Capítulo III.- Señores Hellsing...

—¿Lleva ya todo lo necesario Sir Integra? —Walter pregunto al ver a Integra con un pie casi fuera de la mansión. De seguro apresurada para terminar la misión lo más antes posible.

Ella llevaba puesto un elegante vestido blanco sin tirantes de gaza que le llegaba hasta las rodillas, dejando ver las delgadas y bellas piernas de la Sir. En solo la bajada por las escaleras desde su despacho hacia la salida principal le había fatigado algo, pero aun así llevaba puestos unos elegantes botines negros. Además de que ya no portaba las gafas, ya que estaba utilizando lentes de contacto. Pero aun así portaba un par de gafas en su equipaje.

Walter suspiro, aun recordaba la noche anterior como había discutido con ella, para que ella usara la ropa que portaba en esos momentos.

Para el vestido había sido una guerra para que ella aceptara ponérselo. Aun recordaba que ella se reusaba a ver si quiera el vestido, jurando una y otra vez que ella no se quitaría el traje que traía puesto. Y una guerra campal para que ella usara los botines negros y que en sus valijas llevará ese tipo de ropa, además del fuerte armamento y su espada.

Para suerte del mayordomo tenía un as bajo la manga, que era la misión misma. Recordándole una y otra vez que se tenía que hacer pasar por una recién casada, contenta y feliz.

Integra tan solo hizo rabietas mientras tomaba el vestido para probárselo en el baño.

—Si. Creo que llevamos todo. —Mencionó la Sir.

—Te vez encantadora, Integra. —Integra escucho el fuerte susurro al lado de su oreja.

Alucard estaba a su lado, vistiendo el mismo atuendo como siempre.

Pero si ella hubiera querido que el vistiera con otras ropas le hubiese obedecido. Pero no lo creía conveniente.

Ya que se la pasaría todo el maldito día bajo el sol, y eso era algo que él no le daba mucho agrado. Prefería seguir llevando su abrigo y sombrero rojo, y que las gafas terminar de cubrirle por completo de los molestosos rayos del sol.

Seras apresurada aparecía corriendo por los escalones.

—ESPEREN! ESPEREN! —Gritaba la chica policía terminando de bajar las escaleras. —Se les olvida algo.

Seras se detuvo a escasos centímetros cercas de chocar con Walter.

—¿Pero qué es lo que pasa con usted, señorita Victoria?

—A Sir Integra se le estaba olvidando esto. —mostro la bolsa de seda blanca.

—¿Que es esto? —Walter tomo la bolsa y la abrió, dejando caer su contenido en la palma de su enguantada mano. —Sir Integra…

Integra se acercó junto con el vampiro al mayordomo. No quería volver a escuchar el discurso de que "era parte de la misión… etc.

Ella estaba a punto de tomar la sortija de matrimonio y el anillo de compromiso, pero la rápida mano de Alucard se las gano.

—Maestro. —Alucard sostenía entre los dedos las sortijas, mientras que con la otra le pedía la mano a su maestro.

Integra le miro por unos momentos, molesta.

Suspiro, pero si no aceptaba discutirían y seguirían perdiendo aún más el tiempo.

Ella estiro la mano, la cual el vampiro tomo rápidamente sin basilar. Colocando delicadamente en el dedo anular el anillo de compromiso, y después la sortija de matrimonio.

Le miro a los ojos con una sonrisa satisfactoria en los labios. Ignoro la gélida mirada de su comandante y se tomó el gusto de inclinarse para acercar sus labios y besar la mano de su señora.

Integra sintió como estaba a punto de ruborizarse, mientras Walter y Seras le miraban casi boquiabiertos. En cuanto sintió los fríos labios del hombre alejarse de su piel, de un fuerte tirón se soltó de su agarre.

Alucard se carcajeo, divertido. Tomo la sortija de matrimonio que Walter le había obligado a medirse el día anterior, colocándosela en el dedo anular.

—Falta poco para que salga el avión privado. —Menciono Walter acordándole a los dos.

Integra se dio la vuelta y camino hacia la salida, tomando el abrigo café que colgaba en el perchero.

Alucard, Walter y Ceras le siguieron por detrás. El chofer ya les esperaba en la salida, estaba recargado en el clásico auto negro; y al ver a Integra aproximarse corrió a abrir la puerta trasera, integra entro al instante.

Walter e Integra terminaban de pasar los últimos detalles sobre lo que se debía de hacer con el papeleo, mientras Alucard tomaba asiento al lado de su amo.

