Capitulo IV.- Recién casados...
Integra se sorprendió ante el término que utilizo la mujer mayor para dirigirse a ambos. Si su padre (que en paz descansé), ollera esa palabra, de seguro se volvería a morir.
—Gracias señora Roset.
—¿Así que este es su esposo? —Pregunto la mujer al ver al atractivo hombre de sobretodo y sombrero rojo.
—Sí, él es mi esposo, Alucard. —Respondió Integra a secas.
Roset volteó precipitosamente a ver el reloj de su muñeca. —¡Huy! es algo tarde. Tenemos que apresurarnos si no queremos desperdiciar la luz del sol.
El chofer abrió la puerta trasera del auto negro, mientras Roset rodeaba el auto para sentarse en el asiento del copiloto.
Alucard e Integra entraron el en auto el cual arranco casi al instante.
Roset volteó a ver a la joven pareja: —¿Y qué les gustaría ver primero?
—Yo quiero ver primero la habitación. —Pronuncio Alucard, viendo atestado el soleado día por la ventana.
—A mí me gustaría conocer primero la plaza principal. —Repuso Integra.
—La habitación. —Repuso él.
—La plaza principal. —Gruño ella.
Roser les miro sonriente.
—Creo que lo mejor sería conocer los alrededores, para que al salir ustedes no se pierdan. —Sugirió la mujer mayor.
—¡Ha! —Vociferó triunfante la mujer, a su siervo.
Alucard, mal humorado, tan solo se cruzó de brazos mientras se dejaba caer de golpe en el asiento trasero del auto.
Genial, ahora todo el día se la pasaría bajo los detestables rayos del sol, pero de la nada una idea le vino a la mente.
El auto solo dio unas cuantas vueltas por algunas intercepciones, para detenerse frente a un parque floreado, el cual en el centro de este había un pequeño kiosco.
—Ya hemos llegado. —Contesto Roset.
Integra miro el parque a través del cristal del auto, el parque era hermoso. El parque parecía sacado de un cuento de hadas.
Todo era pasto verde, y con detalles de margaritas y tulipanes rojos creciendo en donde le viniesen en ganas. En el centro había un pequeño kiosco, con dos caminos que iban desde las orillas del parque hacia él. Además de que había barias bancas dispersas por los alrededores, con varios árboles que les cubrían de los fuertes rayos del sol.
—Hermoso, ¿no? —Pregunto la mujer a la pareja.
—Si. —Respondió Integra algo sorprendida por el paisaje.
El chofer salió del auto y Roset le siguió. El chofer abrió la puerta de Alucard y Roset la de Integra.
—Puede dejar el abrigo aquí en el auto, señora Hellsing. —Roset le recomendó a la rubia al verla cargar con el abrigo.
Integra saco el móvil de la bolsa del abrigo, y arrojo el abrigo al asiento trasero del auto antes de que el chofer cerrara la puerta.
Los tres comenzaron a caminar hacia el parque. Pero Integra estaba algo incomoda llevando el móvil en la mano, ya que el vestido no llevaba bolsa alguna.
—Alucard. —Susurro Integra.
Alucard volteó a mirarle. —Dime, Integra.
—¿Podrías guardarme el móvil? —Pregunto ella, estirando el móvil hacia él.
Él tan solo sonrió. Tomo el móvil en su mano y lo deposito dentro de una de las bolsas de su pantalón.
Mientras ambos caminaban tranquilamente dando vueltas detrás de la vendedora, el vampiro muy disimuladamente estiro la mano hacia la de su amo.
Integra al sentir el toque de los dedos enguantados del nosferatu trato de apartar la mano, pero no lo hizo a tiempo. Ya que él le había cogido la mano con la intención de no soltársela. Ella ofendida, volteo a mirarle.
—¿Qué? —Pregunto inocentemente.
—¿En que habíamos quedado? —Restregó la mujer.
—Más bien seria, ¿En qué quedo vos con su reina? —Le recordó el hombre.
Integra no supo que responder. Era verdad lo que él le había dicho, tenían que hacerse ver como una pareja normal. Maldijo toda aquella situación y dejo de tironear su brazo.
El nosferatu por esta vez había ganado la partida. Pero la próxima no.
Alucard tan solo le dedico un miramiento, guardándose su sutil sonrisa. No quería ofenderla de nuevo como para tener que tironear de la mano de ella.
Mientras Roset les explicaba la historia del pueblo, él comenzó a jugar con los dedos de la distraída mujer.
