYasha sin siquiera mirarlo y se acercó a los humanos aliados. Observó al monje rezando mientras unos sellos estaban colocados alrededor de Rin, brillando. Otra mujer que recordaba era la esposa de ese monje, aplicaba ungüentos y vendas en el brazo de la chica que seguía sangrando, mientras la miko aplicaba energía pura en su cabeza y pecho.

Sesshomaru se quedó de pie observando la situación, tenso. InuYasha se colocó junto a él en silencio. De reojo observó su rostro y notó la mirada aterrorizada de Sesshomaru. Jamás había visto más que apatía, molestia y desagrado en el rostro del youkai y el verlo así de asustado hizo que su propio miedo se asentara.

—Va a estar bien —susurró con firmeza a pesar del miedo que el mismo sentía.

Sesshomaru giró su cabeza con brusquedad y notó a InuYasha a su costado. El hanyou lo miraba fijamente, firme, seguro. Y Sesshomaru creyó en su hermano.

Observó como el youkai asintió volviendo su vista a la chica que seguía igual de inmóvil. Estaba pálido y tenía sus puños apretados. Lo entendía. InuYasha también se había sentido impotente cuando Kagome o sus amigos habían estado en grave peligro y él no había podido hacer nada al respecto. InuYasha observó a su esposa que con el ceño arrugado no dejaba de transmitir energía.

—El miasma del lugar impide que encuentre la fuente —comentó la miko abriendo los ojos y mirando seriamente a InuYasha y Sesshomaru.

—No puedo detener la hemorragia —comentó Sango apretando con firmeza el brazo de la chica para detener un poco el flujo de la sangre.

—El miasma debe estar influenciando —comentó Miroku abriendo los ojos detallando el rostro pálido de la chica.

—La marca de su frente impide que mi energía fluya en ella y no puedo quitarla…—Comentó Kagome ceñuda. —Miroku, realiza una barrera de energía pura alrededor de nosotros… Veremos si eso sirve de algo.

Miroku asintió cambiando el rezo. A los pocos segundos una barrera brillante emanó de los pergaminos y los rodeó, dejando a los dos demonios afuera.

—Ahora intenta quitar el sello de su frente —indicó Sango a la miko.

Kagome se concentró en el extraño círculo dibujado con sangre en la frente de la chica. Era simple: Dentro del círculo, otros más pequeños formaban triángulos que se entrecruzaban, pero por más que intentó limpiarlo no salía. Se concentró en ese sector sintiendo como de la marca emanaba un bloqueo que causaba que su energía espiritual estuviera desequilibrada. Luego de unos minutos finalmente logró quitarle el sello permitiendo que la energía espiritual y el cuerpo de la chica comenzaran a funcionar normalmente.

—La hemorragia se controla —informó Sango con claro alivio al tiempo que colocaba un nuevo paño sobre la herida.

InuYasha sintió como su hermano a su costado seguía tenso. Sabía que no se calmaría hasta ver a la chica completamente consciente y sana. InuYasha siguió atento a lo que su esposa hacía. Sabía que lo más importante estaba en sus manos.

—La sangre dejó de fluir —comentó Sango limpiando el sudor de su frente con el brazo.

—Debo ayudarla con la energía espiritual… —masculló Kagome con sudor frío por su rostro —Está muy débil, inestable… —levantó la vista fijándola en Sesshomaru —pero estará bien.

—Deberíamos salir de aquí —dijo Miroku manteniendo su concentración para no quitar la barrera. —Este miasma nos está afectando a nosotros también.

Sango y Kagome asintieron. Se sentían completamente debilitadas y mareadas. Kagome tenía miedo de que sus energías se desestabilizaran. Apretó su collar contra su pecho, ante la mirada preocupada de InuYasha.

—Vamos al Palacio.

La voz de Sesshomaru hizo que todos se voltearan a verlo. Había recuperado la cordura, su Rin iba a estar bien.


Cuando la miko dijo que Rin estaría bien, fue suficiente para que el aire volviese a sus pulmones. Si necesitaban tener a la chica en otro lugar, él movería cielo, mar y tierra por dárselo. Fue así que luego de una escasa media hora, Kagome llegaba al Palacio de Sesshomaru colgada de su estola, mientras él llevaba en brazos delicadamente a Rin. La velocidad con que llegaron fue impresionante. Al bajar sintió como si la vida volviese a ella y tuvo ganas de arrojarse y besar el suelo. Sin embargo, Sesshomaru no le dio tiempo siquiera para recuperarse del vértigo sufrido.

