Capítulo VI. – Bienvenidos a Araco (parte 2)


Una arpía se había posaba sobre una de las techumbres de las casas, buscando a la víctima que sería su cena esa noche. Volteo a ver la calle, al fondo algo al parecer se escondía entre los troncos de los árboles. Pero ya no alcanzo a enfocar bien su vista, una herida en su pecho comenzó a convertirla en cenizas; las cuales fueron disueltas por el viento invernal.

Integra miraba como su disparo había dado justo en el blanco. Ya era de madrugada y en un par de horas el sol comenzaría a salir.

No sabía por qué, pero desde que se separó de Alucard había comenzado a sentirse observada. Como si algo o alguien le siguiera sin que ella le pudiese ver.

Tomo el arma entre sus manos y corrió hacia la casa donde la arpía se había posado, recargándose en la pared y pensando en su siguiente movimiento.

Tenía que tener cuidado, ya que lo único malo de no tener al odioso de Alucard cercas, era que el no estaría hay para cuidarle la espalda. Ya que las arpías siempre solían atacar por parvadas.

Se dirigió a la siguiente esquina y con cuidado se asomó a la calle de al lado. Entonces comenzó a oír los disparos del arma de su sirviente, el cual de seguro se estaría divirtiendo con la matanza. Sonrió.

Corro por la calle, empuñando fuertemente el arma con sus dos manos.

Un par de aleteos se comenzaron a escuchar perseguirle por detrás. Integra volteo rápidamente y disparo a una de esas criaturas, dándose cuenta que no eran dos, si no tres criaturas las que le seguían.

Integra paro al poco tiempo y dio dos disparos más, convirtiendo en cenizas a las dos criaturas que quedaban. Se refugió en la pared de una viviendo y abrió la pequeña bolsa que tenía atada a la cintura, verificando que aún le quedaba la mitad de los cargadores que había echado a la bolsa. Aún conservaba sus dos armas y no había tocado las navajas, la escopeta y mucho menos su espada.

Miro hacia el cielo, el cual ya había comenzado a aclararse poco a poco.

Lo mejor sería retirarse a la casa que Roset les confino antes de que la gente se levantara para hacer sus labores diarias y los sorprendieran.

Miro la calle por la cual se iría, y comenzó a caminar para ir en busca del nosferatu.


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Ya había olvidado la cuenta de cuantas aves había "desplumado", pero aun así en casi toda la noche no había parado de disparar.

Miro como la cantidad de arpías comenzaba a disminuir mediante el amanecer del nuevo día se aproximaba.

Una arpía que volaba a gran velocidad hacia él le distrajo de sus pensamientos.

Alucard tan solo tuvo que levantar su pistola y dispara, sin siquiera ver a su víctima. La arpía se hizo cenizas al instante. Sonrió al escuchar unos pasos aproximándosele.

—¿Ya terminaste de divertirte? —Pregunto Integra con el ceño fruncido.

—Por esta noche ya. Pero espero impaciente el siguiente anochecer.

Integra tan solo le miro como guardaba sus armas en su abrigo.

—Tenemos que regresar, antes de que la gente comience a salir de sus casas. —Menciono dándose la vuelta para dirigirse a la casa. —Además, tenemos que descansar por unas horas antes de que Roset pase a recogernos.

—¿De nuevo hay que salir? —Pregunto algo fastidiado.

—Si. —Respondió volteando a ver al vampiro. —Tenemos que hacer lo posible para que nadie sospeche de nosotros.

—Como besarnos. —interrumpió a la mujer.

—Más te vale que te dejes de bromas siervo. —Lo silencio hostilmente. —Y espero que esta vez no aproveches de la situación.

Y sin más que decir, comenzó a caminar hacia la casa.

Alucard le seguía por detrás, pero algo le obligo a voltear hacia atrás; por las copas de los árboles. Sentía esa presencia de nuevo, aquella misma sensación que sintió en la playa. Lo único que alcanzaba a ver del sujeto eran unos ojos zafiros, idénticos a los de su ama. No dudo en disparar.

La sombra se movió rápidamente, entre las copas de los árboles, y no dudo a echarse en vuelo.

—¿A cazo as enloquecido? —Integra le reclamo al voltear y mirar a su sirviente con el arma apuntando a la copa de los árboles.

—Alguien nos ha estado observando. —musito sin quitar la vista del cielo.

—¿Acabaste con él? —Pregunto, tranquilizándose.

—No.

Integra suspiro. —Bueno, ya hay que irnos de una vez. Hay que descansar.


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Había alcanzado a esquivar las balas que aquel sujeto le disparo; todas acepto una, que solo alcanzo a rosarle el hombro ligeramente. El cual sangraba.

Había comenzado a seguir a la mujer de cabellos rubios desde que salió de la casa que habitaba. Se tuvo que mantener lejos para que aquel hombre no se diera cuenta de su presencia, y cuando se separaron, solo así pudo acercarse a la mujer.

Suponía que la mujer tenía un carácter fuerte. Pero jamás se imaginó que la criatura tuviera el espíritu de una guerrera.