—Bien, nos vamos. —Pronuncio Integra.

—Que tengan suerte en su misión Señora. —Walter pronuncio como despedida.

—Que… que tengan buen viaje, maestros. —Se despidió tímidamente Seras.

Integra tan solo asintió con la cabeza ante el comentario de sus dos sirvientes antes de subir el vidrio polarizado del auto.

Mientras el auto estaba en movimiento, ella cerró los ojos, mientras pensaba todo lo que debía de hacer al llegar a aquel lugar. Primero tendrían que viajar nuevamente en carro por algunos minutos para llegar al lugar; donde les esperaba la vendedora de bienes raíces para enseñarles el apartamento amueblado en el que vivirán.

Ya estaba imaginándose el lugar cuando sintió que el coche para en la puerta del aeropuerto. Donde varios guardias de la reina les esperaban para poder pasar "desapercibidas" todas las cosas que se llevarían hacia allá.

Los hombre rodearon la parte trasera del auto, abriendo ambas puertas al mismo tiempo; Alucard fue el primero en salir del auto. Uno de los guardias estiro la mano para ayudar a salir a la rubia, pero esta salió por su propia cuenta, dejando al guardia con la mano colgada.

El equipaje ya estaba listo dentro del avión, junto al inmenso ataúd negro del vampiro y el refrigerador que contenía las muestras de sangre.

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El avión ya había despegado desde hace varios minutos.

Integra se encontraba sentada en uno de los sofás, con las piernas cruzadas, los dedos jugando casi inconscientemente con el juego de llaves de la habitación donde vivirían. Miraba las nubes desde la ventanilla, se le hacía totalmente anormal no estar sentada en su escritorio con su típico traje, y leer y llenar la inmensa montaña de papeles que le esperaban sobre su escritorio todas las mañanas.

Le había ordenado a Alucard que descansará durante el viaje, aunque sabía que no lo había hecho y que se encontraba de seguro merodeándola, ya que cuando bajaran del avión se la pasarían todo el día en el pueblo para conocer hasta cada rincón de él. Antes del anochecer.

Sintió la temperatura descender.

—¿No deberías estar durmiendo? —Pregunto molesta a su acompañante.

Alucard apareció detrás del sofá, y comenzó a rodearle para sentarse al lado de la mujer que sería su esposa por un par de semanas.

—Biné a hacerle compañía, y a distraerla durante el viaje.

—¿Y quién te dijo que necesito de la compañía de alguien?

—Me lo dicen tus manos integra. —Pronuncio el vampiro sonriente.

Integra bajo la mirada hacia sus manos, y efectivamente, tenía los dedos enroscados en el llavero. Alucard estiro su mano hacia las de ella para arrebatarle las llaves, pero dejo su mano hay.

Ella no pudo evitar ruborizarse al sentir el contacto de la enorme mano enguantada de su sirviente. Integra aparto sus manos, nerviosa por la extraña sensación que sintió al contacto de sus manos con las de él; aparto aún más una de sus manos y la lanzo de golpe hacia la cara del vampiro que restallo con fuerza en su mejilla.

—Te dije que mantuvieras tu lugar. —Gruño furiosa.

Alucard le miraba con profundidad y con una sínica sonrisa decorando su rostro. Le encantaba hacerla rabiar de esa forma y ponerle nerviosa cada vez que se tenía la oportunidad de acercársele.

Alejo su mano enguantada de las de su amo, sin antes arrebatarle por completo las llaves.

—¿Y qué aremos al llegar? —Pregunto mientras hacía rodar las llaves en su dedo índice.

—La vendedora de bienes raíces nos espera al bajar del avión para ver el apartamento, y llevarnos a conocer el pueblo, hasta el rincón más olvidado.

—Tal vez podamos quedarnos a ver el atardecer. —Alucard bromeo mientras se acomodaba en los cojines de sofá.

—Recuerda que hay toque de queda antes de anochecer. —Mencionó mientras hacía lo mismo que su acompañante.

Integra se estiro un poco para alcanzar el abrigo café que se había puesto antes de salir de la mansión Hellsing. Y no era por que tuviese frio, si no que aún no se acostumbraba a mostrar parte de su piel, y más aún a un miembro de su organización que le encantaba hacerla enojar con cualquier pretexto.

Prefirió voltear de nuevo hacia la ventana del avión, ignorando cualquier palabra que saliera de la boca de su sirviente. Una sombra paso cercas de una de las alas del avión privado; e integra no pudo evitar sorprenderse ante la ilusión.