A paso rápido ingresó al Palacio donde fue recibido por Kinshu y Yukiko, que fueron completamente ignorados en sus preguntas cuando él pasó como un rayo a su lado. Kagome lo siguió pisos más arriba hasta que ingresó a una enorme y elegante habitación con un acolchado futón en el centro. Sesshomaru colocó a Rin con suavidad sobre él, una delicadeza del youkai jamás vista por Kagome. La miko recuperó el aliento luego de alcanzarlo corriendo junto a Yukiko y a Kenshu y se acercó al cuerpo de la humana.

—Necesitaré silencio —dijo acomodándose junto a la chica —Y que todos en el palacio disminuyan su energía demoniaca al mínimo.

—Ya escucharon —dijo Sesshomaru.

Los otros dos youkai salieron corriendo nuevamente para seguir las instrucciones de su amo.

—Regresó —sonrió Kinshu mientras corría junto a la demonio zorro.

Yukiko solo pudo asentir mientras unas lágrimas de alivio corrían por su rostro al ver que la chica había regresado con vida.

Tres horas después InuYasha, Sango y Miroku llegaban al Palacio luego de correr sin parar desde donde habían secuestrado a la chica. Al ingresar al Palacio fueron detenidos por los guardias que no los reconocieron.

— ¡Maldita sea! —exclamó InuYasha jadeando —No tengo tiempo para esto.

Alzó sus garras dispuesto a golpear a todos para entrar de una vez por todas, pero una voz detuvo su actuar.

— ¡Déjenlo pasar! ¡Es el amo InuYasha!

Los guardias saltaron en sus lugares al tiempo que Kinshu llegaba a la puerta con su voz atronadora.

—Ya era hora —gruñó InuYasha que sin darle tiempo a los guardias de justificarse.

Sango y Miroku lo siguieron mientras éste ignoraba como los guardias hacían reverencias a su paso. Kenshu los guió hasta un salón donde unas sirvientas les llevaron de inmediato algunas cosas para comer.

—¿Dónde está Rin y Kagome? —preguntó InuYasha a penas notó que no los llevarían con ellas.

—La señora Kagome señaló que no debe ser molestaba mientras trabajaba —indicó Kinshu con calma —Deben estar agotados —comentó observando a los humanos —Si les parece bien, pueden tomar un baño y comer mientras esperamos.

—Muchas gracias —dijo Miroku al tiempo que él y Sango hacían una reverencia.

Kenshu se volteó asintiendo para ir a preparar todo, cuando la voz de InuYasha salió titubeante e insegura.

— ¿Sesshomaru?

Kenshu se volteó con una nueva sonrisa en su rostro.

—Está con ellas —respondió con un pequeño asentimiento de cabeza.

Sango y Miroku se miraron con una sonrisa en su rostro al ver que InuYasha hacía un desprecio con su rostro intentando que ignoraran el sonrojo que ya se había formado en él al verse descubierto en su preocupación.


Sintió su cuerpo cansado. Antes de cerrar la puerta, observó como el youkai continuaba mirando la cama de la chica con profundo pesar. Salió de la habitación en búsqueda de la presencia de su esposo, que no percibía muy lejana. Sentía que había estado demasiadas horas allí, pero no podía decir cuántas, puesto que su cabeza estaba algo confundida por el desgasto de energía.

Observó como una youkai le indicaba un lugar diciendo que debía "descansar", pero ella negó con la cabeza y una sonrisa y siguió su camino. Caminó por algunos pasillos levemente mareada hasta que sin saber cómo, llegó a una terraza. El frío viento de la madrugada la despertó y permitió despejar algo su cabeza. Al parecer había pasado la tarde y noche con la chica en un potente tratamiento que buscaba traspasarle parte de su energía pura para ayudarla a que tuviese la fuerza necesaria para lograr estabilizarse. Miró a su alrededor apreciando la belleza del jardín de ese enorme Palacio, quedando deslumbrada con el lugar.

— ¡Kagome!

InuYasha cayó a su lado sacándola de su contemplación. Al parecer había estado en el techo contemplando lo mismo que ella hace unos segundos, sin embargo, ahora la miraba con el ceño fruncido y una expresión preocupada.