—Alucard…—Susurro molesta.
El hombre dejo de jugar con los dedos de la mujer, y la ayudo a subir por los escalones del kiosco.
Roset e Integra se recargaron en el barandal del kiosco para descansar de la caminada. Fijo su vista hacia el horizonte para distraerse. Hasta que sintió unos brazos rodear los suyos y un peso colocándose sobre su espalda.
—¿Qué es lo que miras, querida? —Susurro el nosferatu en la oreja de su "esposa".
Integra se ruborizo por completo al sentir como él rompía la barrera de contacto entre ellos dos.
Alucard se arrepegó aún más a ella, aprovechándose de la mirada de la vendedora de bienes raíces, quien les miraba expectante a los dos. Como le encantaba ver a las parejas de recién casados.
Y aprovechando la situación actual (en la cual Integra no tenía su arma y no podía matarlo a golpes), tomo los rubios mechones para descubrirle la mitad de la cara y darle un beso en la mejilla.
Ella tan solo volteó el rostro.
—Nada. —Respondió secamente. —Tan solo pensaba en el trabajo.
—Recuerda que la luna de miel es para distraerse, no para seguir pensando en el trabajo. —Él le susurro. —¿Por qué no llamas para averiguar si todo va bien?
Alucard saco el móvil de su bolsillo y se lo entregó a la mujer.
Integra utilizo la llamada como pretexto para alejarse de él, y se dirigió al otro lado del kiosco mientras comenzaba a teclear el número de su despacho.
El teléfono tan solo tono una vez, para que la voz de Walter le contestara.
—Hola Sir. —Walter contesto. —¿Está todo bien?
—Si. Solo llamaba para saber si todo estaba bien por allá.
—Si señora, hasta el momento no hemos tenido ninguna dificultad. —Le tranquilizo el mayordomo.
—Bien. Hablamos luego. —Colgó sin despedirse.
Cuando Integra colgó, Alucard se aproximó a ella.
—Vez, no tienes nada de qué preocuparte. —Le susurro.
Roset se aproximó a ellos. Algo se le había ocurrido a la mujer.
—¿Qué tal si vamos al próximo destino antes de que comience a atardecer? —Roset les pregunto a ambos.
Integra y Alucard se le quedaron viendo a la mujer. Integra estaba sosteniendo las manos de su esposo tratando de alejarlas de su espacio personal; mientras que él miraba embobado a la mujer mayor. Había leído su mente y sabía hacia donde quería llevarles.
Ella aparto las manos de Alucard de un fuerte tirón: —Bien, vámonos. —Y comenzó a caminar hacia el coche.
Dentro del coche.. …
—¿Exactamente hacia donde nos llevas Roset? —Pregunto Integra con tilde curioso.
—Ya vera Señora Hellsing. —Fanfarroneo la mujer. —Es el lugar más hermoso del pueblito de Araco.
El auto se apartó, dejando atrás el parque. "Tal vez podre regresar en un par de días" Integra pensó.
Comenzaron a bajar por un sendero de tierra, con dirección a la playa.
La playa estaba totalmente desierta, con aguas tranquilas de color azul zafiro y con barias bancas en la orilla para poder sentarse a las cercanías. Además se podía ver una pequeña isla a un par de kilómetros de la costa.
—¿Es aquí donde nos traes Roset?
—Así es señora. —Roset respondió.
Integra bajo del auto, tuvo que apoyarse del brazo de Alucard para evitar caerse, ya que los tacones de los botines se enterraban en la arena.
Alucard la llevó hacia una de las bancas para que ella pudiera sentarse.
—Gracias. —Ella musito.
Ella miro como el vampiro se hincaba ante ella y le tomaba uno de los pies, quitándole el botín.
—¿Pero qué crees que haces? —Grito algo ruborizada.
—Creo que así podrás caminar mejor por la arena. —Él contesto, ya quitándole el otro botín.
Ella dejo que le terminara de quitar el botín. Odiaba admitir que él tuviera razón y eso se lo aria pagar; junto con el asunto del kiosco.
—¿Porque no te quitas tú las botas? —Le susurro tomándole con ambas manos el rostro.
Roset se acercó a ellos, sentándose en el otro extremo de la banca, dejándole espacio en el centro a Alucard.
—No, gracias. —Menciono él, firme ante su disgusto.
—Vamos señor Alucard, no todos los días esta playa esta solitaria. —Menciono Roset alegremente, tratando de convencer al vampiro de exponer su blanca piel al sol.