La había observado deshacerse de las arpías; tan fácil que parecía un juego. Cosa que le hacía poner toda su atención aún más en ella.

Deseaba acercársele, para saber sobre ella; pero, no podía moverse mucho. Las arpías le vigilaban, el sujeto del sobretodo rojo vigilaba a esa mujer, y supuso que la mujer se asustaría ante su presencia y le dispararía sin vacilar. Estaba atascado.

Se alejó de sus pensamientos por un segundo, al sentir una punzada en la herida de su brazo. Miro con sus orbes azules la herida la cual estaba tardando más de lo normal en sanar. Al parecer las balas de plata seguían significado un problema para él.

Se introdujo a lo más lejano de la cueva, pasando entre un musculloso laberinto. Al final llego a una enorme estancia la cual había sigo acondicionada de tal forma (al parecer por él mismo) para parecer una habitación de un rey del siglo XVIII. Había una enorme cama la cual el colchón estaba echo con paja seca que estaba amontonada, tenía encima una exagerada cantidad de pieles negras de borrego que ocultaban la paja, las almohadas estaban echas del mismo material, solo que estas estaban cosidas para darle la forma rectangular a cada una; y una gruesa cobija echa de lana negra.

A unos cuantos metros de la cama estaba un inmenso sofá carmín, y al lado de la cama un gran espejo. La "habitación" estaba poco iluminada por una sola vela.

Entre las sombras, se acercó al fondo del lugar, parándose frente a un cofre que rápidamente abrió para entresacar una tela blanca, de la cual corto un trozo y lo amarro al brazo mal herido.

Se acostó en la cama y decidió dormir para vigilar de nuevo a la rubia durante la noche.


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—Hola niños. —Saludo la mujer mayor. —¿Descansaron bien por la noche?

Alex y Alice contestaron asintiendo con la cabeza, aun algo adormilados. Miraron por la ventana que acababa de amanecer.

—Gracias señora Giver.

—De nada niños. —Contesto alegremente la mujer mayor.

No hacía poco que había amanecido; y por lo general siempre las mañanas eran tranquilas, pero esa mañana era la excepción.

—JANET, VEN DEPRISA. —Entro gritando el señor Giver.

Ella salió de la habitación rápidamente, siguiendo a su esposo por toda la calle hasta llegar a la esquina, sin percatarse que era seguida por los pequeños hermanos y algunos vecinos que le siguieron al escuchar el escándalo.

—¿Pero qué está ocurriendo? —Pregunto al ver más adelante un gran número de gente, todos concentrados en el mismo punto.

Ambos se abrieron paso entre la multitud, para ver un bulto de cenizas, unas cuantas plumas de color azul marino, y lo que parecía, una esquirla de bala color plateada.

Los hermanos se abrieron paso entre las piernas de la gente, para situarse al lado de sus protectores.

—Pero, esto es imposible. —Musito uno de los pueblerinos.

—Me han dicho que han encontrado más bultos de cenizas en otros puntos del pueblo. —Otro menciono.

—Yo escuche disparos cercas de mi casa. —Una señora agrego.

Todos se quedaron observando el bulto de cenizas, haciéndose decenas de preguntas sobre él ó los responsables.

—¿Creen que se trate de Araco? —Una mujer pregunto al fondo.

Todos voltearon a verle.

La mujer ya era bastante mayor, posiblemente la más antigua del pueblo y la que sabía más sobre el tema de aquel ser.

—No lo creo. —Pronuncio tranquilamente la mujer.

—¿Pero si no fue él, quien fue? —Pregunto la señora Giver.

—No lo sé.

Alice y Alex se tomaron de la mano, para no alejarse mucho uno del otro, en tan gran multitud.

—Vámonos niños, tenemos que regresar a casa. —El seños Giver pronuncio, tomando en mano la escopeta que no había dejado de aferrar desde la noche anterior, cuando le conocieron.

Los cuatro partieron de regreso a casa, para desayunar; ya que por las prisas del hallazgo de los bultos de cenizas que alguna vez habían sido tan temibles seres. Se les había olvidado por completo el echar algo a sus hambrientos estómagos.


Fin del capitulo 6!

Gracias chicas y chicos por sus comentarios como siempre, saben que me gusta leer sus reviews ;)

Por motivos de mayor fuerza (Practicas de la Universidad), me veré obligada a esta sola ves subir 2 capítulos, para compensar que el siguiente jueves no subiré por tareas, etc.. (así que si lees esto, el capitulo 7 ya esta disponible :D)

mireee3D2Y: gracias por tu comentario, por lo general este fict sera algo dalay en la cuestión amorosa ya que es mas acción y misterio, pero si habrá toquecitos por así decirlo, no te preocupes XD

Palomixta: espero que mis capítulos te sigan gustando y como siempre me da gusto leer tus reviews :)

deahtz: gracias por tu comentarios, como dijiste: 12 años es wow; es uno de los primeros animes que vi en mi epoca muy joven y le guardo un cariño muy especial. Descuida hombre, no hay diluvio sin lluvia, así que poco a poco esto se ira poniendo mejor. Aun quedan varios capítulos.

XD


Zak -La Dama de Hielo-