— ¿Cómo te sientes? —le preguntó con una mueca —Te ves espantosa.

— Muchas gracias —gruñó la chica arrugando el ceño molesta —Y yo que te estaba buscando para sentirme mejor.

— ¿Cómo esperas verte luego de prácticamente dos días con sus noches trasmitiendo energía espiritual?—gruñó InuYasha molesto.

Kagome abrió los ojos sorprendida ¿Tanto tiempo había estado?

— De todas formas, es bastante descortés que me hables así — señaló la chica con el ceño fruncido —Deberías decirme cosas lindas luego de tanto esfuerzo.

— ¿Y mentirte? —bufó InuYasha. Kagome abrió la boca para reclamarle, pero él se adelantó interrumpiéndola —Fuiste muy irresponsable, usar tanta energía de ese modo… podrías desestabilizarte y luego ¿Quién te ayudaría?

La miko apretando sus labios sintiendo un calor en su corazón. Amaba que InuYasha mostrara su preocupación por ella, aunque fuera a través de un regaño.

—Lo hice con cuidado —dijo la chica intentando que ese calor no opacara la molestia que le causaba el que la regañara —Me mantuve atenta a mi energía y ahora solo me siento cansada, no desestabilizada. Además… tú en mi lugar hubieras hecho lo mismo por Rin.

InuYasha miró a un costado molesto y luego la tomó de la cintura atrayéndola hacia él. Kagome escuchó como el hanyou suspiraba en su cabeza al tiempo que la ajustaba a su cuerpo. Cruzó los brazos por la espalda masculina y ocultó su cabeza en su pecho, sintiendo los latidos de su corazón.

— ¿Cómo está ella?

—Débil —respondió Kagome con un nudo en la garganta, toda su angustia y miedo estaba saliendo a flote luego de que había hecho lo posible por la chica —Hice todo lo que pude, pero ella sigue débil… No sé si podrá-

—Lo hará —la tranquilizó Inuyasha alejándola solo lo suficiente para verle el rostro —Es Rin, lo hará.

Kagome asintió agradecida por la confianza y firmeza que su esposo mostraba. InuYasha siempre había logrado darle seguridad cuando tenía miedo, él siempre parecía valiente, firme y luchador y aunque ella bien sabía que tenía grandes debilidades y temores, creía firmemente que el hanyou podría reponerse absolutamente a todo, quizás no de la mejor forma, pero siempre daría pelea.

— ¿Por qué le hicieron esto? —susurró Kagome.

—Luego de que se fueran con Sesshomaru, nos quedamos investigando un poco —explicó InuYasha alejándose levemente de Kagome —Encontramos unos pergaminos y aquí Miroku y Yukiko se pusieron a investigar. Resulta que era un ritual para obtener energía maligna desde el propio inframundo —hizo una mueca de desagrado —Y necesitaban a alguien que fuese pura y hubiera derrotado a la muerte para servir de canal para esa energía.

—Por eso bloquearon su energía… porque interferiría con la maligna y haría colapsar su cuerpo antes de que pudiera transmitir todo el poder que necesitaban… —concluyó Kagome mirando hacia un punto distante.

InuYasha asintió comprobando una vez más la inteligencia de su mujer. Esa era una de las características que más le gustaban de ella, por eso había decidido dedicarse un poquito más a aprender y captar nuevos conocimientos, así no la dejaría en vergüenza. Aunque la verdadera motivación no la aceptaría en voz alta nunca en su vida y era que no quería que ella se aburriera de él o lo dejara por considerarlo tonto o inútil, marchándose con algún idiota de su época que pareciera más inteligente que él.

— ¿Sesshomaru lo sabe? —preguntó la miko.

—Aún no… Creo que por ahora lo mejor es que esté pendiente de Rin —respondió InuYasha observando el mismo punto distante que ella. —Si le decimos ahora no sacaremos nada… mejor esperar que Rin recupere la conciencia al menos.

—Tienes razón, cariño —asintió la miko con una pequeña sonrisa, volviendo a acurrucarse en su pecho. Soltó un bostezo — ¿Los chicos?

—Durmiendo en una habitación que prepararon para ellos —respondió el viendo como la chica cerraba los ojos cansada aliviado de que no notara el sonrojo por su apelativo —¿Te llevo a la nuestra?

—Si tenemos un lugar para dormir… ¿por qué no estás descansando allí? —preguntó Kagome adormilada.