—No gracias, Roset. —Volvió a mencionar, firme en su decisión.
—Alucard…—Integra ya estaba molesta. No iba a suplicarle al vampiro, cuando podría ordenarle.
Alucard, captando la indirecta, se puso en pie y se sentó en medio de las dos mujeres. Roset e Integra se burlaban por detrás de él.
Comenzó a quitarse las botas de montar.
—Si gustan, pueden dejar las cosas en el auto. —Les sugirió la vendedora.
—Gracias Roset.
Alucard paro oreja ante la sugerencia de la mujer: —Querida, ¿por qué no vas y dejas las cosas en el auto? —Dijo tratando de vengarse de la rubia.
—Claro, pero primero quítate la corbata, el sobretodo y el chaleco. —Contrarresto Integra.
Mientras Alucard se sacaba las ropas que su amo le había ordenado. No se percató del miramiento de un par de ojos azul zafiro en lo alto de la colina que llevaba a esa playa, escondido entre las ramas de los árboles.
Tanto Integra como Alucard al poco tiempo comenzaron a sentirse observados, y no por Roset, si no por alguien más. Ambos voltearon había la sima de la colina; para encontrarse con nada.
Mientras Integra iba al auto para dejar dentro las cosas de su esposo, Alucard aun miraba a la sima de la colina, en especial entre las sombras de los árboles.
—¿Sucede algo señor Alucard? —Pregunto Roset, siguiendo la vista del hombre sobre las lentillas.
—No señora. Solo observaba el paisaje.
—Ya regrese. —Afirmo Integra sentándose de nuevo en la banca.
—Bueno, vamos a recorrer la playa. —Roset se puso en pie.
Ambos se pusieron de pie, siguiéndole el paso a Roset.
A Integra se le hacía muy agradable el caminar por la playa, sin preocupación alguna. Sentía el aire acariciándole la piel descubierta, mientras que el susurro de las olas llegaba hasta sus oídos y la brisa marina le inundaba las narices.
Mientras que para Alucard se le hacía algo invaluable. Hace tantos siglos atrás que no pisaba una playa, se podía decir desde mucho antes de su muerte.
Miro a Integra, y no dudo en leer su mente; quería conocer que era lo que ella estaba sintiendo, o más bien en que pensaba. Sonrió al descubrir el pensamiento de la joven Sir.
Alucard se acercó hasta donde ella estaba, rodeándole la cintura con ambos brazos y pegándose a su cuerpo, sin dejar de caminar.
Integra alzo la vista hacia el vampiro, quien tan solo ver el rostro de ella sonrió. Alzo los brazos hasta acercarlos a los lacios mechones negros del hombre arrebatándole en sombrero rojo. Él tan solo se inmuto por un segundo al sentir como los rayos de sol le tocaban la cabeza, mientras miraba como ella se colocaba en la cabeza su sombrero. Era el momento del contraataque.
—¿Qué crees que está haciendo? —Pregunto Integra al ver como él le obligaba a dirigirse hacia el agua.
—Solo quiero hacer tu sueño realidad. —Contesto burlón a la mujer.
—No. Espera Alucard. —Grito al sentir el agua helada del mar tocarle los pies.
El vampiro se comenzó a carcajear casi frenéticamente al sentir a su amo tan nervioso entre sus brazos, tratando de soltarse de su agarre para salir disparado a tierra seca. —¿Estas nerviosa amo? —Le susurró al oído.
Roset les miraba a ambos desde la orilla. Volteó hacia atrás buscando una banca en donde poder sentarse para vigilarles mejor. Ambos eran tan jóvenes y monos.
—Te estas mojando los pantalones. —Grito Integra, viendo que el nosferatu ni siquiera se había tomado la molestia de arremangarse el pantalón antes de meterla al agua. —BASTA, YA. —Le ordeno al sentir el agua a las rodillas y mirar como comenzaba a mojársele la orilla del vestido.
Roset les miro regresar a la banca donde ella estaba sentada.
El trio tenía la vista perdida en el océano, incluyendo a Alucard; pero Integra no. Ella tenía la vista perdida en la diminuta isla que había casi frente a ellos.
—¿Qué hay en esa isla, Roset? —Integra pregunto.
Roset y Alucard voltearon a ver a Integra. —Esa isla…—Comenzó a narrar la mujer mayor, fijando la vista hacia ella. —es la Isla donde se dice que habita Araco. Espero que haigan recibido el aviso antes de que viniesen.