Se paró del sofá, alarmada, mientras pegaba el rostro lo más que podía a la ventana.

Alucard miro el extraño comportamiento de la mujer, y esta no le tuvo que llamar para que se acercará a su lado al sentir una ligera presencia de otro ser.

—¿Qué ha sido eso? —Pregunto la mujer un poco más calmada. Pero sin despegar su vista hacia lo que había al otro lado de la ventana.

—Solo es un curioso. —Respondió secamente.

—Pero, creí que no podían salir a la luz del sol sin volverse cenizas. —Dijo la mujer extrañada.

—Por lo menos hay una excepción. —Sonrió.

Al parecer la misión sería más difícil de lo que pensaba. Ya que solo se le había informado que las creaturas salían de noche.

Pero lo extraño era la creatura que acababa de ver pasar por la hélice del avión. Ya que no se calcinaba, sino que además podía bolar a sus anchas durante la luz del sol, pero no les habían informado nada de ataques durante el día.

Solo a de cazar de noche, pensó ella.

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—Permíteme. —Menciono el nosferatu con la mano estirada, para ayudar a bajar por los escalones a su amo.

Integra tomo la mano de su ahora "esposo" para bajar por las escaleras.

Miro hacia el frente para no toparse con la mirada del nosferatu, el cual llevaba puesto las lentillas. Miro el coche que los llevaría hasta el poblado, y mientras bajaba los escalones el teléfono móvil dentro del abrigo comenzó a timbrar.

Saco el teléfono mientras subía a la parte trasera del auto, contestando la llamada de la vendedora de bienes raíces.

—Hola. —Contesto la Sir.

—Hola señora Hellsing, le llamo para informarle que ya está todo listo para su estancia. —afirmo la alegre mujer. —¿Ya habéis llegado?

—Si, si. Acabábamos de aterrizar en el aeropuerto, y ahora vamos hacia allá. —Integra contesto lo más alegremente que podía.

No le gustaba mentir, pero la ocasión y la misión lo requerían.

—Entonces le esperare a usted y a su esposo en la entrada del poblado. —Afirmo.

—Bien. Allá nos vemos. —Y la Sir colgó.

Integra depósito de nuevo el móvil dentro del abrigo, mientras el chofer del auto manejaba rápidamente por un camino viejo, rodeado de praderas.

Suspiro algo cansada y abochornada por la situación, pero tenía que soportar.

Alucard le observaba sentado al lado de ella, se carcajeó ante la situación.

—¿De qué rayos te ríes? —Pregunto ofendida.

—De nada querida. —Respondió el hombre sonriendo, apuntando con la mirada hacia el hombre que conducía el vehículo. —Solo recordaba algo. —Especificó.

Integra noto la indirecta de su sirviente.

El hombre que conducía el vehículo era un chofer común y corriente del poblado, alguien que no debía de saber sobre lo que ocurriría en las siguientes semanas.

—Creo que serán unas agradables vacaciones. —Menciono la mujer.

—Creo que querrás decir, una agradable luna de miel.

La mujer le miro hostilmente, pero el solo le correspondió ignorando su mirada y centrándose en el poblado que se veía hacia el frente. Integra siguió la mirada de él, mirando el poblado, y a la entrada de este otro carro negro con un chofer y una señora algo mayor de edad.

—Al parecer ya hemos llegado. —El nosferatu susurro.

El auto negro se detuvo en la entrada, justo al lado del otro auto donde la mujer y el chofer les esperaban. El chofer del auto donde estaban bajo par abrir ambas puertas y ayudar a sus pasajeros a bajar.

—¿Cuánto será, señor? —Pregunto la rubia mujer.

—Nada señora. La señora Roset ya se ha encargado de todos los gastos. —respondió el hombre que los había llevada hasta el pueblo.

Integra volteó a ver a la mujer que le esperaba en el otro lado del auto.

El chofer entro de nuevo a su vehículo y se marchó de vuelta al aeropuerto. Integra y Alucard se quedaron frente al vehículo que les esperaba.

—Bienvenidos sean al pueblo de Araco, señores Hellsing.


Fin del tercer capítulo :D

Quiero agradecer a todos esos vampiritos y draculinas que me escriben para seguir subiendo este fict, sus comentarios me ayudan y me motivan para seguir escribiendo :')

Gracias por sus primeros comentarios:

Mireee3D3Y

Deahtz

Palomixta

Nos vemos en el siguiente capítulo, ya que estaré actualizando cada jueves si es posible. n.n

-La Dama de Hielo-