El pecho de InuYasha se sentía tan cómodo y calentito que podría estar allí toda la vida. Sintió como InuYasha la alzaba en brazos y comenzaban a caminar de regreso al interior del Palacio.

—No podía descansar sabiendo que tú estabas esforzándote tanto… — escuchó que InuYasha le decía antes de caer en el mundo de los sueños.


Tercer día desde que llegaron al Palacio y Rin seguía sin despertar. Observó su pecho subir y bajar con calma sin que nada pareciera perturbarla. Escuchó a Yukiko ingresar, susurrar alguna frase y luego cerrar las ventanas de la habitación, dejando las cortinas abiertas para que la luz de la luna iluminara tenuemente el cuarto. Finalmente, con otra frase que no entendió, la youkai se marchó.

Se puso de pie, acercándose a la humana en completo silencio. Su rostro seguía pálido, pero por suerte la herida en su brazo ya estaba siguiendo su curso normal de cicatrización. ¿Por qué era humana? ¿Por qué era tan débil?

Se sentó en la cama junto a ella, sin quitar la vista de su rostro dormido. Apretó la mandíbula con ira. Sabía que lo que pensaba era una completa mentira: ni él siendo un youkai poderoso, el más grande, había podido evitar que ella estuviera a punto de morir. De hecho, fueron humanos quienes la habían salvado. Si no hubieran llegado a tiempo…

Bajó el rostro imposibilitado de seguir observando el rostro de quien había jurado proteger y había fallado. Era un maldito inútil. Debería estar buscando a los malditos que le hicieron esto a Rin y hacerlos pagar por su osadía, pero… No podía alejarse de ella. No podía pensar en irse y que la chica despertara o necesitaran algo para ella.

El realmente débil era él. Era un maldito cobarde que no tenía la fuerza suficiente para poder cuidarla y menos para salvarla. No la merecía… No la merecía.

—¿Sesshomaru?

Levantó la mirada con rapidez, encontrándose a una agotada Rin que le sonreía.

—Sabía que llegarías —susurró la chica con voz ronca alzando la mano para tocarle el rostro.

Acarició su mejilla con suavidad, ya que no tenía fuerzas para nada más. Sesshomaru estaba inmóvil, con los ojos abiertos de par en par observando como la chica lo contemplaba.

—Sesshomaru… —susurró Rin intentando incorporarse un poco para observarle mejor la cara. —¿Estás bien?

El youkai continuó observándola con una alegría incalculable en su pecho.

—Te amo Sesshomaru —sonrió la chica animada.

Los labios del youkai se estrellaron contra los de ella al tiempo que su cuerpo daba un salto. La habitación seguía en penumbras y Rin continuaba inconsciente. Se había quedado dormido sentado junto a ella. Apretó los puños con ira y bajó el rostro derrotado.

«No te merezco»


¡Hola! ¡Nuevo capítulo! Creo que estuve, sin mentir, tres o cuatro semanas intentando terminarlo, pero me fue demasiado dificil. Constó demasiado, pero finalmente la constancia (sentarme frente al pc con el archivo abierto y avanzando un párrafo a la vez) logró que lo sacara y quedó bastante bien.

Aprendí algo! Para los diálogos se usa el guión largo ( — ) y no el corto ( - ) además de que no hay espacio entre él y la palabra que le continua. Eso, quería transmitir mi nuevo descubrimiento.

Espero que hayan disfrutado este capítuloy les haya gustado :D

Muchas gracias a todos!

Agradecimientos:

eishh: ¿Akira? ¿Y será solo él? ¿QUé es lo que querrá? jajaj Muchas gracias por tu review!

paty 2010 : Me ha costado mucho retratar la personalidad de Sesshomaru, como poco sabemos de él desde el manga y el animé he tenido que deducir como sería. También he intentado que evolucione y creo que no me he salido mucho de los márgenes, quizás este capítulo ha sido su mayor quiebre y provocará un antes y un después en su personalidad. Inu cocinando me encantó, quise sacarle un poco lo machista y evolucionarlo también. Muchas gracias por tus comentarios!

serena tsukino chiba: Michael no es tan malo :c no sabemos que le pasa a ese idiotita. Jajaja gracias por comentar y leer siempre!

nadaoriginal : Tus comentarios medios sarcásticos me sacan carcajadas xD Sí, creo que es bueno que empiece a evolucionar un poco hacia un Inu más actual... y creo que en los momentos de crisis es donde uno realmente puede aprender y crecer como persona. En fin, gracias por leer y comentar!