—Si lo recibimos, pero aun así quisimos venir. —Integra respondió.
—Antes este pueblo era pacifico de noche, así como lo es hoy de día. Pero hace un par de años atrás todo cambio, cuando una empresa constructora rompió la estatua de Araco, en la cual se decía que estaban selladas todas las arpías que luchaban contra Araco. —Confeso Roset. —Ahora las arpías atacan todas las noches este pequeño poblado, mientras que nosotros tenemos que escondernos en nuestras viviendas al atardecer. Hasta que se cumpla la profecía.
—¿Cuál profecía? —Pregunto Integra molesta, eso era algo que no venía en el reporte que se le había dado.
—La profecía cuenta, que para destruir a las arpías, debía morir la mitad de Araco.
—¿A qué mitad te refieres?
—Se dice que Araco fue sellado junto con su amante. —Comenzó a explicarles Roset. —Araco representa al demonio que lucha contra el día y la noche, pero su amante representa la noche. Además se cuenta que si ella muere, Araco también lo hará.
Integra se quedó analizando la información que Roset le estaba dando. Solo tenía que morir aquella arpía para que todas aquellas creatura murieran, junto a Araco.
—¿Y dónde se encuentra la habitación? —Pregunto sorpresivamente Alucard.
—Ese será nuestro siguiente punto de parada. —Pronuncio Roset afirmativamente.
—Muy bien, vámonos. —El vampiro se puso en pie, y tirando del brazo de su amo a ella también la puso en pie para llevarle de regreso al auto.
Integra no tuvo otra opción más que seguirle. Odiaba admitirlo, pero ella también sentía curiosidad por ver el lugar donde viviría por algunos días, y de seguro su equipaje ya debía estar dentro del lugar, asiéndole compañía al negro sarcófago del conde.
Los tres subieron a sus respectivos lugares dentro del auto negro, mientras que durante el trayecto Integra se acomodaba los botines y Alucard se ponía de nuevo las ropas.
—Esto es mío, querida. —Menciono el nosferatu, quitándole el sombrero de la cabeza a su mujer.
El auto avanzó, pasando por su trayecto cercas del parque. Integra asomo la vista hacia el lugar, pidiendo que la casa estuviese cercas de aquel lugar; y efectivamente así fue. El auto entro a una calle y paso unas cuantas casas para al fin pararse frente a una casa de un solo piso.
—Ya hemos llegado. —Menciono la mujer mayor.
En cuanto el auto se paró frente a la casa, Alucard salió casi escopetado de él. Se dirigió a la puerta del otro lado para ayudar a su amo a bajar del vehículo, no soportaría más tiempo el estar bajo el sol sin volverse loco, si mas era posible.
Integra bajo del auto, haciendo caso omiso al gesto gentil que le hacia su siervo, y saco del bolsillo de su abrigo el juego de llaves de la casa.
Roset se acercó a la puerta de la casa y miro a ambos como se le acercaban.
—¿Puedo mostrarles la casa si quieren?
A Integra no le pareció mala idea que Roset les diera un tour por la casa; pero considerando que las cosas ya estaban dentro, no le pareció conveniente. Como explicar el gran arsenal de armas que ella portaba en sus maletas, y el gran ataúd negro que yacía de seguro en el sótano de la residencia.
—No gracias, Roset. —Menciono Integra con una sonrisa forzada en los labios. —No creo que mi esposo y yo nos perdamos dentro de nuestra casa.
—Bueno, ya saben a qué numero contactarme si se les ofrece algo, y mañana seguiremos con el tour en las zonas que nos faltan. —Roset subió al carro, y estuvo a punto de ordenarle al chofer que arrancara, pero algo le detuvo: —Recuerden muy bien el no salir de noche, cerrar muy bien antes del anochecer y tener durante la noche una lámpara de mano cercas a todo momento.
Integra asintió con la cabeza, y Roset al ver la cara de la joven le ordeno al chofer marchar.
Ehhhhhh!
Fin del capítulo 4 :3
Quiero agradecer a aquellas personas que me siguen en cada entrega, recuerden que esto sigue fluyendo gracias a ustedes. :)
También les hago mención nuevamente de que seguiré subiendo capitulo cada jueves/ viernes (dependiendo del país donde me sigan).
Y….
Como siempre, sigo leyendo sus reviews, así que cualquier comentario es bienvenido n.n
Nos vemos en la próxima entrega 3
Zak -La Dama de Hielo-