Cindy 04: Me alegro que hayas iniciado un mayor contacto, yo te lo agradezco un montón. Espero que también hayas disfrutado este capítulo y espero tus comentarios!

setsuna17: Muchas gracias! Espero que te haya gustado este capítulo!

Estefania : En Chile usamos el mismo término con el mismo significado xD Te entendí inmediatamente aajjajaj Muchas gracias por tus palabras como siempre. Realmente espero tus comentarios cuando publico 3 Ánimo con todo en tu vida y con todo el power! Espero que te haya gustado este capítulo! Mucho drama!

NataliaHM: jajajja quien lo hubiera pensado! Que genial lo de la genealogía de tu mamá, lo encuentro muy entretenido. Y no, aún me queda dar el grado y la práctica, tengo para rato ajajjaja pero gracias por tus palabras! Espero que hayas disfrutado este capítulo!

SerenaSaori: La historia es como mi seguro de vida xD ajjajaja Y la cosa estaba grave! Espero que te haya gustado este capítulo! Muchos saludos!

xelsita: jajaj no sé si 100 capítulos, pero estoy viendo que realmente serán más de 30 o por allí. En fin, lo que salga ajajaj ya tengo todo estructurado, pero al desarrollarlo sale más largo y nuevas ideas. Espero que hayas disfrutado de este capítulo!

Guest: Gracias!

Yoo Joo: Espero lo hayas disfrutado!

Zakura Naiguino : Escritora excepcional? Nooo, aún me falta mucho jajajaj pero gracias! me hiciste sonrojar! ME alegro que te haya gustado la historia, doy todo de mi en ella. Espero que hayas disfrutado este capítulo!

andreabcn2012gm: ¿Quien será el malvado? Chan-chan Jajaja habrá que seguir leyendo para saber. Muchas gracias por tus palabras, espero qeu te haya gustado este capítulo!

Manekineko Tsukino: Primero: Gracias por tu honestidad, es lo que me ayuda a crecer. Segundo: Gracias por tus halagos! intento escribir de forma simple y que las personas puedan sentir lo que los personajes sienten o quieren reflejar en el momento y al parecer algo está resultando. Tercero: Amo el lemon ajjaja me encanta leerlo y escribirlo y sí, vendrá acción RinxSessh, pronto... muy pronto, promesa! ajjaja pero quise darle el tiempo que la relación se merece, ella es más pequeña y humana, por lo que me es lógico que sería bastante más lento que Inu y Kag, que ya están grandecitos jajajaj xD Cuarto: Lástima que no te haya gustado lo de los personajes en el futuro, porque son importantes para la historia, es!pero que les des una segunda oportunidad :C Quinto: Me alegro que te guste como manejo las personalidades, te juro que me esfuerzo mucho en eso! Y lo de la marca, pues de repente se me ocurrió y zas! Tenía completa lógica dentro del mundo. Y Sexto: Muchas gracias por leer! Espero seguir recibiendo tus opiniones sobre la historia! Muchas gracias!

Carameloisis57 : Desconfía de todos! ajjaja Muchas gracias. He leído que varios dicen qeu tengo mi propio estilo y en verdad como que no sé cual es ese estilo! Pero gusta así que seguiré así xD Jajaj muchas gracias!

Cami RinTaisho05 : Tenía que evolucionar a Sessh, además que poco sabemos de como se comportaría en estas situaciones considerando además que yo lo trato desde su cabeza y solo desde afuera. Me alegro que te guste como escribo y la historia en sí, te juro que doy todo de mi para que salga bien. 6am! realmente te gustó! Wiiiiii! Lloraré de alegría! Gracias por tus halagos! Seguiré esforzándome! Saludos y espero leerte de nuevo!

palomawence: Que bueno que te gustaron los del futuro! Yo los amo jajaja Y pobre Kagome! Imagínate tener 11 hijos! :C Pobrecilla. Saludos y muchas gracias por leer y comentar!

gcfavela: Muchas gracias! Me encantaría verlo en anime, aunque creo que la censurarían mucho jajajajja Espero hayas disfrutado este capítulo! Tiene un poquito de todo. Saludos!

Sin más que decir,

Saludos desde Chile!